El turismo como una herramienta de paz

«El turismo responsable es el turismo implementado de acuerdo con los principios de justicia social y económica y con pleno respeto por el medio ambiente y las culturas».

Esta es la definición de turismo responsable dada por la AITR (Asociación Italiana de Turismo Responsable). Dicha organización se ocupa de promover un tipo de turismo que reconoce la centralidad de la comunidad de acogida, la cual debe participar en el proceso de desarrollo derivado de los ingresos de la industria del turismo. De esta manera, se consigue una interacción positiva entre viajeros, habitantes locales y operadores.

También llamado como turismo sostenible o solidario, es una forma de turismo que comenzó a desarrollarse desde finales de los años ochenta. Es una especie de enfoque del mundo de los viajes que forma parte de un programa mundial de desarrollo sostenible y respeto por el medio ambiente, que durante años ha comenzado a tratar no solo con organizaciones no gubernamentales, sino también con instituciones.

Por lo tanto, el turismo responsable es una forma de viajar que tiene el menor impacto posible en el entorno natural y en la vida de las comunidades locales, las cuales, deben poder aprovechar el crecimiento económico resultante de la industria del turismo.

Sin embargo, a nivel práctico, ¿cómo se debe elegir un viaje y cuáles son las medidas que se tomarán una vez en el lugar?

El comportamiento del turista responsable

El Touring Club italiano, con la contribución de la Comisión de las Comunidades Europeas y la región de Lombardía para el sector del medio ambiente y la energía, ha publicado la guía «Carta sobre la ética del turismo y el medio ambiente«. En ella, define el turismo como uno de los derechos humanos y como un factor que puede favorecer el encuentro y la paz entre los pueblos, todo en el contexto del desarrollo sostenible y el respeto por el medio ambiente

En la guía, primero encontramos  un breve resumen de los principios éticos generales relacionados con el mundo de los viajes, y luego, un código de conducta dirigido, no solo a las instituciones y operadores turísticos, sino también a los viajeros. Algunos de los puntos del código enfocados al turista son

1. Debe comprometerse a respetar las tradiciones y la cultura de las personas que lo albergan. También a seguir la prohibición de ir a ciertos países, si viven comunidades que no desean recibir visitas como causa probable de desequilibrios.

2. Debe someterse a todas las precauciones de salud necesarias si viaja a países que lo requieren.

3. Es necesario salvaguarde la flora y la fauna del entorno natural que nos rodea.

4. Debe comprometerse a proteger el patrimonio histórico y artístico de la ciudad anfitriona, incluso cuando no haya vigilancia. Queda prohibido, por lo tanto, tomar posesión de activos artísticos o arqueológicos o dañar monumentos con pinturas vandálicas.

5. No dejar residuos en el medio ambiente u otros objetos capaces de dañarlo o incluso provocar incendios.

El turismo como herramienta de paz

Siguiendo el código del comportamiento responsable, y hablándole a un viajero más evolucionado que por naturaleza tiene una sensibilidad más cuidadosa y considerada hacia el país que visita, me gustaría considerar  un viejo mensaje que se remonta al año 2001, pero que aún sigue teniendo vigencia.  Se trata del mensaje que ofreció Juan Pablo II en el día mundial del turismo

El Papa habló de todas las implicaciones positivas y negativas de la industria del turismo, tanto en el país de acogida como del propio turista. En su discurso, resume el significado más profundo del turismo. De cómo éste podría ser realmente utilizado como un arma de paz y diálogo entre los pueblos, de desarrollo y riqueza justa, y también, de interés y educación. Incluso, para aquellos pueblos que no pueden moverse como turistas, pero pueden recibir como anfitriones. 

En mi opinión, el turismo, igual que en todos los aspectos de la vida, si se gestiona bien, realmente puede convertirse en una fuente de riqueza. Y no solo económica, sino también humana, intelectual y cultural. Sin olvidar, la riqueza espiritual e interior, que va más allá del aspecto puramente estético y de imagen al que la sociedad industrial contemporánea le da tanta importancia. Es decir, es necesario buscar una riqueza más intrínseca, gracias a la cual, el turismo puede ser una auténtica herramienta para la paz.

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El ‘DEsAcuerdo de París’

Amigos de la Tierra denuncia que las promesas y los compromisos nacionales que son la columna vertebral del Acuerdo de París son insuficientes para mantener el calentamiento global dentro de estos umbrales de temperatura, y señala que no tienen en cuenta la distribución equitativa de la responsabilidad entre los países.

En el quinto aniversario de la firma del Acuerdo de París, la organización Amigos de la Tierra denuncia la falta de cumplimiento efectivo de los compromisos climáticos establecidos en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Clima y señala particularmente la irresponsabilidad del Norte global que está, según aseguran, muy lejos de hacer lo que les corresponde en un reparto justo de responsabilidades, no solo en la reducción de emisiones sino también en cuanto a posibilitar una adaptación adecuada, encarar las pérdidas y daños en los países pobres y brindar financiamiento climático real.

“Aunque el Acuerdo de París no satisface las necesidades de justicia climática ni de la ciencia sobre el clima, el hecho que se firmara fue importante para demostrar unidad a nivel mundial y la necesidad urgente de limitar el aumento de la temperatura promedio mundial a 1,5 grados Celsius. Pero a cinco años de su adopción, el mundo sigue plagado de desigualdades, estamos enfrentándonos a crisis más profundas de desempleo, los proyectos de combustibles fósiles crecen y los rescates a las empresas más contaminantes siguen a la orden del día en un contexto marcado por la pandemia mundial del COVID-19”. Ha señalado Cristina Alonso, responsable de Justicia Climática de Amigos de la Tierra y ha añadido.

Amigos de la Tierra señala también “el intento de engaño a la ciudadanía” con los compromisos de metas de “emisiones cero” (“cero neto”). Un concepto que la organización considera peligroso al ser utilizado convenientemente por empresas contaminantes y gobiernos para eludir su responsabilidad de reducir sus emisiones usando tierras, bosques, lagos y territorios del Sur global como sumideros de sus emisiones de carbono.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Ecoticias: El ‘DEsAcuerdo de París’.

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El miedo: cómo influye en nuestra vida y en nuestra forma de hacer turismo

Muchas veces dejamos de hacer cosas que deseamos y que son realmente importantes para nosotros por temor a lo que pueda ocurrir. Retrasamos viajes que nunca llegan y, si llegan, nos aseguramos de tener todo lo más atadito posible; declinamos invitaciones que nos lleven a la aventura, a lo desconocido; aparcamos la libertad y nos vestimos de miedo.

El miedo como mecanismo de supervivencia

El miedo, como otras emociones presentes en el mundo animal, es un estado de ánimo ancestral. Pero solo en los seres humanos ha cambiado tanto durante su existencia milenaria, en comparación con el resto de miembros del reino animal, en los que se ha mantenido casi intacto. Fundamentalmente, porque estos últimos todavía actúan hoy como hace miles de años: por instinto. El hombre, en cambio, ha visto en su evolución, un instrumento de comercio.

El miedo es un estado mental que se asocia con la supervivencia de la especie. Es tan natural, como innato y saludable, ya que nos permite escapar de un peligro inminente o futuro, para salvaguardar nuestra persona y nuestra futura especie.

Entonces, ¿cuándo comienza a volverse dañino para la psique humana y, en consecuencia, también para nuestro cuerpo? Cuando ya no podemos gestionarlo. Cuando permitimos que se apodere de nuestras ideas y de nuestro razonamiento, y nos dejamos llevar fácilmente por la excesiva emocionalidad.

¿Cómo combatirlo?

Una de las manifestaciones más frecuentes del miedo se produce cuando nos encontramos cara a cara con lo ignoto, en cualquiera de sus formas: la oscuridad, la noche… Miedo al otro, al que no conocemos, al que no pertenece a nuestro mismo entorno social, a otras razas, a otras formas de conocimiento… Hay miles de formas diferentes, lo único que marca la diferencia es cómo somos capaces de manejar las preocupaciones, los estados de ansiedad, las fobias. Y si la raíz común del miedo es lo desconocido, la terapia casi obvia para combatirlo es el conocimiento.

Pero conocimiento no entendido como el saber concreto y académico de la historia del mundo, sino aquel que deriva de una experiencia real que nos permite usar nuestro pasado para construir un equipaje para enfrentar lo desconocido de una manera más segura en el futuro.

Cuando nos atrevemos a superar las barreras culturales manifestadas muchas veces en forma de racismo, por ejemplo, entendemos que el otro es simplemente como nosotros, con nuestros propios miedos, o quizás otros, y las mismas maneras, u quizás otras, de afrontarlos. Y justo en ese entender es cuando el miedo se disipa y le ganamos la batalla.

El miedo como instrumento de comercio

El uso del miedo como objeto de manipulación ha sido utilizado desde la antigüedad, cuando los sabios empleaban su conocimiento para influir en la mente de los pueblos en asuntos religiosos, políticos, económicos y sociales.

En la actualidad, nuestros temores se ven más bien alimentados por las sugerencias, recomendaciones y, en ocasiones, obligaciones que nos vienen impuestas desde el sistema: la compra obligatoria por ley de asientos anti-abandono para niños en automóviles; la publicidad veraniega palpitante sobre dispositivos antirrobo para el hogar; el florecimiento de seguros para todos los tipos y necesidades, y así, un largo etcétera de miedos impuestos que no son más que la fórmula perfecta para mercantilizar a partir de su existencia.

Pero, ¿cómo afectan nuestros miedos en nuestra manera de ejercer el turismo?

Nuestros miedos también afectan nuestras elecciones personales: desde el no querer salir de nuestra zona de confort, hasta elegir el turismo de masas, organizado y controlado de arriba abajo, como forma de viajar. Sin dejar, paradójicamente, ningún margen para el verdadero viaje.

Normalmente, el turismo de masas se fundamenta en el principio del miedo. Trata de todas las maneras posibles de proveer al turista de esa ansiada “tranquilidad” a través de las comodidades que lo mantengan tan cerca como sea posible de lo que conoce como forma de vida. Está todo tan bien preparado, que no queda nada al azar o a la aventura.

El hombre necesita certezas para sentirse seguro. No quiere sorpresas, tampoco inconvenientes. Quiere consuelo. Y en este caso el turismo de masas es ideal porque proporciona al turista todos los servicios indispensables que le aporten esa deseada certidumbre en todo momento: itinerarios, estadías, hoteles, gastronomía, ocio.

Otro aspecto que hace tan atractivo este tipo de turismo es la rebaja en los precios, la practicidad y una mayor accesibilidad a las vacaciones por parte de muchos, pero realmente estos factores son tan solo la consecuencia de una producción de y para masas.

Salir de la zona de confort

Por el contrario, el viaje que es concebido de una forma más alternativa y, en consecuencia, también más sostenible, deja estos patrones atrás. Pero, claro, salir de estos patrones es como salir de la zona de confort y requiere lidiar con un margen de inseguridad e incertidumbre importante. La espontaneidad es el factor diferencial, y las expectativas y sensaciones generadas pueden ser tan variadas como el número de viajeros que se atrevan a ir más allá.

Viajar significa, en ocasiones, tolerar medios de transporte lentos y polvorientos, llenos de olores, sabores y, tal vez, animales a cuestas. Comer en los mercados del pueblo, dormir en hoteles regentados por los lugareños, con ventiladores viejos o mosquiteras en las ventanas. Caminar, ensuciarse, descubrir, seguir sintiendo la adrenalina de lo incierto.

El verdadero viaje se hace cuando perdemos el miedo, cuando no tenemos el control de todo. Así que no tengáis miedo al mundo y aprended a enfrentar al mundo sin miedo.         

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Aprendizaje empoderando a una comunidad de mujeres Masai

Las mujeres masai se enfrenta a multitud de obstáculos por dos motivos: uno por ser mujer y otro por ser masai. Suelen dejar la escuela antes de los 10 años para dedicarse a las tareas que “su tribu” y la “sociedad” les ha encomendado. Son consideradas inferiores a pesar de que son ellas las que se encargan de construir las casas, ir a por agua, cuidar de sus hijos, del ganado, del hogar, ir a por leña, y un sinfín de cosas más. En definitiva, hacen que su comunidad salga adelante y sin ellas no sería posible. Dentro de esta comunidad, el hombre  cumple las funciones de pastor y resuelve asuntos políticos o sociales.

La vida de las mujeres transcurre en el seno de una tribu patriarcal. Las familias son las que acuerdan con quién se van a casar, incluso siendo muy pequeñas.  Casi siempre los motivos materiales o económicos son los que mueven estos acuerdos. El marido puede tener varias esposas, y esto a pesar de lo que podamos pensar, es aceptado por ellas ya que es su cultura. Se ayudan y pasan su sabiduría de las más mayores a las más pequeñas, desde la primera esposa a la última. Son mujeres fuertes, hacen piña y se cuidan.

Es una realidad que hoy en día en este tipo de tribus, todavía son practicadas de manera habitual la ablación, la violación y el matrimonio infantil, a pesar de estar penados por la ley.

Voluntariado con propósito

Hace tres años hice un voluntariado en un centro de rescate de niñas que vienen de situaciones familiares complicadas, como las anteriormente mencionadas. Elegí una ONG pequeña de confianza llamada Tumaini, que junto al fundador del proyecto local, me pidieron hacer “algo” para empoderar a la comunidad de mujeres masai de la zona. Fue entonces, cuándo el turismo sostenible cobró toda su importancia. Vi que podía ser una herramienta fundamental para la prosperidad de esta comunidad.

El producto turístico sostenible que diseñé consistía en un taller de abalorios impartido por las mujeres masai. Aprovechando que cada abalorio tiene un significado cultural (prosperidad, belleza o posición social), sería el hilo conductor ideal para crear  un espacio de intercambio cultural entre el voluntario y la mujer local.  El taller se ofertaría desde la ONG o en el propio proyecto en Kenia como un valor añadido a la experiencia de voluntariado. Parte del dinero recaudado se reinvertiría en comprar materia prima y el resto, se quedaría directamente en la comunidad. De esta manera se fomentaría la economía circular.

El principal objetivo del proyecto era que las mujeres fueran más independientes y más libres. A la vez, que tuvieran la oportunidad de dar a conocer su cultura y sus tradiciones para poner en valor la autenticidad de su pueblo y sus costumbres. En definitivaayudarles a obtener una fuente de ingresos extra para que se sintieran útiles y que las ayudara a crecer de una forma sostenible económica, social y medioambientalmente.

Abalorios hechos por las mujeres Masai

Expectativas vs realidad

El centro estaba situado en una zona rural masai cerca de Nairobi. Hasta ese momento nunca había estado tan mezclada con la población local y la primera palabra que aprendí fue “mzungu”, que es como nos llaman a los blancos en suajili. Es justamente durante la implantación del taller cuando me doy cuenta que no pensé en las cosas que podían salir mal.

En primer lugar, Muthoni, la portavoz de la comunidad,  no tenía conocimientos en hacer pulseras a pesar de que afirmó que sí. Nos dimos cuenta que solo sabía hacer collares y que era otra mujer, ausente en ese momento, la que sí sabía. En segundo lugar, solo hablaba suajili. Esto dificultó la comunicación y llevó a un malentendido en cuanto al dinero que tenían que recibir. Por suerte, pudimos resolver el  conflicto a través de una de las trabajadoras sociales. En tercer lugar, no repartió el dinero entre la comunidad de mujeres, se lo quedó ella. Y por último, su marido gestionaba la economía familiar.

Llegados a este punto, nos planteamos dos cuestiones. Por un lado, si el dinero se lo quedaba su marido el objetivo del taller carecía de sentido. Por otro, se podría generar un conflicto con él ya que no vería con buenos ojos su independencia económica.

En un principio sentí enfado y frustración, me sentí engañada.A medida que iban pasando los días fui entendiendo que no me había parado a pensar en el contexto de esas mujeres. Ellas pensaban en el hoy y no en el mañana. Mi pensamiento era «si a los voluntarios les gusta el taller, lo recomendaran y será una fuente de ingresos constantes para las mujeres”.En cambio ellas pensaban diferente: “hoy tengo dinero en mano para alimentar a mi familia.”

Voluntariado con las mujeres

Mi aprendizaje

Muthoni, era una mujer masai de 30 años con siete hijos a los que alimentar. Mientras nos enseñaba a hacer collares, amamantaba a su bebé de tres meses que previamente le había traído su hija de ocho. Tuvimos la oportunidad de invitarla a comer en el proyecto de voluntariado, cosa que agradeció enormemente ya que probablemente no había comido nada ese día. Tuvo predisposición a enseñar lo poco que sabía y compartimos un momento muy enriquecedor que de otra forma no se hubiera producido. Ella quería saber más sobre mí. Me preguntaba si estaba casada, si tenía hijos, cuánto me había costado el billete hasta ese lugar. Compartimos risas y complicidad. En ese momento sentí que no había tanta distancia entre nosotras. Simplemente éramos dos mujeres, con la misma edad, tan diferentes, compartiendo una conversación.

Me di cuenta que estaba adoptando el comportamiento de la “blanca salvadora”. Con muy buena intención diseñé un taller para ayudar y nunca tuve en cuenta la opinión de las mujeres con las que iba a trabajar. ¿Quién era yo para juzgar o decidir si una mujer se siente útil o no? ¿Quién era yo para decir cómo se tienen que ganar la vida? Di por hecho que ellas necesitaban ayuda y no pregunté cuáles eran sus necesidades reales ni su verdadero contexto. Tampoco si necesitaban soporte o si les parecía bien compartir su saber-hacer y su folklore. Tenía todos los elementos para que el taller fuera un éxito menos la gestión de la población local.

Aprendí a no juzgar y a empatizar con su idiosincrasia. Entendí que para implantar un producto turístico de este tipo es esencial contar con las comunidades locales para que sean ellas mismas las que expresen cómo quieren trabajary qué necesidades tienen. Es importante dotarles de las herramientas para que ellas mismas puedan desarrollarse a su ritmo y sin imposiciones.

Referencias externas:

https://www.iwgia.org/es/kenia.htmlhttp://www.acs-aec.org/index.php?q=es/sustainable-tourism/el-turismo-comunitario

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