Monedas locales y bancos de tiempo como dinamizadores del turismo comunitario

En el Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano partipa Matías Escudero, consultor en turismo, y fundador de TURIMETRÍA para compartir varias de sus experiencias en escenarios de conflictos sociales, turismo para la paz y turismo de proximidad. Hoy nos comparte este artículo en colaboración con Julio Gisbert Quero.


La circulación económica local promueve el incremento de bienestar hacia el interior de los territorios y, por medio del consumo, se transforma en valor de pertenencia, reencuentro y arraigo del medio que habita. Cuando nos referimos a monedas locales, hacemos referencia a la posibilidad de que colectivos y comunidades puedan generar sus propios mecanismos de intercambio comercial, aparte de los mecanismos tradicionales de intercambio basados únicamente en el dinero de curso legal de cada país, bien por ausencia de éste o bien como complemento del mismo. De esta manera, se pueden activar ciertos recursos que por lo general quedan ociosos, sin utilizar o sin considerar de valor por parte de la denominada economía de mercado.

Hay miles de ejemplos de monedas locales por todo el mundo, algunas de ellas amparadas y reguladas por gobiernos locales, nacionales e incluso transnacionales. Otras son de carácter local, más alternativas y promovidas desde pequeñas comunidades y colectivos. En general, todas ellas con la característica de contrarrestar uno de los graves problemas que tiene el dinero de curso legal por sus propias características, que es su escasez y su desigual distribución.

Los bancos de tiempo, creados hace ya más de 30 años en Estados Unidos y Japón, valoran sobre todo lo que llamamos economía de cuidados, primando el intercambio de conocimientos y servicios entre las personas y usando una moneda muy peculiar llamada tiempo, constituyendo actualmente la red más extendida de moneda local por todo el planeta.

Moneda social implementada por la comunidad El Retorno, Guaviare, Colombia

Ejemplos de intercambio en comunidades locales

Hay diferentes formas de crear moneda local y en este caso nos vamos a ceñir a la que nosotros consideramos más social de todas ellas: las denominadas monedas de crédito mutuo. Estas se generan a partir de la contabilización de los intercambios de productos, conocimientos y servicios que se realiza entre las personas implicadas; de la misma manera en que funcionan los bancos de tiempo, favoreciendo una herramienta tan efectiva como puede ser el dinero de curso legal en cuanto a su función de medio de pago o de cambio.

Veamos un ejemplo. Si Pedro le compra a María por el valor de $5 y Pedro contabiliza en su cuenta un crédito en su contra de $-5 y María da un crédito a su favor de $5, realizándose el intercambio, sin necesidad que María tenga que trocar por otro producto o servicio con Pedro. Es ese crédito a favor de María lo que le permite poder pagar a Pedro por otro servicio utilizando la misma contabilización. De esta manera, el sistema empieza a moverse a partir de la contabilización positiva o negativa de esas transacciones, usando una denominación a ese valor que hace de moneda y que en ocasiones recibe el nombre local que corresponda y elija la comunidad  – generalmente con un carácter identitario – y una paridad respecto a la moneda de curso legal nacional que permita poder valorar, conforme mercado, los productos o servicios intercambiados.

En el caso del banco de tiempo, corresponderá a las horas que se utilicen para realizar la transacción lo que se pague o cobre entre sus usuarios, en este caso generalmente servicios y conocimientos. Si bien, algunos bancos de tiempo intercambian ocasionalmente productos utilizando una eventual paridad entre tiempo y moneda nacional, pero sobre todo dando más valor a las transacciones inmateriales, es decir, a la cultura, la educación y la formación de las comunidades y los individuos.

Influenciados por la pandemia y de forma espontánea, están apareciendo en algunos países colectivos que utilizan redes sociales u otras plataformas digitales como p. e. Facebook para realizar trueques directos de complicada ejecución, sin valorar la eventualidad de poder implementar una moneda de crédito mutuo que favorezca enormemente no sólo las transacciones y los intercambios, también la economía local.

Implementación de las monedas locales

Es cierto que para su implementación se requiere de un equipo gestor que recurra a determinadas normas para el funcionamiento de la moneda y de un seguimiento y una dinamización de los intercambios. La cuestión es que muchas de estas comunidades están lo suficientemente bien organizadas como para poder implementar un sistema de crédito mutuo sin muchas dificultades, habiendo además por internet tanto ejemplos en otras partes del mundo o en el propio país, así como plataformas informáticas que facilitan  su acceso gratuito a herramientas de gestión en cuentas de usuarios con su propia plataforma de pagos, casi como si fueran modelos bancarios a la medida de su uso.

Respecto a la oportunidad de las criptomonedas como otra eventual herramienta de intercambio para comunidades y personas, por el momento requiere de un fortalecimiento del acceso a las telecomunicaciones, ya que para el caso de latinoamérica todavía existe un alto porcentaje de población que carece de  acceso a las redes de comunicación y los dispositivos tecnológicos adecuados para su aprovechamiento; todo esto a la par de necesidades legales que deberían considerarse en la agenda de todo gobierno, y aún luego de los múltiples efectos económicos del COVID-19 sigue siendo un pendiente en la mayoría de los países.

Somos conscientes de la desinformación que existe sobre las monedas locales. Sin embargo, están apareciendo diversas iniciativas locales que se están atreviendo, a partir de la experiencia, a actuar como eventuales consultores para la creación de otras monedas en diferentes países, con encuentros internacionales y nacionales, así como la aparición tanto de asociaciones nacionales y transnacionales de apoyo y promoción de monedas locales y de de bancos de tiempo.

Algunos ejemplos son la Asociación Iberoamericana de Bancos de tiempo y los más de 200 bancos de tiempo que existen actualmente en países de habla hispana y portuguesa. Así como la iniciativa que se presentará en el “Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano” el próximo 9 de octubre a las 09.30hrs – hora México – , abordando un estudio de caso sobre la implementación de bancos de tiempo en experiencias de turismo comunitario, convirtiendo el recinto turístico en una escuela de conocimiento y de inserción laboral a partir de la economía y las tradiciones locales.

Un análisi de intercambio en el sector turístico

En cuanto al turismo, la circulación económica históricamente generada por el turismo, de importancia para el comercio internacional, hizo que en 1963 diversos organismos internacionales, entre los que se encontraba las Naciones Unidas, convocaran a una Conferencia Internacional sobre Viajes y Turismos en Roma, donde se comienza a reconocer a esta industria como un “medio sano de intercambio cultural entre pueblos”.

En nuestra actualidad digitalizada, el “intercambio cultural” al que denominamos turismo pueda significar un sin fin de alternativas en cuanto a la forma de relacionarse e intercambiarse como estrategia de pagos; y que en ocasiones por falta de efectivo puede intercambiarse por algún tipo de servicios manuales, creativos, didácticos o como personal voluntario de la empresa prestadora de servicios turísticos.

Por otra parte, esta dinámica también puede observarse al interior del destino, como es el caso particular de análisis como ejemplo que intenta servir como reflexión acerca de la implementación de un modelo de relacionamiento local  en el marco de una serie de talleres dictados en el año 2018 sobre la sostenibilidad turística del territorio. Estos talleres estaban dirigidos a pobladores del municipio de El Retorno, Guaviare (Colombia), quienes en la actualidad se encuentran constituidos como Asociación Agroecoturística de El Retorno Guaviare – AGROECOTURG -.

La experiencia inició observando ejemplos acerca de mercados similares ya  implementados en otras partes del mundo – como fué el caso de la moneda local Puma en el barrio del Pumarejo en Sevilla, España – a fin de incentivar la reflexión acerca de los productos y servicios de la canasta básica cotidiana que podrían ser provistos por la propia comunidad, y que potencialmente pueden convertirse en una alternativa de abastecimiento disponible, inmediata y en apoyo al valor regional.

Sirviendo como resultado a un sistema de moneda denominado Retornos, se distribuyeron chequeras con un monto de 50 Retornos cada una, lo cual facilitó la rotación de productos y cuantías en forma de Retornos. Esta actividad puso en evidencia las habilidades de cada participante para corresponder a las solicitudes de los oferentes reales en el mercado local.

Si bien esta acción cumplió de forma efectiva con la premisa de intercambio de alimentos, artesanías y otros bienes de consumo, no tuvo continuidad una vez finalizada la transferencia de conocimientos. Sin embargo este tipo de herramientas se encuentran cada vez más disponibles y en capacidad de servir como alternativa de reactivación ante la escasez de circulación local.

Ejemplo de ello, algunos pobladores de El Retorno comentaron que este método les recordaba a un antiguo sistema de pagos denominado “Libretas”, que utilizaban para contabilizar los créditos de las primeras poblaciones de colonos asentadas a orillas de Caño Grande a finales de la década de los sesenta, quienes con una limitada renta llegaron a la región en busca de progreso, adquirir algunas hectáreas de tierra y acceder a una mejor calidad de vida.

Puede inferirse por lo anterior que estas experiencias de moneda local podrían tener una vida corta en el tiempo para resolver determinadas cuestiones puntuales, si bien hay muchas iniciativas de similares características que no sólo implican al denominado turismo comunitario, sino que afectan también, de manera duradera y enriquecedora, a otros aspectos del quehacer de  comunidades por todo el mundo como la educación, la salud, el empleo y un modo de vida colaborativo y respetuoso con el medioambiente.

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Turismo Comunitario, su complejidad y aporte al Buen Vivir

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano; Enrique Cabanilla participará como ponente. En este artículo nos presenta un resumen del trabajo de la tesis doctoral: Configuración Socio-Espacial del Turismo Comunitario. Caso Ecuador. Universidad Nacional de Sur. Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina.


En la Declaración de Manila sobre el Turismo Mundial en 1980 y la Carta del Turismo y Código del Turista de 1985, el turismo comunitario ganó un espacio en las políticas de desarrollo de varios países a nivel mundial. En este periplo, los avances han sido muy importantes y significativos. Arrancar desde cero fue un reto muy duro para las comunidades, que deseaban ser protagonistas de su futuro y dejar de ser consideradas como objetos de contemplación.

En la actualidad, siguen habiendo aspectos a debatir para ayudar a la implantación del turismo comunitario. En primer lugar, destacar la relación de este modelo de gestión con el amplio concepto del buen vivir, reforzando la inclusión y la solidaridad. En segundo lugar, contextualizar la complejidad del desarrollo territorial a través del turismo comunitario, destacando las diferentes aristas que le dan forma y, finalmente, los avances de una investigación que se ha enfocado en determinar la trascendencia de parámetros cuali-cuantitativos del buen vivir, obtenidos a través del turismo comunitario, enriqueciendo el debate social, político y académico.

El Buen Vivir y el Turismo comunitario

Para el caso de Ecuador, la Constitución aprobada en 2008, remarca la firme decisión de construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, como un principio que se refiere a la vida en sí, al país como un todo en armonía plena, en un espacio que fortalece lo relacional, complementario, correspondiente y recíproco.

Esta norma obliga a asumir un gran compromiso, más aún, en sectores estratégicos del cambio de la matriz productiva, entre los cuales destaca el turismo comunitario, mencionado como una actividad prioritaria en el Plan Nacional Estratégico del Buen Vivir. Exige, al Estado, el redefinir el marco político e institucional en lo referente al turismo comunitario, considerando que es una oportunidad única para desarrollar un modelo de gestión que ha sido planteado desde el bien común.

Para perfeccionar la concordancia con el turismo comunitario, el turismo mundial debe asumir su responsabilidad sobre el desarrollo de este modelo alternativo de gestión. El turismo, al declarar permanentemente sus bondades económicas y de generación de empleo, parece no considerar que el turismo comunitario está siendo muy cuestionado, por varios agentes endógenos y exógenos, debido principalmente a la escasa información sobre los resultados obtenidos. Por lo tanto, hay que desprenderse de premisas basadas exclusivamente en macro-estadísticas, las cuales marcan rumbos exitosos para cualquier caso y tomar en cuenta otros resultados, como los del turismo comunitario, para formular tendencias que incluyan la realidad de todos sus subsistemas. No se puede conocer el todo sin conocer sus partes y hay que visibilizar la problemática por la que atraviesan cientos de proyectos comunitarios que no han logrado cumplir con las metas propuestas.

La complejidad del desarrollo territorial en relación a la estrategia turística

Si nos desprendemos de lo meramente lineal, se podrá planificar un desarrollo territorial de forma cíclica, migrando de lo exclusivamente turístico, hacia el reto de construir el bien común en las comunidades receptoras. Este reenfoque generará cambios inminentes dentro de factores como la calidad del producto turístico ofertado, ya que, desde la nueva mirada, esta será resultado incuestionable del bienestar holístico de las comunidades locales. Este cambio impone que, para implantar un emprendimiento, el territorio debe contar con una infraestructura de soporte suficiente y eficaz, previo a la operación turística.

Es indispensable reconocer que el turismo comunitario está en constante construcción y auto- regeneración. Por un lado, es materia prima para la definición de estrategias de desarrollo y, por otro, es la propuesta de un turismo diferenciado. Si bien es importante desarrollar acciones para mejorar su operatividad turística, es también imperativo conocer y divulgar los resultados de esta gestión.

El turismo comunitario se ha demostrado como un puente de encuentro, entre la sostenibilidad y el desarrollo local, entre la cultura y la naturaleza, entre los sueños y la resiliencia. Está en el centro mismo de la filosofía andina, donde confluyen los pares dialécticos y donde se construye permanentemente un bucle de desarrollo, a partir de la confrontación de la crisis e incertidumbre. Por ello es una herramienta que ayuda a desatar nudos críticos en la construcción del buen vivir, gracias a la socialización de sus resultados como un aporte a la gestión de la planificación territorial.

Definición de los indicadores sociales del buen vivir

Son tres los ejes que configuran socio-espacialmente al turismo comunitario: territorio, historicidad y acción colectiva. A partir de estos, se ha trabajado en indicadores sociales que permitan cualificar y cuantificar el aporte del turismo comunitario al buen vivir. Como resultado se establecieron y afinaron 21 indicadores, utilizando la metodología Delphi, con aportes de 79 gestores locales, líderes comunitarios, investigadores, responsables de gestión pública, técnicos de campo, entre otras personas, involucradas directamente con el desarrollo del turismo comunitario.

A los expertos consultados se les solicitó su criterio sobre la capacidad del turismo comunitario para construir resultados óptimos en los 21 indicadores. De sus respuestas y, luego, de realizar una clasificación en base a la desviación estándar, se agruparon los indicadores en tres rangos equidistantes, de mayor a menor correlación entre turismo comunitario y buen vivir.

El próximo paso en la investigación, será entrevistar a los comuneros, respecto a su bienestar, utilizando preguntas alineadas a los 21 indicadores sociales, e inmediatamente preguntarles, cuál es la percepción que tienen, sobre cómo el turismo comunitario incide en la generación del suma kawsay. En un avance de este estudio, se preguntó, de manera global, a 90 emprendimientos de turismo comunitario en Ecuador, su grado de satisfacción sobre el aporte del turismo a su comunidad, con un rango de 1 a 10, obteniendo una media en un nivel ligeramente positivo de 6,57.

Por un turismo más solidario, incluyente y equitativo

Evidentemente estamos ante una oportunidad de crear un mundo mejor a través del turismo, por lo cual saludo a todas aquellas personas que trabajan por un turismo más solidario, incluyente y equitativo. Un turismo que busca el bien común, que contribuye a hacer realidad el buen vivir tanto en las comunidades receptoras, como en los visitantes que se nutren de estas experiencias. Un modelo de gestión de la comunidad, que reivindica la auto-superación y afirma la capacidad de resiliencia. Un modelo que necesita de apoyo y trabajo en conjunto con técnicos, investigadores, empresas, fundaciones y programas que se sumen al sueño de un desarrollo digno.

Finalizo parafraseando al presidente José Mujica, quien dijo que: “La política no es un pasatiempo, no es una profesión para vivir de ella, es una pasión con el sueño de intentar construir un futuro social mejor.”

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Latinoamérica y el Turismo Comunitario como herramienta de paz

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano partipará Matías Escudero, consultor en turismo, y fundador de TURIMETRÍA para compartir varias de sus experiencias en escenarios de conflictos sociales, turismo para la paz y turismo de proximidad.


En Latinoamérica existen distintas regiones que por décadas han enfrentado múltiples formas de violencia; contextos en los que la débil presencia institucional, la llegada y fortalecimiento de economías ilegales, los problemas estructurales de carácter social, económico y político, y las características geográficas que derivan en un difícil acceso en materia de conectividad, han promovido dinámicas de desigualdad social, desplazamientos forzados e innumerables víctimas que en la actualidad habitan en escenarios rurales.

Pese a ello, sus comunidades han hecho un esfuerzo por coexistir y convivir con las violencias, creando escenarios de continuidad que se anclan a economías alternativas al conflicto, incluyendo actividades agropecuarias y apuestas emergentes de turismo en entornos rurales.

En este escenario, el turismo rural comunitario se constituye como una alternativa para construir relaciones de comunidad, sana convivencia y diálogo social, donde la participación de los diferentes sectores, la articulación de intereses y la prevalencia de la empatía, son ejes dinamizadores de una economía solidaria que gira en torno al disfrute de los destinos y la capacidad de visibilizar la memoria histórica de los lugares a través sus visitantes.  De esta manera, las comunidades han insistido en la importancia de la no repetición, como elemento fundamental para lograr una paz sostenible en los territorios, en plena garantía de sus derechos y la posibilidad de mostrar al mundo la potencialidad de destinos únicos.

Por este motivo, desde el panel Turismo Comunitario como herramienta para la Paz”se abordará un ejemplo en Latinoamérica: la experiencia colombiana a través de dos casos de turismo comunitario comprometidos con el desarrollo sostenible y colaborativo, en contextos donde la violencia ha sido un elemento de vivencia cotidiana. Así mismo, contaremos con la participación del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de la Dirección de Calidad y Desarrollo Sostenible, quienes trabajan el tema desde la política pública, en una apuesta para posicionar a destinos en los que el acuerdo de paz ha favorecido su desarrollo.

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Turismo Comunitario, intercambios genuinos y buenas prácticas en Argentina

Comunidad Amaicha del Valle – Tucumán

Que el turismo se plantee como dinamizador de las economías, ha sido la retórica sostenida por la industria durante muchas décadas. El crecimiento sostenido de la actividad en los últimos años, -previos a la pandemia- ha dado cuenta de este fenómeno. La OMT señaló para 2019 el arribo de más de 1.400 millones de turistas internacionales en el mundo, cifra que representa más del 10% de aporte a la economía global generando el aumento de divisas, ingresos y empleos en todas las regiones involucradas con la actividad. Estos datos son en sí mismos muy positivos y alentadores, especialmente para las economías en vías de desarrollo o de países emergentes.

Sin embargo, el avance del sector también ha evidenciado la contracara de este impulso, especialmente cuando el turismo se expande sin una adecuada planificación. Este es el caso de destinos sobreexplotados ambiental y socialmente que terminan perdiendo la mística y el atractivo que les dio origen a partir de los impactos ocasionados. En estos casos se beneficia a unos pocos dentro del sector, en detrimento de un crecimiento sostenido y a largo plazo de la actividad.

En este sentido, la creciente valoración de los entornos naturales y de los intercambios genuinos de experiencias de vida que una demanda más consciente ha comenzado a reclamar, han potenciado en los últimos años el surgimiento de nuevos modelos alternativos al sistema convencional de oferta y demanda de servicios, en el que se privilegia la experiencia de los visitantes por sobre el consumo de los atractivos. El turismo comunitario se plantea como una de estas posibilidades.

Ejemplos de turismo comunitario en Argentina

En Argentina existe una variada oferta de turismo comunitario en distintas regiones del país. Su diversidad de climas, geografías y etnias que poblaron la América precolombina y que mantuvieron en sus descendientes una diversidad de formas culturales, ha permitido que estos emprendimientos se desarrollen a lo largo y ancho del país con diferentes resultados. Pero en todos los casos, ofreciendo productos respetuosos con el entorno natural y cultural que los caracteriza.

En las cercanías de las Cataratas de Iguazú, en la provincia de Misiones, la Aldea Yasy Porá de la etnia Mbyá-guaraní se plantea como un caso. Organizados comunitariamente los miembros se reparten las tareas para recepcionar a los visitantes.  Caminatas interpretativas por senderos selváticos, artesanías en madera y fibra vegetal, degustación de comidas tradicionales y noche de conexión espiritual, son alguna de las alternativas.  Santiago Martínez -referente y guía de la comunidad- invita a compartir con su gente estas experiencias y destaca especialmente los cánticos corales y cánticos individuales “melodías que los conectan con la energía, con la atmósfera del universo”- y que les permite mantener esta concepción del “buen vivir” o “vida buena” que define su cosmovisión pacífica frente a los desafíos que la vida les presenta.

En la provincia de Tucumán, en el noroeste argentino, la comunidad de Amaicha del Valle ofrece una oferta muy variada. La visita a la “Ciudad Sagrada de los Quilmes” y a su centro de interpretación es sin dudas el sitio más emblemático. Una bodega comunitaria que forma parte de la ruta del vino de la provincia, la ruta del artesano y paseos en 4×4, son algunas de las otras alternativas.  También la posibilidad de pernoctar en la posada boutique, en las cabañas, en el hostel, en el camping o incluso en una casa de familia abierta al turismo. En todos los casos se brinda una experiencia de vida en contacto directo con la cosmovisión que los sostiene y alimenta espiritualmente.  Sebastián Pastrana, referente y “chasqui” -mensajero- de la comunidad, se dedica a la actividad desde hace varios años y se entusiasma ante la idea de que “los jóvenes nativos estén aprendiendo todo lo necesario para continuar con el proyecto que la comunidad alberga”.

Comunidad Amaicha del Valle – Tucumán

En tanto, a 30 km de San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro (Patagonia Argentina), la comunidad mapuche lof wiritray, ofrece como alternativa un área de acampe para los amantes de la vida en la naturaleza. “Un Turismo rural con identidad, de bajo impacto”, señala Clarissa Montenegro una de las referentes y administradoras del área.  Rodeados de flora y fauna autóctona, la interpretación del canto de los pájaros es una de las experiencias que comparten con los visitantes. Caminatas por senderos boscosos, pesca, cabalgatas y también algunas comidas como el curanto o “el café orgánico elaborado con estribo tostado molido, tal como lo hacían las abuelas”.  Al respecto, Roberto Vélez miembro de la comunidad y guardaparque en el sector Tronador del Parque Nacional Nahuel Huapi, señala que la oferta de su comunidad se diferencia de las convencionales porque al no tener una visión invasiva de la naturaleza, ofrecen un turismo de base comunitaria “de la gente para la gente” y eso determina que no se sientan como un prestador de turismo más.

Un turismo que minimiza la huella humana

El Turismo Comunitario se plantea como una apuesta a un modelo de desarrollo sostenible. Requiere de un esfuerzo continuado y una fuerte convicción por parte de sus prestadores comuneros, porque a pesar de todas las limitaciones que sus proyectos enfrentan, les permite dinamizar sus economías comunitarias y les brinda una oportunidad para reivindicar su cosmología de vida.

Servicios de bajo impacto, respeto por el entorno natural, experiencias de vida gratificantes que minimizan las huellas humanas, son la oferta que estas comunidades procuran. Éstas son recibidas cada vez con más entusiasmo por los viajeros que los eligen. Aquellos que están en la búsqueda de un equilibrio que de sentido a los tantos desordenes con los que la vida moderna nos interpela.

El turismo de base comunitaria, se presenta como una oportunidad única para conectar con lo primigenio y esencial, buenas prácticas que ofrecen la posibilidad de vivenciar una nueva experiencia turística, ¿estaremos listos para disfrutarla?

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Islas Galápagos: un equilibrio único entre el ser humano y la naturaleza

Las Islas Galápagos han sido un ícono de conservación y han aplicado mecanismos y herramientas de manejo vanguardistas a nivel mundial. La prioridad de todas las instituciones que acá actúan, es preservar este sitio de la manera más natural posible y permitir que el desarrollo se realice bajo el paraguas de la sostenibilidad. El turismo en las islas Galápagos está bajo el enfoque de “Modelo de Ecoturismo” y en 2019, fueron reconocidos como el destino más sostenible de América por “Top 100 Destinos Sostenibles”. En este artículo contamos cómo lo han hecho y su historia de éxito.

Reserva de la Biosfera

Las islas Galápagos son Reserva de Biosfera declarada por la UNESCO en 1984. Actualmente, más del 98% de su territorio terrestre está bajo un estado de conservación. Este hecho ha sido tal vez lo que más ha definido el camino de sostenibilidad de las islas Galápagos.

Las Reservas de Biosfera son zonas de ecosistemas terrestres, marinos y/o costeros, donde se promueven soluciones para conciliar la conservación de la biodiversidad con su uso sostenible. Y son reconocidas como tales en un plano internacional en el marco delPrograma sobre el Hombre y la Biosfera de la UNESCO (Programa MaB). 

Las reservas de biosfera son «lugares de aprendizaje para el desarrollo sostenible». Son sitios para probar enfoques interdisciplinarios para comprender y gestionar los cambios y las interacciones entre los sistemas sociales y ecológicos, incluida la prevención de conflictos y la gestión de la biodiversidad. Son lugares que brindan soluciones locales a los desafíos globales (UNESCO). Es por eso que deben cumplir tres funciones de manera integrada:

  • Conservación de la biodiversidad y la diversidad cultural.
  • Desarrollo económico socio-cultural y ambientalmente sostenible.
  • Apoyo logístico a la investigación, la educación ambiental y la formación.

El archipiélago de Galápagos ha sido descrito como uno de los lugares más únicos, científicamente importante y biológicamente sobresaliente de la tierra (UNESCO, 2001). No por nada muchos viajeros describen su estadía en la isla como una experiencia transformadora que les cambió la vida.

La preservación como protagonista

Fragata Pecho Rojo

Com se ha comentado, la reserva de la biósfera Archipiélago de Colón – Galápagos fue creada en 1984. El gobierno Ecuatoriano aceptó su nominación y creación pensando en el desarrollo de la comunidad local dentro de la provincia de Galápagos. De hecho, se han establecido mecanismos y herramientas de manejo que son vanguardistas a nivel latinoamericano y del mundo. 

Las Islas Galápagos han sido un ícono de evolución y conservación desde que Charles Darwin llegó al archipiélago en 1835. La prioridad para las diferentes instituciones que acá actúan, es preservar este sitio de la manera más natural posible y permitir que el desarrollo se realice bajo el paraguas de la sostenibilidad. 

El turismo en las islas Galápagos está bajo el enfoque de “Modelo de Ecoturismo”, esto significa que todas las actividades turísticas deben asegurar:

  • Maximización de la participación local y distribución equitativa de beneficios.
  • Conservación de recursos naturales
  • Responsabilidad compartida entre las partes interesadas

El 99,8% de toda la provincia de Galápagos es zona núcleo. Y el 0,2% de la provincia de Galápagos corresponde a las zonas urbanas y rurales donde se desarrollan las comunidades locales.

La isla central del archipiélago es la Isla de Santa Cruz, que alberga la ciudad más poblada de Galápagos llamada Puerto Ayora. Es el núcleo turístico del archipiélago y acá se encuentra la estación científica Charles Darwin, donde se monitorean e investigan especies únicas del Parque Nacional Galápagos para su conservación. Además, tienen un programa de cría de las tortugas gigantes en peligro de extinción

Isla Plaza Sur, Galápagos. Fuente: http://www.galapagos.org/

La isla de Santa Cruz ha sido líder en las islas en procesos como reciclaje, educación ambiental y programas de turismo sostenible a través de mejores prácticas.

La visión de las Islas Galápagos se adaptó y reforzó en 2015 con el Plan de Desarrollo Sostenible y Uso de la Tierra de Galápagos

Pero el sentido de conservación entre la población que habita Galápagos es algo que ha existido siempre. Danny Rueda -Director del Parque Nacional Galápagos y oriundo de las islas Galápagos- comenta“Hay un sentido de pertenencia que creo que la mayoría de nosotros tenemos en Galápagos, que es tener esta relación con el ámbito natural y la conservación de Galápagos. Y sabíamos que teníamos que trabajar en algún momento conservando lo que nuestros papás y abuelos ya hicieron en su momento”.

Este destino participó en los Premios “Top 100 Destinos Sostenibles 2019” en la feria ITB Berlín. Presentaron su historia de turismo sustentable y ganaron el 1er lugar de la categoría “Best of Americas”.

Historia de éxito de turismo sustentable

Iguana Marina

¿Cómo lo han hecho? A continuación presentamos un extracto de su historia de éxito, presentada para Top 100 Destinos Sostenibles, donde cuentan su visión, modelo de ecoturismo, plan sustentable y estructura de gestión.

El destino de las Islas Galápagos consiste en: la Provincia de Galápagos y los Municipios e Islas dentro de la Provincia, incluyendo Santa Cruz, Isabela, San Cristóbal y Floreana; el Parque Nacional Galápagos; y la Reserva Marina de Galápagos.

Visión del destino de Galápagos

Como se establece en el nuevo Modelo de Ecoturismo adoptado el año  2011, la visión del destino es: “Galápagos, Patrimonio de la Humanidad, es el destino ecoturístico más importante del mundo gracias a un modelo de desarrollo turístico sostenible, la garantía de la conservación del medio ambiente, la plena satisfacción del visitante y el Buen Vivir de la comunidad»

Coordinación de Sostenibilidad y Plan de Turismo de Galápagos

Algo clave en la historia de éxito de Galápagos ha sido la coordinación de distintos organismos y la planificación bajo políticas y normas para asegurar el objetivo de que todo el turismo se desarrolle de manera sostenible.

La Junta de Galápagos (Pleno del Consejo de Gobierno de Galápagos) es la encargada de generar el Plan Sustentable de Galápagos y las políticas para cumplirlo. En relación con las actividades turísticas, la Junta de Turismo de Galápagos (Comité Provincial de Turismo) es una junta de múltiples partes interesadas que trabaja hacia la sostenibilidad en el turismo, como se indica en la Norma de la Ley Especial de Galápagos. Esta norma establece que todo el turismo en la provincia debe estar dentro del concepto de sostenibilidad

 Piquero de Patas azules

Desde 2010 se estableció un nuevo Modelo de Ecoturismo, el cual tiene 4 componentes: 

a) El Observatorio de Turismo de Galápagos (TOG). 

b) El fortalecimiento de la gobernanza.

c) La reingeniería del destino. 

d) El posicionamiento en el mercado.

Además, como herramienta de planificación, el destino cuenta con un Plan de Desarrollo Sostenible y Ordenamiento Territorial 2015-2020 para asegurar la conservación del Archipiélago. El actual Plan de Turismo de Galápagos se encuentra bajo el Plan Galápagos y se está actualizando. 

El Plan Galápagos se ha construido con base participativa. Todas las actividades turísticas de Galápagos están bajo el SIMAVIS (Sistema de Manejo de Visitantes), que es estrictamente aplicado por el Parque Nacional y monitoreado por el Parque y el Observatorio de Turismo. 

El Plan de Turismo de Galápagos depende del financiamiento de las tarifas de entrada de los visitantes, de los cuales se recaudan aproximadamente US $ 14 millones cada año. Este mecanismo permite la viabilidad financiera y la financiación del plan de acción. 

El Observatorio de Turismo de Galápagos (TOG) y el Parque Nacional Galápagos están a cargo de monitorear turismo y sostenibilidad en las Islas Galápagos. Los indicadores de consumo de agua y energía, gestión de residuos y desarrollo urbano se mantienen a nivel municipal, y cada municipio cuenta con un plan de sostenibilidad.

El TOG es una herramienta técnica diseñada para generar información turística que se utilizará en la planificación y gestión del turismo tanto a nivel local como regional.

Estructura de gestión

Tortuga gigante Isla Santa Cruz. Fuente: www.galapagos.org
  • Integración de la sostenibilidad en la estructura de gestión del destino: 

A la fecha, Galápagos cuenta con un marco legal específico para las islas donde en los primeros artículos se establece que el desarrollo sostenible es el único marco para todo tipo de actividades en las islas. El «Plan Galápagos», que es el principal documento de planificación de las islas, se enmarca dentro de la Ley Especial de Galápagos, estableciendo el desarrollo sostenible como un aspecto fundamental de todas las actividades. También el 97% del territorio de Galápagos se encuentra bajo el Plan de Manejo del Parque Nacional, que asigna el desarrollo sustentable, como única forma de desarrollo en áreas donde se permiten usos públicos u otros diferentes a la conservación.

  • Departamentos involucrados en la sustentabilidad:

A nivel municipal, cada comarca cuenta con un departamento de sustentabilidad para la planificación y ejecución de acciones. 

A nivel provincial, el Parque Nacional Galápagos es la institución gubernamental ecuatoriana responsable de la administración y manejo de las áreas protegidas de Galápagos. 

Y el Consejo de Gobierno de Galápagos es la institución gubernamental ecuatoriana responsable de la planificación y la administración de la provincia. 

El Parque Nacional Galápagos cuenta con un Departamento de Uso Público que se encarga del manejo del turismo y el uso público dentro del área protegida, ambas instituciones están a cargo de cumplir con el Plan Galápagos y el Plan de Manejo del Parque Nacional.

  • Financiamiento: 

El gobierno ecuatoriano financia todas las instituciones ejecutivas en Galápagos. Además de esto, se cobra una tarifa de visitante a cada turista. La tarifa (USD $ 100 para visitantes extranjeros y USD $ 6 para locales), está designada: 50% para actividades del Parque Nacional, 25% para Actividades del Concejo del gobierno (bajo el Plan Galápagos) y 25% a Municipios (este financiamiento no se restringe al desarrollo sustentable).

Participación de las partes interesadas

La Junta de Galápagos (Pleno del Consejo de Gobierno), está destinada a trabajar como un multi-partícipe donde los actores privados pueden participar a través de la Cámara de Turismo o como individuos. El sector privado ha contribuido a la sostenibilidad del destino al ser parte de una Campaña de Buenas Prácticas de Ecoturismo en estrecha colaboración con el Ministerio de Turismo, las Municipalidades y el Parque Nacional Galápagos. 

Las Mejores Prácticas incluyen: proponer ahorro de energía, consumo local, gestión del agua y reducción de residuos plásticos en hoteles, restaurantes y operadores turísticos. 

Desde 2016, este proceso se fortalece con la implementación de la Certificación Internacional TourCert, que se basa en un sistema de gestión empresarial sustentable para las operaciones turísticas. La Junta del Consejo de Gobierno de Galápagos, formada por varias instituciones (Consejo de Gobierno de Galápagos, Ministerio de Turismo, Parque, Oficina Nacional de Planeación, Municipios, Parroquias y Cámaras de Turismo) se reúne al menos cuatro veces al año para procesos de toma de decisiones que involucran aspectos relevantes para las islas.

Ampliación de la Reserva para incluir la superficie marina del archipiélago

León Marino en Puerto Ayora, Isla de Santa Cruz, Galápagos

Hasta el año 2019, la Reserva de Biósfera Galápagos cubría solo la zona terrestre del archipiélago con 772 mil hectáreas. Desde el año 2017, el programa MaB de la UNESCO a través de su proyecto BRESEP, apoya a Ecuador en la extensión de la reserva de biósfera para incluir la Reserva Marina de Galápagos, para lograr una gestión integral del territorio y un manejo compartido con la comunidad. 

Danny Rueda, Director del Parque Nacional Galápagos, señala la importancia de esta ampliación de la reserva: “La utilidad de tener a la Reserva Marina de Galápagos dentro de la Reserva de Biósfera, significa poder tener un esfuerzo aún mayor con las comunidades locales y sus usuarios (sector turístico y pesquero) para que ellos puedan integrarse en el área protegida Reserva Marina como zona núcleo de la reserva biósfera, pero pensando también en el desarrollo sustentable de las actividades que ellos realizan ahí”

La buena noticia es que en junio de 2019 la UNESCO aprobó la ampliación de la Reserva de Biósfera Galápagos a 14,6 millones de hectáreas, al incluir bajo esa denominación a la superficie marina del archipiélago ecuatoriano. 

Esto la convierte en una de las áreas marinas de importancia internacional más grandes del mundo. 

Danny Rueda señala tras la ampliación de la reserva“este es un logro para el país y para el mundo pues con el incremento de la reserva de biosfera como Ministerio de Ambiente impulsaremos y fortaleceremos mecanismos de conservación de los ecosistemas y diversidad biológica, desarrollo económico y humano sostenible de las poblaciones locales; y apoyo logístico a proyectos educativos e investigación sobre el ambiente”.

La designación reconoce que todos los servicios ambientales generados en la reserva de biosfera son prioritarios para satisfacer las necesidades de las comunidades locales. Los próximos pasos, serán la elaboración del plan de gestión y la creación de un comité de gestión de la Reserva de Biosfera, espacio que ofrece un papel protagónico a las autoridades de los gobiernos autónomos descentralizados y comunidades locales. Según se informa en un comunicado del Ministerio del Ambiente de Ecuador.

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