Cerdeña dice sí al ecoturismo

Cerdeña es una de las regiones mediterráneas de Europa que impulsarán nuevas medidas de fomento del ecoturismo dentro de sus áreas protegidas. Ha sido el Parque Natural Regional de Porto Conte el encargado de dar el pistoletazo de salida al programa piloto gestionado por DESTIMED PLUS que busca desarrollar, gestionar y promover colectivamente el ecoturismo en la cuenca mediterránea. 

Este proyecto incluye nueve zonas protegidas distribuidas en seis países: Italia, España, Grecia, Francia, Croacia y Albania, con el objetivo de mejorar la capacidad de los agentes locales y regionales del Mediterráneo de incorporar el turismo y la conservación de la naturaleza en sus agendas. Para lograrlo, se desplegarán acciones de promoción del turismo sostenible en espacios protegidos distribuidos en estos seis países.

Así pues, el eje de acción que regirá cada uno de los programas pilotos será la potenciación de una red de ecoturismo en clave medioambiental, económica, social y de gobernanza de los espacios protegidos.

Ecoturismo en Porto Conte

Hace un mes, desde Travindy, pudimos ser parte de los ocho testeadores encargados de valorar el programa piloto de Porto Conte, y la verdad es que fue una experiencia muy positiva en todos los aspectos. Fue la validación de que la gobernanza, el ecoturismo, la conservación y un producto turístico atractivo, pueden ir de la mano y, lo más inspirador, ha podido demostrar que SÍ ES POSIBLE.

Ecoturismo en Porto Conte
Porto Conte

Movilidad sostenible

La apuesta fundamental de Porto Conte ha sido la movilidad lenta y sostenible. La mayoría de los traslados del grupo de testeadores fueron realizados en bici eléctrica, lo que nos permitió disfrutar del entorno y sus bondades de una forma más directa. Sentir el olor del campo, rozar (o casi) las vides y los olivos a nuestro paso, y disfrutar de unas vistas de infarto, mientras nos movíamos de un sitio a otro, fue un gran acierto para acercarnos no solo al paisaje sino a la vida rural de la isla. 

Rutas en E-bike

Naturaleza, historia y gastronomía

Asimismo, la naturaleza, en todas sus formas, desempeñó un rol primordial en nuestra visita. De la mano de nuestra guía recorrimos su bosque mediterráneo en “Le Prigionette”, conocimos sus especies endémicas y culminamos con las vistas de los espectaculares acantilados de Cala Barca. En E-MTB ascendimos por el Monte Murone para luego terminar dándonos un baño en las aguas cristalinas de Lazzaretto. En bici también nos fuimos a conocer su famosa Gruta de Neptuno, una obra maestra de la naturaleza, donde estalactitas y estalagmitas han esculpido a su antojo la cueva que las alberga.

Nos adentramos en su historia en la visita al Museo Casa Gioiosa, descubrimos a nuestro paso vestigios de la Segunda Guerra Mundial y atravesamos puentes en los que hace decenas de siglos transitaban los romanos. También conocimos de primera mano, los fuertes lazos de unión que existen entre el pueblo alguerés y el catalán a través de su lengua e historia en común.

Hablar de Italia y, en especial, de Cerdeña, nos obliga a hablar de gastronomía sí o sí. Durante esta experiencia piloto se puso en valor la cocina local y, más aún, la materia prima sarda. Afortunadamente, tuvimos la oportunidad de participar activamente en esa cocina durante todo el proceso. Pudimos recolectar parte de las verduras que se utilizarían en nuestra cena; aprendimos con la nonna de la casa a preparar la fregola, un tipo de pasta típica de Cerdeña; degustamos aceites, vinos, mermeladas, quesos… todos de producción artesanal. 

Ecoturismo, Naturaleza, historia y gastronomía
Fregola en proceso

Agroturismo

Y, claro, nuestra experiencia no podía estar completa sin nuestro alojamiento: un agroturismo auténtico, en medio de la campagna sarda. 

En principio lo que hoy es un alojamiento, hace muchas décadas era un pedazo de tierra donde el abuelo de nuestra anfitriona pastoreaba cabras y ovejas. Con el tiempo, una de sus hijas construyó una pequeña casa para vivir con su familia y para obtener más dinero (eran tiempos difíciles) decidió alquilar una habitación. Pronto se dio cuenta de que esta sería una buena salida económica, y así, con el tiempo, se convirtió en el agroturismo que encontramos hoy: un lugar acogedor, con sabor a familia, a campo, con una cocina deliciosa que muestra con orgullo cómo sabe la Sardegna

Desde el agroturismo se produce, con las olivas del propio huerto, un aceite exquisito y ecológico. También confituras artesanales y embutidos varios. Y, un poquito más allá, en casa del vecino, encontrarás un pecorino sardo y una mozzarella que harán fiesta en tu paladar. 

Cosecha en el agroturismo

El turismo que queremos

Para nosotros, este primer piloto ha pasado con honores la prueba. Enhorabuena a los organizadores porque nos han sabido transmitir, con hechos, la riqueza y el valor que cobra un territorio cuando somos capaces de sumergir a los visitantes en él, a través de su naturaleza, su historia, sus tradiciones y su gastronomía.

Esperamos que los próximos programas pilotos en el resto de regiones sean todo un éxito y que pronto dejen de ser pruebas para convertirse en productos turísticos de calidad que estén al alcance de los viajeros. 

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La innovación turística en el corazón de la relación entre el viajero y el destino

La crisis sanitaria ha creado una cierta conciencia, animando a la gente a adoptar un nuevo paradigma en su estilo de vida y forma de consumo. A la industria turística, que está en proceso de reinventarse, no se le escapa una sensibilidad particular hacia la solidaridad social, el bienestar personal y las cuestiones medioambientales. Tendencias de mercado tan sutiles como precursoras, que nos llevan a pensar que la innovación turística debe centrarse en la relación entre el viajero y el destino.

El turismo se rige esencialmente por tres fuerzas interdependientes, a saber, el medio ambiente, lo social y lo humano. Una sinergia que teóricamente generaría un impacto positivo para cada uno de los componentes, que son respectivamente el destino, los lugareños y el viajero. Sin embargo, impulsado por la furia de su potencial de crecimiento, el turismo se ha promovido y valorado como un bien de consumo, situando así al viajero en el papel de consumidor y no de experimentador. Esta relación, basada en un modelo de beneficio y competencia, no se corresponde con la esencia del turismo, lo que aporta un importante desequilibrio y disfunción al sector. A lo largo de los años, hemos sido testigos de la degradación de los componentes ambientales y sociales, como consecuencia de las malas prácticas turísticas y la mala gestión de algunos territorios. El producto turístico se ha desvirtuado y perdido su sentido, generando un impacto más sutil en la dimensión humana.

La limitada innovación del turismo sostenible

Con la ambición de actuar contra esta degradación, la industria turística ha llevado en parte su innovación a través del turismo sostenible. Sin embargo, ha surgido una cierta deficiencia en la relación entre el viajero y el destino, así como los profesionales intermediarios. Esto ha creado, con el tiempo, ciertos límites a la eficacia y prosperidad del modelo sostenible.

«Un turismo que tenga plenamente en cuenta sus repercusiones económicas, sociales y medioambientales actuales y futuras, satisfaciendo las necesidades de los visitantes, los profesionales, el medio ambiente y las comunidades anfitrionas. » Definiciones de los principios del turismo sostenible de la conferencia de Lanzarote en 1995.

El turismo sostenible tiene una definición y una práctica que durante mucho tiempo ha sido poco clara para los profesionales del sector, desconocida para los turistas y opcional para los gobiernos. Así, se ha consolidado y desarrollado como un nicho de mercado cuando se ha caracterizado por un retorno consciente a sus raíces en el conjunto de la industria. Un inocente mea culpa que ha llevado a la comercialización del producto turístico sostenible sin pasar necesariamente por la fase de entender, transmitir y compartir la información para concientizar y sensibilizar a los viajeros. Esto ha llevado a una confusión recurrente entre turismo sostenible, turismo verde y ecoturismo, entre otros, que aún hoy se encuentra entre los viajeros y los profesionales.

Una brecha en la relación entre la demanda y la oferta

Por el lado de la demanda, cada vez hay más turistas que quieren ser responsables pero no saben cómo hacerlo. Los más concienciados van a buscar información por su cuenta, pero es raro que les acompañe el propio destino turístico. Se ha abierto así una brecha en la relación entre el lugar y el viajero en esta transición hacia la sostenibilidad, ya que cada uno tiene la responsabilidad de aprender y tomar conciencia de las cuestiones de desarrollo social, y protección del medio ambiente, vinculadas a su respectiva práctica turística. Sin embargo, este vacío en la relación representaría un punto estratégico en el desarrollo de la oferta territorial.

Restablecer el equilibrio en el ecosistema turístico

Problemas presentes, recíprocamente, en la oferta y la demanda, que nos llevan a pensar hoy que redefinir el lugar de la dimensión humana en el ecosistema turístico podría ser una solución innovadora. Representada por el viajero, incluyendo su papel y sus aspiraciones, esta dimensión permitiría desarrollar una dinámica eficiente junto a las dimensiones medioambiental y social, y así establecer un equilibrio próspero, resultante de la siguiente dinámica:

  • Aunque algunas buenas prácticas del turismo sostenible son universales, es importante enfocar el destino como una entidad única con sus propios sistemas de valores, pero también con sus propias capacidades y recursos en términos de actividades turísticas. Por lo tanto, es importante informar y sensibilizar al turista sobre estas características para comprender mejor, adaptarse y actuar en consecuencia.
  • La voluntad de situar al turista como parte integrante del ecosistema turístico en una perspectiva de sostenibilidad y regeneración del territorio requiere el establecimiento de una relación cuyos valores no se basen únicamente en el consumo, sino en la contribución, la cooperación y el respeto a los distintos recursos.
  • Al replantear la relación, esto supone un cambio recíproco de perspectiva: para el destino, esto significa dejar de ver al turista como un simple visitante, y para el turista, esto significa dejar de ver el destino como un simple lugar de paso y entretenimiento. Visiones renovadas para una mentalidad mejor adaptada a los nuevos retos de la industria y del mundo.

Formar e informar a los turistas para que sean actores activos, conscientes y ecoresponsables tiene más potencial y eficacia a largo plazo que limitarse a venderles un producto. Por tanto, el enfoque de la educación de adultos y jóvenes es esencial en esta innovación, y puede considerarse una inversión a largo plazo para el destino.

Una innovación turística basada en las relaciones

Dejar de ver al viajero como un consumidor implica integrarlo en la dinámica territorial y situar la experiencia en el centro de la conexión con las dimensiones ambiental, social y humana, más que a través de los productos y servicios puestos en marcha. El turismo participativo, el turismo comunitario y el agroturismo, entre otros, se han desarrollado bajo esta idea de reinventar el lugar del turista y su relación con el territorio. El reto actual es democratizar esta idea y presentarla como una visión y no como un tipo de turismo alternativo o un nicho de mercado.

A través de una innovación basada en la relación, la mentalidad y la visión de la práctica turística más que una innovación de producto y servicio, se trata ahora de establecer el modelo regenerativo como un nuevo paradigma en el sector. Se trata de una invitación a repensar la relación entre el destino y el viajero, con la idea de volver a lo esencial, reconectando a las personas con el entorno en el que están inmersas, reconectándolas con la cultura que las acoge y reconectándolas consigo mismas. Dado que el sector turístico se encuentra en una fase de introspección para reinventarse mejor, la innovación podría no encontrarse ya en los productos y servicios ofrecidos, sino desarrollarse en el corazón de la relación entre el viajero y el destino, con la idea de emprender el turismo de forma diferente y viajar de forma diferente.

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¿Ha llegado el fin de los vuelos de bajo coste?

Las compañías de bajo coste existen desde hace más de 70 años. Fue en 1949 cuando la Pacific Southwest Airlines empezó a transformar los viajes en avión con sus operaciones en los aeropuertos más pequeños de la Costa Oeste de Estados Unidos, además de otras muchas novedades para la época, como los billetes automatizados o las máquinas de facturación automática. 

Sin embargo, la revolución del bajo coste se produce en fechas mucho más recientes, con la liberalización del transporte aéreo. En Europa, la aparición de este tipo de compañías, como Ryanair, EasyJet, Air Berlin o Vueling, transformaron, como nunca antes, el sector turístico y contribuyeron a la democratización de los viajes. 

Además, las ‘low cost’ permitieron que un gran número de ciudades medias, hasta ese momento ajenas al turismo, empezaran a convertirse en destinos para miles de viajeros. Antes, las rutas aéreas estaban de alguna forma monopolizadas por muy pocas compañías y la organización del tráfico solía hacerse de un modo que podríamos llamar ‘radial’: desde las pequeñas ciudades sólo se podía viajar a las capitales y de éstas al extranjero. 

Por el contrario, las compañías de bajo coste tienen un modelo de negocio muy diferente. Su objetivo es ofrecer rutas desde aeropuertos secundarios, con poco tráfico, lo que les permite estar menos tiempo en tierra. No podemos olvidar que estamos hablando de negocio y que cada minuto que los aviones están parados las compañías están perdiendo dinero. Los pequeños y medianos aeropuertos facilitan un aterrizaje y despegue con menor tiempo de espera y, por tanto, un menor gasto de combustible.

Paralelamente, muchos gobiernos municipales y regionales -aunque no quieran reconocerlo públicamente- otorgaron subvenciones a esas compañías para que se establecieran en sus aeropuertos, ya que vieron en las compañías de bajo coste una oportunidad única para atraer el turismo. Ciudades como Cracovia, Leipzig, Palermo, Dresde o Bilbao empezaron a situarse en el mapa turístico. 

Las compañías de bajo coste permitieron, por tanto, una posibilidad de rutas mucho mayor. Además, la liberalización del tráfico aéreo coincidió con el gran auge de Internet. Cualquier persona tiene ahora la posibilidad de comparar precios y comprar al momento, cosa que no ocurría hace unos años, cuando sólo se podía comprar billetes de avión a través de las agencias de viajes. Esto, evidentemente, también ha supuesto un ahorro importante en los costes. 

Hay otros muchos aspectos que contribuyeron a que el precio de los billetes de estas aerolíneas sea mucho más bajo que el de las compañías aéreas tradicionales: los aviones no suelen ser propiedad de las empresas, sino que están gestionados en régimen de leasing; las compañías prescinden de muchos de los servicios que ofrecen los aeropuertos (autobuses que trasladan a los pasajeros entre el avión y la terminal, plataformas que permiten la entrada en el aparato sin pisar la pista, etc.), los vuelos no ofrecen comida o revistas. 

Todo esto, como decimos, permitió bajar el precio. Y a menor precio, más viajes. Numerosos turistas multiplicaron sus escapadas con motivo de vacaciones, fines de semana o puentes festivos. Se consiguió, como hemos indicado antes, una democratización del turismo y una multiplicación de los destinos. Cualquier ciudad podía ser ahora un destino turístico. Las ventajas para el sector turístico eran evidentes. 

Pero, como en otras muchas cosas, no es oro todo lo que reluce. El aumento de los viajes trajo consigo un incremento de la contaminación y contribuyó a la masificación de muchas ciudades del mundo. Muchos residentes de ciudades hasta ese momento poco o nada turísticas, empezaron a sentirse expulsados de propias ciudades ante la llegada de millones de turistas. 

Esa era la imagen a la que muchas personas se habían acostumbrado. Hasta que llegó la Covid-19. Los efectos provocados por la pandemia han sido devastadores para el sector turístico, pero también han permitido que volvamos a disfrutar de nuestras ciudades sin masificación, que no haya que esperar colas interminables para ver un museo o que incluso se pueda pasear de forma tranquila. Y esto tiene consecuencias. 

Francia ha anunciado estos días su intención de prohibir los servicios regulares de transporte aéreo de pasajeros en los trayectos en el interior del país que puedan realizarse en tren en menos de dos horas y media, según indica el artículo 36 de la ley de lucha contra el cambio climático aprobada el 10 de abril por la Asamblea Nacional, pendiente de aprobación en el Senado.

La limitación de vuelos en favor de la alternativa ferroviaria es una de las medidas más innovadoras del proyecto de ley del clima y la resiliencia, presentado el pasado mes de febrero al Consejo de Ministros por la ministra de Transición Ecológica, Barbara Pompili. El texto asumido por el presidente Emmanuel Macron incluye buena parte de las propuestas elaboradas por la Convención Ciudadana por el Clima creada especialmente por el propio presidente Macron, con participación de entidades sociales, para el debate del problema climático.

Pese a que en algunos aspectos el proyecto supone un avance importante respecto a la actual legislación francesa sobre cambio climático y tiene como objetivo reducir sus emisiones de carbono, en Francia, en un 40% de aquí a 2030 con respecto a los niveles de 1990, durante las últimas semanas ha recibido numerosas críticas de diversos grupos ecologistas que consideran que debería ser aún más ambiciosa.

Entre los principales objetivos del artículo 36 de este proyecto de ley se encuentra la eliminación de los vuelos regulares de pasajeros entre París (Orly) y Nantes, Lyon o Burdeos, por poner algunos ejemplos. La Convención Ciudadana por el Clima había exigido renunciar a los vuelos domésticos en caso de existir alternativas de menos de 4 horas en tren, aunque finalmente se optó por las dos horas y media para no dejar territorios incomunicados. 

Pese a rebajar el margen de vuelo, la medida ha provocado la indignación de parlamentarios de diferentes bandos, a menudo elegidos en demarcaciones del suroeste de Francia, recordando que Airbus tiene su sede en Toulouse. Igualmente, han llegado numerosas críticas por el costo humano desproporcionado de la prohibición. 

Sin embargo, lo más destacado ha sido el debate que la medida adoptada por Francia supone para el sector turístico de toda Europa y no son pocos los empresarios que se preguntan si no estamos asistiendo al final de las compañías de bajo coste y, por tanto, al fin del turismo que hemos conocido en los últimos años. 

Ya antes de la pandemia, para moderar el impacto negativo del turismo, un movimiento ambientalista mundial llamado ‘vergüenza de volar’ (flight shaming en inglés) animó a los viajeros a evitar los viajes en avión. Hay que tener en cuenta que el sector del transporte es responsable de una cuarta parte de las emisiones de carbono en todo el mundo. La aviación representa poco más del dos por ciento de ellas, y antes de que comenzara la pandemia, el número de personas que tomaban vuelos comerciales no paraba de crecer. 

Ahora la preocupación por el daño irreparable de las emisiones de carbono de los vuelos está haciendo que un grupo creciente de viajeros cambie sus hábitos. Los defensores de un turismo más verde son optimistas con el hecho de que el brote de coronavirus no cambiará eso. Es evidente que tenemos que hay destinos a los que hay que seguir viajando en avión, pero parece que ha llegado el momento de equilibrar el crecimiento y el respeto al medio ambiente. Sin sostenibilidad, ya sabemos, no habrá turismo.


Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Sustentur: “¿Ha llegado el fin de los vuelos de bajo coste?”.  Con la colaboración de Francisco Manuel Pastor Marín.

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Sostenible no es sinónimo de caro

La primera vez que me acerqué al concepto de sostenibilidad fue en 2001. En ese momento, entre cursos de estudio y un trabajo en el extranjero, fui voluntaria en una tienda de comercio ético y sostenible. Allí vendíamos artesanía y comida, entre otros productos, que principalmente, provenían del hemisferio sur: América Latina, África o Asia. Sus precios de venta eran, obviamente, bastante más caros que los que se podían encontrar en tiendas habituales. Hoy en día, la sostenibilidad se sigue asociando a un precio elevado. ¿Por qué?

Comercio justo y sostenible (CES Commercio Equo Sostenibile) 

El comercio justo y sostenible es esencialmente una práctica comercial basada en el compromiso de crear una economía mundial más justa y equitativa, capaz de garantizar los derechos tanto de los trabajadores como de los consumidores.

El CES ofrece a los productores del Sur un precio justo, generalmente superior al precio de mercado, por los productos adquiridos, garantizando así, una continuidad a medio-largo plazo de la relación comercial. Además, se privilegia a los productores organizados en estructuras comunitarias, cuya actividad productiva también va acompañada de intervenciones de protección social o ambiental. Para los consumidores del Norte, el CES ofrece productos de alta calidad y toda la información posible, para que a través del consumo, puedan realizar sus ideales de solidaridad social.

Además de los productos en venta, que no son baratos por su propia razón ética, las tiendas de comercio justo por sí mismas tienen precios más altos debido a que no disponen de una distribución a gran escala. Aunque todo esto tiene una razón: su función. Me gustaba mucho explicar a los clientes por qué los productos tenían ese precio, que era algo en lo que yo realmente creía. De esta  manera, les aportaba conocimiento y una mayor conciencia, además de reducir su desconfianza y la generación de los “rumores”, los prejuicios y los preconceptos habituales sobre el aumento inadecuado de los precios de estos productos.

Viajes sostenibles 

Paralelamente al comercio justo, también comenzaron a circular los primeros folletos de viajes solidarios. Y es desde aquel 2001, que comencé a apasionarme e interesarme cada vez más por la sostenibilidad aplicada a los viajes, sentí que tenía razón, que había encontrado mi camino; pero desafortunadamente, me había anticipado unos 20 años.

En Italia, como creo un poco en todo el mundo occidental que viaja, este nuevo concepto era todavía muy inmaduro. La AITR (Asociación Italiana de Turismo Responsable), nació en 1998 con muy pocos (11) operadores en el sector (agencias y operadores turísticos) repartidos por todo el territorio italiano. En 2018 habían crecido a 100 miembros y comenzaban a desarrollar y difundir una ética diferente. Pero la palabra sostenibilidad seguía siendo sinónimo de caro y costoso, obviamente, debido a la singularidad del viaje. 

No hace falta ser un experto en economía y comercio para entender la conexión entre la sostenibilidad (ya sea una artesanía hecha a mano o piezas únicas de producción familiar, comunitaria y local) con un precio superior a la producción a gran escala que se vende en los supermercados a precios mucho más baratos.  Lo mismo pasa con el turismo: un viaje a algún destino turístico desconocido, particular, único y casi inalcanzable, quizás es aún más fascinante y caro, por su singularidad, en todos los aspectos. En definitiva, una economía sostenible prioriza la calidad sobre la cantidad y pone el desarrollo por encima del crecimiento.

La responsabilidad comienza con nosotros 

Viajar sostenible y responsable es, ante todo y simplemente, una extensión de los buenos hábitos que traemos de casa: reducir el desperdicio diario, reciclar, apagar la luz cuando no es necesaria, ducharse en un tiempo adecuado, comer con cuidado tratando de reducir la cantidad de desperdicio de alimentos, usar una cantimplora en lugar de botellas de plástico, etc. Aparte de estos sencillos gestos diarios, las partidas más importantes que pesan en el precio y contribuyen a la sostenibilidad de un viaje son: el vuelo (que lamentablemente, además de ser un ítem importante en el presupuesto total, lo es también en términos de emisiones de CO2), el alojamiento, el transporte interno y una hipotética guía (preferiblemente local).

Recordemos que una gran cantidad de establecimientos turísticos ya se están comenzando a adaptar a las regulaciones gubernamentales para lograr los 17 objetivos sostenibles para 2030; esto significa que además de ser cada vez más sofisticados y cómodos, todos los aspectos del alojamiento están cada vez más atentos a temas sensibles como el ahorro energético o el bajo impacto medioambiental.

De nuestra casa a todas partes 

Cuando se trata de viajes sostenibles o responsables, todavía se piensa que es solo para destinos en desarrollo. Esta creencia existe porque la gente ve un mayor impacto del ecoturismo en los destinos “pobres” que en los destinos occidentales “ricos”. Nuevamente, es absolutamente necesario cambiar el paradigma: la responsabilidad de viajar se extiende a todos los continentes y todos los destinos. Se puede ser un viajero responsable en una escapada a la ciudad tanto como en un recorrido por la naturaleza. Por ejemplo, se puede reducir los desechos de plásticos, elegir un hotel ecológico, tomar una ruta en bicicleta o tener otras experiencias ecológicas. El ecoturismo significa que la economía, el medio ambiente y las comunidades locales no deben ser dañados por el turismo, sino que deben beneficiarse de él. 

Un viaje para todos

Hace años el turismo responsable se consideraba un nicho de mercado y esto lo hacía aún más “preciado”, solo apto para un determinado segmento económico de clase media-alta. Seguramente, porque era algo nuevo y «alternativo», además que  contrastaba fácilmente con los viajes masivos y de bajo coste. Ahora el viaje responsable siempre se opone a los viajes masivos, pero no tanto por el precio, sino por el sentido y la respetabilidad hacia la economía local, el medio ambiente y la cultura. No es el precio lo que marca la diferencia, sino el significado intrínseco del viaje.

No debería haber recorridos de ecoturismo especializados solo para el turismo sostenible. Más bien, cada segmento turístico, cada empresa y cada viajero, debe hacer todo lo posible para hacer del ecoturismo una realidad. De esta manera, los viajes responsables y sostenibles ya no se asociarían a un precio elevado.

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Despilfarro alimentario en el sector turístico. ¿Cómo podemos prevenirlo?

El despilfarro alimentario es un grave problema que nos afecta a nivel global. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a nivel global se pierde aproximadamente un 14% de los alimentos producidos entre la cosecha y la venta al detalle. También se estima que cada año se tiran a la basura 1.300 millones de toneladas de comida, cifra que representa un tercio de los alimentos que se producen.

En esta píldora de conocimiento compartido vamos a ver brevemente los impactos sociales, medioambientales y económicos que esto provoca para hacer una breve contextualización del tema. A continuación daremos algunas ideas de proyectos y herramientas que algunos negocios turísticos ya están usando para prevenir el despilfarro alimentario. Por último, veremos un caso de buenas prácticas muy inspirador.

Si quieres ampliar información sobre cómo prevenir el despilfarro alimentario en tu negocio turístico, contacta con nosotros en aprende@travindy.es.

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