Sombreros tejidos con alma desde Montecristi, Ecuador

Sombreros tejidos con alma
Jéssica Chávez, fundadora de Carludovica

Carludovica surge de un profundo amor y respeto por el trabajo hecho a mano por los tejedores de un pequeño pueblo llamado Pile, del cantón Montecristi, provincia de Manabi, Ecuador. Jéssica lleva toda su vida viéndoles trabajar, día a día, con tanta dedicación, entrega y con un talento que corre por sus venas. Su admiración y conmoción por su bonita labor la llevó a emprender y fundar Carludovica, una marca sostenible de sombreros de toquilla, más conocidos mundialmente como Panama Hat.

Jennifer: ¿Cómo nace tu proyecto? 

Jéssica: Siempre me pareció mágico ver como de una única materia prima, la Carludovica Palmata, lograban crear sombreros tan bellos. Ya desde hace muchos años atrás, alcanzaron la fama mundial por ser como son: finos, sencillos y elegantes al mismo tiempo; como la naturaleza misma. Una fama que mantienen hasta el día de hoy.

Surge también de la necesidad de dar a conocer a quienes están detrás de esos famosos sombreros: agricultores, tratadores de cogollos, hebradores, tejedores, azocadores, apaleadores, planchadores y rematadores de sombreros. Gente sencilla y honesta que recibió de sus ancestros una técnica de tejido que ha logrado sobrevivir durante muchísimos años; y que hoy, al enfrentarse a un mundo cada vez más industrializado, donde casi todo se fabrica en masa, corre grave peligro.

Surge de la urgencia de llevar estos sombreros al mundo entero a través de un comercio justo, honesto con los artesanos y con quienes los compran. Conocer cómo ha sido explotado el trabajo de los tejedores es indignante. Para mi es frustrante visitar Pile y encontrarse con un pueblo abandonado, perdido en el tiempo y ver a los artesanos viviendo en pequeñísimas casas llenas de carencias. He visitado muchas veces Pile y en todas ellas tenía el deseo latiendo en mi corazón de hacer algo, pero no encontraba la forma. Yo nunca había vendido nada ya que mi vida profesional iba por otro lado. La cosa cambió cuando conocí a Doña María, una tejedora de 71 años que me pedía ayuda para comprar su medicina porque se sentía muy enferma y el médico le había dado una receta de medicamentos que no podía comprar por no tener dinero. Eso fue como el golpe, la patada, la señal de que el momento de hacer algo, era ahora.

Pensé y pensé mucho durante varios días. Me surgían ideas de cómo ayudar a mis coterráneos, aunque eran ideas lindas, no vibraban. Hasta que se concretó: debía crear una tienda, una galería, una marca que, a más de vender los preciosos sombreros, llevara al mundo el rostro de los artesanos, sus manos encallecidas de tanto tejer, sus historias, sus risas, su mirada clara y tierna. Contar las historias de ese casi ritual de tejer un sombrero con tanto esfuerzo y amor, pues para hacerlo deben sacrificar las horas de la madrugada porque es ahí donde la paja tiene la flexibilidad necesaria para lograr un tejido único. Contar las historias de ese trabajo que hacen con amor sin medir el tiempo, porque el sombrero más fino es tejido durante 6 meses aproximadamente. Para mi es maravilloso contar esas historias de vida lenta, sencilla y honesta. Esas imágenes de trabajo en silencio, concentración y entrega absoluta, había que difundirlas porque son arte, Ellos son arte puro. 

Jennifer: ¿Qué es lo que hace única a tu marca sostenible? ¿Cuál dirías que es su misión? 

Jéssica: El alma. Nuestro eslogan es “Tejidos con alma”. En el tejido de los sombreros está escrita la historia de los tejedores; la historia de un pueblo que lucha por salir adelante. Siempre digo que quien compra un sombrero se lleva, no solo un accesorio, sino un pedacito de la vida de los artesanos montecristenses. Los Panama Hat auténticos están hechos con el alma y con el corazón. Esto no es sólo una metáfora, porque los artesanos al tejer inclinan su cuerpo sobre un tronco que les permite colgar las hebras de la paja mientras presionan con su pecho el tejido, creando cada sombrero como en un abrazo activo.

Sombreros tejidos a mano
Doña María tejiendo un sombrero de toquilla

La misión de Carludovica es ser una marca sostenible. En ninguna parte de la cadena de elaboración del sombrero se utiliza maquinaria alguna, ni siquiera electricidad para plancharlos, ya que se hace con una plancha antigua de hierro. La planta crece abundante y generosamente en las zonas húmedas de la costa ecuatoriana donde las frecuentes lluvias crean el escenario propicio para que crezca sin químicos ni fertilizantes. Por lo tanto, cero contaminaciones. Hasta en el momento de tomar los cogollos de la planta hay el ritual de pedir permiso y agradecer a la madre tierra. Nuestro trato con los artesanos, en cuanto a lo económico, es justo y respetuoso, ya que ellos son el alma, la parte más importante de la cadena de sombreros, por eso siempre quisiera hacer más por ellos, pero entiendo todo toma su tiempo.

Por ahora necesitamos vender los sombreros que ellos tejen, y que por la situación mundial que vivimos, su venta y exportación ha bajado demasiado. Hay muchos sombreros en stock, no solo de los tejedores de Pile, sino también de otros rincones de Manabi donde se teje con la misma técnica, como Jipijapa, Picoazá, Jaramijó. Hay gente que se aprovecha de esta situación y los compra a precios ridículos, ya que los tejedores deben venderlos porque necesitan dinero para sobrevivir. Esa explotación no es justa y tiene que acabar en algún momento. 

Sombreros tejidos con alma
Carludovica palmata, conocida popularmente como jipijapa, puerto rico o toquilla

Jennifer: ¿Cuál es el verdadero origen del tradicional «Sombrero Panamá»? 

Jéssica: El tejido del sombrero de toquilla de Pile y Jipijapa, llegó a tener tanta fama hace mucho tiempo atrás, que se han creado varias historias al respecto. Según los historiadores, se le dio el nombre de PANAMA HAT porque fue en y durante la época de la construcción del Canal de Panamá (1880-1914) cuando se popularizó su uso y hubo una gran demanda, pues los sencillos sombreros de toquilla protegían del intenso sol a los trabajadores. También habían los más finos que eran usados solo por las altas autoridades como aquel sombrero tan exquisito que usó en 1906 T. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos, en su visita al Canal. Este evento tan importante fue cubierto por la prensa estadounidense y es entonces cuando lo mal denominaron como Panama Hat, al famoso sombrero que lo acompañó en todo su recorrido y que nunca se quitó.

También se cuenta que el nombre se le atribuye a la primera Exposición de productos agrícolas, industriales y de Bellas Artes en Paris en 1855. En ese evento fue donde el emperador Napoleón III recibió uno como obsequio y se convirtió de inmediato en el objeto del deseo. Sin saber su verdadero origen, y ante las preguntas que de qué lugar provenía el bello sombrero, lo llamaron Panamá por ser el puerto de embarco de donde partían.

Lo cierto es que ese enigmático sombrero fue tejido desde siempre en Montecristi y Jipijapa por hombres y mujeres humildes y desconocidos. Al decirles que su trabajo es una obra de arte, se asombran, porque para ellos tejer, es vivir, y los famosos “Panama Hats”, son simplemente sus “Sombreritos de Paja” no importa de que otro modo les llamen fuera de ahí. 

Doña María tejiendo sombreros en la mañana
Doña María tejiendo en la mañana

Jennifer: ¿Crees que esa confusión ha desprestigiado el trabajo de los artesanos? 

Jéssica: No podría decir algo tan radical como “ha desprestigiado el trabajo de los artesanos” porque no lo es. Cada vez más se conoce que el Panama Hat es hecho en Ecuador, y esa también es una de nuestras tareas como Carludovica. Lo que si ha sucedido es que mucha gente se ha aprovechado de la fama de su nombre para llamarle “Panama Hat” a cualquier sombrero de paja, sean o no de toquilla. Hay tantas otras palmas con las que se hacen bellos sombreros; no sé por qué no ponerles un nombre propio y empeñarse en llamarlos con un nombre que evoca a otros sombreros, solo porque es un nombre que resuena en el mundo. Eso sí me parece deshonesto, no el trabajo de los artesanos, sino el de las personas que ponen y venden sus sombreros como “Panama Hat” tejidos con otra técnica y otros materiales. Eso, aunque suene fuerte es una estafa. No todo sombrero de paja es un Panama Hat y eso debe quedar muy claro. 

Jennifer: Cuéntanos cómo conseguiste que la UNESCO declarase los sombreros de paja toquilla, Patrimonio Intangible de la Humanidad?  ¿Ha sido tu mayor logro?

Jéssica: Me parece muy pretencioso decir que he conseguido que la UNESCO declare Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, porque no es simple. Conseguir algo así es un largo, larguísimo proceso, del que formé parte junto a Rodrigo Robalino, en un inicio; y esto fue a través de nuestra investigación y producción de un reportaje para el programa de televisión donde él era uno de los directores.

En el año 2006, nos enteramos que el sombrero de toquilla estaba en peligro de desaparecer porque los tejedores se podían contar con los dedos de las manos; ya nadie quería aprender a tejer porque este trabajo no les generaba los suficientes ingresos para vivir. Así que viajamos, comenzamos la investigación y la producción. Nos encontramos con una triste realidad: los tejedores de sombreros finos eran apenas 7 y ya ancianos, además sus hijos habían tenido que emigrar para buscar un futuro mejor. Era verdad que ya nadie quería aprender a tejer, porque no les daba el dinero suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Me sorprendía ver cómo aquellas personas que tejían esos maravillosos sombreros, podían vivir en esas condiciones. Vi que había una dura realidad escondida detrás de un sombrero de fama mundial.

Una vez que regresamos a Quito, para el proceso de edición, pensábamos que era necesario hacer algo más por los tejedores, por el tejido, por el arte del sombrero para que no se extinguiera, como parecía ser. Así que, respaldados por nuestro reportaje que tuvo mucha acogida y fue replicado por varios medios, escribimos al Instituto de Patrimonio Cultural pidiendo que se hiciera algo urgente y todo lo necesario para que se reconociera a esta práctica ancestral como Patrimonio y de esta manera se ayudara a los tejedores. Nos dijeron que era un largo proceso pero que se pondrían en marcha.

Fue solo el granito de arena inicial, por eso decir que el logro es nuestro es una pretensión y exageración. Hicimos solo lo que nos correspondía, de ahí el proceso fue largo y estuvo acompañado de peticiones de la asociación de artesanos, del Instituto de Patrimonio, del Gobierno, muchos trámites en las que ya nosotros no tuvimos nada que ver.

Pastor realizando un corte al sombrero de toquilla
Pastor realizando un corte al sombrero de toquilla

Jennifer: ¿Consideras que el turista que viaja a Ecuador muestra interés por conocer la artesanía local?

Jéssica: Total, claro que sí. De hecho, siempre cuento como anécdota que recuerdo claramente que cuando yo era muy pequeña, veía con curiosidad como los turistas que llegaban al puerto de Manta en cruceros, venían a Montecristi y se dirigían hacia la casa de uno de nuestros vecinos llamado Don Rosendo – que fue uno de los pioneros en exportar sombreros – en busca del famoso Panama Hat. Para mí aún son muy frescas las imágenes en donde ellos llegaban con sus shorts, camisetas, gafas y una gorra que rápidamente dejaban a un lado, para poner sobre sus cabezas, el “Panama Hat” y lucir felices.

Entre los productos ecuatorianos con mayor fama mundial está el Panama Hat, sin lugar a dudas, por eso los turistas que llegan a Ecuador muestran interés en conocer nuestra artesanía, pero quizá de forma superficial; pues Pile, el Aromo (lugares donde nace el sombrero) no son destinos turísticos. Hay que tomar en cuenta que la mayoría de turistas que vienen a Ecuador, lo hacen para ir a Galápagos, que está muy lejos del Ecuador continental; pero hasta ahí siempre están pendientes de hacerse con un Panama Hat.

En Cuenca, una linda ciudad de la sierra ecuatoriana, también se tejen sombreros de toquilla y los llaman igual “Panama Hat”, pues aprendieron a tejer en Montecristi. Aunque la técnica y el tiempo empleado es diferente ya que las tejedoras -en su mayoría mujeres- lo hacen sentadas y les toma de 2 a 3 días lograr un sombrero, hay quienes lo hacen incluso en 1 solo día. Es por ello que es mucho más barato, pero es un trabajo muy bonito igualmente. Muchos de los turistas que llegan a Ecuador, también adquieren estos sombreros; al ser tejidos en Cuenca es más posible que puedan ver el proceso de cerca, porque Cuenca es una ciudad muy turística también y es parte de nuestra artesanía por la que sentimos igual orgullo.


Muchas gracias Jéssica, por el tiempo y el cariño que has puesto en contarnos con todo detalle tu proyecto, su historia y por transmitirnos en la distancia la labor tan hermosa que desempeñan los artesanos/as de Montecristi.

Puedes seguir los pasos de Jéssica en su web y cuenta de Instagram

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El turismo como una herramienta de paz

«El turismo responsable es el turismo implementado de acuerdo con los principios de justicia social y económica y con pleno respeto por el medio ambiente y las culturas».

Esta es la definición de turismo responsable dada por la AITR (Asociación Italiana de Turismo Responsable). Dicha organización se ocupa de promover un tipo de turismo que reconoce la centralidad de la comunidad de acogida, la cual debe participar en el proceso de desarrollo derivado de los ingresos de la industria del turismo. De esta manera, se consigue una interacción positiva entre viajeros, habitantes locales y operadores.

También llamado como turismo sostenible o solidario, es una forma de turismo que comenzó a desarrollarse desde finales de los años ochenta. Es una especie de enfoque del mundo de los viajes que forma parte de un programa mundial de desarrollo sostenible y respeto por el medio ambiente, que durante años ha comenzado a tratar no solo con organizaciones no gubernamentales, sino también con instituciones.

Por lo tanto, el turismo responsable es una forma de viajar que tiene el menor impacto posible en el entorno natural y en la vida de las comunidades locales, las cuales, deben poder aprovechar el crecimiento económico resultante de la industria del turismo.

Sin embargo, a nivel práctico, ¿cómo se debe elegir un viaje y cuáles son las medidas que se tomarán una vez en el lugar?

El comportamiento del turista responsable

El Touring Club italiano, con la contribución de la Comisión de las Comunidades Europeas y la región de Lombardía para el sector del medio ambiente y la energía, ha publicado la guía «Carta sobre la ética del turismo y el medio ambiente«. En ella, define el turismo como uno de los derechos humanos y como un factor que puede favorecer el encuentro y la paz entre los pueblos, todo en el contexto del desarrollo sostenible y el respeto por el medio ambiente

En la guía, primero encontramos  un breve resumen de los principios éticos generales relacionados con el mundo de los viajes, y luego, un código de conducta dirigido, no solo a las instituciones y operadores turísticos, sino también a los viajeros. Algunos de los puntos del código enfocados al turista son

1. Debe comprometerse a respetar las tradiciones y la cultura de las personas que lo albergan. También a seguir la prohibición de ir a ciertos países, si viven comunidades que no desean recibir visitas como causa probable de desequilibrios.

2. Debe someterse a todas las precauciones de salud necesarias si viaja a países que lo requieren.

3. Es necesario salvaguarde la flora y la fauna del entorno natural que nos rodea.

4. Debe comprometerse a proteger el patrimonio histórico y artístico de la ciudad anfitriona, incluso cuando no haya vigilancia. Queda prohibido, por lo tanto, tomar posesión de activos artísticos o arqueológicos o dañar monumentos con pinturas vandálicas.

5. No dejar residuos en el medio ambiente u otros objetos capaces de dañarlo o incluso provocar incendios.

El turismo como herramienta de paz

Siguiendo el código del comportamiento responsable, y hablándole a un viajero más evolucionado que por naturaleza tiene una sensibilidad más cuidadosa y considerada hacia el país que visita, me gustaría considerar  un viejo mensaje que se remonta al año 2001, pero que aún sigue teniendo vigencia.  Se trata del mensaje que ofreció Juan Pablo II en el día mundial del turismo

El Papa habló de todas las implicaciones positivas y negativas de la industria del turismo, tanto en el país de acogida como del propio turista. En su discurso, resume el significado más profundo del turismo. De cómo éste podría ser realmente utilizado como un arma de paz y diálogo entre los pueblos, de desarrollo y riqueza justa, y también, de interés y educación. Incluso, para aquellos pueblos que no pueden moverse como turistas, pero pueden recibir como anfitriones. 

En mi opinión, el turismo, igual que en todos los aspectos de la vida, si se gestiona bien, realmente puede convertirse en una fuente de riqueza. Y no solo económica, sino también humana, intelectual y cultural. Sin olvidar, la riqueza espiritual e interior, que va más allá del aspecto puramente estético y de imagen al que la sociedad industrial contemporánea le da tanta importancia. Es decir, es necesario buscar una riqueza más intrínseca, gracias a la cual, el turismo puede ser una auténtica herramienta para la paz.

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Latinoamérica y el Turismo Comunitario como herramienta de paz

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano partipará Matías Escudero, consultor en turismo, y fundador de TURIMETRÍA para compartir varias de sus experiencias en escenarios de conflictos sociales, turismo para la paz y turismo de proximidad.


En Latinoamérica existen distintas regiones que por décadas han enfrentado múltiples formas de violencia; contextos en los que la débil presencia institucional, la llegada y fortalecimiento de economías ilegales, los problemas estructurales de carácter social, económico y político, y las características geográficas que derivan en un difícil acceso en materia de conectividad, han promovido dinámicas de desigualdad social, desplazamientos forzados e innumerables víctimas que en la actualidad habitan en escenarios rurales.

Pese a ello, sus comunidades han hecho un esfuerzo por coexistir y convivir con las violencias, creando escenarios de continuidad que se anclan a economías alternativas al conflicto, incluyendo actividades agropecuarias y apuestas emergentes de turismo en entornos rurales.

En este escenario, el turismo rural comunitario se constituye como una alternativa para construir relaciones de comunidad, sana convivencia y diálogo social, donde la participación de los diferentes sectores, la articulación de intereses y la prevalencia de la empatía, son ejes dinamizadores de una economía solidaria que gira en torno al disfrute de los destinos y la capacidad de visibilizar la memoria histórica de los lugares a través sus visitantes.  De esta manera, las comunidades han insistido en la importancia de la no repetición, como elemento fundamental para lograr una paz sostenible en los territorios, en plena garantía de sus derechos y la posibilidad de mostrar al mundo la potencialidad de destinos únicos.

Por este motivo, desde el panel Turismo Comunitario como herramienta para la Paz”se abordará un ejemplo en Latinoamérica: la experiencia colombiana a través de dos casos de turismo comunitario comprometidos con el desarrollo sostenible y colaborativo, en contextos donde la violencia ha sido un elemento de vivencia cotidiana. Así mismo, contaremos con la participación del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de la Dirección de Calidad y Desarrollo Sostenible, quienes trabajan el tema desde la política pública, en una apuesta para posicionar a destinos en los que el acuerdo de paz ha favorecido su desarrollo.

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Aprendizaje empoderando a una comunidad de mujeres Masai

Las mujeres masai se enfrenta a multitud de obstáculos por dos motivos: uno por ser mujer y otro por ser masai. Suelen dejar la escuela antes de los 10 años para dedicarse a las tareas que “su tribu” y la “sociedad” les ha encomendado. Son consideradas inferiores a pesar de que son ellas las que se encargan de construir las casas, ir a por agua, cuidar de sus hijos, del ganado, del hogar, ir a por leña, y un sinfín de cosas más. En definitiva, hacen que su comunidad salga adelante y sin ellas no sería posible. Dentro de esta comunidad, el hombre  cumple las funciones de pastor y resuelve asuntos políticos o sociales.

La vida de las mujeres transcurre en el seno de una tribu patriarcal. Las familias son las que acuerdan con quién se van a casar, incluso siendo muy pequeñas.  Casi siempre los motivos materiales o económicos son los que mueven estos acuerdos. El marido puede tener varias esposas, y esto a pesar de lo que podamos pensar, es aceptado por ellas ya que es su cultura. Se ayudan y pasan su sabiduría de las más mayores a las más pequeñas, desde la primera esposa a la última. Son mujeres fuertes, hacen piña y se cuidan.

Es una realidad que hoy en día en este tipo de tribus, todavía son practicadas de manera habitual la ablación, la violación y el matrimonio infantil, a pesar de estar penados por la ley.

Voluntariado con propósito

Hace tres años hice un voluntariado en un centro de rescate de niñas que vienen de situaciones familiares complicadas, como las anteriormente mencionadas. Elegí una ONG pequeña de confianza llamada Tumaini, que junto al fundador del proyecto local, me pidieron hacer “algo” para empoderar a la comunidad de mujeres masai de la zona. Fue entonces, cuándo el turismo sostenible cobró toda su importancia. Vi que podía ser una herramienta fundamental para la prosperidad de esta comunidad.

El producto turístico sostenible que diseñé consistía en un taller de abalorios impartido por las mujeres masai. Aprovechando que cada abalorio tiene un significado cultural (prosperidad, belleza o posición social), sería el hilo conductor ideal para crear  un espacio de intercambio cultural entre el voluntario y la mujer local.  El taller se ofertaría desde la ONG o en el propio proyecto en Kenia como un valor añadido a la experiencia de voluntariado. Parte del dinero recaudado se reinvertiría en comprar materia prima y el resto, se quedaría directamente en la comunidad. De esta manera se fomentaría la economía circular.

El principal objetivo del proyecto era que las mujeres fueran más independientes y más libres. A la vez, que tuvieran la oportunidad de dar a conocer su cultura y sus tradiciones para poner en valor la autenticidad de su pueblo y sus costumbres. En definitivaayudarles a obtener una fuente de ingresos extra para que se sintieran útiles y que las ayudara a crecer de una forma sostenible económica, social y medioambientalmente.

Abalorios hechos por las mujeres Masai

Expectativas vs realidad

El centro estaba situado en una zona rural masai cerca de Nairobi. Hasta ese momento nunca había estado tan mezclada con la población local y la primera palabra que aprendí fue “mzungu”, que es como nos llaman a los blancos en suajili. Es justamente durante la implantación del taller cuando me doy cuenta que no pensé en las cosas que podían salir mal.

En primer lugar, Muthoni, la portavoz de la comunidad,  no tenía conocimientos en hacer pulseras a pesar de que afirmó que sí. Nos dimos cuenta que solo sabía hacer collares y que era otra mujer, ausente en ese momento, la que sí sabía. En segundo lugar, solo hablaba suajili. Esto dificultó la comunicación y llevó a un malentendido en cuanto al dinero que tenían que recibir. Por suerte, pudimos resolver el  conflicto a través de una de las trabajadoras sociales. En tercer lugar, no repartió el dinero entre la comunidad de mujeres, se lo quedó ella. Y por último, su marido gestionaba la economía familiar.

Llegados a este punto, nos planteamos dos cuestiones. Por un lado, si el dinero se lo quedaba su marido el objetivo del taller carecía de sentido. Por otro, se podría generar un conflicto con él ya que no vería con buenos ojos su independencia económica.

En un principio sentí enfado y frustración, me sentí engañada.A medida que iban pasando los días fui entendiendo que no me había parado a pensar en el contexto de esas mujeres. Ellas pensaban en el hoy y no en el mañana. Mi pensamiento era «si a los voluntarios les gusta el taller, lo recomendaran y será una fuente de ingresos constantes para las mujeres”.En cambio ellas pensaban diferente: “hoy tengo dinero en mano para alimentar a mi familia.”

Voluntariado con las mujeres

Mi aprendizaje

Muthoni, era una mujer masai de 30 años con siete hijos a los que alimentar. Mientras nos enseñaba a hacer collares, amamantaba a su bebé de tres meses que previamente le había traído su hija de ocho. Tuvimos la oportunidad de invitarla a comer en el proyecto de voluntariado, cosa que agradeció enormemente ya que probablemente no había comido nada ese día. Tuvo predisposición a enseñar lo poco que sabía y compartimos un momento muy enriquecedor que de otra forma no se hubiera producido. Ella quería saber más sobre mí. Me preguntaba si estaba casada, si tenía hijos, cuánto me había costado el billete hasta ese lugar. Compartimos risas y complicidad. En ese momento sentí que no había tanta distancia entre nosotras. Simplemente éramos dos mujeres, con la misma edad, tan diferentes, compartiendo una conversación.

Me di cuenta que estaba adoptando el comportamiento de la “blanca salvadora”. Con muy buena intención diseñé un taller para ayudar y nunca tuve en cuenta la opinión de las mujeres con las que iba a trabajar. ¿Quién era yo para juzgar o decidir si una mujer se siente útil o no? ¿Quién era yo para decir cómo se tienen que ganar la vida? Di por hecho que ellas necesitaban ayuda y no pregunté cuáles eran sus necesidades reales ni su verdadero contexto. Tampoco si necesitaban soporte o si les parecía bien compartir su saber-hacer y su folklore. Tenía todos los elementos para que el taller fuera un éxito menos la gestión de la población local.

Aprendí a no juzgar y a empatizar con su idiosincrasia. Entendí que para implantar un producto turístico de este tipo es esencial contar con las comunidades locales para que sean ellas mismas las que expresen cómo quieren trabajary qué necesidades tienen. Es importante dotarles de las herramientas para que ellas mismas puedan desarrollarse a su ritmo y sin imposiciones.

Referencias externas:

https://www.iwgia.org/es/kenia.htmlhttp://www.acs-aec.org/index.php?q=es/sustainable-tourism/el-turismo-comunitario

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Expediciones Sierra Norte: cómo surgen los Pueblos Mancomunados en Oaxaca, México

Expediciones Sierra Norte es una iniciativa de turismo comunitario que nace a partir de la organización de los Pueblos Mancomunados, conformado por 8 comunidades zapotecas de la Sierra Norte de Oaxaca, México. En esta entrevista, Angelina Martínez -Coordinadora General de Expediciones Sierra Norte- nos cuenta cómo se ha llevado a cabo el proyecto, finalista de los World Travel Market Latin America Responsible Tourism Awards 2020.

Pablo Giner: ¿Cómo surge Expediciones Sierra Norte?

Angelina Martínez: Expediciones Sierra Norte es una iniciativa de turismo comunitario, que nace a finales de 1993 a partir de la cooperación intercomunitaria de 8 poblaciones zapotecas de la Sierra Norte de Oaxaca, México, los Pueblos Mancomunados

Nuestra iniciativa tiene como fin contribuir al desarrollo de la región y promover la protección del patrimonio natural de nuestros pueblos. Esto mediante el desarrollo de un proyecto de turismo responsable en el territorio; vinculado al entorno natural, las tradiciones y costumbres de los mismos.

Pablo Giner: ¿Cuál es el tipo de organización que lleváis a cabo? ¿Qué os diferencia de otras iniciativas de comercialización de turismo comunitario?

Angelina Martínez: La característica más importante de nuestra iniciativa es nuestro modelo de organización. A diferencia de otras iniciativas de turismo -donde la actividad se centra en una sola entidad y la comercialización del destino se lleva a cabo por actores ajenos al territorio- en Pueblos Mancomunados hemos desarrollado un modelo de turismo basado en la comunidad. Este modelo garantiza que la operación, administración, comercialización y control de la actividad turística en el territorio, quede en manos de las propias comunidades.

Expediciones Sierra Norte

Pablo Giner: ¿Cómo habéis conseguido posicionar a Pueblos Mancomunados entre los diferentes emprendimientos comunitarios del Estado de Oaxaca?

Angelina Martínez: Oaxaca es uno de los estados con mayor biodiversidad del País, característica que lo convierte en el escenario ideal para el desarrollo del turismo de naturaleza y aventura. Los Pueblos Mancomunados se convirtieron en los pioneros del ecoturismo en la región. Pero en la última década, el número de emprendimientos ecoturístico ha crecido significativamente, trayendo consigo nuevos desafíos: desde una oferta estancada hasta una competencia desleal entre los sitios. En 2014, ante esta situación, Pueblos Mancomunados era considerado de los sitios más caros de la región para actividades ecoturísticas, así que trabajando de manera coordinada con los equipos locales y nuestros asesores, pensamos en lo que debíamos hacer para mantener el proyecto a flote y para que los viajeros quisieran seguir viniendo a Mancomunados.

Nuestras primeras ideas fueron implementar otras actividades, pero cuando consultamos la propuesta con un amigo muy cercano al proyecto y asesor en una etapa de su desarrollo, su respuesta fue: “Me parece que no se trata de ponerle adornos a las comunidades, sino más bien de pensar en aquello que siempre ha estado presente, y que por ser común, pasa desapercibido”.

Así fue como comenzamos a trabajar en un segundo inventario de atractivos en el territorio, del cual nació nuestro catálogo de experiencias “Inspirando nuevos caminos” pensado en experiencias de turismo rural y agroturismo, con productos como “Los 7 colores del maíz” que busca visibilizar la importancia del maíz dentro de la gastronomía y cultura zapoteca. Ahí fue cuando comprendimos que no éramos hoteleros, que lo que nosotros ofertábamos eran experiencias de viaje basadas en nuestro patrimonio biocultural.

Expediciones sierra norte
Los siete colores del maíz

Pablo Giner: En cuanto a vuestra organización interna, ¿cuál es la manera en la que os organizáis estando formados por varias comunidades diferentes?

Angelina Martínez: Al tratarse de una iniciativa comunitaria, se buscó que las poblaciones integrantes del Mancomún participaran de manera activa en todo el proyecto. Para ello se crearon oficinas y comités locales en 7 poblaciones integrantes del Mancomún y un equipo coordinador para la oficina central de Expediciones Sierra Norte en la ciudad de Oaxaca. A través de los años, nuestro proyecto ha adoptado un modelo simbiótico, mientras nuestros equipos locales en cada población (elegidos por cargos, siguiendo el sistema de usos y costumbres que rigen a nuestras comunidades) se hacen cargo de la operación de los servicios (hospedaje, alimentos, recorridos, actividades).

El equipo central de Expediciones Sierra Norte, bajo un modelo gerencial, se hace cargo de la etapa de diseño de producto, generación de alianzas y comercialización del destino.

Con el paso del tiempo también hemos ido generando alianzas con otras comunidades de la Sierra Norte de Oaxaca, que no forman parte de los Pueblos Mancomunados, pero que tienen el interés de detonar un proyecto ecoturístico en su comunidad, fortaleciendo así la oferta turística de nuestra región y contribuyendo al empoderamiento de otras comunidades.

Pablo Giner:  Dado que uno de vuestros objetivos es servir como modelo de referencia, ¿qué acciones realizáis con otros proveedores de turismo comunitario?

Angelina Martínez: El trabajo que hemos realizado a lo largo de casi tres generaciones ha inspirado a otros colectivos indígenas. Cada año ofertamos viajes para el intercambio de experiencias, brindando a otras comunidades y organizaciones la oportunidad de hacer un viaje de aprendizaje con nosotros. En él compartimos nuestro modelo de negocio, el esquema de organización, así como los retos y aprendizajes que hemos tenido a lo largo de 26 años de trabajo.

Por otro lado, también brindamos asesoría especializada a grupos que lo requieran y participamos como conferencistas en eventos especializados de turismo y algunos organizados por universidades del país.

Buscamos compartir nuestra visión de que un turismo responsable y comunitario que conviva con los ecosistemas sin vulnerarlos, es posible. Lo hemos hecho durante tres generaciones; es posible integrar a mujeres y hombres de diferentes edades y es posible que todos aprendamos de cada uno aunque no hablemos el mismo idioma. Y por eso,  hemos asumido la responsabilidad de cambiar los imaginarios brindando el ejemplo de una realidad alternativa gracias al turismo.

Expediciones Sierra Norte

Pablo Giner: ¿Qué importancia tiene en vuestro proyecto la inclusión social?

Angelina Martínez: Nuestra iniciativa está basada en los sistemas tradicionales de organización comunitaria, donde los actores locales representan la parte más importante del proyecto. Es por ello que promovemos su participación activa en todas las etapas y planes de desarrollo. Como resultado, nuestra iniciativa genera empleos directos en 3 sectores poblaciones importantes.

1) Los jóvenes: representan el sector población más susceptible de emigrar.

2) Los adultos: que a diferencia de las ciudades donde después de los 60 años es difícil encontrar empleo, el turismo les permite mantenerse activos, por poseer un amplio conocimiento del territorio y la vida comunitaria.

3) Las mujeres: con el paso del tiempo, su participación ha alcanzado todos los ámbitos del proyecto turístico. No sólo en puestos de recamaristas o cocineras, también es común verlas guiando o en puertos administrativos.

Los recursos llegan de manera extensiva a las comunidades y se distribuyen directamente a los diversos prestadores de servicios, fortaleciendo así la economía local.

Pablo Giner: ¿Cuál es el impacto generado en el empleo, tanto en la oficina central en la ciudad de Oaxaca como en las comunidades?

Angelina Martínez: Actualmente nuestro proyecto genera 126 empleos locales directos, pero al tratarse de una empresa comunitaria los beneficios trasciende a más de 400 familias. A través de la cadena de valor que se ha generado, los recursos llegan de manera extensiva a diferentes actores de la comunidad: panaderos, artesanos, transportistas, comedores familiares, misceláneas, productores, por mencionar algunos. Por otro lado, las utilidades que genera la actividad son presentadas ante las asambleas locales y es la población en su conjunto quien decide cómo se invierten.

Expediciones Sierra Norte

Pablo Giner: ¿Qué pasos tenéis pensados dar en el futuro?

Angelina Martínez: A lo largo de la vida de nuestro proyecto hemos aprendido que el turismo pensado desde el territorio y la conciencia colectiva es un medio para evitar el despojo y erradicar la pobreza; que entendemos como el resultado de la ausencia de esperanza, de derechos humanos, de capacidades, de territorio, de cultura, de autodeterminación y de participación. Hoy, creemos firmemente que el turismo puede ir todavía más allá y convertirse en una herramienta poderosa para impulsar procesos regenerativos en nuestro planeta.

Es por ello que nuestros siguientes pasos están pensados en la creación de un programa de turismo regenerativo en el territorio, a través del fortalecimiento de capacidades locales y programas amigables con la biodiversidad.

Es importante mencionar que no pretenderemos nunca que la actividad turística sustituya las actividades primarias de la comunidad y su esencia, buscamos más bien que se convierta en un completo que permita contribuir al desarrollo de las comunidades al mismo tiempo que se protege su patrimonio biocultural.The

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