Lograr la igualdad de género a través del turismo sostenible

Los Objetivos para el Desarrollo Sostenible tienen en cuenta lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas. Desde mi punto de vista, la igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible. 

Los estereotipos nos limitan

Ciertamente, existe un estereotipo femenino  que difiere del estereotipo masculino, incluso en sociedades avanzadas. ¿Pero corresponde este estereotipo a la realidad? ¿Son las mujeres realmente diferentes de los hombres? Si lo son, ¿la diferencia se debe a factores culturales o está relacionada con una fisiología diferente?

Los psicólogos sociales han realizado muchos estudios para evaluar las diferencias psico-cognitivas de género reales. Casi siempre estas diferencias han sido mínimas y mucho más bajas que la variabilidad interindividual interna de cada uno de los géneros. El problema es que los estereotipos femeninos y masculinos están arraigados en la cultura y el sentimiento común, tanto entre hombres como mujeres: muchos estudios confirman que las personas ven a hombres y mujeres como diferentes en actitudes, emociones, etc. Por ejemplo, muchos consideran que algunas profesiones se «adaptan mejor» a un sexo que a otro.

El trabajo ennoblece al hombre, pero aún más a la mujer

La pobreza, la discriminación y la violencia relegan a las mujeres a la esfera doméstica. A menudo a las niñas se les niega el acceso a la educación y, privadas de su infancia, se convierten en esposas y madres demasiado pronto. No tienen las mismas posibilidades que los hombres y para ellas, con demasiada frecuencia, el destino ya está escrito desde el nacimiento.

Al garantizar a las niñas la posibilidad de ir a la escuela, se inicia un proceso que promueve la igualdad de derechos así como la inclusión social y económica de las mujeres. Las mujeres que han tenido acceso a una educación, saben cómo hacer valer sus derechos, gozan de una mejor salud, contribuyen mejor al crecimiento de su país y también al de sus hijos, en el caso que  hayan decidido tenerlos.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible recoge algunos elementos esenciales a través de los 17 SDGs (Sustainable Development Goals), que dan continuación a los resultados de los Millennium Development Goals (MDGs) que los precedieron. Los ODS representan objetivos comunes en una serie de temas importantes para el desarrollo y, entre ellos, hay los que tienen como objetivo acabar con la pobreza, luchar contra la desigualdad y el desarrollo social y económico.

La desigualdad de género es uno de los mayores obstáculos para el desarrollo sostenible, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Gracias al MDG 3 sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, el progreso en la posibilidad de que las niñas se matriculen en la escuela y la integración de las mujeres en el mercado laboral ha sido considerable. El MDG 3 le ha dado una gran visibilidad a la igualdad de género, pero temas importantes como la violencia contra las mujeres, las disparidades económicas y la baja participación de las mujeres en la toma de decisiones políticas siguen siendo delicados.

El Objetivo 5 apoya la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en la vida económica, la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas, la eliminación de los matrimonios precoces y forzados, y la participación igualitaria en todos los niveles.

Por lo tanto, es necesario que el concepto de lucha contra la discriminación de género, ya introducido en muchos sectores, también sea reconocido en el turismo en su sentido más reciente.

Lograr la igualdad de género a través del turismo sostenible

Cómo el  turismo contribuye a la igualdad de género

El turismo tiene el potencial de contribuir a una mayor igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. La mayoría de las personas empleadas en el turismo en todo el mundo son mujeres, tanto en empleos formales como informales. El turismo ofrece a las mujeres oportunidades para la generación de ingresos y el espíritu empresarial. Sin embargo, las mujeres se concentran en los sectores peor pagados y menos calificados de la industria y realizan una gran cantidad de trabajo no remunerado en empresas de turismo familiar. Las mujeres no están bien representadas en los niveles más altos de empleo y gestión de la industria del turismo.

Los datos mostrados por expertos en diversas investigaciones nos dicen que:

  • Las trabajadoras todavía tienen que lograr la igualdad y la equidad de los ingresos y las tareas, aunque las mujeres son más de la mitad de las empleadas en el sector del turismo. Muchas de ellas aún trabajan en  «negro».
  • A las mujeres se les da bien apostar por  un turismo de calidad. Además, son las mejores para aprender y gestionar microcréditos. Estas cualidades pueden ser la palanca perfecta para que dediquen más tiempo a formarse y puedan delegar las tareas domésticas . A veces, no saben cómo utilizar mejor sus habilidades y conocimientos para encontrar o mejorar sus negocios (están aisladas, están segregadas para trabajar solo con otras mujeres, no tienen tiempo para formarse y aprender, están desmotivadas para encontrar apoyo y financiamiento).
  • Detrás de una mujer hay familias y comunidades: los proyectos que las involucran son un beneficio para la sociedad. La falta de igualdad de oportunidades y la escasa presencia de mujeres en los roles de toma de decisiones tienen una consecuencia negativa en la vida de comunidades enteras, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo. Las habilidades especiales de las mujeres encuentran una palanca para fortalecer y corresponder a las características del turismo responsable, dan resultados más duraderos y son más adaptables contra las crisis.
  • La mujer occidental suele viajar más que el hombre occidental, incluso son las mayores usuarias de viajes responsables. Ellas son las que deciden hacer un viaje o lo organizan, ya sea con los amigos, para la clase de los niños, para el «jefe» o para la familia.
  • Los nuevos viajes que marcan tendencias se acercan a la cultura, a la naturaleza, a las tradiciones comunitarias y a las personas. Estas formas de viajar se corresponden con la forma en que las mujeres organizan el turismo: dan la bienvenida a los turistas, dan a conocer las culturas y el territorio, organizan la producción de artesanía o alimentos para ofrecer a los turistas según la tradición local. Todos los temas directamente o indirectamente relacionados con el turismo responsable son innovadores e importantes para fortalecer el desarrollo global.
  • El turismo responsable es cada vez más una filosofía que une a turistas, planificadores, grandes y pequeñas empresas y operadores turísticos, que en un viaje suman experiencias, reuniones, innovación, respeto, transparencia, desarrollo justo, que satisfacen a aquellos que buscan características de encuentro, experiencia, respeto a los demás y descubrimiento.

Por lo tanto, escoger los negocios liderados por mujeres o bien que las empoderen  significa ayudar al empleo femenino y al desarrollo global, siguiendo nuevas tendencias, aumentando un mercado justo y eliminando la discriminación.

Retos para conseguir la igualdad de género

De hecho, las mujeres son más propensas que los hombres a trabajar en turismo debido a su propia forma de curiosidad y comunicación. Las peculiaridades son las mismas entre las viajeras y las empleadas: tienen más sensibilidad para conocer, para pensar en el futuro, para la cultura y las tradiciones. Pero a menudo las mujeres que quieren formar un negocio se sienten inseguras, no tienen apoyo para acceder a ayudas económicas o al enfoque de mercado. Hay muchas mujeres que intentan conectarse en línea, incluso entre amigas, pero encuentran la hostilidad de las instituciones.

Mujeres de todo el mundo: africanas, europeas, asiáticas y americanas, ponen a disposición sus habilidades para generar iniciativas cada vez más innovadoras mediante la difusión de información útil para los viajeros sobre lugares donde las mujeres participan en actividades como artesanía, comida y vino, agricultura, etc.

El ambicioso objetivo de aumentar esta forma de mercado justo, dirigido a eliminar la discriminación, significa aumentar el empleo femenino, pero principalmente apunta hacia el desarrollo global. Porque promover acciones sostenibles, compartir valores entre organizaciones privadas y públicas, fomentar el desarrollo de iniciativas a nivel local, son todas acciones que garantizan la comunicación y la cooperación dentro de una empresa. Por lo tanto, la creación de movimientos, iniciativas y proyectos en este sentido significa haber generado un fenómeno sin precedentes que, gracias a su naturaleza globalizadora, ha logrado establecer un diálogo entre partes opuestas. Esta es la clave del desarrollo global.

En conclusión, es posible afirmar que las carreras femeninas serían «saboteadas» desde el nacimiento, casi inconscientemente, y que incluso cuando la mujer logre forjar su espacio profesional, todavía tendrá que enfrentar estereotipos fuertes y poderosos prejuicios. Hoy en día, con la importancia que ha asumido el trabajo para todos los ciudadanos, ya sean hombres o mujeres, todos estos procesos terminan generando un gran e inaceptable desperdicio de potencial que debe alcanzarse a nivel económico, a través de reformas que fomentar el trabajo femenino, pero también y sobre todo a nivel psicológico a través de una elaboración y modificación precisa y profunda de todos los estereotipos que conforman la “jaula dorada” en la que vive la mujer.

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Sostenible no es sinónimo de caro

La primera vez que me acerqué al concepto de sostenibilidad fue en 2001. En ese momento, entre cursos de estudio y un trabajo en el extranjero, fui voluntaria en una tienda de comercio ético y sostenible. Allí vendíamos artesanía y comida, entre otros productos, que principalmente, provenían del hemisferio sur: América Latina, África o Asia. Sus precios de venta eran, obviamente, bastante más caros que los que se podían encontrar en tiendas habituales. Hoy en día, la sostenibilidad se sigue asociando a un precio elevado. ¿Por qué?

Comercio justo y sostenible (CES Commercio Equo Sostenibile) 

El comercio justo y sostenible es esencialmente una práctica comercial basada en el compromiso de crear una economía mundial más justa y equitativa, capaz de garantizar los derechos tanto de los trabajadores como de los consumidores.

El CES ofrece a los productores del Sur un precio justo, generalmente superior al precio de mercado, por los productos adquiridos, garantizando así, una continuidad a medio-largo plazo de la relación comercial. Además, se privilegia a los productores organizados en estructuras comunitarias, cuya actividad productiva también va acompañada de intervenciones de protección social o ambiental. Para los consumidores del Norte, el CES ofrece productos de alta calidad y toda la información posible, para que a través del consumo, puedan realizar sus ideales de solidaridad social.

Además de los productos en venta, que no son baratos por su propia razón ética, las tiendas de comercio justo por sí mismas tienen precios más altos debido a que no disponen de una distribución a gran escala. Aunque todo esto tiene una razón: su función. Me gustaba mucho explicar a los clientes por qué los productos tenían ese precio, que era algo en lo que yo realmente creía. De esta  manera, les aportaba conocimiento y una mayor conciencia, además de reducir su desconfianza y la generación de los “rumores”, los prejuicios y los preconceptos habituales sobre el aumento inadecuado de los precios de estos productos.

Viajes sostenibles 

Paralelamente al comercio justo, también comenzaron a circular los primeros folletos de viajes solidarios. Y es desde aquel 2001, que comencé a apasionarme e interesarme cada vez más por la sostenibilidad aplicada a los viajes, sentí que tenía razón, que había encontrado mi camino; pero desafortunadamente, me había anticipado unos 20 años.

En Italia, como creo un poco en todo el mundo occidental que viaja, este nuevo concepto era todavía muy inmaduro. La AITR (Asociación Italiana de Turismo Responsable), nació en 1998 con muy pocos (11) operadores en el sector (agencias y operadores turísticos) repartidos por todo el territorio italiano. En 2018 habían crecido a 100 miembros y comenzaban a desarrollar y difundir una ética diferente. Pero la palabra sostenibilidad seguía siendo sinónimo de caro y costoso, obviamente, debido a la singularidad del viaje. 

No hace falta ser un experto en economía y comercio para entender la conexión entre la sostenibilidad (ya sea una artesanía hecha a mano o piezas únicas de producción familiar, comunitaria y local) con un precio superior a la producción a gran escala que se vende en los supermercados a precios mucho más baratos.  Lo mismo pasa con el turismo: un viaje a algún destino turístico desconocido, particular, único y casi inalcanzable, quizás es aún más fascinante y caro, por su singularidad, en todos los aspectos. En definitiva, una economía sostenible prioriza la calidad sobre la cantidad y pone el desarrollo por encima del crecimiento.

La responsabilidad comienza con nosotros 

Viajar sostenible y responsable es, ante todo y simplemente, una extensión de los buenos hábitos que traemos de casa: reducir el desperdicio diario, reciclar, apagar la luz cuando no es necesaria, ducharse en un tiempo adecuado, comer con cuidado tratando de reducir la cantidad de desperdicio de alimentos, usar una cantimplora en lugar de botellas de plástico, etc. Aparte de estos sencillos gestos diarios, las partidas más importantes que pesan en el precio y contribuyen a la sostenibilidad de un viaje son: el vuelo (que lamentablemente, además de ser un ítem importante en el presupuesto total, lo es también en términos de emisiones de CO2), el alojamiento, el transporte interno y una hipotética guía (preferiblemente local).

Recordemos que una gran cantidad de establecimientos turísticos ya se están comenzando a adaptar a las regulaciones gubernamentales para lograr los 17 objetivos sostenibles para 2030; esto significa que además de ser cada vez más sofisticados y cómodos, todos los aspectos del alojamiento están cada vez más atentos a temas sensibles como el ahorro energético o el bajo impacto medioambiental.

De nuestra casa a todas partes 

Cuando se trata de viajes sostenibles o responsables, todavía se piensa que es solo para destinos en desarrollo. Esta creencia existe porque la gente ve un mayor impacto del ecoturismo en los destinos “pobres” que en los destinos occidentales “ricos”. Nuevamente, es absolutamente necesario cambiar el paradigma: la responsabilidad de viajar se extiende a todos los continentes y todos los destinos. Se puede ser un viajero responsable en una escapada a la ciudad tanto como en un recorrido por la naturaleza. Por ejemplo, se puede reducir los desechos de plásticos, elegir un hotel ecológico, tomar una ruta en bicicleta o tener otras experiencias ecológicas. El ecoturismo significa que la economía, el medio ambiente y las comunidades locales no deben ser dañados por el turismo, sino que deben beneficiarse de él. 

Un viaje para todos

Hace años el turismo responsable se consideraba un nicho de mercado y esto lo hacía aún más “preciado”, solo apto para un determinado segmento económico de clase media-alta. Seguramente, porque era algo nuevo y «alternativo», además que  contrastaba fácilmente con los viajes masivos y de bajo coste. Ahora el viaje responsable siempre se opone a los viajes masivos, pero no tanto por el precio, sino por el sentido y la respetabilidad hacia la economía local, el medio ambiente y la cultura. No es el precio lo que marca la diferencia, sino el significado intrínseco del viaje.

No debería haber recorridos de ecoturismo especializados solo para el turismo sostenible. Más bien, cada segmento turístico, cada empresa y cada viajero, debe hacer todo lo posible para hacer del ecoturismo una realidad. De esta manera, los viajes responsables y sostenibles ya no se asociarían a un precio elevado.

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Turismo Rural: cultivo y cultura

Finca de turismo rural. Autor: Dolomitesfarm.

Lorena Beas Secas, en el libro “El enfoque evolutivo: las transformaciones de los mercados turísticos”, define el turismo rural como “el conjunto de actividades turísticas llevadas a cabo en el medio rural, sin distinguir la motivación, el tipo de alojamiento o el producto. Aun así, el turismo rural se compone de varias modalidades, y hay algunas que forman parte del turismo alternativo, como el turismo de activo, agroturismo o el enoturismo.”

Añade que, “en relación con el grado de implicación de los turistas, los podemos encontrar de dos tipos: 

  • Los que se alojan en la propia casa del labrador, donde él vive con su familia y lleva a cabo las actividades propias del sector primario. El turista conoce y participa de los trabajos cotidianos. 
  • Los que se alojan en una casa destinada a actividades agrarias o ganaderas, pero no tiene por qué ser la residencia permanente del labrador. El turista no está tan motivado para participar de la vida rural.” 

Concluye que “se puede demostrar la importancia del agroturismo en un ámbito mundial por la cantidad y diversidad de asociaciones que se dedican a facilitar y regular el alojamiento en granjas. Por otro lado, a pesar de que en un principio se pensó que esta modalidad tendría un destacado impacto positivo sobre los países en vías de desarrollo, donde realmente ha manifestado un mejor funcionamiento ha sido en las zonas rurales de los países desarrollados.”

Turismo rural, ¿favorece o perjudica a la naturaleza?

Turismo Rural cultivo y cultura
Pueblo rural con encanto

La gestión que se haga de este negocio en crecimiento, será determinante para su viabilidad en el futuro:

  • Por un lado, se han mejorado las vías de acceso e infraestructuras en núcleos rurales antes abandonados
  • En estos mismos lugares, se ha llevado a cabo un proceso de cuidado y mejora del patrimonio histórico y monumental
  • Además, se ha puesto en valor la protección de numerosas zonas naturales, como principal activo para atraer al visitante

Pero no todo son efectos positivos. Muchas veces se produce una alteración del paisaje precisamente, por el aumento de las edificaciones y la mejora en infraestructuras, que quizás solo se utilizan en verano, puentes y fines de semana. 

¿Está justificada entonces su construcción?

Nos encontramos con otros problemas como:

  • El desplazamiento de la fauna salvaje por la habitual presencia humana en su medio natural (senderismo, deportes de aventura)
  • Aumento de los residuos generados por los ‘excursionistas’ poco concienciados y falta de control en los accesos a zonas protegidas

Debemos ser conscientes de que ni todos los propietarios de alojamientos rurales están concienciados con la protección del medio natural, ni todo el público que practica este tipo de turismo es precisamente, ecologista.

Entonces, el turismo rural ¿favorece o perjudica? ¿Deberían exigirse mayores garantías a los empresarios?

Al menos, una cosa está clara, la única vía de supervivencia para este sector es mantener en buen estado su mayor activo: la naturaleza. El turismo rural o agroturismo es un potente instrumento que puede y debe incorporar la sostenibilidad  en términos de estrategia y que, a través de su compromiso, podrá garantizar el uso y aprovechamiento de los recursos de los que depende.

Historia de una finca

Dolomitesfarm, la finca en Alta Badia (Dolomitas, Italia) que ofrece senderismo con alpacas. 

Turismo Rural cultivo y cultura
Autor: Dolomitesfarm

Daniel nació y se crio en la ciudad de Bolzano (Italia). Hace unos años se casó con una chica de Colfosco (Alta Badia), y decidió renunciar a su carrera como técnico deportivo para mudarse con ella, formar una familia y comenzar un pequeño proyecto conformado por perros, gallinas, abejas, cabras tibetanas, conejos, llamas y alpacas, el gran orgullo de Daniel y su esposa Alisa.

La madre de Alisa quiso apoyarlos en la realización de este sueño otorgándole el antiguo establo de su padre (el abuelo de Alisa), en el que criaba vacas. Después de duros meses de restauración y saneamiento, finalmente lograron construir un hogar para sus amados animales y fundar la «Dolomitesfarm» en el pueblo de Colfosco. 

Las alpacas son esquiladas por Daniel y su padre. Mientras uno le quita la lana, el otro masajea la cabeza y las encías del animal para calmarlo. Su pelaje se usa luego para crear prendas súper suaves y muy cálidas. La lana de las alpacas tiene de hecho una mayor retención de calor que la de las ovejas y no contiene lanolina, por lo que no crea alergias en contacto con la piel.

Senderismo con alpacas

Senderismo con Alpacas

Después de haber experimentado la práctica del senderismo al Lago de Garda, y gracias al increíble y quieto carácter de estos animales, a Daniel se le ocurrió la maravillosa idea de proponer una experiencia junto a alpacas y llamas también en Alta Badia.

El actividad se realiza en la localidad de Colfosco y tiene una duración aproximada de dos horas. La ruta es muy fácil y llana, por lo que es igualmente apta para niños.

Además de alpacas y llamas, la finca aloja también gallinas de diferente tipología que ofrecen huevos orgánicos todos los días. En el gallinero hay tres de las aproximadamente 600 gallinas tirolesas existentes y Daniel está comprometido con la reintroducción de esta raza ahora casi extinta.

En la finca se encuentran también cabras tibetanas, perros y conejos. Daniel es también un apicultor certificado y produce miel de sus abejas que viven todo el año a 1700 metros y son tratadas con pesticidas orgánicos. Durante los meses de verano, hay 50.000 abejas en la granja Dolomitesfarm.

En resumen, en el «Dolomitesfarm» se pueden tener las siguientes experiencias: 

  • Visitas guiadas a la finca. 
  • Senderismo con alpacas. 
  • Comprar miel y huevos orgánicos. 
  • Hacer yoga con alpacas. 
  • Alojarse en el Garni Sirio, que se encuentra a pocos metros de la finca y que es administrado por la madre de Alisa.

Este es solo uno de los muchos ejemplos que podemos encontrar de agroturismo o finca ecológica, eco-sostenible que realmente puede marcar la diferencia.

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La Sostenibilidad invisible: ¿cuánto contamina Internet?

Cuando hablamos de sostenibilidad, la mayoría de las veces pensamos en conceptos que, gracias a la Agenda 2030 y sus 17 objetivos para una mayor sostenibilidad global en varios ámbitos, suelen remitir a los 3 conceptos clave: medio ambiente, sociedad y economía, así como a todas sus subcategorías.

El turismo, a su manera, está intentando implementar el aspecto sostenible en sus viajes, aprovechando este gran momento de inflexión.  Principalmente está atendiendo al respeto por el medio ambiente, por las sociedades, por las culturas de acogida y por las tradiciones locales. También, se está impulsando hacia una economía circular y regenerativa, con una mayor atención al desperdicio de alimentos. Así mismo, con una creciente conciencia como ciudadanos del mundo y  hacia el concepto de causa-efecto, es decir, que a cada acción que realizamos le corresponde una reacción en cadena a nivel global.

De todos modos, hay otro aspecto a tener en cuenta que se está volviendo tan automático, normal y rutinario que ni siquiera pensamos en las consecuencias ambientales. Se trata de un gesto tan simple como hacer clic en un sitio web.

Internet en nuestras vidas

Creo que nunca tanto como en este último año, debido al confinamiento global, se ha utilizado internet, registrando un aumento increíble de esta red online.

En primer lugar, pensemos en todos los trabajadores; algunos de ellos, llevaban ya algún tiempo trabajando de forma remota, pero la mayoría lleva un año trabajando de forma continua en smart working. Pensemos también, en todos los profesores y alumnos, desde la escuela primaria hasta la universidad, conectados a través de Internet. Incluso, en los entrenadores de las clases de gym, yoga, pilates, entre otros.

Pensemos en los cientos y cientos de películas descargadas durante el confinamiento y las visualizaciones en Netflix, Amazon Prime o You Tube; también, en las largas notas de voz enviadas por Whatsapp; y sin olvidar, las clases de cocina, de costura y de manualidades o cursos de cualquier tipo.

Pensemos en la increíble revolución que ha tenido la tecnología en relación al formato papel: revistas, folletos, cartas, tarjetas, postales, anuncios, etc.

Internet en el turismo

Volviendo a un viejo artículo sobre “Nuevas tecnologías, turismo y sostenibilidad”, notamos obviamente cómo este campo se ha transformado por completo y nunca como en este último año, ha dado un impulso increíble al uso de Internet. Recordemos que no hace mucho se iba a una agencia de viajes para reservar unas vacaciones; y ahora todo se hace en línea, sin ni siquiera encontrar el representante de viajes.

Pensemos en todas esas ferias que se han realizado para mantener en marcha el mercado turístico, pero todas a distancia. Igual que los seminarios, los webinars y las reuniones vía meet, zoom o whatsapp.

Ahora Internet está en nuestras vidas como el aire que respiramos y el agua que bebemos. Como tal, debemos usarlo con cuidado y respeto, tal y como lo hacemos con cualquier otro recurso del que disponemos.

Pero, ¿cómo contamina realmente Internet?

Sencillamente, con la electricidad. Cada pequeña acción que realizamos en línea, desde abrir una página web hasta enviar un correo electrónico o ver una película, emite indirectamente una cierta cantidad de dióxido de carbono. Es decir, no es únicamente el correo electrónico el que emite contaminación, sino el coste en términos de consumo eléctrico para que ese correo electrónico sea escrito, enviado y recibido. Como la mayor parte de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles, la electricidad que hace funcionar Internet, y sus centros de datos, contribuirá a contaminar el planeta.

El último dato sobre el que existe un amplio consenso es que Internet, en su conjunto, es responsable del 3,7 por ciento de las emisiones contaminantes. Se igualan a las del transporte aéreo, aunque todo lo que se salva, en términos de dióxido de carbono, utilizando internet en lugar de los medios de transporte (coches, buses, aviones,) es mucho menos impactante que un vuelo.

Los hosting ecológicos como alternativa

Han nacido hosting ecológicos que alojan sitios web transformando la infraestructura del servidor, reduciendo todo tipo de emisiones y minimizando su impacto ambiental porque se alimentan con energía renovable. En particular, alimentan sus servidores con energía eólica y además están involucrados en la plantación de árboles para reducir aún más su impacto ambiental, reduciendo las emisiones de CO2 en aproximadamente un 20%.

Los hosting más ecológicos son estadounidenses, pero creo que Easy Travel Hosting es particularmente adecuado para nuestro turismo sostenible.

Considerando que, en escala mundial, se estima que el turismo representa el 10,3% del producto interno bruto, 330 millones de puestos de trabajo, 1 de cada 10 puestos de trabajo en todo el mundo y 1,7 billones US dólares de exportaciones de turistas, los operadores de la industria turística pueden marcar una gran diferencia al optar por este tipo de hosting por su propio sitio web.

Todas las webs de agencias de turismo, tour operadores, hoteles, alojamientos, casas de vacaciones, restaurantes, aerolíneas, o motores de reserva como Booking, Airbnb o Tripadvistor,  junto con la frecuencia en la que todo el mundo empieza a buscar a través del web un destino para sus próximas soñadas vacaciones, ¿cuánto sufriría el mundo entero al multiplicar el efecto del uso de internet de un solo ciudadano?

Como en todos los aspectos de nuestra vida, todo comienza con pequeños hábitos diarios. Por ejemplo, apagando la luz cuando no se necesita, cerrando el grifo del agua, ocuparnos más de la basura separada y también, en el caso que nos ocupa, tratar de frenar un poco el uso de Internet. El planeta no se salva al detener Internet, sino que, la transición ecológica también depende de una transformación digital bien hecha.

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El viaje para llegar a la esencia de la vida

Estamos en una era de cambios en la que debemos aceptar y acoger el cambio como una gran oportunidad para renovarnos, reprogramar nuevas estrategias, nuevos paradigmas, nuevas creencias y al mismo tiempo volver a nosotros mismos. En las últimas décadas, la sociedad moderna nos ha envuelto en un remolino de innovaciones ultra-tecnológicas y consumistas que nos ha tragado en el ojo de una tormenta, abusando de demasiada modernidad para de-responsabilizarnos de todo: desde los roles sociales que jugamos como padres, hijos, maestros, colegas, empresarios ciudadanos, etc., hasta nuestras mismas acciones. Hemos permitido que este ciclón moderno se hiciera cargo de nuestras vidas y se fuera de las manos, como un Frankstein que se rebela contra quien lo creó, llegando a hacer más daño que beneficio. Propongo que a través del viaje, volvamos a la esencia de la vida.

Un cambio de paradigma

La nueva estructura social se cuestiona cada vez más debido a que el delicado equilibrio entre el hombre y la naturaleza se está debilitando y muchos aspectos del viejo paradigma ya no son válidos en una sociedad cada vez más enferma, destruida, cansada, infeliz y completamente desconectada de sí misma.

Además, si vemos que surgen nuevos mercados que cada vez se perfilan más con el desarrollo personal y espiritual, el coaching, el crecimiento evolutivo, las disciplinas holísticas, los retiros espirituales, la nutrición consciente y los mercados hortofrutícolas de km 0, significa que cada vez hay más demanda y necesidad de volver a la calma, a la naturaleza, a nuestra verdadera esencia, que parece haber quedado como nuestra única brújula que nos guía en un mar cada vez más exasperado y corrupto.

El viaje para el bien-estar

Junto a todas estas terapias holísticas en fuerte crecimiento y todas orientadas a volver a una calidad de vida más sencilla y a sustituir el concepto de “bien tener” por el nuevo paradigma de “bien estar”, yo asocio el viaje. El viaje es la terapia hacia el bienestar por excelencia.

En el viaje encontramos todos los desafíos e ingredientes que nos permiten estar absolutamente en contacto y en estrecha conexión con nosotros mismos y evolucionar como personas más responsables, con un despertar de conciencia más profundo e intrínseco. El viaje, en un sentido físico y al mismo tiempo en un sentido metafórico, aborda todos los ámbitos y aspectos de nuestra vida, ayudándonos a luchar contra nuestros peores demonios y a sacar la mejor versión de nosotros mismos. Cada vez que regresamos de un viaje, sacamos a la luz una parte de nosotros, escondida y misteriosa, un lugar desconocido, nunca conocido antes y despertado después de mucho tiempo. 

Piénsalo…

En el viaje, concebido como una aventura y experiencia lo más natural posible, no como unas vacaciones turísticas “todo incluido”, primero nos deshacemos de una cosa: una etiqueta, una máscara o múltiples máscaras que hemos construido en nuestra vida, en nuestro núcleo social dentro de nuestra comunidad: madre/padre, hija/hijo, hermana/hermano, empleada/o, vecina/o de casa, novia/o. Nos quitamos todo este armario de máscaras y en un grupo que no conocemos y en un área del mundo desconocida, simplemente somos nosotros mismos.

Es un gran redescubrimiento, es como si entráramos en un círculo privado de conocimiento, donde solo se encuentran virtudes ocultas. Sin saber a qué nos enfrentamos, nos movemos en dos direcciones al mismo tiempo: una nos muestra las maravillas, valores y problemas que normalmente ignoramos, y la otra, al mismo tiempo y más profundamente, nos muestra todas las partes de nosotros mismos que de otra manera podrían oxidarse y caer en el olvido. Porque al viajar a lugares auténticamente extranjeros, inevitablemente viajamos con estados de ánimo, mentalidades y pasajes internos secretos que de otra manera difícilmente tendríamos la oportunidad de visitar. Por tanto, viajamos en busca de nosotros mismos y al mismo tiempo del anonimato.

En el extranjero, estamos tremendamente desprovistos de casta, ocupación y estatus. La gente no puede darnos un nombre o una categoría. Precisamente así nos purificamos y nos liberamos de etiquetas innecesarias y tenemos la posibilidad de entrar en contacto con partes más esenciales de nosotros mismos (lo que explica por qué cuando estamos fuera de casa nos sentimos más vivos). Es en el extranjero que seguimos el impulso y nos entusiasmamos por todo, como cuando estamos enamorados. Vivimos sin pasado y sin futuro, al menos por un momento, y estamos a disposición de todos y abiertos a cualquier interpretación. Incluso podemos volvernos misteriosos para los demás y, a veces, para nosotros mismos. Nos desnudamos así de todos los prejuicios y volvemos a nuestra esencia, con sencillez. Y nos gusta. Es un «lujo» que muy pocos se toman la libertad de escoger.

En el viaje, durante esas horas eternas en un avión o en un autobús que recorre caminos largos y desenredados, nos permitimos otro lujo: el tiempo para pensar. Pensar y reelaborar todo lo que nos ha pasado en los últimos años y que inevitablemente nos ha alejado de nosotros mismos, nos ha alejado cada vez más de nuestro verdadero ser. Tenemos tiempo para pensar, para perdernos en los recuerdos y reencontrarnos.

Y el viaje se transforma en un espejo. Comer comidas típicas, hablar un idioma que no es el nuestro, conocer diferentes personas y rostros para reconocer, al final, entre esos mil rostros, los lineamientos de nuestra gente, el olor de nuestro país, los sabores de nuestra tierra, y apreciar más y con otra mirada, nuestras orígenes, nuestro pasado y nuestra historia, o simplemente nuestro hogar. Caminar por calles desconocidas e improvisar, entrar en contacto con diferentes culturas, tradiciones, bailes y danzas, cantos y coros, disfraces y máscaras que nunca imaginamos. Sorprenderse de lo que no es habitual, dejar en casa creencias y certezas para ver todo lo que creíamos saber bajo una luz diferente. Todo esto trastorna por completo lo que se daba por sentado, aprendemos cuanto provisorias y provincianas son las ideas que se consideraban universales: esto es la suprema libertad de viajar.

Incluso, podríamos decir que somos como palomas mensajeras. Detrás del simple hecho de salir de casa por un tiempo, hay algo más abstracto, un aporte que somos capaces de entender cuando nos damos cuenta cuánto podemos dar a los lugares que visitamos y cómo podemos convertirnos en una paloma mensajera que transporta conocimientos y que con humildad aprende conocimientos; en definitiva contribuimos a un intercambio entre las culturas.

Entonces reconoceremos cómo nuestra acción asume un papel fundamental. Llevando valores, creencias y noticias a las diferentes partes del mundo donde viajamos, nos convertimos en los únicos canales que pueden sacar a la gente de las fronteras selladas de su país. Importar y exportar sueños, deseos, recuerdos lejanos y cercanos de lugares encantados, de realidades mágicas que hacen sentir bien (bien-estar), ser transnacional en un sentido más alegre, capaz de adaptarse en todas partes, acostumbrado a ser extranjero en todas partes y obligado a re-crear nuestro propio concepto del hogar, reconociendo así que ningún lugar es verdaderamente nuestro hogar.

Y finalmente, se vuelve a casa diferente. No mejor, pero sí con la capacidad de encontrar en nosotros mismos una persona de espíritu joven y abierta, con una mente más libre y sin prejuicios, con la conciencia de que siempre tenemos que estar atentos, receptivos, no oscurecidos por el hábito de la realidad, siempre dispuestos a adaptarnos a cualquier situación para cambiar, para transformar, para evolucionar.

Así que, de algún modo, el viaje continúa

Porque al igual que las grandes historias de amor, el viaje nunca tiene un final definitivo. Porque si cada historia de amor puede parecer un viaje a un país extranjero, donde no hablas bien el idioma y no sabes a dónde vas, pero estas empujado cada vez más hacia una oscuridad tentadora, cada viaje a un país extranjero puede ser una historia de amor, donde te encuentras preguntándote quién eres y de quién te has enamorado.

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