El papel de la artesanía en reivindicaciones sociales: el bordado en Chile

El bordado comenzó en Chile con las arpilleras. Lo hizo antes de los 70, pero sería en esa época cuando este tipo de bordado adquiriría mayor importancia y notoriedad debido, entre otras cosas, a una conocida cantautora chilena.

Violeta Parra se dedicaba a esta artesanía y ella fue una de las impulsoras de este movimiento a nivel mundial. Su labor, como la del resto de bordadoras, no solo era remarcable por el simple hecho de dedicarse a la misma sino sobre todo por hacerlo en un contexto de dictadura militar. En el mismo, se comienza a usar el bordado como medio de transmisión del contexto social que se vivía en esa época. Se plasmaban la represión y la destrucción de la dictadura con hilos.

Un movimiento liderado por mujeres

El movimiento se impulsa por las mujeres, ya que eran ellas quienes carecían de independencia económica, se dedicaban a las tareas del hogar y tenían que lidiar con la necesidad de alimentar a sus familias en un contexto donde sus maridos desaparecían. Es por esto, que las mujeres se lanzan a los hilos en talleres de arpilleras por dos motivos: uno, para generar ingresos; y dos, para tener un espacio seguro.

Fuente: Imagen de Museo de la Memoria y los Derechos Humanos

Las arpilleras se solían reunir para discutir colectivamente el tema de la obra. Aunque trabajaban juntas, cada una elaboraba su bordado de forma independiente y cada trozo contaba una historia. El bordado se posiciona entonces como un elemento de reivindicación de injusticias sociales y de encuentro social y colaborativo. Y desde entonces, no ha parado de serlo.

El bordado como un puente de denuncia social

Las injusticias sociales han continuado surgiendo a lo largo de los años y las arpilleras siempre han estado ahí para visibilizarlas con sus hilos. Uno de los hechos sociales más recientes a través del cual las bordadoras se movilizaron fue el de 2019. A finales del pasado año, hubo un alza en la tarifa del sistema público de transporte en Santiago. Los estudiantes comenzaron a manifestarse ya no solo por esto, sino también por un cúmulo de malestares sociales que ya precedían a la situación.

En este contexto, donde los Carabineros y otras fuerzas armadas ejercieron abusos sobre los Derechos Humanos de la población civil, surge un movimiento llamado «Borda sus ojos» protagonizado por las bordadoras. La iniciativa consistió en la creación colectiva de una tela gigante formada por una inmensa cantidad de ojos bordados. En cada trozo por el que estaba formado esta tela se bordaría un ojo como reivindicación social ante las víctimas de lesiones y mutilaciones oculares de ese estallido social.

Fuente: Radio JGM

En poco tiempo se reunieron obras tanto de Chile como de Brasil, Argentina e incluso EEUU. Esta gran tela, con más de 800 ojos bordados a mano desde diferentes partes del mundo, fue de nuevo tanto una forma de visibilizar una injusticia social como un espacio de unión colectivo.

Aunque son solo dos casos los nombrados, han habido muchos movimientos sociales en los que las bordadoras chilenas se han unido para apoyarse y para defender una situación injusta ante el mundo.

La artesanía del bordado se ha establecido en Chile como un elemento de cohesión social más allá del papel tradicional de representación de una costumbre local.

Encontrarás más información en hilo de Twitter “el papel del bordado en reivindicaciones sociales chilenas”.

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