Objetivo: cambiar percepciones preconcebidas asociadas a destinos estigmatizados

Hace ya unos meses que me encuentro en México, ese país destrozado por la imagen de inseguridad generalizada acopiada por los grupos mediáticos. No voy a intentar cambiar esta visión, todo lo que escuches sobre México en la prensa seguro que es cierto, el país está viviendo una etapa muy complicada a nivel socio político, lo cual está impactando todas las capas de una sociedad y en un sistema económico que se desquebraja ante los ojos del mundo. Esta situación tiene consecuencias irremediables en el turismo del país, que se estanca en la burbuja de las mil y un empresas externas de la bien conocida Riviera Maya.

Sin embargo México sigue siendo un país seguro para viajar mientras uno tome precauciones normales de viaje y evite determinadas áreas. El estado es un auténtico crisol de culturas formado por sus raíces pre-hispánicas, las 53 etnias indígenas que habitan a lo largo y ancho del país y la influencia que ha regido las vidas de sus ciudadanos tras la colonización. Además es un destino calificado como mega-diverso (ya que cuenta con aproximadamente el 12% de la fauna del planeta y 34 ecosistemas inalterados), ofreciendo experiencias para cualquier tipo de motivación viajera y lo que es mejor, asequibles a nuestros bolsillos europeos.

¿Por qué os cuento todo esto? Porque a pesar del rico patrimonio descrito, el turismo en México continúa estigmatizado por la imagen internacional de mariachis y cactus mientras que se concentra en los mismos núcleos caracterizados por los catálogos de viaje como ‘seguros’. Y claro, ¿para qué correr el riesgo si tienes todo lo que necesitas (menos la pura esencia del propio país) dentro de tu resort todo-incluido? Se trata de una pregunta que divaga por mi mente varias horas al día, cómo poder cambiar la percepción generalizada de que México no es un país para explorar, para viajar solo, sin un rumbo planificado y sin miedo. Mi conclusión no es muy complicada, el cambio debe venir desde la cúspide de la pirámide de la gestión de destinos, desde la comunicación.

Y aquí es donde debemos ser listos y operar bajo los principios del marketing del turismo sostenible, para llegar no sólo a los viajeros potenciales, sino también para interactuar con nuestros clientes, proveedores y otras organizaciones que trabajan para lograr nuestro mismo fin. Para esto no hay otra forma que contar historias, todas las historias que encuentres por tu camino, creando contenido que logre emocionar, que consiga que el lector viaje con la mente a descubrir esos lugares, a ser participe desde su sillón a millones km de distancia, de las legendas mayas que nos cuentan paseando por la selva o de los cuentos que nos relatan con pasión mientras nos sentimos diminutos observando la vía láctea en una noche sin luna – y sin ninguna luz artificial a la redonda.

Creo firmemente que únicamente de esta manera lograremos ampliar la imagen de México, y de otros destinos que sufren la misma problemática, como destino de sol y playa e inseguro más allá de los confines de nuestro hotel. No obstante este objetivo debe servir para crear conexiones significativas entre todos los agentes implicados en crear experiencias de viaje en el país. Debemos fomentar sinergias entre agencias locales, tour operadores y empresas de alojamiento para que sobretodo involucren al turista ya que va a ser el/ella el que cambie esta percepción de la forma más simple y asequible, de boca en boca y con sus propias historias de viaje.

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Ángela Rodríguez

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