El regreso de la Patagonia salvaje: cómo el rewilding convirtió una estancia ganadera en un parque nacional

El valle Chacabuco fue una de las haciendas ovejeras más grandes de la Región de Aysén, pero la ganadería intensiva degradó profundamente un paisaje que antes era poblado por la estepa patagónica, bosques de coigüe, huemules, pumas, entre otros. Después de ser adquirida por una fundación, protagonizó un proceso de restauración activa y rewilding que culminó con la creación del Parque Nacional Patagonia.

Imagina que tienes un complejo sistema de engranajes para echar a andar una gran máquina. Si alguna de sus piezas es eliminada o sufre una fractura por sobrecarga, es de esperarse que el artefacto se averíe y deje de realizar sus funciones de manera óptima. Si lo extrapolamos a la intrincada trama de la vida, algo así es lo que ha ocurrido en los ecosistemas del planeta por la intervención humana, lo que nos tiene actualmente sumidos en fenómenos como el cambio climático, la crisis de extinción de especies, y la pandemia del coronavirus que constituye un incómodo recordatorio de nuestra complicada relación con la naturaleza.

Frente a este complejo escenario han surgido propuestas como el rewilding. Este método, que podríamos traducir como “reasilvestramiento” o “renaturalización”, posee más de una definición y no ha estado exenta de críticas, pero consiste básicamente en devolver a la naturaleza sus “piezas” o “engranajes” originales, permitiéndole recuperar su funcionamiento, procesos y estado salvaje del cual ha sido despojado por la incauta mano del Homo sapiens.

Justamente, Chile cuenta con un exponente único de rewilding a nivel nacional, que convirtió a una de las haciendas ovejeras más grandes de la Región de Aysén en un área protegida que ha ido recuperando paulatinamente su biodiversidad después de 100 años de ganadería intensiva. Ese mismo sitio acogió en su seno a 14 ñandúes que fueron liberados hace pocos días, en el marco de un programa de reintroducción de esta especie que pudo haberse extinto localmente si nadie hacía nada.

Esa es la historia del valle Chacabuco, una estancia de ganadería ovina que fue adquirida por la fundación Conservación Patagónica en el año 2004, con la ayuda de Douglas Tompkins, y que se convirtió en 2018 en parte del Parque Nacional Patagonia. El parque se creó a través de la unión de las reservas nacionales Lago Jeinimeni y Lago Cochrane (Tamango), con los terrenos del valle Chacabuco que luego fueron donados al Estado, sumando así una superficie protegida de 304.527 hectáreas.

Para hacerse una idea, el fundo se estableció en 1908 y pasó por varios manos, llegando a tener en sus casi 70.000 hectáreas alrededor de 30 mil ovejas, 4 mil vacas y otros elementos que degradaron y transformaron profundamente el paisaje que antes era poblado por la estepa patagónica, bosques de coigüe, huemules, pumas, ñandúes, entre tantos otros.

“El caso del Parque Nacional Patagonia es único en Chile. Durante 15 años de trabajo, nuestro eje ha sido la restauración y transformación de un lugar de uso productivo para traspasarlo a la conservación y al patrimonio natural de Chile. Esto ha significado un manejo activo para el restablecimiento o fortalecimiento de sus especies y ambientes, y con ello de sus funciones ecológicas. Hemos hecho desde el retiro de cercos y la exclusión de la ganadería, hasta el monitoreo de animales como huemules y pumas, viendo cómo la ecología del lugar evoluciona desde el momento en que intentamos volver a lo natural o lo más cercano a lo natural”, explica Ingrid Espinoza, directora de Conservación en Tompkins Conservation Chile.

Una vez que adquirieron la estancia ganadera, la directora ejecutiva de Tompkins Conservation, Carolina Morgado, cuenta que “como este valle era prioridad de conservación, lo enfrentamos desde el punto de vista de la restauración, del rewilding, de cómo reasilvestrar una propiedad que llevaba muchos años bajo un sistema de ganadería intensiva. La primera pregunta que nos hicimos fue: ¿qué ser vivo falta aquí?Sabíamos que por la actividad ganadera faltaba el huemul, que estaba muy acorralado en la Reserva Tamango, hacia el sur, y también en la zona más fronteriza con Argentina había una escasísima población de ñandú”.

Ñandu en Puesto Ñandu – Reproduccion ©Johanna Zajc
Ñandú ©Johanna Zajc

Por ello, a través de una serie de medidas implementadas durante 15 años han logrado recuperar la naturaleza local, lo que ha quedado de manifiesto de varias maneras.

“Uno de los efectos más evidentes de las acciones de conservación implementadas en el área, ha sido la recuperación los mamíferos mayores y carnívoros en el sector de Valle Chacabuco. Ello, luego de ser una de las principales haciendas de producción ganadera del territorio, y a partir de un trabajo intencionado a la exclusión del ganado doméstico y otras acciones de conservación y manejo de fauna. Con las intervenciones realizadas se logró volver a generar las condiciones de recuperación de la flora del lugar y, posteriormente, la recuperación gradual de la fauna, a partir de la recolonización natural de su hábitat”, señala José Manuel Rebolledo, director ejecutivo de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), la cual mantiene un convenio de colaboración con la fundación.

Pero, ¿cómo lo hicieron?

Sin duda, fue un proceso dilatado y de diversos frutos.

El regreso del huemul

Según cuentan, el valle Chacabuco era una clase de “jamón en el sándwich” entre dos grandes áreas protegidas que Conaf ya administraba en ese entonces: la Reserva Jeinimeni, por el sector norte, y la Reserva Nacional Tamango por el sur. Por lo tanto, la estancia se emplazaba en un territorio estratégico porque permitiría unir estos dos sectores para generar una gran área de conservación.

Sin embargo, el cometido no era del todo sencillo en un lugar marcado por la cultura patagónica ganadera, donde un proyecto de conservación de este calibre no solo era visto como algo excéntrico, sino como un factor de riesgo al implicar una mayor presencia de especies que despiertan amores y odios como el puma.

Precisamente, y como ha sido la tónica a lo largo del país, la convivencia con la vida silvestre no era del todo armónica. Por un lado, carnívoros nativos como el puma y el zorro eran vistos como amenazas para el ganado debido a los ataques que experimentaban los animales criados por los productores. Herbívoros como el guanaco, en tanto, eran concebidos como una “competencia” al consumir el mismo alimento que las ovejas y vacas. Todo esto motivó, por décadas, acciones como la caza, la construcción de cercos para impedir el acceso a las especies nativas, y el creciente desplazamiento de las criaturas autóctonas.

Por ello, luego de comprar la estancia completa en 2004, el equipo de la fundación realizó su primera salida a terreno para evaluar las acciones de rewilding y restauración. Recuerdan un panorama dominado por las ovejas, que podía verse expresado – a lo lejos – como diversas motitas blancas que colmaban el paisaje.

El coironal, la estepa y los bosques habían sufrido mucho por el sobrepastoreo. Se había colocado más ganado de lo que el territorio era capaz de soportar, y eso significó que las plantas no alcanzaban a semillar para regenerarse de forma natural. Por lo tanto, la cobertura o número de plantas por superficie iba disminuyendo, y avanzando con ello la erosión”, cuenta Cristián Saucedo, administrador de Vida Silvestre – Rewilding de Tompkins Conservation.

Por ello, una de las primeras tareas consistió en la remoción de cercos y en el retiro del ganado, principalmente a través de su venta. Eso se hizo de manera gradual, aclara Saucedo, ya que “es un gran cambio para cualquier sistema, porque pese a que había esta permanente pugna entre depredadores y ganaderos, igual los predadores lograban sacar una tajada [oveja] de la torta. Sacar del sistema esa oferta de alimento, de la noche a la mañana, podía tener consecuencias que nadie podría predecir”.

Pero el objetivo no solo era darle respiro a la vegetación local, sino también permitir que las especies autóctonas recuperaran su antiguo territorio. Un caso prioritario lo constituía el huemul (Hippocamelus bisulcus)el cual se encuentra en peligro de extinción debido a sus diezmadas y fragmentadas poblaciones, que estarían compuestas por aproximadamente 1.500 o 2.000 ejemplares a nivel mundial, reflejando su crítico estado y, a su vez, la mala salud de los ecosistemas.

En ese sentido, Cochrane constituye un refugio para este ciervo nativo, ya que actualmente más del 10% de la población remanente de huemules se encuentra al interior del Parque Nacional Patagonia, y de la provincia en la cual se inserta esta área protegida.

Huemul Macho adulto ©Johanna Zajc
Huemul macho adulto ©Johanna Zajc

Definido como “tímido”, el ciervo más austral del planeta es territorial, sin importar si es macho o hembra. Conforma grupos pequeños y prefiere ambientes de bosques de lenga y matorral de ñirre, combinados con sectores rocosos y de fuertes pendientes que le proporcionan una mayor diversidad de alimento y un menor riesgo de predación.

En cuanto al valle Chacabuco, Saucedo puntualiza que “los huemules no eran cazados en forma intensiva ni tampoco había una intención de querer eliminarlo, primero porque no eran tan abundantes, y segundo porque no eran vistos como competencia como sucedía con el guanaco. Pese a ello, se veía bastante afectado por la presencia de las vacas y por los perros que eran ocupados para arrear al ganado. Los huemules trataban de mantenerse, pero no ocupaban los mejores lugares para ellos, en términos de alimentación y refugio”.

De esa manera, a partir del 2005 se inició el monitoreo de huemules con radiocollares en distintos sectores para determinar su condición inicial, con la ayuda de guardaparques que anteriormente habían trabajado como puesteros para la estancia ovejera.

Cuando capturaron algunos huemules para identificarlos y equiparlos con los radiocollares, aprovecharon de evaluar su estado sanitario. Así fue posible detectar la exposición de estos ciervos a agentes de enfermedades infecciosas provenientes del ganado doméstico.

Saucedo, quien es médico veterinario, relata que “encontramos en ese momento que había evidencia de enfermedades virales que estaban circulando desde el ganado hacia el huemul y, por lo tanto, demostraron que lo que estábamos haciendo iba en la línea correcta”.

Uno era el caso del virus de la diarrea bovina, el cual causa abortos y nacimientos de terneros débiles. Es posible que lo anterior se relacione con la detección de casi un 8% de crías de huemul que nacen frágiles o que mueren a los pocos días de haber sido dadas a luz, en áreas donde antes hubo ganado en el valle Chacabuco.

También se diagnosticaron casos de huemules que padecían cuadros severos de sarna ovina, con presencia de costras y descamación. Los expertos observaron que, cuando se manifestaba en las orejas, la capacidad auditiva de estos ciervos se veía perjudicada por las secreciones y el engrosamiento de su piel, aumentando su vulnerabilidad frente a amenazas como la depredación. Debido a los riesgos que esto revestía para estas poblaciones tan deprimidas, se le otorgaron tratamientos con antiparasitarios a algunos huemules afectados.

Pero eso no era todo.

Los equipos fueron estudiando otros factores que interactuaban o causaban la muerte de estos animales. Entre 2008 y 2015, por ejemplo, se encontró en el sector de Puesto Huemul y Tejuela a un 45% de los huemules adultos muertos por acción del puma, su predador natural, mientras que al mismo porcentaje de huemules se les perdió el rastro.

A esto se suma la muerte de crías de huemul en Puesto Huemul y Tejuela entre los años 2008 y 2014, mayoritariamente asociada a los depredadores naturales, siendo los zorros responsables de un 31% de los ataques y los pumas de un 54%. El resto se trató de causas no naturales y vinculadas a actividades humanas, como la caza y enfermedades asociadas a la ganadería.

Pese a lo anterior, cabe destacar que el huemul representa alrededor de un 0,7 % de la dieta del puma en esta zona, ya que es el guanaco la presa preferida de este felino, conformando entre un 80 y 90% de su alimentación.

No obstante, esto se combina con otros carnívoros que no son nativos, y que han sido introducidos por el ser humano: los perros. La mayoría proviene de la localidad de Cochrane y alrededores, aumentando su presencia por la expansión urbana, así como por el abandono y la escasa supervisión de los canes, tanto en el ámbito urbano como rural.

A lo largo de diez años de trabajo se constató el efecto negativo de los perros sobre los huemules en diferentes zonas del río y lago Cochrane. Por ejemplo, entre los años 2005 y 2015, la mortalidad detectada de individuos adultos por ataques de canes alcanzó valores de hasta un 20% en la Reserva Nacional Tamango, por su cercanía a la ciudad de Cochrane.

Además, en ese mismo lugar se registró entre 2005 y 2007 un importante impacto de perros sobre las crías de huemul, ocasionando un 30% de las muertes, equivalente a la mortalidad producida por los zorros. Esto no es menor si consideramos que estos ciervos comienzan a reproducirse a partir de los tres años, y que las hembras paren solo una cría anualmente.

Aunque las presiones y amenazas externas continúan, la recuperación de esta especie en la zona ha sido evidente. “Si en el primer año teníamos tres o cuatro huemules en un área, al año 10 veíamos en esos mismos lugares entre 30 y 35 huemules, o sea se ha visto una notable recuperación. Nosotros no éramos capaces de medir en todos lados, porque la verdad es que los territorios son extensos, pero también vimos que había nuevas áreas donde aparecían huemules”, detalla Saucedo.

Hace pocos días, se lanzó de forma oficial el programa “Corredor del Huemul” en la zona norte del Parque Nacional Cerro Castillo, también en Aysén. La iniciativa es impulsada por Tompkins Conservation, en alianza con el Ministerio de Agricultura, CONAF y SAG, con el fin de promover la conservación de este ciervo en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes. Para ello contemplan acciones que le otorguen conectividad ecológica, como la remoción de cercos para reducir lesiones en los huemules y permitirles el libre tránsito.

Hacia una buena convivencia

No solo el huemul comenzó a prosperar en la zona. La vegetación local como la estepa patagónica también experimentó su lenta restauración, al igual que el guanaco, como bien recuerda la directora de Conservación de Tompkins Conservation. “Cuando compramos la estancia había ovejas por todos lados, y recién podías escuchar las vocalizaciones de los guanacos cuando ibas a los cerros, pero no se veían cerca. A medida que fuimos sacando la ganadería de forma paulatina, el guanaco fue recuperando su valle, porque él era el gran herbívoro del valle, no las ovejas, y ese proceso de recuperación fue súper bonito”, expresa Espinoza.

Guanacos curiosos ©Johanna Zajc
©Johanna Zajc

Y como es de esperarse, donde hay guanacos, hay pumas.

Por ello, desde los inicios del rewilding, el monitoreo también se enfocó en el mayor felino del país, no solo para levantar información, sino también para promover una mejor convivencia entre este animal y las comunidades vecinas, por ejemplo, probando métodos para disminuir los ataques al ganado.

Morgado cuenta que “sabíamos que, en todo este proceso paulatino de retiro de cercos y del ganado, volverían especies a su hábitat, entre ellos el puma. Por eso comenzamos su monitoreo, queríamos ver cuál iba a ser su interacción con otros animales y también porque había mucho temor por el puma en las comunidades”.

Tal como lo hicieron con los huemules, a los pumas también se los monitoreó con métodos como los radiocollares y cámaras trampa. De esa forma pudieron seguir su vida y obra, ya fueran sus movimientos, las especies que se convertían en su menú, entre otros datos de interés.

Dado que, en ese entonces, todavía les quedaban ovejas de la antigua hacienda, probaron distintas técnicas para evitar ataques de puma, aceptando que siempre iban a ocurrir esos eventos por el hecho de estar al lado de una zona silvestre.

Saucedo relata que “usamos una técnica bien antigua que se ocupaba en Europa, que se basa en perros de gran talla y raza especializada, en este caso gran pirineo, para cuidar al ganado. Los improntábamos, es decir, desde muy temprana edad interactúan con las ovejas para que se sientan miembros de la familia. Básicamente, lo que hacen esos perros es mantener a los depredadores a distancia, porque marcan a través de la orina y fecas, ladran toda la noche, y de alguna forma con eso obligan a los depredadores a desplazarse o impactar de forma mucho menor al rebaño”.

Constataron por esa vía que la presencia de estos canes disminuyó considerablemente los ataques de pumas a ovejas. “Logramos a través de la implementación de ese programa demostrar a muchos de nuestros vecinos que había formas de poder producir con algún grado de coexistencia con los predadores”, asegura Saucedo.

Además, durante este camino de rewilding se han realizado otras acciones, como las liberaciones de cóndores y ñandúes. Esta última ave es emblemática de la estepa patagónica, pero ha estado al borde de la extinción debido a factores como la caza, la recolección de huevos, la depredación por perros, y la destrucción de nidos. Su situación era tan crítica, que cuando llegaron al valle Chacabuco existía una población extremadamente pequeña, de alrededor de 10 o 12 individuos en la zona. Por este motivo se inauguró en 2015 el Centro de Reproducción para la Conservación del Ñandú en el Parque Nacional Patagonia, el único en su tipo en Sudamérica.

Fue en el marco de ese mismo proyecto que se liberaron 14 ñandúes en el parque nacional el pasado 11 de mayo.

Al respecto, el director ejecutivo de Conaf sostiene que “es necesario relevar el trabajo asociado a ejecución de un programa de reproducción, cría y liberación controlada del ñandú que, a pesar de su relativo reciente desarrollo e instalación, posee resultados auspiciosos respecto del uso de prácticas y técnicas complementarias de conservación in situex situ. Por otra parte, ha permitido desarrollar la técnica del manejo de una especie nativa, para contribuir desde la conservación activa y asistida a su conservación”.

A través de este manejo activo, Saucedo explica que “lo que hacemos anualmente es liberar al medio silvestre entre 10 y 15 ñandúes criados en cautiverio, de manera de fortalecer numéricamente la población, y con ello ayudar a que colonicen nuevos espacios, reduciendo de forma considerable su riesgo de extinción”.

Una propuesta para tiempos inciertos

En estos tiempos de pandemia y crisis sociambiental, esta labor adquiere un nuevo tenor. Mientras que Tompkins Conservation continúa trabajando en distintos lugares con varias instituciones, incluyendo a su fundación hermana Rewilding Argentina, organismos como Conaf impulsan iniciativas para la conservación, recuperación y restauración activa de especies nativas y su hábitat, siendo algunas de ellas el proyecto de conservación de la vicuña en el Parque Nacional Lauca y Reserva Nacional Las Vicuñas, y del huemul en la cordillera de Chile Central, específicamente en la Reserva Nacional Ñuble y Huemules de Niblinto.

“Sin lugar a duda, las aproximaciones a la restauración ecológica, como el rewilding, son herramientas indispensables que es necesario desarrollar e implementar, para la gestión exitosa en la conservación de la diversidad biológica presente en las áreas silvestres protegidas, principalmente en el contexto de cambio climático que vive el planeta en la actualidad”.

En cuanto a las proyecciones, la directora ejecutiva de Tompkins sostiene que “nuestro foco está en la Ruta de los Parques de la Patagonia, es decir, todo el territorio que está entre Puerto Montt y Cabo de Hornos. Nuestra estrategia de rewilding es seguir trabajando ahí, es seguir conservando al huemul como especie ancla, y en todos los lugares estratégicos donde existen sus poblaciones, para que florezcan, se fortalezcan y sobrevivan. Al sobrevivir el huemul sobreviven un montón de otras especies que van asociadas a su ciclo”, asevera Morgado.

Para Saucedo, “todavía no tenemos el completo entendimiento sobre los impactos positivos o beneficios que tiene el regreso de especies en los ecosistemas. Experiencias de otros lugares a nivel mundial, como el clásico ejemplo de Yellowstone, muestran que el regreso de especies nativas, ya sean predadores o herbívoros, trae beneficios sobre el suelo, los bosques y el agua, entonces, nuestras especies nativas son verdaderos barómetros o indicadores de salud. Si somos capaces como chilenos y humanidad de recuperar especies, estamos transitando o ayudando a frenar crisis como la de extinción de especies”.

Por su parte, Espinoza recalca que “el coronavirus está reforzando nuestra visión. Al afectar los ecosistemas naturales, estamos provocando el traspaso de las enfermedades infecciosas de la vida silvestre, como por ejemplo la perdida de bosques”.

“Por eso se habla mucho del enfoque ‘Una Salud’, donde la salud de nosotros depende de la salud de los ecosistemas. La naturaleza tiene la capacidad de recuperarse y sus procesos naturales son resilientes, pero lo más importante en este minuto es que, frente a esta crisis ambiental, es necesario tener acciones mucho más activas y directas. Por ahí va el rewildiingNecesitamos seguir generando estas cuentas de ahorro de patrimonio natural que son parte de esta protección, y que nos van a producir un mejor bienestar para todos”, sentencia.

Este artículo ha sido replicado en Travindy con permiso de su autora, Paula Díaz Levi escrito para el medio Ladera Sur.

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L’Anoia: buenas prácticas para abrirse al mundo después del confinamiento

El de 2020 es un verano atípico en comparación con los anteriores. La llegada del Covid-19 a nuestras vidas limita los viajes, entre otras actividades veraniegas. Hay territorios que han sufrido más la presencia del virus que otros, como la Conca d’Òdena en la comarca de l’Anoia (Barcelona). La cual está luchando contra la estigmatización apostando por la seguridad y la sostenibilidad para recibir visitantes con su campaña “Escapa’t a l’Anoia, t’ho mereixes” (“Escápate a l’Anoia, te lo mereces”)

Nos encontramos con Daniel Gutiérrez en el Consell Comarcal de l’Anoia para que nos explique la situación del territorio y las claves sostenibles de su nueva campaña.  Daniel es consejero de Turismo, Relaciones institucionales y Programas Europeos. A parte, es especialista en la gestión sostenible del patrimonio cultural y natural, y está implicado en el grupo de trabajo delmanifiesto de Turismo Reset. El ente en el que nos encontramos es el encargado de visualizar el territorio y marcar su identidad cultural. Aunque no sea tan influyente como una Diputación, el Consell Comarcal da soporte a todos los territorios de la comarca marcando un paraguas para que cada uno desarrolle su propia estrategia. 

Confinamiento de la Conca d’Òdena

Entre el 13 de marzo y el 6 de abril, la Conca d’Òdena tuvo un confinamiento perimetral debido al gran aumento de afectados por Covid-19. El foco del Hospital de Igualada, capital de la comarca, fue en ese momento el más numeroso de Cataluña. Daniel nos explica que era la primera vez que el territorio aparecía en medios internacionales y lo situaba como la “zona 0”.

En estos momentos l’Anoia está en la misma fase y situación que la gran mayoría del territorio español. Por lo que se necesita luchar contra la estigmatización de unas semanas muy duras y llenas de incertidumbre. Durante ese periodo y el mes de mayo, desde el Consell se tuvo que marcar un plan de comunicación diferente. Fue un tiempo para informarse y trabajar duro. Y en mayo ya se tenía un discurso definido. 

Un destino Slow

A través de Anoia Turisme, el Consell Comarcal ha lanzado la campaña “Escapa’t a l’Anoia, t’ho mereixes” dentro del marco de la campaña promocional del territorio catalán. Aunque muchos destinos están poniendo la palabra “sostenibilidad” en su discurso, l’Anoia quiere ir más allà y  adecuarse de forma más comprometida con todas sus acciones. El principal objetivo es posicionar la comarca como un territorio de proximidad y familiar muy indicado para quien busca espacios abiertos y sin aglomeraciones. Y, con una buena base, situarse como referente del Slow tourism

Igualada es la capital de un espacio rural dividido en tres áreas muy bien definidas. Por una parte encontramos la Alta Anoia, que es la zona más rural y donde más campos encontramos; en el centro, la Conca d’Òdena con la capital y de un carácter más industrial; y finalmente, la Baja Anoia, que es colindante con el Penedés y está llena de bosques y viñedos. 

L’Anoia es un destino que siempre ha sido de paso, y lo que se busca en estos momentos es que los viajeros se paren y lo descubran.

Daniel Gutiérrez

El conseller nos cuenta que, antes de confinamiento, ya se dirigían hacia el Slow tourism en su estrategia. Costó mucho explicar qué era exactamente, y los beneficios que podría llegar a aportar al territorio. De alguna forma, afirma, el post-confinamiento ha permitido potenciar lo que ya se estaba desarrollando, ya que va en la línea de lo que es necesario en estos momentos: un entorno tranquilo, recursos culturales y naturales, y coherencia con el territorio. Aunque en el mensaje principal lo que más destacan es la seguridad. 

La campaña de l’Anoia se basa en mostrar seguridad y sostenibilidad

Sostenibilidad y seguridad como ejes

Sobre la seguridad, le preguntamos su opinión por la etiqueta Covid-free que se está promocionando en diferentes sectores. Comenta que etiquetas hay muchas, que lo que realmente importa son los protocolos establecidos por las autoridades sanitarias. Los alojamientos y lugares públicos donde se desarrolla la actividad turística saben lo que deben hacer y cómo cumplir. La seguridad es una percepción. Y eso lo aporta más un buen uso y cumplimiento de higiene -disponer de geles y mascarillas- que una etiqueta. 

En el slow tourism el turismo  y el comercio van de la mano.

Daniel Gutiérrez

Respecto a ser un entorno tranquilo, Gutiérrez comenta que, de momento, es difícil llegar a saturar la comarca. Lo cual ni se busca ni se pretende, ya que esto iría en contra del sentido de sostenibilidad. Se parte de la idea de un turismo que aporte beneficios para los locales. Muchos comercios viven del degoteo de turistas que visitan los municipios. En el slow tourism comercio y turismo van de la mano. Si se detecta alguna actividad que resulta molesta para la población,  desde el ente no se da apoyo a su realización. La gente no quiere el turismo masificado de Barcelona, quiere que visiten su territorio, pero no que los molesten o cambien su forma de vida. 

El pasado fin de semana del 27-28 de junio se celebró en la comarca e-Bike Tour. Esta actividad con bicicletas eléctricas se acompañó de la promoción de gastronomía, cultura y paisajes, patrimonio y alojamientos rurales. En este se dispone de 365km ciclables que pasan por bosques y municipios ofreciendo una experiencia completa en la comarca, y los servicios básicos para su desarrollo. 

Como gran conocedor de los ODS (Objetivos del Desarrollo Sostenible), Daniel nos habla de lo importante que es que estos no se vean solamente como una justificación. Hablar sobre los ODS solamente para explicar qué bien hemos hecho algo es Greenwashing. Sin embargo, los diecisiete objetivos deben comprenderse como una hoja de ruta para crear las acciones desde la base a partir de las áreas de la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible

Por último, pero no menos importante, hablamos sobre la accesibilidad en el turismo. Un elemento fundamental de la sostenibilidad vinculada al turismo es que todo el mundo tiene que disfrutar viajando. Cuenta que la comarca es muy sensible en relación a la accesibilidad. Se trabaja para adaptar alojamientos y actividades en todo el territorio. Por ejemplo el vuelo en avioneta para personas con movilidad reducida en el aeródromo de Òdena.

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Aprendizaje empoderando a una comunidad de mujeres Masai

Las mujeres masai se enfrenta a multitud de obstáculos por dos motivos: uno por ser mujer y otro por ser masai. Suelen dejar la escuela antes de los 10 años para dedicarse a las tareas que “su tribu” y la “sociedad” les ha encomendado. Son consideradas inferiores a pesar de que son ellas las que se encargan de construir las casas, ir a por agua, cuidar de sus hijos, del ganado, del hogar, ir a por leña, y un sinfín de cosas más. En definitiva, hacen que su comunidad salga adelante y sin ellas no sería posible. Dentro de esta comunidad, el hombre  cumple las funciones de pastor y resuelve asuntos políticos o sociales.

La vida de las mujeres transcurre en el seno de una tribu patriarcal. Las familias son las que acuerdan con quién se van a casar, incluso siendo muy pequeñas.  Casi siempre los motivos materiales o económicos son los que mueven estos acuerdos. El marido puede tener varias esposas, y esto a pesar de lo que podamos pensar, es aceptado por ellas ya que es su cultura. Se ayudan y pasan su sabiduría de las más mayores a las más pequeñas, desde la primera esposa a la última. Son mujeres fuertes, hacen piña y se cuidan.

Es una realidad que hoy en día en este tipo de tribus, todavía son practicadas de manera habitual la ablación, la violación y el matrimonio infantil, a pesar de estar penados por la ley.

Voluntariado con propósito

Hace tres años hice un voluntariado en un centro de rescate de niñas que vienen de situaciones familiares complicadas, como las anteriormente mencionadas. Elegí una ONG pequeña de confianza llamada Tumaini, que junto al fundador del proyecto local, me pidieron hacer “algo” para empoderar a la comunidad de mujeres masai de la zona. Fue entonces, cuándo el turismo sostenible cobró toda su importancia. Vi que podía ser una herramienta fundamental para la prosperidad de esta comunidad.

El producto turístico sostenible que diseñé consistía en un taller de abalorios impartido por las mujeres masai. Aprovechando que cada abalorio tiene un significado cultural (prosperidad, belleza o posición social), sería el hilo conductor ideal para crear  un espacio de intercambio cultural entre el voluntario y la mujer local.  El taller se ofertaría desde la ONG o en el propio proyecto en Kenia como un valor añadido a la experiencia de voluntariado. Parte del dinero recaudado se reinvertiría en comprar materia prima y el resto, se quedaría directamente en la comunidad. De esta manera se fomentaría la economía circular.

El principal objetivo del proyecto era que las mujeres fueran más independientes y más libres. A la vez, que tuvieran la oportunidad de dar a conocer su cultura y sus tradiciones para poner en valor la autenticidad de su pueblo y sus costumbres. En definitivaayudarles a obtener una fuente de ingresos extra para que se sintieran útiles y que las ayudara a crecer de una forma sostenible económica, social y medioambientalmente.

Abalorios hechos por las mujeres Masai

Expectativas vs realidad

El centro estaba situado en una zona rural masai cerca de Nairobi. Hasta ese momento nunca había estado tan mezclada con la población local y la primera palabra que aprendí fue “mzungu”, que es como nos llaman a los blancos en suajili. Es justamente durante la implantación del taller cuando me doy cuenta que no pensé en las cosas que podían salir mal.

En primer lugar, Muthoni, la portavoz de la comunidad,  no tenía conocimientos en hacer pulseras a pesar de que afirmó que sí. Nos dimos cuenta que solo sabía hacer collares y que era otra mujer, ausente en ese momento, la que sí sabía. En segundo lugar, solo hablaba suajili. Esto dificultó la comunicación y llevó a un malentendido en cuanto al dinero que tenían que recibir. Por suerte, pudimos resolver el  conflicto a través de una de las trabajadoras sociales. En tercer lugar, no repartió el dinero entre la comunidad de mujeres, se lo quedó ella. Y por último, su marido gestionaba la economía familiar.

Llegados a este punto, nos planteamos dos cuestiones. Por un lado, si el dinero se lo quedaba su marido el objetivo del taller carecía de sentido. Por otro, se podría generar un conflicto con él ya que no vería con buenos ojos su independencia económica.

En un principio sentí enfado y frustración, me sentí engañada.A medida que iban pasando los días fui entendiendo que no me había parado a pensar en el contexto de esas mujeres. Ellas pensaban en el hoy y no en el mañana. Mi pensamiento era «si a los voluntarios les gusta el taller, lo recomendaran y será una fuente de ingresos constantes para las mujeres”.En cambio ellas pensaban diferente: “hoy tengo dinero en mano para alimentar a mi familia.”

Voluntariado con las mujeres

Mi aprendizaje

Muthoni, era una mujer masai de 30 años con siete hijos a los que alimentar. Mientras nos enseñaba a hacer collares, amamantaba a su bebé de tres meses que previamente le había traído su hija de ocho. Tuvimos la oportunidad de invitarla a comer en el proyecto de voluntariado, cosa que agradeció enormemente ya que probablemente no había comido nada ese día. Tuvo predisposición a enseñar lo poco que sabía y compartimos un momento muy enriquecedor que de otra forma no se hubiera producido. Ella quería saber más sobre mí. Me preguntaba si estaba casada, si tenía hijos, cuánto me había costado el billete hasta ese lugar. Compartimos risas y complicidad. En ese momento sentí que no había tanta distancia entre nosotras. Simplemente éramos dos mujeres, con la misma edad, tan diferentes, compartiendo una conversación.

Me di cuenta que estaba adoptando el comportamiento de la “blanca salvadora”. Con muy buena intención diseñé un taller para ayudar y nunca tuve en cuenta la opinión de las mujeres con las que iba a trabajar. ¿Quién era yo para juzgar o decidir si una mujer se siente útil o no? ¿Quién era yo para decir cómo se tienen que ganar la vida? Di por hecho que ellas necesitaban ayuda y no pregunté cuáles eran sus necesidades reales ni su verdadero contexto. Tampoco si necesitaban soporte o si les parecía bien compartir su saber-hacer y su folklore. Tenía todos los elementos para que el taller fuera un éxito menos la gestión de la población local.

Aprendí a no juzgar y a empatizar con su idiosincrasia. Entendí que para implantar un producto turístico de este tipo es esencial contar con las comunidades locales para que sean ellas mismas las que expresen cómo quieren trabajary qué necesidades tienen. Es importante dotarles de las herramientas para que ellas mismas puedan desarrollarse a su ritmo y sin imposiciones.

Referencias externas:

https://www.iwgia.org/es/kenia.htmlhttp://www.acs-aec.org/index.php?q=es/sustainable-tourism/el-turismo-comunitario

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El nuevo portal de aprendizaje online de Planeterra en respuesta a la crisis del Covid-19

Planeterra es una organización sin fines de lucro establecida en 2003 por el fundador de G-Adventures, Bruce Poon Tip, comprometida a transformar los viajes en una fuente de impacto, ayudando a las comunidades locales a obtener ingresos del turismo. Con 85 proyectos en 51 países de todo el mundo, el modelo de impacto de Planeterra consiste principalmente en conectar las organizaciones locales y empresas sociales a una base de viajeros internacionales, asegurando así que los emprendimientos sean sostenibles por sí mismos y no requieran siempre de asistencia.

Este enfoque basado en el mercado ha funcionado muy bien, beneficiando a más de 65,000 personas en todo el mundo, hasta que la pandemia del Covid-19 detuvo el turismo internacional. Esta crisis motivó a la fundación a buscar nuevas formas de continuar apoyando a sus socios, así como capitalizar la experiencia adquirida a lo largo de sus 17 años de trabajo en turismo comunitario.

Primeras acciones frente el Covid-19

Una de sus primeras acciones fue lanzar la campaña de recaudación de fondos de emergencia Turn Travel into Impact from Home a fines de marzo, para apoyar a aquellos proyectos con dificultad para satisfacer necesidades básicas como el acceso a alimentos y medicamentos esenciales. La campaña fue un gran éxito al alcanzar su objetivo inicial de $50,000 dólares canadienses, que se distribuyeron a través de 19 pequeñas donaciones a los proyectos que más lo necesitaban.

Al mismo tiempo, Planeterra envió una encuesta de evaluación de necesidades. Solicitó a los 85 proyectos que describieran los desafíos que enfrentaban debido a la crisis del Covid-19. Parte de esta encuesta también preguntaba a las organizaciones qué tipo de asistencia necesitaban en términos de entrenamiento y capacitación. Esto proporcionó información útil que se incorporó al programa de fortalecimiento de capacidades en el que Planeterra ya estaba trabajando y fue un incentivo adicional para lanzarlo lo antes posible.

«Vimos, a través de las respuestas a nuestra encuesta de evaluación de necesidades, que nuestros socios realmente querían apoyo en la planificación empresarial«, explica la gerente de programa de Planeterra, Rhea Simms, quien dirigió el proyecto del portal de aprendizaje online (Planeterra Learning Hub en inglés). «En un momento sin visitantes, todos estaban pensando en cómo poder diversificar sus negocios, perfeccionar sus experiencias actuales y tal vez preparar nuevas para cuando regresen los viajeros».

Portal de capacitación online

Con la ayuda del equipo de Planeterra basado en Toronto y sus especialistas en desarrollo comunitario que trabajan regionalmente para apoyar los proyectos alrededor del mundo, el portal de aprendizaje online se creó en torno a una serie de módulos de capacitación. El propósito del sitio es permitir que los socios de Planeterra mejoren sus experiencias turísticas, exploren nuevas fuentes de ingresos potenciales, promocionen mejor sus organizaciones y perfeccionen su gestión de recursos financieros y humanos, todo lo cual les permitirá escalar su impacto en el futuro. Por supuesto, se da un gran énfasis a la adopción de medidas de seguridad e higiene, asegurándose de que los proyectos adhieran a los nuevos protocolos de seguridad para estar listos para recibir a los turistas cuando la actividad comience nuevamente.

El lanzamiento de Planeterra Learning Hub fue el 25 de junio con la participación de 38 socios del proyecto en un webinar online. El sitio es de acceso privado para todos los proyectos de Planeterra y cuenta con 30 temas diferentes y cerca de 50 formularios, plantillas y videos, para que sea una herramienta realmente práctica y lista para usar. Vale la pena destacar que los recursos están disponibles en inglés y también en español, ya que es el segundo idioma más hablado entre los socios de Planeterra.

El plan para las próximas semanas es continuar organizando webinars para profundizar en los temas incluidos en el portal de aprendizaje online, comenzando por aquellos que han sido elegidos por los socios como prioritarios para reiniciar las actividades. «Nuestro equipo global hará un seguimiento de los proyectos para asegurarse de que aprovechen al máximo los recursos disponibles en el portal online«, dice Simms. «Garantizará que nuestros socios vuelvan aún más fuertes cuando los viajes comiencen de nuevo, y los hará más resilientes en el futuro».

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Turismo sostenible, rentable y resiliente para la reactivación del sector

El turismo es uno de los sectores más afectados por la pandemia este 2020, con una caída abrupta de las ventas que repercute en la pérdida de millones de puestos de trabajo. Para revertir ese efecto, hoy más que nunca, la reactivación del turismodebe ser gestionada de manera sostenible, fortaleciendo el equilibrio entre el beneficio económico, el cuidado del planeta y el respeto por la cultura de las personas.

Para contrarrestar el deterioro que ha sufrido el sector, la sostenibilidad tiene que tener un papel fundamental a la hora de pensar los destinos, las ventas y el vínculo con el anfitrión. El Turismo Sostenible ya no puede ser pensado como un nicho de venta, sino que debe ser parte de esta reactivación como una nueva normalidad.

Definición de turismo sostenible

El turismo sostenible es el turismo que genera beneficios positivos en el medio ambiente, en el patrimonio cultural y en la economía de todos los destinos turísticos. Aunque a veces se relaciona con el turismo de naturaleza, es importante remarcar que todos podemos ser Turistas Responsables y desarrollar Buenas Prácticas de Turismo Sostenible en todos los destinos que elijamos para nuestras vacaciones. 

Parques de atracciones o parques naturales, playas o montañas, pequeños pueblos o grandes ciudades, en todos los destinos podemos ser turistas responsables y dejar una huella positiva. No es necesario cambiar nuestras preferencias vacacionales para planificar un viaje sostenible, sólo hay que tener en cuenta los tres pilares de la sostenibilidad: cuidado del medio ambiente, protección de la cultura, fortalecimiento de la economía.

Qué son las Buenas Prácticas y cómo se vinculan con los ODS 

Desarrollar un Turismo Sostenible, además, contribuye a las metas de la Agenda 2030 para un mundo mejor. Si bien todos los ODS atraviesan el Turismo, los ODS 8,12 y 14 hacen referencia a un Turismo Sostenible que cuide el medioambiente, promueva los productos locales y cree puestos de trabajo. Las Buenas Prácticas del Turismo Responsable son las que hacen posible el éxito de esos ODS.

Las Buenas Prácticas son acciones concretas y sencillas que podemos realizar para disfrutar de nuestras vacaciones y dejar un buen legado en el destino anfitrión. Por ejemplo:

  • ODS 8 TRABAJO DECENTE Y CRECIMIENTO ECONÓMICO, podemos contratar guías locales, comprar en mercados regionales y disfrutar de la gastronomía tradicional en restaurantes familiares de mi destino.
  • ODS 12 PRODUCCIÓN Y CONSUMO RESPONSABLE, refieren al adecuado aprovechamiento de los alimentos en los alojamientos, al consumo de productos locales y la gastronomía tradicional
  • ODS 14 VIDA SUBMARINA, podemos cuidar la limpieza de las playas. 

Planteado de esta manera, el Turismo Sostenible es Rentable y Resiliente

Por qué es Rentable el Turismo Sostenible

Entendida como la capacidad de producir un beneficio económico adicional (2009 enciclopedia de la economía), la rentabilidad puede tenerse en cuenta como un valor importante en el desarrollo sostenible del turismo.

Ser sostenible es ser rentable. Desarrollar un Turismo Sostenible que promueva los productos locales es rentable. Una gestión sostenible del turismo fortalece la rentabilidad porque procura dejar un buen legado en el entorno cultural y natural.

Ser sostenible es ser rentable porque efectiviza el uso de los recursos. Orientar nuestro viaje hacia la sostenibilidad ahorra recursos porque consumimos de forma responsable, evitamos el desperdicio y valoramos los productos que se adquieren. Consumir de forma responsable en nuestros viajes es comprar souvenirs en mercados locales, es evitar el desperdicio de alimentos, es cuidar el agua de la ducha y electricidad del alojamiento, es evitar el uso desmedido de gasolina optando por caminatas para reducir la huella de carbono, etc.

Ser sostenible es ser rentable porque crea puestos de trabajo. Cuando planificamos un viaje sostenible tenemos en cuenta el trabajo del anfitrión, procuramos comprar en mercados locales, disfrutar de la gastronomía local en restaurantes familiares o contratamos guías locales. Ese consumo responsable fortalece la economía del destino anfitrión y la del turista responsable. 

Ser sostenible es ser rentable porque atrae y fideliza clientes. Incorporar herramientas sostenibles y orientar productos y servicios hacia la sostenibilidad es clave para los actores del sector que quieran aumentar sus ventas. 

Ser sostenible es ser rentable porque el crecimiento es sostenido y sostenible. El aumento de la rentabilidad es significativo, dejando un buen legado para el planeta y a su gente.

Por qué es Resiliente el Turismo Sostenible

Aún no se ha consensuado una definición de Resiliencia, pero, en turismo, podemos pensarla como la capacidad que tiene el turismo sostenible para mitigar el impacto de la crisis por la pandemia, y acelerar el proceso de recuperación. Hoy es innegable que la gestión sostenible del turismo es la única opción posible para recuperar y fortalecer el sector. Y como la resiliencia es una capacidad o habilidad, es necesario pensarla como un proceso, y esa es una buena noticia: todos podemos desarrollar un turismo sostenible comenzando por pequeñas acciones, cada acción cuenta y se suman a las iniciativas globales de acción por los ODS.

El Turismo Sostenible es Responsable, Rentable y Resiliente. Y allana el camino hacia la consecución con éxito de la Agenda 2030 para un mundo mejor. ¡Están todos invitados!

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