Más mascarillas en el mar que en la boca: la pandemia que viene

Es sólo una colilla por el alcantarillado, la toallita del bebé por el retrete, una bolsa de plástico olvidada a la orilla del mar, un preservativo usado con prisas detrás de unos arbustos y ahora, más que nunca, una mascarilla en medio de un descampado donde juegan los niños. Son estampas conocidas y por conocer que tienen un denominador común: la sensación de impunidad del acto incívico como si el planeta no fuera finito. 

El lobby del plástico vive en plena fiesta mayor con un crecimiento exponencial en su producción mundial gracias al boom de millones de mascarillas de un solo uso para evitar la propagación del coronavirus.

Para que nos hagamos una idea, sólo Italia estima que necesitará 90 millones de máscaras durante un mes .Y eso sólo es el principio. Tarde o temprano, tanta mascarilla tenía que aparecer por algún lado. Así lo testifica Oceans Asia en su visita a las islas Soko, cerca de Hong Kong. Las mareas y las corrientes marinas trajeron consigo miles de mascarillas usadas, dejando un panorama desolador. “Cuando de repente tienes una población de 7 millones de personas con una o dos máscaras al día, la cantidad de basura generada será considerable”, dicen los activistas. Aunque no hay que ir tan lejos para encontrar la misma tragedia medioambiental. “El litoral cántabro amenazado por el abandono de mascarillas y guantes en sus costas”, titulaba El Diario Cantabria hace tan solo unos días.

Desde Vivir sin plástico no creen que haya que lanzar un mensaje diferente para desechar correctamente las mascarillas desechables que para desechar correctamente cualquier otro residuo. “Puede ayudar a concienciar desde el punto de vista sanitario, pero los que ahora tiran mascarillas al suelo o por el váter son las mismas personas que antes de la pandemia tiraban toallitas por el retrete o colillas al suelo. Ahora hay más basura porque se usan más desechables, no porque haya habido un cambio en nuestra percepción sobre la basura que generamos. Por eso pensamos que el mensaje debería ser el mismo: hazte responsable de los residuos que generas, son tuyos, no del ayuntamiento ni de las personas de la limpieza”.

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La Gomera sigue los pasos de El Hierro para ser 100% sostenible

La Gomera es la tercera isla más pequeña de las Canarias, donde viven más de 22.000 personas. Un paraíso verde en el que el Parque Nacional de Garajonay, Patrimonio de la Humanidad (1986), es su gran tesoro al que no quieren renunciar.

El cambio climático es una de las mayores amenazas actuales y del futuro del parque, que cuenta con uno de los ecosistemas más singulares a escala mundial. Aquí se encuentra la laurisilva, un bosque subtropical de niebla que alberga la mayor biodiversidad endémica de Canarias y, por tanto, de enorme relevancia para la conservación de la biodiversidad en España y Europa.

‘La Gomera 100% sostenible’ es la piedra angular de la estrategia para acelerar la transición energética en la isla, que está desarrollada por el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), centro público de I+D regional, en el marco del proyecto ENERMAC.

Y, ¿cuál es el objetivo de dicho proyecto? Según confirmaba el Cabildo, el principal objetivo es el de impulsar la implantación de energías renovables, el fomento del vehículo eléctrico y los incentivos a herramientas de autoconsumo. Para llegar, como El Hierro, a la autosuficiencia energética.

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Las tres relaciones de la regeneración

Estamos viviendo un momento único y polarizado como humanidad donde habiendo alcanzado una comunidad global e interconectada estamos por fuerza mayor cada uno en distanciamiento físico y aislación. La devaluación y crisis de la economía es evidente y la valoración de la Vida surge con fuerza en la conciencia global. Sumando a esto, la ya conocida crisis ambiental que estamos atravesando, la cual implica importantes desafíos para el desarrollo humano y del planeta.

En el año 1992 el “American Institute of Biological Sciencie” dijeron: “Se requiere un gran cambio en nuestra administración de la Tierra y la vida en ella, si se quiere evitar la gran miseria humana”. El 13 de noviembre del 2017 en su segunda advertencia firmada por más de 15.000 científicos del mundo entero afirman que la pérdida de biodiversidad, degradación de los ecosistemas y la extinción masiva de fauna silvestre son de una gravedad que no tiene antecedentes.

Esta gran contracción que estamos experimentando puede ser una oportunidad para volver a conectar con lo esencial en cuanto a nuestros propósitos personales, nuestro bien común y con la naturaleza que sostiene la vida. Nace una posibilidad para considerar una relocalización radical (radical en el sentido de volver o pertenecer a la raíz) para una regeneración que permita el proceso de cultivar la capacidades y habilidades de las personas, las comunidades y otros sistemas naturales para renovar, adaptarse y prosperar. [Clear cf].

El cultivo de estas capacidades, la salud, la resiliencia y prosperidad común, las buscaremos a través de las tres relaciones de la regeneración, las cuales serán un punto de partida para una renovada y vibrante relación con la naturaleza, los otros y uno mismo. Estas tres relaciones serán el prisma que tomaré para una nueva concepción del tejido eco social.

Después de más de 20 años en el intento de implementar sustentabilidad, de todas las cumbres de desarrollo sustentable y de cambio climático, casi ningún indicador nos muestra avances importantes para los grandes desafíos de emisión de CO2, cambio de uso de suelos, pérdida de biodiversidad y agua dulce, entre otros.

Podemos decir que la sustentabilidad ha fracasado. En gran medida porque las relaciones están fragmentadas y cada elemento está separado del otro, generando en consecuencia un planeta al borde del colapso ecológico, donde el ser humano es movido por sus intereses personales, la sociedad por la competencia y la naturaleza vista como un objeto a explotar.

Las tres relaciones son un puente para transitar el cambio de paradigma, desde la sustentabilidad, que aún está dentro de la mirada mecanicista, hacia la regeneración que invita a una mirada y concepción orgánica, viva y holística en la manera de desarrollarnos. La sustentabilidad plantea tres ámbitos de desarrollo; el ámbito ambiental, económico y social.  Si bien la propuesta de la sustentabilidad ha logrado poner en discusión la temática ambiental y social, estos ámbitos están lejos de encontrar un equilibrio con una economía que basa su lógica en el crecimiento constante e infinito.

Esta transformación se basa en pasar de una mirada sobre los elementos hacia las relaciones. Estas relaciones son invisibles, pero a la vez son las que dan forma a lo visible. Podemos ver como la vibración en el experimento de las placas de Chatney o de como el campo electromagnético de un imán dan forma y un patrón reconocible a las partículas de hierro sobre una placa [Lipton] . O como una cultura, desde su cosmovisión da forma a un territorio a través de su arte y arquitectura, y como nuestros senti-pensamientos ordena nuestra vida material.

Vivimos en un mundo donde todo está relacionado y es interdependiente. Por lo tanto, esta nueva mirada de la regeneración plantea trabajar sobre las cualidades de las relaciones, y más específicamente se enfoca sobre tres relaciones esenciales que nos permiten existir, estas son la relación del ser humano consigo mismo, con los otros y con la naturalezaA través de estas tres relaciones tomamos conciencia, responsabilidad y entendemos nuestro lugar en el mundo, lo que nos permite ser protagonistas de nuestra propia vida.

Comenzaremos por la relación con nosotros mismo, ya que considero que este es el único punto de partida sincero para una real transformación de la sociedad y la naturaleza.

La relación del ser humano consigo mismo

“Un activismo delicado es verdaderamente radical en la medida que sea consciente de si mismo, que comprende que su forma de ver es el cambio que quiere ver”.

Allan Kaplan y Sue Davidoff

Cuando miramos al mundo no vemos el mundo, vemos nuestros conceptos e ideas que tenemos de él. Esta forma de pensar (y por consiguiente de ver) [Kaplan 2015], ha sido en parte impuesta desde nuestro núcleo familiar y por el sistema educativo dentro de la sociedad en la que nos desarrollamos. En las últimas décadas, la cultura de la globalización y su  proceso hegemónico cultural y epistemológico, ha impuesto una mirada economicista y materialista, que nos hace pensar y sentir que tan solo somos nuestro cuerpo, lo que hacemos y lo que tenemos. Pero en esta crisis en la cual muchos nos vemos impedidos a seguir nuestras actividades comunes, nos ha permitido darnos cuenta de que más allá de nuestro hacer existe nuestro “Ser”. El valor sobre nosotros mismo muchas veces esta en una medición de nuestra profesión, la capacidad de generar riqueza y estatus social, alejándonos de una valoración holística o de nuestra totalidad como seres humanos.

En mi experiencia, la práctica de la observación y de la presencia es un puente para volver al mundo y ser participantes conscientes de él. Cuando estamos en nuestro lugar lo sabemos. Es un espacio único para cada uno, nos sentimos expandidos, fuertes, seguros y sostenidos por lo que es realmente nuestro, como lo son nuestros talentos, dones, sueños y valores esenciales. 

Esta travesía evolutiva, es volver a conectar con uno mismo a través de la presencia y poder experimentar la relación con los otros y la naturaleza de una manera más directa y limpia de condicionamientos socioculturales. Esta capacidad de “ver o darnos cuenta” de como nuestros pensamientos y emociones, ante diferentes circunstancias, se experimentan/sienten en nuestro cuerpo y que decisiones tomamos si ante ellas sentimos simpatía o antipatía, una contracción o una expansión, son esencial para una buena vida.

Desde esta atención consciente enraizada en nuestro cuerpo, puede experimentarse la coherencia o incoherencia entre nuestro pensar, sentir y hacer. Donde el sentir es el mediador y puente entre el pensar y el hacer.

Para que esto surja, nuestra atención y conciencia debe estar sobre la relación entre la ética y la estética (esencia y la apariencia). Y como lo visible está impregnado de lo invisible, así como nuestro hacer esta impregnado de nuestro ser.  Y desde aquí preguntarnos si lo que hacemos en el mundo exterior (estética / apariencia), está en coherencia con nuestro mundo interior (ética / esencia).

Cuando conectamos con nosotros mismos tenemos la oportunidad consciente de crear relaciones con un sentido de belleza y de servicio hacia la vida, hacia algo mayor que nuestra individualidad.  Me atrevo a decir que no hay mayor revolución para estos tiempos, que la revolución de la presencia. Esta nos ayudará a reflexionar si queremos seguir de manera automática y dormida nuestras acciones y relaciones, o si nuestro hacer nos llenará de vitalidad, propósito y sentido.

La relación con los otros

Una vida social saludable se alcanza cuando: En el espejo de cada alma humana se refleja toda la comunidad y cuando en la comunidad vive la virtud de cada uno de sus miembros” 

Rudolf Steiner

No podríamos existir sin los otros, inevitablemente pertenecemos al árbol de la vida, donde todos poseemos una madre y un padre, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos y así desde nosotros se proyecta la vida hacia las futuras generaciones. Es quizás en esta relación familiar donde nos es más fácil sentirnos unidos a algo mayor que nosotros mismos.

Relocalizarnos, es volver ver nuestra propia naturaleza humana, somos gregarios y en colaboración hemos logrado crecer, cuidarnos y desarrollarnos como especie. Aun así, nuestra sociedad parece haber caído en una mirada individualista y competitiva, donde el otro parece ser, a veces, un enemigo en el camino.

Pero cuando la Vida humana está en peligro puede nacer el potencial de la empatía, la fraternidad y la comunidad. Estos surgen al poner la vida en el centro, y desde este centro las prioridades parecen ordenarse de forma más clara. Estos valores que emergen como potencial serán fundamentales para establecer una nueva mirada de la economía, del intercambio y de las relaciones humanas.

Esta renovada forma de relacionarnos, con la vida en el centro, podría transformar toda forma de hacer sociedad y organizaciones. Sea empresa, emprendimiento, ONG’s, universidades o instituciones públicas, esta transformación será desde una mirada mecanicista y productivista hacia una de organismos vivos que colaboran, cooperan y comparten un proceso coevolutivo para un bien mayor.

Este movimiento relocalizador, desde una sociedad competitiva hacia una comunidad colaborativa, hace surgir nuestro sentido de pertenencia y por lo tanto de cuidado hacia los otros y la naturaleza cercana en que habitamos. Es volver a sentirnos parte de un cuerpo vivo y mayor con el cual podemos colaborar y servir a través de nuestros dones y talentos.

Esto busca la transición de ser sociedad y consumidores, a ser comunidad y habitantes. Comunidad en el sentido de compartir lo común que nos une en cuanto a lo elemental que compartimos de la naturaleza como el aire, las aguas y la tierra. Y ser habitantes y pertenecientes, donde pasamos de ser solamente un actor económico, hacia la participación directa en el potencial creativo de nuestros lugares y como personas.

Las empresas e instituciones que sigan mirando y trabajando como si estas fueran maquinas extractivistas (muerta o carente de vida) y guiadas por el único objetivo de la rentabilidad, estarán atadas a su propio destino en la repetición de patrones mecanicista y carentes de la esencia viva, por lo tanto a su obsolescencia. Por otro lado, comienzan a crecer las organizaciones con propósito, que buscan mejorar al ser humano y/o la naturaleza, dando más de lo que toman, transformándose en organismos vivos para sus territorios, culturas y personas, que se caracteriza por sus liderazgo participativo, la integración de las futuras generaciones en la visión/misión, la flexibilidad, el mutualismo y su capacidad coevolutiva.

La relación con la naturaleza

“Ciertamente debe haber otro camino, uno que no trata a la naturaleza de una manera dividida y en partes, sino que la presenta como activa y viva, partiendo del todo para llegar a las partes”

Goethe

Para superar la mirada sobre la naturaleza como un bien de consumo y poder experimentarla como viva tenemos que volver a relacionarnos con la natualeza. Tener una relación experiencial con ella, vincularnos a través de la contemplación y la observación de las cualidades de la naturaleza, sus patrones relacionales y poder reconocernos como parte y a la vez constituidos por ella. El ejercicio de estar presentes con nosotros mismo, con nuestras capacidades de percepción abiertas, aprendiendo a contemplar y a utilizar nuestro cuerpo como el mejor instrumento que tenemos para descubrir lo vivo, nos permitirá experimentar y aprender sobre la interdependencia, la colaboración y los procesos vivos, cíclicos y orgánicos del cual somos parte.

Espero que nadie olvide que nuestra posibilidad de existir está inevitablemente ligada a la naturaleza, esto queda fácilmente demostrado en cada respiración que hacemos, cada vaso de agua que tomamos y cada alimento que llevamos a nuestras bocas. 

De esta forma la naturaleza o “lugar en la naturaleza”, puede presentarse como algo vivo con quien dialogar y relacionarse. Muchas tradiciones ancestrales, han mantenido una relación viva con la naturaleza, ellos piden permiso o saludan cuando entran a un bosque, a un rio o laguna.

Este sentimiento de respeto y humildad al entrar en ella es fundamental ya que transforma la cualidad de la relación. Si reconozco su presencia, mis actos serán más cuidadosos, amorosos y agraciados. Estar ante ella y preguntarse ¿Qué es lo que la naturaleza de este lugar necesita? o ¿Qué es lo que el lugar está pidiendo de mí? Desde este dialogo pueden surgir impulsos creativos y convertirnos en agentes regenerativos en relación con la naturaleza.

Un paso importante y radical en nuestra forma social y legal de ver a la naturaleza es otorgarle derechos de la misma manera que el ser humano tiene derechos universales. De esta forma incorporar en nuestra legislación a la naturaleza o planeta como un ser vivo.  Reconocerle su derecho a existir, a ser respetada, a la regeneración de su biocapacidad, a la continuación de sus ciclos y procesos vitales. Esta es una nueva relación con la Naturaleza, es reconocerla como una entidad viva e integrarla en nuestra convivencia social.

Este es el próximo paso en cuanto a los derechos universales los cuales han avanzado poco a poco en nuestro sistema político y económico. Esto tendrá implicancias que pueden repensar la relación y forma de habitar los territorios. Pasar de mapas a bio-mapas, de regiones a bio-regiones, y de una economía basada en la linealidad y el extractivismo, a una enraizada en la circularidad y los bio-ritmos de la tierra.

Relocalizarnos para regenerar

Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”

Lao.Tse

La regeneración aspira a una transformación que nunca hemos vivido como humanidad, donde el ser humano participa conscientemente como naturaleza en la coevolución de la totalidad del organismo vivo.

“La regeneración es un proceso mediante el cual personas, instituciones y materiales desarrollan la capacidad de cumplir su potencial inherente en un mundo que cambia constantemente a su alrededor. Esto solo puede lograrse volviendo a sus raíces, sus orígenes o sus fundaciones para descubrir qué es verdaderamente singular o esencial acerca de ellos. Llevar adelante este núcleo esencial para expresarlo como nueva capacidad y relevancia es otra manera de describir la actividad de regeneración”. (Sanford, 2017)

Dentro de este gran organismo vivo del cual somos parte, tenemos un rol que cumplir. Somos la última expresión de la tierra en aparecer y veo que con nosotros surge la capacidad o el don de la autoconciencia. Con esto la posibilidad de darnos cuenta de que existimos sostenidos por un tejido visible e invisible de relaciones. Asumir esta condición de ser autoconscientes es el primer paso para esta travesía evolutiva.

Esta relocalización regenerativa, tiene el potencial de fortalecer las redes de alimentación y agricultura local, energías renovables, artes y prácticas culturales, educación autónoma, el cuidado por la salud holística, la restauración y regeneración de los bosques, manglares y ecosistemas marítimos. Todo esto provee una sólida y real posibilidad para una comunidad vibrante, resiliente, colaborativa y creativa, conectada consigo misma, que piensa y sueña su propio destino.

A través de las tres relaciones se expresa la totalidad del sistema vivo, donde paisajes, plantas, animales y humanos crean sinergia para un todo aún más diverso, abundante y bello. Y con esto traer un nuevo orden en las prioridades personales, sociales y sobre los sistemas que sostienen la vida.

¿Cuáles serán las nuevas habilidades y valores que tenemos que aprender y desarrollar para el presente futuro que está emergiendo?

La regeneración comienza desde un lugar íntimo, propio e invisible. Somos los artistas de nuestra propia obra, estamos en construcción y tenemos todos los dones y talentos para este viaje de transformación que recién comienza. ¡Buen viaje!

Este artículo ha sido originariamente publicado en Turismo Regenerativo y reproducido en Travindy con permiso del autor, Martín Araneda. Podéis leer el artículo entero en Las tres relaciones de la regeneración.

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Mundo suspendido, el comunicado de Global Ecotourism Network sobre el Covid-19

Ante la situación actual generada por la irrupción del COVID-19 en nuestras vidas, y ante los estragos que éste está causando sobre el sector de los viajes, son varios los agentes turísticos que expresan su postura en este periodo de incertidumbre. 

En este artículo te traemos un breve resumen del comunicado de Global Ecotourism Network (GEN), grupo global de pioneros en ecoturismo cuyo objetivo es compartir sus años de experiencia en ecoturismo y prácticas de turismo sostenible para inspirar y ayudar a otros. Puedes leer el documento completo clicando en el link que encontrarás al final del artículo.  

Por un lado, GEN está analizando el impacto ambiental, económico y humano del COVID-19 en el mundo, sobre todo enfocándose en microempresas y emprendedores del sector turístico. Por otro, están también analizando el impacto sobre los viajeros, como los cambios de planes de viaje o el estrés y la angustia que esta crisis genera sobre ellos. 

A raíz de estos análisis han identificado las siguientes oportunidades: 

  1. Recuperar el control. 
  2. Comprar tiempo. 
  3. Plan para un futuro sostenible. 
  4. Aprender nuevas habilidades. 
  5. Pedir ayuda. 
  6. Mostrar solidaridad. 
  7. Mantener a las personas conectadas. 

Estas oportunidades pueden ir dirigidas tanto a los destinos como a los viajeros. 

A los destinos les invitan a hacer varias reflexiones: ¿qué ha cambiado ahora que no hay turistas? ¿Qué ha mejorado? ¿Ahora las personas están listas para planificar un destino mejor y más sostenible? ¿Cómo va el medio ambiente? ¿Cómo está ayudando a las pequeñas empresas y a los trabajadores del turismo a sobrevivir? ¿Hay más colaboración? ¿Qué información le gustaría tener para avanzar?.  

Para los viajeros han preparado un conjunto de ideas para ayudarles a viajar de forma responsable: 

  • Actúe local. 
  • Apoye a las pequeñas empresas. 
  • Celebre la naturaleza.
  • Reserve directamente.
  • Viaje con un propósito. 
  • Recompense las buenas decisiones: gaste su dinero destinado para el turismo en destinos que actúen de manera responsable. 

El comunicado concluye con una frase que no podemos más que suscribir: Después del reinicio, es tiempo de regenerarse y contribuir con un mundo habitable en el que todos queramos vivir y viajar. 

Puedes leer el documento completo en este link.

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Turismo regenerativo como nuevo paradigma: Entrevista con Sonia Teruel

Sonia Teruel
Sonia Teruel

Sonia Teruel es Gerente de Desarrollo de Negocio en la operadora turística de viajes responsables Totonal Viajes de México. Posee una Maestría en gestión de turismo sostenible de la Universidad para la Cooperación Internacional de Costa Rica, donde investigó y se especializó en Turismo Regenerativo. En esta entrevista nos comparte más sobre este paradigma y su importancia en el contexto actual.

Laura Gasparini: Hoy en día escuchamos cada vez con más frecuencia hablar de regeneración, pero no siempre la palabra es usada a conciencia y cada uno parece interpretarla a su manera. ¿Puedes contarnos de qué se trata el desarrollo regenerativo?  

Sonia Teruel: En primer lugar, es importante destacar que no es un concepto nuevo, sino que ya en los años 30’ se hablaba de pensamiento sistémico y las interrelaciones entre sistemas vivos. Más recientemente, en años 90’, el arquitecto paisajista John Tillman Lyle lo aplicó al diseño de ciudades y paisajes enteros. En el año 95’, la organización estadounidense Regenesis Group, propuso el término de desarrollo regenerativo como una aproximación que trata de resaltar la habilidad de seres vivos para co-evolucionar, de forma que nuestro planeta continúe expresando su potencial de diversidad, complejidad y creatividad.

Para que se entienda mejor, entre sus principios, destacan:

  • Lo que llamamos las tres relaciones: la relación del hombre consigo mismo, con el otro y con la tierra. Desarrollar estas tres relaciones es primordial.
  • La co-evolución del hombre con la tierra: la comprensión profunda de que el humano es parte integral de la naturaleza y somos aliados de otros sistemas vivos.
  • El “sense of place” o sentido de pertenencia al lugar: La regeneración busca redescubrir el lugar prestándole atención a sus particularidades y diversificación. En un paisaje cultural co-creado entre las personas y su ambiente, se crea una unión muy especial entre un grupo cultural y su lugar.
  • Convertir sociedad en comunidad: En nuestra sociedad, hemos perdido nuestra conexión con los bioritmos de la naturaleza y debemos crear un sentido de propósito en nuestro lugar que sea significativo para todos. Esto es algo que estamos viviendo ahora con la crisis del COVID-19. Es muy importante crear comunidad para generar soluciones y adquirir un compromiso que se sostenga en el tiempo.
  • El “wholeness thinking” o pensamiento sistémico: Es una visión integradora que nos hace entender cómo los sistemas naturales interactúan y se relacionan tanto con los humanos como con los sistemas construidos por nosotros. No existe ninguna entidad aislada; todo está conectado con otros sistemas que la soportan e interactúan con ella.
  • El co-diseño e involucramiento de stakeholders: donde los locales deben participar activamente y se debe hacer una alineación entre la historia del lugar, el propósito profundo y aspiraciones de los residentes y el propósito profundo del proyecto.

LG: ¿Podría decirse que la regeneración es la nueva sostenibilidad?

ST: Yo diría que la regeneración va más allá de la sostenibilidad. La regeneración abraza a la sostenibilidad y la mejora con un enfoque integrado y una visión más holística del mundo. Así es que lleva a la sostenibilidad a un nuevo entendimiento y la adopta desde una aproximación distinta.

La sostenibilidad aborda los problemas generalizados y planetarios, limitando la intensidad del daño causado, pero trata de resolver esos problemas desde la misma visión mecanicista y por tanto limitada. La regeneración en cambio, se practica creando alianzas y mejorando el sistema socio-ecológico que es particular de cada lugar. En lugar de enfocarse en sistemas técnicos y económicos, se enfoca en recursos primarios y aspectos de la vida que producen tecnologías y resguardo.

La regeneración desarrolla el sentido de identidad de la comunidad, versus pedir a la comunidad que se adapte al enfoque escogido, práctica común en la sostenibilidad. Mientras que la sostenibilidad minimiza el impacto a los sistemas vivos de soporte, la regeneración construye la capacidad de estos sistemas de soporte necesarios para el crecimiento futuro.

Algo más a destacar es que en la sostenibilidad, no cesamos de ver al hombre sobre la naturaleza, que se crea y desarrolla desde un punto de vista occidental de construcción de cosas y de competición. La regeneración, sin embargo, se enfoca en construir capacidades, compartir, y co-evolucionar con la naturaleza. Aquí no solo se mantiene, sino que se mejora el bienestar de la sociedad.

LG: ¿Cómo se aplican entonces estos conceptos y principios al turismo regenerativo?

ST: El turismo regenerativo tiene un enfoque sistémico y busca facilitar un encuentro profundo y transformativo, donde se dan las tres relaciones (el hombre consigo mismo, con el otro y con la naturaleza) y se alinea tanto al local como al visitante, a los ritmos propios de la naturaleza.

El hombre debe contribuir a la mejora de la capacidad de los sistemas socio-ambientales que sostienen la vida del destino. Los sistemas no se tratan de forma separada, sino que se entienden sus conexiones y procesos y el lugar siempre debe diseñarse de acuerdo con los flujos de la naturaleza.

Otro punto a destacar es que, en el turismo regenerativo, además de los aspectos ambientales, económicos y socio-culturales, se introducen también los aspectos políticos y espirituales del destino y es imperativo que se integre a todos los actores en su diseño para co-crear el propósito del destino (en armonía con el de sus habitantes), la co-evolución con la naturaleza y el pensamiento sistémico. Esto hará que se construya la capacidad de los sistemas (sociales y ambientales) y se tenga un crecimiento saludable a largo plazo.   

Es importante destacar que es un entendimiento evolutivo y dinámico y que se basa en el co-diseño, la colaboración y la inteligencia colectiva.

LG: ¿Cómo podemos diseñar una experiencia turística regenerativa? ¿Puedes darnos algún ejemplo concreto?

ST: Para empezar, una experiencia debe co-diseñarse con la comunidad anfitriona; debe estar en total armonía con su propósito profundo y su sentir del lugar. Se trabaja la identidad, las relaciones, los procesos y recursos (niveles de sistemas y organizaciones vivas), donde se reflexiona sobre el pensar, sentir y hacer. No puede haber uno sin el otro y éstos constantemente se retroalimentan.

En una experiencia regenerativa debe ralentizarse el ritmo del visitante y generar espacios donde se den las tres relaciones de las que hablaba antes: el viajero consigo mismo, con el otro (el anfitrión y quizá otros viajeros) y la tierra. Se debe de facilitar de forma que la persona se sepa naturaleza y se reconecte. Se crearán los llamados momentos de verdad, que quedarán en la memoria del visitante.

Por último, se debe generar una experiencia transformativa, donde se provoque a los visitantes a observar la naturaleza y comprender su unicidad, se les motive a convivir con la naturaleza y se les anime a que se conviertan en agentes regenerativos de sus propios sistemas socio-ambientales en casa. Estas vivencias, si están bien construidas y facilitadas, pueden generar una reflexión profunda en el visitante.

Una experiencia, por ejemplo, podría ser generar un lugar del silencio, donde el visitante deberá observar un árbol, planta o lo que nos encontremos y además de estudiar su aspecto y su movimiento, se fijará en la relación que tiene con otros seres vivos y como entre ellos se interrelacionan. También se puede dar en el interior de una cueva, en un momento de meditación y agradecimiento; en un encuentro con una comunidad indígena donde no se hable el mismo idioma, pero consigan comunicarse entre sí de una forma sencilla y divertida. Cada experiencia debe hacerse desde un profundo respeto y apertura para aprender todo lo que tenga que enseñarnos.

LG: En tu opinión, ¿la crisis actual producto de la pandemia puede ser una oportunidad para el turismo de empezar de cero, tomando en cuenta el paradigma de la regeneración?

ST: Absolutamente. El hecho de que la mirada del turismo regenerativo esté en boca de tanta gente ahora, en comparación a dos años atrás donde había tan poco escrito al respecto, ya es un indicativo importante. Estamos viendo cómo la naturaleza se está regenerando increíblemente ahora que estamos en casa. ¿Eso quiere decir que ya no debemos estar en contacto con la naturaleza? No, eso significa que debemos convivir con ella con mucho respeto y aprovechar esa relación mutuamente beneficiosa.

Sería maravilloso que saliéramos de casa después de haber tenido tiempo para pensar, para reflexionar sobre nuestra vida y nuestras elecciones poco sostenibles, motivados para cambiar las cosas y para hacerlo mejor. Para reencontrarnos con la naturaleza y con el otro con cariño y respeto y con total apertura para resignificar nuestros viajes.Este es un extracto de la entrevista original publicada en Echoes of the Journey (en español e inglés): Turismo regenerativo como nuevo paradigma:  Entrevista Sonia Teruel

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