La innovación turística en el corazón de la relación entre el viajero y el destino

La crisis sanitaria ha creado una cierta conciencia, animando a la gente a adoptar un nuevo paradigma en su estilo de vida y forma de consumo. A la industria turística, que está en proceso de reinventarse, no se le escapa una sensibilidad particular hacia la solidaridad social, el bienestar personal y las cuestiones medioambientales. Tendencias de mercado tan sutiles como precursoras, que nos llevan a pensar que la innovación turística debe centrarse en la relación entre el viajero y el destino.

El turismo se rige esencialmente por tres fuerzas interdependientes, a saber, el medio ambiente, lo social y lo humano. Una sinergia que teóricamente generaría un impacto positivo para cada uno de los componentes, que son respectivamente el destino, los lugareños y el viajero. Sin embargo, impulsado por la furia de su potencial de crecimiento, el turismo se ha promovido y valorado como un bien de consumo, situando así al viajero en el papel de consumidor y no de experimentador. Esta relación, basada en un modelo de beneficio y competencia, no se corresponde con la esencia del turismo, lo que aporta un importante desequilibrio y disfunción al sector. A lo largo de los años, hemos sido testigos de la degradación de los componentes ambientales y sociales, como consecuencia de las malas prácticas turísticas y la mala gestión de algunos territorios. El producto turístico se ha desvirtuado y perdido su sentido, generando un impacto más sutil en la dimensión humana.

La limitada innovación del turismo sostenible

Con la ambición de actuar contra esta degradación, la industria turística ha llevado en parte su innovación a través del turismo sostenible. Sin embargo, ha surgido una cierta deficiencia en la relación entre el viajero y el destino, así como los profesionales intermediarios. Esto ha creado, con el tiempo, ciertos límites a la eficacia y prosperidad del modelo sostenible.

«Un turismo que tenga plenamente en cuenta sus repercusiones económicas, sociales y medioambientales actuales y futuras, satisfaciendo las necesidades de los visitantes, los profesionales, el medio ambiente y las comunidades anfitrionas. » Definiciones de los principios del turismo sostenible de la conferencia de Lanzarote en 1995.

El turismo sostenible tiene una definición y una práctica que durante mucho tiempo ha sido poco clara para los profesionales del sector, desconocida para los turistas y opcional para los gobiernos. Así, se ha consolidado y desarrollado como un nicho de mercado cuando se ha caracterizado por un retorno consciente a sus raíces en el conjunto de la industria. Un inocente mea culpa que ha llevado a la comercialización del producto turístico sostenible sin pasar necesariamente por la fase de entender, transmitir y compartir la información para concientizar y sensibilizar a los viajeros. Esto ha llevado a una confusión recurrente entre turismo sostenible, turismo verde y ecoturismo, entre otros, que aún hoy se encuentra entre los viajeros y los profesionales.

Una brecha en la relación entre la demanda y la oferta

Por el lado de la demanda, cada vez hay más turistas que quieren ser responsables pero no saben cómo hacerlo. Los más concienciados van a buscar información por su cuenta, pero es raro que les acompañe el propio destino turístico. Se ha abierto así una brecha en la relación entre el lugar y el viajero en esta transición hacia la sostenibilidad, ya que cada uno tiene la responsabilidad de aprender y tomar conciencia de las cuestiones de desarrollo social, y protección del medio ambiente, vinculadas a su respectiva práctica turística. Sin embargo, este vacío en la relación representaría un punto estratégico en el desarrollo de la oferta territorial.

Restablecer el equilibrio en el ecosistema turístico

Problemas presentes, recíprocamente, en la oferta y la demanda, que nos llevan a pensar hoy que redefinir el lugar de la dimensión humana en el ecosistema turístico podría ser una solución innovadora. Representada por el viajero, incluyendo su papel y sus aspiraciones, esta dimensión permitiría desarrollar una dinámica eficiente junto a las dimensiones medioambiental y social, y así establecer un equilibrio próspero, resultante de la siguiente dinámica:

  • Aunque algunas buenas prácticas del turismo sostenible son universales, es importante enfocar el destino como una entidad única con sus propios sistemas de valores, pero también con sus propias capacidades y recursos en términos de actividades turísticas. Por lo tanto, es importante informar y sensibilizar al turista sobre estas características para comprender mejor, adaptarse y actuar en consecuencia.
  • La voluntad de situar al turista como parte integrante del ecosistema turístico en una perspectiva de sostenibilidad y regeneración del territorio requiere el establecimiento de una relación cuyos valores no se basen únicamente en el consumo, sino en la contribución, la cooperación y el respeto a los distintos recursos.
  • Al replantear la relación, esto supone un cambio recíproco de perspectiva: para el destino, esto significa dejar de ver al turista como un simple visitante, y para el turista, esto significa dejar de ver el destino como un simple lugar de paso y entretenimiento. Visiones renovadas para una mentalidad mejor adaptada a los nuevos retos de la industria y del mundo.

Formar e informar a los turistas para que sean actores activos, conscientes y ecoresponsables tiene más potencial y eficacia a largo plazo que limitarse a venderles un producto. Por tanto, el enfoque de la educación de adultos y jóvenes es esencial en esta innovación, y puede considerarse una inversión a largo plazo para el destino.

Una innovación turística basada en las relaciones

Dejar de ver al viajero como un consumidor implica integrarlo en la dinámica territorial y situar la experiencia en el centro de la conexión con las dimensiones ambiental, social y humana, más que a través de los productos y servicios puestos en marcha. El turismo participativo, el turismo comunitario y el agroturismo, entre otros, se han desarrollado bajo esta idea de reinventar el lugar del turista y su relación con el territorio. El reto actual es democratizar esta idea y presentarla como una visión y no como un tipo de turismo alternativo o un nicho de mercado.

A través de una innovación basada en la relación, la mentalidad y la visión de la práctica turística más que una innovación de producto y servicio, se trata ahora de establecer el modelo regenerativo como un nuevo paradigma en el sector. Se trata de una invitación a repensar la relación entre el destino y el viajero, con la idea de volver a lo esencial, reconectando a las personas con el entorno en el que están inmersas, reconectándolas con la cultura que las acoge y reconectándolas consigo mismas. Dado que el sector turístico se encuentra en una fase de introspección para reinventarse mejor, la innovación podría no encontrarse ya en los productos y servicios ofrecidos, sino desarrollarse en el corazón de la relación entre el viajero y el destino, con la idea de emprender el turismo de forma diferente y viajar de forma diferente.

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