ActiveItaly: una red de turismo activo y sostenible

El 2020 ha sido sin duda un año importante, incluso diría que decisivo, desde muchos puntos de vista, tanto personales como profesionales. En unos pocos días, todas nuestras vidas cambiaron literalmente y todos, a nivel mundial, nos vimos obligados a enfrentar una crisis de salud única. Sin embargo, la mayoría de las veces, es precisamente a partir de una crisis que el ingenio humano se despierta, después haberse quedado durante mucho tiempo en su zona de confort. En ese preciso instante es cuando se inician proyectos ingeniosos y decisivos; especialmente, en un momento histórico en el que cada vez más se nos pide que nos enfrentemos al tema de la sostenibilidad a nivel global y, por lo tanto, nos damos cuenta de cuánto compromiso humanitario es necesario para que haya calidad. Un buen ejemplo de ello es ActiveItaly, una Red de Empresas de Turismo Activo y Sostenible.

Unidos seremos más fuertes

Nunca esta frase había adquirido un valor simbólico tan ganador como hoy. En la primavera de 2020, nació ActiveItaly como una idea de colaboración delante de la necesidad de retomar juntos el futuro y de encontrar la manera de volver a empezar durante y después de la emergencia sanitaria que causó daños sin precedentes en este sector. Por lo tanto, esta organización, se propone como referencia para relanzar un mercado estratégico para el futuro del turismo en Italia.

Sólo el sector del cicloturismo, según una encuesta de Isnart-Unioncamere, generó casi 55 millones de pernoctaciones en 2019, lo que corresponde al 6,1% del sector turístico total, generando un gasto total de 4.700 millones de euros, equivalente a 5,6% del total, de los cuales 3 mil millones generados por turistas extranjeros.

Actualmente, ActiveItaly está formada por más de 25 turoperadores del sector del turismo activo y sostenible (ciclismo, senderismo, escalada, vela, etc.) y está abierta a la adhesión de todos los operadores italianos de turismo activo que quieran formar parte de ella, para unir sinergias y hacer crecer el sector.

El turismo activo y sostenible

Los viajes activos son sumamente importantes porque precisan siempre de una implicación física del usuario a través de actividades al aire libre, contribuyendo a la mejora de su salud psicofísica. A la vez, se organizan teniendo en cuenta del medioambiente y muy a menudo son viajes ‘cero emisiones’. Además, ayudan a desarrollar destinos insólitos y menos conocidos, generando una economía local generalizada, apoyando a productores locales, casas rurales y educando el turista hacia formas más sostenibles de movilidad y turismo. De hecho, entre las actividades propuestas hay muchas actividades al aire libre, entre las más populares están: ciclismo, senderismo, yoga, vela, esquí de montaña, escalada, running, snorkeling, rafting, esquí de fondo, kayak, windsurf, caminata nórdica, buceo, barranquismo, raquetas de nieve o cursas de orientación.

El Manifiesto para un Turismo Activo y Sostenible

ActiveItaly ha creado un Manifiesto que promueve los siguientes 10 puntos:

  1. La preservación de los ecosistemas y la biodiversidad a través de actividades dentro de Parques, Reservas Naturales y Áreas Protegidas.
  2. Movilidad lenta. Usar la bicicleta, ir a pie o utilizar los vehículos no motorizados de bajo impacto ambiental. En definitiva, todo lo que sea más adecuado para explorar la zona. El tren y otros medios de transporte públicos con emisiones limitadas también son el medio ideal para recorrer largas distancias.
  3. Actividad física, deportiva o no, que contribuye al alcance de un buen estado psicofísico de cada individuo y, como consecuencia de ello, una carga menor para el sistema sanitario público.
  4. Producciones locales agrícolas y artesanales, a través de la visita y el conocimiento de los productos y productores locales. La promoción a km 0 permite reducir significativamente las emisiones de CO2 y otros gases con efecto invernadero en la atmósfera. También se promociona la alimentación sana y de calidad, y en particular la dieta mediterránea (con un consumo limitado de carne). 
  5. La lentitud, como una forma de exploración que permite que la experiencia sea multisensorial, dando a los viajeros la oportunidad de conocer el territorio.
  6. Intercambio auténtico y justo entre personas, que conecta a los viajeros con los locales. Cada viajero debe ser considerado un ‘ciudadano temporal’ del lugar que visita, con sus derechos y deberes. La rentabilidad económica que deriva de esta tipología de turismo debe contribuir significativamente a mejorar las condiciones de vida de toda la población residente.
  7. La disminución de la presión antropogénica sobre los destinos afectados por el turismo de masas, mediante la promoción de destinos rurales de la Italia menor, alargando así la temporadas turísticas durante todo el año.
  8. El patrimonio inmaterial: la música, la literatura, las artes y las tradiciones son el recurso más importante y único de Italia desde el punto de vista turístico.
  9. El derecho a viajar para todos, independientemente de los ingresos de cada uno, permitiendo la accesibilidad incluso a personas con necesidades específicas.
  10. Educación hacia estilos de vida más sostenibles, con especial atención a las generaciones más jóvenes. Sensibilizar sobre el problema de los residuos (promoviendo la reutilización, reducción y, en definitiva, reciclado) de la contaminación y el cambio climático.

En definitiva, ActiveItaly promueve un cambio de dirección que es absolutamente necesario y urgente. Los viejos sistemas económicos basados en la cantidad a expensas de la calidad y en la destrucción invasiva del planeta son sistemas económicos que ya no se sostienen. El 2020 nos ha marcado y nos ha enseñado que somos NOSOTROS quienes debemos respetar la naturaleza y no someterla a nuestra utilidad.


Este artículo ha sido escrito con colaboración de Silvia Donatiello, de la oficina de prensa de ActiveItaly.

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Reflexiones sobre el desperdicio de alimentos en el sector turístico

El desperdicio de alimentos en el turismo es uno de los problemas más importantes a nivel mundial. Dentro del sector, la industria hotelera es la que contribuye más a este problema. De hecho, anualmente pierde o desperdicia aproximadamente 1.300 millones de toneladas de alimentos. Esta cantidad equivale a un tercio o incluso a la mitad de todos los alimentos destinados al consumo humano. Por lo tanto, el desperdicio de alimentos es un problema ambiental, social y económico importante al que se debe hacer frente. Y no podemos olvidar que está muy ligado al objetivo nº2 de los ODS: Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible.

Fuentes de desperdicio de alimentos

¿Cuántas veces, en muchas ocasiones estando de viaje, nos hemos enfrentado a una importante sensación de desperdicio de alimentos? Personalmente hablando, me gustaría reportar algunos ejemplos que siempre me han dejado bastante perpleja:

Cruceros

Me he preguntado más de una vez por qué en los cruceros la comida debe usarse de una manera tan inútil y persuasiva, y al mismo tiempo, como un pasatiempo fácil para distraerse del aburrimiento durante los largos viajes. Siempre he creído que, detrás de los pasajeros que desfilan con cautela, como para no ser vistos, frente a las largas mesas de buffet llenando, hay una motivación psicológica moderna: la de la abundancia, la del consumismo, o también, la del miedo a la escasez. Cuántos platos, al final del almuerzo, siguen tan llenos e inutilizables. Familias que educan a sus hijos sobre la riqueza y el despilfarro sin decir simplemente: “llévate comida poco a poco, y luego, si todavía tienes hambre, harás una segunda vuelta.”

Hoteles y resorts «todo incluido»

Encontramos buffets acogedores llenos de una variedad infinita de gustos y sabores diferentes. Casi el mismo escenario que el anterior, pero en tierra firme. ¿Entonces, qué diferencia hay entre un resort y un crucero? De hecho, cuando elegimos unas vacaciones “todo incluido” tendemos a confortarnos en una burbuja turística ya preparada con las comodidades de nuestro hogar. Los bufés se extienden a lo largo de comedores decorados con flores, llenos de estatuas de frutas y fuentes de chocolate, invitando como las sirenas de Ulises a la lujuria y la glotonería. Como si estuviéramos entrando en una fase en la que nuestros sentidos se embriagan y una vez que volvemos a la mesa nos quedamos con nuestras montañas de comida en los platos que desbordan por los lados, de los que al final solo probamos una pequeña parte.

Refugios y pequeños hoteles

En este caso, la costumbre era que los platos de los invitados fueran ricos y mostraran corpulencia y pompa. Como para ocultar casi un sentido de humildad y sencillez. El invitado es sagrado, pero la comida lo es aún más.

Invertir los roles establecidos

Desperdicio de alimentos

Durante años siempre hemos tenido los roles sociales bien definidos – gracias también a los hechos históricos en curso – enmarcados en  la idea de que mucha comida está automáticamente ligada al concepto de riqueza; una combinación que en los últimos años ya no tiene sentido que exista. Los tiempos han cambiado con el boom económico de la posguerra, las guerras en los países de acogida de turistas, el hambre, la pobreza, la humildad, la sencillez o la atención a nuestras necesidades básicas. La economía mundial ha cambiado, y también, el sentido de la responsabilidad.

Entonces, ¿por qué si todos estos valores cambian tan rápidamente de década en década, dada la velocidad de los tiempos en los que cambia el mundo, no podemos igualmente cambiar estos roles esquemáticos y fosilizados en nuestra opinión pública, o en el sentido civil o simplemente en el sentido común?

La estructura receptiva no debe hacer alarde de riqueza mediante la producción exagerada de alimentos e igualmente de desperdicio. El cliente debe ser tratado bien, con imparcialidad, equidad y amabilidad, no con atracones de comida.

En este sentido, un pequeño truco psicológico que podría ser útil como buen disuasivo del abuso de los buffets, sería la vergüenza. Si el buffet es gratis y libre, la gente no tiene sentido común y se vierte sobre las mesas, llenando montañas de comida en sus platos. Pero si se controla el buffet y los camareros preparan los platos, habría un mayor control tanto de las dosis en los platos como de un filtro inhibidor psicológico por parte del cliente que le obligaría a reducir su hambre exagerada y muchas veces ficticia.

El desperdicio de alimentos más allá del alojamiento tradicional

Según el investigador Juho Pesonen de la Universidad de Finlandia Oriental, «ya podemos ver que hay expertos en la industria del turismo que han logrado reducir el desperdicio de alimentos e incluso han logrado convertirlo en un activo. Sin embargo, no es suficiente que solo los establecimientos tradicionales de alojamiento y servicio de alimentos reduzcan su desperdicio de alimentos, necesitamos que los pisos turísticos se unan. A medida que el sector turístico cambia, la investigación sobre el desperdicio de alimentos y la sostenibilidad se vuelve cada vez más importante.»

Según los investigadores, la reducción integral del desperdicio de alimentos requiere que se identifiquen sus fuentes y cantidades y que se aborde su eliminación por parte de los turistas. Además, es necesario estudiar los factores que impulsan el desperdicio de alimentos en los pisos turísticos y las barreras para su reducción. Finalmente, Juho Pesonen señala que «necesitamos modelos que describan cómo se genera el desperdicio de alimentos en los pisos turísticos y cómo eso posiblemente cambie con el tiempo. Además, necesitamos identificar plataformas e intersecciones donde se pueda abordar el desperdicio de alimentos, por ejemplo, a través de las redes sociales. Al final, todo se reduce al turismo sostenible y la economía circular”.

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El turismo como una herramienta de paz

«El turismo responsable es el turismo implementado de acuerdo con los principios de justicia social y económica y con pleno respeto por el medio ambiente y las culturas».

Esta es la definición de turismo responsable dada por la AITR (Asociación Italiana de Turismo Responsable). Dicha organización se ocupa de promover un tipo de turismo que reconoce la centralidad de la comunidad de acogida, la cual debe participar en el proceso de desarrollo derivado de los ingresos de la industria del turismo. De esta manera, se consigue una interacción positiva entre viajeros, habitantes locales y operadores.

También llamado como turismo sostenible o solidario, es una forma de turismo que comenzó a desarrollarse desde finales de los años ochenta. Es una especie de enfoque del mundo de los viajes que forma parte de un programa mundial de desarrollo sostenible y respeto por el medio ambiente, que durante años ha comenzado a tratar no solo con organizaciones no gubernamentales, sino también con instituciones.

Por lo tanto, el turismo responsable es una forma de viajar que tiene el menor impacto posible en el entorno natural y en la vida de las comunidades locales, las cuales, deben poder aprovechar el crecimiento económico resultante de la industria del turismo.

Sin embargo, a nivel práctico, ¿cómo se debe elegir un viaje y cuáles son las medidas que se tomarán una vez en el lugar?

El comportamiento del turista responsable

El Touring Club italiano, con la contribución de la Comisión de las Comunidades Europeas y la región de Lombardía para el sector del medio ambiente y la energía, ha publicado la guía «Carta sobre la ética del turismo y el medio ambiente«. En ella, define el turismo como uno de los derechos humanos y como un factor que puede favorecer el encuentro y la paz entre los pueblos, todo en el contexto del desarrollo sostenible y el respeto por el medio ambiente

En la guía, primero encontramos  un breve resumen de los principios éticos generales relacionados con el mundo de los viajes, y luego, un código de conducta dirigido, no solo a las instituciones y operadores turísticos, sino también a los viajeros. Algunos de los puntos del código enfocados al turista son

1. Debe comprometerse a respetar las tradiciones y la cultura de las personas que lo albergan. También a seguir la prohibición de ir a ciertos países, si viven comunidades que no desean recibir visitas como causa probable de desequilibrios.

2. Debe someterse a todas las precauciones de salud necesarias si viaja a países que lo requieren.

3. Es necesario salvaguarde la flora y la fauna del entorno natural que nos rodea.

4. Debe comprometerse a proteger el patrimonio histórico y artístico de la ciudad anfitriona, incluso cuando no haya vigilancia. Queda prohibido, por lo tanto, tomar posesión de activos artísticos o arqueológicos o dañar monumentos con pinturas vandálicas.

5. No dejar residuos en el medio ambiente u otros objetos capaces de dañarlo o incluso provocar incendios.

El turismo como herramienta de paz

Siguiendo el código del comportamiento responsable, y hablándole a un viajero más evolucionado que por naturaleza tiene una sensibilidad más cuidadosa y considerada hacia el país que visita, me gustaría considerar  un viejo mensaje que se remonta al año 2001, pero que aún sigue teniendo vigencia.  Se trata del mensaje que ofreció Juan Pablo II en el día mundial del turismo

El Papa habló de todas las implicaciones positivas y negativas de la industria del turismo, tanto en el país de acogida como del propio turista. En su discurso, resume el significado más profundo del turismo. De cómo éste podría ser realmente utilizado como un arma de paz y diálogo entre los pueblos, de desarrollo y riqueza justa, y también, de interés y educación. Incluso, para aquellos pueblos que no pueden moverse como turistas, pero pueden recibir como anfitriones. 

En mi opinión, el turismo, igual que en todos los aspectos de la vida, si se gestiona bien, realmente puede convertirse en una fuente de riqueza. Y no solo económica, sino también humana, intelectual y cultural. Sin olvidar, la riqueza espiritual e interior, que va más allá del aspecto puramente estético y de imagen al que la sociedad industrial contemporánea le da tanta importancia. Es decir, es necesario buscar una riqueza más intrínseca, gracias a la cual, el turismo puede ser una auténtica herramienta para la paz.

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Nuevas tecnologías, turismo y sostenibilidad

En los últimos años, la evolución de las tecnologías ha abierto una nueva oportunidad y una impresionante gama de canales de comunicación muy rápidos y eficaces. Las redes sociales se han convertido en la primera herramienta de promoción en la mayoría de los sectores, incluido el sector turístico. Tanto es así, que en un estudio realizado recientemente sobre la conducta de los viajeros, el 76% de los encuestados admitió haber publicado fotos de sus vacaciones en sus perfiles sociales. Mientras que el 52% confesó haber elegido sus últimas vacaciones inspiradas en fotos y publicaciones de otras personas, especialmente aquellas publicadas en Facebook.

Y por supuesto, a estas prácticas también se han sumado hoteles, aerolíneas, destinos turísticos y todos aquellos que quieren sacar a relucir su valor a través de estas ventanas virtuales.

Redes sociales y turismo
Fuente: Social Times

Estrategias en redes sociales

Pero no se trata solo de hacer una foto y publicarla. Para que la estrategia empleada en redes sociales sea realmente efectiva, se debe elaborar un estudio previo en el que se detallen los objetivos que se quieren alcanzar y definir las estrategias que contribuirán a alcanzar dichos objetivos.   También se deberá analizar cuáles son las redes sociales en las que se encuentra nuestro público objetivo y escoger aquellas en las que estemos en la capacidad de poder gestionar sin el riesgo de dejarlas abandonadas en el camino.

Los nuevos “influencers”

Es realmente interesante observar cómo las imágenes de la web, vídeos, música de vacaciones exóticas relacionadas con emociones y experiencias de amigos compartidas en las redes sociales, pueden estimular los sueños y deseos aunque nunca antes se haya pensado en visitar cierto lugar.

Antes de la llegada de Internet, los que querían conocer más sobre un destino debían dirigirse a una agencia de viajes para obtener mayor información; o quizás se veían inspirados con artículos publicados en alguna revista de viaje; o posiblemente, quedaban impresionados por los relatos y fotos compartidos por amigos o familiares en alguna reunión familiar.

Ahora, la influencia de los medios, las redes sociales y las personas a las cuales seguimos – y que nos inspiran- han revolucionado nuestras decisiones y elecciones básicas de compra. Ni siquiera tenemos que movernos del sofá para ver miles de imágenes y comentarios que nos activen el deseo de marcharnos de inmediato y yacer bajo el sol y las palmeras de alguna playa exótica, cóctel en mano.  

El marketing en el turismo

Por otra parte, el bombardeo masivo de propuestas de vacaciones e ideas de viaje se ha convertido en un fenómeno tan amplio y generalizado que se han generado diferentes alternativas dirigidas a segmentos de mercado más específicos. Porque, por ejemplo, nada tiene que ver un viaje de tipo religioso con uno ligado al turismo deportivo, o uno enogastronómico con otro de aventura, o un todo incluido con uno de turismo comunitario.

Lo que sí que es un factor común en todos los casos es que los viajeros demandan productos y servicios más especializados y adecuados a sus requerimientos. Es por ello que las empresas deben echar mano de estrategias de marketing claras en las que el consumidor sea siempre el centro.

Para conseguirlo, es necesario crear una comunidad alienada con unos principios y valores más o menos homogéneos. Así, le podemos ofrecer servicios de viaje más especializados y que estén abocados a satisfacer esos intereses comunes.

Las redes sociales y el turismo sostenible

Las redes sociales son un punto de contacto y una herramienta fundamental de visibilidad y marketing; no solo para las empresas de turismo y viajes que se dirigen a un objetivo típicamente millennial. La adopción de una estrategia de inbound marketing, enfocada en el uso óptimo de las redes sociales, puede ser el movimiento correcto para todas las empresas que operan en el sector de viajes. Sobre todo, en el caso de la sostenibilidad, que sirva para enfatizar, mejorar y resaltar la nueva tendencia hacia un turismo responsable y sostenible, que sea mucho más respetuoso con el ambiente y con las personas.

En este sentido es indispensable incluir en nuestra estrategia dos elementos fundamentales: 

  • La educación. Tanto de los niños en edad escolar para guiarlos hacia un turismo más responsable, como a adultos viajeros para sensibilizarlos y concienciarlos sobre una nueva forma de hacer turismo.
  • Ofrecer opciones de viaje especializadas en turismo responsable. Por medio de publicaciones atractivas, cargadas de contenido de valor y través de las cuales se le pueda informar al viajero sobre formas de viaje alternativas que puedan generar un impacto positivo en el destino y que, a su vez, puedan incluso propiciar una transformación a nivel personal.

Por lo tanto, encontramos que una adecuada estrategia de Marketing, que ofrezca contenido de calidad y que haga un uso efectivo de las redes sociales, y en la que la educación y la concienciación estén en el centro de la comunicación, puede generar una comunidad  que crezca en torno a los valores de la sostenibilidad.

De esta forma, el turismo sostenible iría ganando espacio entre consumidores activos y potenciales, que no se mueven solo por el deseo de comprar un viaje y ya, sino que desde el mismo instante en que eligen su próximo destino, asumen un papel activo y se interesan por el sitio que van a visitar. Además, se informan sobre lo que pueden hacer para que su impacto en el territorio sea el mínimo posible, e incluso se interesan por iniciativas que les permitan dejar una huella positiva.

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El miedo: cómo influye en nuestra vida y en nuestra forma de hacer turismo

Muchas veces dejamos de hacer cosas que deseamos y que son realmente importantes para nosotros por temor a lo que pueda ocurrir. Retrasamos viajes que nunca llegan y, si llegan, nos aseguramos de tener todo lo más atadito posible; declinamos invitaciones que nos lleven a la aventura, a lo desconocido; aparcamos la libertad y nos vestimos de miedo.

El miedo como mecanismo de supervivencia

El miedo, como otras emociones presentes en el mundo animal, es un estado de ánimo ancestral. Pero solo en los seres humanos ha cambiado tanto durante su existencia milenaria, en comparación con el resto de miembros del reino animal, en los que se ha mantenido casi intacto. Fundamentalmente, porque estos últimos todavía actúan hoy como hace miles de años: por instinto. El hombre, en cambio, ha visto en su evolución, un instrumento de comercio.

El miedo es un estado mental que se asocia con la supervivencia de la especie. Es tan natural, como innato y saludable, ya que nos permite escapar de un peligro inminente o futuro, para salvaguardar nuestra persona y nuestra futura especie.

Entonces, ¿cuándo comienza a volverse dañino para la psique humana y, en consecuencia, también para nuestro cuerpo? Cuando ya no podemos gestionarlo. Cuando permitimos que se apodere de nuestras ideas y de nuestro razonamiento, y nos dejamos llevar fácilmente por la excesiva emocionalidad.

¿Cómo combatirlo?

Una de las manifestaciones más frecuentes del miedo se produce cuando nos encontramos cara a cara con lo ignoto, en cualquiera de sus formas: la oscuridad, la noche… Miedo al otro, al que no conocemos, al que no pertenece a nuestro mismo entorno social, a otras razas, a otras formas de conocimiento… Hay miles de formas diferentes, lo único que marca la diferencia es cómo somos capaces de manejar las preocupaciones, los estados de ansiedad, las fobias. Y si la raíz común del miedo es lo desconocido, la terapia casi obvia para combatirlo es el conocimiento.

Pero conocimiento no entendido como el saber concreto y académico de la historia del mundo, sino aquel que deriva de una experiencia real que nos permite usar nuestro pasado para construir un equipaje para enfrentar lo desconocido de una manera más segura en el futuro.

Cuando nos atrevemos a superar las barreras culturales manifestadas muchas veces en forma de racismo, por ejemplo, entendemos que el otro es simplemente como nosotros, con nuestros propios miedos, o quizás otros, y las mismas maneras, u quizás otras, de afrontarlos. Y justo en ese entender es cuando el miedo se disipa y le ganamos la batalla.

El miedo como instrumento de comercio

El uso del miedo como objeto de manipulación ha sido utilizado desde la antigüedad, cuando los sabios empleaban su conocimiento para influir en la mente de los pueblos en asuntos religiosos, políticos, económicos y sociales.

En la actualidad, nuestros temores se ven más bien alimentados por las sugerencias, recomendaciones y, en ocasiones, obligaciones que nos vienen impuestas desde el sistema: la compra obligatoria por ley de asientos anti-abandono para niños en automóviles; la publicidad veraniega palpitante sobre dispositivos antirrobo para el hogar; el florecimiento de seguros para todos los tipos y necesidades, y así, un largo etcétera de miedos impuestos que no son más que la fórmula perfecta para mercantilizar a partir de su existencia.

Pero, ¿cómo afectan nuestros miedos en nuestra manera de ejercer el turismo?

Nuestros miedos también afectan nuestras elecciones personales: desde el no querer salir de nuestra zona de confort, hasta elegir el turismo de masas, organizado y controlado de arriba abajo, como forma de viajar. Sin dejar, paradójicamente, ningún margen para el verdadero viaje.

Normalmente, el turismo de masas se fundamenta en el principio del miedo. Trata de todas las maneras posibles de proveer al turista de esa ansiada “tranquilidad” a través de las comodidades que lo mantengan tan cerca como sea posible de lo que conoce como forma de vida. Está todo tan bien preparado, que no queda nada al azar o a la aventura.

El hombre necesita certezas para sentirse seguro. No quiere sorpresas, tampoco inconvenientes. Quiere consuelo. Y en este caso el turismo de masas es ideal porque proporciona al turista todos los servicios indispensables que le aporten esa deseada certidumbre en todo momento: itinerarios, estadías, hoteles, gastronomía, ocio.

Otro aspecto que hace tan atractivo este tipo de turismo es la rebaja en los precios, la practicidad y una mayor accesibilidad a las vacaciones por parte de muchos, pero realmente estos factores son tan solo la consecuencia de una producción de y para masas.

Salir de la zona de confort

Por el contrario, el viaje que es concebido de una forma más alternativa y, en consecuencia, también más sostenible, deja estos patrones atrás. Pero, claro, salir de estos patrones es como salir de la zona de confort y requiere lidiar con un margen de inseguridad e incertidumbre importante. La espontaneidad es el factor diferencial, y las expectativas y sensaciones generadas pueden ser tan variadas como el número de viajeros que se atrevan a ir más allá.

Viajar significa, en ocasiones, tolerar medios de transporte lentos y polvorientos, llenos de olores, sabores y, tal vez, animales a cuestas. Comer en los mercados del pueblo, dormir en hoteles regentados por los lugareños, con ventiladores viejos o mosquiteras en las ventanas. Caminar, ensuciarse, descubrir, seguir sintiendo la adrenalina de lo incierto.

El verdadero viaje se hace cuando perdemos el miedo, cuando no tenemos el control de todo. Así que no tengáis miedo al mundo y aprended a enfrentar al mundo sin miedo.         

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