Guatemala: Megaproyectos turísticos frente a modelos de gestión comunitaria

El atractivo de la Reserva de la Biosfera Maya suscita desde hace décadas el interés de inversionistas foráneos que ponen a la cola las necesidades y dinámicas de las comunidades campesinas. Todo ello en un país que enfrenta grandes retos de desarrollo socioeconómico. 

Guatemala ocupa actualmente el puesto 126 de 189 países en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con marcadas diferencias en acceso a servicios e igualdad de oportunidades laborales y académicas. En términos generales, tal y como se indica en el informe anual del PNUD, los países de América Latina han tenido avances en la lucha contra la pobreza. Sin embargo, Guatemala va contra corriente. Los niveles de pobreza y pobreza extrema han aumentado en el país, cuando en el resto de la región la tendencia ha sido a la baja, lo que alimenta la desigualdad.

De hecho, según un informe del Banco Mundial de 2014, ya por entonces Guatemala era el cuarto país más desigual de Latinoamérica. A pesar de aumentar su Producto Interior Bruto (PIB) en un 3% anual de media en lo que va de siglo, incluso pudiendo superar el 4% en este 2020, los beneficios de dicho crecimiento repercuten en una minoría de su población. Un hecho constatable teniendo en cuenta la tasa de pobreza del 60% que soporta y el mayor índice de trabajo infantil de toda América Latina, con más de 850.000 menores integrados en el mercado laboral. Un dato que va muy de la mano con otro aún más sangrante. Según los cálculos más recientes, en Guatemala uno de cada dos menores de cinco años sufre de desnutrición crónica, una cuestión que tiene que ver con las escasas posibilidades de desarrollo y precarias condiciones de vida.

El Altiplano guatemalteco, así como el departamento de Alta Verapaz, han sido regiones olvidadas por muchos años por parte del Estado, con limitaciones muy altas en términos de inversión pública en el acceso a la justicia, infraestructura, salud y educación. La alta ruralidad del país, con más de siete millones de personas (el 44% de la población total) viviendo en municipios muy rurales, aunado a una carga tributaria tan baja e ineficiencia en su ejecución, hace que no alcancen los recursos para atender las demandas sociales más básicas.

Al hilo de esa escasa recaudación fiscal, como una de las principales causas, cabe indicar que el promedio nacional se ubica en el 21,3%, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Guatemala es, en este sentido, el país con la carga tributaria más baja de América Latina y el Caribe, equivalente sólo al 13% del PIB nacional. En el caso de una correcta gestión de los impuestos directos sobre la renta que pagan las personas y el que pagan las empresas sobre sus beneficios, se podría hablar de una cierta compensación de dicha desigualdad, ya que en teoría pagaría más el que más gana o el que más riqueza tiene. Sin embargo, Guatemala ostenta el dudoso honor de tener el menor porcentaje de ingresos públicos en el mundo, en relación con el tamaño de su economía. Una circunstancia que conlleva, por ejemplo, que la inversión educativa sea de apenas el 2,9 por ciento del PIB, la más baja de toda Centroamérica, según constata la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES). Al cóctel hay que añadir una tasa del 12% de analfabetismo, con más de 1,2 millones de personas mayores de 15 años que no saben leer y escribir.

El turismo como tabla de salvación

Ante esta coyuntura, y como casi siempre, el turismo emerge como un posible bálsamo al que agarrarse. Ya en la actualidad, el sector supone una de las actividades productivas más importantes, con un peso del 5% en la economía nacional, sólo superada por las divisas generadas por el envío de remesas de guatemaltecos emigrados en el exterior. Según datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), se estima que el turismo generó en 2019 más de 173.000 empleos directos, con la previsión de aumentar alrededor de un 3% anual hasta alcanzar los 247.000 en 2025.

Imagen de Javier Tejera

Con 32 volcanes, playas en el océano Pacífico y el mar Caribe, sitios arqueológicos, exuberancia natural y tradiciones arraigadas, Guatemala es un atractivo natural en la región centroamericana. Con apenas un 2% de superficie urbanizada, la naturaleza está muy presente, sobre todo en la vasta región de Petén, en donde las 2,2 millones de hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM) lo monopolizan todo. No obstante, el turismo en Guatemala está muy centralizado en la capital a través de unas pocas empresas, que lo manejan todo a escala nacional. 

Esta circunstancia dificulta un desarrollo equitativo del sector que genere oportunidades de desarrollo socioeconómico para las comunidades rurales y campesinas del país. Las políticas de promoción, al mismo tiempo, proyectan una realidad de fachada con contenido contradictorio. Por ejemplo, durante la Feria Internacional de Turismo FITUR, celebrada recientemente en Madrid, Guatemala se presentó como un destino gastronómico para los visitantes extranjeros, con el objetivo de complementar sus atractivos culturales y naturales. Una diferenciación que queda en entredicho cuando se contrapone con los datos de desnutrición crónica en muchas de las áreas rurales del país. 

La RBM, un creciente polo de atracción de visitantes

A pesar de la centralidad en la gestión del modelo turístico, cada vez son más los turistas que se interesan por Petén. Con más de 250.000 visitantes nacionales y extranjeros registrados en 2019, el Parque Nacional de Tikal aglutina en la actualidad el 90% de los visitantes que llegan a la RBM. Una cifra que ha ido incrementándose exponencialmente en los últimos años. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979, desde entonces ha sido uno de los principales recursos turísticos del país. Según un estudio de TripAdvisor en 2016, el Templo IV del Parque Nacional Tikal es el recurso turístico mejor valorado por los visitantes que llegan a Guatemala, lo que da una idea de su importancia para el sector del país. 

A pesar de estas cuestiones, se puede afirmar que el crecimiento turístico en Tikal se ha dado de forma desordenada y priorizando más bien poco los intereses de las comunidades locales. Una mayoría de empresas que operan en el parque son foráneas, hay poca redistribución de beneficios y una presencia institucional débil, con poca participación de las comunidades. Se han destapado casos de corrupción graves en la gestión del dinero procedente del cobro de entradas, así como episodios de conflictividad interna entre trabajadores, por lo que se ha externalizado el sistema a través de agencias bancarias autorizadas.

Del mismo modo, quedan por resolver graves asuntos medioambientales relacionados con la generación de residuos y el manejo de la escasez de agua en la zona, principalmente en los momentos de mayor afluencia de visitantes en el año. Esta es, de hecho, una realidad del contexto de Petén para todos los lugares arqueológicos con potencial de visitación. En todo caso, el atractivo de la zona, ejemplificado en el Parque Nacional de Tikal, ha sido un elemento nuclear de disputa entre los intereses foráneos y las necesidades u oportunidades de las comunidades residentes. 

Megaproyectos turísticos frente a necesidades de comunidades locales

En el 2002, el arqueólogo estadounidense Richard Hansen, financiado por el Global Heritage Fund, presentó el proyecto turístico llamado Zona Arqueológica Especial Cuenca Mirador. Según el científico, el turismo sería la única salvación para el desarrollo económico de Petén, defendiendo un modelo que proyecta hoteles en el bosque y un sistema de ferrocarril para transportar a los visitantes. Sus cálculos hablan de más de 80.000 visitantes por año en el plazo de una década, en una zona apenas visitada en la actualidad. No obstante, la propuesta de Hansen considera, dentro de sus límites espaciales, áreas que corresponden a las unidades de manejo de las concesiones forestales, entre ellas la de Carmelita (recientemente renovada). 

Precisamente, ante la prórroga de las concesiones forestales comunitarias agrupadas dentro de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP) en la Zona de Usos Múltiples de la RBM, ha habido intentos desde algunos ámbitos políticos y empresariales de dejar fuera al turismo del concepto integral de manejo de las áreas. Esta cuestión, de hecho, está suscrita bajo un contrato con el Estado, lo que supone una contradicción. A nivel del marco normativo y del respaldo legal que da la Ley Nacional de Áreas Protegidas de Guatemala, pero también por concebir al turismo como un sector desligado de la dimensión conservacionista y de otras actividades productivas en la zona. 

Por esta razón, proyectos como este liderado por Hansen afectarían a comunidades locales que se benefician actualmente de derechos de uso, acceso, extracción y manejo de los recursos de acuerdo con procesos legales de contratos de concesión. En la actualidad, el acceso a El Mirador es uno de los circuitos de trekking más reconocidos en la región. Requiere de cinco días en total para su realización a pie, dos días de caminata a la ida y otros dos a la vuelta. El Mirador se sitúa en una ciudad fundada en el Preclásico Medio y que, según los expertos, es uno de los sitios del origen de la civilización maya. Siguen siendo muchas las expectativas e intereses generados con este lugar, con presencia cada vez mayor de actores externos y una presión turística incipiente que va en aumento.

Imagen de Javier Tejera

Las diferentes visiones en torno a la conservación y puesta en valor de El Mirador, principal recurso turístico del entorno de la comunidad de Carmelita, que recibe ahora mismo la visita de unos 2.000 turistas al año, es el epicentro de numerosas disputas, controversias y conflictos de intereses. Frente a los derechos adquiridos por la comunidad y de otras adyacentes como Uaxactún, hay arqueólogos, funcionarios, empresas privadas y organizaciones ambientalistas que difieren sobre la mejor fórmula para avanzar en la gestión y conservación de este recurso. A grandes rasgos, quien usa el área, quién la controla y quién se beneficia.

El caso de El Mirador no es circunstancial, sino que más bien pone el foco en un problema que puede ser de raíz. Las presiones externas e injerencias foráneas pueden crear fragmentación social en el seno de las comunidades, sobre todo en relación con el debate sobre el mejor modelo de desarrollo turístico. Frente a eso, debe quedar la convicción de que una experiencia única en la interpretación del patrimonio natural y arqueológico de la zona pasa por la interacción del visitante con la comunidad. 

No sólo eso. También pasa por el fortalecimiento de un modelo a pequeña escala, gestionado por las propias comunidades, en donde primen variables cualitativas sobre las cuantitativas, incluyendo el turismo dentro de concepto de manejo integral de las áreas concesionarias. El manejo forestal sostenible, corroborado por todo tipo de indicadores y entidades conservacionistas internacionales, es el mejor aval para apostar por el buen hacer de los comunitarios con el turismo a desarrollar a medio y largo plazo en la zona. 

Este artículo ha sido originariamente publicado en Albasud y reproducido en Travindy con permiso del autor: “Guatemala: Megaproyectos turísticos frente a modelos de gestión comunitaria.  

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Reducir el desperdicio alimentario por las personas, por el planeta

Frutas, verduras frescas, yogur, queso, refrescos, vinos, leche, carne y pescado. Esta enumeración bien podría formar parte de nuestra lista de la compra o ser la descripción de lo que alberga la nevera de casa. Sin embargo, se trata de los alimentos que con mayor frecuencia acaban en la basura de los hogares españoles. En tan solo un año, el volumen de esa comida y bebida desechada alcanza los 1.339 millones de kilos/litros. A nivel global, la cifra se eleva hasta los 1.300 millones de toneladas según datos de la FAO. Dicho de otro modo, esto significa que un tercio de los alimentos globales no llegan a utilizarse y que los recursos implicados en su producción, distribución y venta van a parar a la nada. Y eso no es todo. Según un informe elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, solo el desperdicio alimentario causa el 10% de los gases de efecto invernadero. Ante estos datos, la pregunta es obligada: ¿cómo podemos acabar con el despilfarro de comida?

Para Gema Escrivà de Romaní, directora general del Banco de Alimentos de Madrid, una regulación que permita llevar lo que restaurantes y negocios desechan a personas en situación de vulnerabilidad ayudaría a abordar el objetivo de acabar con el hambre. En todo el mundo millones de toneladas de alimentos acaban en la basura sin ni siquiera pasar por nuestro plato, mientras que el 10,5% de la humanidad sufre desnutrición. Por eso, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se orienta en garantizar el hambre cero.

El presidente de Madrid Restaurantes Sostenibles y jefe de sala del restaurante Coque, Diego Sandoval, coincide con esta idea: «el primer paso para acabar con el desperdicio es mirar hacia atrás, volver a la cocina de nuestros abuelos donde los alimentos se aprovechaban al máximo porque tenían un gran valor». Con este horizonte y la misión de convertir el sector de la restauración en uno más sostenible, nació en 2011 el movimiento colaborativo de Madrid Restaurantes Sostenibles que reúne a entidades, profesionales y empresas para transformar el sector en uno más respetuoso con el medio ambiente. Una de las actividades más recientes llevadas a cabo por el movimiento es el de utilizar los desechos alimentarios como compostaje para huertos propios.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Ethic: Reducir el desperdicio alimentario por las personas, por el planeta.

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¿Cómo puede el turismo contribuir al desarrollo económico local?

El sector turístico es un gran motor del desarrollo de la economía mundial y local. Además, tiene el potencial para mejorar la calidad de vida de las comunidades. En el Observatorio FiturNext, han identificado más de 250 buenas prácticas de turismo que generan efectos positivos y contribuyen a abordar retos sociales y medioambientales. Estos retos son clave para la actividad turística e inciden sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El objetivo principal es que estas prácticas puedan generar un impacto global a través de su replicabilidad. Por ello se han identificado tres áreas clave sobre las que inciden las prácticas: descentralización del turismo, generación de oportunidades para emprendimientos locales y aumento de la oferta de empleo inclusivo y equidad social.

Tras este trabajo de investigación, ya te puedes descargar el informe del Observatorio donde encontrarás buenas prácticas de empresas turísticas que contribuyen al desarrollo económico local.

Descárgate el informe aquí.

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Presentan la proclamación del Código Ético del Turismo en Euskadi

La Consejera del Departamento de Turismo, Consumo, Sonia Pérez Ezquerra ha rubricado en un acto público, desarrollado hoy en San Sebastián, el Código Ético del Turismo de Euskadi. Este documento incorpora un catálogo de acciones y compromisos y tiene como objetivo que todos los agentes turísticos incorporen las responsabilidades sociales y la sostenibilidad medioambiental y económica en su práctica diaria. Para ello incorpora y adapta principios del código ético mundial que desarrolló la Organización Mundial del Turismo, así como los objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

En el desarrollo del Código Ético del Turismo de Euskadi se añaden las particularidades vascas y los elementos propios de su cultura. La Consejera ha resaltado que “más que un compromiso, es una llamada a la acción, la incorporación de una filosofía de trabajo transversal con otros sectores como el consumo, la cultura o el comercio. Una acción que nos hará sin duda mejores. Porque como señal la campaña informativa que acompañará a la firma, un turismo mejor conseguirá una sociedad mejor”.

Entre otras medidas, los firmantes del Código Ético del Turismo de Euskadi se comprometen a respetar los derechos de las personas turistas, sus peculiaridades, formas de vida, gustos, expectativas, diversidad de creencias y el Departamento de Turismo, Comercio y Consumo asume la misión de preservar la seguridad de asegurar la protección de las personas que nos vistan y sus bienes. Las personas turistas, asimismo, serán informadas y emplazadas para que respeten nuestras leyes, nuestra cultura y nuestros hábitos y usos sociales.

Los agentes turísticos asumen con la firma de este código una importante tarea de fomento del respeto y la preservación de la cultura y la tradición local y los elementos de patrimonio cultural que irá unida a incentivos para que las comunidades locales se asocien con las actividades turísticas y reciban los beneficios económicos, sociales y culturales de las mismas, en especial el empleo.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Euskadi Noticias: Presentan la proclamación del Código Ético del Turismo en Euskadi.

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Comunicar el impacto de la crisis climática a través de la fotografía

Las imágenes tienen la capacidad de llegar hasta donde las palabras no alcanzan. A través de una imagen es posible transmitir a las personas la gravedad que supone la crisis climática para los seres humanos.

Este es el propósito de Climate Visuals, un proyecto gestionado por Climate Outreach, la principal organización europea de comunicación sobre el clima, que nació hace 15 años con el objetivo de visibilizar los efectos del calentamiento global más allá de las habituales estampas de osos polares o glaciares que se derriten.

En este enlace encontrarás las imágenes ganadoras y finalistas.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Climática: Comunicar el impacto de la crisis climática a través de la fotografía.

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