Descubriendo la riqueza biológica de la Península Ibérica con Más Que Pájaros.

Maru & Manu

Verónica Álvarez entrevista a Manu & María, emprendedores de ecoturismo con su empresa Más Que Pájaros, mediante la cual ofrecen actividades guiadas en la naturaleza poniendo al alcance de sus clientes toda la riqueza biológica de la Península Ibérica.


Verónica: ¿Cuándo y cómo se forma Más Que Pájaros?

María: Más que Pájaros se creó en el verano de 2013 para dedicarnos a nuestra pasión, la naturaleza, y contribuir a su divulgación y conocimiento. Para ello ofrecemos actividades guiadas en la naturaleza, actividades que completamos con servicios de consultoría ambiental para empresas y administraciones.

Verónica: ¿Cuáles son los mayores problemas a los que os habéis enfrentado a lo largo de estos años que lleváis trabajando? ¿Tenéis apoyo de la administración pública?

Manu: Los mayores problemas de Más que Pájaros son la monetización de los productos y servicios que ofrecemos. Lo más complicado para nosotros es obtener canales de comercialización útiles para llegar al público interesado. No tenemos, ni hemos tenido apoyo de ninguna administración pública. Ninguna de las ayudas nos ha servido, ni tampoco hemos encontrado demasiada ayuda para darnos a conocer a través de ellas.

Verónica: ¿Qué es para vosotros el Ecoturismo?

Manu: El ecoturismo para nosotros es el disfrute del medio natural, de su naturaleza, paisaje y paisanaje sin interferir negativamente en el ambiente visitado. En Más que Pájaros procuramos que nuestros clientes vivan el paisaje a través de un contacto real con el entorno, que vaya más allá de la mera observación, para ello interpretamos los recursos disponibles y ayudamos a entender al público la importancia de la conservación de la naturaleza.

Verónica: Realizáis actividades de observación de fauna. ¿Es esta una buena manera de concienciación y educación ambiental de la población o, en cambio, es una moda a la que se han sumado muchas empresas de Turismo Activo sin unos conocimientos, ética, regulación o gestión específica?
Visiones sagradas de los indios norteamericanos: el bisonte blanco. Crédito: Más Que Pájaros SL.

María: Sí, entre nuestras actividades tiene un gran peso la observación de fauna emblemática. Para nosotros este es un tema delicado, por lo que seguimos nuestro propio código ético. Para desarrollar este tipo de actividades, creemos que no vale todo, hay lugares, especies y formas que no son compatibles con la conservación de dichas especies.

«Intentamos que en nuestras actividades, los clientes no se sientan meros turistas y procuramos que exista un contacto real con la población local.»

Más que Pájaros, está formado por ambientólogos y biólogos de campo que llevan más de 10 años especializados en estudios y seguimiento de fauna. Para nosotros tan importante como la observación, es que los clientes que participan de nuestras actividades comprendan la importancia de la conservación de esas especies, conozcan su biología, su problemática, su hábitat y aspectos de su etología y comportamiento, así como, la relación de estas especies con el ser humano. También utilizamos algunos de los datos obtenidos en campo para realizar publicaciones divulgativas y científicas, con lo que de alguna manera, le devolvemos un poco de lo mucho que nos da la naturaleza, contribuyendo a su conocimiento.

Verónica: Algunas de vuestras actividades turísticas tratan de involucrar a la población rural. ¿Por qué consideráis que esto es importante? ¿Son muy demandadas este tipo de actividades que promueven el desarrollo rural?
Salidas de campo en busca de setas. Crédito: Más Que Pájaros SL

María: La mayor parte de nuestras actividades, se desarrollan en entornos que conocemos bien y dónde de alguna manera, tenemos lazos con el entorno y buenas relaciones con la población. Por ello, intentamos que en nuestras actividades, los clientes no se sientan meros turistas y procuramos que exista un contacto real con la población local. Para nosotros es importante, porque sin la colaboración y ayuda de muchas de estas personas (locales) sería mucho más difícil desarrollar nuestras actividades.

Verónica: Gracias al crowdfunding habéis realizado un magnífico documental sobre el Urogallo cantábrico denunciando su crítica situación. ¿Creéis que este tipo de acciones llegan a la población general o se quedan en un pequeño sector ya concienciado? ¿Qué os ha aportado este proyecto?

Manu: Más que Pájaros es una pequeña empresa con poca capacidad para promocionarse, por lo que llegar a un gran público es una tarea prácticamente imposible. Sin embargo, en el documental, hemos conseguido involucrar a un gran número de personas que han hecho al proyecto más potente. Hemos percibido la ilusión de muchos de los que han participado en el documental y en general estamos satisfechos con el resultado y nos gustaría seguir explorando esta vía y poder seguir contando la historia de otras especies en un futuro próximo.

Verónica: Cómo os imagináis Más Que Pájaros en un futuro? ¿Cuáles son vuestros sueños?

María: Nos gustaría que Más que Pájaros se consolidara como empresa de ecoturismo en la cordillera cantábrica y otros territorios como Madrid y Guadalajara y poder vivir de nuestro trabajo, haciendo lo que nos gusta y lo que mejor sabemos hacer, de forma independiente, cumpliendo con nuestra filosofía y nuestra ética.

Muchas gracias Manu & María por participar en nuestra serie de entrevistas con emprendedores de turismo responsable. 

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Gastronomía sostenible en todo su esplendor con Lluis Nel Estrada y La Talamera

Lluis Nel Estrada

Es un placer contar con Lluis Nel Estrada y su proyecto La Tamalera para nuestra primera entrevista con emprendedores de gastronomía sostenible. Los restaurantes forman un papel muy importante en la actividad turística de un destino, por lo que implementar estrategias que favorezcan a los productores locales y promuevan los platillos autóctonos es una tarea pendiente para muchos, pero no para Lluis.


Verónica: Cuándo y cómo se forma La Talamera 

Lluis: La Talamera era uno de tantos proyectos que bullen en mi cabeza desde hace años. Hace ahora seis meses se me plantea la oportunidad de alquilar el local ideal para el arranque del proyecto, en pleno corazón de Ribeseya y perfectamente equipado, y decido arrancar con el mismo. Definimos La Talamera como un espacio gastronómico.

Pretendemos ofertar comida de calidad de una manera un tanto desenfadada y con una excelente relación calidad precio. Más si cabe el concepto en el que se enmarcará la oferta gastronómica de La Talamera lo ubicaría como el primer cheesebar asturiano, especializado en una atractiva oferta de quesos artesanales así como de diversas elaboraciones gastronómicas en las que nuestros quesos son los protagonistas.

Carnes de razas autóctonas, pesca local sostenible y huerta ecológica y de proximidad, junto a los quesos artesanales asturianos, compondrían el grueso de una oferta gastronómica a la que habría que sumar una atractiva oferta en lo relativo a cervezas artesanales, vinos asturianos y ecológicos y otras formas de entender la sidra asturiana. Pero sin olvidarnos de otro de nuestros fuertes, practicamos una cocina de calidad 100 por 100 libre de gluten.

Verónica: Te has diferenciado muy bien por hacer lo que hoy se podría llamar cocina de autor, pero no sólo por valorizar a quien elabora los platos, sino también a quien los produce, siendo casi pionero en Asturias en poner nombres y caras a los productores. ¿Por qué?

Lluis: Los autores de nuestra cocina son evidentemente los propios productos y sus productores, los cocineros somos meros transformadores de unos alimentos que muchas veces lo único que precisan es de respeto al manipularlos y ofrecerlos a nuestros comensales. Lo de “cocina de autor” a mí me queda grande. Un gran amigo, el economista David M. Rivas me definió en su día como un “guisandero” y la verdad que me quedo muy a gusto con el calificativo, porque me identifico mucho más con la mentalidad y el cariño de nuestras grandes guisanderas que con la de algunos de nuestros grandes chefs.

Platillo de La Talamera
Verónica: Recientemente has desarrollado en tu restaurante el ‘Talamera Cheese Festival’, donde, además de disfrutar de más de doce variedades de quesos del Oriente de Asturias, se ha realizado un debate con expertos sobre el futuro de los mismos. ¿Por qué surgen estas jornadas y qué pretendías con ello?

Lluis: El Talamera Cheese Festival nació con varios objetivos. El primero de ellos el de empezar a dar cabida en nuestro espacio gastronómico a todo tipo de actividades complementarias al propio hecho de comer y beber bien. Para ello se hacía imprescindible comenzar con los quesos artesanales, uno de los fuertes de La Talamera, y más concretamente con los que se elaboran en esta comarca oriental de Asturias. A pocos kms. de Ribeseya, en plenos Picos de Europa y aledaños se producen quesos de tres de nuestras denominaciones de Origen (Cabrales, Gamonéu y Casín) así como quesos de una Indicación Geográfica Protegida (Los Beyos), sumados a estos más de 10 variedades de quesos artesanales complementan la oferta comarcal. Esta realidad, tanto en lo referido a variedad como calidad de los quesos que se producen en nuestra comarca, y en Asturies en general, asusta a propios y extraños fuera de nuestras fronteras. Sin embargo aquí, parece que no acabamos de descubrir nuestra propia condición. Por eso es importante trasladar este tipo de debates a la propia sociedad local, y quizá locales como La Talamera no sean malos espacios para llevar estos foros y debates a efecto.

«Los autores de nuestra cocina son evidentemente los propios productos y sus productores, los cocineros somos meros transformadores de alimentos»

Verónica: ¿Están preocupados tus clientes por conocer el origen de los productos, el territorio o entorno en el que se producen, o las historias que hay detrás de los platos?

Lluis: Desde que abrimos La Talamera nos sorprendió gratamente la receptividad de nuestros/as clientes a consumir todo aquello que les ofrecíamos sin cortapisas. El cliente, local y forastero, sale menos de casa pero cuando sale, quiere descubrir cosas, vivir experiencias nuevas; y paradójicamente mucho de lo más novedoso está cerca de casa y no lo conocemos. El mero hecho de disfrutar una tabla de quesos artesanales asturianos perfectamente colocados en la misma por grado de intensidad, que además es presentada en la mesa con una breve explicación sobre los mismos se convierte en una experiencia gastronómica de primer orden perfectamente apreciada por nuestros comensales.

Verónica: Formas parte de la red Slow Food Asturies, un movimiento que promueve la sostenibilidad, el respeto hacia nuestra tradición gastronómica y la promoción y consumo de alimentos locales. ¿Crees que los asturianos están concienciados con esta filosofía o, en cambio, nuestros productos son más valorados fuera de nuestro territorio?
Selección de quesos de La Talamera

Lluis: Actualmente Slow Food Asturies, como organización está prácticamente inactiva, quizás en parte porque los preceptos que defendíamos a través esta entidad y que ya has comentado, parecen estar cada vez más claros y vigentes en el seno de nuestra sociedad. Conceptos acuñados por la propia Slow Food como “km 0” parece que han cobrado vida propia y todo el mundo quiere subirse al carro de la “proximidad”, con lo que esto tiene de positivo y de negativo. Sea como fuere corren tiempos mejores para estas filosofias de consumo y producción, pero quizás porque son tendencias que en el extranjero ya se han consolidado, y como siempre ocurre, nos jactamos de seguir esas tendencias externas. Resumiendo, quizás más por moda que por convencimiento propio de nuestra sociedad local, en muchas ocasiones.

Verónica: El Oriente de Asturias es la zona con mayor número de visitantes de todo el territorio. ¿Favorece esto para promocionar la gastronomía y el consumo de producto local o los visitantes se van con un concepto erróneo de la gastronomía tradicional asturiana?

Lluis: Debería de favorecerla y ese es el camino siempre que exista un compromiso por parte del sector hostelero y comercial. Somos un núcleo de recepción de visitantes con ansias de gastronomía y producción de calidad. Este debe de ser un escaparate de primer orden para la captación de potenciales clientes de nuestros productos pero para que esto sea así hosteleros y comerciales debemos de ser principalmente “honestos” con respecto a lo que ofertamos y vendemos. En general creo que estamos mejorando en este aspecto pero aún nos queda mucho que avanzar.

Quizás nos somos realmente conscientes de la potente herramienta de promoción, comercialización y concienciación que constituimos los cocineros y/o hosteleros. Te pongo un ejemplo que a mí me reconcome: este año en Asturies el oricio está vedado de forma estratégica con el objetivo de regenerar la producción en nuestros pedreros que están literalmente esquilmados. Tradicionalmente el erizo de mar, oriciu o arcín se consumía principalmente en los meses de enero, febrero y marzo. Hoy el oricio se consume desde el mes de noviembre, la inmensa mayoría de ellos fruto de la captura de arrastre de grandes buques gallegos (nada que ver con nuestro producto local). Eso provoca que el comensal este degustando otro producto, foráneo, de mayor o peor calidad pero no erizo de mar asturiano, extraído a través de artes de pesca predadoras como si no ocurriera nada. Si los hosteleros asturianos sencillamente no comercializamos erizos de mar esta temporada, sencillamente porque “no los hay” estaríamos, además de contribuyendo activamente a la regeneración de nuestros pedreros, realizando una importante campaña de concienciación social sobre la importancia del consumo sostenible.

Verónica: ¿Cuál crees que es el futuro del Turismo Sostenible en Asturias y su relación con la agroalimentación artesanal?

Lluis: El Turismo Sostenible es el único con posibilidades de futuro en Asturies y esa relación que comentas es directamente propocional por lo que ya hemos abordado antes, pero hace falta concienciación, compromiso y honestidad; sino todo se quedará en un propósito de intenciones y una pantomima.

¡Muchas gracias Lluis! Eres sin duda un ejemplo a seguir en nuestro país. 

Puedes visitar la página web de La Talamera o seguirles en Facebook.

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El turismo rural agoniza

Este título, que refleja una situación de estar al borde de la muerte o de la extinción, bien podría ir acompañado de dos imágenes. La primera imagen posible sería la de una persona muy mayor con un semblante triste y apagado y al fondo una zona rural en grave proceso de abandono, con sus campos descuidados, casas cayendo y comenzando a colonizarse por flora oportunista y en el que no podamos identificar su patrimonio etnográfico. En contrapartida a esta situación, podríamos poner una imagen de una persona muy joven invitándonos a un núcleo de turismo rural que se apreciaría al fondo. En esta imagen veríamos reconstrucciones de hoteles en los que no mantienen su arquitectura tradicional, y los campos son jardines botánicos, y podríamos ver, incluso, razas de ganado autóctono a modo de zoológico para los turistas. Estas “hipotéticas” imágenes existen. Son totalmente reales.

En este artículo no se va a hablar de ocupaciones, aunque bien es verdad que está muy relacionado con ello. Para comenzar debemos preguntarnos qué buscamos cuando elegimos una zona rural para pasar unas vacaciones o unos días de descanso. Qué esperamos encontrar allí. Es cierto que, ocasionalmente, buscamos simplemente descanso y desconexión, o unos días con amigos y familiares en una zona aislada donde no molestemos a nadie. Pero estas situaciones son menos frecuentes de lo que nos imaginamos. La realidad es que cuando realizamos una escapada a una zona rural esperamos encontrar esto mismo: encanto rural y naturaleza. Y, para ser sinceros, es que el medio rural también agoniza, con lo cual, el turismo rural se encuentra en plena decadencia.

Las zonas rurales son los territorios que mayor declive han sufrido a lo largo de la historia, así como una gran influencia urbana. Esto ha desencadenado que no se conserven las tradiciones ni tan siquiera la gastronomía, introduciendo otras costumbres de otros entornos con el fin de agradar a los turistas. Estas áreas han perdido su identidad, y ello es completamente incompatible con un modelo de desarrollo turístico sostenible. Lo que más perjudicado ha resultado de esta pérdida de identidad ha sido la gastronomía local y, como consecuencia, el producto autóctono. Analizar la carta de restaurantes ubicados en núcleos de turismo rural es todo un ejercicio de lo que se podría llamar “ecología turística”. La mayor parte de los platos corresponden con las recetas más famosas de España. Si, a veces pueden coincidir con el territorio o la región en la que nos encontramos, pero otras veces, incluso, encontramos platos típicos que ni son españoles.

«Lo que más perjudicado ha resultado de esta pérdida de identidad ha sido la gastronomía local y, como consecuencia, el producto autóctono».

Esto, ni es ejemplo de desarrollo local o económico para la zona, ni es un modelo de desarrollo turístico responsable. Los empresarios que gestionan este tipo de negocios, así como los agentes turísticos locales y regionales, deben tener en cuenta una cuestión, que sigue pasando muy desapercibida. Si se sigue despreciando e infravalorando nuestra tradición y nuestra cultura, entonces, lo único que tendremos serán territorios que son destinos turísticos copiados unos de otros. No habrá innovación, no habrá actividades que puedan desarrollar los viajeros, no se podrán empapar de la cultura local. No importará el lugar que visitemos, ya que será lo mismo ir al Norte que al Sur o al Este que al Sureste. Lo único que cambiará será el paisaje, pero no podremos ofrecer nada nuestro a los visitantes, y debido a esto, tampoco podremos diferenciarnos para atraer nuevos turistas. Por supuesto, tampoco será un Turismo Sostenible.

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La Ponte: un ecomuseo gestionado por su comunidad

Pablo La Ponte

Hablamos con Pablo López quien nos cuenta la historia y la visión de La Ponte, un ecomuseo de gestión comunitaria en Santo Adriano, Asturias. Su modelo de gestión del patrimonio está caracterizado por el empoderamiento de la sociedad civil hacia el mismo, y por si fuera menos, este año han ganado los Oscar de los Museos en Londres «Soft Power Destinations Award».


Verónica: ¿Cuándo y cómo se forma La Ponte

Pablo: La asociación se formó en el año 2011, pero empieza a coger forma como lo que hoy conocemos como Ecomuséu en el año 2013. Para entender La Ponte creo que es importante ver un poco de dónde viene y dónde se gesta. Para ello yo destacaría dos cosas. Por un lado el trabajo del grupo de investigación de Arqueología Agraria en el que Villanueva de Santo Adriano es uno de los lugares en los que se centra la investigación de este grupo. Este proyecto liderado por la profesora Margarita Fernández Mier va más allá de la propia investigación arqueológica, ya que se ha convertido en todo un referente, y sobre todo de implicación con la población local y el desarrollo rural. Por otro lado, la agrupación de los 4 socios fundadores: Jesús, Cristina, Isabel y Álvaro, a los que se fueron sumando más gente hasta congregar a un grupo de entre 20 a 25 personas que constituyen actualmente La Ponte.

La Ponte es un proyecto que se mueve en tres ámbitos: por un lado el económico, generando riqueza en el ámbito de la economía social; la actividad investigadora, siendo un proyecto de investigación, difusión y divulgación científica; y por último, como un proyecto social en el que reivindicar nuevos modelos más igualitarios, sostenibles y ecológicos en el ámbito patrimonial y de desarrollo rural. La asociación cultural se formó para dar cabida jurídica a un proyecto de Ecomuseo, ya que en España los museos no tienen forma jurídica propia. Este proyecto consistía en una gestión desde la sociedad civil de diversos recursos patrimoniales, que permitieran generar riqueza en la zona y a la propia comunidad local, entre otras cosas generando un puesto de empleo en el mundo rural. Pero que también permitiera acercar ese patrimonio a los propios vecinos del concejo y al público en general. De esta manera se trata de socializar el patrimonio y a la vez hacer divulgación y difusión del mismo. Sin olvidar la propia actividad investigadora, tanto del pasado como la reflexión interna del funcionamiento del Ecomuséu.

Esta última reflexión es la que nos lleva al tercer ámbito de La Ponte, el ámbito social ya que no podemos dejar de reivindicar derechos sociales y denunciar desigualdades, tanto en el ámbito de lo patrimonial como en otro de los aspectos en los que más involucrados estamos, el de la lucha por la supervivencia del mundo rural. Podemos decir que en definitiva La Ponte es una forma de llevar al plano práctico todos los principios teóricos sobre una gestión patrimonial que fuera más ecológica, más social y más sostenible. En otras palabras innovación social en la gestión patrimonial y cultural.

Verónica: ¿Cuáles son los mayores problemas a los que os habéis enfrentado para iniciar la actividad y a lo largo de estos años que lleváis trabajando? ¿Tenéis apoyo de la administración pública?

Pablo: Bueno, el primer problema, además de dar con el modelo jurídico que se ajustara a un proyecto tan novedoso, fue sin duda el hacer entender a las administraciones qué era La Ponte, ya que se trataba de un proyecto novedoso y pionero en Asturias, y esto fue complejo. Somos un proyecto autogestionado, lo cual nos hace libres, y eso, por desgracia, se ve como algo extraño. Aun así, dependemos mucho de la administración pública, de cambios políticos y decisiones que pocas veces tienen que ver con lo que hacemos. En el pasado por ejemplo nos tuvimos que enfrentar a la oposición del anterior alcalde de Santo Adriano a la existencia de La Ponte, aunque la situación ha mejorado mucho con la actual corporación municipal.

La Ponte

Otro de los problemas que nos enfrentamos actualmente, derivado de nuestra condición de entidad autegestionada, es la difusión. Carecemos de fondos para llegar a nuestro público, ya que no tenemos recursos para invertir en publicidad, lo que hace plantear el futuro a medio-largo plazo. Por último, y como reto más importante para nosotros, es la barrera inicial con a población local. Al principio nos identificaban con la imagen que concordaba con la visión de la población local envejecida y acostumbrada a otro tipo de actividades. Aunque a través de nuestro trabajo, y de esforzarnos mucho en la profesionalización de lo que hacemos, hemos conseguido cambiar esta idea y ser respetados. Sin embargo, esta profesionalización generó un segundo problema, que es la barrera que la ciencia ha creado con la sociedad en la forma de frases como “yo de eso no entiendo” o “eso es cosa de estudiados”. Esto termina por ser una constante, lo que genera la necesidad de comunicar aspectos del patrimonio utilizando un lenguaje sencillo que integre a la comunidad local en las propias actividades a través de los talleres.

Verónica: ¿Por qué apostáis por crear espacios de ocio y dinamización social en el medio rural y por qué es esto necesario?

Pablo: Yo siempre digo una frase cuando hablo de nuestra implicación en el desarrollo rural, y es que yo quiero vivir en un pueblo del siglo XXI, no del siglo XIX. Y como cualquier persona del siglo XXI una de las cosas que se reivindican para tener una vida plena es el poder disponer de espacios de ocio y actividad social también en una zona rural. Por eso creemos necesario generar este tipo de actividades en el medio rural para que no sean solamente actividades del mundo urbano.

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También son necesarias por otro motivo, el de crear comunidad. Existen ciertos lugares denominados “no lugares” o que simplemente han desaparecido y eran espacios destinados a la socialización y la reunión de los miembros de la comunidad. Estos espacios en el mundo rural han quedado en desuso, bien por las nuevas costumbres de la sociedad actual o por la propia despoblación rural. Por eso hay que recuperarlos o crear otros nuevos espacios que sirvan para crear lazos y reformar ese sentido de comunidad que al fin y al cabo es la base para poder recuperar la vida rural. Al fin y al cabo fueron estos vínculos (trabajo comunal, solidaridad, gestión de su territorio…), los que permitieron  a los pueblos funcionar en el pasado y por eso urge fortalecerlos hoy en día.

Verónica: ¿Qué es para vosotros el Turismo Sostenible?

Pablo: Bueno, no sé si existe un turismo que sea sostenible ya que por definición el turismo es destructivo. Pero si creo que hay un turismo que puede ser lo más sostenible posible y en este caso añadiría un turismo rural sostenible, que es al que nos dedicamos. Este sería el turismo que revierte directamente en la propia población local. Un turismo que no sea de masas, que se adapte a la propia idiosincrasia del lugar que visita y que en definitiva funcione como un complemento económico que permita afianzar y asentar población en el medio rural. Un turismo que ayude a mantener el modelo tradicional de explotación de un territorio.

Verónica: ¿Cuál es la relación entre el turismo sostenible y el desarrollo rural? ¿Cuál crees que es el futuro del turismo sostenible?

Pablo: La relación entre un turismo sostenible y el desarrollo rural es vital. Creo que el uno sin el otro no podrían sobrevivir. El turismo tiene que ayudar a afianzar población y mantener los usos tradicionales de un territorio, y el desarrollo rural no se puede entender sin la conservación de estos modelos tradicionales. Por otra parte no puede haber turismo sostenible sin un territorio cuidado por unos usos y costumbres tradicionales ni mucho menos pude existir turismo sostenible si no se respetan y viven las experiencias de esa sociedad tradicional.

El futuro del turismo sostenible es incierto igual de incierto que es el del desarrollo rural. Muchas veces se confunde turismo sostenible con el mero turismo rural, o de masas que es por el que se está apostado actualmente en Asturias masificando zonas con un turismo poco responsable y que para nada revierte en la población local y mucho menos contribuye a mantener los sistemas tradicionales de explotación del medio.

Pablo en AsturiasCorremos un gran riesgo, y es que el turismo es hoy en día uno de los negocios en mayor auge del mundo, y en España en particular es la mayor fuente de ingresos. Por eso es importante sentarse, pensar y recapacitar sobre qué modelo de turismo se necesita para cada zona en concreto. Es muy fácil terminar sucumbiendo a la divisa (tanto nacional como extranjera) y a un “todo vale” en cuestión de turismo. Pero eso no es así, tenemos que ser capaces de reflexionar críticamente sobre nuestros propios actos, ver que es lo que está pasando en zonas turísticamente masificadas y ser capaces de generar nuestro propio modelo de turismo sostenible.

Verónica: ¿Crees que es importante abrir las empresas agroalimentarias al turismo?

Pablo: Si, como bien he dicho anteriormente el turismo tiene que ser el complemento económico que permita que las empresas rurales sean viables sin perder su carácter tradicional, lo cual no quiere decir que no puedan modernizarse. Y en esta modernización no pasa por implantar los sistemas tecnológicos más avanzados, si no por buscar nuevos mercados en los que vender el producto y el trabajo. Además en las empresas del sector primario es muy importante dar a conocer el modo de trabajo, ya que de esta forma el consumidor entiende cual es el motivo del posible sobrecoste del producto. Se trata simplemente de volver a poner en contacto al consumidor con el productor. 

Verónica: ¿Qué consejos le darías a una persona que quiere emprender en tu sector?

Pablo: Paciencia. Vivimos en una sociedad muy inmediata y cortoplacista (supongo que la política nos influye más de lo que pensamos), pero este tipo de proyectos tienen que ser pensados a medio y largo plazo y requieren sacrificio. Cualquier trabajo y más el social o comunal requieren de mucho esfuerzo y sacrificio personal, pero las recompensas personales son muchos mayores.

Si te gustaría saber más sobre La Ponte, puedes visitar su página web o seguirles en Facebook.
Esta entrevista forma parte de nuestra serie de entrevistas con emprendedores de turismo sostenible en Asturias.

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La importancia del guía local

Vivimos tiempos difíciles para la profesión del guía. Primero, el auge de internet hace que cada vez sean más las webs y/o Blogs que nos ayudan a organizar experiencias por nuestra cuenta, mostrándonos los lugares más impresionantes con descripciones “perfectas” de los territorios. No nos preocupa ni si los relatos de los territorios o actividades que queremos descubrir son correctos o erróneos, ni si son escritos por personas locales o por turistas que han visitado una sola vez la zona. Segundo porque cuando se realiza promoción turística institucional de un destino en ferias o de manera digital, siempre dan más valor a los alojamientos, evitando promocionar actividades guiadas, que son las que aportan la calidad y el valor al destino. Y tercero, por el problema de la potencial competencia desleal de estos organismos institucionales con el propio guía, cuyos documentos sobre rutas y elementos patrimoniales terminan por desvincular a los guías de su propio territorio, apartándoles de la misma actividad turística.

Parece que nos hemos olvidado de la figura del guía, y más concretamente del guía local. Este profesional es una persona que conoce en profundidad todos los rincones de un territorio, sus monumentos, sus árboles, sus plantas, sus aves, su geología y sus montañas. Pero sobre todo, conoce a la perfección a sus habitantes. Sabe cuáles son los mejores lugares que visitar, dónde comer, en cuáles se sirven productos propios de la tierra… Los guías, además, somos los mejores embajadores de nuestro territorio. Son las personas más importantes a la hora de promocionar un destino, porque no habrá nadie que lo venda con más amor y pasión que estas personas, lo que favorece que aumente el interés de los visitantes en conocer su tierra.

Desde el punto de vista del turismo sostenible, los guías locales estamos contribuyendo a cambiar el mundo. Por un lado, favorecemos el incremento de la economía local favoreciendo que muchas personas puedan vivir de su trabajo, al mismo tiempo que difundimos las costumbres y tradiciones ancestrales. Por otro, aprendemos a conservar nuestro patrimonio natural y cultural, lo que nos ayuda a proteger y conservar el territorio en su conjunto creando una red territorial, que llena de energía y positivismo a cualquier viajero.

Cada vez más, observamos como grandes turoperadores y agencias, tanto españolas como extranjeras, traen sus propios guías. Estas empresas no favorecen el incremento de la economía local, ya que sólo contratan alojamientos en el destino. Incluso muchas veces traen sus propios vehículos, por lo que tan siquiera contratan transporte, ni servicios de restauración. Los organismos públicos deberían posicionarse duramente para evitar que esto siga sucediendo, porque un destino turístico no se compone sólo de alojamientos, hay muchos profesionales implicados en esta tarea: guías, restaurantes, sector primario, artesanos, transporte público,… y una larga lista. Estos guías que vienen con este tipo de empresas no conocen nuestro patrimonio. Y no hablamos sólo de Bienes de Interés Cultural o Catedrales. Se trata del componente humano, de nuestra tradición, de nuestra gastronomía, de nuestra naturaleza.

Los guías somos también asesores o consultores. No se nos olvide esto. Porque tenemos el conocimiento que aportan los años de experiencia de trabajo en el territorio, conociendo todos los rincones y empresas con las que los turoperadores y agencias pueden trabajar adecuadamente para cada experiencia que organicen. Se trata de un trabajo de asesoramiento exhaustivo y personalizado para actividad que se organice. Que los visitantes se vayan con el sabor de boca de querer repetir destino, e incluso un valor añadido para turoperadores y agencias de fidelizar clientes con experiencias únicas, innovadoras y auténticas. Hablamos de incluir todo lo que hace único a un destino, y que nadie mejor que un guía local para que nos muestre esa belleza, con el amor y pasión que sólo ellos y ellas saben poner.

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