Turismo de cruceros y sostenibilidad: ¿quimera o realidad?

Parecía que la sostenibilidad y el mundo de los cruceros no era algo que pudiera complementarse, pero a medida que el turista ha venido demandando destinos y servicios en base a dicha sostenibilidad, el sector ha ido cambiando. De esta manera, el binomio turismo de cruceros y sostenibilidad está tratando de convertirse en realidad.

Nuevos barcos que apuestan por la sostenibilidad de los cruceros

Es por ello que a medida que pasan los años se están implementando grandes cambios y nuevas directrices encaminados a mejorar el presente y el futuro del sector turístico.

Ejemplo de ello es que desde 2020, los cruceros se construyen contando con un sistema de navegación con propulsión de Gas Natural Licuado, eliminando así la emisión de gases y partículas a la atmósfera.

Como referencias tenemos al Costa Smeralda y al nuevo Costa Toscana que ha zarpado este marzo de 2022 desde Savona siendo propulsado por este gas.

Cambios en las directrices de la vida a bordo

Los sistemas de navegación no son los únicos cambios en la industria. Si nos metemos de lleno en la vida a bordo de estos nuevos barcos, el Costa Smeralda por ejemplo rechaza los plásticos de un solo uso cambiando éstos por productos biodegradables. También cuenta con un gran plan de reciclaje, así como una gestión de desechos muy eficiente.

Con éstos y otros cambios se pretende garantizar el cuidado de los mares y su biodiversidad. Poco a poco, turismo de cruceros y sostenibilidad puede llegar a convertirse en realidad, aunque aún queda mucho por hacer.

Mirada personal

Desde el primer crucero que realicé, esta parte del turismo ha sido mi mayor pasión en el sector. Ello ha hecho que estudie a diario sobre nuevas navieras, nuevos barcos y destinos y me guste investigar sobre todos los cambios llevados a cabo por la industria tanto para que la vida del crucerista sea más amena, como para ver y conocer los cambios que se están realizando en beneficio del medio ambiente.

Aunar ambas partes me ha hecho plantearme seguir en el mundo turístico ya no sólo desde el punto de vista del asesoramiento en la venta sino desde el punto de vista de la investigación, entendiendo ésta como el estudio de los cambios que cada día se llevan a cabo y escuchando lo que las navieras tienen que decir sobre cómo se está implementando la sostenibilidad en este sector.

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Retos de los destinos de Sol y Playa de Argentina

La relación entre la actividad turística y los espacios naturales ha ido evolucionando con los años. Tanto, hasta incluso convertir los destinos de sol y playa en centros de turismo masivo. En ellos, los veraneantes realizan un uso intensivo del espacio litoral. Dicho fenómeno trajo aparejado el crecimiento y prosperidad de muchas ciudades. También de sus respectivas sociedades. Sin embargo, las consecuencias a largo plazo pueden ser irremediables e impactar directamente sobre el recurso natural. Así será si no se desarrolla una planificación sostenible. Esto es así, dada la condición ambivalente del turismo. Por todo ello, el desafío de las zonas costeras se presenta como algo urgente: conseguir encontrar el equilibrio y la sostenibilidad. Ese es uno de los grandes retos de los destinos de Sol y Playa de Argentina.

Sánchez (1985) ejemplifica el proceso de transformación y valorización de las áreas litorales, bajo el término de “marbellización”. Con este concepto, explica la fuerte concentración de edificios modernos en remplazo de antiguas residencias, construidas próximas a la costa. El patrón se ha ido replicando en diferentes puntos turísticos de zonas costeras. Hoy, se enfrentan a un gran desafío: reestructurar el modelo turístico de sol y playa y virar hacia la sostenibilidad. Situándonos en el pilar medioambiental de la sostenibilidad, podemos ver algunas de las consecuencias más frecuentes del uso intensivo del espacio litoral.

Destrucción y/o aplanamiento de los médanos

Padilla (2013) afirma que la destrucción de los médanos es una de las principales causas de erosión, ya que son parte importante del ecosistema costero. No obstante, al encontrarse en el área más codiciada, el frente costero, se permite la eliminación o la habilitación de permisos de construcción. De ello depende el fuerte impacto directo sobre la calidad paisajística y ambiental de la costa. La circulación de vehículos todo terreno (4×4, cuatriciclos) o la ampliación de “zonas de sacrificio” no solo suponen un riesgo para otros veraneantes. También, impactan sobre las áreas de descanso, nidificación y alimentación de las aves y de la fauna autóctona. Incluso deja una gran marca la circulación de personas en áreas críticas. Por todo ello, el desafío de las zonas costeras se nos presenta como algo urgente: reestructurar el modelo turístico de sol y playa y virar hacia la sostenibilidad.

Desborde de afluentes cloacales

En palabras de Varisco (2011), la contaminación por descarga de afluentes con tratamiento inadecuado es uno de los problemas más frecuentes en el espacio litoral. Esto es así, porque las nuevas urbanizaciones destinadas a uso turístico, traen consigo grandes desechos. La mayoría de los centros turísticos de Argentina, cuadriplican su población durante la temporada estival. Debido a ello, las plantas de tratamiento de afluentes cloacales no responden ante semejante volumen.

Los Residuos Sólidos Urbanos (RSU) son todos los desechos que se generan en domicilios particulares. Pero también aquellos de similar composición generados en diferentes ámbitos, tales como comercios, oficinas o empresas de servicios, entre otros (Secretaria de asuntos municipales, www.mininterior.gov.ar). Los RSU, son una importante fuente de contaminación costera, impactando directamente sobre el ecosistema marino. Este problema, se intensifica cuando afecta a centros de gran afluencia turística.

El mayor de los retos de los destinos de Sol y Playa de Argentina: la sostenibilidad

El crecimiento exponencial, desordenado, la falta de planificación y de políticas turísticas impiden o retienen un desarrollo sostenible a largo plazo. El desafío de hoy es encontrar en la sostenibilidad el equilibrio.

Referencias: BENSENY, G. GARCÍA, M., VARISCO, C., GONZÁLEZ M., PADILLA, N., MARESCA, N., CANO, J., GONZÁLEZ, G., CAMPOLIETE, L., COMELLI, L., IRIGOIN, C., JOUANNY, V., LALLI, C., LAO, N., MAILÉN TUR MAURI, A., OJEDA, J. (2013). Gestores costeros de la teoría a la práctica: una aplicación en áreas litorales. Universidad Nacional de Mar del Plata. Mar del Plata. SANCHEZ, Joan Eugeni (1985), Por una Geografía del Turismo Litoral. Una aproximación metodológica. Revista ciencia Regional. Estudios Territoriales. España

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La necesidad de un turismo sostenible para no agravar la situación climática y ambiental

Es indudable que el turismo convencional que se ha estado llevando a cabo durante los últimos años ha ejercido una gran presión sobre nuestro planeta. Éste tipo turismo tradicional nos acerca peligrosamente a nueve puntos de no retorno de crisis ambiental y climática. Por ello, se hace evidente la necesidad de un turismo sostenible para no agravar la situación climática y ambiental.

El turismo ha generado graves problemas ambientales estos últimos años. Algunos de esos problemas son la contaminación ambiental (terrestre, acuática y atmosférica). Además, se aprecia un gran deterioro y destrucción de la flora y fauna local y el agotamiento de los recursos naturales. El turismo, también ha provocado otros impactos negativos. Destacan especialmente la masificación de los destinos, la pérdida de identidad patrimonial y cultural de los sitios, problemas de convivencia para la gente local, etc. Incluso, debido a la sobreexplotación turística de muchos destinos y a la falta de responsabilidad de los turistas, se ha puesto en peligro de extinción muchos lugares. Algunos de ellos, por sus características intrínsecas, son especialmente sensibles a los cambios de temperatura, humedad, erosión, etc. 

Entre ellos destacan destinos como la isla de Koh Tachai en Tailandia. A tal punto llegó, que en el 2016 el gobierno tailandés tuvo que cerrar dicha isla al turismo de manera indefinida. También otros lugares únicos como Machu Picchu, la Isla de Pascua, el santuario de Abu Simbel o la Gran Barrera de Coral se encuentran en peligro de extinción (o lo estarán en algunos años). Así será si no se toman medidas de protección al respecto. De ahí la importancia de recalcar la necesidad de fomentar el turismo sostenible.

Tiempo de reflexión 

La pandemia de la Covid-19 fue una parada forzada para todos. Esta situación nos sirvió para reflexionar si debíamos (o queríamos) continuar de la misma manera que habíamos estado haciendo hasta entonces. En este periodo de tiempo gran parte de la actividad humana se frenó en seco. La Tierra, así, pudo “respirar”. Se produjo una mejora de la calidad del aire y de las aguas; y los animales y la vegetación volvían a ser los protagonistas de lugares que el humano les había arrebatado. Ahora, vamos recuperando progresivamente nuestra actividad habitual y los países van levantando poco a poco las restricciones permitiendo de nuevo los viajes. Pero cabe preguntarse si queremos seguir en la misma línea en cuanto al sector turístico se refiere. 

Cambio de paradigma

Al menos, se observa que cada vez hay más personas concienciadas. Personas que sienten la necesidad de hacer las cosas de otra manera, como viajar de una manera más sostenible. De esta manera, aprovechar este nicho de mercado es quizás un buen punto de partida para cambiar la tendencia anterior. El turismo sostenible necesita la implicación de todas las partes interesadas de la industria. Por ello, los viajeros pueden aportar su granito de arena, cambiando pequeñas acciones e integrando ciertas prácticas sencillas durante sus viajes. Entre ellas, está el elegir rutas alternativas con respecto a las rutas turísticas habituales. Con ello, se conseguiría huir de las masificaciones, conocer los lugares de forma más auténtica con respeto y empatía, gastar el dinero en la gente local y minimizar el impacto ambiental.

Viajando de esta manera, más concienciada y respetuosa, estaremos ante una situación de “win-win” entre el viajero y el planeta. Ésto no sólo nos beneficiará a nosotros en la actualidad, sino también a las generaciones venideras. Ellas, querrán disfrutar de los destinos de la misma manera que pudimos hacerlo nosotros. 

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Destinos sostenibles: una experiencia a escala

Usualmente hemos indicado que la hotelería, gastronomía, animación… son los productos o servicios turísticos, pero entre más reflexiono sobre cómo procede un viaje, más considero que una experiencia satisfactoria es el principal producto de la “industria turística”, y la cadena de valor que se mueve alrededor de ella, es el proceso logístico para proveerla. A partir de esta visión, deseo orientar la gestión del destino como la “industria que manufactura” una experiencia altamente inolvidable (en positivo).

Para ello, propongo los siguientes componentes orientadores del destino:

Experiencia satisfactoria: más que un número de viajeros, un destino exitoso es aquel que logra un alto porcentaje de experiencias inolvidables entre los viajeros que lo cruzan. Para ello, se requiere diseñar dicha(s) experiencia(s), integrando los valores más auténticos y únicos del territorio, los cuales se traducen a través de los sentidos y actividades que el viajero desarrollar en su estadía.

Articulación logística: imaginémonos que la “fábrica” de la(s) experiencia(s) se comprende por la integración de hoteles, restaurantes, transporte… y cada parte se entiende como un proveedor del proceso logístico que trabaja hacia la elaboración de la experiencia del turista, nuestro producto. Así, un destino propende por articular a sus proveedores alrededor de un diálogo con el viajero en un idioma sensorial que traduce los valores y autenticidad en sus productos y servicios: alojamiento, gastronomía, guianza…

Ingredientes de un destino turístico

Ahora bien, dicho esto, hay dos componentes que pongo a discusión, que deben igualmente integrarse en los destinos para fortalecer su capacidad de experiencia inolvidable:

Capitalización: al entender que todas las empresas y servicios actúan de forma colectiva para proveer la experiencia inolvidable, también entendemos que logramos un esfuerzo colectivo de recursos económicos y humanos que deben enfocarse en aquellos aspectos del territorio que proveen dichos valores y significados, para asegurar su conservación y restauración. El poder del turismo está en lograr canalizar recursos de forma efectiva en el territorio, para mejorar el valor del producto (experiencia) y mantener la capacidad de las empresas de proveerlos mientras captan el mayor valor.

Digitalización: en la era Geek, con el mayor acceso a la información y conexión en tiempo real, debemos lograr estar en capacidad de recoger la mayor información y transformarla en decisiones de alto valor. Esto requiere una integración tecnológica que permita la lectura del destino. Para dar algunas ideas estaríamos hablando de que las encuestas en empresas logren además de evaluar su calidad, también ofrecer evaluaciones de la experiencia en el destino, igualmente lograr un análisis de la vulnerabilidad y presión sobre los recursos del territorio y no solo de los impactos puntualizados por cada empresa. Por otro lado, captar el bienestar y valor percibido por la comunidad, lo cual también puede facilitarse a través de un sistema de opinión digital. Así mismo, diseñar estrategias para el marketing de las empresas, teniendo en cuenta los segmentos de los viajeros evaluados a escala del destino.

Creemos experiencias inolvidables

Como profesional y como viajera, estoy explorando un enfoque que aporte a la sostenibilidad y a la valoración de los territorios que soportan las experiencias turísticas. Por ello, considero que aún hay pasos por dar hacia el diseño y evaluación de la experiencia que ofrece un destino, apuntando a generar aquellas que logren transformar la conciencia de los viajeros hacia un entorno más propositivo y positivo y transferir el capital que el mismo viajero lleva consigo (conocimiento y capital económico) al territorio que visita.

En conclusión, debemos empezar más a pensar el turismo a través de la experiencia que ofrecemos, entender que esta experiencia se desarrolla más allá del límite de una empresa y se traduce en el territorio, por lo cual se requiere la articulación e integración de información a esta escala para evaluar y mejorar la “empresa” (destino).

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El turismo sostenible como germen del turismo

¿Apostar por un turismo sostenible es fomentar el nacimiento de una nueva forma de hacer turismo o es quizás volver al origen del ser humano? Para esta pregunta hay tantas respuestas como personas a las que se pregunte. Sin embargo, la conexión que nos une al medio ambiente natural parece indicar que practicar turismo sostenible es conectar con el tipo de turismo más primitivo de la humanidad.

La sociedad de hoy día, vive inmersa en un ir y venir de actividades diarias que ocupan nuestro tiempo y consumen nuestra energía. Por ello, llegar a “final de curso” y poder disfrutar de unas vacaciones, se ha convertido en una cuestión casi de vida o muerte anímica.

¿Es más sostenible el turismo actual o el que practicaban nuestros antepasados?

La gran mayoría de la población actual, no contempla promover unos valores de sostenibilidad durante sus días de desconexión. Por ello, termina fomentando un tipo de turismo masificado y concentrado en determinados puntos del planeta. Este modelo de viajes promueve un muy rápido crecimiento económico. Y éste, no tiene en cuenta el ecosistema en el que se encuentra ni las comunidades que lo sostienen.

Sin embargo, debemos viajar al pasado y analizar las diferentes rutas y modelos de viaje puestos en marcha por el ser humano. Así descubrimos que son bastante más parecidos al turismo sostenible que queremos conseguir en el futuro, que al turismo de masas predominante hoy en día en gran parte del mundo.

La Organización Mundial del Turismo define turismo como “el conjunto de actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno natural por un periodo de tiempo consecutivo inferior a un año con fines de ocio, por negocios y otros motivos”. Siendo así, es fácil identificar como turísticos, los diferentes tipos de viajes comerciales, por motivos de salud o religiosos. Segmentos que, a su vez, coinciden con los motivos de viaje más primitivos del ser humano.

La sostenibilidad de los viajes tradicionales

Si nos centramos, por ejemplo, en los viajes comerciales tradicionales, no es difícil imaginar que eran bastante más sostenibles de lo que son actualmente. Al menos así lo fue hasta la llegada de la Revolución Industrial. Durante milenios se usó como medio de transporte el propio caminar o la tracción animal. Los viajeros comerciantes no conseguían ni intentaban transformar la sociedad que les recibía en destino. Además, procuraban establecer relaciones sociales y ambientales que les permitieran continuar con la misma actividad en el futuro.

Y es que, también la OMT, en su descripción de turismo sostenible, nos dice que éste debe cumplir tres características para ser considerado como tal. El turismo sostenible debe “dar un uso óptimo a los recursos medioambientales, respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas y asegurar unas actividades económicas viables a largo plazo”.

Atendiendo a estos parámetros podemos afirmar que, efectivamente, los viajes con fines comerciales que eran practicados, como mínimo, desde el Neolítico, podían enmarcarse dentro del turismo sostenible.

El respeto a la cultura y la sociedad como ejemplo de sostenibilidad histórica

Habitualmente, los viajeros, en general, salvo en casos concretos de colonialismo o imperialismo, solían respetar a las comunidades autóctonas con las que se encontraban en el camino. Incluso, interactuaban y formaban parte de los diferentes grupos sociales. Cierto es que, muchas veces, aquellos viajes podían durar meses. Por ello, integrarse en las diferentes comunidades anfitrionas debía ser algo de lo más natural.

Un buen ejemplo de ello, lo podemos ver cuando analizamos el turismo religioso cuyo punto álgido se produjo durante la Edad Media debido al aumento de viajeros tanto cristianos como musulmanes.

Uno de los grandes centros de peregrinación, sin lugar a dudas, es el histórico Camino de Santiago. Desde la aparición de los restos del apóstol en el siglo IX, se abrieron numerosas rutas que tenían como destino final la famosa localización gallega. ¿Era el Camino de Santiago una ruta de peregrinación prototipo de turismo sostenible? La respuesta, de nuevo, debería ser afirmativa.

Así lo expuso también la profesora asociada de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Rey Juan Carlos, María Rosa Vázquez Rodríguez. En en su trabajo “El Camino de Santiago, un modelo de turismo sostenible” analiza detalladamente los diferentes aspectos que demuestran la importancia de la sostenibilidad en las localizaciones que recorre. Además, en su estudio, examina las diferentes características que sitúan esta ruta centenaria entre uno de los viajes más sostenibles, incluso, de nuestros días.

Cambio de paradigma

Por todo ello, podemos deducir que ya desde el primero de todos los viajes del ser humano, la inmensa mayoría de ellos deben enmarcarse en un modelo de turismo sostenible.

El informe Brundland (1987) nos dice que el desarrollo sostenible consiste en “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro”. Y analizando uno a uno los múltiples y diversos grupos sociales que han habitado el planeta, hacemos un descubrimiento: efectivamente, a través de sus desplazamientos, consiguieron satisfacer sus propias necesidades, pero nunca pusieron en riesgo las de la población que estaba por venir.

La prueba de ello es que son las generaciones actuales las que se han encontrado un planeta en peligro. Son numerosos los informes que ponen de manifiesto que, la actuación del ser humano en las últimas décadas del siglo XX y primeras del siglo XXI, ha sido clave en cuanto al daño producido al medio. También la imposibilidad de repararlo. Y también su modelo de turismo. Pero hasta entonces, estos viajes sostenibles, fueron la norma durante los últimos milenios. De esta manera, decir que el germen del turismo es precisamente el turismo sostenible, es toda una declaración de principios.

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