Mapulahual: Un destino donde se conjugan la conservación de la biodiversidad, gobernanza y desarrollo local

Autor: Leo Prieto.

Recuerdo perfecto la primera vez que estuve ahí. Después de casi tres horas de camino en su mayoría de tierra, llegué directo a Manquemapu, una comunidad ubicada en la costa de la Comuna de Purranque, X Región de Los Lagos en Chile. También una de las 6 comunidades de Mapulahual, un territorio conservado por comunidades indígenas y locales. Conmovida aún por el cruce de la Cordillera de la Costa que a esa latitud alberga uno de los bosques de alerce (Fitzroya cupressoides) más septentrionales de Chile, bajé de la camioneta para disfrutar del último mirador antes de llegar.

Unas cuantas casas con sus chimeneas humeantes a los pies del monte, un río y un bote amarillo listo para ser abordado. La selva Valdiviana con sus olivillos, canelos y melies, los alerces centenarios bien erguidos en la montaña y las olas furiosas del Pacífico. Parece que estoy frente a una arpillera (1) viva, de esas que una conoció cuando niña en los 80, cuando esa técnica eran una forma de sostener la memoria, de denunciar injusticias pero también de retratar la identidad de los diferentes rincones de este país.

Pero ¿qué significa un territorio conservado por comunidades indígenas o locales?

Autor: Leo Prieto.

En Chile cerca del 20% del territorio está bajo alguna categoría de conservación (Parque Nacional, Reserva Nacional, Monumento Natural, entre muchas otras). A pesar de esto, hay pocos modelos de gobernanza local y la mayoría de las áreas protegidas están gestionadas por instituciones como la Corporación Nacional Forestal y Bienes Nacionales. 

¿Qué pasa entonces con la autonomía de los pueblos para tomar decisiones sobre su territorio? En general los pueblos pre colombinos tenían y tienen un fuerte vínculo con la tierra y la naturaleza, ese vínculo puede ser emocional, económico, social, político o todas las anteriores juntas. Algunos pueblos encuentran en la naturaleza a sus dioses y diosas, otros son muy conscientes de que necesitan a la naturaleza en buen estado de salud y armonía para sobrevivir, y otros necesitan de la tierra para trabajarla. 

Gobernanza y conservación local quiere decir que los territorios son gestionados por las comunidades que históricamente han vivido en ellos, sean indígenas o no, con el fin de ser conservados y protegidos para mantener su biodiversidad y el equilibrio natural que permite la vida en ellos. Estos territorios que cuentan con esta forma de administración son reconocidos en el mundo como Territorios de Conservación Indígena y Local, TICCAS o ICCAS (por sus siglas en español e inglés respectivamente).

¿Qué otras características tienen estas áreas? 

Camila Ahumada Cáceres nos cuenta sobre Mapulahual, un Territorio de Conservación Indígena habitado por 6 comunidades en el sur de Chile.
Autor: Leo Prieto.

Son territorios que ya están muy bien conservados porque las comunidades que ahí habitan tienen una relación de cuidado y respeto hacia la tierra, la admiran y pueden sentir el equilibrio que en ella existe y valorar la importancia de las relaciones entre especies. La biodiversidad presente en sus territorios ha forjado su cultura y su identidad, por lo tanto esa tierra es el fundamento de su propia historia. 

Mapulahual es una de las primeras ICCAS de Chile, su nombre hace alusión a los bosques de Alerce que ahí crecen (Tierra de Alerces), los últimos grandes bosques de Alerce del mundo. En su interior habitan 6 comunidades que están conectadas por un largo sendero de Norte a Sur y por el mar. No hay camino vehicular que las una, sin embargo, la conexión en pro de la conservación es evidente.

Una de las formas de complementar los ingresos en este proyecto de conservación es el desarrollo del turismo comunitario. Algunas familias de la ICCA se han organizado para ofrecer servicios de alojamiento, gastronomía, guiado y excursiones, y transporte.  Uno de los objetivos de su propuesta de turismo, además de promover la conservación de la biodiversidad,  es mostrar a visitantes y turistas las características del territorio y aumentar los ingresos de las familias a través de la repartición justa y equitativa de los recursos que esta actividad genera, es decir que mientras algunas familias de la comunidad están a cargo de las excursiones, otras alojan y deleitan viajeros con su gastronomía local y otras gestionan el transporte terrestre y marítimo, dependiendo de las comunidades que se visiten. 

En Manquemapu puedes hacer solo algunas cosas de manera independiente y sin duda la mejor opción es contratar los servicios de la comunidad. Esto fortalece la gobernanza local, aporta a un mejor cuidado de la biodiversidad, y permite que la información nos llegue directo de quienes viven en el lugar, transformando  el turismo comunitario en una poderosa herramienta educativa.

¿Algunas alternativas que ofrece la comunidad?

Autor: Leo Prieto.

Navegar las aguas del Pacífico para avistar pingüinos de Humboldt, de Magallanes y lobos marinos en San Pedro (una de las comunidades del territorio), aprender de pesca y recolección de mariscos con Julo César, hacer senderismo de diferentes niveles de dificultad con la Tati, aprender a cocinar unas poderosas empanadas de cochayuyo (2) con la señora María, andar en bote por el río con Víctor Hugo, conocer cómo se fabrican las tejuelas de alerce con Javier, comer pancito amasado con la señora Erti, dormir reponedoras siestas frente al mar en la casa de Eli, entre otras cosas.

Estos fueron los primeros días de muchos en este lugar que sigue nutriendo mis sentidos de historias, sonidos, sabores y aromas. Aquí fácilmente puedo percibirme parte de la tierra sana donde todo es perfecto porque todo tiene una razón de ser y estar. Me siento un elemento más de la arpillera. 

Si te interesa conocer más de Mapulahual, no dudes en escribirme para ponerte en contacto con la comunidad o escribir directamente al link que te dejo aquí!


(1) La arpillera es una técnica de bordado que fue utilizada por mujeres familiares de detenidos y detenidas durante la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet en Chile. Este tipo de bordado fue una forma de plasmar los dolores, injusticias y horrores de aquella época. El uso de esta técnica convirtió a aquellas mujeres en historiadoras populares al visibilizar aquellos hechos. Hoy en día, la arpillera sigue siendo usada como una herramienta de denuncia pero también para registrar escenas cotidianas. Fue también una técnica usada en el trabajo artístico de Violeta Parra durante los años 60.

(2) El Cochayuyo (Durvillaea antarctica) es un alga comestible de gran tamaño que crece en las costas de Chile y es muy utilizada en la gastronomía popular.

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Reflexiones de una guía en viaje con su bebé

Pablo, nuestro anfitrión en Llingua, nos muestra las islas del lado Oriente del Archipiélago de Chiloé desde un mirador. Autor: Leo Prieto. 

Trabajo como guía de turismo hace muchos años. Lo he hecho como guía de viajes de estudio, como guía bilingüe y como guía de educación al aire libre. Antes de quedar embarazada hace algo más de dos años, trabajaba guiando y coordinando grupos de viajeros extranjeros. 

Guiar es un trabajo muy bonito cuando viajas con gente que tiene intereses parecidos a los tuyos. Como parte del equipo de Travolution Travel, creo en el turismo comunitario como una herramienta para la regeneración de comunidades y territorios, y los viajeros que guío, son aquellos interesados en las comunidades locales, en turismo rural y en conocer lugares diferentes a los que las campañas generalmente publicitan.

Trabajar como guía de viajes “comunitarios” ha cambiado mi forma de pensar y ha colaborado en el largo proceso de deconstrucción de paradigmas occidentales con los que cargo; me ha permitido conocer lugares alucinantes de Chile y ahora vivir la experiencia de guiar con mi hijo en la espalda.

La llegada de mi hijo Gael

Hice mi último gran viaje como guía cuando tenía 6 meses de embarazo. La Asociación Francesa Culture Contact, que cada año nos envía grupos de viajeros, me dijo que para ellos no era un problema que estuviera embarazada y entonces partí con mi “guata” (palabra en Mapuzungun usada en Chile para referirnos a panza, barriga, vientre, en este caso útero). Fue un viaje hermoso en el que los viajeros terminaron apodando Marco Polo a mi “wawa” (palabra Aymara usada en Chile para referirnos a los bebés), que en ese entonces no tenía nombre aún, divertidos e impresionados por la cantidad de movimiento que implicaba ese viaje y la cantidad de transportes que esto significaba para mí: 3 semanas de aviones, barcos, botes, buses y camionetas.

Es compatible ser guía de viajes y tener un hijo pequeño
Grupo de viajeros en la embarcación de Norma Rivera y Pablo Manzani, nuestros anfitriones en Isla Llingua. Autor: Leo Prieto

Nada impidió que hiciera mi trabajo, algunas veces tuve que caminar más lento, sin embargo, el turismo sustentable debe ser así, respetar los tiempos y ritmos naturales de los territorios y la gente, incluida una guía gestante. 

Después del nacimiento de Gael, decidí parar de guiar hasta que fuera más grande, los viajes generalmente son de 2 o 3 semanas y dejarlo sin madre esa cantidad de tiempo no me parecía una buena idea.

Mi experiencia como guía turística y mamá

En noviembre del 2019, justo dos años después de mi última travesía y en medio de la revuelta social, apareció un viaje de último minuto al sur de Chile. Encontrar una guía tan encima de la fecha era imposible. Les propuse a mis compañeros viajar coordinando pero solamente si podía ir con mi familia, es decir con mi pareja y mi hijo, propuesta que podía ser muy arriesgada, pero que sin problema aceptaron. 

Entre aviones y buses, lluvias y llantos, curantos y leche, tuvimos una experiencia de viaje agotadora, entretenida, diferente y especial. Con un grupo de viajeros excepcionales confirmamos lo genuinos que son los encuentros interculturales cuando estamos abiertos a este tipo de desafíos. Como familia compartimos con nuestros compañeros anfitriones de diferentes comunidades de Chile y también con viajeros abiertos de mente y espíritu que supieron valorar la riqueza de tener un encuentro real con diversas dimensiones de este país.

Viajeros compartiendo el almuerzo con la familia y amigos de la comunidad
Curanto en Isla Llingua. Luego de participar en la elaboración, compartimos el almuerzo con la familia y amigos de la comunidad. Autor: Leo Prieto.

Tener esta posibilidad de trabajar y viajar en familia, es sin duda triplicar el trabajo. Puede que para muchos suene a vacaciones pero no lo es, todo lo contrario. Trabajar a cargo de otros es trabajar 24/7, una tremenda presión para quien está a la cabeza, sumado a estar a cargo de tu familia, de un niño de menos de dos años que solo quiere estar con su mamá, y además hablar dos lenguas al mismo tiempo, es como hacer corto circuito. 

Aún así, como dice Mark Twain “Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas” y eso es justamente lo que me impulsa a viajar con mi hijo a pesar de estar trabajando, la certeza absoluta de estar llenando su pequeño corazón de encuentros con personas, animales y ecosistemas que sin duda estarán aportando positivamente en la construcción de su ser.

¿Es compatible ser guía de viajes y tener un hijo pequeño?

Hoy día, ser guía y coordinadora de viajes no es compatible con la maternidad, y me atrevo a decir que nunca lo ha sido. Estas pequeñas experiencias pueden y deben impulsarnos a abrir caminos hacia mejores condiciones laborales y de vida para las mujeres trabajadoras del turismo que en muchas ocasiones deben pasar varios días fuera de casa.

Viajeras observando el mapa de Mapulahual, área protegida donde se ubica Manquemapu.
Viajeras observando el mapa de Mapulahual, área protegida donde se ubica Manquemapu. Autor: Leo Prieto.

Agradezco a quienes trabajan conmigo por estar siempre abiertos a los desafíos, a permanecer con los ojos, el corazón y la disposición abiertos a nuevas formas de hacer las cosas, a mis viajeros Cyrille, Daniel, Francoise y Marie Paule por aventurarse a viajar de una manera diferente y a mi compañero con el que co criamos y quien documentó esta vivencia. Vivir esta experiencia nos permitirá sin duda aportar en la construcción de una nueva forma de hacer turismo, una que aporte también a soñar nuevos paradigmas donde primen las sociedades biodiversas, ecológicas, justas y empáticas.

A quienes dudan de viajar con sus hijos, por favor que este relato no les espante, sino todo lo contrario, les entusiasme a buscar un destino (hay tantos!), armar mochila o maleta y partir. La exploración del mundo de manera multisensorial, las diversas formas de vida y la experiencia de la vida comunitaria, sobre todo para quienes vivimos en la ciudad, es lo que necesitan nuestros niños y niñas para crecer libres, sanos y curiosos!

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Conversado con Graciela Cheuquepan de Rukas, decires y machos

Llegamos a su casa un poco antes de la 1:30. Graciela nos había invitado a almorzar pero antes quería mostrarnos la ruka. Hacía años la había visitado ahí mismo, cuando yo no sabía nada de rukas, ni de ceremonias, ni de catutos (esas masitas alargadas blancas de harina de trigo), ni de cómo se vivía la cosmovisión Mapuche en una gran ciudad como Santiago de Chile; cuando no me imaginaba cómo se podía ser mapuche en medio del cemento, la contaminación y la sequía.

Aquella había sido mi primera vez en una ruka, la primera de tantas que vinieron después. Recuerdo ese día haber sentido que Graciela tenía cosas importantes que decir y yo quería que me contara esas cosas, pero aquella vez la visité en el contexto de una celebración y no hubo tiempo para conversar. Hoy, años después volví a tenerla al frente para que me dijera aquello que yo creía que tenía para contar.

La anfitriona Mapuche

No alcancé a tocar el timbre cuando Graciela nos vio desde lejos y gritó “¡Hola!”. Los rayos del sol de invierno abrigaban y desde la calle podía verse el patio lleno de arbustos, algunas plantas medicinales y unas gallinas; en segundo plano la Ruka y en la entrada una bandera negra, símbolo de la lucha de su estigmatizado pueblo. Al fondo, la silueta de Graciela envuelta en el traje tradicional Mapuche: falda negra, blusa floreada, pañuelo de colores amarrado cerca de la nuca y un gran collar de plata adornaba su pecho. A paso firme caminó hacia la puerta donde nos abrazamos. Nos abrió la reja y tímidamente entramos a lo que ella llama orgullosa “el corazón de La Pintana”, la comuna al sur de Santiago donde vive.

La Ruka es una construcción de madera, con techo de paja y piso de tierra que siempre debe mirar al oriente para saludar al primer rayo de sol cada mañana. Todas las rukas tienen la misma estructura, al menos todas las rukas tradicionales. El interior es un gran espacio iluminado por un fogón al centro, alrededor del cual se ha tejido la historia y la cosmovisión de la Gente de la Tierra. La colorida mesa nos dice que hay celebración, y es que para los Mapuche las visitas son motivo de alegría. Sopaipillas, catutos, pebre y ensaladas son la antesala del plato principal, una cazuela de pavo con locro, plato típico de Lautaro, la tierra de la familia Cheuquepan.

Ruka
La Ruka de Graciela. Autor: Leo Prieto.

Los machos Mapuche

Le pido a Graciela que me cuente un poco más sobre las acciones de su organización social, sé que ella es guardiana de su patrimonio y que siempre está gestando algo nuevo para su comunidad. Entusiasmada y con evidente orgullo relata que están trabajando en salud intercultural, específicamente en la prevención del VIH y con el programa de indígena de gobierno. Hacen charlas sobre el VIH, sobre todo a los que ella nombra como “los hermanos Mapuche”. Dice que no ha sido fácil y que sobre todo los hombres adultos mayores son reacios a conversar de estos temas, que en los inicios de esta labor en el año 2000 los hombres le decían que era imposible que tuvieran VIH si ellos eran de sangre Mapuche “fortachona”.

Graciela Cheuquepan anfitriona mapuche
Graciela Cheuquepan, nuestra anfitriona. Autor: Leo Prieto.

Rápida e inevitablemente pienso en que el estereotipo de macho valiente fortachón ha permeado tantas sociedades y culturas.

Graciela comenzó este camino después de haber conocido a un vecino Mapuche portador del virus. Me cuenta que le vio sufrir mucha discriminación y eso mismo la hizo cuestionarse sobre la ignorancia que en esa época había sobre la enfermedad. Con la idea de ayudar a su vecino e informarse, organizaron un taller de prevención de transmisión sexual con la Universidad Católica. Bajo ese mismo techo de paja y con el peso de las creencias tradicionales sobre sus hombros, lograron hacer un taller para mujeres y otro para hombres. 

Al primero, recuerda que llegaron muchas hermanas Mapuche de todas las edades, hasta la Papay, la mujer más antigua de la comunidad, sin embargo, al de los hombres solamente asistieron unos pocos. Graciela se ríe y añade “Cuando están así juntos son buenos para pelar a las mujeres, pero en cosas así, que tienen que hablar de su sexo son muy cerrados y nosotras no; las mujeres somos más abiertas, estamos más acostumbradas. Imagínese con el doctor cuando tenemos wawa, una se entrega nomás, una ya ha mostrado todo ya! Acá desde el más chiquitito conoce el condón y también la Papay, la más viejita. Somos muy abiertos. Acá nadie se aflige”, reímos mucho juntas y yo rápida e inevitablemente pienso en lo mucho que Graciela tiene para decir.

Ruka
Conversaciones alrededor del fuego. Autor: Leo Prieto.

“Nos preguntan por qué nosotros como Mapuche hacemos esto, y es porque tuvimos hermanos que murieron por sida. Una vez hicimos un encuentro con hermanos de varias comunidades, vinieron de varias partes del sur y decían: pero cómo nosotros que somos machos machos a la antigua, ponerse un condón es como ponerse un calcetín! Esa vez estuvimos dos días, y cuando se fueron les entregamos cajas de condones para que ellos le hablaran a su comunidad. Yo no sé si lo habrán hecho o los usó todos el caballero”, ríe Graciela.

Terminadas las risas es hora de partir, compartir este almuerzo ha sido de alguna manera como detener el tiempo que tan rápido pasa en la ciudad o quizás alargarlo y no darnos cuenta. Es la magia del fuego que una vez más nos invita a seguir tejiendo nuestra red de relaciones.

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