El complejo dilema del mercado turístico: adaptación o autenticidad

Hoy, la pregunta a la base del mercado turístico es muy simple: ¿Se quiere favorecer un gran target como el turismo de masas a coste y distorsionando la autenticidad del destino para adaptarlo a un mercado más amplio? ¿O prefiere mantenerse fiel a sí mismo, manteniendo la originalidad de la naturalidad y de la cultura, dirigiéndose así automáticamente a una porción más pequeña de turismo, tal vez a un target más específico con la conciencia de un posible ingreso más bajo y reducido? Este es el complejo dilema del mercado turístico.

En pocas palabras, ¿es preferible que el destino se adapte al turista o que el turista se adapte al destino?

El mercado que queremos proponer depende de este principio. Con la conciencia de que, al optar por uno u otro, hay una mayor o menor afluencia de dinero y como efecto directamente proporcional, una mayor o menor distorsión del destino turístico. ¿O los dos aspectos pueden coexistir?

Una mala experiencia

A finales de octubre de 2019, durante un tour por Indonesia, pasé también por Bali, convertido en un destino de turismo de masas por excelencia. Esta isla de Indonesia es conocida por sus montañas volcánicas, boscosas, típicos campos de arroz y su barrera de coral. También por sus centros de yoga y meditación, sus sitios sagrados como el Templo de Uluwatu. Mientras en el sur, la ciudad costera de Kuta ofrece actividades como bares animados, pasear alquilando una moto, o visitar los alrededores.

Durante mi estancia en Lovina participé en una actividad matutina: ver delfines. Nunca pensé que disfrutar sus saltos sobre el mar significara asustarlos.

Comenzamos la aventura en uno de estos hermosas y típicas embarcaciones de madera jukung; costa afuera nos encontramos con una veintena de ellos, cada uno con alrededor de 6 a 8 personas a bordo. Iniciaron una persecución salvaje a los delfines para asustarlos, desorientarlos y obligarlos a saltar para que el turista inmortalice la foto con el delfín.

Estadísticamente hablando, creo que fui la única de alrededor de 160 personas que se sintió extremadamente muy sensibilizada a causa de ese acoso inhumano. Miré a mi alrededor y escuché solo los gritos emocionados de los turistas dispuestos a señalar el show perfecto para fotografiar. La pregunta en todo esto es: ¿para qué? ¿para quién? Arriesgué una respuesta genérica: alimentar un ego cada vez más vacío.

Esta consideración puede parecer provocativa y demasiado general. No quiero necesariamente buscar una explicación psicológica y generalizar, pero en algún lugar me gustaría intentar encontrar de dónde viene el significado de todo esto.

Razones psicológicas o emocionales

Por un lado, nos encontramos en una sociedad cada vez más consumista, ficticia y aparente. Por otro lado, totalmente opuesto y extremo, en una profunda inmadurez emocional del individuo. 

El individuo necesita cada vez más llenar su vacío emocional. Su inmadurez emocional aferrándose a trucos externos ficticios como compras compulsivas o “likes” en las redes sociales. Encontramos a un individuo que no puede ser suficientemente maduro por sí. Pero necesita la aprobación de los demás para sentirse ser alguien, para sentir que él también tiene un valor dentro de una sociedad que, además, es una sociedad de apariencia. De ahí, la prisa por la imagen, los “likes”, los “follower”, por llenar desde fuera esa inmensa soledad que llevamos dentro. ¿Y qué no hacer para escuchar los comentarios asombrados y quizás la provocación de envidia de nuestros interlocutores sociales? Fotos, imágenes y videos para inmortalizar, para alimentar un ego cada vez más adicto a la popularidad. Cuanto más vacíos y solos nos sentimos, más necesitamos el consentimiento de los demás.

El complejo dilema del mercado turístico adaptación o autenticidad

La vieja tradición vuelve a estar de moda

Cambio de escenario: octubre de 2021, en la ciudad de Olympos, isla de Karpathos, al sur de Grecia. La agradable charla con Nikos, dueño de una tienda de souvenirs en el pueblo, sus palabras, sus historias, sus instrumentos. Me hace pensar cómo es posible que hoy nos veamos obligados a buscar en la vieja y ancestral tradición desde hace años despreciados por todos, tanto por los jóvenes locales que buscan el futuro, como por lo nuevos turistas que buscan glamour, el secreto para proponer un nuevo y más buscado mercado. 

Es realmente extraño que hoy, para ser considerado original, se tiene que recurrir al pasado, a la tradición, a los consejos de los abuelos, a volver a lo artesanal. Tales como el procesamiento de objetos de madera, instrumentos musicales abandonados, calzado y ropa ahora en desuso. 

¿Para qué estamos haciendo esto? ¿Para nosotros que, como paisanos, queremos continuar con una tradición milenaria, ahora en extinción, o bien, para el turista que cada vez más quiere encontrar lo buscado, lo único, lo original, sintiéndose un poco especial entre la multitud… ese pequeño pico de anticonformismo en la comodidad del paquete “todo incluido”? ¿Es esta una reflexión que compartimos muchas personas? ¿Todos los actores turísticos deberíamos debatir sobre el complejo dilema del mercado turístico?

¿Cómo hemos llegado a este punto?

Y de hecho, Nikos, con esas palabras: “lo hago por mí mismo, porque me gusta, porque me apasiona”, él simplemente me respondió. Es una cuestión de prioridades: mantenerse fiel a uno mismo y a su profunda tradición helenística es más importante que comercializarse a la masa.

Este discurso puede extenderse a todos los sectores del turismo: medios de transporte, alojamientos, hoteles familiares, un restaurante casero, el bar del pueblo, tiendas de artesanía, eventos religiosos o laicos locales, costumbres, disfraces, bailes, y la música. Aunque esto podría significar una disminución del target, por el hecho de no poder satisfacer los gustos de todos, ni adaptarse a los gustos de la masa. Cuando la masa busca cada vez más originalidad y autenticidad. ¿Pero, a qué precio? A la incomodidad del transporte público, a los restaurantes con sillas de paja, a los hoteles que ofrecen higos recién cogidos del árbol para el desayuno. ¿Cuánto está dispuesto el turista a adaptarse al lugar para captar su más profunda originalidad? ¿Cuánto está dispuesto a adaptarse, a molestarse, para que sea él quien se sumerja totalmente al lugar y no al revés?

Este delicado equilibrio está en la base no solo del mercado económico del turismo, sino también de nuestras elecciones personales, de nuestra actitud, de nuestra conciencia interior.

¿Necesito realmente llenar mi perfil de Instagram con fotos? O por un momento, dejando mi celular a un lado, ¿puedo hablar con la señora del pueblo que, con nuestro inglés, nos entendemos más con gestos y sonrisas que con palabras?

De esta simple consideración filo-psicológica proviene quizás la motivación de tanto entusiasmo frente a espectáculos muy poco éticos, como lo de la carrera a los delfines. Aparecer en las redes sociales con la noticia del momento y disfrutar de ese instante. Un momento de gloria que nos satisface y nos hace sentir aclamados por los demás.

Por tanto, ¿es el destino turístico el que debe satisfacer un ego del individuo cada vez más necesitado de la aprobación del exterior, o es el individuo quien puede simplemente disfrutar de la belleza etérea del lugar sin necesidad de distorsionarlo? Ese es el complejo dilema del mercado turístico.

La plenitud y la autenticidad de este momento real no nos la puede dar nadie: ni los “like”, ni los “follower” ni la perfecta apariencia en las redes sociales.

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Interpretación del patrimonio cultural. Turismo sostenible conectado a lugares históricos

El 25 de abril de 2019 caminaba por las calles de Nueva York. Mi madre siempre ha expresado el deseo de ver “The Big Apple” y finalmente, después de muchos años desde esa primera promesa (2007), logré hacer realidad su sueño … y tal vez incluso un poco el mío, después de dejar suelo americano unos días antes del 11 de septiembre de 2001.

Así que me encontré caminando de nuevo por el World Trade Center, recorriendo sobre una profunda herida histórica, global y personal.

Berlin Shoah Memorial, Memorial Park de Buenos Aires, Drancy Memorial, la estupa de las víctimas del Khmer Rouge, el 9/11 Museum de Nueva York, … Todos estos sitios han sido creados en los últimos diez años y atestiguan el deseo de anclar la memoria en lugares simbólicos. Una peculiaridad de estos nuevos espacios es la atención al aspecto turístico desde la etapa de diseño, ya que crece cada vez más el número de visitantes que no tienen relación directa con la tragedia evocada. De ahí nace la importancia de la interpretación del patrimonio como vínculo entre historia y turismo.

Turismo de masas y respeto a las víctimas, ¿es posible el equilibrio?

La difusión e internacionalización de los lugares de la memoria plantea algunas cuestiones. ¿Es posible compartir el espacio entre visitantes y víctimas (o descendientes de estas últimas), que no tienen las mismas expectativas? ¿Cómo evitar comportamientos irrespetuosos, gestionar las distintas percepciones de la relación con la muerte, la cultura del recuerdo, y el aspecto religioso? ¿Cómo hacer posible los momentos de meditación entre autobuses turísticos y grupos escolares? 

Con más de un millón y medio de visitantes al año, el cementerio estadounidense de Omaha Beach (Calvados) se ha convertido en un vasto parque infantil donde todos posan en medio de una miríada de cruces blancas. ¿Todavía hay lugar para las familias de los soldados? En definitiva, ¿Cómo evitar que el turismo de masas invada los lugares de la memoria?

El turismo de la memoria

Desde hace algún tiempo, uno de los fenómenos turísticos más exitosos ha estado sin duda representado por el “turismo de la memoria”. Tomando como referencia este modelo, se entiende la gran repercusión que está teniendo en los últimos años la interpretación cultural como gran vínculo entre patrimonio, historia y turismo.

Este fenómeno se basa en un principio simple, pero bastante efectivo: el patrimonio histórico / ambiental (que por definición es un costo para la comunidad) presente en una determinada área, debe ser analizado y protegido adecuadamente por algunos estándares cualitativos que, requeridos por los usuarios, favorezcan su transformación en un recurso (que por definición trae riqueza, por impacto, al territorio).

Un tan enriquecedor enfoque de viajar ha provocado también un cambio en los hábitos del turista medio. Ahora prefiere invertir menos en la comodidad de los traslados (aumento de vuelos y aeropuertos low-cost) y alojamientos (aumento alojamientos alternativos a los hoteles tradicionales como Airbnb, Bed & Breakfast); y destina la mayor parte de sus recursos a conocer la zona en la que se alojan durante un tiempo limitado.

El interés por el turismo histórico

De todo esto se deduce que el turismo se enriquece necesariamente con contenidos, con un retorno al sentido original que lo calificaba sobre todo como un fenómeno cultural. Su interpretación, se presenta como el único vínculo posible entre el patrimonio, la historia y el turismo.

Como decía Dean McCannell:El turismo no se puede reducir a un mero agregado de actividades comerciales, es también una trama ideológica de historia, naturaleza y tradición, que tiene el poder de dar nueva forma a las necesidades de cultura y naturaleza».

El deseo de conocer el pasado está vinculado a la necesidad de identidad y a una necesidad más general de educación. Esta necesidad de formación crece con la evolución de la sociedad, encontrándose confirmada en las investigaciones sociológicas. En el Reino Unido, un estudio sobre las actitudes del público hacia los museos encontró que el 93% de los visitantes dijeron que el conocimiento del pasado era importante, y solo el 49% de los no visitantes afirmó lo contrario.

La interpretación del patrimonio como vínculo entre historia y turismo
Turismo histórico y cultural

La interpretación del patrimonio como herramienta para crear el vínculo entre historia y turismo

El turismo histórico, en sentido propio, es el que se dirige a lugares, edificios, artefactos, que derivan su interés de la asociación con algún evento promovido por el hombre más que por la naturaleza.

En una subdivisión detallada, se incluyen temas y objetos muy diferentes: desde grafitis rupestres prehistóricos, a abadías románicas, desde campos de batalla antiguos o recientes. De museos de arte, a centros históricos completos, castillos, paisajes escénicos, picos alpinos donde atrevidos escaladores trazaron las primeras rutas, y senderos literarios, diseñados por el arte de escribir de famosos novelistas.

Este turismo tiende a favorecer la creación de sistemas locales reales, unidos por diferentes temas. Por ejemplo arquitectónicos (“Los castillos de Trentino”, “Los castillos del Loira”, “Las Villas del Brenta”) o biográficos (“Las tierras del Manzoni”). Asimismo históricos / religiosos (“el Camino de Santiago”, “La Via Francigena”), artesanales / productivos (“la ruta del hierro”), etc.

En estos sistemas, que reúnen ejemplos de excelencia histórico/monumental y ambiental en itinerarios específicos, hay un amplio espacio para iniciativas evocadoras destinadas a realzar los lugares y satisfacer la imaginación del visitante. Pero en particular, para emerger esa emoción, ese sentimiento de identidad, de herencia que aún hoy llevamos como testimonio de la historia.

El vínculo entre valor histórico y tragedia

A menudo se pide a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) que reconozca un “valor universal excepcional” a los sitios vinculados a eventos trágicos.

Entre 1978 y 1999, Gorée Island (trata de esclavos, 1978), Auschwitz Birkenau (Segunda Guerra Mundial, 1979), la cúpula del Hiroshima Peace Memorial (bomba atómica, 1996), y Robben Island (prisión del apartheid, 1999) se inscribieron en la Lista del Patrimonio Mundial. Por supuesto, la creación de la UNESCO después de la Segunda Guerra Mundial tuvo como objetivo promover la paz y el diálogo intercultural.

Pero, ¿pueden los lugares vinculados a guerras, masacres y torturas crear este vínculo? Además, ¿cómo atribuir un valor universal excepcional a espacios difíciles de captar, desde el punto de vista material o en su dimensión trágica?

“We are not makers of history. We are made by history” Martin Luther King

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La tecnología digital cambia las reglas del juego de la sostenibilidad

La estrategia digital y la sostenibilidad son cada vez más importantes y están cada vez más entrelazadas.

Una nueva encuesta elaborada por Bain & Company y el Foro Económico Mundial (WEF) subraya el enorme impacto que la tecnología digital está teniendo en los programas de sostenibilidad de las organizaciones. Se trata de una aliada que cada vez está cobrando más peso en las entidades que apuestan por el desarrollo sostenible. 

Tecnologías digitales, sostenibilidad y empresas

En la actualidad, las tecnologías digitales se utilizan para medir y hacer un seguimiento del progreso de la sostenibilidad, optimizar el uso de los recursos, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y hacer posible una economía más circular, entre otras cosas. Pero las tecnologías digitales también permiten la innovación y la colaboración.

La inteligencia artificial (IA) en el diseño, la fabricación aditiva y los gemelos digitales son solo algunas de las poderosas herramientas que permitirán, según el estudio, la próxima ola de soluciones para el cambio climático. Las autenticaciones basadas en blockchain, las plataformas de intercambio de datos y las aplicaciones de juego son ejemplos de tecnologías que fomentan la colaboración en toda la cadena de valor y alinean a los participantes en métricas y objetivos comunes.

Si bien se trata de una herramienta que brinda múltiples oportunidades y beneficios, el estudio advierte que lo digital también trae consigo inconvenientes. Concretamente, uno de cada diez encuestados cree que las tecnologías digitales representan un riesgo para la sostenibilidad. Les preocupa especialmente el impacto en la salud mental y el bienestar, la privacidad de los datos, las habilidades para el futuro y la garantía de la diversidad y la inclusión.

Transformación como un plan de juego

Expertos del WEF analizan que, ante este panorama de cambio vertiginoso y múltiples desafíos, es importante que las organizaciones actúen con una estrategia premeditada en pos de la sostenibilidad. La investigación afirma que esta estrategia debe tener en cuenta tanto los aspectos positivos como los negativos de la tecnología digital. Haciendo una analogía con el deporte, el documento afirma que los ejecutivos que integran las tecnologías digitales y la sostenibilidad se benefician de pensar en esta transformación como un plan de juego de tres partes, presionando a través de la ofensiva, el centro del campo y la defensa para crear un equipo alineado y eficaz.

Así, el documento explica que, cuanto más se orientan las organizaciones hacia los datos, más importante es gestionar bien la privacidad y la seguridad de los mismos. Salvaguardar los sistemas es algo imprescindible, pero también hay otros riesgos, como la forma en que se utilizan los datos y la ética e integridad de los algoritmos y plataformas de IA que utilizan muchas empresas hoy en día.

Sin duda, la mayor preocupación de los ejecutivos es el impacto de la automatización en los puestos de trabajo de sus empleados. Es imperativo volver a capacitar a los empleados, así como crear nuevas y prometedoras trayectorias profesionales para garantizar que tengan la formación necesaria para prosperar en una era de automatización.

El estudio concluye que, para construir un futuro digital sostenible, es necesario gestionar todos los aspectos del juego a la vez:  el ataque, el centro del campo y la defensa. Esa es la única manera de aprovechar lo digital para ofrecer las soluciones de sostenibilidad innovadoras y colaborativas que necesitamos hoy y, al mismo tiempo, reconocer y gestionar los riesgos que lo digital puede suponer para el futuro.


Este articulo es un resumen de la noticia original publicada en Diario Responsable “La tecnología digital cambia las reglas del juego de la sostenibilidad

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El Delta del Ebro: un milenario pacto de paz y armonía entre tierra y agua amenazado por el hombre

El Delta del Ebro es la región del río Ebro localizada al suroeste de la provincia de Tarragona en Cataluña, España. Está situada sobre el mar Mediterráneo, y es el punto más septentrional del golfo de Valencia. Con una superficie de 7700 hectáreas, el delta del Ebro es la zona húmeda más grande de Cataluña y una de las más importantes de Europa occidental detrás del parque regional de la Camarga en Francia y del Parque Nacional de Doñana en el sur de España.

Patrimonio de la Humanidad

Ya el solo hecho de que sea parte del Patrimonio de la Humanidad, indica la singularidad y la maravilla natural del lugar. Aquí, tierra y mar se encuentran en una intersección de aguas saladas, salobres y dulces, tierras y arenas, pantanos y estanques, lagunas e increíbles extensiones de aguas sumergidas, arrozales y estrechos pasillos para cruzar y visitar estos espacios infinitos respetando su fauna y flora. Además, hasta ahora, la actividad humana en el Delta del Ebro ha sido verdaderamente el huésped insertado con cautela y diligencia en su hábitat natural.

Afortunadamente, además del reconocimiento de la Unesco, el parque del Ebro también forma parte de figuras protegidas, como:

  • Parque Natural:  espacio natural con características biológicas o paisajísticas especiales en el que se pretende garantizar su protección.
  • Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA): una categoría de área protegida catalogada por los estados miembros de la Unión Europea como «zonas naturales de singular relevancia para la conservación de la avifauna amenazada de extinción».
  • Zonas Especiales de Conservación (ZEC): áreas de gran interés medioambiental para la conservación de la diversidad, las cuales han sido designadas por los estados miembros de la Unión Europea para integrarse dentro de la Red Natura 2000.

Reconocido, por tanto, que esta particularidad naturalista debe ser protegida y tutelada, hay un problema mayor que va más allá de los límites de la protección humana: una vez más la crisis climática está dañando gravemente todo el ecosistema del parque del Ebro.

A continuación, presentamos algunas de las consecuencias, visibles e invisibles, inmediatas y de largo plazo, que la crisis climática está ocasionando en toda la zona mediterránea.

¿Erosión natural del delta o crisis climática?

Actualmente, instalaciones de grandes presas hidroeléctricas en el cauce del río Ebro han frenado el crecimiento del Delta. La erosión marina es mayor a los sedimentos depositados por el río, contribuyendo así a la desaparición de muchos metros de tierra y favoreciendo el retroceso del Delta.

A estos problemas habría que añadir el hundimiento de la zona del delta, la intrusión salina, la introducción de especies foráneas, la problemática de nuevos trasvases, la disminución del caudal del río Ebro, los contaminantes acumulados en el pantano de Flix, la presencia en especies invasoras como el cangrejo azul, etc…

Si admitimos que la crisis climática tiene un origen antrópico, debemos aceptar que sus consecuencias también. No podemos asistir a la desaparición del Delta del Ebro atribuyéndolo a una “causa natural”, una especie de darwinismo geográfico. El sistema dinámico de la plataforma deltaica ha sido alterado por la acción del ser humano, por lo que no es de recibo atribuir su retroceso a la dinámica natural. Por ello, hay que poner en marcha un plan de acción urgente que garantice la recuperación de los aportes y frene la desaparición del Delta.

Arroz, mejillones, ostras y almejas

Recordemos que, además de su valioso patrimonio natural, el Delta acoge también una intensa actividad económica entre la que destaca la producción agrícola con más de 150.000 toneladas anuales de arroz (el arroz del Delta del Ebro es un producto DOP -Denominación de Origen Protegida – y un 65% de la superficie del Delta del Ebro se dedica al cultivo del arroz), una floreciente acuicultura de la ostra y el mejillón, y está experimentando un importante auge del turismo de naturaleza, gastronomía y ocio activo.

La subida del nivel del mar pone en una situación de vulnerabilidad al Delta del Ebro debido a la poca elevación del terreno, al hundimiento natural y a la disminución de la entrada de sedimentos. El incremento del nivel del mar induce a la inundación costera y a la salinización del suelo. El aumento de la concentración de sal del suelo afecta directamente a la producción de arroz, provocando pérdidas cada vez mayores en las cosechas.

Por otro lado, el fondo de la Bahía del Fangar está cubierto de praderías de algas que convierten este ecosistema en un lugar muy fértil y en el origen de su gran diversidad biológica. Estas aguas son ricas en nutrientes y alimentan la gran concentración de algas planctónicas, base de la cadena trófica tanto de la Bahía del Fangar como de Alfacs. Estas condiciones son inmejorables para el cultivo de los reputados mejillones, así como de las apreciadas ostras rizadas y de las almejas.

La falta de sedimentos que llegan del río frena el crecimiento del mejillón, un hecho que se agrava con una primavera de lluvias y temperaturas suaves. A esta preocupación se suman los daños que provocan en el sector los depredadores, tanto los habituales, como las doradas y los sardos, o como el cangrejo azul, que consigue cortar y atravesar las redes de protección de los viveros y comerse los mejillones y las ostras, y la muerte de las crías cuando las temperaturas se disparan en verano.

La arena y los sedimentos del río hace años que provocan tapones en la bocana de las bahías. El agua no se renueva «como toca» y el problema, a diferencia de otros países, no se soluciona. Con la bocana colapsada, la temperatura del agua aumenta más, mueren algunas crías y se genera «un efecto dominó» que acaba matándolas todas. El Delta es ya una reivindicación histórica, y Miguel Carles, presidente de la federación de productores del Delta, FEPROMODEL, insiste en la necesidad de crear elementos como son los trabucadores. «Aquí tenemos la peor gestión de un delta, comparado incluso con África», ha sentenciado.

Quiero agradecer especialmente a Mercè Mariano Geira, mi guía personal en el Delta y principal fuente de inspiración y noticias.

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Experiencia de sostenibilidad, experiencia de autenticidad

Hace tiempo que observo a la gente con cuidadosa curiosidad y casi podría asegurar que lo que más emoción despierta en las personas es la paz que transmite la naturaleza. Probablemente por el ritmo que nos impone la sociedad moderna que nos empuja a una disociación forzada de nosotros mismos: el ritmo neurótico de la cotidianidad contemporánea, los ruidos, la sobreexposición a la información mediática e informática, la excesiva competencia, los neones desfasados que nos ciegan y emborrachan con imágenes distorsionadas de la realidad y de nosotros mismos.

Sin embargo, existe un lugar donde las personas sienten cada vez más la necesidad de refugiarse y encontrarse a sí mismas: la madre naturaleza. Está claro que cada vez más existe la necesidad y el impulso de redescubrir la veracidad de nosotros mismos, de volver a nuestro yo más joven y redescubrir nuestra versión más auténtica y original, todo esto lo encontramos en la Pachamama, en el corazón y en los brazos de nuestra madre primordial.

Perdernos en el caos para encontrarnos en la paz

¿Por qué nos sentimos siempre tan serenos cuando respiramos profundamente frente a un atardecer o cuando estamos en una playa observando de lejos el horizonte?  Esa delgada línea entre el mar y el cielo que tanto nos conmueve, en un bosque, en un valle, en la cima de una montaña para ver el amanecer… Estos momentos, la mayoría de las veces vividos en silencio, invitan a la contemplación, pero más que nada, nos invitan a reconectar y encontrarnos de nuevo, en un mundo que quiere ser cada vez más automatizado.

En la edad adulta olvidamos que somos copos de nieve sobre la tierra, piezas únicas e inimitables, hasta que nuestro cuerpo habla por nosotros y expresa lo que el alma calla.

A partir de aquí, la sociedad occidental moderna se encuentra sacando viejas enseñanzas orientales, desempolvando antiguas palabras, sabios consejos, técnicas de meditación y relajación, formas de pensar, de vivir, de gestionar la propia vida… esas antiguas leyes escritas hacen cientos de años en culturas lejanas, parecen haber sido prescritos proféticamente para una sociedad enferma y perdida como la nuestra.

Entonces, vemos que tanto nuestra tierra como nuestra alma más auténtica están demandando, de forma cada vez más necesaria y urgente, un sano realineamiento. Las dos formas de vida corren juntas y paralelamente y buscan una única solución: el equilibrio. Equilibrio entre el alma y el cuerpo, entre lo  físico y la psique, entre el hombre y la naturaleza.

Con la arrogancia y el orgullo despótico de hacer el papel de dios, nos estamos destruyendo a nosotros mismos y a nuestro hogar e, irónicamente, también a nuestra propia cura, a nuestra propia medicina: la naturaleza.

Punto sin retorno

Estamos llegando a un punto de no retorno y necesitamos reprogramar un cambio de paradigma.

Nos hemos alejado tanto de nosotros que ahora llamamos “sostenibilidad” a lo que en realidad sería la acción diaria, saludable y respetuosa con nosotros mismos y con nuestro entorno. Le hemos dado un nombre, una etiqueta de emergencia a lo que, en teoría, debería ser una actitud perfectamente natural en nuestro ADN. Nos hemos desvinculado tanto que ya no nos reconocemos y nos vemos obligados a reconstruir una ética moral, ya humanamente intrínseca, para aferrarnos y salvarnos. Ha habido tal inversión de comportamiento que ahora llamamos “sostenible” a lo que debería ser la natural relación de equilibrio entre el hombre y la naturaleza.

Nuestra misión, por tanto, como divulgadores de la sostenibilidad, va mucho más allá del redireccionamiento social hacia una conducta turística o comercial más respetuosa; es la necesidad de retomar el timón y volver a la esencia; es la necesidad de reeducar, de modificar un paradigma que hemos visto que no favorece nuestro bienestar, y volver a honrar nuestro paralelismo entre alma y naturaleza.

En el ámbito del turismo lo hacemos de diferentes formas:  fomentando encuentros más inclusivos, guiando hacia hábitos más saludables, utilizando el viaje como un redescubrimiento interior y un encuentro con esa parte perdida, o simplemente desorientada y abandonada de nosotros. Ya no es una cuestión de “sostenibilidad”, ya no es una forma de decir, es literalmente una forma de vivir.

Es por eso que los retiros de yoga y meditación nos parecen tan rejuvenecedores, ¡y lo son! Pero no se trata de una práctica mágica, se trata de algo que no se ve, que no se paga, impalpable, involuntario. Es el retorno a la ancestral conexión entre nosotros y la naturaleza. Es despertar una parte de nosotros, la mejor, largamente dormida, brumosa y escondida en un rincón, como trastos viejos en el desván o en el sótano.

Es reconectar con nuestra parte más vulnerable, ingenua y auténtica, reprogramarla y realmente proponer nuestra mejor versión: un 2.0 no solo más avanzado, sino también y, sobre todo, más consciente.

Por eso ya no es una cuestión de “sostenibilidad” sino una cuestión que tenemos pendiente con nosotros. Nos estamos enfermando, envenenando y hasta fundiendo nuestro propio antídoto.

¿Seguimos hablando de “sostenibilidad” o de hacer las paces con nosotros mismos y con la Pachamama?

Para mayor información dejamos el link de contacto: https://yogaysenderismo.com/retiro-yoga-senderismo-en-la-sierra-de-las-nieves/

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