Regenerar los modelos de negocio, clave para proyectar el futuro empresarial

Pocas personas podrán decir que abandonaremos este periodo de crisis igual que lo empezamos. A lo largo de estos meses, todas y cada una de las organizaciones de nuestro entorno han visto transformada su actividad. Tal y como corrobora nuestro informe “Observatorio de Capacidades Emergentes”, en el que documentamos más de 150 ejemplos de iniciativas empresariales y ciudadanas surgidas durante las primeras cuatro semanas del estado de alarma, nos hemos visto obligados a ser creativos: aprender a hacer cosas nuevas, reinventar nuestros espacios de trabajo, organizarnos de manera autónoma.

Si todo va bien, próximamente nos tocará reactivar la actividad empresarial, y tendremos que hacerlo en un escenario distinto e inaudito. La Covid-19 ha transformado las prioridades de la sociedad y, con ello, por supuesto, la demanda. Pero también ha reformulado la oferta. Por poner un ejemplo, el coste que destinamos al alquiler de oficinas, viajes de negocios y equipamiento informático es más sustituible entre sí que nunca y lo mismo ocurre con muchos otros elementos de nuestro día a día.

En esta nueva fase, surge la oportunidad de regenerar nuestros modelos de negocio. Liberar la energía que destinábamos a acciones que han demostrado ser inútiles y obsoletas para focalizarla en aquellas prácticas surgidas de la emergencia que nos pueden ayudar a rediseñar nuestro presente y a proyectar nuestro futuro.

Es cierto que no es una tarea fácil, pero hay fórmulas que pueden ayudarnos a conseguirlo. A través de la metodología Pentagrowth para el diseño de modelos de negocios disruptivos, hemos identificado cuatro ingredientes o “Quick Wins” que las empresas podrían implementar para rediseñar su modelo de negocio con el objetivo de ganar velocidad y resiliencia en la salida de la crisis: activar lo disponible, aligerar la cadena de valor, acelerar la transformación y fortalecer la resiliencia.

1. Activar lo disponible: A la vez que hemos dejado de hacer cosas que nos proporcionan nuevo tiempo y espacio, hemos descubierto recursos que hasta ahora permanecían ocultos. Analizar el papel que estos nuevos activos pueden ocupar dentro de una organización ayudará a diseñar acciones a corto plazo. Tenemos la oportunidad de recombinar y activar de manera diferente los procesos y productos para producir más valor: desde los datos, hasta los recursos materiales, pasando por las capacidades de los colaboradores, la función específica de la empresa dentro del sistema y el conocimiento de la entidad.

2. Aligerar la cadena de valor: La productividad ha aumentado de manera notable durante el tiempo en el que la red ha pasado a ser la infraestructura básica y la movilidad ha quedado relegada a algo excepcional. Los activos infrautilizados o disponibles en abierto se han multiplicado, y también lo han hecho los roles y las capacidades que han desarrollado los ciudadanos. En el entorno empresarial, tenemos la oportunidad de revisar de manera sistemática los procesos de producción y entrega de la oferta comercial para balancear el esfuerzo propio y el externo de manera que aligeremos la cadena de valor.

3. Acelerar la transformación: Lo hemos demostrado: las esferas institucional, empresarial y ciudadana pueden colaborar en armonía y con una velocidad asombrosa a la hora de resolver misiones críticas, y tenemos que trabajar para que siga siendo así. Los retos sociales y empresariales que nos depara el nuevo escenario no son asumibles por iniciativas individuales. Deberemos ser capaces de crear ecosistemas que generen valor de manera conjunta y que creen nuevos estándares dentro de sus mercados. Para conseguirlo, tendremos que entender qué estructura de agentes existentes, nuevos agentes y start-ups tienen potencial de éxito en este nuevo entorno para poder anticipar las herramientas y funciones que serán necesarias.

4. Fortalecer la resiliencia: Más que nunca, las empresas han tomado consciencia de que dependen de las comunidades con las que comparten su futuro. Asociaciones, grupos ciudadanos y comunidades informales se habían posicionado ya como aliados clave para acelerar la transición, pero al suceder lo imprevisto han demostrado todavía más su valor para asegurar la supervivencia. No obstante, son muchas las organizaciones que tienen todavía una gran cantidad de conocimiento cerrado o inutilizado. Distinguir qué parte de éste tendría valor compartir en abierto puede contribuir a la creación de alianzas informales y, en consecuencia, a la resiliencia de la organización.

Es evidente que la supervivencia de las organizaciones depende a cortísimo plazo de su capacidad para resistir el embate de la Covid-19, pero resistir no va a ser suficiente en el nuevo entorno económico y social. Puede que no estemos preparados para acometer grandes transformaciones, pero la oportunidad para realizarlas en el futuro vendrá dada por la capacidad que demostremos para implementar “quick wins” que nos permitan proyectar un propósito más ambicioso.

Este artículo ha sido originariamente publicado en Via Empresa y reproducido en Travindy con permiso del autor: “Regenerar los modelos de negocio, clave para proyectar el futuro empresarial”.

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Arquitectos como activistas: Una carta de amor para aquellos que dan forma a nuestro mundo

Tengo este extraño riesgo laboral en el que me enamoro un poco del grupo al que sirvo, incluso si el encuentro es breve, incluso aún, estoy descubriendo, si la interacción está separada por monitores y teclados dentro de las limitaciones del distanciamiento social. Así es cómo me encuentro pensando con nostalgia en aquellos que trabajan en el “entorno construido”: arquitectos, diseñadores de iluminación, arquitectos paisajistas, consultores de construcciones verdes, urbanistas. Aquellos que moldean los espacios en los que vivimos y trabajamos y amamos y jugamos. En mi enamoramiento inducido por el trabajo, mi mayor deseo siempre es que estas personas, y el mundo, los vean como yo: esenciales para este momento, excepcionalmente capaces de contribuir con algún aspecto vital de un mundo más estimulante.

Esta última cita fue extremadamente inocua: una invitación para hablar con un grupo del entorno construido durante 15 minutos a través de la plataforma Zoom. Eso fue todo. Ni siquiera fue algo exclusivo: había otros dos oradores en la llamada de una hora. Y a pesar de eso… aquí estoy. ¡Enamorada!

Quizá cuando vean lo que yo veo me daré a entender.

El encuentro inició como muchos otros. En mi ritual de cortejo común, compartí mi creencia de que todos los males de la sociedad se remontan a la cosmovisión dominante, que nos dice que todo en la vida funciona como una máquina. Dentro de esta historia, estamos separados de los demás y de la naturaleza. Existimos para competir y consumir. Y nuestro único propósito es la productividad y la rentabilidad. Producir por encima de todo… y a cualquier costo.

Esta perspectiva mecanicista ha moldeado cada aspecto de nuestras vidas, desde cómo aprendemos hasta lo que comemos y cómo cuidamos de nosotros mismos y de los demás. Y en todo esto, el entorno construido ha tenido un papel muy grande, con demasiada frecuencia canalizándonos hacia edificios cuadrados sin vida y lugares de trabajo tóxicos, llenos de cubículos y de un olor a sustancias químicas nocivas. Más allá de las cuatro paredes de nuestras estructuras, nos quedamos igualmente con paisajes de monocultivos agotados y lugares sin alma, lo que mi esposo llama los Estados Unidos de Genérica. Winston Churchill nos lo advirtió con su famosa frase: «damos forma a nuestros edificios y luego ellos nos dan forma a nosotros».

Afortunadamente, como en muchas esferas de nuestras vidas, hay brotes de vida y esperanza que se asoman en esa escena estéril. Hay indicios de que está surgiendo una historia más alineada con la vida. Desde el entorno construido, estos son los ejemplos que compartí en aquella llamada por Zoom:

– Ya en la década de 1970, el visionario arquitecto Christopher Alexander señaló que «la visión mecanicista siempre nos hace perder lo esencial». En múltiples obras, ha ofrecido orientación para permitir un mayor sentido y experiencia de vitalidad en nuestros espacios y lugares. «Todo el espacio y la materia, orgánica o inorgánica, tiene cierto grado de vida», sugirió, «y la materia / espacio está más viva o menos viva según sea su estructura y disposición».

– Más recientemente, Stephen Kellert, profesor de ecología social, fue pionero en el campo del diseño biofílico, una «arquitectura de vida» que promueve una mejor salud y bienestar mediante la creación de conexiones entre las personas y la naturaleza en el entorno construido. En 1993 escribió que esta conexión incluye «un anhelo humano de significado y satisfacción estética, intelectual, cognitiva e incluso espiritual».

– Lanzado en 2006, Living Building Challenge es un programa de certificación internacional que consta de siete categorías: lugar, agua, energía, salud + felicidad, materiales, equidad y belleza. «El desafío es exitoso», escribe el fundador Jason MacLennan, «porque satisface el anhelo del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro por el orden y los umbrales y la intuición del hemisferio derecho de nuestro cerebro de que el enfoque debe estar en nuestra relación y comprensión de toda la vida».

– El campo del diseño y desarrollo regenerativo, más avanzado por el Grupo Regenesis en las últimas dos décadas, ve la arquitectura como «el proceso de construcción de la vida». «[Los espacios construidos] disminuyen las condiciones de vida», afirma el director de Regenesis, Bill Reed, «o [ellos] crean un marco positivo para el compromiso y las relaciones sobre las cuales la vida se construye y regenera».

Cada una de estas filosofías y enfoques se alinea con mi propia comprensión de lo que se necesita y lo que está surgiendo en cada campo y cada sector de la sociedad. En mi obra, me refiero a él como la «capacidad de crecimiento», la intención explícita y la práctica continua de crear las condiciones fértiles para que la vida prospere en todos los niveles: para los individuos, las organizaciones como ecosistemas, para la comunidad, para la biosfera.

Como sea que elija llamarlo, cada vez más de nosotros reconocemos que esta «intención y práctica» ya no es opcional, si es que alguna vez lo fue. Si no nos enfocamos claramente en permitir que la vida prospere, entonces continuaremos quedando catastróficamente por debajo de ese objetivo. Y hay muchas pruebas de nuestra precaria posición al respecto. Como digo en mi libro, The Age of Thrivability:

“Se espera que podamos avanzar de manera más intencional y rápida hacia las perspectivas más sabias y que honren la vida que caracterizan a la era emergente, para que podamos resolver nuestros problemas ambientales y sociales más apremiantes a tiempo para evitar lo impensable «.

Teniendo esto en cuenta, mi mensaje para aquellos en la llamada de Zoom, y para todos los que trabajan en el entorno construido, fue que el propósito explícito de su trabajo debe ser crear y cultivar las condiciones fértiles para que la vida prospere.

Y ciertamente, esta intención debe incluir materiales sostenibles, uso eficiente de los recursos y diseño físico inspirador.

Pero tu contribución (arquitectos, diseñadores), va mucho más allá de eso. Si damos forma a nuestros edificios y, luego, nos dan forma a nosotros, el punto de partida es cómo damos forma a la intención y el proceso de diseño. Y ahí radica el punto de influencia más potente. Aquí es donde comenzamos a ver que tienen un papel especial en toda la civilización humana. El arquitecto, el urbanista, el diseñador reúnen a las personas en una conversación comunitaria y creativa sobre lo que es importante, lo que es valioso, lo que es posible. Con cada proyecto, tenemos la oportunidad de invitar a las personas a reflexionar sobre cómo se relacionan entre sí y su lugar y su potencial colectivo. Estamos en condiciones de ayudar a las personas a verse a sí mismas y su historia, tal como es y cómo podría ser.

De hecho, tienes (tu, diseñador), el poder de dar forma a cada uno de nuestros proyectos como campo de práctica para un mundo más próspero. Como un dojo por la habilidad de discernir lo que genera más vitalidad, más energía, más capacidad de crecimiento. Como un tiempo y espacio dedicado a la práctica de administrar la vida, logrando que todos los involucrados sean más sabios y más nutridos, capaces y conectados.

Lo que compartí con el grupo de Zoom del entorno construido es que si queremos actuar como administradores de la vida, tenemos que saber lo que eso implica. Christopher Alexander advirtió que «primero debemos aprender a descubrir patrones que sean profundos y capaces de generar vida». Basándome en los patrones que describió, junto con muchas otras disciplinas, descubrí que las organizaciones y las comunidades exhiben un conjunto básico de características comunes a todos los sistemas vivos, lo que considero como «principios de diseño universal de la vida». Ya sea su cuerpo, una selva tropical, una organización o una comunidad, estas son las «condiciones fértiles» que deben cultivarse si el sistema vivo fuera a prosperar:

1. Partes divergentes: En cada sistema viviente, hay partes individuales, cada una con un impulso de autoexpresión y contribución.

2. Un patrón de relación: Las partes divergentes están conectadas y respaldadas en patrones de relaciones que responden entre sí y con el contexto.

3. Un todo convergente: Las partes divergentes se unen en relaciones para formar un todo convergente con características y capacidades nuevas y emergentes. En las comunidades humanas, la convergencia está habilitada y respaldada por un propósito e identidad en común, por una historia compartida, más poderosa cuando está arraigada en su lugar.

4. Autointegración: Todo el proceso es autoorganizado, animado y puesto en movimiento con elegancia por la chispa y el espíritu de la vida misma.

Cuando estas condiciones fértiles se cultivan de manera coherente, el resultado es una mayor vitalidad y capacidad, dentro del espacio y en la comunidad de personas conectadas a él. Como lo indicó Alexander: “Mientras más patrones de vida haya en un lugar (una habitación, un edificio o una ciudad), cuanto más cobra vida como un todo, más brilla, más tiene ese fuego autosuficiente, que es la calidad sin un nombre.”

Entonces, a medida que configuramos la intención y el proceso que conducen al diseño, a medida que elaboramos un proyecto como campo de práctica para un mundo más próspero, estos son los tipos de preguntas que podríamos hacernos como un medio para explorar esas cuatro condiciones fértiles:

1. ¿Qué más podría significar para cada uno de nosotros, individualmente, poder traer lo mejor de nosotros mismos? ¿Sentirse profundamente en casa en este lugar, en esta estructura, en este trabajo y en nuestros propios cuerpos? ¿Y qué podría apoyar eso?

2. ¿Qué más podría significar para nuestra infraestructura e interacciones que apoyar no solo el intercambio de información, la toma de decisiones, la acción efectiva y la confianza, sino también la diversión, el aprendizaje y la alegría? ¿Para nuestros patrones de pertenencia con colegas, clientes y comunidad que se infundan con un sentido de dedicación, seriedad, tal vez incluso lo sagrado? ¿Y qué podría apoyar eso?

3. ¿Qué estamos llamados a expresar y crear juntos, al servicio de la vida? ¿Qué más entendemos en este momento sobre la vocación o el propósito, la historia emergente y unificadora, que nos impulsa a una acción transformadora juntos, como ciudadanos, empleados, clientes, miembros de la comunidad en este lugar? ¿Cuál es la sabiduría que se necesita ahora?

4. ¿Qué le daría más vida a este proceso y este proyecto? ¿Cómo podemos ser inspirados, alimentados, renovados e incluso sorprendidos por la naturaleza, la belleza, el arte, la música, el movimiento y la celebración? ¿Cómo podemos permitir que la vida fluya a través de nosotros para que realmente podamos saborear esta experiencia de estar vivo?

Si queremos remodelar el mundo, el punto de partida es remodelar el propósito de nuestro trabajo, expandiéndolo para satisfacer las necesidades de este momento, cada uno a nuestra manera y dentro de nuestro propio contexto. Esta forma sutil de activismo requiere valor. Pero la situación que enfrentamos exige nada menos que eso. Necesitamos todas las manos cubierta la obra, y, aún más, todos los corazones.

Mi corazón está con ustedes…

Este artículo ha sido originariamente publicado en el blog de Michelle Holliday y reproducido en Travindy con permiso de la autora: “Arquitectos como activistas: Una carta de amor para aquellos que dan forma a nuestro mundo”. Agradecer la traducción del artículo por Victor Montero y Tilde Traducciones.

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Cómo posicionar un destino urbano de referencia para el Slow Tourism

Lo estamos leyendo en todos los medios relacionados con el sector: el turismo es y será uno de los más afectados por el Covid-19. En este caso rendirse no es una opción, sino pensar en cómo nos levantaremos. Y aprovechar esta oportunidad para hacerlo de una forma más sostenible, desarrollando una relación más amable y directa con los destinos. Pero sobretodo con sus residentes.

¿Qué es el Slow Tourism?

Es un turismo para vivir el destino sin prisas, disfrutando de cada espacio que ofrece y mezclarse con la comunidad local. Tiene una serie de características como el tipo de alojamiento, las actividades que se realizan y el respeto por el medioambiente.  El Slow Tourism, como alternativa, se define como un tiempo de vacaciones para la recuperación y la recreación cercanas a un entorno natural donde la lentitud es un valor fundamental para el bienestar. Esto se relaciona con el rechazo a visitar mucho en poco tiempo, como sucede en grandes ciudades en las que podemos ver numerosos grupos de turistas recorriendo los centros históricos en una mañana para ver todo el patrimonio del lugar. 

Lo que se percibe al escuchar slow tourism es que se motiva al turista a permanecer más tiempo en el destino. Esta es una de las principales ideas de la filosofía de este tipo de turismo, ya que una mayor estadía es una oportunidad para:

1) conseguir el objetivo de unas vacaciones; es decir, relajarse y desconectar y ,

2) una mayor interacción con la población local que haría aumentar el valor añadido del viaje. Compartiendo espacios y realizando actividades relacionadas con el destino.

El slow traveller elige destinos no masificados para relajarse y bajar el ritmo de vida de hoy en día.  Por lo general, son parejas o familias que eligen un alojamiento con características particulares y trato cercano (casa rural o hotel boutique); evitando cadenas hoteleras estandarizadas. Realiza actividades orientadas a conocer el destino sin seguir los consejos de las guías de viajes. Tiene una estadía media de ocho días y no se centra tanto en los atractivos turísticos, sino en la experiencia que le puede aportar el lugar.  

A continuación presentamos ideas sobre cómo podríamos establecer las bases para la creación de un modelo de posicionamiento para el slow tourism en una ciudad mediana. Como objeto de estudio hemos elegido la ciudad catalana de Girona. Por su encanto y proximidad con espacios naturales, esta capital de provincia ofrece  posibilidades que invitan a la lentitud. Es un destino con recursos versátiles y de gran atractivo cultural.  El objetivo principal es averiguar cuáles son los motivos que llevan a los denominados Slow Travellers a viajar a un destino y analizar si Girona está preparada para ser referente en turismo Slow.

¿Cómo podemos saber si nuestro destino opta a ser «Slow friendly»?

Lo primero, realizar un buen diagnóstico. 

Para comprender el estado de un destino se debe desarrollar la fase de diagnóstico con diferentes herramientas de marketing estratégico.  Algunas de estas son el análisis DAFO y el Diamante competitivo de Porter. Son útiles para determinar si un destino dispone de los recursos e infraestructuras necesarias para desarrollar actividad turística. Por su localización, recursos y  preferencias de la demanda, determinamos que Girona tiene una estructura turística consolidada. 

Con 101.852 habitantes, Girona es la capital de provincia catalana con menos población. A simple vista reúne una serie de recursos y características que la sitúan como potencialmente atractiva para los slow travellers: recursos naturales, rutas a pie o en bicicleta; oferta gastronómica KM0; patrimonio cultural muy rico; artesanía local; y es un punto de partida estratégico para desplazarse a ciudades cercanas en transporte público.

Otro punto importante es realizar un análisis de la competencia, a modo de benchmark. Para Girona serían los destinos adscritos en la red Cittàslow más próximos: Begur y Pals. Los puntos de similitud entre los tres municipios juegan a favor de Girona. Siendo una ciudad mediana  dispone de características slow en cuestión de alojamientos, recursos y actividades. Sin embargo, para competir a nivel slow tourism se debe valer de los municipios de alrededor. Por eso determinamos que Girona no podría ser una slow city dentro de los estándares de Cittàslow
El hecho de no optar a la red de ciudades slow no debería convertirla en descartable para los slow travellers. El marketing turístico nos enseña a posicionar cambiando desde dentro. Con lo que acondicionar un destino para nuestro público objetivo nos acerca a este de una forma más orgánica. Así, lo que sí podemos afirmar es que Girona puede ser un buen competidor de las slow cities analizadas con el desarrollo de estrategias similares.

Y ahora toca pensar en estrategias y acciones. 

Con el diagnóstico del destino, necesitamos un sistema de estrategias y acciones para posicionar la ciudad como referente de slow tourism. Las estrategias sugeridas pueden ser transversales en la aplicación a otros destinos. Las acciones son ejemplos para el destino objeto de estudio.

1. Ante todo segmentar

La segmentación más adecuada para los slow travellers es según su estilo de vida. Suelen destacar por ser aventureros comfort, sociales por naturaleza y grandes excursionistas, pero siempre dentro de un control y límites de seguridad que aporta el destino en sí. En la estrategia tendremos en cuenta la seguridad en primer plano. 

2. Comunicar en canales afines al slow traveller

  • La creación de una sub-marca del destino (Slow Girona, por ejemplo) como lugar propicio para realizar slow tourism forma parte de la estrategia para posicionar en canales online y offline afines a nuestro público. 
  • Realización de Press trips para organizar una visita para periodistas representantes de las principales revistas de viajes europeas. 
  • El marketing digital para la captación y fidelización de los usuarios, pero también de los stakeholders más influyentes del destino. 

3. Potenciar los recursos turísticos «Slow» 

  • Creación de una Red de caminos alrededor de Girona
  • Patrimonio cultural Girona 360º. El turismo slow tiene un fuerte componente cultural. Se precisa una acción que mueva a los viajeros y viajeras alrededor de la ciudad y no se centralice en el centro histórico. 
  • Programa de cursos enogastronómicos a cargo de comercianes y restauradores locales. 

4. Fomentar el transporte público y el alojamiento rural

  • Alianza con empresas de transportes interurbanos. Para generar un acuerdo de creación de un descuento en los bonos de diez viajes. Este se aplicaría a aquellos viajeros/as que abonen la cantidad simbólica en concepto de compensación de la huella de carbono que supone su desplazamiento en autobús. 
  • Creación de red de alojamientos slow para pensiones y casas rurales. Esta acción se basa en establecer un acuerdo con los alojamientos de menos de quince habitaciones para formar una red de alojamientos «slow Girona». Y así disponer de un catálogo de servicios exclusivos acorde con nuestro público objetivo. 

5. Trabajar con mentalidad sostenible 

  • Acciones de marketing directo a empresas turísticas. Desarrollar la comunicación correspondiente a las empresas turísticas que operan en Girona sobre la importancia de actuar de forma sostenible con un manual de buenas prácticas en sostenibilidad
  • Celebración de jornadas de turismo sostenible en Girona. En estas se contratará a expertos/as en turismo sostenible para que den conferencias sobre el tema a modo de workshops. 

6. Obtener apoyo empresarial 

  • Formaciones gratuitas para emprendedores/as. Estas servirán para que las nuevas empresas se impulsen desde su inicio con valores sostenibles. Uno de los apartados de la formación será el relacionado con el segmento de slow tourism para darlo a conocer a los futuros empresarios/as. 
  • Generación de un clúster de empresas para destino Slow. Un cluster ayudará a potenciar Girona como destino de turismo Slow gracias al apoyo de las empresas que cumplan con los requisitos que establezcamos. Así se verá como un producto uniforme con el que los segmentos objetivos se podrán identificar. 

7. Población local en foco 

  • Comunicación transparente a los residentes de Girona y alrededores. Informes para recoger feedback, pero también hacer partícipe a la comunidad local en los procesos de implementación turística, mediante encuestas y reuniones con asociaciones de vecinos. 

Para finalizar, podemos decir que este modelo podría servir para comenzar a potenciar el slow tourism en un destino urbano. Como se ha comentado, es necesario tener una fotografía del destino y desechar aquello que no se identifique con la filosofía slow.  Finalizada la fase de diagnóstico, las estrategias planteadas nos harán escoger los recursos más apropiados y adaptarlos a los estándares sostenibles. La formación  de los principales implicados del desarrollo turístico y la población local es una base importante para favorecer el slow tourism. De esta forma comprenden cómo este tipo de turismo puede mejorar productos turísticos ya existentes y motiva la creación e innovación de otros. Y todo con una filosofía local y artesanal que aporta beneficios culturales y económicos al destino. 

Las estrategias pretenden potenciar, en este caso, Girona como una destinación slow friendly sacando el mejor partido de sus recursos y servicios, pero también adaptando normativas y generando conciencia sostenible en el sector empresarial. Son acciones que involucran a los diferentes públicos en sus formas de viajar, tipos de alojamientos y actividades, relación del destino con el turismo sostenible y la comunidad local. Un mix que podría convertir a un destino en apto para slow travellers, pero que también le aporta un desarrollo sostenible que lo puede hacer un mejor sitio para vivir. 

Consúlta aquí para consultar el proyecto completo. 

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Las tres relaciones de la regeneración

Estamos viviendo un momento único y polarizado como humanidad donde habiendo alcanzado una comunidad global e interconectada estamos por fuerza mayor cada uno en distanciamiento físico y aislación. La devaluación y crisis de la economía es evidente y la valoración de la Vida surge con fuerza en la conciencia global. Sumando a esto, la ya conocida crisis ambiental que estamos atravesando, la cual implica importantes desafíos para el desarrollo humano y del planeta.

En el año 1992 el “American Institute of Biological Sciencie” dijeron: “Se requiere un gran cambio en nuestra administración de la Tierra y la vida en ella, si se quiere evitar la gran miseria humana”. El 13 de noviembre del 2017 en su segunda advertencia firmada por más de 15.000 científicos del mundo entero afirman que la pérdida de biodiversidad, degradación de los ecosistemas y la extinción masiva de fauna silvestre son de una gravedad que no tiene antecedentes.

Esta gran contracción que estamos experimentando puede ser una oportunidad para volver a conectar con lo esencial en cuanto a nuestros propósitos personales, nuestro bien común y con la naturaleza que sostiene la vida. Nace una posibilidad para considerar una relocalización radical (radical en el sentido de volver o pertenecer a la raíz) para una regeneración que permita el proceso de cultivar la capacidades y habilidades de las personas, las comunidades y otros sistemas naturales para renovar, adaptarse y prosperar. [Clear cf].

El cultivo de estas capacidades, la salud, la resiliencia y prosperidad común, las buscaremos a través de las tres relaciones de la regeneración, las cuales serán un punto de partida para una renovada y vibrante relación con la naturaleza, los otros y uno mismo. Estas tres relaciones serán el prisma que tomaré para una nueva concepción del tejido eco social.

Después de más de 20 años en el intento de implementar sustentabilidad, de todas las cumbres de desarrollo sustentable y de cambio climático, casi ningún indicador nos muestra avances importantes para los grandes desafíos de emisión de CO2, cambio de uso de suelos, pérdida de biodiversidad y agua dulce, entre otros.

Podemos decir que la sustentabilidad ha fracasado. En gran medida porque las relaciones están fragmentadas y cada elemento está separado del otro, generando en consecuencia un planeta al borde del colapso ecológico, donde el ser humano es movido por sus intereses personales, la sociedad por la competencia y la naturaleza vista como un objeto a explotar.

Las tres relaciones son un puente para transitar el cambio de paradigma, desde la sustentabilidad, que aún está dentro de la mirada mecanicista, hacia la regeneración que invita a una mirada y concepción orgánica, viva y holística en la manera de desarrollarnos. La sustentabilidad plantea tres ámbitos de desarrollo; el ámbito ambiental, económico y social.  Si bien la propuesta de la sustentabilidad ha logrado poner en discusión la temática ambiental y social, estos ámbitos están lejos de encontrar un equilibrio con una economía que basa su lógica en el crecimiento constante e infinito.

Esta transformación se basa en pasar de una mirada sobre los elementos hacia las relaciones. Estas relaciones son invisibles, pero a la vez son las que dan forma a lo visible. Podemos ver como la vibración en el experimento de las placas de Chatney o de como el campo electromagnético de un imán dan forma y un patrón reconocible a las partículas de hierro sobre una placa [Lipton] . O como una cultura, desde su cosmovisión da forma a un territorio a través de su arte y arquitectura, y como nuestros senti-pensamientos ordena nuestra vida material.

Vivimos en un mundo donde todo está relacionado y es interdependiente. Por lo tanto, esta nueva mirada de la regeneración plantea trabajar sobre las cualidades de las relaciones, y más específicamente se enfoca sobre tres relaciones esenciales que nos permiten existir, estas son la relación del ser humano consigo mismo, con los otros y con la naturalezaA través de estas tres relaciones tomamos conciencia, responsabilidad y entendemos nuestro lugar en el mundo, lo que nos permite ser protagonistas de nuestra propia vida.

Comenzaremos por la relación con nosotros mismo, ya que considero que este es el único punto de partida sincero para una real transformación de la sociedad y la naturaleza.

La relación del ser humano consigo mismo

“Un activismo delicado es verdaderamente radical en la medida que sea consciente de si mismo, que comprende que su forma de ver es el cambio que quiere ver”.

Allan Kaplan y Sue Davidoff

Cuando miramos al mundo no vemos el mundo, vemos nuestros conceptos e ideas que tenemos de él. Esta forma de pensar (y por consiguiente de ver) [Kaplan 2015], ha sido en parte impuesta desde nuestro núcleo familiar y por el sistema educativo dentro de la sociedad en la que nos desarrollamos. En las últimas décadas, la cultura de la globalización y su  proceso hegemónico cultural y epistemológico, ha impuesto una mirada economicista y materialista, que nos hace pensar y sentir que tan solo somos nuestro cuerpo, lo que hacemos y lo que tenemos. Pero en esta crisis en la cual muchos nos vemos impedidos a seguir nuestras actividades comunes, nos ha permitido darnos cuenta de que más allá de nuestro hacer existe nuestro “Ser”. El valor sobre nosotros mismo muchas veces esta en una medición de nuestra profesión, la capacidad de generar riqueza y estatus social, alejándonos de una valoración holística o de nuestra totalidad como seres humanos.

En mi experiencia, la práctica de la observación y de la presencia es un puente para volver al mundo y ser participantes conscientes de él. Cuando estamos en nuestro lugar lo sabemos. Es un espacio único para cada uno, nos sentimos expandidos, fuertes, seguros y sostenidos por lo que es realmente nuestro, como lo son nuestros talentos, dones, sueños y valores esenciales. 

Esta travesía evolutiva, es volver a conectar con uno mismo a través de la presencia y poder experimentar la relación con los otros y la naturaleza de una manera más directa y limpia de condicionamientos socioculturales. Esta capacidad de “ver o darnos cuenta” de como nuestros pensamientos y emociones, ante diferentes circunstancias, se experimentan/sienten en nuestro cuerpo y que decisiones tomamos si ante ellas sentimos simpatía o antipatía, una contracción o una expansión, son esencial para una buena vida.

Desde esta atención consciente enraizada en nuestro cuerpo, puede experimentarse la coherencia o incoherencia entre nuestro pensar, sentir y hacer. Donde el sentir es el mediador y puente entre el pensar y el hacer.

Para que esto surja, nuestra atención y conciencia debe estar sobre la relación entre la ética y la estética (esencia y la apariencia). Y como lo visible está impregnado de lo invisible, así como nuestro hacer esta impregnado de nuestro ser.  Y desde aquí preguntarnos si lo que hacemos en el mundo exterior (estética / apariencia), está en coherencia con nuestro mundo interior (ética / esencia).

Cuando conectamos con nosotros mismos tenemos la oportunidad consciente de crear relaciones con un sentido de belleza y de servicio hacia la vida, hacia algo mayor que nuestra individualidad.  Me atrevo a decir que no hay mayor revolución para estos tiempos, que la revolución de la presencia. Esta nos ayudará a reflexionar si queremos seguir de manera automática y dormida nuestras acciones y relaciones, o si nuestro hacer nos llenará de vitalidad, propósito y sentido.

La relación con los otros

Una vida social saludable se alcanza cuando: En el espejo de cada alma humana se refleja toda la comunidad y cuando en la comunidad vive la virtud de cada uno de sus miembros” 

Rudolf Steiner

No podríamos existir sin los otros, inevitablemente pertenecemos al árbol de la vida, donde todos poseemos una madre y un padre, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos y así desde nosotros se proyecta la vida hacia las futuras generaciones. Es quizás en esta relación familiar donde nos es más fácil sentirnos unidos a algo mayor que nosotros mismos.

Relocalizarnos, es volver ver nuestra propia naturaleza humana, somos gregarios y en colaboración hemos logrado crecer, cuidarnos y desarrollarnos como especie. Aun así, nuestra sociedad parece haber caído en una mirada individualista y competitiva, donde el otro parece ser, a veces, un enemigo en el camino.

Pero cuando la Vida humana está en peligro puede nacer el potencial de la empatía, la fraternidad y la comunidad. Estos surgen al poner la vida en el centro, y desde este centro las prioridades parecen ordenarse de forma más clara. Estos valores que emergen como potencial serán fundamentales para establecer una nueva mirada de la economía, del intercambio y de las relaciones humanas.

Esta renovada forma de relacionarnos, con la vida en el centro, podría transformar toda forma de hacer sociedad y organizaciones. Sea empresa, emprendimiento, ONG’s, universidades o instituciones públicas, esta transformación será desde una mirada mecanicista y productivista hacia una de organismos vivos que colaboran, cooperan y comparten un proceso coevolutivo para un bien mayor.

Este movimiento relocalizador, desde una sociedad competitiva hacia una comunidad colaborativa, hace surgir nuestro sentido de pertenencia y por lo tanto de cuidado hacia los otros y la naturaleza cercana en que habitamos. Es volver a sentirnos parte de un cuerpo vivo y mayor con el cual podemos colaborar y servir a través de nuestros dones y talentos.

Esto busca la transición de ser sociedad y consumidores, a ser comunidad y habitantes. Comunidad en el sentido de compartir lo común que nos une en cuanto a lo elemental que compartimos de la naturaleza como el aire, las aguas y la tierra. Y ser habitantes y pertenecientes, donde pasamos de ser solamente un actor económico, hacia la participación directa en el potencial creativo de nuestros lugares y como personas.

Las empresas e instituciones que sigan mirando y trabajando como si estas fueran maquinas extractivistas (muerta o carente de vida) y guiadas por el único objetivo de la rentabilidad, estarán atadas a su propio destino en la repetición de patrones mecanicista y carentes de la esencia viva, por lo tanto a su obsolescencia. Por otro lado, comienzan a crecer las organizaciones con propósito, que buscan mejorar al ser humano y/o la naturaleza, dando más de lo que toman, transformándose en organismos vivos para sus territorios, culturas y personas, que se caracteriza por sus liderazgo participativo, la integración de las futuras generaciones en la visión/misión, la flexibilidad, el mutualismo y su capacidad coevolutiva.

La relación con la naturaleza

“Ciertamente debe haber otro camino, uno que no trata a la naturaleza de una manera dividida y en partes, sino que la presenta como activa y viva, partiendo del todo para llegar a las partes”

Goethe

Para superar la mirada sobre la naturaleza como un bien de consumo y poder experimentarla como viva tenemos que volver a relacionarnos con la natualeza. Tener una relación experiencial con ella, vincularnos a través de la contemplación y la observación de las cualidades de la naturaleza, sus patrones relacionales y poder reconocernos como parte y a la vez constituidos por ella. El ejercicio de estar presentes con nosotros mismo, con nuestras capacidades de percepción abiertas, aprendiendo a contemplar y a utilizar nuestro cuerpo como el mejor instrumento que tenemos para descubrir lo vivo, nos permitirá experimentar y aprender sobre la interdependencia, la colaboración y los procesos vivos, cíclicos y orgánicos del cual somos parte.

Espero que nadie olvide que nuestra posibilidad de existir está inevitablemente ligada a la naturaleza, esto queda fácilmente demostrado en cada respiración que hacemos, cada vaso de agua que tomamos y cada alimento que llevamos a nuestras bocas. 

De esta forma la naturaleza o “lugar en la naturaleza”, puede presentarse como algo vivo con quien dialogar y relacionarse. Muchas tradiciones ancestrales, han mantenido una relación viva con la naturaleza, ellos piden permiso o saludan cuando entran a un bosque, a un rio o laguna.

Este sentimiento de respeto y humildad al entrar en ella es fundamental ya que transforma la cualidad de la relación. Si reconozco su presencia, mis actos serán más cuidadosos, amorosos y agraciados. Estar ante ella y preguntarse ¿Qué es lo que la naturaleza de este lugar necesita? o ¿Qué es lo que el lugar está pidiendo de mí? Desde este dialogo pueden surgir impulsos creativos y convertirnos en agentes regenerativos en relación con la naturaleza.

Un paso importante y radical en nuestra forma social y legal de ver a la naturaleza es otorgarle derechos de la misma manera que el ser humano tiene derechos universales. De esta forma incorporar en nuestra legislación a la naturaleza o planeta como un ser vivo.  Reconocerle su derecho a existir, a ser respetada, a la regeneración de su biocapacidad, a la continuación de sus ciclos y procesos vitales. Esta es una nueva relación con la Naturaleza, es reconocerla como una entidad viva e integrarla en nuestra convivencia social.

Este es el próximo paso en cuanto a los derechos universales los cuales han avanzado poco a poco en nuestro sistema político y económico. Esto tendrá implicancias que pueden repensar la relación y forma de habitar los territorios. Pasar de mapas a bio-mapas, de regiones a bio-regiones, y de una economía basada en la linealidad y el extractivismo, a una enraizada en la circularidad y los bio-ritmos de la tierra.

Relocalizarnos para regenerar

Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”

Lao.Tse

La regeneración aspira a una transformación que nunca hemos vivido como humanidad, donde el ser humano participa conscientemente como naturaleza en la coevolución de la totalidad del organismo vivo.

“La regeneración es un proceso mediante el cual personas, instituciones y materiales desarrollan la capacidad de cumplir su potencial inherente en un mundo que cambia constantemente a su alrededor. Esto solo puede lograrse volviendo a sus raíces, sus orígenes o sus fundaciones para descubrir qué es verdaderamente singular o esencial acerca de ellos. Llevar adelante este núcleo esencial para expresarlo como nueva capacidad y relevancia es otra manera de describir la actividad de regeneración”. (Sanford, 2017)

Dentro de este gran organismo vivo del cual somos parte, tenemos un rol que cumplir. Somos la última expresión de la tierra en aparecer y veo que con nosotros surge la capacidad o el don de la autoconciencia. Con esto la posibilidad de darnos cuenta de que existimos sostenidos por un tejido visible e invisible de relaciones. Asumir esta condición de ser autoconscientes es el primer paso para esta travesía evolutiva.

Esta relocalización regenerativa, tiene el potencial de fortalecer las redes de alimentación y agricultura local, energías renovables, artes y prácticas culturales, educación autónoma, el cuidado por la salud holística, la restauración y regeneración de los bosques, manglares y ecosistemas marítimos. Todo esto provee una sólida y real posibilidad para una comunidad vibrante, resiliente, colaborativa y creativa, conectada consigo misma, que piensa y sueña su propio destino.

A través de las tres relaciones se expresa la totalidad del sistema vivo, donde paisajes, plantas, animales y humanos crean sinergia para un todo aún más diverso, abundante y bello. Y con esto traer un nuevo orden en las prioridades personales, sociales y sobre los sistemas que sostienen la vida.

¿Cuáles serán las nuevas habilidades y valores que tenemos que aprender y desarrollar para el presente futuro que está emergiendo?

La regeneración comienza desde un lugar íntimo, propio e invisible. Somos los artistas de nuestra propia obra, estamos en construcción y tenemos todos los dones y talentos para este viaje de transformación que recién comienza. ¡Buen viaje!

Este artículo ha sido originariamente publicado en Turismo Regenerativo y reproducido en Travindy con permiso del autor, Martín Araneda. Podéis leer el artículo entero en Las tres relaciones de la regeneración.

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La transición turística en los tiempos del coronavirus

Aunque empezamos a ver luz al final del túnel, no olvidemos que desconocemos la longitud de éste y no podemos estar seguros de, si lo que vemos a lo lejos, es una luz u otra locomotora que se dirige hacia nosotros. El problema es que, hasta que no esté lo suficientemente cerca como para escuchar el sonido inconfundible del motor o distinguir su figura, no sabremos qué es realmente lo que hay: si la salida del túnel o un choque brutal si no frenamos a tiempo y damos marcha atrás al menos a la misma velocidad.

Momento actual

Algo así estamos viviendo actualmente en el sector turístico, uno de los primeros sectores en recibir en España las medidas de desescalada puestas en marcha por el gobierno. Estas medidas suponen, a día de hoy y para los establecimientos que estén en condiciones de abrir, poder hacer uso del 50% de la capacidad de bares y restaurantes que dispongan de terraza, o bien para recogida de pedidos de comida a domicilio.

En el caso de los establecimientos hoteleros, el panorama es similar, aunque se le suma la ausencia de demanda debido a las restricciones en cuanto a movilidad. Es decir, el personal vuelve tras el ERTE pero sin trabajo que realizar.

Y no hace falta irse a la patronal para encontrar voces que duden de la eficacia de estas medidas. El sindicato CCOO se ha unido a los hoteleros para pedir que se amplíen los ERTEs durante al menos seis meses de cara a evitar despidos obligatorios masivos debido a la escasez de negocio actual.

¿Por qué es importante que se gestione bien esta situación en la parte de la oferta? En primer lugar, porque de ella dependen cientos de miles de puestos de trabajo, entre ellos también el de los empresarios. En segundo, porque de ella depende en buena medida el atractivo de nuestros destinos turísticos. Se habla mucho de turismo local en la primera fase de apertura turística, pero ¿cuáles de esos establecimientos que forman parte de la oferta alojativa y gastronómica podrán aguantar esta situación que vivimos? ¿Qué atractivo tendrán esos destinos si hay oferta reducida o inexistente para dormir o comer? Está claro que tras un cierre puede haber una nueva apertura, pero ¿quién se va a arriesgar en estos momentos de incertidumbre máxima a abrir un negocio sobre otro que ha quebrado?

Por otra parte, un tema que salió en el segundo debate que mantuvimos en el webinar sobre Repensar el turismo organizado por Ideas for Change es el de la demanda. El coronavirus ha hundido la economía española a niveles históricos. Vamos a estar, o estamos ya inmersos, en una crisis global. Este hecho, como es obvio, afectará al empleo y a nuestra renta disponible para viajar.

Ya se están estudiando medidas para subvencionar directamente a los turistas, por ejemplo, con bonos vacacionales para viajar dentro del territorio que concede la ayuda.

Creo que no hace falta debatir mucho para llegar a la conclusión de que, con una oferta a la baja y una demanda muy posiblemente a la baja, el mercado turístico se verá reducido a niveles de hace 50 años. Y es cierto que el medioambiente lo agradecerá. La duda que surge es qué sectores van a absorber, en plena recesión global, esa fuerza laboral sobrante si esto llega a ocurrir.

Momento post pandemia previo vacuna

Si, finalmente, lo que vemos al final del túnel resulta ser la luz, y la desescalada nos lleva al fin de la declaración de pandemia, aún hará falta disponer de una vacuna eficaz antes de poder hablar de normalidad, ya sea de la nueva o de la anterior. Mientras, serán los diferentes países según sus datos los que decidan abrir o cerrar fronteras propias o con ajenos según las circunstancias particulares de cada territorio.

En este posible escenario de turismo post-pandemia-previo-vacuna, o sencillamente turismo de mascarillas y guantes y de contacto limitado, mucha será la inversión que tenga que realizar la oferta que haya sobrevivido para poder ofrecer un servicio con las máximas garantías sanitarias. Y mucha la responsabilidad de la demanda para viajar de manera segura, tanto para uno mismo como para todo ser con el que se entre en contacto.

En cuanto a las posibles medidas, una de las más críticas son los controles de temperatura en origen y destino. Ya se están poniendo en marcha otras como mamparas para las recepciones de establecimientos hoteleros, la eliminación del buffet libre, la conexión por móvil de todo lo que hasta ahora era manual (llave de la habitación, interruptores…), dispensación de guantes, mascarillas, envases unipersonales de hidroalcohol, geles, champús…y con ello también daremos pasos atrás en cuanto a la sostenibilidad.

A nivel demanda, una de las que más suena es el pasaporte sanitario, así como certificados de inmunidad al virus. En este sentido, si bien hasta hace muy poco había muchas dudas sobre la posible inmunidad, parece que éstas se empiezan a disipar en el mejor de los sentidos y se descarta -a fecha de hoy- la reinfección de los curados. Ésta desde luego podría ser una de las mejores noticias, ya que los inmunes certificados eliminarían para sí mismo y los demás el riesgo latente que a fecha de hoy suponemos todos y cada uno de nosotros y que obliga a reducir aforos de manera drástica.

Aún con todo esto, recordemos que la apertura del turismo supondrá un riesgo enorme a nivel global. A nivel nacional vemos cómo en Alemania han debido dar marcha atrás en su desescalada debido a repuntes en el índice de contagios (pasando de 0,7 a 1) y sus expertos predicen nuevas oleadas futuras de contagios.

Segmentando por edades, recordemos que existe un grupo de riesgo que no solo no podrá viajar de momento como lo hacía hasta ahora, sino que habrá que tener especial cuidado en los diferentes destinos para evitar contagios que vuelvan a poner a nuestros mayores en una situación extrema.

Momento post vacuna

Suponiendo que, cuando dispongamos de una vacuna, ésta será eficaz, toca plantearse si ese escenario turístico post vacuna será igual o parecido a como era el sector antes de que se declarase la pandemia.

Casi 20 años después todavía convivimos con las marcas de la era post 11-S en el sector. Si bien es cierto que los causantes de aquella tragedia ya no están entre nosotros, buena parte de las medidas de seguridad se mantienen por si vuelve a pasar de mano de otros actores. La cuestión es la misma, ¿en vista de posibles nuevos virus se mantendrán algunas de las medidas implementadas? ¿Viajaremos como si nada hubiera pasado los próximos años o mantendremos las distancias y haremos del uso de higienizantes, guantes y mascarillas como parte de nuestros viajes?

Hemos visto durante estas semanas como parte de la industria turística se ha adaptado a la ausencia de desplazamientos y ha digitalizado parte de su catálogo. Por ejemplo, experiencias online que han sustituido con mucho éxito a experiencias hasta ahora reservadas exclusivamente para los visitantes a ciertos destinos, así como visitas culturales, museos o guías turísticos controlados en remoto.

¿Este “turismo” virtual ha venido para quedarse? ¿Será complementario como una herramienta de marketing, a la que nos hemos adaptado a la fuerza, para dar a conocer ciertos destinos de manera más eficiente? ¿Será un sustituto de los viajes a larga distancia por el miedo que ha generado lo vivido? Recordemos que la seguridad es un factor esencial en el turismo. Muchos estamos de acuerdo en que las agencias de viajes y los seguros verán reforzado su papel en el sector para aportar mayor seguridad, pero de momento nadie puede garantizar nada.

Muchos de los avances hechos en estas semanas podrían impactar directamente en sectores tradicionales con alta afluencia de público, entre ellos el sector MICE (Meetings, Incentives, Conventions and Exhibitions), aunque ya hay ciudades que están centrando su estrategia en el desarrollo de este nicho, o los museos. Otras modalidades de viajes, como los cruceros, tienen frente a sí un gran reto, ya que digitalizar esa oferta resulta más complicado.

Para finalizar, aquí algunas de lo que considero claves:

  • La colaboración público-privada, público-pública y privado-privada es una de las grandes claves. También la responsabilidad personal de cada uno de nosotros, tanto en origen como en destino, tanto como ciudadanos como en nuestro rol de turistas o viajeros.
  • La comunicación a todos los niveles debe ser clara y concisa para aportar la tan necesaria seguridad.
  • Hemos de sacar partido a los aprendizajes que nos ha traído esta crisis, de cara a saber gestionarla en caso de que se vuelva a repetir algo similar.
  • Deberíamos aprovechar las capacidades adquiridas para crear un turismo de impacto positivo, o al menos un turismo en el que las externalidades positivas superen con creces a la negativas
  • Ahora más que nunca es necesaria la utilización de la tecnología a nuestro favor: ese turismo digital que estamos practicando estos días puede servir para acercar los destinos a los turistas, tanto para trasladar la propuesta de valor, como la tan necesaria sensación de seguridad.

Lo seguro que es que volveremos a viajar. La duda es cuándo y cómo.

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