Paquetes de surf en destinos remotos, ¿un nuevo modelo de todo-incluido?

Surf camp en Simeulue. Crédito Ángela Rodríguez

Cuando la región de Aceh, en el oeste de Sumatra, sufrió un devastador tsunami en 2007, las islas pequeñas fueron las que más se vieron afectadas por el desastre natural. Este fue el caso de la remota isla de Simeulue. En aquel entonces, Simeulue estaba conectada a Sumatra por un largo viaje en barco de más de 7 horas. No obstante tras este evento natural, fue necesario elaborar un plan de reconstrucción que permitiera el acceso directo de ayuda humanitaria a isla, para lo que la población se unió y crearon la primera pista de aterrizaje en un tiempo récord. El tsunami de 2007 se convirtió en el punto de partida de Simeulue como destino turístico.

Así cómo fue llegando la ayuda humanitaria, el equipo humano de atención internacional rápidamente visualizó el potencial de la isla como destino de surf, y trajeron las primeras tablas a Simeulue. Un aparato jamás visto por sus residentes. Desde entonces, y en particular en los últimos 5 años, un total de 17 campamentos de surf (junio 2018) han aparecido alrededor de los, ya famosos, picos y olas.

Hoy en día, Simeulue podría ser uno de los destinos de surf más idílicos del mundo: gente amigable y honesta, vegetación tropical, buen clima, aguas cálidas, olas sin aglomeraciones y carreteras entre palmeras para recorrer la isla en moto en busca de los mejores peaks. Estas cualidades juntas son el sueño vacacional de cualquier surfista, y lo que atrae a un determinado segmento de viajeros a recorrer grandes distancias sin apenas mirar la etiqueta del viaje.

Actualmente, el tipo de turista que llega a Simeulue es el sueño de cualquier destino turístico: viajeros con poder adquisitivo que viajan solos o en grupos pequeños, generalmente hombres de mediana edad con conciencia ambiental, que se hospedan por un promedio de 10 días hasta un mes y realizan actividades de bajo impacto.

No obstante, en una isla donde el turismo es relativamente nuevo, la forma en que se ha desarrollado es un ejemplo de cómo su funcionamiento se asemeja al cuento de la gallina de huevos de oro. Desde el 2007 hasta ahora, varios inversores extranjeros visualizaron el potencial y no dudaron en comprar un terreno con un socio local (imprescindible en la ley de propiedad del suelo de Indonesia) para construir un campamento de surf. Cuando visité la isla, por ejemplo, la única opción para acceder a servicios turísticos, como hospedaje, era pagando entre 50 y 150 dólares por persona por noche, donde se incluía las 3 comidas día, el alquiler de motos y el guía de surf. Esto es prácticamente todo lo que necesitas cuando el único propósito de tus vacaciones es surfear, comer, dormir y… repetir.

Por supuesto, el monto total de la estancia se paga antes de llegar, preferiblemente a través de PayPal y en dólares estadounidenses a una dirección fuera de la isla. En un país donde se puede comer fácilmente por un dólar o dos y hospedarse por menos de 5 $ por noche, el enorme precio que se paga por adelantado como única opción, muestra cómo el modelo turístico de la isla está construido sobre la base de una enorme fuga económica. O lo que es lo mismo, un modelo no adaptado a la realidad local y que beneficia a muy pocos.

Aquellos que sí reciben las ganancias de esta burbuja turística, probablemente desconocen que están atrapados por las fuerzas del mercado. En estos momentos, aquellos que llegan a Simeulue están dispuestos a pagar dichos precios porque saben que pueden obtener las olas que esperan en las condiciones que prometen los promotores de los campamentos. Sin embargo, esta situación perfecta no será así por mucho tiempo si todo sigue como hasta ahora: a medida que la especulación de la tierra se vuelve más evidente y se desarrollan más campamentos de surf, más viajeros llegarán a la isla. Bajo este escenario, los precios deberán disminuir al mismo tiempo que aumentará la afluencia en las olas más famosas. Simeulue podría perder su factor idílico y convertirse rápidamente en un destino de surf común y corriente en Indonesia.

Todavía hay tiempo para que Simeulue establezca las bases de un modelo de turismo más sostenible. Uno que realmente beneficie a la población local, que permita al visitante generar un impacto real en la economía local y proporcionar a la isla un crecimiento sostenible que ponga en valor sus recursos naturales. Simeulue tiene el potencial de crear un modelo replicable a otras islas pequeñas, para convertirse en un ejemplo de turismo bien gestionado, posicionado de forma sostenible y diferenciada y mantener el perfil actual de visitantes a largo plazo. Sin embargo, el momento de actuar es ahora.

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Ángela Rodríguez

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