Regreso a las raíces: el pueblo de Guatemala sin plástico desechable

¿Crees que vivir sin plástico es posible? Antes de la pandemia, el plástico y la gestión de residuos ya era un asunto preocupante y alarmante a escala planetaria. Tras varios meses conviviendo con un virus invisible, parece que el plástico de uso único regresa con más fuerza para invadir nuestros océanos, espacios naturales y… pueblos.

Pero vivir sin plástico es posible y ejemplo de ello es la historia de San Pedro La Laguna, en el Lago Atitlán, Guatemala. Gracias a un presstrip organizado por Travolution y el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT) con motivo del I Encuentro Centroamericano de Turismo Comunitario, tuve la fortuna de escuchar esta historia en primera persona a través de Víctor González, Director de Planificación en 2018.

La historia del pueblo sin plástico

En 2015, el Lago Atitlán se estaba convirtiendo en un vertedero. Residuos generados por las poblaciones colindantes vertían al lago debido a una gestión ineficiente que estaba pasando factura tras años de inacción. Fue entonces que la AMSCLAE (Autoridad del Manejo Sustentable de la Cuenca de Lago Atitlán y su Entorno), financió en San Pedro la Laguna una planta de tratamiento de desechos sólidos con un relleno sanitario con capacidad para 10 años.

En febrero 2016 se inauguró la ansiada planta de tratamiento, pero en tan solo seis meses el relleno sanitario ya estaba llegando a la mitad de su capacidad debido a dos compuestos principales: el plástico de uso único y el duroport (poliestireno). “Fue entonces que nos dimos cuenta de que el pueblo vivía en el plástico” admite Víctor.

Tras esta situación, el alcalde de la legislatura tenía claro que sus hijos y sus nietos siguieran viendo un lago, y no un pantano. Entonces se propuso ser el impulsor de un cambio de comportamiento a través de un acuerdo municipal que prohibiera el uso de pajitas, bolsas de plástico y duroport. Un aspecto clave para normalizar una vida sin plástico desechable fue hacer al propio pueblo garante de esta ley. De esta manera, no dependería de legislaturas políticas.

“Mucha gente criticó al alcalde”, comenta Víctor. “Reclamaban las razones de su interés por las bolsas plásticas en lugar de enfocarse en hacer proyectos grandes”. A lo que añade “pero a nosotros nos da mucha satisfacción que poco a poco vayamos cambiando hábitos. Por ejemplo, antes se vendía agua pura en bolsas que la gente compraba, bebía y tiraba al suelo, ahora se vende en vasos de plástico duro donde uno bebe y lo devuelve para lavar”.

Este cambio es evidente, pues en nuestra visita por el pueblo, son muchas las mujeres que vemos con sus cestas de canasta, comprando productos en hoja de plátano, jugos con vaso y pajita de papel y el pan en unas bonitas servilletas de tela.

¿Cómo se normalizó el cambio de comportamiento?

Tras un análisis inicial de las causas que originaban el abuso de plástico de uso único, se identificó un segmento de la población que era clave para iniciar un cambio de valores: las mujeres. Entonces, el consejo de gobierno se dividió en 14 grupos para ir de casa en casa explicando la nueva ley y capacitando a más de tres mil mujeres ofreciéndoles canastas con agarraderas de palma, servilletas de tela tejidas por artesanos y portaviandas para ir al mercado.

Hoja de plátano para las comidas corridas y productos del mercado.

Posteriormente, los esfuerzos se dirigieron a los vendedores del mercado, a quiénes también se les capacitó para esta nueva etapa y se les intercambió las bolsas y otros elementos desechables por las alternativas propuestas. Principalmente la hoja de plátano que se utilizaba años atrás cobró vida nuevamente para envolver productos como el queso, los tamales, carnes y otros preparados. Con el plástico que se recogió tras realizar este cambio, se crearon pacas en Cementos Progreso.

“Nunca nos imaginamos a raíz de este acuerdo municipal íbamos traspasar fronteras,” sentencia Víctor. A lo que añade: “nuestro objetivo era cuidar nuestro entorno y el Lago Atitlán, pero cada vez más hay municipios que vienen a aprender sobre cómo lo hicimos porque tienen el mismo problema en su entorno”.

San Pedro La Laguna ha marcado un antes y un después tanto en Guatemala como en muchos otros países del mundo, mostrando la importancia de la gobernanza y la sociedad civil para generar cambios colectivos, allí donde muchos piensan que no podría ser posible.The

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Paquetes de surf en destinos remotos, ¿un nuevo modelo de todo-incluido?

Surf camp en Simeulue. Crédito Ángela Rodríguez

Cuando la región de Aceh, en el oeste de Sumatra, sufrió un devastador tsunami en 2007, las islas pequeñas fueron las que más se vieron afectadas por el desastre natural. Este fue el caso de la remota isla de Simeulue. En aquel entonces, Simeulue estaba conectada a Sumatra por un largo viaje en barco de más de 7 horas. No obstante tras este evento natural, fue necesario elaborar un plan de reconstrucción que permitiera el acceso directo de ayuda humanitaria a isla, para lo que la población se unió y crearon la primera pista de aterrizaje en un tiempo récord. El tsunami de 2007 se convirtió en el punto de partida de Simeulue como destino turístico.

Así cómo fue llegando la ayuda humanitaria, el equipo humano de atención internacional rápidamente visualizó el potencial de la isla como destino de surf, y trajeron las primeras tablas a Simeulue. Un aparato jamás visto por sus residentes. Desde entonces, y en particular en los últimos 5 años, un total de 17 campamentos de surf (junio 2018) han aparecido alrededor de los, ya famosos, picos y olas.

Hoy en día, Simeulue podría ser uno de los destinos de surf más idílicos del mundo: gente amigable y honesta, vegetación tropical, buen clima, aguas cálidas, olas sin aglomeraciones y carreteras entre palmeras para recorrer la isla en moto en busca de los mejores peaks. Estas cualidades juntas son el sueño vacacional de cualquier surfista, y lo que atrae a un determinado segmento de viajeros a recorrer grandes distancias sin apenas mirar la etiqueta del viaje.

Actualmente, el tipo de turista que llega a Simeulue es el sueño de cualquier destino turístico: viajeros con poder adquisitivo que viajan solos o en grupos pequeños, generalmente hombres de mediana edad con conciencia ambiental, que se hospedan por un promedio de 10 días hasta un mes y realizan actividades de bajo impacto.

No obstante, en una isla donde el turismo es relativamente nuevo, la forma en que se ha desarrollado es un ejemplo de cómo su funcionamiento se asemeja al cuento de la gallina de huevos de oro. Desde el 2007 hasta ahora, varios inversores extranjeros visualizaron el potencial y no dudaron en comprar un terreno con un socio local (imprescindible en la ley de propiedad del suelo de Indonesia) para construir un campamento de surf. Cuando visité la isla, por ejemplo, la única opción para acceder a servicios turísticos, como hospedaje, era pagando entre 50 y 150 dólares por persona por noche, donde se incluía las 3 comidas día, el alquiler de motos y el guía de surf. Esto es prácticamente todo lo que necesitas cuando el único propósito de tus vacaciones es surfear, comer, dormir y… repetir.

Por supuesto, el monto total de la estancia se paga antes de llegar, preferiblemente a través de PayPal y en dólares estadounidenses a una dirección fuera de la isla. En un país donde se puede comer fácilmente por un dólar o dos y hospedarse por menos de 5 $ por noche, el enorme precio que se paga por adelantado como única opción, muestra cómo el modelo turístico de la isla está construido sobre la base de una enorme fuga económica. O lo que es lo mismo, un modelo no adaptado a la realidad local y que beneficia a muy pocos.

Aquellos que sí reciben las ganancias de esta burbuja turística, probablemente desconocen que están atrapados por las fuerzas del mercado. En estos momentos, aquellos que llegan a Simeulue están dispuestos a pagar dichos precios porque saben que pueden obtener las olas que esperan en las condiciones que prometen los promotores de los campamentos. Sin embargo, esta situación perfecta no será así por mucho tiempo si todo sigue como hasta ahora: a medida que la especulación de la tierra se vuelve más evidente y se desarrollan más campamentos de surf, más viajeros llegarán a la isla. Bajo este escenario, los precios deberán disminuir al mismo tiempo que aumentará la afluencia en las olas más famosas. Simeulue podría perder su factor idílico y convertirse rápidamente en un destino de surf común y corriente en Indonesia.

Todavía hay tiempo para que Simeulue establezca las bases de un modelo de turismo más sostenible. Uno que realmente beneficie a la población local, que permita al visitante generar un impacto real en la economía local y proporcionar a la isla un crecimiento sostenible que ponga en valor sus recursos naturales. Simeulue tiene el potencial de crear un modelo replicable a otras islas pequeñas, para convertirse en un ejemplo de turismo bien gestionado, posicionado de forma sostenible y diferenciada y mantener el perfil actual de visitantes a largo plazo. Sin embargo, el momento de actuar es ahora.

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Turismo regenerativo aplicado a comunidades rurales

En diciembre de 2018 gracias a Martín Araneda, co-fundador de Camina Sostenible, tuve la ocasión de acompañarlo (como parte del equipo de Totonal Viajes) a realizar un taller aplicado sobre turismo regenerativo en la comunidad de Ek Balam, en el estado de Yucatán, México. 

En Ek Balam, encontramos varias cooperativas y una de ellas es Uh Najil Ek Balam, donde su principal servicio es el hospedaje de viajeros en cabañas ecoturísticas, además de algunos tours para conocer la cultura maya. Este proyecto comenzó hace 18 años con ayuda de la secretaría de turismo y otras organizaciones. No obstante cabe destacar que los ejidatarios y miembros de la cooperativa se dedicaban en su mayoría a la milpa y a cultivar otros alimentos en el campo, con lo que supuso un cambio muy importante para ellos empezar a trabajar en turismo y capacitarse, algo que según admiten, nunca habrían imaginado.

A través de Camina Sostenible, Martín y su compañero Carlos Briceño trabajan en varios aspectos del movimiento de turismo regenerativo y llevan años posicionando esta filosofía a través de la Iniciativa Global de Turismo Regenerativo. Gracias a su extensa formación, además de sus varios trabajos por Chile y otros países latinoamericanos, Martín ya contaba con experiencia trabajando turismo regenerativo con comunidades de pueblos originarios, como por ejemplo los Mapuches. 

Durante su andadura, han encontrado que es común que los proyectos, tanto comunitarios como no, pierdan fuerza, olvidando qué es aquello que los hace iniciar y perdiendo vitalidad. Por eso es importante volver trabajar desde el turismo regenerativo para retornar a las raíces y fortalecerse, regresando de nuevo a su propio propósito.

El taller en Ek Balam estuvo enfocado en la cultura organizacional y comenzó con una reorganización de la sala, donde se les invitó a los asistentes a sentarse en círculo. Según Martín, sentarse en círculo es un aspecto que aprendió de los Mapuches, quienes creen que en el centro de los mismos se encuentra el fuego, y por ende, la sabiduría.

En Ek Balam la herencia que disponen es rica y abundante, la cual proviene de cada miembro de la cooperativa. En las comunidades es muy importante poder fortalecer este tipo de acciones, pero para facilitar este proceso es necesario implicar a todas las personas que participan activamente en su desarrollo turístico.

Posterior a la dinámica, se les preguntó a los asistentes qué es lo que ellos entendían como sus valores esenciales y aquello que les hace especiales, sus habilidades y talentos como comunidad. Entre las respuestas destacaron la lengua originaria, el que visitantes de todo el mundo puedan llegar aquí a aprender sobre la cultura maya, su vestimenta tradicional, los festejos o la protección de recursos naturales como la milpa y la conservación de especies autóctonas.

Como reflexión de la jornada, se expuso que el turismo debe estar al servicio de la comunidad, y no al revés. Debe ser una acción que honre y reciba de los abuelos y que se encuentre a disposición del futuro de los jóvenes. El turismo debe ser entendido como una herramienta, pero nunca como un fin.

Este es un resumen del artículo original publicado en el blog de Totonal Viajes, donde podrás encontrar una descripción más detallada del transcurso del taller y las dinámicas: Turismo regenerativo aplicado a comunidades rurales: el ejemplo de Ek Balam

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Cómo construir resiliencia social y ecológica para enfrentar crisis ambientales

Antes (segunda foto) y después (primera foto) fomentar la resiliencia ecológica en la orilla del rio.

Triem Tay es un pueblo en la isla de Cam Kim, rodeado por el río Thu Bo, a tres kilómetros de la ciudad Patrimonio de la Humanidad Hoi An, en el Vietnam central. La ubicación de Triem Tay es propensa a las inundaciones durante la temporada de lluvias (el agua puede alcanzar hasta 3 metros), arrastrando ecosistemas y cultivos enteros, aumentando dramáticamente la erosión de la orilla del río y forzando la migración hacia el interior de los residentes locales.

En 2015, Triem Tay recibió ayuda de la Organización Internacional del Trabajo (OITS) y de la UNESCO para promover el ecoturismo en la isla junto con la cooperativa de aldeanos. Uno de los resultados de este plan fue la creación de restaurantes flotantes como una forma innovadora de atraer visitantes a la isla. En general, este proyecto permitió a las personas adaptarse a su situación actual y proporcionar trabajo en la aldea a través del turismo, pero no proporcionó las herramientas para resolver el problema real: actuar contra la erosión de la tierra.

Sin embargo, también en 2015, un grupo de visionarios se reunieron y compraron un pedazo de tierra en una de las orillas del río que más sufría de la erosión. Aquí crearon An Nhien Farm, un lugar donde la restauración de los bancos naturales del río, la jardinería regenerativa y la capacitación en habilidades sostenibles se fusionan para crear oportunidades para la naturaleza, y para las personas.

Construyendo resiliencia social 

«Al principio, nuestro objetivo era crear herramientas para restablecer las vidas humanas en un área amenazada donde, debido a problemas ambientales y políticos, la comunidad había quedado olvidada», me dice Hanh Vu, mientras nos sentamos al atardecer en la parte delantera de mi cabaña. Ella es quien se ocupa de la granja, que también es el centro de The Green Youth Collective, una empresa social liderada por Hanh y centrada en trabajar con los jóvenes y los agricultores locales para desarrollar habilidades empresariales sostenibles.

La trayectoria profesional de Hanh es tan emocionante como la historia detrás de la granja. Durante años, ha estado participando activamente en iniciativas sostenibles y adaptación al cambio climático en Vietnam. Hasta que descubrió Triem Tay. Hace tres años, decidió mudarse a este lugar desde Hanoi para comprender qué es lo que da forma a las personas en el área, tanto natural como socialmente.

«No fue fácil», recuerda, «incluso si hablas el mismo idioma, es difícil ser aceptado en una comunidad donde eres visto como un extraño. Sin embargo, nuestro objetivo era implicar a todos y trabajar juntos. No queríamos ser vistos como un grupo de personas que venían de la gran ciudad e imponían su propia manera de hacer las cosas «.

Tareas cotidianas en la granja de los voluntarios y los agricultores locales.

Aunque la granja es el corazón y el alma del proyecto, The Green Youth Collective es su herramienta para reunir tradiciones agrícolas y usos ancestrales de la tierra. El proyecto está dirigido a agricultores, jóvenes y personas interesadas en la sostenibilidad como una forma de vivir y trabajar con la tierra.

Independientemente de su origen étnico y económico, la granja también puede proporcionar becas para jóvenes locales desfavorecidos. “No pretendemos producir, sino devolver al suelo. De esta manera, los voluntarios aprenden a trabajar con la naturaleza y a compartir, evitando la presión sobre los ecosistemas y pudiendo replicar nuestro modelo cuando regresan a casa», admite Hanh.

Construyendo resiliencia ecológica para frenar la erosión de la orilla del rio.

El enfoque que tomaron sobre evitar la erosión de la tierra se ha centrado en fomentar la resiliencia a través de la regeneración del sistema ecológico de la orilla del río. Al utilizar especies nativas de pastos y manglares, cuyo sistema de raíces puede soportar las inundaciones, se crea una barrera natural que detiene la erosión.

¿Cómo se crea esta barrera natural? La respuesta es bambú y bio-locks. El bambú se utiliza como el primer bloqueo biológico, ya que es lo suficientemente flexible como para sacar el agua y proteger el bosque de manglar. Una vez que se agarra, las raíces del bambú se utilizan para el segundo bloqueo biológico que sigue al primero. El proceso termina con la implementación de una red gigante de bandas de bambú donde se plantará el manglar y el pasto nativo. Cuando estas especies crecen fuertes, tienen el potencial de mantener la tierra y resistir las inundaciones. «Después de estas acciones, recibimos retroalimentación de la naturaleza. Solo debes observar y ver cómo reacciona la orilla del río a lo que estás haciendo. Se trata simplemente de observar», explica Hanh.

Sin embargo, a fines de 2017, una inundación causada sorprendió inesperadamente la aldea antes de la temporada de lluvias y se llevó el aún joven bosque de manglares cuyas raíces no eran lo suficientemente profundas para resistir una inundación. Todo menos la barrera de bambú fue arrastrado por el desastre. Sin embargo, la orilla del río se mantuvo casi intacta, lo que no fue lo mismo en la orilla de los vecinos, donde la erosión de la tierra fue significativamente evidente.

 La primera foto que Hanh está mostrando es el impacto sufrido tras la inundación

La inundación probó un hecho: su enfoque hacia la construcción de resiliencia iba por el buen camino. «Las autoridades locales entendieron que habíamos desarrollado un sistema con el  potencial para detener la erosión de la tierra y ahora estamos en el proceso de trabajar con ellos y crear el mismo sistema en sus tierras», dice Hanh con gran esperanza.

El programa de farmstay

Hoy, An Nhien Farm sigue construyendo resiliencia en la orilla del río y ha comenzado a ofrecer alojamiento y experiencias a los visitantes en un esfuerzo por financiar sus programas. La granja no solo cuenta con cabañas de madera en el bosque de bambú, sino también con experiencias que le permiten al visitante conectarse con la tierra junto con el actual equipo de voluntarios.

Durante mi corta estancia, me reuní con visitantes curiosos que vinieron a conocer más sobre el enfoque de An Nhien y su proceso regenerativo. Durante el último año, cientos de personas han visitado la granja para aprender sobre su trabajo. “Es con mi mayor ilusión que explico la metodología a cualquier persona interesada. Sería asombroso si pudiéramos ser una inspiración para otras personas que enfrentan desafíos similares «, comenta Hanh.

El turismo de Vietnam está experimentando un rápido crecimiento en las últimas décadas. Esto ya presenta muchos desafíos que solo seguirán creciendo a mediano y largo plazo. An Nhien es un claro ejemplo de cómo el turismo regenerativo se lleva a cabo en un lugar muy cercano a la ruta turística tradicional en Vietnam. Hospedarse aquí y aprender el valor de trabajar con la naturaleza mientras se proporciona las herramientas para que prospere, crea una experiencia transformadora única en momentos en los que el ser humano está más desconectado de la naturaleza que nunca.

Puedes seguir Anh Nien Farm en Facebook y aprender más sobre cómo construyen resiliencia social y ecológica en este artículo.

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La evolución del turismo tras la Guerra de Vietnam: retos y oportunidades de un país en auge

Dang Xuan Son

Creado por Dang Xuan Son, uno de los iniciadores del movimiento de turismo responsable en Vietnam, el operador turístico con base en Hanoi Footprint Travel es una de las empresas pioneras en el país en torno al turismo sostenible desde el 2001. Tuve el placer de reunirme con Dang Xuan en su oficina durante mi viaje en Vietnam para aprender sobre la evolución del turismo tras la guerra, pero también sobre los principales desafíos y oportunidades para lograr una industria más sostenible en el país.


Ángela: ¿Cómo ha sido la evolución del turismo en Vietnam?

Dang: El país abrió sus puertas al turismo justo después de la guerra en 1976. Sin embargo, en aquel entonces había pocos visitantes, ya que el país se encontraba en un estado de post conflicto y la infraestructura turística era aún casi inexistente. No fue hasta diez años más tarde, desde 1986 y hasta principios de los 90, que el turismo se volvió un factor importante en la economía de Vietnam. Posteriormente, en 1993 experimentamos un hito en la llegada de turistas, por lo que fue entonces cuando podemos decir correctamente que el país se abrió al mundo. Esto se debió en parte a un cambio del Gobierno a los requisitos del visado que facilitó la llegada de visitantes internacionales.

Hoi An – Cam Thanh fishing

Personalmente, empecé a trabajar en turismo en Hanoi en el 1999, y en ese momento ya venían muchos turistas, pero hasta 2007-2010 la infraestructura del turismo seguía siendo muy pobre: ​​transporte, servicios, estándares de calidad … no podíamos competir con otros destinos o proporcionar una buena experiencia para viajeros internacionales. Sin embargo, la imagen comenzó a cambiar al aprender del éxito de otros países y la opinión de los turistas. Recuerdo que en 2004, por ejemplo, teníamos que proporcionar a cada viajero que iba a Sapa su propio colchón de viaje para que pudieran dormir un poco más cómodamente en el tren. ¡Las camas en el tren eran demasiado duras!

Esta mejora continua se ha mantenido hasta el día de hoy, donde tenemos servicios creados para mejorar la experiencia turística pero que también benefician a la población local, como calles peatonales, servicios de salud, horarios de apertura de negocios, normas y regulaciones … en general, más y mejores estándares.

Ángela: ¿Ha desempeñado el gobierno un papel clave en el desarrollo del turismo en el país?

Dang: El Gobierno ha apoyado en parte los cambios, pero solo desde hace muy poco. Ha ayudado al facilitar el proceso de visado que permite la llegada de viajeros con estadías más cortas, así como a imponer las reglas y regulaciones para estandarizar procesos, pero creo que aún podrían brindar más apoyo, como por ejemplo en branding de destino.

Todavía no tenemos un buen presupuesto para marketing y promoción a nivel de destino. Sin embargo, hace dos años, el gobierno se unió al TAP (Consejo Asesor de Turismo) en un esfuerzo por crear un mejor posicionamiento en el mercado internacional.

Ángela: Entonces las acciones actuales se centran principalmente en aumentar el número de llegadas al país, ¿los impactos asociados al desarrollo se están teniendo en cuenta?

Dang: Tienes razón, sin embargo, hay dos cosas que debemos tener en cuenta. Una es aumentar el número de viajeros, ya que Vietnam tiene muchos más atractivos turísticos en comparación con otros países vecinos, pero el número de llegadas sigue siendo muy bajo en comparación con estos países. Por ejemplo, el porcentaje de crecimiento en el número de llegadas a Camboya o Laos es mucho mayor que en Vietnam, lo que significa que podríamos mejorar la comercialización de destinos.

Footprint team working alongside villagers in Hoang Su Phi Ha Giang

Lo primero es invitar a la gente a venir y lo segunda es el desarrollo sostenible, que es una historia muy diferente … Aquí el gobierno todavía no está haciendo mucho. Tenemos mucha discusión al respecto, pero todavía no hay ninguna aplicación o regulación. Por ejemplo, algunas compañías necesitan tener certificaciones ambientales, sin embargo, tienden a obtenerlas al principio ya que es bastante fácil cuando todo es nuevo. Cuando pasa el tiempo, nadie realmente verifica que se haga mantenimiento a la infraestructura que podría estar dañando el medio ambiente.

Ángela: ¿Cuáles dirías que son los tres retos clave para lograr un turismo más sostenible en Vietnam?

Dang: Vietnam es un país en desarrollo, por lo que diría que el primer desafío es que no existe un conocimiento de lo que realmente significa la sostenibilidad y las personas no son muy conscientes de los impactos de sus hábitos actuales. Por ejemplo, todavía se cortan los árboles para el uso propio ya que se cree más en el auto consumo que en tener árboles vivos. Vivimos con una mentalidad de ganar dinero a corto plazo donde la sostenibilidad aún no tiene lugar en los objetivos de las personas y los negocios.

Home Hosted Dinner in Hanoi

Lo segundo, como dije antes y enlazando con el primer desafío, tiene que ver con las comunicaciones del gobierno. Nuestro país necesita mucha comunicación con la población local sobre cómo adoptar prácticas de sostenibilidad. La información sobre esto es realmente pequeña y podría mejorarse enormemente.

El tercer reto sería la industria de viajes en si misma ya que en general, no se tiene un interés en crear regulaciones. Estamos trabajando en una industria que no se considera pesada, pero que usa muchos recursos y tiene un impacto en el medio ambiente. Sin embargo, estos impactos no son entendidos por las empresas del sector. Debemos tener regulaciones estandarizadas y cumplimiento de la ley para regular diferentes actividades y desarrollos actuales. Pero la creación de esta demanda debe venir de nosotros.

Ángela: Supongo que algo similar sucede con la enorme cantidad de plástico y la gestión de residuos en el país…

Dang: Exactamente. Como ya sabes, el turismo genera una enorme cantidad de residuos. No somos una industria pesada, pero estamos arrojando una gran cantidad de basura en el medio ambiente y debemos asumir nuestra responsabilidad de hacer algo al respecto. En Vietnam, con un clima como este, un viajero puede beber fácilmente de 4 a 6 botellas por día, que se tiran después de un solo uso. Si se mide el impacto de los viajeros por la cantidad de botellas que se queman y entran en vertederos, ríos y mares, el número es enorme.

Ángela: ¿Cómo crees que un operador turístico puede proporcionar soluciones para abordar el problema del plástico?

Dang: Estuve pensando mucho sobre ello, pero para mí, tomar medidas contra este problema global nada más que con Footprint parecía imposible. Entonces, decidí asociarme con el Responsible Travel Club en Hanoi y me puse en contacto con otros operadores turísticos del sur de Vietnam para unir fuerzas.
Juntos, identificamos algunas soluciones y nos pusimos en contacto con otros socios internacionales para establecer acciones específicas y reducir la cantidad de plástico de un solo uso en el turismo. También me uní a Impact Vietnam y, a través de ellos, al movimiento global Refill My Bottle, para construir una red de estaciones de recarga de agua potable y personalizar su aplicación para Vietnam. Sin embargo, para alentar a los viajeros a rellenar su botella no llegará de la noche a la mañana y somos conscientes de que uno de los mayores desafíos es transmitir el mensaje a nuestros clientes.

Tea Farm in Thai Nguyen

En Footprint, ya ofrecemos a los viajeros una botella reutilizable, pero solo 6 de cada 10 traen su botella a Vietnam y hasta un 40% realmente la usa mientras están aquí. Creo que hay muchas barreras para incitar a los viajeros a usar su botella de agua reutilizable y tener un lugar para rellenarla es uno de ellos, pero también otros factores como las preocupaciones sobre la calidad del agua, la preferencia por las botellas selladas, la lealtad y la confianza con la marca de agua o simplemente el hecho de que quieren beber agua fría en un momento específico.

Debemos aceptar que algunas personas no se sienten cómodas con la idea de volver a llenar su botella, pero debemos concentrarnos en aquellos que si quieren hacerlo y cuyo acto probablemente inspirará a otros a hacer lo mismo, ayudándonos a difundir el mensaje.

Ángela: Trabajas con varios proyectos de turismo comunitario en Vietnam. ¿Es este tipo de turismo exitoso?

Dang: Muchos proyectos tienen éxito. Trabajamos mucho en el Norte con proyectos que son realmente exitosos, mientras que en las tierras altas centrales y el sur son un poco menos. La mayoría de los proyectos de turismo comunitario en Vietnam se han desarrollado por sí mismos o por medio de ayuda externa, principalmente de ONGs y empresas privadas de turismo. El gobierno en este caso no les ha ayudado a establecerse, como sucede en otros países.

Pu Luong Thanh Hoa

Sin embargo, todavía hay un cierto número de proyectos que fracasan por varias razones … Puede ser una inversión insuficiente, tamaño, ubicación elegida o incluso deficiencias en el desarrollo de capacidades en términos de estándares de hospitalidad para que los viajeros se sientan cómodos, se brinde un buen servicio, etc.

Un ejemplo positivo es la reserva natural de Pu Luong, donde un grupo de aldeas recibió ayuda de una ONG de los EE. UU. para establecer varios proyectos y capacitar a los aldeanos en el turismo. Han logrado recibir visitantes y mantener su estilo de vida y tradiciones, al tiempo que comparten los beneficios del turismo al involucrar a familias enteras en diferentes roles donde trabajar unidos como un motor bien engrasado.

Ángela: ¿Cómo crees que se puede normalizar el turismo sostenible en Vietnam?

Dang: Creo que es muy importante involucrar cada vez más a los medios de comunicación para resaltar la necesidad de desarrollar un turismo más sostenible, porque ha sido un movimiento constante para personas como yo, pero aún no hay un gran cambio y necesitamos que todos los actores se impliquen, participen y desempeñen un papel.
Debemos poder transmitir el mensaje y dar a las personas la sensación de que la sostenibilidad se trata de equilibrar nuestro modelo de negocio y hacer que sea significativo. No se trata solo de centrarse en el trabajo y las ganancias, y ese es el mensaje más difícil de transmitir para inspirar el cambio.

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