Es hora de pedir disculpas y regenerarnos

El avance del COVID-19 ha obligado al turismo a detener su marcha. Ante esta situación, muchos empresarios del sector caminan por las paredes y se arrancan los pelos por las ganancias no obtenidas. Pero también, estamos quienes vemos en esta crisis una oportunidad para interpretar los daños provocados y modificar el rumbo de la actividad.

Viajeros y viajeras, cadenas hoteleras, tour operadores, consultores y consultoras, funcionarios públicos, empresarios y empresarias en general, profesionales del sector… Lo primero debería ser voltearnos y revisar todo el camino andado. No solo la marca de nuestra huella en el piso, sino también la influencia ejercida indirectamente (lo que no se ve) sobre el entorno por el cual hemos avanzado. Re-preguntarnos, criticarnos y tomar conciencia. El sistema turístico dominante – del cual somos parte, en mayor o menor medida – es depredador ante la naturaleza, desvaloriza las riquezas socio-culturales y es económicamente injusto con residentes locales.

Probablemente, usted en este momento piense… “Pero yo he hecho todo bien”. Y yo le repregunto… ¿Está usted seguro/a de eso? Lo más probable es que todos y todas tengamos que pedir disculpas por algunas de nuestras acciones u omisiones…

¿Disculpas? ¿A quiénes? ¿Por qué?

  • Al planeta Tierra y sus ecosistemas. ¿Medimos la emisión de dióxido de carbono en nuestros desplazamientos? – Hay muchas aplicaciones para ello -. ¿Pensamos en el consumo de energía eléctrica aunque no la paguemos? ¿Valoramos/Elegimos el alojamiento que recicla ante el que no lo hace? ¿Respetamos la capacidad de carga? ¿Somos estrictos con las evaluaciones de impacto ambiental? ¿Y qué hay de la fauna local? ¿Nos tomamos fotos con el águila atada? ¿Seguimos paseando arriba del elefante? ¿Seguimos montando avestruces? ¿Hasta cuándo?
  • A residentes/comunidades locales. ¿Colaboramos con pequeños alojamientos familiares antes que con cadenas hoteleras internacionales? ¿Contratamos guías locales? ¿Colaboramos con Asociaciones, ONG`s y Cooperativas del lugar de destino? ¿Escuchamos a residentes locales? ¿Actuamos en consecuencia a sus demandas? ¿Comemos en McDonald`s o en lo de Don Mario? ¿Valoramos los platos típicos? ¿Lo de afuera se adapta a lo local? ¿O lo local se adapta a lo foráneo? ¿Nos preocupamos por las condiciones laborales de empleados y empleadas locales? ¿Valoramos las artesanías típicas? ¿Apoyamos más a la inversión extranjera que a pequeños emprendimientos locales? ¿Hasta cuándo?

Retroceder, reagrupar y revolucionar

Si bien es cierto que existen algunas excepciones, es decir, algunos actores del sector que trabajan desde hace tiempo por un turismo más justo y responsable, estos son minoría. Por esta razón, me permito generalizar cuando recomiendo “volver hacia atrás y empezar de cero”, con las disculpas a esos actores conscientes y lastimosamente minoritarios.

Digo regenerar y no desechar, porque estoy convencido que la actividad turística es una herramienta útil para sectores más vulnerables y desprotegidos. A pesar de todo lo descrito anteriormente, sigo creyendo en las bondades que el turismo puede entregarle, especialmente, a países subdesarrollados. Pero es sumamente necesario replantearnos su esquema tradicional. Y para eso, es menester desandar nuestro camino y juntarnos para afrontar los nuevos desafíos de manera organizada.

Gobernanza y funcionarios públicos deberían sacar del centro de la escena a magnates y empresas multinacionales. Y también sacarse a ellos mismos de esa centralidad. Y no me refiero a que no participen más en el sector. Eso no sería recomendable. Pero deben comprender que son ellos los que deben trabajar para residentes y comunidades locales y no a la inversa. Es la población más necesitada, la que debe estar en la posición central de la maquinaria turística. Y el resto de las piezas deben moverse en función de sus requerimientos con el fin de otorgarle, a esa población, cierto bienestar y calidad de vida.

Lo mismo para viajeros y viajeras. Es imprescindible replantearnos el tipo de viaje que realizamos. Debemos tomarnos el tiempo necesario para poner bajo la lupa cada uno de nuestros movimientos y auto-evaluar nuestro impacto socio-ambiental. Pensemos primero en la comunidad local, sus recursos naturales y culturales, luego en adaptarnos y disfrutar el encuentro.

El turismo, así como hoy funciona, está dado vuelto. Arrastra la cabeza por el piso mientras los pies bailan cómodamente por el aire. Los más privilegiados más se benefician, y los más desfavorecidos más se perjudican. La brecha se sigue agrandando.

Después de mucho tiempo, y como pocas veces en la historia, la actividad turística ha detenido sus motores estrepitosamente. Este es el momento indicado para darlo vuelta todo. O al menos comenzar con ello. Estamos ante una oportunidad histórica para generar un cambio y moldear un turismo que colabore con la construcción de un mundo más justo. No podemos dejarla pasar. Tal vez sea la última.

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COVID-19, el alto precio de atentar contra la naturaleza

Más un tercio de la población del planeta se encuentra en este momento confinada en sus hogares, es decir, casi 2 mil 500 millones de seres humanos de más de 200 nacionalidades y diferentes idiomas están refugiados en sus propias casas para evitar que un nuevo virus llamado SARS-CoV-2 entre a su organismo y les ocasione la enfermedad llamada COVID-19; y mientras transcurren los días de cuarentena, millones de personas tratan de entender qué es este virus, qué fue lo que lo originó, y cómo cambiará a futuro su relación con los animales y el medio ambiente en general.

Érase una vez en China

A mediados de diciembre de 2019, se reportaron una serie de casos de neumonía atípica en la ciudad de Wuhan, en la Provincia de Hubei en China. A mediados de enero, el gobierno chino, a través del Chinese Center for Disease Control and Prevention (CDC) pudo identificar exitosamente al agente de la enfermedad como un nuevo coronavirus, el coronavirus 2019-nCoV, denominándose posteriormente como SARS-CoV-2 por parte del Comité Internacional para la Taxonomía de los Virus (ICTV por sus siglas en inglés).

Los números de casos crecieron dramáticamente, por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la situación como emergencia de salud pública de importancia internacional el 30 de enero de este año. Fue el 11 de febrero cuando la OMS denomina a la enfermedad como COVID-19 (acrónimo del nombre en inglés Coronavirus Disease 2019). Finalmente, el pasado 11 de marzo la OMS la declaró como “pandemia mundial”, con presencia en más de 200 países e innumerables contagiados y fallecidos por esta enfermedad.

Las autoridades chinas, con el apoyo de la comunidad científica, han considerado su origen como una “enfermedad zoonótica”, es decir una enfermedad que se transmitió de un animal a un ser humano. Sin embargo, esta transmisión no necesariamente es por el simple consumo de una especie en particular, la causa fundamental se encuentra en todo el “proceso de comercialización”, desde el traslado de su hábitat natural al punto de comercialización: transportación (terrestre, aérea, fluvial o marítima); el arribo a los puntos de venta en centros urbanos (mercados de animales); las condiciones de confinamiento, generalmente en lugares insalubres (jaulas pequeñas); la convivencia de diferentes especies de vida silvestre con diferentes animales domésticos; entre otros. Todos estos factores hacen que las especies silvestres se estresen y baje su sistema inmunológico, condición para que los virus y los coronavirus se transmitan a otras especies. Asimismo, y esto es muy importante subrayarlo:

Hoy en día, no se ha determinado aún, en forma contundente por parte de la comunidad científica la especie portadora del virus, así como la especie transmisora al hombre. La razón es sencilla, todavía no aparece el “paciente cero” del COVID-19.

A pesar de esta situación, la mayoría de los medios de comunicación con base en “información científica”, han declarado culpable de esta pandemia a los murciélagos como especie portadora del virus, y a los pangolines como especie que lo transmitió al ser humano, sin contar todavía con alguna base científica comprobable, ya que son simplemente hipótesis y teorías con base en brotes virales anteriores (SARS y MERS).

¿Qué es un nuevo virus?

En primer lugar, debemos diferenciar entre lo que es un coronavirus de lo que es la enfermedad, ya que ambos conceptos se prestan a confusión y han generado mucha desinformación y pánico en la población.

De acuerdo con la OMS, “los coronavirus son una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. En los humanos, se sabe que varios coronavirus causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS). El coronavirus que se ha descubierto más recientemente causa la enfermedad por coronavirus COVID-19”.

Actualmente existen 39 especies de coronavirus (incluyendo este último descubrimiento que ocasiona el COVID-19). Se subdividen en cuatro géneros, destacando los del género Betacoronavirus, cuyos ancestros tienen más de 3 mil años en la tierra y son los que han originado las enfermedades más infecciosas a los seres humanos en los últimos años: el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS-CoV de 2003); el Síndrome Respiratorio de Medio Oriente (MERS-CoV de 2012); y ahora el Síndrome Respiratorio Agudo Severo de 2019 (SARS-CoV-2 de 2019).

“El coronavirus quizá sea una primera señal indiscutible de que el daño ambiental causado por los humanos puede poner en riesgo a la humanidad en un lapso asombrosamente breve”

Profesor Andrew Cunningham, Sociedad Zoológica de Londres

Por otro lado, la OMS define a la enfermedad COVID-19 de la siguiente manera: es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto más recientemente (SARS-CoV-2). Tanto el nuevo virus como la enfermedad eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

Es importante señalar que nos encontramos frente a un nuevo virus, por lo que la determinación de su origen y su transmisión se encuentra actualmente en investigación, así como la elaboración de su vacuna. La vía de transmisión predominante del COVID-19 es de humano a humano, y como señala la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), “hasta el momento, no se dispone de evidencia científica suficiente para identificar el origen o explicar la vía de transmisión original de una fuente animal al humano”.

SARS y MERS fueron la antesala

Antes del surgimiento de este nuevo “coronavirus” en China, se presentaron dos pandemias que anunciaban lo complejo y peligroso de estos nuevos virus: la epidemia del SARS en 2003 y la del MERS en 2012.

SARS fue la primera pandemia del nuevo milenio. Contagió a cerca de 8 mil personas y causó la muerte de 800 (10%). Apareció a finales de 2002 en la provincia china de Guangdong y el virus fue bautizado como SARS-CoV. El “paciente cero” se infectó en un mercado de especies silvestres y domésticas (wet market) por el contacto con un mamífero salvaje (algunos criados en cautiverio para su consumo) denominado “civeta de las palmeras” (Paguma larvata) cuya área de distribución se encuentra en China, Japón y todo el Sudeste asiático.

Posteriormente, los científicos encontraron otro animal transmisor de este virus en los mismos “wet markets” y fue el denominado “perro mapache” (Nyctereutes procyonoides), un mamífero parecido al mapache, originario del oriente de China, la península de Corea y Japón. Estas dos especies fueron las “especies vehículo” del coronavirus, sin embargo, faltaba determinar la “especie reservorio”.

Después de un tiempo, los científicos determinaron que los “murciélagos herradura chinos” (Rhinolophus sinicus), tenían alrededor del 90% de identidad genómica con el virus SARS-CoV, por lo que se determinó que constituían el “reservorio natural” de este coronavirus. Estos murciélagos son originarios de China, India, Nepal y Vietnam.

MERS fue la segunda pandemia de este siglo provocada por un coronavirus y apareció en Arabia Saudita. Entre septiembre de 2012 y noviembre de 2013 se dieron 157 casos y murieron 66 personas (mortalidad del 42%). La mayor parte de los afectados fueron árabes saudíes. Hasta la fecha no se ha determinado el origen de esta enfermedad, sólo se ha señalado que es “probable” que la enfermedad sea una zoonosis de “alguna especie” (sin determinar la especie exactamente) de murciélago del género Pipistrellus que haya sido transmitida a un dromedario (Camelus dromedarius), especie domesticada muy común en la península arábiga.

2004: Proyecto “One World, One Health”

El 29 de septiembre de 2004 se lleva a cabo en la ciudad de Nueva York, un Simposio respecto a la salud humana, los animales domésticos y la vida silvestre; a raíz de la aparición de muchas enfermedades zoonóticas (Ébola, SARS, virus del Nilo, vacas locas, entre otras). Esta reunión fue convocada por la Wildlife Conservation Society (WCS) y contó con representantes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), además de centros internacionales de prevención y control de enfermedades infecciosas, científicos e investigadores de muchos países del mundo.

El resultado de esta reunión fue el documento denominado los “Doce principios de Manhattan: Un Mundo, Una Salud” en los que ha de fundamentarse “un método holístico para prevenir las enfermedades epidémicas y epizoóticas que respete la integridad de los ecosistemas, en beneficio de los seres humanos, los animales domésticos y la biodiversidad del mundo entero”.

El 14 de octubre de 2008, los tres órganos de Naciones Unidas (OMS, FAO y OIE) con el apoyo del Banco Mundial, publican el documento titulado “Contributing to One World, One Health:  A Strategic Framework for Reducing Risks of Infectious Diseases at the Animal–Human–Ecosystems Interface” (un marco estratégico de acción para reducir los riesgos de enfermedades infecciosas en la interfase animales-humanos-ecosistemas).

Un punto fundamental de este programa es que busca “prevenir daños a los ecosistemas como la deforestación y algunas prácticas agrícolas que fomentan la aparición de nuevos virus que generan nuevas enfermedades infecciosas humanas”. Sólo en los últimos 30 años han aparecido más de 30 nuevas enfermedades.

De acuerdo con la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), el 60% de las enfermedades infecciones conocidas son de origen animal (domésticos o de vida silvestre), al igual que el 75% de las enfermedades humanas emergentes.

La ciencia y el cine anunciaron la pandemia

En octubre de 2007, se publica en la revista científica “Clinical Microbiology Reviews” un artículo titulado “Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus as an Agent of Emerging and Reemerging Infection”, señalando el peligro de que una nueva pandemia podría surgir en el futuro por el consumo y tráfico de animales silvestres en el sur de China. Esta publicación fue elaborada por el Dr. Kwok Yung Yuen y sus colaboradores del Centro de Investigación de Infecciones e Inmunología de la Universidad de Hong Kong. Entre sus conclusiones señala algo que parecía premonitorio:

“La presencia de un gran reservorio de virus similares al SARS-CoV en los murciélagos herradura chinos, aunado a la cultura de comer mamíferos exóticos en el sur de China es una bomba de tiempo. La posibilidad de la reaparición del SARS y otros virus nuevos de animales, por lo tanto, la necesidad de preparación no debe ignorarse”.

En septiembre de 2011 se estrena la película norteamericana “Contagio” (Contagion) dirigida por Steven Soderbergh. En la escena final, revela su opinión respecto al origen de estas enfermedades: la escena comienza con la destrucción del hábitat de una colonia de murciélagos que posteriormente huyen hacia plantaciones comerciales para alimentarse (una finca de plátanos) y se guarecen en una granja porcícola. Restos de su comida caen al piso y son comidos por la piara de cerdos que se encuentra en la granja. Al final, llega el chef de un restaurante de Hong Kong para escoger un lechón, mismo que será preparado en una cena de lujo, provocando el primer contagio con la protagonista de la película (Gwyneth Paltrow), siendo ésta la “paciente cero”.

La película es de ficción, pero está basada en dos historias reales de los años noventa del siglo pasado: el descubrimiento de los virus de Hendra (en Australia) y el virus de Nipah (en Bangladesh, India, Malasia y Singapur). Particularmente, la película tuvo el asesoramiento de científicos del Laboratorio Australiano de Sanidad Animal, uno de los mayores centros mundiales de bioconfinamiento que trabaja con patógenos animales.

Por otro lado, el periodista y divulgador científico David Quammen, escribe en 2012 el libro titulado “Spillover” (Derrame) que trata sobre infecciones de origen animal y una pandemia humana futura. El libro subraya la relación entre la destrucción del medio ambiente y el cambio climático con la aparición de pandemias infecciosas de origen animal (enfermedades zoonóticas). El pasado 25 de marzo, en una entrevista al periódico italiano “Il Manifesto”, Quammen responsabiliza al hombre de perturbar los ecosistemas donde viven diversas especies de animales con sus propias formas únicas de virus, y al perturbar estos ecosistemas, liberamos nuevos virus.

Respecto al papel de los murciélagos como “especie reservorio” de coronavirus, señala que la solución es dejarlos solos, “porque necesitamos a los murciélagos y nuestros ecosistemas necesitan murciélagos. Los murciélagos son fundamentales para la salud de nuestros ecosistemas tropicales. El problema más importante es la desinformación, la gente tiene más interés en las “conspiraciones” que en la ciencia. Lo urgente es evitar la destrucción de la diversidad biológica y la invasión de los ecosistemas.

Al borde del racismo y la xenofobia

La desinformación sobre este nuevo Coronavirus (SARS-CoV-2) y su enfermedad (COVID-19) ha generado terribles episodios provocados por el miedo y la ignorancia, destacando: acciones racistas y xenófobas contra comunidades asiáticas en todo el mundo; extrañas teorías de conspiración al considerar que fue creado en un laboratorio; ataques violentos y estigmatización de especies muy valiosas como los murciélagos; evidenciar el tráfico ilegal de especies y su comercialización para su consumo, como es el caso de los pangolines.

Cuando la OMS recibe el 12 de enero el genoma secuenciado por parte de las autoridades chinas se le nombró temporalmente como 2019-nCoV (en inglés 2019-novel Coronavirus). En las redes sociales comenzó a llamársele Wu Flu (Wuhan Flu) o gripe de Wuhan, por lo que el 30 de enero la OMS recomendó mantener el nombre de 2019-nCoV hasta obtener el nombre oficial por parte de la Clasificación Internacional de Enfermedades. Al comprobarse la información proporcionada por las autoridades chinas como un nuevo coronavirus, se le denominó a partir del 11 de febrero COVID-19 (acrónimo del inglés Coronavirus disease 2019), para no estigmatizar ningún grupo colectivo, lugar o especie animal.

Esto último es muy relevante, ya que con la aparición de este nuevo coronavirus ha despertado expresiones de odio y acciones intolerantes contra grupos de personas de origen asiático (no necesariamente chinos) en muchos países del mundo. Inclusive, el presidente de los EEUU, Donald Trump, ha insistido en llamarle “Chinese Flu” o algunos miembros de su gabinete como “Kung Flu”, denominaciones completamente racistas y xenófobas.

Un ejemplo histórico claro de esta desafortunada situación fue la llamada “Gripe Española” (Spanish Flu), una pandemia ocurrida entre 1918 y 1920 por un virus de Influenza A del subtipo H1N1, matando a cerca de 30 millones de personas. Muchos historiadores todavía discuten si su origen fue en un fuerte militar en Kansas, EEUU, siendo transportado por las tropas norteamericanas a Francia en la Primera Guerra Mundial; o si fueron soldados británicos que la adquirieron durante esta guerra en el este de la península de Anatolia (actualmente Turquía), parte del Imperio Otomano.

Las potencias beligerantes prohibieron a la prensa abordar el tema para no afectar la moral de las tropas, por lo que fue España, como país neutral en esa guerra, el único país que informó en su prensa sobre la pandemia, cargando históricamente con el estigma negativo de haber iniciado esta pandemia.

Historias de “conspiraciones”

Esta pandemia ha generado una serie de teorías infundadas que van desde la “conspiración” del gobierno chino de crear este virus en laboratorio para tomar el poder económico mundial, o en el otro sentido, que fue creada por las tropas norteamericanas para afectar los intereses económicos chinos (ambas teorías carecen de cualquier fundamento científico, ya que se ha demostrado la imposibilidad de haber creado un virus de este tipo en laboratorio).

Poco después del brote de la epidemia, científicos chinos secuenciaron el genoma del virus SARS-CoV-2 y pusieron los datos a disposición de todo el mundo. La OMS validó los datos proporcionados por los científicos chinos y convocó a un grupo de expertos para estudiar si su origen era natural o creado en laboratorio. El resultado es que el virus no se produjo en un laboratorio, tiene un origen natural.

El pasado 17 de marzo, se publica en la revista científica “Nature Medicine”, los resultados del trabajo de un grupo de científicos de diversas nacionalidades e instituciones académicas de primer nivel, quienes fueron coordinados por el especialista Kristian Andersen, del centro de investigación biomédica Scripps Research de Estados Unidos.

Así lo señala el Dr. Andersen: “al comparar los datos disponibles de la secuencia del genoma para las cepas conocidas de coronavirus, podemos determinar firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales”. Así, los científicos concluyeron que el virus era resultado de la selección natural y no producto de la ingeniería genética.

Sin embargo, estos investigadores consideran a los murciélagos herradura como el reservorio “más probable” para el SARS-CoV-2, aunque no hay casos documentados de transmisión directa murciélago-persona, por lo que se sugiere un huésped intermedio, como los pangolines, que tienen un virus con una estructura viral muy similar a la del SARS-CoV-2.

Ataques y estigmatización de los murciélagos

Con la vorágine de información (y desinformación) sobre este coronavirus y su enfermedad que ha causado una pandemia sin precedentes en el mundo, una de las víctimas más visibles son los murciélagos. Se ha especulado que pudiera tener como reservorio original al murciélago herradura (Rhinolophus sinicus), por la similitud con el brote del SARS-CoV de 2003.

A mediados de marzo, en el norte del Perú, en Cajamarca, provincia de Santa Cruz, sus pobladores fueron a quemar a cientos de murciélagos ubicados en una cueva cercana a la localidad. Gracias a las gestiones de Jessica Gálvez-Durand, Directora de Gestión Sostenible de Fauna Silvestre del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) del Perú, se pudieron rescatar cerca de 200 murciélagos. Asimismo, la SERFOR comenzó una fuerte campaña en redes sociales para proteger a estas importantes especies.

Por otro lado, Rodrigo Medellín, miembro del Instituto de Ecología de la UNAM y, Presidente del Grupo de Especialistas en Murciélagos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), conocido como el “Batman mexicano”, ha mostrado su preocupación por este nuevo ataque (des) informativo contra los murciélagos. “Eso exacerbó los ánimos negativos contra los murciélagos. Y no hay nada más injusto que eso. Los murciélagos no tienen la culpa. Al contrario, cada día nos dan grandes beneficios que no les reconocemos”, declaró el pasado 31 de marzo al medio digital Mongabay Latam.

Existen en el mundo cerca de 1,400 especies de murciélagos desempeñan un papel fundamental para la salud de los ecosistemas: son polinizadores; dispersores de semillas; controladores de plagas de insectos; entre otras muchas funciones y servicios ambientales.

Los murciélagos tienen un sistema inmunológico muy resistente que le permite tolerar diferentes tipos de virus, como los coronavirus. El que sean “especies reservorios” de estos coronavirus, no implica que los transmitan a los seres humanos en condiciones normales.

El problema fundamental se refleja en dos actividades humanas: a) la pérdida del hábitat de estas especies por la deforestación para actividades agropecuarias y plantaciones comerciales; y b) comercio legal (o tráfico ilegal) de estas especies silvestres para su consumo o para el mercado de mascotas.

Tráfico ilegal de especies y el caso de los pangolines

El tráfico de especies, que incluye animales y plantas, es uno de los negocios ilícitos más dañinos y rentables del mundo. Naciones Unidas considera estima que el comercio ilegal mundial de vida silvestre asciende a unos 23 mil millones de dólares cada año, una cifra equiparable a la que mueve el tráfico de armas y de drogas.

El mamífero más traficado en el mundo es el pangolín. Más de un millón de pangolines han sido asesinados víctimas del tráfico de especies en los últimos 15 años. Sólo en la primera semana de febrero de este año se incautaron en la ciudad de Lagos, Nigeria, un contenedor con cerca de 10 toneladas de escamas de pangolines para exportar a Asia, esto representa aproximadamente, unos 20 mil animales muertos.

El pangolín es un pequeño mamífero que habita en África (4 especies) y en el sudeste asiático (4 especies), es el único mamífero cubierto totalmente por “escamas”, las cuales son muy apreciadas en los mercados asiáticos al estar considerados en la medicina tradicional china, además su carne se considera una exquisitez en esos lugares.

En 2016, la Convención CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), que tiene como finalidad “velar por que el comercio internacional de especímenes de animales y plantas silvestres no constituya una amenaza para su supervivencia” y cuenta con más de 180 países miembros, alcanzó un acuerdo para prohibir totalmente el comercio de pangolines, un gran paso para proteger a la especie de la extinción. Sin embargo, el tráfico ilegal de la especie continúa.

El pasado 26 de marzo se publicó un artículo científico titulado “Identifying SARS-CoV-2 related coronaviruses in Malayan pangolins” en la revista científica “Nature” considerando a los pangolines malayos (Manis javanica) como posibles especies huéspedes (animal transmisor) del coronavirus al descubrir la similitud de las secuencias de su genoma con las del virus.

Las muestras se tomaron de 18 pangolines malayos que fueron incautados por las autoridades chinas entre agosto de 2017 y enero de 2018 en Guangxi, la Región autónoma del sur de China que tiene frontera con Vietnam (una de las fronteras internacionales con mayor número de casos de tráfico de vida silvestre). Las muestras se examinaron a principios de marzo en el Centro de Tecnología de Aduanas de Guangzhou (Cantón), encontrando que estos coronavirus nuevos en los pangolines tenían una secuencia similar en una 85.5% a 92.4% con el SARS-CoV-2.

Acciones del Gobierno de China y Vietnam

A partir de la explosión de la enfermedad COVID-19, el gobierno chino prohibió a mediados de enero en forma temporal el comercio de vida silvestre y llevó a cabo redadas en mercados de vida silvestre (wet markets). Sin embargo, el panorama no es alentador, se han confiscado cerca de 40 mil animales silvestres y “limpiado” más de 350 mil sitios donde se comercian estos animales (mercados y restaurantes).

Finalmente, el 24 de febrero, el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de China adoptó una “Decisión para eliminar el consumo como alimento de animales silvestres con miras a proteger la vida y la salud de las personas”. Una medida histórica y sin precedentes.

Esta decisión del gobierno chino fue notificada oficialmente a la Convención CITES mediante la Notificación a las Partes número 2020/018 de 5 de marzo de 2020.

Posteriormente, el gobierno de Vietnam emitió un Decreto para que a partir del 1 de abril se prohíba el comercio local de vida silvestre, así como su consumo. De acuerdo con un reporte del gobierno chino, la industria de comercio de vida silvestre (legal e ilegal) está valuada en cerca de 74 mil millones de dólares y emplea a más de 14 millones de personas.

El investigador mexicano especialista en temas de vida silvestre, Gerardo Ceballos, ha señalado la urgencia de prohibir el tráfico y el comercio de animales silvestres en Asia para su consumo, como medicina tradicional o como mascotas. Ceballos es uno de los promotores del movimiento Stop Extintion y uno de los académicos a nivel mundial que afirma que nos encontramos frente a la Sexta Extinción Masiva de especies. Esta extinción, a diferencia de las otras cinco causadas por fenómenos naturales, ha sido causada por el ser humano y en un periodo muy corto (destrucción del hábitat, sobreexplotación de especies, contaminación y cambio climático).

Conclusiones para la acción

La vida silvestre no es la responsable de la pandemia . El responsable absoluto es una especie, una especie domesticadora (que no domesticada). Esta especie es el HOMO SAPIENS, ese primate de la familia de los homínidos que actualmente cuenta con una súper población de más de 7 mil 700 millones de personas y que por sus actividades “productivas”, a través de un modelo económico voraz de los recursos naturales del planeta, ha ocasionado que más de un millón de especies de plantas y animales se encuentren actualmente en peligro de extinción, conforme al último Informe del órgano intergubernamental asesor de Naciones Unidas en materia de biodiversidad y servicios ecosistémicos (IPBES7, 2019).

Los murciélagos no ocasionan pandemias ni atacan al ser humano. Los coronavirus se encuentran en diversas especies de vida silvestre desde hace milenios, y muchas de ellas, como es el caso de los murciélagos, han generado un sistema autoinmune a los efectos de estos virus. Los murciélagos no atacan al hombre ni provocan pandemias. Al contrario, los murciélagos generan grandes beneficios inmensos al ser humano: polinizadores de cultivos importantísimos; controladores de plagas de insectos; son especies fundamentales para la salud de los ecosistemas terrestres.

Es urgente cerrar los mercados de Vida Silvestre para consumo humano. Al destruir el hábitat de muchas especies que hospedan muchos patógenos en vida silvestre y trasladarlos a mercados donde se comercian vivos o muertos, en condiciones insalubres y de estrés, conviviendo con muchas otras especies de vida silvestre y domésticas en condiciones precarias, se crea una interfaz de alto riesgo para la aparición y transmisión de patógenos zoonóticos que pueden causar pandemias (SARS, MERS, COVID-19). La única excepción debe ser el consumo por subsistencia de pueblos originarios y algunas comunidades locales, siempre y cuando no pongan en riesgo a una especie amenazada o en peligro de extinción, así como un Protocolo para evaluar medidas sanitarias de transmisión zoonótica.

Combate internacional frontal y coordinado al comercio ilegal de Vida Silvestre. La aplicación efectiva de la normatividad ambiental debe hacerse en forma coordinada, transparente e informada. Desarrollar e implementar herramientas de trazabilidad, certificación y monitoreo del comercio legal e ilegal de vida silvestre. Finalmente, es muy importante que cambiemos en forma radical nuestro comportamiento y nuestras relaciones hacia la vida silvestre y los animales en general. No estamos hablando solamente un tema de conservación, estamos hablando de un tema de salud pública.

Ahora la prioridad inmediata es proteger a las personas de este virus y prevenir su contagio; sin embargo, la respuesta a mediano y largo plazo debe enfocarse a evitar la pérdida del hábitat y la biodiversidad. Como bien señala Inger Andersen, Directora Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, “no hemos entendido que cuidar el planeta es cuidar nuestra permanencia en él”.

El daño al planeta también significa un daño a la humanidad.

Este artículo ha sido originariamente publicado en Sustentur y reproducido en Travindy con permiso del autor, José Luis Funes Izaguirre: COVID-19, el alto precio de atentar contra la naturaleza.

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Los 7 Pecados capitales de los Destinos Turísticos

El rol de los destinos turísticos y las entidades de promoción que los gestionan, los denominados DMOs (Destination Marketing Organizations), han cambiado profundamente a lo largo de la última década.

El aumento de la oferta de destinos turísticos a nivel mundial, la aparición de nuevos mercados emisores (como China, India, Rusia o Brasil) y los cambios en las motivaciones y necesidades de la demanda, han hecho que los destinos tengan que adaptarse de forma constante a un mercado turístico cada vez más complejocompetitivocambiante.

Fruto de ello y de los cada vez más limitados fondos públicos para promoción turística, los destinos han tenido que reinventarse, especializarse y volverse más gestores que promotores.

No obstante, bastantes de ellos (sobre todo en España y en América Latina) no han evolucionado lo suficiente y siguen teniendo estructuras obsoletas, adolecen de falta de liderazgo y desarrollan un marketing del siglo pasado.

Por ello, he querido identificar los 7 grandes pecados capitales que cometen muchos destinos en relación a la gestión de su ecosistema turístico y al marketing que desarrollan.

En la mayoría de los casos, falta una visión holística del turismo como actividad transversal, que no solo genera crecimiento económico, sino que también puede ayudar a mejorar la imagen internacional del destino, potenciar las exportacionesgenerar inversiones y atraer talento humano.

Los 7 grandes pecados capitales de los destinos turísticos son:

  1. Ser organizaciones arcaicas, muy politizadas y poco flexibles
  2. Mala organización interna
  3. No tener buena Gobernanza
  4. Deficiente gestión del ecosistema turístico local
  5. No tener Estrategia
  6. No tener propuesta de valor ni saber cómo generar imagen de marca
  7. Desarrollar un marketing obsoleto

Vamos a explicarlos en detalle…

1.- Ser organizaciones arcaicas, muy politizadas y poco flexibles

Organizaciones con poca evolución – La gran mayoría de los DMOs siguen siendo instituciones públicas con unas estructuras y un funcionamiento que son muy arcaicos y poco ágiles, para poder ser resilientes y adaptarse de forma contante a los cambios disruptivos que experimenta el turismo.

Politización – El principal problema de estos organismos (normalmente 100% públicos) es la excesiva politización en la toma de decisiones y en la definición de estrategia y el plan de acción.

Interesados en grandes números que generen titulares – Algunos políticos y gestores de destinos viven obsesionados con crecer y con alcanzar un gran número de turistas al año. Pero no analizan la fidelidad del turista (repetición), su gasto, su perfil y comportamiento, su satisfacción y su poder de prescripción.

Falta de visión a largo plazo – El problema es que muchos políticos no tienen una visión a largo plazo. En muchos casos los intereses políticos se sitúan por encima de los intereses generales del destino y de los stakeholders. Se busca sobre todo la rentabilidad mediática para el político o el partido.

Falta de política de sostenibilidad – Muchos destinos no entienden la importancia de hacer de la sostenibilidad un eje estratégico de su actividad. Es basico que los destinos reconozcan la influencia que el turismo tiene en el cambio climático, el medioambiente y la calidad de vida de las comunidades receptoras.

Gestores ineficaces – En organismos públicos, los gestores de destinos suelen ser cargos de confianza, colocados a dedo por los políticos. En muchos casos estas personas no tienen el conocimiento, ni las competencias para gestionar un destino turístico. Lo que es peor, muchos están interesados principalmente en su promoción personal.

Falta de coherencia en el posicionamiento estratégico del destino – Los cambios políticos y de gestores de destinos de los DMOs (algunas veces constantes) afectan mucho a la estructura y al funcionamiento de un destino turístico. Por cambiar las cosas sin sentido (solo para diferenciarte del anterior gestor), se puede afectar al posicionamiento del destino a nivel internacional, ya que confundimos a la demanda. En la mayoría de los casos falta una estrategia común y un discurso compartido por todos los stakeholders del destino, que se mantenga en el tiempo.

Falta de enfoque global – Muchas entidades de promoción turística siguen muy orientadas en la promoción el destino, cuando deberían poner gran parte del esfuerzo en  gestionarlo. Hasta cierto punto, falta cierta valentía para hacer las cosas de una forma diferente.

Poca ambición – Los DMOs tienen que ir asumiendo un rol más activo en apoyar al desarrollo económico (no solo turístico) del destino que gestionan, ayudando a generar crecimiento, pero también atrayendo tanto a turistas, como ainversiones y a talento.

Sin fuentes alternativas de financiación – Muchos destinos están acostumbrados a tener una financiación pública estable. El problema es que, desde la crisis, los fondos públicos para promoción turística se han reducido. Los destinos simplemente reducen actividad para adecuarse a los nuevos presupuestos. Pero no buscan fuentes alternativas de financiación (como partners estratégicos, patrocinadores, colaboradores y anunciantes) que les permita tener un plan de acción más ambicioso y no tener que depender tanto de los fondos públicos.

2.- Mala Organización Interna

Falta de organización y coordinación – Las entidades de promoción turística muchas veces son reinos de taifas donde cada departamento hace la guerra por su cuenta. Se generan silos de conocimiento que no permiten tener una visión holística y global de las necesidades y motivaciones de los turistas que nos visitan.

Falta de meritocracia – La contratación y promoción del personal de los DMOs no siempre se basa en criterios profesionales. Muchas veces están basadas en relaciones de amistad de los políticos o los propios gestores del destino. Esto hace que no se atraiga talento de fuera. Además, muchas veces los cargos de confianza y los empleados que estos contratan (en base a su amistad) tienen sueldos disparatados.

Estructura piramidal – Muchas DMOs son organismos con estructuras piramidales donde no fluye la información, ya que esta se considera algo valioso a conservar y que no es recomendable compartir (si no quieres que te la “roben”). Las ideas fluyen de arriba abajo, pero no al revés.

Exceso de Burocracia – Gran parte de los destinos sufren de una excesiva burocracia asociada a la gestión pública, que no permite adaptar la promoción y el marketing a los cambios del sector. El control y la transparencia con el uso de dinero público (fundamental para evitar corrupción) no puede hacer que la entidad no cuente con la flexibilidad necesaria para poder aprovechar oportunidades de mercado que surjan y que demandan agilidad e inmediatez.

Falta de digitalización – La mayoría de los destinos no han empezado el proceso de digitalización que les permitiría ser más eficaces y responder mejor a las motivaciones y necesidades de la demanda internacional.

Falta de personal – Muchos destinos pequeños no cuentan con una estructura mínima para una buena promoción y gestión turística.

El turismo como departamento “cajón de sastre” – En pequeños destinos, el escaso personal dedicado al turismo, alterna su trabajo de gestión y promoción turística, con otros proyectos como el desarrollo de eventos deportivos y culturales o la organización de festejos populares.

3.- No tener buena Gobernanza

No conocer bien a los stakeholders – Una buena gobernanza se tiene que fundamentar en un conocimiento de los intereses y necesidades de los diferentes stakeholders que participan en la actividad turística o se ven afectados por ella.

No valorar la importancia del ciudadano local – Muchos destinos no se dan cuenta que los ciudadanos locales y las comunidades receptoras, deben estar en el centro de la estrategia de un destino, cuando se define la política de desarrollo turístico.

Falta de liderazgo – Los DMOs, en muchos casos, no actúan como líderes de todo el sector. No consiguen generar la confianza y complicidad que permitan involucrar a todos los stakeholders y a la oferta turística en torno a una estrategia común para el destino a largo plazo.

Falta de instrumentos de colaboración público privada – Las entidades de promoción turística tienen que convertirse en organizaciones público privadas, que acojan en su estructura a los principales stakeholders y que permita una gestión del destino más coherente y consensuada con el sector turístico.

Sin criterio empresarial – Muchas entidades de promoción turística no tienen un criterio empresarial a la hora de actuar, que ayude a maximizar el impacto y retorno del dinero gastado y que garantice generar un impacto económico y social positivo.

No colaborar con otros destinos – Muchas veces se da una competición “estúpida” entre diferentes administraciones públicas (incluso cuando ambas administraciones están controladas por el mismo partido político). Tampoco desarrollan acuerdos de colaboración con otros destinos que permitan potenciar la imagen de ambos, reduciendo el coste de promoción.

Se contrata a amigos o empresas afines políticamente – Las decisiones de contratación de servicios externos se basan en relaciones de amistad o “compromisos” políticos.

Excesivo foco en el precio – En muchos DMOs, cuando se hace una contratación externa, el principal factor de decisión es el precio de la propuesta. Esto lleva a situaciones en las que alguna empresa “tira” los precios para ganar la propuesta, pero luego el trabajo que hacer es francamente deficiente.

4.- Deficiente gestión del ecosistema turístico local

Sin mecanismos de colaboración entre el destino y las empresas locales – Los DMOs deben ir hacia estructuras público privadas donde tanto la financiación como la toma de decisiones se debe hacer de forma conjunta entre las administraciones públicas y el sector empresarial.

Falta de coordinación con diferentes áreas del gobierno local – El turismo, al ser una actividad transversal, influye en diferentes sectores de actividad y necesita de una coordinación efectiva entre el DMO y otras áreas del gobierno local, que permita tener una visión más global del sector turístico local.

No anticipar problemas de masificación turística – La obsesión por conseguir cada vez más turistas en el destino, hace que algunos de ellos lleguen a sufrir episodios de masificación turística, que influyen negativamente en la calidad de vida de los ciudadanos locales, pero que también perjudica la propia experiencia de los turistas.

No se mide – En muchos destinos hay una falta de medición de datos claves para entender el ecosistema turístico. Lo que no se mide no se puede entender. A algunos destinos, muchas veces solo les interesa el número total de turistas y el impacto económico estimado que generan. Sin embargo, para conocer la realidad hay que medir mucho más: numero de pernoctaciones (y no solo número de turistas), gasto turístico, duración de la estancia, patrones de comportamiento en destino, repetición de la visita, satisfacción y prescripción de los turistas que nos visitan.

No fomentar la mejora de la competitividad del sector local – Muchos destinos no apuestan por políticas que mejoren la competitividad de toda la cadena de valor. La formación, las ayudas para la transformación digital y el apoyo a los emprendedores, son básicos para mejora la competitividad del sector turístico local.

Falta de innovación – Muchos destinos no prestan la atención necesaria para generar un clima de innovación que permita diseñar nuevos productos turísticos y experiencias, alineados con las necesidades de la demanda internacional.

Falta de transparencia – Algunos DMOs siguen siendo muy opacos con la información que transmiten al sector. Cuanta más información esté en manos de los empresarios sobre el funcionamiento del sector y sobre la composición y el comportamiento de la demanda, mejor será la adaptación de los productos y el servicio a las expectativas de los clientes.  Esta falta de transparencia se traduce en una falta de liderazgo, confianza y credibilidad hacia la entidad de promoción turística.

No colaborar con destinos cercanos – Muchos destinos ven a los destinos vecinos siempre como su mayor competidor, lo que les limita para desarrollar colaboraciones efectivas que aporten valor al turista internacional. Para evitar problemas de masificación es necesario ampliar la huella turística, con destinos cercanos que complementen la oferta de nuestro destino.

5.- No tener Estrategia 

Falta de estrategia de destino – Muchos destinos no ha desarrollado una reflexión estratégica, seria y profesional, que establezca los pilares del futuro desarrollo turístico del destino.

Visión a corto plazo – La gestión turística se basan en periodos electorales y  en muchos casos no se llega a plantear una estrategia a largo plazo consensuada con los principales stakeholders, que se mantenga estable a pesar de los cambios políticos.

Planes estratégicos sin sentido – Hay planes estratégicos de destinos que no son ni realistas, ni medibles, ni flexibles para adaptarse a cambios de la demanda o para aprovechar oportunidades de mercado.

Sin contar con recursos humanos y económicos disponibles – Algunos destinos desarrollan una planificación estratégica que luego no pueden cumplir, al no tener suficientes recursos económicos o humanos.

Planes sin consensuar – Muchos destinos no involucran al sector privado ni a la ciudadanía en la definición de la estrategia.

Falta de seguimiento y cumplimiento – Muchas veces se ha definido un Plan Estratégico, pero no se cumple.

Falta de comunicación del Plan – Algunos destinos que, si tienen un buen plan estratégico definido, no lo comunican internamente a toda la organización, ni externamente a los principales stakeholders y a la ciudadanía local.

6.- Falta de Branding

Sin propuesta de valor clara – Falta de una propuesta de valor única que transmita la esencia del destino. Muchos destinos no tienen clara su propuesta de valor o USP (Unique Selling Proposition), aquello que los hace singulares y les diferencia de la competencia. En definitiva, el alma del destino. Si no se conoce, es difícil difundirla…

Sin conocimiento de la imagen del destino – Muchos destinos no conoce la percepción que los turistas tienen del destino (y que puede ser diferentes a lo que tu consideras tu USP). El posicionamiento de un destino choca a veces con la imagen que los turistas tienen sobre nuestros recursos, los precios, el alojamiento, la acogida, el nivel de servicios o sobre la calidad de las experiencias disponibles en el destino.

Tenemos de todo – Un destino es como un centro comercial. Necesitas decidir qué colocas en el escaparate para incentivar a los consumidores a entrar y comprar. Muchos destinos intentan transmitir que tienen de todo – abarcan mucho y les falta conocer y difundir su ADN.

No saber gestionar bien la imagen de la marca – Hoy, la imagen de marca de un destino la generan los propios turistas, los medios de comunicación, los bloggers y los influencers (entre otros). Los destinos tienen que ser garantes de los valores de la marca, pero no pueden controlar su desarrollo. Han perdido control sobre ella y por eso es tan importante aportar más valor al turista y mejorar la competitividad de toda la cadena de valor.

La marca no se consensua con el sector privado – La creación de la marca tiene que ser un esfuerzo conjunto. El DMO no puede ir solo. Necesita de la colaboración de toda la cadena de valor, que debe estar alineada y transmitir los mismos valores.

Sin visión global del concepto destino – Muchos destinos no ven las ventajas de diversificar el área de influencia turística de la ciudad o territorio y dar a conocer a los turistas, nuevas zonas del destino (menos conocidas o que se quieren revitalizar) o destinos cercanos que complementen la experiencia del turista y permita ampliar la huella turística y evitar episodios de masificación.

7.- Desarrollar un marketing obsoleto

No evolucionar en funciones – El DMO debe pasar de una estrategia centrada en promocionar activamente (con un marketing centrado en la publicidad masiva), a otra más enfocada en atraer a nuestros públicos objetivos a nuestros canales de comunicación y establecer conversaciones con ellos para entenderles mejor y adaptar productos y servicios a sus gustos y necesidades.

Sin estrategia de marketing – A muchos destinos les falta tener un marketing realista centrado en las necesidades de los turistas.

Marketing obsoleto – Algunos destinos siguen desarrollando las mismas acciones promocionales que hace una década, principalmente asistiendo de forma general a ferias y organizando Fam y Press Trips. El retorno de estas acciones tradicionales cada vez es más escaso y hay que buscar formas creativas de promocionar el destino (con el uso de nuevas tecnologías o la colaboración con bloggers e influencers y plataformas digitales).

Sin segmentación – Ciertos destinos no definen bien su público objetivo, ni conocen al detalle las motivaciones y drivers para emocionar a diferentes tipologías de turistas. Hoy es necesario que los destinos desarrollen una híper segmentación en torno a perfiles psicográficos de los turistas.

Un mensaje para todos – Muchos destinos tienen unos cuantos mensajes promocionales que lanzan a todos sus públicos objetivos, lo que reduce el impacto y retorno de las acciones promocionales.

Sin saber emocionar – Muchos destinos tienen campañas sosas, obsoletas o muy planas, que no logran seducir al turista. La gran competencia internacional hace que haya que ser mucho más creativo para impactar al turista y generarle el deseo de visitar el destino.

Sin estrategia online – Muchos destinos desarrollan acciones de promoción online, pero de forma suelta, sin tener una planificación global que defina los objetivos y una serie de indicadores (KPIs) para saber si se han alcanzado.

Sin estrategia centrada en el cliente – Muchos destinos no crean valor al turista a lo largo de todas las etapas del viaje y a través de múltiples puntos de contacto en diversas plataformas.

Falta de creatividad – Muchas veces, la creatividad solo viene de la dirección del DMO (que muchas veces no tiene conocimiento de las necesidades de la demanda, ni de las diferentes técnicas de marketing).

No desarrollar campañas con partners y colaboradores – Algunos destinos no ven las ventajas de desarrollar proyectos conjuntos de promoción con partners estratégicos, operadores turísticos, medios de comunicación o influencers, que permitan lograr mejores resultados en nuestra acción promocional.

No usar datos – Es difícil hacer marketing eficaz si no se mide el impacto y retorno de las acciones promocionales desarrolladas. Mucha gente confunde Datos con Insights (que son las conclusiones relevantes que podemos extraer de todos los datos analizados).

No crear comunidades dónde poder interactuar con los turistas – Muchos destinos creen que la única relación con el turista se da en los centros de información turística. Hoy los destinos necesitan estar en múltiples plataformas en todas las etapas del viaje y preferiblemente a cualquier hora del día, para lo que deberán apoyarse en la tecnología (asistentes virtuales).

Falta de equipo especializado – Hay DMOs que todavía cuentan con equipos sin experiencia internacional o con un dominio muy rudimentario de idiomas.

Sin conocimiento del mercado – Algunos destinos no se mantienen actualizados sobre los cambios en las motivaciones y necesidades de la demanda, que necesitan de una adaptación del producto y de los mensajes promocionales.

Aquí termina este análisis sobre los grandes errores que cometen muchos destinos turísticos.

Espero que os haya resultado útil.

Animo con la cuarentena!!!

Este artículo ha sido originariamente publicado en Aprende de Turismo y reproducido en Travindy con permiso del autor: Los 7 Pecados capitales de los Destinos Turísticos.

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Apoyo al empleo y a la economía a través de los viajes y el turismo

Llamamiento a la acción para mitigar el impacto socioeconómico de la COVID-19 y acelerar la recuperación. 

La Organización Mundial del Turismo (OMT) junto a otros organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y representantes del sector privado ha elaborado un documento en el que establece una serie de recomendaciones para el sector turístico ante la actual crisis de la COVID-19, una emergencia sanitaria mundial sin precedentes con un impacto nunca visto en nuestras sociedades y nuestros medios de vida. 

La contención de la pandemia de COVID-19 es la máxima prioridad, sin dejar de lado el aspecto socioeconómico: acecha una recesión mundial, con la pérdida de millones de puestos de trabajo. El turismo es uno de los sectores más amenazados; las consecuencias afectarán, en particular, a los grupos más vulnerables de la población, como las mujeres, los jóvenes y las comunidades rurales. Por estos motivos, el turismo y los viajes requieren apoyo urgente y paquetes de mitigación específicos para sostener el empleo y garantizar la capacidad del mercado después de la emergencia.

Las recomendaciones de la OMT toman como punto de partida las aportaciones de países de todas las regiones del mundo, así como de organizaciones internacionales y de asociaciones del sector privado. Se basan en dos principios: 

1. Apoyar los viajes y el turismo es apoyar el empleo y los medios de vida. 

2. El turismo tiene una capacidad demostrada para recuperarse e impulsar la recuperación de otros sectores. 

A continuación resumimos las principales ideas de los tres puntos en los que se dividen las medidas: 1) Gestionar la crisis y mitigar el impacto, 2) Suministrar estímulos y acelerar la recuperación, 3) Prepararse para el mañana. 

I. GESTIONAR LA CRISIS Y MITIGAR EL IMPACTO 

1. Incentivar la retención de puestos de trabajo, mantener el empleo por cuenta propia y proteger a los grupos más vulnerables: ofrecer incentivos especiales y fondos de apoyo a las empresas que mantengan sus puestos de trabajo e incentivos para las empresas que imparten formación a las personas obligadas a interrumpir su trabajo. Conceder subsidios salariales, ampliar prestaciones sociales y elaborar planes especiales de apoyo a los trabajadores por cuenta propia. Introducción de medidas especiales de protección para velar por que los grupos tradicionalmente desfavorecidos no se vean afectados negativamente (especialmente las mujeres, los jóvenes y las comunidades rurales).  

2. Apoyar la liquidez de las empresas garantizando que vuelva a haber oferta en el mercado mediante líneas específicas de financiación para los viajes y el turismo que presten apoyo a las empresas más afectadas. Se proponen medidas fiscales como excepciones temporales y el aplazamiento de pagos de seguridad social e impuestos, así como pequeños subsidios a las pequeñas empresas, a los trabajadores por cuenta propia y a los emprendedores.

3. Revisar los impuestos, tasas, gravámenes y normativas que afectan al transporte y al turismo, ofreciendo la suspensión temporal o reducciones en los impuestos, tasas y gravámenes del turismo y los viajes. Considerar la posibilidad de una aplicación flexible de las normas relacionadas con la actividad de las empresas de turismo y transporte. 

4. Garantizar la protección del consumidor y la confianza  en colaboración con el sector privado para promover disposiciones justas para los consumidores: reprogramación de las vacaciones y los billetes de avión cancelados y medidas que garanticen la plena protección del consumidor. 

5. Promover el desarrollo de capacidades, en particular, de capacidades digitales: la formación, diseñada en colaboración con las universidades y otras instituciones docentes y de formación, debe ir especialmente dirigida a los desempleados y a las personas más afectadas desde el punto de vista económico. Otra propuesta es la promoción de contenidos gratuitos de organizaciones internacionales, como la UNWTO Online Academy

6. Incluir el turismo en paquetes de emergencia económica nacionales, regionales y mundiales derivados de organizaciones internacionales y regionales como el Banco Mundial, los bancos regionales y la Comisión Europea. 

7. Crear mecanismos y estrategias de gestión de crisis a escala mundial, regional y nacional con la participación de todas las partes pertinentes. Unificar los mensajes para fomentar la confianza del consumidor. También se recomienda desarrollar escenarios de crisis basados en los datos y en la dinámica actual y elaborar una estrategia de respuesta mundial, con la participación de los medios y los influyentes públicos. 

II. SUMINISTRAR ESTÍMULOS Y ACELERAR LA RECUPERACIÓN

8. Proporcionar estímulos financieros para la inversión y las operaciones en el sector del turismo: crear incentivos y promocionar la transformación digital, la inversión acelerada en infraestructura, promover fondos para incentivar la integración y la disrupción de los distintos agentes de la cadena de suministro, garantizar los principios de sostenibilidad y accesibilidad en todas las inversiones. 

9. Revisar los impuestos, las tasas y las normativas que afectan a los viajes y al turismo: extender o crear nuevas exenciones temporales o reducciones de impuestos corporativos. Ya durante las fases posteriores a la emergencia, promover la liberalización del transporte aéreo para incrementar la capacidad aérea y la conectividad para la recuperación. Por último, se recomienda acelerar la reducción de los costos de los combustibles y las emisiones de CO2. 

10. Avanzar en la facilitación de los viajes levantando las restricciones impuestas en respuesta a la COVID-19 en el momento oportuno, cuando sea seguro. Garantizar que la información sobre las restricciones de viaje y su levantamiento sea accesible, coherente y fiable. Por último, avanzar en la flexibilización del régimen de visados y las políticas de viajes fluidos. 

11. Promover la creación de nuevos puestos de trabajo y el desarrollo de capacidades, especialmente digitales, facilitando subsidios para incrementar o reformular los programas de formación. Identificar nuevas oportunidades de formación para  crear nuevos productos innovadores para todo el año. Ofrecer incentivos especiales para las empresas que apoyen la creación de empleo y crear programas especiales para apoyar el emprendimiento en el turismo. Estas acciones se deben llevar a cabo velando por que las medidas sean igualmente accesibles para los grupos vulnerables.

12. Integrar la sostenibilidad ambiental en los paquetes de estímulo y recuperación: abordar la recuperación como una oportunidad para reconducir al sector hacia un nuevo modelo de producción y consumo sostenibles. 

13. Comprender el mercado y actuar con rapidez para restablecer la confianza y estimular la demanda, comunicando con transparencia y apoyando a los destinos y empresas. Incentivar a las empresas para que proporcionen vales de vacaciones a su personal a fin de impulsar la demanda después de la crisis. Promover el turismo interno para empezar a reconstruir la economía nacional ya que se espera que los turistas internos sean los primeros en volver a viajar y los que vuelvan a activar la demanda. Teniendo en cuenta el impacto de la crisis a la temporada alta del hemisferio norte, se propone impulsar los productos turísticos fuera de temporada.

14. Fomentar el marketing, los eventos y las reuniones: crear fondos especiales para ayudar a atraer conferencias y eventos internacionales, organizar eventos locales y apoyar la recuperación en destinos menos resistentes. Apoyar a las empresas mediante reducciones o exenciones de las tasas para participar en eventos. Incentivar un turismo más responsable y sostenible, diseñando campañas para informar a los viajeros sobre el comportamiento responsable. 

15. Invertir en alianzas con el objetivo de fijar un plan de acción común con objetivos claros y un sistema de seguimiento y evaluación. Crear un comité de recuperación del turismo con representantes de las administraciones de turismo a todos los niveles, otros ministerios pertinentes, asociaciones del sector privado, compañías aéreas, representantes de trabajadores y otros asociados pertinentes, como empresas tecnológicas y bancos. 

16. Integrar el turismo en los programas nacionales, regionales e internacionales de recuperación y en la asistencia para el desarrollo, proporcionando los medios para la recuperación de puestos de trabajo y mercados, la mejora de la gobernanza y el apoyo a las empresas en todo el ecosistema de la cadena de valor del turismo. Garantizar que la sostenibilidad se sitúe en el eje de todo programa de recuperación turística, haciendo de esta crisis una oportunidad para la transformación. 

III. PREPARARSE PARA EL MAÑANA

17. Diversificar los mercados, los productos y los servicios para evitar la dependencia de una sola actividad o mercado, proporcionando a las comunidades y grupos más vulnerables la capacidad de desarrollar nuevos productos turísticos. 

18. Invertir en los sistemas de inteligencia de mercados y la transformación digital para la toma de decisiones y estrategias. Establecer observatorios nacionales y locales de turismo sostenible para medir todas las dimensiones del turismo e impulsar los ecosistemas de innovación en los sectores público y privado. 

19. Fortalecer la gobernanza del turismo a todos los niveles promoviendo un enfoque interinstitucional en el ámbito del desarrollo del turismo y fortaleciendo las organizaciones de gestión de destinos (OGD) para lograr un desarrollo efectivo y sostenible del turismo en el plano local. Estas acciones se deberán llevar a cabo incluyendo a las asociaciones de trabajadores del turismo y a la sociedad civil, promoviendo plataformas de ciudadanos para garantizar que se escuchen todas las voces.

20. Prepararse para la crisis, reforzar la resiliencia y velar por que el turismo forme parte de los mecanismos y sistemas nacionales de emergencia, examinando las lecciones aprendidas y creando un mecanismo de respuesta a la crisis mundial del turismo, trabajando por conducto de la OMT. Garantizar la adhesión y el cumplimiento del Reglamento Sanitario Internacional. 

21. Invertir en capital humano y desarrollo del talento con el objetivo de fomentar la resiliencia y prepararse para el futuro del trabajo mediante una fuerza de trabajo cualificada y estrategias adecuadas de educación y formación. Para ello se proponen alianzas entre distintos agentes con el fin de promover nuevas competencias para el futuro del trabajo, incluyendo explícitamente a los grupos más vulnerables. 

22. Situar el turismo sostenible en un lugar destacado de las agendas nacionales, reflejando su capacidad para crear empleo, promover el crecimiento económico y la inclusión. 

23. Efectuar la transición a la economía circular e incorporar los ODS, apoyando la integración de la circularidad en las operaciones turísticas, mejorando al mismo tiempo la competitividad y la resiliencia del sector en su conjunto.

CONCLUSIONES

Estamos viviendo una situación anómala sin parangón. La crisis de la COVID-19 nos está obligando a parar, re-pensar y re-construir la sociedad tal y como la entendíamos hasta hoy, incluyendo el turismo. Ante este escenario las medidas propuestas por la OMT en este documento son de vital importancia para contribuir a la resiliencia del sector. Cada país tiene sus propias características y circunstancias; en este sentido, las acciones y medidas que se tomen por parte de los respectivos gobiernos tendrán distintas repercusiones, pero las medidas propuestas por la OMT pueden servir como guía general.

Al inicio del artículo hemos descrito los principios sobre los que se basa este conjunto de medidas: 1) Apoyar los viajes y el turismo es apoyar el empleo y los medios de vida; 2) El turismo tiene una capacidad demostrada para recuperarse e impulsar la recuperación de otros sectores. Teniendo estos puntos en cuenta, las medidas en las que se hace especial hincapié en proteger especialmente a los grupos más vulnerables (mujeres, jóvenes, comunidades rurales), son esenciales para que esta capacidad económica del turismo llegue a una capa más amplia de la sociedad. La formación, sobre todo en capacidades digitales, se alza como una de las mejores herramientas para estar preparados profesionalmente para el escenario post-confinamiento.

En todo el proceso que estamos viviendo y, sobre todo, una vez pasado el estado de alerta y cuando se empiecen a levantar las limitaciones, hay que trabajar por una comunicación veraz y efectiva para recuperar la confianza del consumidor en los viajes. 

Se abre una ventana de oportunidad para transformar (de raíz y a conciencia) el sector turístico tradicional a un modelo más sostenible y respetuoso con el planeta y con todos los que habitamos en él. Un modelo en el que la participación de varios agentes (entre ellos la sociedad civil) y la creación de alianzas sean una de las principales bazas. 

¿Seremos capaces de aprovechar esta oportunidad? Estoy convencida que sí.

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Solo el turismo sostenible nos salvará

Parece que esto no se acabe nunca. Primero creíamos que no era para tanto, que el coronavirus sería como una “gripe fuerte” hasta que llegó, de manera fulminante, a nuestro país. Después, pensamos que quince días de confinamiento tampoco serían tanto: serán como unas vacaciones en casa, aprovecharemos para descansar, adelantar proyectos polvorientos que teníamos apartados, retomar nuevos hobbies … Pero resulta que no, que este maldito virus no se va.

Las perspectivas no son muy buenas, especialmente para la economía. Y en este contexto no nos queda más remedio que replantearnos muchas cosas. En el caso del turismo, sector donde nosotros trabajamos, quizás ya lo sabíamos de manera intuitiva, pero ahora más que nunca la premisa es clara; solo hay un único camino: sostenibilidad y responsabilidad.

Y estoy segura de ello. Tan solo un modelo de turismo sostenible, compuesto por empresas responsables, saldrá airoso de esta crisis -y me atrevo a decir que con más oportunidades que cuando entró-.

Hace unas semanas viví un episodio que ponía de manifiesto claramente esta situación. Un gran portal distribuidor de visitas guiadas me presionaba para cambiar disponibilidades de uno de mis tours porque tenía en la recámara un freetour exactamente igual que mi visita pero “gratis”. Ya sabéis qué opino de los freetours, publiqué un artículo llamado “No, yo no llevo paraguas”. El engaño de los freetours. Al día siguiente, el portal me notificaba que mi visita sería sustituida por freetour. Así, unilateralmente. El resultado de esto: (por supuesto), la supresión inmediata de todas nuestras actividades de este portal.

Las empresas pequeñas como la nuestra (y tantas otras!) somos conscientes de que debemos encaminarnos y posicionarnos cada vez más hacia un modelo de turismo sostenible y de calidad. Pero las grandes empresas, portales y turoperadores parece que corren, despistados, en sentido contrario.

Personalmente creo que el nuestro es el bando ganador: somos más flexibles -la flexibilidad es la clave del éxito-, respetamos la ciudad y sus vecinos, amamos nuestro trabajo y nos sentimos auténticos embajadores de nuestra tierra. Y la sostenibilidad debe ganar, seguro. En momentos de crisis como los que vivimos solo el sentido de colectividad, el respeto y el turismo consciente nos salvarán. El tiempo lo dirá.

Este artículo ha sido originariamente publicado en La Mosca Tours y reproducido en Travindy con permiso de la autora, Marta Grassot CEO de La Mosca Tours: Solo el turismo sostenible nos salvará.

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