Harina de cochayuyo: historias de emprendimiento femenino e innovación en la Región de Los Ríos

Una red de mujeres emprendedoras y recolectoras de orilla, forman parte del proyecto Corfo “Desarrollo de Harina de Cochayuyo para aportar a las economías locales costeras”, desarrollado por APP Chile.

Se trata de un modelo de trabajo colaborativo y con enfoque de género, que genera por una parte, una red de trabajo independiente para estas mujeres, desde sus propios hogares; y por otra, las provee de equipamiento técnico para que puedan mejorar sus procesos. Muestra de ello es la reciente entrega de un molino automático para cada una de ellas, y la instalación de una línea completa de trabajo con maquinaria para deshidratar cochayuyo y producir harina, en el Sindicato de Recolectoras de Orilla de Mehuín.

Junto con esto, cada una de estas emprendedoras, de manera independiente, ha innovado en cuanto a este recurso, tan abundante en nuestras costas, pero a veces poco valorado, considerando la cantidad de propiedades y beneficios que tiene el consumirlo.

Harina de cochayuyo historias de emprendimiento femenino e innovación en la Región de Los Ríos
Cochayuyo molido

Beneficios que la señora Arlette Rettig en Valdivia, supo apreciar junto a sus hijos, al crear una longaniza de carne a la cual agregan harina de cochayuyo y que comercializan en su pequeña fábrica “Cecinas Elena”, que nació con la idea de producir cecinas y embutidos más saludables y aptos para todo tipo de público. “Nuestra idea es poder enriquecer la cecina con el yodo y la fibra que tiene el cochayuyo. Además, lo vimos como una alternativa para que las personas consuman este alimento”, explicó Arlette. 

El cochayuyo lo recolecta ella misma cuando el mar lo bota en la playa Curiñanco, y lo seca a la orilla de su cocina a leña. Antes lo molía en la juguera, sin embargo, con la entrega del molino, ahora podrá mejorar este proceso 100% artesanal. El próximo paso de Arlette, es producir más alimentos en base a productos del mar, como un embutido vegano, elaborado 100% en base a cochayuyo.

Harina de cochayuyo historias de emprendimiento femenino e innovación en la Región de Los Ríos
Arlette Retting en Valdivia, crea una longaniza de carne a la cual agregan harina de cochayuyo y que comercializan en su pequeña fábrica «Cecinas Elena»

También en Valdivia, Sandra Ramírez, la primera productora en Chile de alforfón y fundadora de “Alforfón Valdivia”, realizará pruebas para producir un nuevo e innovador producto: harina de alforfón y cochayuyo. “Es una buena idea de desarrollo la posibilidad de hacer una harina que mezcle estas dos materias primas. Tenemos que hacer las pruebas, ver el porcentaje de harina de cochayuyo, etc., realizar un piloto para lanzar al mercado y tener una nueva línea”, explicó.

Harina de cochayuyo historias de emprendimiento femenino e innovación en la Región de Los Ríos
Sandra Ramírez aprendiendo cómo funciona la maquinaria

Panes, masas de pizza, galletones y otros productos con el cochayuyo como materia prima, producen desde hace varios años Patricia Madrid en Isla Mancera y Mónica Ulloa en Mehuín.

Harina de cochayuyo historias de emprendimiento femenino e innovación en la Región de Los Ríos
Patricia Madrid, recolectora de orilla

Patricia es recolectora de orilla y presidenta del Sindicato de Pescadores de Isla Mancera. Durante su infancia, junto a su abuela y su madre conoció el oficio de la recolección de algas, siendo el cochayuyo un alimento que siempre ha abundado en su hogar y que decidió utilizar a prueba y error hasta llegar a elaborar distintos productos.

Al principio, según cuenta, sacaba el cochayuyo, lo cortaba en trocitos y lo vendía. Luego, la primera vez que hizo harina la utilizó para aliñar ensaladas y actualmente, elabora productos como, galletas, pan y masa de pizza. “Estoy contenta porque ha sido una experiencia muy bonita. Yo misma fui experimentando con el alga hasta llegar a todo esto, a innovar y dar valor agregado a un producto que siempre estuvo en mis pies”, señaló.

Con muchas ganas de innovar y viendo cómo el cochayuyo quedaba varado en la playa de Mehuín (ubicada al noroeste de Valdivia), Mónica Ulloa comenzó a recogerlo para elaborar de manera artesanal harina de cochayuyo, la que posteriormente utilizó para desarrollar un nuevo producto: galletones de avena, miel y harina de esta tradicional alga. Un producto súper nutritivo y altamente demandado por los surfistas de la localidad y los que visitan la zona para campeonatos y eventos deportivos.

Mónica Ulloa en Mehuín, produce panes, masas de pizza y galletones
Mónica Ulloa en Mehuín, produce panes, masas de pizza y galletones con el cochayuyo

En el marco del proyecto Corfo del que forman parte, se están realizando pruebas para obtener información nutricional de sus productos, con lo cual Patricia y Mónica, podrán finalizar su proceso de etiquetado nutricional. Al respecto, Griselda Ilabel, directora de la iniciativa, destacó la importancia que tiene para las emprendedoras contar con este etiquetado, pues “se trata de un análisis nutricional realizado por especialistas. Por lo tanto, ellas con propiedad pueden decir que sus productos no son altos en grasas, azúcares o sodio. Además, esto le da mayor seguridad al consumidor y les permite comercializar sus productos en canales más formales, entregándoles una oportunidad de crecimiento aún mayor a sus emprendimientos”.

En tanto Carlos Riquelme, director regional de Corfo y Fomento Los Ríos destacó el desarrollo de esta iniciativa y su dimensión social, económica e innovadora “este proyecto es súper potente, porque toma tres ejes fundamentales. El fortalecimiento de pymes lideradas principalmente por mujeres; el desarrollo de economías locales y territoriales con un fuerte componente identitario y por supuesto la innovación en la generación de nuevos productos con alto valor agregado”.

Conectar y Colaborar 

Noemí Solar llegó el año 2010 a trabajar a Mehuín como bióloga marina, donde conoció de cerca el oficio de la recolección de algas. Luego, se encadenó con mujeres recolectoras de orilla para comercializar algas de manera sustentable a diversos restaurantes del país, a través de su emprendimiento de venta de algas deshidratadas en Instagram @alguitademar, mediante el cual apoyará a las emprendedoras como canal de venta para la comercialización de esta materia prima. 

Noemí en la hidrolavadora del sindicato

“Somos un equipo en el que todas colaboramos para avanzar en conseguir una harina de algas de calidad, que sea reconocida y consumida en Chile. Recientemente tuvimos reuniones con Nün Seaweed Food, donde se entregaron muestras de la harina para análisis y con eso, considerarnos como proveedoras de la materia prima, lo que sería una muy buena oportunidad”, señaló Noemí, co-ejecutora del proyecto.

“Me parece que la base de esta iniciativa y del instrumento Corfo, “Conecta y Colabora”, se cumplió con creces. Tuvimos el apoyo y colaboración de Cecilia Masferrer, presidenta de la Federación de Pescadores Artesanales de Navidad, quien constantemente asesoró el proyecto mediante vía telefónica, mostrándonos lo que utilizan en Navidad para elaborar harina de cochayuyo; además, del aporte de Sandra Ramírez de Alforfón Valdivia, quien visitó la planta de Mehuín para enseñar a otras mujeres a operar las máquinas y mejorar el triturado. Entonces, lo que más destaco, es que a través de este proyecto, las mujeres empezaron a colaborar orgánicamente como ancestralmente lo han hecho siempre”, enfatizó la directora de la iniciativa.


Este artículo ha sido originariamente publicado en Chef and Hotel y reproducido en Travindy con permiso de la autora, Gilda Medina: “Harina de cochayuyo: historias de emprendimiento femenino e innovación en la Región de Los Ríos”.

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La Sostenibilidad invisible: ¿cuánto contamina Internet?

Cuando hablamos de sostenibilidad, la mayoría de las veces pensamos en conceptos que, gracias a la Agenda 2030 y sus 17 objetivos para una mayor sostenibilidad global en varios ámbitos, suelen remitir a los 3 conceptos clave: medio ambiente, sociedad y economía, así como a todas sus subcategorías.

El turismo, a su manera, está intentando implementar el aspecto sostenible en sus viajes, aprovechando este gran momento de inflexión.  Principalmente está atendiendo al respeto por el medio ambiente, por las sociedades, por las culturas de acogida y por las tradiciones locales. También, se está impulsando hacia una economía circular y regenerativa, con una mayor atención al desperdicio de alimentos. Así mismo, con una creciente conciencia como ciudadanos del mundo y  hacia el concepto de causa-efecto, es decir, que a cada acción que realizamos le corresponde una reacción en cadena a nivel global.

De todos modos, hay otro aspecto a tener en cuenta que se está volviendo tan automático, normal y rutinario que ni siquiera pensamos en las consecuencias ambientales. Se trata de un gesto tan simple como hacer clic en un sitio web.

Internet en nuestras vidas

Creo que nunca tanto como en este último año, debido al confinamiento global, se ha utilizado internet, registrando un aumento increíble de esta red online.

En primer lugar, pensemos en todos los trabajadores; algunos de ellos, llevaban ya algún tiempo trabajando de forma remota, pero la mayoría lleva un año trabajando de forma continua en smart working. Pensemos también, en todos los profesores y alumnos, desde la escuela primaria hasta la universidad, conectados a través de Internet. Incluso, en los entrenadores de las clases de gym, yoga, pilates, entre otros.

Pensemos en los cientos y cientos de películas descargadas durante el confinamiento y las visualizaciones en Netflix, Amazon Prime o You Tube; también, en las largas notas de voz enviadas por Whatsapp; y sin olvidar, las clases de cocina, de costura y de manualidades o cursos de cualquier tipo.

Pensemos en la increíble revolución que ha tenido la tecnología en relación al formato papel: revistas, folletos, cartas, tarjetas, postales, anuncios, etc.

Internet en el turismo

Volviendo a un viejo artículo sobre “Nuevas tecnologías, turismo y sostenibilidad”, notamos obviamente cómo este campo se ha transformado por completo y nunca como en este último año, ha dado un impulso increíble al uso de Internet. Recordemos que no hace mucho se iba a una agencia de viajes para reservar unas vacaciones; y ahora todo se hace en línea, sin ni siquiera encontrar el representante de viajes.

Pensemos en todas esas ferias que se han realizado para mantener en marcha el mercado turístico, pero todas a distancia. Igual que los seminarios, los webinars y las reuniones vía meet, zoom o whatsapp.

Ahora Internet está en nuestras vidas como el aire que respiramos y el agua que bebemos. Como tal, debemos usarlo con cuidado y respeto, tal y como lo hacemos con cualquier otro recurso del que disponemos.

Pero, ¿cómo contamina realmente Internet?

Sencillamente, con la electricidad. Cada pequeña acción que realizamos en línea, desde abrir una página web hasta enviar un correo electrónico o ver una película, emite indirectamente una cierta cantidad de dióxido de carbono. Es decir, no es únicamente el correo electrónico el que emite contaminación, sino el coste en términos de consumo eléctrico para que ese correo electrónico sea escrito, enviado y recibido. Como la mayor parte de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles, la electricidad que hace funcionar Internet, y sus centros de datos, contribuirá a contaminar el planeta.

El último dato sobre el que existe un amplio consenso es que Internet, en su conjunto, es responsable del 3,7 por ciento de las emisiones contaminantes. Se igualan a las del transporte aéreo, aunque todo lo que se salva, en términos de dióxido de carbono, utilizando internet en lugar de los medios de transporte (coches, buses, aviones,) es mucho menos impactante que un vuelo.

Los hosting ecológicos como alternativa

Han nacido hosting ecológicos que alojan sitios web transformando la infraestructura del servidor, reduciendo todo tipo de emisiones y minimizando su impacto ambiental porque se alimentan con energía renovable. En particular, alimentan sus servidores con energía eólica y además están involucrados en la plantación de árboles para reducir aún más su impacto ambiental, reduciendo las emisiones de CO2 en aproximadamente un 20%.

Los hosting más ecológicos son estadounidenses, pero creo que Easy Travel Hosting es particularmente adecuado para nuestro turismo sostenible.

Considerando que, en escala mundial, se estima que el turismo representa el 10,3% del producto interno bruto, 330 millones de puestos de trabajo, 1 de cada 10 puestos de trabajo en todo el mundo y 1,7 billones US dólares de exportaciones de turistas, los operadores de la industria turística pueden marcar una gran diferencia al optar por este tipo de hosting por su propio sitio web.

Todas las webs de agencias de turismo, tour operadores, hoteles, alojamientos, casas de vacaciones, restaurantes, aerolíneas, o motores de reserva como Booking, Airbnb o Tripadvistor,  junto con la frecuencia en la que todo el mundo empieza a buscar a través del web un destino para sus próximas soñadas vacaciones, ¿cuánto sufriría el mundo entero al multiplicar el efecto del uso de internet de un solo ciudadano?

Como en todos los aspectos de nuestra vida, todo comienza con pequeños hábitos diarios. Por ejemplo, apagando la luz cuando no se necesita, cerrando el grifo del agua, ocuparnos más de la basura separada y también, en el caso que nos ocupa, tratar de frenar un poco el uso de Internet. El planeta no se salva al detener Internet, sino que, la transición ecológica también depende de una transformación digital bien hecha.

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El viaje para llegar a la esencia de la vida

Estamos en una era de cambios en la que debemos aceptar y acoger el cambio como una gran oportunidad para renovarnos, reprogramar nuevas estrategias, nuevos paradigmas, nuevas creencias y al mismo tiempo volver a nosotros mismos. En las últimas décadas, la sociedad moderna nos ha envuelto en un remolino de innovaciones ultra-tecnológicas y consumistas que nos ha tragado en el ojo de una tormenta, abusando de demasiada modernidad para de-responsabilizarnos de todo: desde los roles sociales que jugamos como padres, hijos, maestros, colegas, empresarios ciudadanos, etc., hasta nuestras mismas acciones. Hemos permitido que este ciclón moderno se hiciera cargo de nuestras vidas y se fuera de las manos, como un Frankstein que se rebela contra quien lo creó, llegando a hacer más daño que beneficio. Propongo que a través del viaje, volvamos a la esencia de la vida.

Un cambio de paradigma

La nueva estructura social se cuestiona cada vez más debido a que el delicado equilibrio entre el hombre y la naturaleza se está debilitando y muchos aspectos del viejo paradigma ya no son válidos en una sociedad cada vez más enferma, destruida, cansada, infeliz y completamente desconectada de sí misma.

Además, si vemos que surgen nuevos mercados que cada vez se perfilan más con el desarrollo personal y espiritual, el coaching, el crecimiento evolutivo, las disciplinas holísticas, los retiros espirituales, la nutrición consciente y los mercados hortofrutícolas de km 0, significa que cada vez hay más demanda y necesidad de volver a la calma, a la naturaleza, a nuestra verdadera esencia, que parece haber quedado como nuestra única brújula que nos guía en un mar cada vez más exasperado y corrupto.

El viaje para el bien-estar

Junto a todas estas terapias holísticas en fuerte crecimiento y todas orientadas a volver a una calidad de vida más sencilla y a sustituir el concepto de “bien tener” por el nuevo paradigma de “bien estar”, yo asocio el viaje. El viaje es la terapia hacia el bienestar por excelencia.

En el viaje encontramos todos los desafíos e ingredientes que nos permiten estar absolutamente en contacto y en estrecha conexión con nosotros mismos y evolucionar como personas más responsables, con un despertar de conciencia más profundo e intrínseco. El viaje, en un sentido físico y al mismo tiempo en un sentido metafórico, aborda todos los ámbitos y aspectos de nuestra vida, ayudándonos a luchar contra nuestros peores demonios y a sacar la mejor versión de nosotros mismos. Cada vez que regresamos de un viaje, sacamos a la luz una parte de nosotros, escondida y misteriosa, un lugar desconocido, nunca conocido antes y despertado después de mucho tiempo. 

Piénsalo…

En el viaje, concebido como una aventura y experiencia lo más natural posible, no como unas vacaciones turísticas “todo incluido”, primero nos deshacemos de una cosa: una etiqueta, una máscara o múltiples máscaras que hemos construido en nuestra vida, en nuestro núcleo social dentro de nuestra comunidad: madre/padre, hija/hijo, hermana/hermano, empleada/o, vecina/o de casa, novia/o. Nos quitamos todo este armario de máscaras y en un grupo que no conocemos y en un área del mundo desconocida, simplemente somos nosotros mismos.

Es un gran redescubrimiento, es como si entráramos en un círculo privado de conocimiento, donde solo se encuentran virtudes ocultas. Sin saber a qué nos enfrentamos, nos movemos en dos direcciones al mismo tiempo: una nos muestra las maravillas, valores y problemas que normalmente ignoramos, y la otra, al mismo tiempo y más profundamente, nos muestra todas las partes de nosotros mismos que de otra manera podrían oxidarse y caer en el olvido. Porque al viajar a lugares auténticamente extranjeros, inevitablemente viajamos con estados de ánimo, mentalidades y pasajes internos secretos que de otra manera difícilmente tendríamos la oportunidad de visitar. Por tanto, viajamos en busca de nosotros mismos y al mismo tiempo del anonimato.

En el extranjero, estamos tremendamente desprovistos de casta, ocupación y estatus. La gente no puede darnos un nombre o una categoría. Precisamente así nos purificamos y nos liberamos de etiquetas innecesarias y tenemos la posibilidad de entrar en contacto con partes más esenciales de nosotros mismos (lo que explica por qué cuando estamos fuera de casa nos sentimos más vivos). Es en el extranjero que seguimos el impulso y nos entusiasmamos por todo, como cuando estamos enamorados. Vivimos sin pasado y sin futuro, al menos por un momento, y estamos a disposición de todos y abiertos a cualquier interpretación. Incluso podemos volvernos misteriosos para los demás y, a veces, para nosotros mismos. Nos desnudamos así de todos los prejuicios y volvemos a nuestra esencia, con sencillez. Y nos gusta. Es un «lujo» que muy pocos se toman la libertad de escoger.

En el viaje, durante esas horas eternas en un avión o en un autobús que recorre caminos largos y desenredados, nos permitimos otro lujo: el tiempo para pensar. Pensar y reelaborar todo lo que nos ha pasado en los últimos años y que inevitablemente nos ha alejado de nosotros mismos, nos ha alejado cada vez más de nuestro verdadero ser. Tenemos tiempo para pensar, para perdernos en los recuerdos y reencontrarnos.

Y el viaje se transforma en un espejo. Comer comidas típicas, hablar un idioma que no es el nuestro, conocer diferentes personas y rostros para reconocer, al final, entre esos mil rostros, los lineamientos de nuestra gente, el olor de nuestro país, los sabores de nuestra tierra, y apreciar más y con otra mirada, nuestras orígenes, nuestro pasado y nuestra historia, o simplemente nuestro hogar. Caminar por calles desconocidas e improvisar, entrar en contacto con diferentes culturas, tradiciones, bailes y danzas, cantos y coros, disfraces y máscaras que nunca imaginamos. Sorprenderse de lo que no es habitual, dejar en casa creencias y certezas para ver todo lo que creíamos saber bajo una luz diferente. Todo esto trastorna por completo lo que se daba por sentado, aprendemos cuanto provisorias y provincianas son las ideas que se consideraban universales: esto es la suprema libertad de viajar.

Incluso, podríamos decir que somos como palomas mensajeras. Detrás del simple hecho de salir de casa por un tiempo, hay algo más abstracto, un aporte que somos capaces de entender cuando nos damos cuenta cuánto podemos dar a los lugares que visitamos y cómo podemos convertirnos en una paloma mensajera que transporta conocimientos y que con humildad aprende conocimientos; en definitiva contribuimos a un intercambio entre las culturas.

Entonces reconoceremos cómo nuestra acción asume un papel fundamental. Llevando valores, creencias y noticias a las diferentes partes del mundo donde viajamos, nos convertimos en los únicos canales que pueden sacar a la gente de las fronteras selladas de su país. Importar y exportar sueños, deseos, recuerdos lejanos y cercanos de lugares encantados, de realidades mágicas que hacen sentir bien (bien-estar), ser transnacional en un sentido más alegre, capaz de adaptarse en todas partes, acostumbrado a ser extranjero en todas partes y obligado a re-crear nuestro propio concepto del hogar, reconociendo así que ningún lugar es verdaderamente nuestro hogar.

Y finalmente, se vuelve a casa diferente. No mejor, pero sí con la capacidad de encontrar en nosotros mismos una persona de espíritu joven y abierta, con una mente más libre y sin prejuicios, con la conciencia de que siempre tenemos que estar atentos, receptivos, no oscurecidos por el hábito de la realidad, siempre dispuestos a adaptarnos a cualquier situación para cambiar, para transformar, para evolucionar.

Así que, de algún modo, el viaje continúa

Porque al igual que las grandes historias de amor, el viaje nunca tiene un final definitivo. Porque si cada historia de amor puede parecer un viaje a un país extranjero, donde no hablas bien el idioma y no sabes a dónde vas, pero estas empujado cada vez más hacia una oscuridad tentadora, cada viaje a un país extranjero puede ser una historia de amor, donde te encuentras preguntándote quién eres y de quién te has enamorado.

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La era para una nueva conciencia del viaje

Ante el parón provocado por la pandemia somos muchos los que experimentamos unas ganas locas de volver a ver mundo, pero debemos aprender a viajar con propósito y conciencia. Estos últimos días se está hablando mucho del “efecto champán”, cuyos escenarios y consecuencias describimos en este artículo. Así mismo, el actual Director Ejecutivo de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Manuel Butler, señala que la recuperación será lenta pero, al mismo tiempo, puede haber un “tsunami de exceso de demanda”. Butler opina también que “se está construyendo un nuevo turismo que tendrá una transición bastante corta”. 

Los hechos

Personalmente estoy un poco preocupada por la reacción real del mundo después de esta pandemia. Tenemos estos hechos objetivos:

  • Esta pandemia nos obligó a quedarnos en casa y a pensar en nosotros mismos, nuestras vidas, nuestra felicidad y nuestro mundo y revalorizar nuestros principios básicos.
  • Tal vez el 90% de la población mundial está de acuerdo en que debemos cambiar de dirección (hacia nuestras Vidas y nuestra Tierra) y adoptar un comportamiento y una actitud más respetuosa, consiente y responsable.

Esta es finalmente una gran noticia y un gran despertar de la conciencia, pero hay que considerar también:

  • Detrás de este gran deseo de volver a la «vida normal», sabemos que la vida que llevábamos antes era una buena «zona de confort» o, mejor dicho, era una cómoda (más fácil y bien engranada) zona, pero no una zona de verdadero y auténtico placer para nosotros mismos.
  • Hay un fuerte deseo de volver a viajar, más fuerte que antes, después de más de un año obligados a permanecer dentro de nuestras fronteras. ¿Pero viajar cómo? ¿Cómo antes? ¿Qué nos ha enseñado realmente esta pandemia? ¿Cuántos estamos realmente concienciados para cambiar a mejor, y no volver a la vida de antes?

Las previsiones

Butler cree que, tras la pandemia, habrá una recuperación en el sector turístico “más lenta de lo que nos gustaría”, pero que, de vez en cuando, experimentaremos el ‘efecto champán’, como cuando se descorcha una botella de esta bebida. Además, él afirma que el Covid-19 dejará una clara huella en el sector turístico, cuyos pilares ya se están erigiendo: el surgimiento de un nuevo turismo basado en la sostenibilidad y la responsabilidad social y ambiental.

Personalmente, creo que este «efecto champán» puede acarrear una consecuencia lógica de volver al turismo masivo: miles de personas viajando, precios bajos, baja calidad, etc; escenario que representaría un paso adelante y dos atrás para el turismo sostenible.

La mayoría de la gente piensa que este año ha cambiado sus pensamientos, su mentalidad, pero creo también que, cuando regresemos a nuestra vida de consumismo, lo «olvidaremos» todo y «preferiremos» actuar de la misma manera e instalarnos en nuestra zona de confort. 

En conclusión: la humanidad tiene ganas de cambiar su actitud y su comportamiento (más saludable y más respetuoso), pero muy pocos actuarán con esta coherencia.

Aquí y ahora: la oportunidad perfecta para jugar la carta del triunfo

En este momento entra en juego el mercado y su acción puede marcar una importante diferencia hacia el futuro, para ayudar a una nueva conciencia del viaje.

Sabemos muy bien cómo el mercado puede manipular e impulsar a las personas a comprar (e incluso a vivir). Podemos experimentar la increíble fuerza mental utilizada por los medios y los anuncios o la publicidad: los medios son capaces de impulsar al consumidor hacia un producto u otro.

En este preciso momento, creo que el mercado del turismo (que será uno de los primeros en ser asaltado por este fuerte deseo de volver a viajar) debería jugar bien sus cartas y empujar a las personas a conectarse más: no con algo nuevo, o con la idea de volver a la vida normal (que, en realidad, no nos satisfacía totalmente), si no con algo muy malo que nos pasó a todos y, a partir de ahí, con el deseo de volver a vivir; volver a nacer con una nueva conciencia para salvar nuestras vidas, nuestro planeta y el futuro de nuestros hijos.

No obstante, la mayoría de las veces nos encontramos con un conflicto de intereses: por un lado, necesitamos crear mercados, dinero, negocios, lujo, etc. y, por otro, tenemos la oportunidad de educar nuevos turistas y mejorar la forma de viajar. A veces parece una lucha contra los molinos de viento: la actitud de «ganar dinero», la competencia, las grandes empresas de viajes, las empresas de cruceros, los gobiernos, etc.

La verdadera pregunta es: ¿cómo podemos combinar estas dos partes opuestas? ¿Dinero y negocios vs educación y nueva actitud? ¿Viajar vs hacer turismo? Y la siguiente pregunta es: ¿la gente tiene la seria intención de cambiar a algo mejor (vivir en una zona de placer) o prefiere quedarse en su aparente zona de confort? 

Podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para ofrecer, proponer e impulsar a las personas a redescubrir la felicidad en las pequeñas cosas y virtudes: la maravillosa sencillez de la naturaleza, la humildad, los sentimientos, el amor, la gratitud, ayudar a los demás, ayudar a la Madre Tierra, elegir la sostenibilidad, etc.

“Sólo” tenemos que ayudarlos a que abran los ojos de una actitud de «loca, artificial y destructiva carrera hacia fuera, hacia el consumismo» a la capacidad de mirarse más hacia adentro y dejar fluir los sentimientos, centrando la atención en el «aquí y ahora» y preguntar a los viajeros: «¿qué sientes aquí y ahora»? Este sería el mejor souvenir que los clientes se llevarían a casa y el mejor boca a boca para hacer negocios. 

En conclusión, hay que despertar la conciencia hacia nuestra mente, nuestras emociones más auténticas: esta es la base de la sostenibilidad.

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Mapulahual: Un destino donde se conjugan la conservación de la biodiversidad, gobernanza y desarrollo local

Autor: Leo Prieto.

Recuerdo perfecto la primera vez que estuve ahí. Después de casi tres horas de camino en su mayoría de tierra, llegué directo a Manquemapu, una comunidad ubicada en la costa de la Comuna de Purranque, X Región de Los Lagos en Chile. También una de las 6 comunidades de Mapulahual, un territorio conservado por comunidades indígenas y locales. Conmovida aún por el cruce de la Cordillera de la Costa que a esa latitud alberga uno de los bosques de alerce (Fitzroya cupressoides) más septentrionales de Chile, bajé de la camioneta para disfrutar del último mirador antes de llegar.

Unas cuantas casas con sus chimeneas humeantes a los pies del monte, un río y un bote amarillo listo para ser abordado. La selva Valdiviana con sus olivillos, canelos y melies, los alerces centenarios bien erguidos en la montaña y las olas furiosas del Pacífico. Parece que estoy frente a una arpillera (1) viva, de esas que una conoció cuando niña en los 80, cuando esa técnica eran una forma de sostener la memoria, de denunciar injusticias pero también de retratar la identidad de los diferentes rincones de este país.

Pero ¿qué significa un territorio conservado por comunidades indígenas o locales?

Autor: Leo Prieto.

En Chile cerca del 20% del territorio está bajo alguna categoría de conservación (Parque Nacional, Reserva Nacional, Monumento Natural, entre muchas otras). A pesar de esto, hay pocos modelos de gobernanza local y la mayoría de las áreas protegidas están gestionadas por instituciones como la Corporación Nacional Forestal y Bienes Nacionales. 

¿Qué pasa entonces con la autonomía de los pueblos para tomar decisiones sobre su territorio? En general los pueblos pre colombinos tenían y tienen un fuerte vínculo con la tierra y la naturaleza, ese vínculo puede ser emocional, económico, social, político o todas las anteriores juntas. Algunos pueblos encuentran en la naturaleza a sus dioses y diosas, otros son muy conscientes de que necesitan a la naturaleza en buen estado de salud y armonía para sobrevivir, y otros necesitan de la tierra para trabajarla. 

Gobernanza y conservación local quiere decir que los territorios son gestionados por las comunidades que históricamente han vivido en ellos, sean indígenas o no, con el fin de ser conservados y protegidos para mantener su biodiversidad y el equilibrio natural que permite la vida en ellos. Estos territorios que cuentan con esta forma de administración son reconocidos en el mundo como Territorios de Conservación Indígena y Local, TICCAS o ICCAS (por sus siglas en español e inglés respectivamente).

¿Qué otras características tienen estas áreas? 

Camila Ahumada Cáceres nos cuenta sobre Mapulahual, un Territorio de Conservación Indígena habitado por 6 comunidades en el sur de Chile.
Autor: Leo Prieto.

Son territorios que ya están muy bien conservados porque las comunidades que ahí habitan tienen una relación de cuidado y respeto hacia la tierra, la admiran y pueden sentir el equilibrio que en ella existe y valorar la importancia de las relaciones entre especies. La biodiversidad presente en sus territorios ha forjado su cultura y su identidad, por lo tanto esa tierra es el fundamento de su propia historia. 

Mapulahual es una de las primeras ICCAS de Chile, su nombre hace alusión a los bosques de Alerce que ahí crecen (Tierra de Alerces), los últimos grandes bosques de Alerce del mundo. En su interior habitan 6 comunidades que están conectadas por un largo sendero de Norte a Sur y por el mar. No hay camino vehicular que las una, sin embargo, la conexión en pro de la conservación es evidente.

Una de las formas de complementar los ingresos en este proyecto de conservación es el desarrollo del turismo comunitario. Algunas familias de la ICCA se han organizado para ofrecer servicios de alojamiento, gastronomía, guiado y excursiones, y transporte.  Uno de los objetivos de su propuesta de turismo, además de promover la conservación de la biodiversidad,  es mostrar a visitantes y turistas las características del territorio y aumentar los ingresos de las familias a través de la repartición justa y equitativa de los recursos que esta actividad genera, es decir que mientras algunas familias de la comunidad están a cargo de las excursiones, otras alojan y deleitan viajeros con su gastronomía local y otras gestionan el transporte terrestre y marítimo, dependiendo de las comunidades que se visiten. 

En Manquemapu puedes hacer solo algunas cosas de manera independiente y sin duda la mejor opción es contratar los servicios de la comunidad. Esto fortalece la gobernanza local, aporta a un mejor cuidado de la biodiversidad, y permite que la información nos llegue directo de quienes viven en el lugar, transformando  el turismo comunitario en una poderosa herramienta educativa.

¿Algunas alternativas que ofrece la comunidad?

Autor: Leo Prieto.

Navegar las aguas del Pacífico para avistar pingüinos de Humboldt, de Magallanes y lobos marinos en San Pedro (una de las comunidades del territorio), aprender de pesca y recolección de mariscos con Julo César, hacer senderismo de diferentes niveles de dificultad con la Tati, aprender a cocinar unas poderosas empanadas de cochayuyo (2) con la señora María, andar en bote por el río con Víctor Hugo, conocer cómo se fabrican las tejuelas de alerce con Javier, comer pancito amasado con la señora Erti, dormir reponedoras siestas frente al mar en la casa de Eli, entre otras cosas.

Estos fueron los primeros días de muchos en este lugar que sigue nutriendo mis sentidos de historias, sonidos, sabores y aromas. Aquí fácilmente puedo percibirme parte de la tierra sana donde todo es perfecto porque todo tiene una razón de ser y estar. Me siento un elemento más de la arpillera. 

Si te interesa conocer más de Mapulahual, no dudes en escribirme para ponerte en contacto con la comunidad o escribir directamente al link que te dejo aquí!


(1) La arpillera es una técnica de bordado que fue utilizada por mujeres familiares de detenidos y detenidas durante la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet en Chile. Este tipo de bordado fue una forma de plasmar los dolores, injusticias y horrores de aquella época. El uso de esta técnica convirtió a aquellas mujeres en historiadoras populares al visibilizar aquellos hechos. Hoy en día, la arpillera sigue siendo usada como una herramienta de denuncia pero también para registrar escenas cotidianas. Fue también una técnica usada en el trabajo artístico de Violeta Parra durante los años 60.

(2) El Cochayuyo (Durvillaea antarctica) es un alga comestible de gran tamaño que crece en las costas de Chile y es muy utilizada en la gastronomía popular.

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