Turismo Comunitario, intercambios genuinos y buenas prácticas en Argentina

Comunidad Amaicha del Valle – Tucumán

Que el turismo se plantee como dinamizador de las economías, ha sido la retórica sostenida por la industria durante muchas décadas. El crecimiento sostenido de la actividad en los últimos años, -previos a la pandemia- ha dado cuenta de este fenómeno. La OMT señaló para 2019 el arribo de más de 1.400 millones de turistas internacionales en el mundo, cifra que representa más del 10% de aporte a la economía global generando el aumento de divisas, ingresos y empleos en todas las regiones involucradas con la actividad. Estos datos son en sí mismos muy positivos y alentadores, especialmente para las economías en vías de desarrollo o de países emergentes.

Sin embargo, el avance del sector también ha evidenciado la contracara de este impulso, especialmente cuando el turismo se expande sin una adecuada planificación. Este es el caso de destinos sobreexplotados ambiental y socialmente que terminan perdiendo la mística y el atractivo que les dio origen a partir de los impactos ocasionados. En estos casos se beneficia a unos pocos dentro del sector, en detrimento de un crecimiento sostenido y a largo plazo de la actividad.

En este sentido, la creciente valoración de los entornos naturales y de los intercambios genuinos de experiencias de vida que una demanda más consciente ha comenzado a reclamar, han potenciado en los últimos años el surgimiento de nuevos modelos alternativos al sistema convencional de oferta y demanda de servicios, en el que se privilegia la experiencia de los visitantes por sobre el consumo de los atractivos. El turismo comunitario se plantea como una de estas posibilidades.

Ejemplos de turismo comunitario en Argentina

En Argentina existe una variada oferta de turismo comunitario en distintas regiones del país. Su diversidad de climas, geografías y etnias que poblaron la América precolombina y que mantuvieron en sus descendientes una diversidad de formas culturales, ha permitido que estos emprendimientos se desarrollen a lo largo y ancho del país con diferentes resultados. Pero en todos los casos, ofreciendo productos respetuosos con el entorno natural y cultural que los caracteriza.

En las cercanías de las Cataratas de Iguazú, en la provincia de Misiones, la Aldea Yasy Porá de la etnia Mbyá-guaraní se plantea como un caso. Organizados comunitariamente los miembros se reparten las tareas para recepcionar a los visitantes.  Caminatas interpretativas por senderos selváticos, artesanías en madera y fibra vegetal, degustación de comidas tradicionales y noche de conexión espiritual, son alguna de las alternativas.  Santiago Martínez -referente y guía de la comunidad- invita a compartir con su gente estas experiencias y destaca especialmente los cánticos corales y cánticos individuales “melodías que los conectan con la energía, con la atmósfera del universo”- y que les permite mantener esta concepción del “buen vivir” o “vida buena” que define su cosmovisión pacífica frente a los desafíos que la vida les presenta.

En la provincia de Tucumán, en el noroeste argentino, la comunidad de Amaicha del Valle ofrece una oferta muy variada. La visita a la “Ciudad Sagrada de los Quilmes” y a su centro de interpretación es sin dudas el sitio más emblemático. Una bodega comunitaria que forma parte de la ruta del vino de la provincia, la ruta del artesano y paseos en 4×4, son algunas de las otras alternativas.  También la posibilidad de pernoctar en la posada boutique, en las cabañas, en el hostel, en el camping o incluso en una casa de familia abierta al turismo. En todos los casos se brinda una experiencia de vida en contacto directo con la cosmovisión que los sostiene y alimenta espiritualmente.  Sebastián Pastrana, referente y “chasqui” -mensajero- de la comunidad, se dedica a la actividad desde hace varios años y se entusiasma ante la idea de que “los jóvenes nativos estén aprendiendo todo lo necesario para continuar con el proyecto que la comunidad alberga”.

Comunidad Amaicha del Valle – Tucumán

En tanto, a 30 km de San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro (Patagonia Argentina), la comunidad mapuche lof wiritray, ofrece como alternativa un área de acampe para los amantes de la vida en la naturaleza. “Un Turismo rural con identidad, de bajo impacto”, señala Clarissa Montenegro una de las referentes y administradoras del área.  Rodeados de flora y fauna autóctona, la interpretación del canto de los pájaros es una de las experiencias que comparten con los visitantes. Caminatas por senderos boscosos, pesca, cabalgatas y también algunas comidas como el curanto o “el café orgánico elaborado con estribo tostado molido, tal como lo hacían las abuelas”.  Al respecto, Roberto Vélez miembro de la comunidad y guardaparque en el sector Tronador del Parque Nacional Nahuel Huapi, señala que la oferta de su comunidad se diferencia de las convencionales porque al no tener una visión invasiva de la naturaleza, ofrecen un turismo de base comunitaria “de la gente para la gente” y eso determina que no se sientan como un prestador de turismo más.

Un turismo que minimiza la huella humana

El Turismo Comunitario se plantea como una apuesta a un modelo de desarrollo sostenible. Requiere de un esfuerzo continuado y una fuerte convicción por parte de sus prestadores comuneros, porque a pesar de todas las limitaciones que sus proyectos enfrentan, les permite dinamizar sus economías comunitarias y les brinda una oportunidad para reivindicar su cosmología de vida.

Servicios de bajo impacto, respeto por el entorno natural, experiencias de vida gratificantes que minimizan las huellas humanas, son la oferta que estas comunidades procuran. Éstas son recibidas cada vez con más entusiasmo por los viajeros que los eligen. Aquellos que están en la búsqueda de un equilibrio que de sentido a los tantos desordenes con los que la vida moderna nos interpela.

El turismo de base comunitaria, se presenta como una oportunidad única para conectar con lo primigenio y esencial, buenas prácticas que ofrecen la posibilidad de vivenciar una nueva experiencia turística, ¿estaremos listos para disfrutarla?

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¿Se ha creado de verdad una posibilidad de compromiso entre hombre y naturaleza?

Ahora que el tema del coronavirus ha sido objeto de muchas reflexiones y considerado desde innumerables puntos de vista, ¿qué nos has enseñado? Francesco Guccini, famoso cantautor italiano, escribió: “No seremos mejores personas cuando volvamos a la normalidad. Los hombres no aprenden, olvidan”. ¿Es realmente así?

Una mirada hacia a la pandemia y sus consecuencias

Al principio, tuvimos que lidiar con una actitud superficial hacia el virus. Luego, a medida que se acercaba cada vez más hacia nuestras áreas geográficas y comenzaba a afectar la vida cotidiana de nuestras vidas, comenzamos a tener miedo por nosotros mismos, por nuestros seres queridos. El miedo sustituyó a la desconfianza; hasta que el cierre forzoso nos obligó a reprogramar totalmente toda nuestra vida. Cambiamos la relaciones más íntimamente personales y los lazos familiares. Incluso, buscamos una nueva forma de socializar con los amigos y, para aquellos que estaban solos, encontraron una nueva forma de lidiar con la soledad en el encierro y el distanciamiento social.

Vimos innumerables imágenes en la televisión, en Internet y en WhatsApp representando al mundo entero en una nueva, grandiosa, única y universal forma de vivir la vida. Mientras la vida humana estaba forzada a una clausura obligada, una vida secular más grande y poderosa que nosotros, finalmente salió a la luz reclamando la facultad de recuperar la posesión de lo que le pertenecía por derecho y deber: la naturaleza.

Hemos visto por primera vez en años, cielos azules, aguas claras, animales que salían a la calle, los colores de la naturaleza que se volvían cada vez más limpios y poderosos. Todos estábamos maravillados por esta explosión de la naturaleza en su forma de ser más obvia.

Esto nos ha recordado por enésima vez, lo pequeños e insignificantes que somos si la Madre Naturaleza ya estaba restaurando su orden biológico natural en solo dos meses de cierre forzado.

Reflexiones para aprender de lo sucedido

¿Cuántas veces nos hemos preguntado si la sustentabilidad realmente podría acompañar al poderoso motor económico de la sociedad moderna? ¿Cuántas veces  nos hemos dicho durante el encierro: «La naturaleza es tan hermosa, pero tenemos que volver a trabajar, volar, conducir, viajar, consumir, usar, comerciar…»?

Parece que las dos actividades, la de «madre naturaleza» y la de «ser humano», no pueden convivir pacíficamente en el único planeta en el que se nos permite vivir a ambos: la Tierra.

Parece que los seres humanos y la naturaleza no son capaces de convivir pacíficamente compartiendo respetuosamente los mismos ambientes. Más bien yo diría que el hombre es incapaz de respetar su espacio sin tener que usar, e incluso abusar, de lo que se le ha dado desde el nacimiento. Me recuerda una escena de la famosa película “Dirty dancing” mientras los dos protagonistas ensayan los pasos del mambo: “este es mi espacio y este es el tuyo; yo no entro en el tuyo y tú no entras en el mío”, creando así una equilibrada armonía de baile.

Llevamos años haciendo estas reflexiones. Sin embargo, con todas las tecnologías modernas que nos jactamos de poseer y con esa avanzada inteligencia artificial que presumimos haber logrado, todavía no somos capaces de encontrar un compromiso pacífico con la entidad más natural de siempre: nuestra casa. ¿Es realmente posible que todos los esfuerzos que estamos haciendo para salvaguardar nuestro planeta continúen inexorablemente dando un paso adelante y dos atrás ante una fuerza económica tan intrusiva? ¿Realmente tenemos que llegar al «punto sin retorno» para comenzar a tomar seriamente y rápidamente en consideración alternativas drásticas?

Me pregunto: si la publicidad tiene una función tan perfectamente persuasiva sobre la compra comercial de coches, perfumes, objetos, zapatos, bolsos o juguetes, -y lo podemos deducir del consumismo que arrecia nuestro planeta- ¿no podemos utilizar en la misma manera, la misma publicidad como fuente educativa al difundir cada vez más mensajes a favor del planeta y con conciencia ecológica? El mensaje de los medios tiene una impresionante capacidad sutil para grabarse en nuestra mente y dirigir nuestras elecciones de compra. ¿No podemos usar el mismo mensaje mental para comenzar a educar las conciencias civiles y eco-conscientes?

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Fortalecimiento del turismo comunitario desde la Investigación, innovación y desarrollo del turismo indígena

En el próximo Encuentro Digital de Turismo Comunitario Latinoamericano; Rocío Rojas, directora para Perú y España del Centro Mundial de Excelencia de Destinos, CED, y fundadora de Turistech, nos presentará un análisis que confirma la existente necesidad de reforzar el desarrollo del turismo indígena en Perú. Este análisis está vinculado fuertemente con la gestión territorial y administración de sus territorios ancestrales, que contribuye a la conservación de los ecosistemas y el bienestar de las poblaciones.

Uno de los puntos a destacar, es lo importante de concentrar esfuerzos en generar las condiciones favorables de las comunidades nativas y pueblos originarios, donde trascienden de condición de beneficiarios a socios, en un desarrollo de turismo indígena que fortalezca la gobernanza, la distribución equitativa de los beneficios, la conservación y el mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones. 

En este aspecto, desde el CED vienen desarrollando una serie de estrategias enfocadas al desarrollo de la investigación en campo, conjuntamente con aliados nacionales e internacionales, basados en talleres co-creativos con las comunidades de Perú. Estos procesos, marcarán unos lineamientos claros en la implementación de la metodología SMED (Sistema de Medición de Excelencia de Destinos), desarrollada por el CED conjuntamente con sus miembros fundadores; la Organización Mundial del Turismo (OMT), la National Geographic, la Universidad de Québec en Montréal (Canadá) y la Universidad George Washington (EE.UU).

Una de las principales alianzas en este proceso se da a través del acuerdo de colaboración entre el Centro Mundial de Excelencia de Destinos y World Indigenous Tourism Alliance (WINTA). Este acuerdo permite reunir experiencias de investigación a nivel territorial, procesos de gobernanza,  conocimiento ancestral , para avanzar en el desarrollo del turismo indígena en Perú. Así también, este acuerdo se basa en los  lineamientos de la declaración de Larrakia sobre el desarrollo del turismo indígena (impulsada por la Alianza Mundial de Turismo Indígena WINTA), que resuelve adoptar los siguientes principios:  

  • Respeto: El respeto por el derecho consuetudinario y las costumbres, las tierras y las aguas, los conocimientos ancestrales, las expresiones culturales tradicionales y el patrimonio cultural sustentará cualquier decisión relacionada con el turismo.  
  • Protección: La cultura indígena, y las tierras y las aguas en que se asienta, se protegerán y promoverán mediante prácticas turísticas debidamente gestionadas y una interpretación apropiada.  
  • Empoderamiento: Los pueblos indígenas determinarán la extensión, la naturaleza y las disposiciones prácticas de la participación en el turismo, y los gobiernos y los organismos multilaterales apoyarán el empoderamiento de los pueblos indígenas.  
  • Consulta: Los gobiernos tienen el deber de consultar y tener en cuenta a los pueblos indígenas antes de adoptar decisiones sobre políticas o programas públicos destinados a fomentar el desarrollo del turismo indígena.
  • Empresa (Asociaciones de negocios): El sector turístico respetará los derechos de propiedad intelectual, las culturas y las prácticas tradicionales indígenas, la necesidad de forjar alianzas empresariales sostenibles y equitativas y la obligación de cuidar debidamente del entorno natural y de las comunidades que las sustentan.  
  • Beneficio a la Comunidad: Alianzas equitativas entre el sector turístico y los pueblos indígenas incluirán esfuerzos de intercambio de sensibilización cultural y adquisición de destrezas que contribuyan al bienestar de las comunidades y permitan mejorar los medios de vida de las personas.

El desarrollo del turismo como actividad económica alternativa, requiere reforzar desde su planteamiento, en base a un enfoque realista a la propia cosmovisión originaria de las comunidades indígenas, centrando el trabajo colaborativo entre los diferentes sectores y actores del turismo comunitario, son oportunidades de desarrollo en beneficios de todos.  Con este fin, desarrollamos alianzas estratégicas con instituciones nacionales, públicas o privadas, como es el caso de:

Igualmente, cabe mencionar la labor y organización activa de la Red de Mujeres en Innovación y Gestión de Destinos, REDINTURP – Perú,  quienes vienen desarrollando una ardua labor de réplica, análisis y comunicación de los talleres co-creativos, así como la correcta información y gestión de la comunicación y objetivos de los talleres con las comunidades. Esta red está logrando un trabajo clave y sin precedentes  a favor del turismo comunitario, basados en la ética, la empatía, colaboración  e innovación social.

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