¿Y si dejamos mejores hijos para nuestro mundo?

“Viajar es fatal para los prejuicios, el fanatismo y la estrechez de miras, y mucha de nuestra gente lo necesita con urgencia por estos motivos. No se puede adquirir una visión amplia, sana y caritativa de los hombres y las cosas vegetando en un pequeño rincón de la tierra durante toda la vida».

Mark Twain (1835 – 1910), escritor, humorista, aforístico y conferenciante estadounidense

Mark Twain creía que viajar abre a las personas a visiones del mundo que son casi imposibles de comprender sin una experiencia de primera mano. Y no fue lo único; Oscar Wilde (1854 – 1900) también lo pensaba firmemente: “Viajar mejora la mente maravillosamente y elimina todos los prejuicios”. Los científicos han intentado, a través de algunas investigaciones, demostrar que esta afirmación es cierta.

Todo el mundo siempre habla de dejar un mundo mejor para nuestros hijos, ¿qué tal si dejamos mejores hijos para nuestro mundo? Empecemos por tratar a nuestros hijos como personas.

Todo empezó con El Grand Tour

El Grand Tour era un largo viaje en Europa continental emprendido por los ricos de la aristocracia europea a partir del siglo XVII y que pretendía perfeccionar sus conocimientos. Tenía una duración indefinida y generalmente tenía como destino Italia.

El término turismo, y más en general el fenómeno de los viajes turísticos actuales como cultura de masas, se originó precisamente en el Grand Tour.
Durante este viaje, los jóvenes aprendían sobre la política, la cultura, el arte y las antigüedades de los países europeos. Pasaban su tiempo haciendo turismo, estudiando y comprando.

Todo esto sucedía en el lejano 1600. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero eso no significa que podamos tomar esa excelente idea como punto de partida y adaptarla a nuestros hijos de hoy, independientemente de la clase social a la que pertenezcamos.

Nuevas generaciones viajando con conciencia

Las experiencias de viaje significativas cambian vidas para mejor. Los viajes de voluntariado o de turismo comunitario, y especialmente entre los jóvenes, son particularmente “fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras”.

Uno de los aspectos más singulares de los viajes de voluntariado es que estas experiencias a menudo sacan a los viajeros de los caminos comunes. Si bien, generalmente hay docenas de compañías de viajes que operan en las principales ciudades, el voluntariado sumerge a los participantes en partes del mundo que los turistas a menudo pasan por alto. Los viajeros voluntarios pasan tiempo en comunidades más pequeñas y rurales, donde la vida diaria se ve muy diferente.

Y, mientras pasan tiempo escondidos en estas pequeñas comunidades mágicas, simultáneamente están expandiendo sus corazones y mentes para reconocer las diferentes formas en que viven las personas en nuestro planeta. El hecho de que podamos compartir el espacio y las experiencias con personas que llevan vidas tan diferentes a las que vivimos en casa, es un aspecto crudo y significativo de viajar fuera de los caminos comunes.

Lo mejor que les puede pasar

En los últimos años se ha producido un vertiginoso aumento de programas y propuestas de experiencias en el extranjero para jóvenes e incluso para adultos. Independientemente de los programas de intercambio escolar que brindan las escuelas o universidades, son tantas las posibilidades que podemos sugerir a nuestros hijos para que identifiquen su futuro camino con responsabilidad. Encontramos opciones que combinan lo útil (trabajo) con el placer (experiencia en el extranjero), en un inigualable crecimiento personal y profesional (y, en consecuencia, social).

Los aspectos positivos

  • Finalmente, se crece. Mandar los hijos al extranjero a trabajar significa empujarles a valerse por sí mismos, a espabilarse, a enfrentar todas las dificultades del momento. Así se hacen personas capaces, autónomas y independientes, a la vez que crece su autoestima y la confianza en sí mismos.
  • Ganan tiempo. La duración del viaje puede ser variable y se puede encajar perfectamente durante las vacaciones de verano, entre el final de la escuela y el hipotético inicio de la universidad, y/o extenderlo a 1 año de experiencia, sin perder tiempo.
  • Coste mínimo. Una temporada de trabajo en el extranjero no tiene costos muy elevados para la familia y los hijos aprenden el valor del esfuerzo y su gestión económica privada, aunque sea una experiencia de prácticas.
  • Experiencias bonitas. Los viajes de experiencias son los que siempre llevaremos en el corazón y ampliarán nuestra mentalidad hacia los viajes como recurso de aprendizaje y no como vacaciones turísticas. Durante los días libres o al final de la temporada laboral, el viaje para descubrir el territorio extranjero, junto con compañeros o colegas, se vuelve único y rico en valor, así como en emociones.
  • Ideas más claras. Al final de una experiencia como esta, los/as chicos/as tendrán las ideas más claras sobre lo que quieren hacer con sus vidas, por ejemplo, los estudios que quieran realizar. Escogerán con mayor certeza, seguridad, confianza y serenidad.

El mapa no es el territorio

No he considerado aspectos negativos porque lo peor que les puede pasar es una «dependencia» a la independencia. Creo que una vez redescubren la mejor versión de si mismos, ya no podrán prescindir de ella.

Una experiencia laboral en el extranjero obliga a una persona a revisar por completo sus valores, sus certezas, sus conocimientos, su mapa mental construido en 18 años de «zona de confort». Además, le permite adentrarse en un territorio más amplio, ciertamente más desafiante, pero preferimos formar jóvenes capaces de trabajar, autónomos, independientes, seguros de sí mismos y de sus talentos. Queremos que se acostumbren a abrir sus mentes a infinitas posibilidades, opiniones, diferentes puntos de vista, de coetáneos o adultos, que rompan barreras de idioma, género, religión u orientación sexual, porque entienden que el verdadero valor radica en la diferencia de pensamiento.

Una experiencia en la que aprenden a evaluar los riesgos, las dificultades, a utilizar su inteligencia, tanto práctica como emocional, para afrontar los problemas que surgen en un país extranjero. Es mejor que los jóvenes aprendan rápidamente a usar su cerebro todavía fresco y listo para moldearlos hábilmente para un futuro mejor.

Realmente hay muchas experiencias laborales que se pueden hacer y hoy existen todos los medios para lograrlas. En una era tan interconectada como la nuestra, la ignorancia es ahora una elección, ya no es una excusa.


Algunas sugerencias para vivir una experiencia en el extranjero

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En búsqueda del turismo inclusivo: una experiencia personal

A veces nos imaginamos que el turismo inclusivo requiere de grandes inversiones, pero seguramente el cambio más importante está en la mentalidad. Después de viajar por Europa con mi padre en silla de ruedas, me di cuenta de que hay ciertas facilidades que permiten pensar que los viajes inclusivos son posibles, hay demanda para este tipo de viajes y es cuestión de que haya más formación del tema. Cuando hay desconocimiento ponemos barreras.

Un viaje en familia

Vivimos en Colombia, y en 2018, mi papá con 84 años decidió que quería conocer Europa. Para esos años su capacidad de caminar ya se veía disminuida y tenía problemas de circulación. No tenía una enfermedad diagnosticada, simplemente no podía caminar más de 50 metros sin que tuviera que descansar un largo rato; por lo que para mí era una locura que quisiera hacer ese viaje. En ese entonces yo trabajaba como coordinadora de calidad en una agencia de viajes, por lo que le pedí a un compañero de ventas que me averiguara viajes para adultos mayores. Desafortunadamente la agencia no trabajaba con ningún operador especializado en el tema. El turismo inclusivo era poco conocido y no lo veían como un nicho de mercado importante.

Mi papá no le importó y siguió insistiendo. Yo quería que mi compañero lo desanimara de viajar mostrándole las desventajas de viajar, por lo que nos reunimos los tres. Para sorpresa mía, mi compañero hizo todo lo contrario, vio a mi padre con tantas ganas de ir y vitalidad, que le terminó vendiendo el viaje. Yo tenía miedo de que algo le pudiera pasar, pero analizando la situación no habría un momento futuro donde él estaría mejor para viajar, y lo importante es que él se sintiera capaz. Así que en la familia terminamos acordando que se tenía que dejar llevar en silla de ruedas. Mi mamá lo iba a acompañar, pero ella no podía llevarlo, por lo que terminé viajando con ellos. 

¿Cómo nos fue viajando con la silla de ruedas?

Realmente quede gratamente sorprendida de lo que me imaginaba iba a ser el viaje con la silla de ruedas y lo que realmente fue. Internamente en Europa fue mucho más fácil desplazarse en bus, al no tener que estar entrando en estaciones de tren o aeropuertos, y lo que significa estar cargando las maletas. En los lugares que visitamos de Francia, Alemania y España, como era una mezcla de tours guiados y tiempo libre, supimos aprovechar al máximo el tiempo, conociendo los lugares más accesibles. Muchas ciudades de Europa son muy amigables con las personas en condición de discapacidad. Es importante ver que los espacios pensados para todos son buenos tanto para el local como para el visitante.

Sin embargo, desde mi experiencia, no recomiendo visitar Italia con silla de ruedas. Al tener ciudades muy viejas, los lugares turísticos están empedrados, por lo que la movilidad en silla de ruedas es difícil. No puedo olvidar como en Florencia el recorrido guiado se convirtió en una tortura. Por más que intentaba que no nos quedáramos atrás, no podía andar muy rápido. Llegábamos cuando la guía ya había terminado su explicación y continuaba el recorrido. Y mi papá quería una foto, pero por su orgullo no podía estar en silla de ruedas. Entonces una foto tardaba unos minutos mientras lo ayudaba a pararse, le tomaba la foto, y lo ayudaba a sentarse nuevamente.

De Florencia quedaron pocas fotos. Realmente fue una lástima que la guía no pudiera tomarse 5 minutos más, se limitaba a mirar para atrás y ver que no nos perdiéramos en medio de la multitud. Ella tenía que ir a hacer otro recorrido y no podía retrasarse. El argumento de ir tan rápido era que después íbamos a tener 2 horas para recorrido autónomo, pero después de eso yo ya no tenía fuerzas para empujar más la silla.

Florencia es una ciudad museo que vale la pena recorrer con calma. Unos minutos más en el tiempo de la guía podrían haber cambiado la experiencia en el lugar. Quizás no era la intención de la guía, pero el modelo turístico que se venía usando en destinos “exitosos” era lograr atender más turistas sin importarle la calidad de la experiencia en el lugar. Nos deberían importar más las personas y lograr tener empatía por el otro. 

Mi papá feliz en Pisa

En París nos encontramos con una señora en silla de ruedas que también viajaba con su hija, a diferencia de mi padre ella no podía caminar nada. Un chico fuerte que iba en el grupo la ayudaba a subir y bajar del bus. Realmente con mi papá no era tan complicado, porque él caminaba con el bastón. Después, hablando con el guía acompañante de su labor, él se refirió al caso y me comentó que debía viajar con alguien que la pudiera cargar, porque no podía asumir que el guía, el conductor o alguien la iban a cargar.

Me alegra que la señora haya viajado, porque siempre encontró ayuda y siempre tenía una sonrisa. Deberíamos sentirnos afortunados y estar dispuestos a ayudar más seguido al otro. A veces me angustiaba ir lento porque no quería incomodar a las demás personas del grupo, finalmente creo que la mayoría comprendía que no podía ir tan rápido. 

Mi aprendizaje

Personalmente, fue un viaje que me generó grandes aprendizajes, ver a mi padre es entender que las limitaciones están en la mente. También me permitió ponerme en el lugar de los cuidadores y de lo poco amigable que pueden ser los espacios, las ciudades, otra gente, con personas que también quieren viajar, pero de alguna manera se encuentran limitadas. O, al contrario, lo bien que se siente cuando uno visita espacios pensados para todas las personas. Creo que el turismo inclusivo cada vez más puede ser una realidad y que diferentes destinos pueden avanzar para ser lugares para todos.

Se ha avanzado en temas de inclusión, tener una fila preferencial facilita mucho la experiencia. Mi papá disfrutaba de cosas sencillas como el hecho de poder saltarse la fila, se sentía especial. En todas las atracciones turísticas estaban pendientes de que pudiera pasar fácilmente, incluso tenía un precio preferencial, por lo que tenía sus ventajas. Siento que el turismo inclusivo no se ha desarrollado más por miedos como el mío, yo veía más las dificultades de lo que realmente podría disfrutar mi papá. Realmente valió la pena viajar y verlo feliz. 

Por un turismo inclusivo al alcance de todos

Es importante que las personas que trabajamos en turismo comprendamos las necesidades del otro. Elementos simples como a la hora de asignar una habitación a un señor de más de 80 años, no asignarle la habitación más lejana en un hotel grande que parece un laberinto (nos pasó en Italia). Quizás podemos pensar en establecer protocolos sencillos para saber qué hacer para facilitar la estadía o el viaje de personas que podrían requerir una atención especial.

La pandemia que vivimos nos ha servido para que nos replanteemos que podemos mejorar después de que la crisis sanitaria pase. Podríamos reconsiderar mejorar el turismo para todos, incluso para personas con limitaciones. Se debe trabajar en tener espacios más adaptados para todas las personas y un personal mejor capacitado con empatía para mejorar las experiencias. Seguramente muchas personas no viajan porque consideran que sus impedimentos serán un obstáculo, pero si hacemos espacios más accesibles, también podrá ser un mercado con potencial. 

Existen instituciones, como el Instituto Europeo de Turismo Inclusivo, que ofrecen cursos específicos para personas que les interese conocer más de cómo pueden adaptar sus espacios y capacitar al personal. Por lo que si quieres aprender más del tema, te recomendamos consultar el siguiente Instituto Europeo de Turismo Inclusivo o nuestra sección Aprende más.

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¿El turismo del mañana puede ser sustentable?

A la hora en la que se está planificando el futuro de la industria turística, en torno a los problemas e impactos de la crisis sanitaria del Covid-19, el turismo sostenible está en el centro del debate. Pero, ¿se puede hablar de sostenibilidad en el turismo cuando hay que repensar completamente su modelo?

La crisis sanitaria ha frenado el crecimiento exponencial de la industria turística en los últimos años, con más de 1.400 millones de llegadas internacionales en el mundo en 2019 según la OMT, para cerrar el ciclo. Un sector de todas las posibilidades, con una tendencia a la hipersegmentación para conquistar todo el mundo, hay para todos los gustos y todos los perfiles, lo que ha favorecido un desarrollo descontrolado. Así, la industria se ha desarrollado considerablemente en una lógica de oferta sujeta a una demanda cada vez mayor.

El turismo sostenible ya no es suficiente

El turismo sostenible se ha propuesto como solución a las problemáticas de la industria turística en paralelo a su fuerte crecimiento, desempeñando el papel de modelo de protección ambiental, económica y social.

Según la OMT, el turismo sostenible tiene tres aspectos principales:

  • Dar un uso óptimo a los recursos medioambientales, que son un elemento fundamental del desarrollo turístico, manteniendo los procesos ecológicos esenciales y ayudando a conservar los recursos naturales y la diversidad biológica.
  • Respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas, conservar sus activos culturales y arquitectónicos y sus valores tradicionales, y contribuir al entendimiento y la tolerancia intercultural.
  • Asegurar unas actividades económicas viables a largo plazo, que reporten a todos los agentes unos beneficios socioeconómicos bien distribuidos, entre los que se cuenten oportunidades de empleo estable y de obtención de ingresos y servicios sociales para las comunidades anfitrionas, y que contribuyan a la reducción de la pobreza.

Un turismo de triple impacto, basado en la sostenibilidad y el respeto a los recursos para preservar los ecosistemas, induciendo así la perennidad del modelo ya establecido. Pero en un momento en el que hay que repensar el turismo en su totalidad, ¿es suficiente o es sólo el principio de una reestructuración del sector?

En camino para la regeneración

El turismo regenerativo se presentaría entonces como una solución que actúa en la raíz del problema: cambiar la esencia misma de la industria, su concepción y su mentalidad. El turismo, tal y como lo hemos conocido, muestra un fuerte desequilibrio en el uso de los recursos, y el concepto de turismo sostenible induce al viajero a permanecer en la superficie de los problemas. Mientras que el turismo regenerativo invita al viajero a implicarse en lugar de andar con cautela. Como actor integrante y significativo del sector, se le invita a participar activamente en el círculo virtuoso que el turismo debe establecer para la prosperidad de su futuro.

¿Cómo funciona el turismo regenerativo?

Este concepto de regeneración en el turismo no aparece como un modelo fijo y replicable, sino como una nueva mentalidad en una perspectiva de desarrollo consciente de su actividad. Cada actor, desde el viajero hasta el profesional, pasando por la gobernanza y los lugareños, está invitado a participar activamente en el proceso, respetando la singularidad del territorio en cuestión. De este modo, se determina lo que hará mejor al destino en función de sus propias características, necesidades y problemáticas, excluyendo el producto turístico como bien de consumo e integrándolo como factor de regeneración de sus recursos.

Al igual que el concepto de Smart Destination, el turismo regenerativo toma en consideración a todos los actores del territorio bajo sus dimensiones políticas, económicas, sociales, tecnológicas, ambientales y culturales. Pero da un lugar nuevo y significativo al turista añadiendo la dimensión de la individualidad, representando todas las motivaciones, los valores y objetivos ligados a su actividad turística.

Trascender para reinventarse mejor

Uno cambia entonces de perspectiva entre: ¿cómo viajar con el menor daño posible? Y, ¿cómo viajar aportando un beneficio al destino? Las formas alternativas de turismo, como el turismo solidario, el turismo comunitario y el turismo participativo, entre otros, son caminos más que necesarios para explorar una forma de turismo regenerativo. Esto implica trascender los principios del desarrollo sostenible a través de la comprensión, la concienciación, la creación y la participación.

La vuelta a la normalidad ya no es posible para el sector debido al impacto de la crisis sanitaria, se trata de construir una nueva normalidad y reinventar la mentalidad del turismo. ¿Qué capacidad de innovación y management tiene un destino para aplicar este modelo? ¿De qué manera controlar el turismo para que beneficie al destino? ¿Dónde está el límite de una actividad económica sana en una política de desarrollo? ¿Cómo involucrar al turista de manera significativa en el proceso? Estas son algunas de las cuestiones que se plantean en el enfoque holístico y en la visión transformadora que representa el turismo regenerativo.

Al igual que Okanagan Valley en la Columbia Británica, la isla de Hawaii y varios países del continente asiático y latinoamericano, el turismo regenerativo lleva en sí las esperanzas optimistas del turismo del mañana.

¿Estás preparado para este cambio regenerativo del turismo y para viajar de forma diferente?


Este artículo se publicó originalmente en TOM.Travel y ha sido reproducido en Travindy con la traducción que nos ha facilitado la autora.

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Reflexiones de una guía en viaje con su bebé

Pablo, nuestro anfitrión en Llingua, nos muestra las islas del lado Oriente del Archipiélago de Chiloé desde un mirador. Autor: Leo Prieto. 

Trabajo como guía de turismo hace muchos años. Lo he hecho como guía de viajes de estudio, como guía bilingüe y como guía de educación al aire libre. Antes de quedar embarazada hace algo más de dos años, trabajaba guiando y coordinando grupos de viajeros extranjeros. 

Guiar es un trabajo muy bonito cuando viajas con gente que tiene intereses parecidos a los tuyos. Como parte del equipo de Travolution Travel, creo en el turismo comunitario como una herramienta para la regeneración de comunidades y territorios, y los viajeros que guío, son aquellos interesados en las comunidades locales, en turismo rural y en conocer lugares diferentes a los que las campañas generalmente publicitan.

Trabajar como guía de viajes “comunitarios” ha cambiado mi forma de pensar y ha colaborado en el largo proceso de deconstrucción de paradigmas occidentales con los que cargo; me ha permitido conocer lugares alucinantes de Chile y ahora vivir la experiencia de guiar con mi hijo en la espalda.

La llegada de mi hijo Gael

Hice mi último gran viaje como guía cuando tenía 6 meses de embarazo. La Asociación Francesa Culture Contact, que cada año nos envía grupos de viajeros, me dijo que para ellos no era un problema que estuviera embarazada y entonces partí con mi “guata” (palabra en Mapuzungun usada en Chile para referirnos a panza, barriga, vientre, en este caso útero). Fue un viaje hermoso en el que los viajeros terminaron apodando Marco Polo a mi “wawa” (palabra Aymara usada en Chile para referirnos a los bebés), que en ese entonces no tenía nombre aún, divertidos e impresionados por la cantidad de movimiento que implicaba ese viaje y la cantidad de transportes que esto significaba para mí: 3 semanas de aviones, barcos, botes, buses y camionetas.

Es compatible ser guía de viajes y tener un hijo pequeño
Grupo de viajeros en la embarcación de Norma Rivera y Pablo Manzani, nuestros anfitriones en Isla Llingua. Autor: Leo Prieto

Nada impidió que hiciera mi trabajo, algunas veces tuve que caminar más lento, sin embargo, el turismo sustentable debe ser así, respetar los tiempos y ritmos naturales de los territorios y la gente, incluida una guía gestante. 

Después del nacimiento de Gael, decidí parar de guiar hasta que fuera más grande, los viajes generalmente son de 2 o 3 semanas y dejarlo sin madre esa cantidad de tiempo no me parecía una buena idea.

Mi experiencia como guía turística y mamá

En noviembre del 2019, justo dos años después de mi última travesía y en medio de la revuelta social, apareció un viaje de último minuto al sur de Chile. Encontrar una guía tan encima de la fecha era imposible. Les propuse a mis compañeros viajar coordinando pero solamente si podía ir con mi familia, es decir con mi pareja y mi hijo, propuesta que podía ser muy arriesgada, pero que sin problema aceptaron. 

Entre aviones y buses, lluvias y llantos, curantos y leche, tuvimos una experiencia de viaje agotadora, entretenida, diferente y especial. Con un grupo de viajeros excepcionales confirmamos lo genuinos que son los encuentros interculturales cuando estamos abiertos a este tipo de desafíos. Como familia compartimos con nuestros compañeros anfitriones de diferentes comunidades de Chile y también con viajeros abiertos de mente y espíritu que supieron valorar la riqueza de tener un encuentro real con diversas dimensiones de este país.

Viajeros compartiendo el almuerzo con la familia y amigos de la comunidad
Curanto en Isla Llingua. Luego de participar en la elaboración, compartimos el almuerzo con la familia y amigos de la comunidad. Autor: Leo Prieto.

Tener esta posibilidad de trabajar y viajar en familia, es sin duda triplicar el trabajo. Puede que para muchos suene a vacaciones pero no lo es, todo lo contrario. Trabajar a cargo de otros es trabajar 24/7, una tremenda presión para quien está a la cabeza, sumado a estar a cargo de tu familia, de un niño de menos de dos años que solo quiere estar con su mamá, y además hablar dos lenguas al mismo tiempo, es como hacer corto circuito. 

Aún así, como dice Mark Twain “Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas” y eso es justamente lo que me impulsa a viajar con mi hijo a pesar de estar trabajando, la certeza absoluta de estar llenando su pequeño corazón de encuentros con personas, animales y ecosistemas que sin duda estarán aportando positivamente en la construcción de su ser.

¿Es compatible ser guía de viajes y tener un hijo pequeño?

Hoy día, ser guía y coordinadora de viajes no es compatible con la maternidad, y me atrevo a decir que nunca lo ha sido. Estas pequeñas experiencias pueden y deben impulsarnos a abrir caminos hacia mejores condiciones laborales y de vida para las mujeres trabajadoras del turismo que en muchas ocasiones deben pasar varios días fuera de casa.

Viajeras observando el mapa de Mapulahual, área protegida donde se ubica Manquemapu.
Viajeras observando el mapa de Mapulahual, área protegida donde se ubica Manquemapu. Autor: Leo Prieto.

Agradezco a quienes trabajan conmigo por estar siempre abiertos a los desafíos, a permanecer con los ojos, el corazón y la disposición abiertos a nuevas formas de hacer las cosas, a mis viajeros Cyrille, Daniel, Francoise y Marie Paule por aventurarse a viajar de una manera diferente y a mi compañero con el que co criamos y quien documentó esta vivencia. Vivir esta experiencia nos permitirá sin duda aportar en la construcción de una nueva forma de hacer turismo, una que aporte también a soñar nuevos paradigmas donde primen las sociedades biodiversas, ecológicas, justas y empáticas.

A quienes dudan de viajar con sus hijos, por favor que este relato no les espante, sino todo lo contrario, les entusiasme a buscar un destino (hay tantos!), armar mochila o maleta y partir. La exploración del mundo de manera multisensorial, las diversas formas de vida y la experiencia de la vida comunitaria, sobre todo para quienes vivimos en la ciudad, es lo que necesitan nuestros niños y niñas para crecer libres, sanos y curiosos!

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“Fuertes como el mar”: emprendimiento femenino y diversificación de la pesca artesanal

Según datos de la FAO, las mujeres representan cerca del 50% de la fuerza laboral dedicada a la pesca de captura y acuicultura en el mundo. Sin embargo, se ha vislumbrado históricamente como una actividad predominantemente masculina. Existiendo en la cadena de valor, una diversidad de actividades asociadas a este oficio, muchas de las cuales son realizadas por mujeres.

El libro Fuertes como el mar, recoge las historias de recolectoras de orilla, pescadoras e incluso la experiencia de una buza mariscadora que realizó duras faenas en las Guaitecas, durante la llamada época de la “fiebre del loco» en los años 90 en Chile. La publicación consiste en una compilación de ocho relatos de mujeres emprendedoras de la pesca artesanal que han desarrollado sus actividades productivas en la costa de la Región de los Ríos (Chile).

A través de los pasajes de vida de estas trabajadoras del mar, en la voz de sus propias protagonistas, conocemos, por una parte, su oficio y cómo posteriormente fueron forjando cada uno de sus emprendimientos ligados al mar.

Publicación del libro «Fuertes como el mar»

De manera muy respetuosa, tratamos de visibilizar sus conocimientos tradicionales y reconocer su trayectoria. Identificando los distintos roles de las mujeres en la pesca artesanal, además del esfuerzo y el empuje, para diversificar su actividad, llevándola a otros espacios como son el turismo, la gastronomía, entre otros. Lo que ha permitido, la autonomía económica y una mejor calidad de vida para ellas y sus familias.

Turismo y Gastronomía del mar

Sin duda, la labor de muchas mujeres de mar en la cocina es sumamente relevante en cuanto al aporte que realizan a las economías locales costeras. Muestra de ello son las historias de emprendimiento que se plasman en este libro, como la de Dominga Huichalaf Carrasco, pescadora de Valdivia y dueña del restaurant “La Minga”, quién comenzó con un pequeño emprendimiento de venta de pescados ahumados en el año 2010.

Fuertes como el mar: Dominga, pescadora de Valdivia
Dominga Huichalaf Carrasco, pescadora de Valdivia y dueña del restaurant “La Minga”

“El restaurant para mi es algo que hemos podido lograr como familia. Me siento realizada. Uno se da cuenta que si tiene ganas de hacer algo se puede cumplir. Hay personas que de repente, con más estudios que uno, no logran cosas así como nosotros lo hemos hecho. Es un logro familiar”, explica Dominga en su relato.

Restaurant que además suele ser muy concurrido en temporadas estivales, donde arriban cientos de turistas a degustar su gastronomía del mar, representada por pescados locales como la sierra y el róbalo.

En Chaihuín, a unos 30 kilómetros al sur de la comuna de Corral, Teodora Leal Rivera, recolectora de orilla desde que tiene memoria, ofrece a los turistas no solo sus cabañas y tinajas calientes con vista al mar, sino también un tour de recolección de mariscos. Allí, junto a la belleza y magia del lugar, los visitantes pueden recolectar lapas, luche, mañihue y cochayuyo. Pero como además Teo es una apasionada por la cocina, una vez recolectados los mariscos y algas, los lleva hasta su cocina y les enseña algunas preparaciones típicas, en donde todos pueden degustar los sabores únicos de los recursos extraídos por ellos mismos.

Teodora Leal Rivera, recolectora de orilla
Teodora Leal Rivera, recolectora de orilla

Las historias de Dominga y Teodora son solo un ejemplo de lo que ocurre en las zonas costeras de Chile y el mundo. Sin duda existe un sinnúmero de mujeres e historias por descubrir y contar. Esperamos que este libro sea el primero de muchos que permitan visibilizar el rol de la mujer en el mar y un ejemplo para otras mujeres y hombres que buscan emprender.

El libro Fuertes como el mar fue realizado por Fundación Cocinamar, con el apoyo de Fomento Los Ríos y The Nature Conservancy Chile. Disponible en formato digital en el sitio web www.cocinamar.cl.

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