Turismo comunitario en el corazón de Chachapoyas

Hablamos con Marilyn Velásquez, un espíritu emprendedor nacida en Leymebamba, Amazonas. Estudió Turismo en la Universidad Nacional de Trujillo y en 2008, después de vivir una etapa en la ciudad que marcó su futuro, decidió coger todas sus cosas, sueños e ilusiones y mudarse a Chachapoyas, muy cerca de su pueblo natal. Aunque algunos familiares le dijeron que regresar a Amazonas era retroceder, ya que en la ciudad es donde en teoría está el futuro, ella decidió seguir su corazón. Ahora es la fundadora de varios proyectos: el primero, Nuevos Caminos Travel orientado al turismo comunitario y el segundo, Café Fusiones, una propuesta gastronómica diferente basada en productos de comercio justo. 

Marilyn será una de las ponentes en el Encuentro Digital de Turismo Comunitario organizado por Komú Travel. Hablará de cómo ha sido el proceso de transformar experiencias turísticas que normalmente son presenciales en experiencias virtuales por la situación de pandemia que estamos viviendo en la actualidad.

Silvana: Cuéntanos cómo fueron tus inicios con el turismo comunitario y el emprendimiento.

Marilyn: Estudié turismo en la Universidad Nacional de Trujillo – Perú. Desde mi segundo año de estudios mi vocación iba por el turismo comunitario cuidando el medio ambiente y el desarrollo de los locales. El último año de estudios mi mejor amiga, Carol, y yo queríamos armar un proyecto de un ecolodge en un pueblo cerca de la ciudad de Chachapoyas. Queríamos que fuera una empresa que impulsara la economía local y preservara el medio ambiente. Un sueño que se desvaneció cuando vimos que no contábamos con capital económico para hacerlo realidad. Por otro lado, siguiendo mi motivación para el desarrollo local vivencial, mi tesis fue la implementación de un centro artesanal con experiencia vivencial en San José de Moro.

El salto fue en 2004 cuando empecé a trabajar de camarera en el restaurante vegetariano de Huanchaco, un trabajo que cambiaría toda mi vida. Poco a poco me fueron aumentando las responsabilidades y pasé por todas las áreas. Hasta que en 2005 asumí responsabilidades en el área administrativa a la par que seguía trabajando como camarera. Era una empresa con la filosofía que yo soñaba: responsable con el ambiente, las comunidades, también ofrecían viajes alternativos, trabajaban con artesanos y proyectos de desarrollo social. Era como si la vida les pusiera en mi camino para aprender todo cuanto debía, Peter y Janneke fueron mi inspiración.

Silvana: ¿Cuáles fueron los siguientes pasos?

Marilyn: En 2007 pasaron dos cosas muy importantes: la primera, mi mejor amiga y yo decidimos formar una agencia de viajes de turismo alternativo y ofrecer Huancas, Trujillo y Piura y la segunda, ese mismo año mis jefes nos dejaron por un año el restaurante a 3 mujeres y a mí. Yo pasé a ser la jefa y eso me trajo muchos aprendizajes, tanto los aspectos negativos como oportunidades de crecimiento.

En 2008 mis jefes vendieron su empresa. A mí ya no me hacía feliz trabajar para otros y es cuando decidí regresar al lugar donde nací, a Leymebamba, siguiendo el consejo de un buen amigo: “si ya no eres feliz ahí renuncia y salta hacia tus sueños”. Así que le planteé a mi mejor amiga que era una buena idea que trasladáramos la agencia de viajes a ese lugar porque el turismo estaba iniciándose y había muchas cosas que podríamos desarrollar.

Silvana: ¿Cómo fue el retorno a tu pueblo natal?

Marilyn: La sorpresa fue que en mi pueblo no había señal de celular, ni menos internet. Esto era una gran dificultad porque para la agencia de viajes necesitábamos internet y comunicación por celular. Por este motivo, decidimos poner la agencia en Chachapoyas, la capital de la Región Amazonas, a dos horas de mi pueblo natal.

De todo el recorrido que hice por mi Región fuimos armando nuevas propuestas de viajes y ahí me di cuenta que yo iba a necesitar contacto con la gente, conversar y compartir, pues eso lo que más me gustaba del trabajo en el restaurante vegetariano.

Mi amiga y yo volvimos a replantearnos las cosas y entonces se nos ocurrió la idea de que además de la agencia podríamos montar con un pequeño espacio de intercambio de libros y variedad de cafés a base de productos orgánicos. Y es así como en noviembre de 2008 nació el proyecto café Fusiones en donde unimos lo mejor de Leymebamba y Rodríguez de Mendoza, el pueblo natal de mi amiga.

Silvana: Desde el principio tuviste claro el desarrollo local y la conservación del medioambienteEn el caso de Nuevos Caminos Travel, ¿por qué te decides por un turismo comunitario y no por otro tipo de turismo? ¿Qué crees que este tipo de turismo puede aportar al viajero que lo practica?

Marilyn: Decidí apostar por turismo comunitario porque creo que el turismo es una alternativa económica para las comunidades en donde pueden compartir su día a día con el viajero, además de contribuir a la revaloración de la cultura viva y ancestral. Contribuyes a proteger el medio ambiente y también es una forma de compartir saberes y es un aprendizaje mutuo donde puedes revivificar tu yo interior. Las comunidades tienen derecho de disfrutar de los beneficios del turismo y no ser simples espectadores, donde ven que los demás se enriquecen de lo que les pertenece. Con el turismo comunitario puedes distribuir de manera justa los beneficios.

Este tipo de turismo ayuda al turista a conocer las costumbres de un pueblo y a entenderles, les ayuda a encontrarse con ellos mismos, les enseña a valorar lo que tienen en su lugar de origen y a disfrutar del aquí y ahora.

Silvana: ¿Cómo crees que la situación de pandemia que estamos viviendo en este momento a nivel global afecta al turismo comunitario?

Marilyn: Esta situación que estamos viviendo a causa de la pandemia afecta al turismo comunitario gravemente pues los emprendimientos de las comunidades decidieron dedicarse únicamente al turismo dejando de lado su actividad económica principal, lo que conlleva a que no reciban ingresos económicos. Quedaron aislados en cuanto a comunicación ya que no cuentan con buena señal de internet o no tienen internet.

La no formalización de sus emprendimientos no les permite acceder a ayudas económicas del estado. Se sienten vulnerables y con miedo a recibir turistas una vez que se abran los viajes, pues tienen miedo de ser contagiados y no poder curarse porque los centros de salud que tienen son deficientes o en algunos casos no lo tienen.

Silvana: ¿Crees que puede salir beneficiado y presentarse como una alternativa de peso al turismo convencional?

Marilyn: El turismo comunitario no creo que deba verse como una alternativa post pandemia, sino todo lo contrario debe ser una prioridad para el impulso económico y sostenible de los pueblos, pues hemos visto que las comunidades son las que cuidan nuestros saberes ancestrales, cultura y nuestra naturaleza. Y en los últimos años la demanda de este tipo de viajes ha ido creciendo y después de la pandemia tomará mayor impulso. Y si esto no pasa pues sigamos impulsando y seamos un medio para seguir educando y sensibilizando a los viajeros. 

Lo que si debe cambiar es la forma de cómo se impulse, se debe trabajar con mejores políticas, diversificación de productos relacionando con la cadena de valor en donde se logre involucrar a más emprendimientos y que satisfaga tanto al mercado nacional e internacional (no depender sólo de un tipo de mercado), insistir en que el turismo es una actividad económica complementaria y que no deben dejar sus actividades principales, empoderar más a las comunidades, trabajar el turismo de forma multidisciplinaria para conseguir primero el bienestar de los pueblos que después recae en el beneficio de los visitantes.

Silvana: ¿Podrías poner un caso de éxito en concreto? Por ejemplo, uno que te haya impactado especialmente.

Marilyn: No podría mencionarte solo un emprendimiento, pues conozco muchos, y han marcado mi vida de alguna u otra manera. Te mencionaré algunas de ellos: en la Región de Lambayeque está la Reserva Ecológica de Chaparrí; en San Martín, la Reserva Ecológica de Tingana; y en Amazonas la Reserva Privada Milpuj – La Heredad y Ecolodge Alpahuamán en la Laguna estacionaria Huamanpata. Este último emprendimiento es dónde conocí a los dueños, Roberto y Carmen, hace más de 11 años y puedo decir con mucho orgullo que los he acompañado desde la idea de su proyecto hasta la actualidad; soy feliz saber que me consideran su hija mayor. Ellos son el claro ejemplo que con amor, pasión y entrega puedes superar las adversidades, y la más fuerte esta pandemia. 

Silvana: El próximo 28 de septiembre comenzará el Encuentro Digital de Turismo Comunitario organizado por Komú Travel dónde serás una de las ponentes participantes. De cara a los profesionales del sector, sin duda, este congreso es una gran oportunidad para crear una red colaborativa. En tu opinión, ¿Cuáles son las necesidades que tienen proyectos como el tuyo a la hora de colaborar con otros profesionales del sector? Por otro lado, ¿En qué crees que os podéis beneficiar mutuamente?

Marilyn: Efectivamente, el encuentro organizado por Komú Travel es una gran oportunidad para todos nosotros en estos tiempos de incertidumbre que estamos viviendo considero que es una gran ventana para conocer de manera directa a compradores de experiencias vivenciales y responsables, así mismo aprenderemos de otros proyectos que estoy segura nos inspirarán a seguir adelante con este compromiso que tenemos de trabajar mano a mano con las comunidades de mi región. 

El armar redes colaborativas con profesionales de diferentes países nos fortalecerá y nos hará ver que no estamos solos, sino que todos compartimos un mismo fin y que las dificultades se pueden superar unidos. 

Todos saldremos ganando de este encuentro, nosotros como expertos en nuestra zona podemos ofrecerles conexiones únicas con emprendimientos pocos conocidos, podemos resolver cualquier inconveniente al instante y sobre todo tendrás la seguridad de disfrutar de cada lugar a tu ritmo, sin prisas. Y nuestro beneficio será que podremos tener más aliados estratégicos, no solo para viajes sino también para seguir trabajando por un desarrollo sostenible.

Turismo comunitario en el corazón del Amazonas

Silvana: En el congreso hablarás más en detalle sobre cómo ha sido el proceso de transformar experiencias turísticas que normalmente son presenciales en experiencias virtuales por la situación de pandemia que estamos viviendo en la actualidad. Sin desvelar demasiado, ¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de transformar el formato de tu producto turístico? 

Marilyn: Efectivamente, en este momento no puedo compartir contigo el proceso que hemos vivido y seguimos viviendo, porque lo haremos el 1 y 2 de octubre en el evento. El mayor reto ha sido vencer mi miedo a que no consiga conectar las energías entre el que dirige la experiencia y el que la recibe. Pues para mí el sentir el espacio donde pisas, el olor, los sonidos, los gestos visibles y no visibles de las personas importan mucho, más aún con las experiencias de mindfulness travel que hemos diseñado. Felizmente lo pude superar gracias a las personas poderosas que me rodean, entre ellas los emprendimientos de mi comunidad que no se dieron por vencidos…. y la historia continuará en el  ENCUENTRO DIGITAL DE TURISMO COMUNITARIO LATINOAMERICANO.

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Aprendizaje empoderando a una comunidad de mujeres Masai

Las mujeres masai se enfrenta a multitud de obstáculos por dos motivos: uno por ser mujer y otro por ser masai. Suelen dejar la escuela antes de los 10 años para dedicarse a las tareas que “su tribu” y la “sociedad” les ha encomendado. Son consideradas inferiores a pesar de que son ellas las que se encargan de construir las casas, ir a por agua, cuidar de sus hijos, del ganado, del hogar, ir a por leña, y un sinfín de cosas más. En definitiva, hacen que su comunidad salga adelante y sin ellas no sería posible. Dentro de esta comunidad, el hombre  cumple las funciones de pastor y resuelve asuntos políticos o sociales.

La vida de las mujeres transcurre en el seno de una tribu patriarcal. Las familias son las que acuerdan con quién se van a casar, incluso siendo muy pequeñas.  Casi siempre los motivos materiales o económicos son los que mueven estos acuerdos. El marido puede tener varias esposas, y esto a pesar de lo que podamos pensar, es aceptado por ellas ya que es su cultura. Se ayudan y pasan su sabiduría de las más mayores a las más pequeñas, desde la primera esposa a la última. Son mujeres fuertes, hacen piña y se cuidan.

Es una realidad que hoy en día en este tipo de tribus, todavía son practicadas de manera habitual la ablación, la violación y el matrimonio infantil, a pesar de estar penados por la ley.

Voluntariado con propósito

Hace tres años hice un voluntariado en un centro de rescate de niñas que vienen de situaciones familiares complicadas, como las anteriormente mencionadas. Elegí una ONG pequeña de confianza llamada Tumaini, que junto al fundador del proyecto local, me pidieron hacer “algo” para empoderar a la comunidad de mujeres masai de la zona. Fue entonces, cuándo el turismo sostenible cobró toda su importancia. Vi que podía ser una herramienta fundamental para la prosperidad de esta comunidad.

El producto turístico sostenible que diseñé consistía en un taller de abalorios impartido por las mujeres masai. Aprovechando que cada abalorio tiene un significado cultural (prosperidad, belleza o posición social), sería el hilo conductor ideal para crear  un espacio de intercambio cultural entre el voluntario y la mujer local.  El taller se ofertaría desde la ONG o en el propio proyecto en Kenia como un valor añadido a la experiencia de voluntariado. Parte del dinero recaudado se reinvertiría en comprar materia prima y el resto, se quedaría directamente en la comunidad. De esta manera se fomentaría la economía circular.

El principal objetivo del proyecto era que las mujeres fueran más independientes y más libres. A la vez, que tuvieran la oportunidad de dar a conocer su cultura y sus tradiciones para poner en valor la autenticidad de su pueblo y sus costumbres. En definitivaayudarles a obtener una fuente de ingresos extra para que se sintieran útiles y que las ayudara a crecer de una forma sostenible económica, social y medioambientalmente.

Abalorios hechos por las mujeres Masai

Expectativas vs realidad

El centro estaba situado en una zona rural masai cerca de Nairobi. Hasta ese momento nunca había estado tan mezclada con la población local y la primera palabra que aprendí fue “mzungu”, que es como nos llaman a los blancos en suajili. Es justamente durante la implantación del taller cuando me doy cuenta que no pensé en las cosas que podían salir mal.

En primer lugar, Muthoni, la portavoz de la comunidad,  no tenía conocimientos en hacer pulseras a pesar de que afirmó que sí. Nos dimos cuenta que solo sabía hacer collares y que era otra mujer, ausente en ese momento, la que sí sabía. En segundo lugar, solo hablaba suajili. Esto dificultó la comunicación y llevó a un malentendido en cuanto al dinero que tenían que recibir. Por suerte, pudimos resolver el  conflicto a través de una de las trabajadoras sociales. En tercer lugar, no repartió el dinero entre la comunidad de mujeres, se lo quedó ella. Y por último, su marido gestionaba la economía familiar.

Llegados a este punto, nos planteamos dos cuestiones. Por un lado, si el dinero se lo quedaba su marido el objetivo del taller carecía de sentido. Por otro, se podría generar un conflicto con él ya que no vería con buenos ojos su independencia económica.

En un principio sentí enfado y frustración, me sentí engañada.A medida que iban pasando los días fui entendiendo que no me había parado a pensar en el contexto de esas mujeres. Ellas pensaban en el hoy y no en el mañana. Mi pensamiento era «si a los voluntarios les gusta el taller, lo recomendaran y será una fuente de ingresos constantes para las mujeres”.En cambio ellas pensaban diferente: “hoy tengo dinero en mano para alimentar a mi familia.”

Voluntariado con las mujeres

Mi aprendizaje

Muthoni, era una mujer masai de 30 años con siete hijos a los que alimentar. Mientras nos enseñaba a hacer collares, amamantaba a su bebé de tres meses que previamente le había traído su hija de ocho. Tuvimos la oportunidad de invitarla a comer en el proyecto de voluntariado, cosa que agradeció enormemente ya que probablemente no había comido nada ese día. Tuvo predisposición a enseñar lo poco que sabía y compartimos un momento muy enriquecedor que de otra forma no se hubiera producido. Ella quería saber más sobre mí. Me preguntaba si estaba casada, si tenía hijos, cuánto me había costado el billete hasta ese lugar. Compartimos risas y complicidad. En ese momento sentí que no había tanta distancia entre nosotras. Simplemente éramos dos mujeres, con la misma edad, tan diferentes, compartiendo una conversación.

Me di cuenta que estaba adoptando el comportamiento de la “blanca salvadora”. Con muy buena intención diseñé un taller para ayudar y nunca tuve en cuenta la opinión de las mujeres con las que iba a trabajar. ¿Quién era yo para juzgar o decidir si una mujer se siente útil o no? ¿Quién era yo para decir cómo se tienen que ganar la vida? Di por hecho que ellas necesitaban ayuda y no pregunté cuáles eran sus necesidades reales ni su verdadero contexto. Tampoco si necesitaban soporte o si les parecía bien compartir su saber-hacer y su folklore. Tenía todos los elementos para que el taller fuera un éxito menos la gestión de la población local.

Aprendí a no juzgar y a empatizar con su idiosincrasia. Entendí que para implantar un producto turístico de este tipo es esencial contar con las comunidades locales para que sean ellas mismas las que expresen cómo quieren trabajary qué necesidades tienen. Es importante dotarles de las herramientas para que ellas mismas puedan desarrollarse a su ritmo y sin imposiciones.

Referencias externas:

https://www.iwgia.org/es/kenia.htmlhttp://www.acs-aec.org/index.php?q=es/sustainable-tourism/el-turismo-comunitario

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