Una invitación desde el fin del mundo

La crisis social y el daño a la imagen del país colocan al sector turístico chileno frente a su principal desafío en la historia, con cifras a la baja en cuanto a llegada de visitantes. Pero es al mismo tiempo, la oportunidad para que tomadores de decisión, emprendedores y comunidad local puedan diseñar la hoja de ruta para los destinos turísticos especializados del mañana.

Áreas silvestres protegidas, biodiversidad única, paisajes naturales y culturales sobresalientes y personas que muestran lo mejor de sus territorios para visitantes nacionales y extranjeros podría ser un buen resumen de Chile. Sin embargo, a contar del 18 de octubre de 2019, el foco noticioso mundial se encuentra relacionado con la crisis social en el que es considerado el país más seguro y estable en américa latina.

La cadena de valor del turismo nacional es una de las primeras afectadas por una razón muy sencilla de comprender; es poco atractivo llegar a un destino con problemáticas sociales, más aún cuando la pauta noticiosa mundial tiende a mostrar lo negativo con barricadas e incendios como una señal de descontento de la ciudadanía.

Revisando las cifras de los últimos años, el turismo en Chile está dando claras muestras de un estancamiento e inclusive disminución en cuanto a numero de llegadas internacionales, considerando principalmente mercados como Argentina y Brasil. No menos importante es que los ingresos no tienen absoluta relación con el numero de llegadas, es decir, no podríamos hablar de éxito de la actividad turística chilena por el solo hecho del incremento en la llegada de visitantes internacionales.

En 2010 a Chile arribaron 2,8 millones de turistas, quienes desembolsaron 1,5 billones de USD. 2017 fue el año de los records, con más de 6,4 millones de llegadas internacionales y un desembolso por su parte de 3,3 billones de USD. Era un hecho, sin embargo, que la mayor parte de ese gasto tenia relación con el denominado turismo de compras, por ende, solo bastaba una incertidumbre social y económica en Argentina, principal mercado emisor de turistas, para que esa cifra disminuyera, y así sucedió.

Ya es posible ver una primera acción de mejora; Chile, considerado principal destino de turismo aventura mundial por World Travel Awards en 2016, 2017 y 2018, no logra atraer a ese público en particular, por el contrario, dependemos de mercados regionales altamente volátiles y que ven escaso valor en nuestro país para desembolsar su dinero. Solo a modo de ejemplo, Nueva Zelanda recibió en 2018, 3,68 millones de turistas internacionales que desembolsaron más de 11 Billones de USD, producto de su especialización como destino de aventura y naturaleza.

Mas cercano y emblemático es el caso de Colombia. En 2010 recibió 2,3 millones de turistas, quienes desembolsaron 2,8 billones de USD y en 2018 recibieron 3,9 millones de visitantes internacionales con un gasto de 5,5 billones de USD, el tercero más alto en Sudamérica después de Brasil y Argentina.

Volviendo a Chile, nos encontramos en un escenario de tormenta perfecta; disminución en llegada de visitantes y su gasto, además de imagen país en entredicho. En época de crisis debemos buscar las oportunidades para, en primer lugar, posicionar al sector turístico como uno de los más importantes de la economía y así, dar la importancia que este merece.

Comencemos entonces a ordenar los territorios: las Organizaciones de Gestión de Destino Sostenible permitirán crear alianzas entre los municipios, los gremios, la academia y la comunidad local, de manera de escuchar la visión de todos los actores para avanzar en materias de gobernanza, innovación, tecnología, accesibilidad y sostenibilidad, mejorando de esta forma la experiencia tanto de habitantes como de visitantes. Un destino organizado y con una oferta atractiva de experiencias y eventos es el primer paso para el posicionamiento en los mercados.

Avancemos en la creación de Observatorios Turísticos, generando y entregando información abierta y transparente para todo aquel interesado en conocer los impactos y oportunidades que ofrece nuestro sector.

Realicemos Inventarios Patrimoniales, colocando en valor el patrimonio natural y cultural, generando de esta forma un sello e identidad territorial que hace único cada destino.

Impulsemos a que la Academia este vinculada con las necesidades del sector y de los territorios, a través del trabajo en terreno de estudiantes y académicos.

Diseñemos experiencias turísticas sostenibles, buscando aumentar la competitividad de los emprendimientos y destinos en conjunto, logrando de esta manera la creación de experiencias inmersivas en los territorios.

Y desempeñemos un papel de liderazgo ante la Emergencia Climática, midiendo y reduciendo la huella de carbono asociada a nuestro sector.

Es tiempo entonces de generar una visión a largo plazo para nuestro sector, tomando la contingencia como la oportunidad de mejora que tantos actores han expresado y así, convertir al turismo como un elemento central para construir un mejor País.

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