El turismo comunitario, clave del empoderamiento de la mujer en el mundo maya

Los cinco países herederos de esa rica tradición, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras y México, han visto crecer en los últimos tiempos asociaciones y cooperativas cuyos objetivos son que pobladores de esas comunidades guíen a los turistas en un recorrido por su cultura viva y que los fondos obtenidos redunden en ellas.

«El papel de las mujeres en el turismo comunitario y en toda la vida es primordial, porque somos las generadoras de todo el movimiento de la organización, de las comidas y también hay mujeres guías, tenemos puestos directivos… Estamos en todas las fases», explica a Efe Justita Ríos, representante del centro ecoturístico Top Che, situado en la Selva Lacandona, en Chiapas (México).

La Asociación de Guías de Ecoturismo Rupalaj K’istalin, de San Juan La Laguna, en Guatemala, está estrechamente vinculada al trabajo protagonizado por mujeres. Una de sus integrantes, Olga Cholotio, recuerda que en la comunidad tz’utujil, de la que ella procede, las mujeres dependían «de si el hombre trabajaba en el campo, en la oficina» y tenían que «esperar la paga», pero que «ahora los papeles son a la inversa».

Si esta modalidad turística ha servido a las comunidades para obtener recursos propios, para mostrar al viajero una relación respetuosa con el medioambiente y para que éste experimente una manera diferente de conocer un país, el grupo más favorecido, según se desprende de sus manifestaciones, es el de las mujeres.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por El Comercio: El turismo comunitario, clave del empoderamiento de la mujer en el mundo maya”.

 206 visitas

Read More

Turismo regenerativo aplicado a comunidades rurales

En diciembre de 2018 gracias a Martín Araneda, co-fundador de Camina Sostenible, tuve la ocasión de acompañarlo (como parte del equipo de Totonal Viajes) a realizar un taller aplicado sobre turismo regenerativo en la comunidad de Ek Balam, en el estado de Yucatán, México. 

En Ek Balam, encontramos varias cooperativas y una de ellas es Uh Najil Ek Balam, donde su principal servicio es el hospedaje de viajeros en cabañas ecoturísticas, además de algunos tours para conocer la cultura maya. Este proyecto comenzó hace 18 años con ayuda de la secretaría de turismo y otras organizaciones. No obstante cabe destacar que los ejidatarios y miembros de la cooperativa se dedicaban en su mayoría a la milpa y a cultivar otros alimentos en el campo, con lo que supuso un cambio muy importante para ellos empezar a trabajar en turismo y capacitarse, algo que según admiten, nunca habrían imaginado.

A través de Camina Sostenible, Martín y su compañero Carlos Briceño trabajan en varios aspectos del movimiento de turismo regenerativo y llevan años posicionando esta filosofía a través de la Iniciativa Global de Turismo Regenerativo. Gracias a su extensa formación, además de sus varios trabajos por Chile y otros países latinoamericanos, Martín ya contaba con experiencia trabajando turismo regenerativo con comunidades de pueblos originarios, como por ejemplo los Mapuches. 

Durante su andadura, han encontrado que es común que los proyectos, tanto comunitarios como no, pierdan fuerza, olvidando qué es aquello que los hace iniciar y perdiendo vitalidad. Por eso es importante volver trabajar desde el turismo regenerativo para retornar a las raíces y fortalecerse, regresando de nuevo a su propio propósito.

El taller en Ek Balam estuvo enfocado en la cultura organizacional y comenzó con una reorganización de la sala, donde se les invitó a los asistentes a sentarse en círculo. Según Martín, sentarse en círculo es un aspecto que aprendió de los Mapuches, quienes creen que en el centro de los mismos se encuentra el fuego, y por ende, la sabiduría.

En Ek Balam la herencia que disponen es rica y abundante, la cual proviene de cada miembro de la cooperativa. En las comunidades es muy importante poder fortalecer este tipo de acciones, pero para facilitar este proceso es necesario implicar a todas las personas que participan activamente en su desarrollo turístico.

Posterior a la dinámica, se les preguntó a los asistentes qué es lo que ellos entendían como sus valores esenciales y aquello que les hace especiales, sus habilidades y talentos como comunidad. Entre las respuestas destacaron la lengua originaria, el que visitantes de todo el mundo puedan llegar aquí a aprender sobre la cultura maya, su vestimenta tradicional, los festejos o la protección de recursos naturales como la milpa y la conservación de especies autóctonas.

Como reflexión de la jornada, se expuso que el turismo debe estar al servicio de la comunidad, y no al revés. Debe ser una acción que honre y reciba de los abuelos y que se encuentre a disposición del futuro de los jóvenes. El turismo debe ser entendido como una herramienta, pero nunca como un fin.

Este es un resumen del artículo original publicado en el blog de Totonal Viajes, donde podrás encontrar una descripción más detallada del transcurso del taller y las dinámicas: Turismo regenerativo aplicado a comunidades rurales: el ejemplo de Ek Balam

 206 visitas

Read More

Sonido del Yaque, primer proyecto de turismo comunitario en República Dominicana.

Esperanza e Ivelisse
Esperanza e Ivelisse

Sonido del Yaque es considerado el primer proyecto de desarrollo comunitario de República Dominicana, y se encuentra ubicado en torno a la comunidad de Los Calabazos, en el municipio de Jarabacoa.

Este alojamiento rural, escondido entre las montañas de la Cordillera Central y a orillas del río Yaque, está formado por pequeñas cabañas que son íntegramente administradas por el Club de Madres Nueva Esperanza: un grupo de mujeres empoderadas y concienciadas de las necesidades de su comunidad que buscaban crear una fuente de empleo que mejorara la calidad de vida de las familias de Los Calabazos.

En nuestra visita al Sonido del Yaque, pudimos entrevistar a sus fundadoras: Esperanza Marte Vitoriano y su hija Ivelisse Bautista Marte, sobre los inicios y el presente de este inspirador proyecto.


Lucía: Sonido del Yaque se considera el primer proyecto de turismo comunitario en el país, ¿qué retos os habéis encontrado en el camino?

Esperanza: La verdad que el mayor reto fue iniciar sin tener ningún conocimiento, porque no tuve la oportunidad de estudiar. Sin embargo, a través del aprendizaje y la experiencia fuimos mejorando y prueba de ello es haber recibido el premio “Mujeres emprendedores que cambian el mundo” en Jarabacoa, y eso para mí es un orgullo y una gran motivación para creer que si uno se lo propone, todo se puede.

Al ser el primer proyecto de ecoturismo comunitario, otras comunidades de todo el país han venido a visitarnos, y a intercambiar y adquirir experiencia y conocimiento sobre cómo gestionar su proyecto, y eso siempre nos llena de alegría.

Lucía: ¿De qué forma cree que el proyecto ha mejorado su calidad de vida desde que se fundó en 1997 y cómo surgió esta idea?

Ivelisse: Todo comenzó cuando se empezó a hacer rafting en Jarabacoa, porque el río Yaque del Norte pasa por Los Calabazos y los turistas hacían aquí una parada para desayunar o comer algo. Así surgió la idea de tener un rancho restaurante, a raíz del cual las personas comenzaron también a hacer diferentes actividades como cursos y talleres. Después, la demanda se hizo más grande y también querían hospedarse porque les gustaba mucho el lugar, pero no teníamos dónde. Y así inició el proyecto de las cabañas. Recibimos varias ayudas y donaciones para construirlas y mi padre donó el terreno para que el alojamiento estuviera separado de nuestras viviendas, para mayor comodidad de las demás socias y también de los clientes y que, además así, estuvieran ubicadas donde ya teníamos el comedor.

Esperanza: Desde el inicio del proyecto se han logrado muchas cosas que han ido mejorando la calidad de vida de nuestra comunidad. Por ejemplo las mujeres, que lo único que hacíamos era cocinar, limpiar y cuidar la casa, ahora recibimos nuestros propios ingresos. También se ha conseguido que todas las viviendas tengan luz e inodoro propio en las casas, con un acueducto y seis estanques para que tengan descanso todas las tuberías y no haya riesgo de que los desperdicios lleguen al río.

La escuela que hay ahora era, en realidad, un club que utilizábamos como espacio de reuniones; pero después de que se cerrara la que había más cercana, cedimos el local para que los niños no se quedaran sin clases. Los libros y las mochilas también se han conseguido gracias al proyecto. Todo son cosas que, para nosotros, simplemente son patrimonio de la comunidad.

Lucía: ¿Qué tipo de actividades os distinguen como proyecto de turismo comunitario que no haga otro alojamiento aquí en Jarabacoa?

Esperanza: Bueno, tenemos las fogatas, las tardes alegres donde se hacen cuentos, y también ofrecemos distintos tours por la montaña y por nuestras fincas orgánicas. Aunque creo que lo que más les gusta a los clientes es que, a veces, dejamos que sea una familia de la comunidad la que les atienda. De esta forma, dicen que viven una experiencia más real, conocen mejor la cultura dominicana y se sienten como en casa. Lo que también dicen que más caracteriza a Sonido del Yaque es que se siente paz y tranquilidad.

Lucía: República Dominicana es la estrella del paquete de “sol y playa”, ¿qué tipo de experiencia buscan los viajeros que se alojan en Sonido del Yaque y qué es lo que más valoran del lugar?

Ivelisse: Es cierto que, aunque Jarabacoa no tenga playa, los turistas aprecian mucho la naturaleza que tenemos y la acogida y la atención que les damos. También desconectan y descansan de la ciudad, vienen a respirar aire puro y limpio y a disfrutar del río y la montaña. Esas son las cosas que les atraen más.

Lucía: ¿Cuáles son las actividades o talleres que más directamente significan para la comunidad una fuente de ingresos procedente del proyecto?

Ivelisse: Todos los ingresos se reparten por igual entre las familias de la comunidad; de hecho, la forma en que nos organizamos fue lo que más fama dio al proyecto. Las mujeres de la comunidad tenemos nuestro comité administrativo que se reúne de forma quincenal y, a través de los “sanes” o ahorros, distribuimos los ingresos que llegan directamente del proyecto.

Incluso, hacemos una lista con lo que las socias necesitan y lo sacamos de ahí para ayudarnos entre todas. También nos repartimos las tareas; como supervisar las habitaciones, la limpieza o la cocina; aunque el salario no sea fijo, sino que depende de la cantidad de clientes que tengamos cada mes. Por otro lado, hacemos cursos de artesanía, se venden pulseras y bolsos hechos a mano, otras venden café, cacao, miel, fresas… y esos ingresos les llegan a cada uno directamente.

Lucía: ¿Qué medida de ahorro destacaría en la gestión sostenible que se hace de energía, agua o residuos?

Esperanza: A través de la planta hidroeléctrica tenemos luz propia. También clasificamos toda la basura; utilizando como abono los desperdicios orgánicos, elaborando artesanía con lo que se pueden reciclar y llevando a un punto de recogida de basura el resto.

Tras años de esfuerzo, se ha reforestado gran parte de la loma que rodea el proyecto, que quedó arrasada tras un incendio mucho antes de que existiera Sonido del Yaque.

Siempre tratamos de concienciar a toda la comunidad de la importancia de cuidar y proteger el medio ambiente, incluso a los clientes que se alojan, que a veces colaboran para ayudarnos en esta labor. Vivimos y convivimos con la naturaleza, por eso tratamos de mejorar e incorporarlo en nuestro trabajo día a día.

 206 visitas

Read More

“Queremos cuidar la naturaleza y generar ingresos para la comunidad”

Verónica Lopez, de Ecolodge Nahá

Verónica López nos cuenta sobre el trabajo que realiza la Cooperativa y su empresa de ecoturismo Ecolodge Nahá, ubicada en la región Selva Lacandona del estado de Chiapas, México.

¿De qué se trata el proyecto Ecolodge Nahá?

Este proyecto es de 22 socios, 11 hombres y 11 mujeres, todos de la comunidad Nahá de la Selva Lacandona. Nos dedicamos al ecoturismo, brindamos servicios de hospedaje, alimentación y realizamos actividades en la naturaleza donde aprovechamos lo que tenemos pero sin dañarlo. Realizamos actividades que ayudan a conservar nuestro medio, tenemos sistemas de tratamiento de aguas residuales para no contaminar los mantos acuíferos y celdas solares, energía alternativa que alimentan a 4 de las 15 cabañas. También  tenemos sistema de captación de agua de lluvia.

¿Cómo y cuándo surge la idea de agruparse en cooperativa?

La Coopoerativa se formó en el año 2001, con 58 comuneros, un representante de cada familia. Pero el proceso es un poco complicado, algunos querían ver utilidades a corto plazo, entonces se fueron desanimando y se fueron saliendo. En el año 2003 se elaboró una solicitud al Comité de Desarrollo Indígena (CDI) y le dieron financiamiento para 3 cabañas y un comedor. En el 2011, llegamos yo y otro muchacho y nos integramos al equipo. Nos fuimos capacitando y empezamos a trabajar en mejorar el servicio y cambió todo, desde el aspecto visual hasta el trato al turista. En ese mismo año metimos otra propuesta al CDI para la creación de una recepción al turista y ahí se remodeló todo. El grupo estaba más consolidado. Trabajamos mucho con el grupo para cambiar su modo de ver las cosas, la visión de que hay que trabajar mucho y en algún momento ver las utilidades pero primero mucho trabajo y tiempo.

¿Hoy ya tienen beneficios económicos importantes?

Si, no tanto como quisiéramos pero un poco de utilidades tenemos. Hace tres años atrás no teníamos clientes o tal vez 2 o 3 personas al mes, pero ahora va aumentando. Hay personas que repiten, que les gusta y vuelven a venir. La distancia es un obstáculo porque estamos lejos, al igual que la publicidad.

¿Cómo administran las ganancias?

Pagamos a los empleados, un poco se reparte entre los socios y reinvertimos en seguir teniendo las cosas bien, habitaciones y productos de calidad. La repartición es dos veces al año. Pero reinvertimos porque no queremos depender de subsidios, queremos tener independencia económica.

Ingreso al Ecolodge Nahá

¿De dónde son, principalmente, los turistas que visitan el Ecolodge?

El principal mercado es nacional… Ciudad de México, Guadalajara, Guanajuato. Y como segundo orden Europa.

¿Cuál es el aporte de la Cooperativa al resto de la comunidad?

Además de generar puestos de trabajo, mucha gente tiene sus propias tiendas y puestos de artesanías y se benefician con los turistas que llegan al Ecolodge y consumen sus productos. También como responsabilidad social de la empresa ayudamos a la comunidad con la donación de lanchas por ejemplo, participamos en eventos y colaboramos económicamente o con especies.

¿Cuál es el objetivo o la visión de la Cooperativa?

Nuestra visión es que nuestra empresa sea reconocida como uno de los proyectos que cuidan el medio ambiente pero también, que sea reconocida por la calidad de nuestros servicios. Y que a la vez, genere ingresos y empleos para toda la comunidad.

¿Cuáles son los servicios que ofrece el Ecolodge Nahá?

Ofrecemos alojamiento, comida, senderismo por la selva, avistamiento de aves, talleres con la gente de la comunidad (barro, arcos y flechas, collares de semillas), y la experiencia de la Ceremonia Lacandona, donde se les agradece a los dioses.

¿Cómo es la cultura Maya Lacandona?

Es una cultura que siempre ha vivido en la Selva y depende de la Selva. Se caracteriza por cuidar la naturaleza. En la selva no se extrae nada si no se cultiva antes. Siempre se han dedicado a la recolección de frutas y verduras, artesanías y ahora al ecoturismo. La Milpa para autoconsumo y la siembra de palma para la exportación es una característica de esta región.

 206 visitas

Read More

Cómo construir resiliencia social y ecológica para enfrentar crisis ambientales

Antes (segunda foto) y después (primera foto) fomentar la resiliencia ecológica en la orilla del rio.

Triem Tay es un pueblo en la isla de Cam Kim, rodeado por el río Thu Bo, a tres kilómetros de la ciudad Patrimonio de la Humanidad Hoi An, en el Vietnam central. La ubicación de Triem Tay es propensa a las inundaciones durante la temporada de lluvias (el agua puede alcanzar hasta 3 metros), arrastrando ecosistemas y cultivos enteros, aumentando dramáticamente la erosión de la orilla del río y forzando la migración hacia el interior de los residentes locales.

En 2015, Triem Tay recibió ayuda de la Organización Internacional del Trabajo (OITS) y de la UNESCO para promover el ecoturismo en la isla junto con la cooperativa de aldeanos. Uno de los resultados de este plan fue la creación de restaurantes flotantes como una forma innovadora de atraer visitantes a la isla. En general, este proyecto permitió a las personas adaptarse a su situación actual y proporcionar trabajo en la aldea a través del turismo, pero no proporcionó las herramientas para resolver el problema real: actuar contra la erosión de la tierra.

Sin embargo, también en 2015, un grupo de visionarios se reunieron y compraron un pedazo de tierra en una de las orillas del río que más sufría de la erosión. Aquí crearon An Nhien Farm, un lugar donde la restauración de los bancos naturales del río, la jardinería regenerativa y la capacitación en habilidades sostenibles se fusionan para crear oportunidades para la naturaleza, y para las personas.

Construyendo resiliencia social 

«Al principio, nuestro objetivo era crear herramientas para restablecer las vidas humanas en un área amenazada donde, debido a problemas ambientales y políticos, la comunidad había quedado olvidada», me dice Hanh Vu, mientras nos sentamos al atardecer en la parte delantera de mi cabaña. Ella es quien se ocupa de la granja, que también es el centro de The Green Youth Collective, una empresa social liderada por Hanh y centrada en trabajar con los jóvenes y los agricultores locales para desarrollar habilidades empresariales sostenibles.

La trayectoria profesional de Hanh es tan emocionante como la historia detrás de la granja. Durante años, ha estado participando activamente en iniciativas sostenibles y adaptación al cambio climático en Vietnam. Hasta que descubrió Triem Tay. Hace tres años, decidió mudarse a este lugar desde Hanoi para comprender qué es lo que da forma a las personas en el área, tanto natural como socialmente.

«No fue fácil», recuerda, «incluso si hablas el mismo idioma, es difícil ser aceptado en una comunidad donde eres visto como un extraño. Sin embargo, nuestro objetivo era implicar a todos y trabajar juntos. No queríamos ser vistos como un grupo de personas que venían de la gran ciudad e imponían su propia manera de hacer las cosas «.

Tareas cotidianas en la granja de los voluntarios y los agricultores locales.

Aunque la granja es el corazón y el alma del proyecto, The Green Youth Collective es su herramienta para reunir tradiciones agrícolas y usos ancestrales de la tierra. El proyecto está dirigido a agricultores, jóvenes y personas interesadas en la sostenibilidad como una forma de vivir y trabajar con la tierra.

Independientemente de su origen étnico y económico, la granja también puede proporcionar becas para jóvenes locales desfavorecidos. “No pretendemos producir, sino devolver al suelo. De esta manera, los voluntarios aprenden a trabajar con la naturaleza y a compartir, evitando la presión sobre los ecosistemas y pudiendo replicar nuestro modelo cuando regresan a casa», admite Hanh.

Construyendo resiliencia ecológica para frenar la erosión de la orilla del rio.

El enfoque que tomaron sobre evitar la erosión de la tierra se ha centrado en fomentar la resiliencia a través de la regeneración del sistema ecológico de la orilla del río. Al utilizar especies nativas de pastos y manglares, cuyo sistema de raíces puede soportar las inundaciones, se crea una barrera natural que detiene la erosión.

¿Cómo se crea esta barrera natural? La respuesta es bambú y bio-locks. El bambú se utiliza como el primer bloqueo biológico, ya que es lo suficientemente flexible como para sacar el agua y proteger el bosque de manglar. Una vez que se agarra, las raíces del bambú se utilizan para el segundo bloqueo biológico que sigue al primero. El proceso termina con la implementación de una red gigante de bandas de bambú donde se plantará el manglar y el pasto nativo. Cuando estas especies crecen fuertes, tienen el potencial de mantener la tierra y resistir las inundaciones. «Después de estas acciones, recibimos retroalimentación de la naturaleza. Solo debes observar y ver cómo reacciona la orilla del río a lo que estás haciendo. Se trata simplemente de observar», explica Hanh.

Sin embargo, a fines de 2017, una inundación causada sorprendió inesperadamente la aldea antes de la temporada de lluvias y se llevó el aún joven bosque de manglares cuyas raíces no eran lo suficientemente profundas para resistir una inundación. Todo menos la barrera de bambú fue arrastrado por el desastre. Sin embargo, la orilla del río se mantuvo casi intacta, lo que no fue lo mismo en la orilla de los vecinos, donde la erosión de la tierra fue significativamente evidente.

 La primera foto que Hanh está mostrando es el impacto sufrido tras la inundación

La inundación probó un hecho: su enfoque hacia la construcción de resiliencia iba por el buen camino. «Las autoridades locales entendieron que habíamos desarrollado un sistema con el  potencial para detener la erosión de la tierra y ahora estamos en el proceso de trabajar con ellos y crear el mismo sistema en sus tierras», dice Hanh con gran esperanza.

El programa de farmstay

Hoy, An Nhien Farm sigue construyendo resiliencia en la orilla del río y ha comenzado a ofrecer alojamiento y experiencias a los visitantes en un esfuerzo por financiar sus programas. La granja no solo cuenta con cabañas de madera en el bosque de bambú, sino también con experiencias que le permiten al visitante conectarse con la tierra junto con el actual equipo de voluntarios.

Durante mi corta estancia, me reuní con visitantes curiosos que vinieron a conocer más sobre el enfoque de An Nhien y su proceso regenerativo. Durante el último año, cientos de personas han visitado la granja para aprender sobre su trabajo. “Es con mi mayor ilusión que explico la metodología a cualquier persona interesada. Sería asombroso si pudiéramos ser una inspiración para otras personas que enfrentan desafíos similares «, comenta Hanh.

El turismo de Vietnam está experimentando un rápido crecimiento en las últimas décadas. Esto ya presenta muchos desafíos que solo seguirán creciendo a mediano y largo plazo. An Nhien es un claro ejemplo de cómo el turismo regenerativo se lleva a cabo en un lugar muy cercano a la ruta turística tradicional en Vietnam. Hospedarse aquí y aprender el valor de trabajar con la naturaleza mientras se proporciona las herramientas para que prospere, crea una experiencia transformadora única en momentos en los que el ser humano está más desconectado de la naturaleza que nunca.

Puedes seguir Anh Nien Farm en Facebook y aprender más sobre cómo construyen resiliencia social y ecológica en este artículo.

 206 visitas

Read More

Newsletter

Recibe nuestro boletín con las últimas noticias en turismo y sostenibilidad.