Un año doblemente difícil para Australia

Actualmente, todos los países están luchando contra el COVID-19 pero, aunque es devastador para todos, algunos países llevan más cargas a su espalda, haciendo del virus una suma más a sus problemas. Este es el caso de Australia: en el año 2019 el país experimentó una de las peores temporadas de incendios registradas y ahora se enfrenta a la crisis mundial del COVID-19.

Los incendios del verano de 2019 destrozaron regiones enteras del país. El fuego arrasó muchos paisajes y lugares muy apreciados por los turistas, como la Isla de Kangaroo al sur de Adelaida o las Blue Mountains en las cercanías de Sydney. Esto provocó que los turistas cancelaran sus viajes, ya fuera por temor a los incendios, debido a la calidad del aire o por seguridad. Por tanto, se puede decir que Australia tendrá que afrontar dobles consecuencias: las generadas por los incendios y las del virus. Las empresas turísticas se están viendo afectadas ante la caída de su mayor mercado turístico, China.

Las propias autoridades de Turismo de Australia anunciaron que el turismo cayó un 20% desde septiembre del año pasado y que el país perdió más de US$ 3 mil millones durante la temporada de verano. Como respuesta, el primer ministro, Scott Morrison, aumentó los fondos para atenuar la situación y anunció la disposición de US$ 1.400 millones para la extinción de los incendios y pagos a voluntarios, aunque aún quedaría mucho para solventar las pérdidas en turismo. Del mismo modo, Tourism Research Australia (TRA), como organismo administrador de las Subvenciones de Recuperación de Incendios de Turismo Regional, también formó parte del proceso de recuperación turística con AUS$76 millones del Gobierno de Australia. Igualmente, el Instituto Australiano para la Resiliencia ante Desastres (AIDR por sus siglas en inglés) sigue desarrollando planes de resiliencia y continúa poniendo a disposición del público sus conocimientos en la materia para apoyar la entereza de Australia ante los desastres.

Asimismo, Tourism Research Australia (TRA), principal organismo de investigación y economía del turismo del gobierno australiano ubicada en Austrade, se encarga de atraer inversores y de proporcionar análisis turísticos necesarios para el desarrollo de la política turística del gobierno, incluida la inmigración, el transporte, el empleo y el entorno empresarial. Este organismo, junto con Tourism Australia, quien trabaja con la industria turística y los gobiernos de todo el país, tendrán la misión de maximizar la contribución del turismo a la economía australiana. Ambos organismos están ya desarrollando la próxima estrategia nacional de turismo a largo plazo con el nombre temporal de Estrategia Turismo 2030.

También cabe mencionar la sexta conferencia anual de Destination Australia, celebrada el 12 de marzo de 2020 en Adelaide Oval, que reunió a profesionales de la industria del turismo para abordar esta situación a través de planes de resiliencia y recuperación, como el Ministro de Turismo de Australia, Simon Birmingham, que habló sobre cómo el gobierno australiano está apoyando la recuperación y qué medidas quiere implementar para seguir un plan resiliente que aborde a la industria turística en el futuro.

Por otro lado, los operadores turísticos de Australia pierden millones de dólares a causa del COVID-19 debido, sobre todo, a la caída del mercado turístico chino. La industria ya se tambaleaba por la crisis de los incendios forestales cuando el brote del virus complicó más la situación en la época del año en la que los turistas chinos viajan a Australia e incrementan la economía regional alrededor de unos $25 millones al mes a causa del Año Nuevo Lunar Chino. La especialización de gran parte del sector turístico de Australia en su fuente de turismo más potente, China, y Asia en general, representa una dependencia significativa de este mercado, señalando que los lugares más visitados por los viajeros chinos y, a su vez, más afectados por el virus son Nueva Gales del Sur, Victoria y Queensland.

En definitiva, el proceso de recuperación será un gran desafío para los australianos y su sector turístico. Las consecuencias pueden durar años y Australia tiene que estar preparada para ello. Su economía es significativamente dependiente del turismo, siendo éste un potencial clave para el país.

No cabe duda de que el gobierno australiano tomará las medidas necesarias para amortiguar el impacto económico porque, ahora más que nunca, debido a su localización en el mundo lejos de todos, Australia necesitará potenciar sus canales de distribución de productos turísticos a través de los canales gubernamentales como Australia.com. Además, hay que tener en cuenta que la marca “Australia” es poderosa, lo que supone una ventaja siempre y cuando se mantenga así a pesar de las diferentes crisis.

Es hora de que el gobierno, la industria turística, las empresas, los empleados y los visitantes aporten su granito de arena para enfrentar esta situación tan adversa y complicada de una manera progresiva y exitosa.

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Ecoturismo de proximidad: 5 oportunidades pasada la pandemia

Son días de confinamiento, de sufrimiento, de reflexión. Como tantos otros sectores económicos, el turismo se encuentra en estado de shock. Seguramente por eso necesita, más que nunca, entender hacia dónde va el mundo y empezar a adaptar la actividad turística a la nueva realidad —y sociedad— que emergerá tras la pandemia. Esta necesidad del sector se está abordando en múltiples webinars y artículos en los que expertos en turismo intentan predecir (con todas las precauciones posibles por la gran incertidumbre del momento) cuál podría ser el futuro del turismo a medio y largo plazo (porque a corto plazo ya se asume un 2020 perdido).

Entre estos webinars destaco los siguientes: la conferencia (en catalán) “El turismo después del turismo” (a partir del min. 58:00), del siempre magistral José Antonio Donaire, en el marco de un debate sobre alojamiento turístico organizado por la Mesa de Turismo de Girona, los webinars organizados por Travindy, como “Propuestas para echar una mano desde un turismo responsable”, o el webinar de Reset the planet “Análisis crítico del modelo turístico actual: ¿cómo mejorar su resiliencia?”, con Josep Puigdengolas. Algunos artículos de interés son “Del “sobreturismo” al “infraturismo post covid-19”: reflexiones e ideas para hacer frente a la crisis”, de Julia Vera (Travelecoology), “Los días que vendrán”, de Chus Blázquez (Centro Español de Turismo Responsable) o “Viajar después del Coronavirus. Como cambiará el mundo y el turismo tras la pandemia“, de David Gómez (Cuaderno de viaje).

Después de escuchar y leer estos y otros webinars y artículos, con este post quiero aterrizar algunas de las ideas y reflexiones en el ámbito del ecoturismo. Porque, pasada la crisis sanitaria de la Covid-19, parece ser que el ecoturismo de proximidad, aquel que practicamos y practicaremos en los espacios naturales más cercanos, presenta buenas oportunidades. Aquí apunto cinco, aunque tal vez haya algunas más.

1. Grupos pequeños, destinos no masificados

Una de las características que definen el ecoturismo es que se debe practicar con grupos pequeños de personas. Esto evita impactos en el medio natural (como molestias a la fauna), garantiza una experiencia más satisfactoria y facilita una conexión más intensa con la naturaleza. Ahora, a estos beneficios, se añadirá otro: por el hecho de ser poca gente, el riesgo de contagio de enfermedades infecciosas será bajo (que no nulo, porque eso dependerá de la responsabilidad de cada uno a la hora de respetar el distanciamiento social).

Más allá de la experiencia individual, los destinos ecoturísticos —es decir, los espacios naturales protegidos— suelen aplicar medidas para evitar y gestionar la masificación en ciertas épocas y momentos del año (si bien es cierto que no siempre lo consiguen). Esta gestión del uso público y de los flujos de visitantes ganará más relevancia que nunca; por lo tanto, habrá que destinarle más recursos y mejorar su eficacia.

2. Entornos saludables, destinos cercanos

Chus Blázquez, del Centro Español de Turismo Responsable, apunta que “la tendencia que ya existía en el mercado turístico hacia la vuelta a lo cercano y lo saludable, la cual se ha acelerado con esta crisis, coloca a los destinos de proximidad, rurales y de interior en una posición privilegiada”. El profesor Donaire cree que cualquier estrategia de comunicación turística (tanto de empresas como de destinos) deberá ser capaz de transmitir y garantizar dos mensajes: que la experiencia turística se desarrollará en condiciones de seguridad y que lo hará en espacios saludables.

El ecoturismo de proximidad, aquel que se practica en espacios naturales cercanos, puede cumplir con estas demandas que vendrán. La seguridad, por el hecho de practicarse en grupos pequeños (ya hemos hablado de ello); la proximidad, porque de espacios naturales atractivos nuestro país está lleno, y la salud, porque qué mejor que el contacto con la naturaleza para fortalecer nuestra mente y nuestro cuerpo.

3. Espacios bien conservados para prevenir pandemias

En este artículo Raúl Rejón explica que “la destrucción de hábitats por las actividades humanas, que está causando una extinción masiva de especies, está detrás del origen y la expansión de enfermedades infecciosas que afectan a personas, algunas en forma de pandemia como la actual COVID-19″. Y en este otro artículo (en catalán) de Xavier Duran se dice que “la deforestación facilita el contacto de animales que llevan patógenos con las comunidades humanas”, y que la pérdida de especies y de individuos implica que los virus “tienen menos diversidad de animales para infectar”.

Leyendo estos dos artículos en positivo, se deduce que la conservación de hábitats y especies son estrategias clave para ayudar a frenar la expansión de enfermedades infecciosas. Si ya eran conocidas un montón de razones para tomarse en serio la conservación de la naturaleza y la biodiversidad, ahora se añade otra tan o más importante. Por lo tanto, hay que favorecer políticas, estrategias y actividades que contribuyan a la conservación del medio natural; el ecoturismo es una de ellas, ya que, sin naturaleza bien conservada, adiós ecoturismo.

4. Las cosas, mejor hechas que nunca

“Me gustaría pensar que entramos en la era de la ética”, decía el profesor Donaire en su charla, apuntando el clamor social que parece que llegará después de la pandemia para exigir que las cosas se hagan bien. El Centro Español de Turismo Responsable lo expresa en términos similares: “Estamos ante un cambio de paradigma de la industria turística mundial ante este momento de incertidumbre, hacia un mayor papel de los valores y del propósito en las empresas turísticas”. Y no solo las empresas, sino que los propios visitantes responderán a un perfil “más comprometido, más consciente y con valores cada vez más alineados con la sostenibilidad”.

El ecoturismo, por definición, es y debe ser un turismo responsable y sostenible. Por ello, todas las definiciones académicas insisten en una serie de principios que debe aplicar cualquier producto que quiera otorgarse la etiqueta de ecoturismo. Si estos valores de sostenibilidad y responsabilidad serán más demandados pasada la pandemia (esperemos que así sea), las empresas y los productos de ecoturismo se encontrarán en la pole position (y deberán recalcarlo y comunicarlo eficazmente).

5. Respeto por la naturaleza y más conexión presencial entre personas

La última oportunidad es la más profunda y sería una derivada (o tal vez el origen) de la anterior. Esta crisis ha evidenciado que las sociedades más acomodadas, y los países más ricos, viven (vivimos) al margen de la naturaleza y de los límites que impone el planeta que nos acoge. Asimismo, ha puesto de relieve que, a pesar del auge de las tecnologías de la comunicación y de las redes sociales, las relaciones interpersonales presenciales y de calidad seguirán siendo más necesarias que nunca.

Si algo promueve el ecoturismo y, en general, el turismo responsable y sostenible es el respeto por el medio natural y un acercamiento real a las personas que viven allí donde tiene lugar la actividad turística. Las relaciones humanas, ya sea entre los propios turistas como con los anfitriones, tomará más relevancia, y cualquier producto (eco)turístico las deberá enfatizar y cuidar.

Conclusión y un deseo

A pesar del desastre humano, social y económico que dejará la pandemia del coronavirus, también se abren oportunidades en muchos ámbitos que habrá que aprovechar. A menudo son cambios que ya se intuían pero que ahora se acelerarán. El ecoturismo de proximidad es uno de estos ámbitos que puede salir beneficiado, tanto a corto como a medio y largo plazo.

Me gustaría pensar, pues, que el ecoturismo, el turismo de proximidad y el turismo responsable se priorizarán, a partir de ahora, en las estrategias de promoción turística y de desarrollo local. Asimismo, reclamo una gestión y una regulación de las actividades ecoturísticas que disponga de recursos y conocimiento y que sirva para garantizar que estas nuevas necesidades sociales serán satisfechas adecuadamente.

Este artículo ha sido originariamente publicado en catalán en el Blog “Per terra, mar i aire” y reproducido en Travindy con permiso del autor, Xavier Basora: Ecoturisme de proximitat: 5 oportunitats passada la pandèmia.

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¿Cómo será el turismo tras la crisis del COVID-19?

El sector turístico ha sido probablemente el más castigado por la crisis sanitaria (y económica) que estamos viviendo.

La actividad turística ha caído bruscamente hasta casi ser nula. Más de una tercera parte de la humanidad está en confinamiento, el trafico aéreo se ha reducido un 90%, los atractivos turísticos están cerrados, al igual que hoteles y restaurantes de medio mundo.

Una verdadera catástrofe para un sector que gestionaba más de 1.500 millones de turistas al año, tenía unos crecimientos muy por encima de la economía global, suponía más del 10% del PIB mundial y daba trabajo a más de 300 millones de personas.

Más allá de las cancelaciones masivas de reservas para los próximos meses y la situación de riesgo para toda la temporada de verano del hemisferio norte (vital para muchos destinos de todo el mundo), la crisis del Coronavirus tendrá un impacto profundo en la forma en que viajamos y en cómo nos relacionamos.

El Turismo será probablemente el sector al que más le costará recuperarse.

3 son los motivos:

  • Limitaciones a viajar – por limitación de vuelos, por las prohibiciones de entrada en ciertos países o por el establecimiento de controles sanitarios a la llegada (y la posibilidad de que te pongan en cuarentena si tienes fiebre)
  • El miedo y la desconfianza que la crisis ha generado al hecho de estar rodeados de gente
  • La recesión económica que hará que muchísima gente tenga menos dinero para viajar, o que simplemente no se lo pueden permitir

Ante esta situación, muchas empresas lo están pasando francamente mal para sobrevivir, otras simplemente desaparecerán y otras tendrán que cambiar su modelo de negocio. La recesión en la zona euro se estima en una bajada del -4%. En España, donde el turismo es el principal sector de actividad, el PIB turístico podría caer un -34%.

Es sorprendente que hace unos meses si preguntabas a muchos destinos sobre el mayor reto del sector turístico, te habrían dicho que era la masificación turística…

Todo el mundo está hablando de cuándo se volverá a la normalidad. Bueno, el hecho es que será una “nueva” normalidad y no será cuestión de meses, sino más de un año. Estos procesos tampoco serán iguales en unos destinos y otros.

El gran problema para el crecimiento del sector turístico será la incertidumbre y no se recuperará del todo hasta que no haya un tratamiento eficaz o se descubra una vacuna que inmunice ante el COVID-19.

Probablemente esta pandemia creará un cambio psicológico y durante el primer año muchos turistas preferirán viajar a destinos cercanos en su propio país, o bien a países donde la pandemia no haya sido demasiado intensa (si es que hay algún país así dentro de unos meses…).

Cambios que podemos esperar en el turismo del futuro

  • Mayores medidas sanitarias en aeropuertos, estaciones de tren y de autobús
  • Medidas de seguridad sanitaría en museos, monumentos y otros atractivos turísticos
  • Reducción del aforo de personas que pueden acceder a lugares de gran afluencia turística y en el transporte público
  • Medidas extras de limpieza en hoteles y otras opciones de alojamiento
  • Cambios importantes en la forma de organizar reuniones y eventos
  • Aumento de la demanda de seguros de viajes que cubran pandemias

En general todos tenemos que ser más agiles, saber adaptarnos mejor al entorno cambiante y ser creativos e innovadores para luchar en un ecosistema más competitivo, ante la falta de turistas.

Fase de recuperación

Lo cierto es que la recuperación de los destinos dependerá de muchos factores. El levantamiento de restricciones de movimiento, el incremento de la actividad aérea y la percepción de los turistas sobre diferentes destinos, según la incidencia que haya tenido la pandemia en ellos.

Según Deloitte, la recuperación del sector turístico será gradual y no alcanzará una situación de normalidad hasta entrado el 2021. Según sus estimaciones:

  • En junio de este año se empezarán a realizar viajes de primera necesidad
  • En agosto se activará el sector hotelero con los viajes nacionales. Estos serán principalmente a segundas residencias o a apartamentos vacacionales y probablemente usando transporte privado
  • En noviembre se empezará a ver un aumento de los viajes corporativos y los eventos que se han tenido que posponer
  • En diciembre de este año, por fin, empezará a crecer (poco a poco) el turismo internacional

No será hasta el verano de 2021 cuando comprobemos si la gente realmente se siente segura para viajar de forma intensa y a destinos de larga distancia.

Antes de la crisis sanitaria la parte de la renta que se dedicaba a viajes y hoteles era del 9% sobre el total. Lo que resta del año, ese porcentaje caerá casi un 95%, pero en 2021 ese porcentaje subirá al 7% (un 12% menos que antes de la crisis).

La recuperación del turismo será en dos fases. Primero el turismo nacional de cercanía (donde no hay que usar medios de transporte masivo) y más tarde el internacional. Hay mucha gente que tendrá miedo a meterse en un avión 10 horas para viajar a un destino lejano y exótico.

En un futuro cercano se verá la imposición de más restricciones inmigratorias y más controles sanitarios de entrada. Quizás en algunos países se pidan certificados de inmunización sobre el virus o que has sido vacunado (cuando se descubra una vacuna).

En general en una primera fase de recuperación:

  • Primarán las vacaciones en entornos rurales y donde haya pocas aglomeraciones de gente.
  • Primará el alquiler de viviendas o apartamentos turísticos respecto al de hoteles.
  • Primará el transporte privado frente al transporte público.
  • Habrá sectores como el business travel que se recuperarán antes y otros como los cruceros, el turismo MICE, los grupos organizados y los viajes para la tercera edad, que tardarán más.
  • Probablemente aumentarán los viajes en autocaravana.
  • Aumentará la demanda de opciones de alojamientos más boutique y pequeños, en entornos rurales, alejados de grandes ciudades y núcleos de población.
  • Las líneas aéreas tendrán que generar confianza a través de mayores medidas de higienización en los aviones y en las salas de embarque (lo que les obligará a estar más tiempo en tierra y aumentarán sus costes, que trasladarán al precio de los billetes). Quizás al principio no se venda toda la capacidad del avión para dejar asientos libres entre pasajeros.

Cambio en el comportamiento de los turistas

El confinamiento que está sufriendo una tercera parte de la población mundial, hará que muchas personas se replanteen sus relaciones sociales, la forma en la que trabajan (apostando por el teletrabajo) y cómo planifican sus viajes.

Estás pueden ser algunas de las pautas de comportamiento de los consumidores cuando termine la crisis:

  • Los usuarios darán todavía mayor importancia al valor precio, debido a la disminución de renta disponible.
  • Cambiará la forma en la que nos saludamos. Pasará bastante tiempo antes de darnos la mano o besar en la mejilla a gente que no conocemos o que no son de nuestro círculo más cercano.
  • Aumentará de forma constante el consumo online.
  • Aumentarán los lazos intergeneracionales.
  • Se impondrá cierta distancia social en lugares públicos. Se habla de que incluso habrá que definir medidas de distanciamiento en las playas.

Por otro parte, las personas que viajen, cambiarán sus patrones de comportamiento:

Crecerá la demanda de destinos menos masificados y más sostenibles.

Se demandarán productos turísticos con mayor flexibilidad para cambios y anulaciones.

Los turistas serán más exigentes con los proveedores turísticos en temas de higiene y de sostenibilidad.

Algunas personas evitarán viajar si tienen gripe o un catarro, por la atención que despertará en otros turistas que viajen con ellos.

Habrá una mayor demanda de medidas de higiene (tanto en instalaciones como en empleados).

Se buscarán recomendaciones para que los viajeros minimicen el riesgo de contagio.

Los viajeros estarán más preocupados por la seguridad sanitaria, tanto de las instalaciones, como de la alimentación.

Los turistas prestaremos más atención a cosas como los filtros de aire que usan las aerolíneas. La calidad del aire será un elemento de marketing.

Se demandarán nuevos métodos de hacer check in en aerolíneas y hoteles (como el canal móvil).

Se demandarán mejores seguros de viaje que incluyan pandemias.

Cambiaremos la composición de la maleta que preparamos para el viaje, incluyendo mascarillas, guantes o geles desinfectantes. Esto puede influir incluso en las restricciones de llevar líquidos en los aviones.

Primará comer en casa o en la habitación (si te alojas en un hotel), que ir a un restaurante.

Aumentará la demanda de comida a domicilio o que se pueda recoger para llevar.

Se buscarán proveedores turísticos que tengan planes de emergencia.

Crecerá la demanda de actividades de aventura en la naturaleza y en espacios al aire libre.

Se buscarán opciones de alojamiento con disponibilidad de ordenador e impresoras, para poder combinar las vacaciones con el trabajo.

Aumentarán las reservas de última hora.

En grupos y actividades organizadas, se exigirá un menor número de personas por grupo.

Termino aquí el primer artículo que he preparado sobre la recuperación del sector turístico tras la pandemia causada por el COVID-19.

En los próximos días publicaré otros 3 artículos con estrategias y recomendaciones para diferentes sectores de actividad:

  1. Estrategias para destinos turísticos
  2. Estrategias para hoteles y otras opciones de alojamiento
  3. Estrategias generales para mejorar la comunicación y el marketing de empresas turísticas en tiempos de crisis

Espero que os ayuden a planificar y a mejorar vuestro posicionamiento para cuando esta crisis acabe.

Mucho ánimo a tod@s!

Este artículo ha sido originariamente publicado en Aprende Turismo y reproducido en Travindy con permiso del autor: ¿Cómo será el turismo tras la crisis del COVID-19?.

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El COVID-19 llegó en avión; ahora viaja en auto y camión

El medio de transporte del Covid-19 ha desatado algunos debates clasistas sobre el tema, con diversos trasfondos, sin embargo, en un mundo globalizado, algo hay de cierto. A nivel países, en la Fase 1: Importación viral, el virus viaja en avión; en la Fase 2: Dispersión comunitaria, viaja por vía terrestre ya sea en automóvil particular y/o transporte público; en la Fase 3: Epidémico, viaja en automóvil particular y transporte público.

Al estar ante una pandemia global, los debates en ese sentido son desgastes innecesarios, ante la situación actual. Quintana Roo, en este momento tiene una de las mayores tasas por cien mil habitantes del país [1]. Esta alta incidencia es explicable porque se tiene el aeropuerto con mayor tráfico internacional del país (35.4%) a febrero de 2020 [2]; en Quintana Roo al cerrar la Fase I, la mayoría de los casos eran de extranjeros [3], es decir casos importados. Esa es la razón de la inusualmente alta tasa por cien mil habitantes, indicador que disminuirá al pasar a las fases II y III. Por ello el Covid-19 llegó en avión, pero ahora viaja en auto particular y transporte público.

Los principales mercados emisores de turismo a Quintana Roo están en crisis, en aislamiento social extremo, con miles de vuelos suspendidos y muchas fronteras cerradas. Es decir, el cierre de la temporada de invierno 2019-2020, que acaba en la semana santa, está perdida por la caída abrupta de la demanda y la de verano corre en grave riesgo.

Sin embargo, si algo ha demostrado el turismo en la historia reciente es su resiliencia y capacidad de recuperación. En coyunturas de catástrofes y desastres de tipo: económicas, políticas, sociales o naturales siempre han operado dos fenómenos: la postergación del viaje y la sustitución de destino, este segundo no aplica en mayor medida, ya que la escala de la pandemia del Covid-19 es global y los destinos competidores están en igual o peores circunstancias y el origen está en la demanda. Así que la esperanza radica en la postergación del viaje, que permitirá una recuperación acelerada, una vez que los países emisores pasen la contingencia y sus economías se restablezcan.

¿Qué sabemos sobre lo que ocurre durante una pandemia?

A la luz del estudio del caso de Cancún en el AH1N1 y otros desastres[4], se puede saber que por su alto impacto en las llegadas en el corto plazo, la alerta sanitaria obligó al igual que los huracanes, al cierre de hoteles, con la diferencia que esa vez la estructura turística no estaba dañada, lo que explica que la recuperación haya sido más rápida, en forma de “V”.

La afectación al turismo en Cancún por la alerta sanitaria de la Influenza AH1N1 se estima que duró seis meses y dejaron de venir 299,294 turistas. El impacto económico de la influenza AH1N1 se estimó en 307.6 millones de dólares. Ante el AH1N1 las tarifas se movieron a la baja solo en el cortísimo plazo, para responder a la emergencia, retomando su tendencia normal a la siguiente temporada. La diferencia en la situación actual es que el AH1N1, no afectó en un nivel tan grave, como ahora lo está haciendo el Covid-19, a los países emisores de turismo al Caribe Mexicano. Por lo que es previsible que será más larga la recuperación. Así como se prevén las curvas de la pandemia para México y los principales países desarrollados es prudente considerar que la temporada de verano será mínima y prepararse para una modesta temporada de invierno 2020-2021.

El modelo mono productivo de la región anclado en el turismo, por la naturaleza de éste y las características geográficas y demográficas de Quintana Roo, presentan una situación sui generis, diferente al resto del país.

La afectación de eventos catastróficos: huracanes, 11 de septiembre, AH1N1 y ahora el Covid-19, nos recuerdan la bendición caribeña que tenemos de tener turismo todo el año y casi olvidarnos de una característica intrínseca al turismo: la estacionalidad

Que no seamos como la mayoría de destinos vacacionales que tienen sólo una temporada al año, o solamente en fechas puntuales, tienen los turistas suficientes. De esos destinos turísticos de temporalidades muy pronunciadas debemos de aprender lo necesario en esta coyuntura.

En el nivel macroeconómico, la resiliencia y postergación del viaje, inherentes al turismo actual, son esperanzas de normalización a mediano plazo. La afectación ya está determinada de manera exógena, el dilema sobre parar o no, ya no se presenta, como en otras regiones con economías diversificadas. Lo que corresponde es gestionar de la mejor manera el paro industrial abrupto y sus consecuencias sociales. En el plano micro, la decisión está en el nivel de cada empresa turística. Cada establecimiento debe de analizar si se está abajo del punto de cierre [5] y, actuar en consecuencia de acuerdo con su situación interna y a las medidas de excepción que aplican en una contingencia por causas de fuerza mayor. La emergencia será un desafío financiero, seguramente no contemplado en el presupuesto operativo anual, por lo que la fortaleza y gestión financiera de cada unidad de negocios se pondrá a prueba.

Ante la falta de esquemas formales, tipo los seguros de desempleo de USA o esquemas de renta universal básica, los esquemas solidarios de conservar el empleo siguen como esquema menos malo que los despidos. El impacto en lo social escala a nivel catastrófico. El turismo, industria de servicios, es por definición intensiva en mano de obra y de baja calificación en su mayor proporción; es decir, gente pobre e inmigrante la mayoría, a quienes la coyuntura deja en la indefensión total. Sumando elementos de riesgo para el precario orden social en varias de las localidades del estado.

Es la oportunidad como sociedad, de mejorar nuestro modelo social, con revisión y mejora de los mecanismos tanto de cobertura social, como de la planta productiva, el fomento industrial y de la inversión en épocas de crisis. Son de envidia el abanico de medidas que los países desarrollados han desplegado tanto para proteger al empleo y a las familias como a las empresas.  

El éxodo de la migración interna es palpable, quienes no tenían condiciones o suficientes razones de aguantar la coyuntura, se están regresando a sus lugares de origen, la actividad ha sido frenética en las últimas dos semanas en las terminales de autobuses informales. Ello genera menor presión social local, ante la contingencia. Se activó la válvula de la olla a presión. Sin embargo, ello lleva a que se repita la historia del conteo 2005, afectado por el huracán “Wilma”, un censo no realista, que reducirá los insuficientes recursos para el desarrollo el próximo quinquenio. La estructura de la pirámide poblacional, con forma más de flecha que de pirámide, muestra que el grupo mayoritario de la población de Quintana Roo es el de menor riesgo, ese es otro factor demográfico que ayuda a enfrentar la emergencia sanitaria.

Ya se sabe que uno de los efectos no deseados de poseer ciudades-destinos-marcas turísticas es que venden más titulares, por ello, siempre una notica mala se magnifica mucho más que para otra localidad que no tiene ese atributo. Una gestión eficiente de la crisis sanitaria es la mejor inversión en publicidad turística, se saldrá más pronto de la contingencia y permite cuidar la imagen del destino a mediano plazo. Mínimo que no sea relacionada en la memoria colectiva como epicentro de ella.

El Covid-19 viaja en auto particular y en transporte público.

Profundizar la distancia social ayudará a evitar no ser el epicentro de un contagio local descontrolado. Con el flujo de viajeros en el aeropuerto al mínimo y las escasas vías terrestres de acceso al estado, los flujos de personas son relativamente fáciles de controlar, las aduanas o filtros sanitarios deben de considerarse. La Península y el estado pueden garantizarse como una zona con la menor circulación del Covid-19, en el país y aun internacionalmente.

Por lo tanto, la estrategia de control se convierte en un doble anillo: menor movilidad social para reducir a lo mínimo el contagio interno y blindaje externo peninsular, o estatal para mantener la región segura. En este aspecto, como en todo, el reto es encontrar la justa medida para mantener el régimen de libertades y garantías individuales, sin caer en acciones ni autoritarismos que lesionen derechos humanos.

El inminente aumento de la temperatura por la primavera es otra variable que ayudará, por algo la influenza es estacional. En este punto de la pandemia, de todas estas circunstancias, y algunas no visibles aún, dependerá salir lo más rápido y mejor de esta coyuntura. La situación aún dolerá más, antes de mejorar.

Una gestión eficiente de la crisis sanitaria es la mejor inversión en publicidad turística, se saldrá más pronto de la contingencia y permite cuidar la imagen del destino a mediano plazo.

La conducción actual debe de ser regida por las autoridades sanitarias, pero una vez pasada la parte más grave de la contingencia, ya en la etapa de recuperación, con el relajamiento de las medidas de distanciamiento social, cada destino, debe estudiar la situación de sus mercados turísticos emisores, su conectividad y la situación de la industria de transporte (aéreo y/o terrestre o fluvial), su producto turístico, su mercado laboral y la afectación de su imagen; y en función de las condiciones en ese momento, plantear sus planes de dinamización de la demanda y de reactivación de la oferta.

En ese sentido los productos y servicios turísticos que puedan manejar mayores burbujas de intimidad (no necesariamente más personalizados) serán los que puedan operarse primero; muchas compañías, sobre todo en el transporte, tendrán que analizar muy bien sus puntos de equilibrio para poder operar bajo la necesidad sanitaria de mayor espacio por viajero. Así como el 11 de septiembre sentó nuevos estándares en los viajes respecto a seguridad, es previsible que nuevos estándares sanitarios se establecerán en los viajes ante esta nueva realidad, lo que implicará una revisión a fondo del reglamento sanitario internacional, que ha sido rebasado en esta contingencia.

Por supuesto que la afectación a mediano y largo plazo impactará de manera diferenciada a cada segmento y sector turístico, hasta ahora se vislumbra uno que tendrá afectaciones de profundidad en el largo plazo: los cruceros. La lista provisional de destino-país que terminarán muy afectados son: China, Italia, España, USA y sumando. La de destinos-ciudad hasta ahora incluye a: New York y Madrid. Estos destinos turísticos, su industria turística y de viajes y su población resentirán por años las secuelas de este 2020. Hagamos lo posible para evitar entrar en esas listas.

Un aspecto que la pandemia manifiesta es el desafío a la base del turismo: la hospitalidad. La aceptación sin recelos del otro se enfrenta a las fobias y prejuicios que generan la propagación de la pandemia actual, diversas manifestaciones de rechazo, sin base científica, ni racional, afectan a las personas llegadas de fuera hasta en localidades con raíces de hospitalidad que se pierden en el tiempo. El fenómeno se da alrededor del mundo.

Bernal Diaz del Castillo [6] y Fray Diego de Landa documentaron la fuerte hospitalidad en los pueblos mayas, las cuales perviven en las comunidades actuales, las sucesivas culturas y el turismo asentado en épocas recientes en la región no han hecho más que fortalecer esas prácticas de hospitalidad. Hasta que llegó el Covid-19. Comunidades que, en el último año, ante el rebase de la capacidad de carga, se negaban a limitar el número de visitantes, ahora no sólo pretenden impedir las visitas, sino piden a los turistas remanentes que se retiren.

En el último año verdaderas emergencias medioambientales se han presentado en diferentes puntos del Caribe Mexicano. Durante la pandemia las primeras evidencias muestran la mejora en la atmósfera, por la bajada de emisiones, debida al paro de las ciudades alrededor del mundo; esta será una buena oportunidad de constatar en nuestro entorno, cuanta de la afectación a los ecosistemas es atribuible directamente al turismo y cuanto debemos de asumirlo como parte del impacto ambiental de las localidades de residentes permanentes.

El efecto multiplicador del turismo es de 1.7, es decir, de cada unidad monetaria gastada por el turista el impacto directo, indirecto e inducido en el sistema económico es mucho mayor y se distribuye en todas las ramas económicas; una parte importante se distribuye fuera de las zonas turísticas, sobre todo en el sureste, con la contingencia en lugar de dinero regresan los inmigrantes que trabajaban en las zonas turísticas, y ahora son recibidos con recelo de traer el virus a sus comunidades originarias.

A nivel mundial la pandemia ha generado flujos atípicos y la activación sigilosa del turismo rural, de pueblos y segundas residencias, sin embargo, no son tan bienvenidos (as) como antes, en esas comunidades pequeñas y apartadas. También se ha manifestado la inconsciencia de estos turistas qué aun sabiendo el riesgo, al salir de sus ciudades, que son los epicentros de la pandemia, exponen a esas pequeñas comunidades.

La hospitalidad y la sustentabilidad se ponen a prueba

El turismo internacional en el año 2020 tendrá una debacle como nunca se ha registrado, 20 a 30% calcula la OMT [7]. Mayor al 2008-2009 y al SARS. Al ser el turismo internacional, tanto en turistas como visitantes, la mayor proporción de los flujos turísticos a los destinos del Caribe Mexicano, es de esperarse un impacto similar en la estadística anual a nivel local, con mayor baja en el arribo de cruceristas.

Atender la emergencia y prepararse para la temporada de invierno, esperando que el sargazo y la temporada de huracanes den tregua este año, esa sería la secuencia de actuación. La esperanza del mañana se cifra en la resiliencia del turismo, ese derecho inalienable de las personas del siglo XXI a viajar y su negativa a renunciar a ello. En cuanto amaine la pandemia, los aviones regresarán con turistas sin Covid-19 -o ya habrá su vacuna- y el único coronavirus que motivará serias discusiones será el de la cerveza.

Este artículo ha sido originariamente publicado en Sustentur y reproducido en Travindy con permiso del autor, Pedro Moncada: El COVID-19 llegó en avión; ahora viaja en auto y camión”.

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Gobernanza y Cooperación turística, serán las estrategias clave para el post covid-19

Creo rotundamente que predecir escenarios de postpandemia es algo que no estaremos seguros hasta que no ocurran. Se acuerdan de la famosa frase ¿El futuro ya no es lo que era?. Pero si podemos planificar estrategias y acciones, que ayuden a destinos, empresas y administraciones turísticas a recuperar la actividad turística y porque no, en muchos casos poderla mejorar o reinventarla.

Siento decir que no creo que haya ningún cambio de modelo turístico, a pesar de las ganas de muchos profesionales que lo manifiestan, salvo en una primera fase cuando la percepción de riesgo sea mucho mayor por su cercanía en el tiempo, aunque también después de ver ciertas imágenes de masas de turistas en China, me hace tener dudas.

Posiblemente les pueda sonar a obviedades, lo que les voy a recomendar, porque se han dicho más de una vez, pero muy pocas veces se han llevado a la práctica.

En una vuelta paulatina a la normalidad, pero después de haber perdido la semana santa, algunos puentes y en peligro el verano  (Espero que solo parcial, por la posible falta de vacaciones y la pérdida de poder adquisitivo), más que nunca se necesitara una estrategia definida y muy fuerte de Gobernanza Turística, de colaboración público-privada entre las diferentes empresas involucradas turísticas y no (Por ejemplo alimentación, sector primario, sanitario, bebidas, etc.)  las Administraciones Publicas Locales, Regionales-Autonómicas y del Estado. Y porque no la del conjunto de destinos y países receptores y emisores a nivel internacional, será decisiva.

Ante todo generar confianza y seguridad a los potenciales visitantes, generando algo vital, la “percepción de seguridad” o mejor dicho la “No percepción de riesgo”, muy diferente a la posible existencia de riesgo que siempre existirá y ha existido, pero en turismo lo que más cuenta es la percepción, no la realidad.

Una de las herramientas para gestionar esta percepción es la que se ha usado en los planes de gestión turística de áreas protegidas, la “capacidad de carga”, limitando el número de turistas en espacio y tiempo, que es algo visible y perceptible y dependiendo del destino, relativamente fácil de manejar (Mas ahora con las tecnologías adecuadas)

…..Y aunque a primera vista quizás no se crea, entiendo que la relación entre seguridad, salud y gestión ambiental del destino va a ser importantísimo

Supongo que la distancia física, mas que social, se deberá tener en cuenta, al menos en los primeros meses, en todo el proceso del viaje.

Tener planes y sistemas de alerta y reacción, en caso de necesidad, aunque jamás tenga que usarse, daría más confianza.

Y aunque a primera vista quizás no se crea, entiendo que la relación entre seguridad, salud y gestión ambiental del destino va a ser importantísimo, por su interrelación y porque sin duda ayuda a una mejor percepción positiva, que es lo que cuenta.

Por otro lado, otra de las estrategias clave, además de la gobernanza, es la Cooperación sectorial y multisectorial (Coopetition). Si bien, en muchos destinos y países, todavía existe una competencia ridícula entre empresari@s cercanos, y lejanos, ahora será la hora de cambiar radicalmente esta forma de trabajar, ya que será vital crear esos entornos de confianza turística.

El precio será secundario, frente a la percepción de riesgo. Los productos y experiencias denotaran los factores que antes mencione (distancias, salud, ambiental,…), al igual que la oferta alojativa y restauración.

Por supuesto la comunicación para la percepción es la herramienta clave, evitando o luchando más bien contra bulos, fake news, etc que seguro se incrementaran en estos meses, ya sea contra la actividad turística, como posiblemente contra ciertos destinos, hoteles, etc.

    …. Las grandes urbes donde existe una mayor densidad poblacional, serán las más necesitadas de escapadas y por tanto se podría calcular un incremento de la demanda

Entiendo y es una hipótesis, que para una demanda que ha estado confinada durante muchas semanas, habrá una necesidad de espacios abiertos, aire libre, naturaleza, pueblos, aunque supongo que para otros habría que añadir la cercanía social y no digamos para los milenials. Las grandes urbes donde existe una mayor densidad poblacional, serán las más necesitadas de escapadas y por tanto se podría calcular un incremento de la demanda en un radio orientativo de 150 km o algo más de 1 hora por carretera y parte de esa demanda ira buscando destinos más lejanos de forma escalonada, en función del impacto psicológico y capacidad adquisitiva.

Cada destino tendrá sus variables a tener en cuenta y claro en una articulo solo da tiempo a exponerlas de una forma somera o como me gustaría.

Y me gustaría añadir, que espero se aprendan grandes lecciones para poder acometer la crisis climática y ambiental, que será la siguiente, pero ya no nos pillara tan desprevenidos, porque llevamos años con avisos, aunque sin tomarlos en cuenta.

Quizás ahora más que nunca, la Naturaleza y la cercanía social son un verdadero Lujo.

Un cordial saludo y espero la pronta recuperación

Este artículo ha sido originariamente publicado en Forum Natura y reproducido en Travindy con permiso de la autor, Arturo Crosby: Gobernanza y Cooperación turística, serán las estrategias clave para el post covid-19.

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