La gestión del turismo debe basarse en evidencias, no sentimientos o modas

En un mundo donde aumentan las voces que reclaman el “decrecimiento turístico” o que las personas viajen menos en avión, las empresas turísticas deben mantener la cabeza fría pero sin eludir sus responsabilidades sociales y medioambientales. “Si se hacen las cosas bien, se irá generando una mejor complicidad con la sociedad”, dice la experta Maria Abellanet, CEO del centro universitario CETT.

Las previsiones de la OMT apuntan a que llegaremos a los 1.800 millones de llegadas internacionales hacia 2030. En 2018 ya se alcanzaron los 1.400 millones, dos años antes de lo previsto ¿Cómo cree que el crecimiento del turismo a nivel global afectará a los destinos en la década 2020-2030?

La tendencia al alza del turismo en los próximos años tiene una afectación directa en el mercado global ya que no habrá ninguna región turística, según la OMT, que presente variaciones negativas desde un punto de vista de crecimiento cuantitativo. Por tipologías, se espera que el turismo urbano será el que experimentará un crecimiento más significativo respecto a otros entornos.

Se ha referido al turismo simplemente como “movimiento de personas”. ¿Quizá en el siglo XXI convendrá reformular el concepto clásico de turismo?

O podemos ampliar ese concepto, porque al final lo que acaba colapsando los lugares es: mucha gente en el mismo lugar y en el mismo momento. Lo que pasa es que si hilas fino encontrás muchos más matices de dónde procede la gente, por qué van a esos lugares, etc. Por ejemplo, hay miles de personas que van a estudiar a otro país, o que se desplazan para visitar amigos repartidos por todo el mundo, etc, eso también es turismo. O quizá en el futuro nos moveremos menos por temas de sostenibilidad, pero creo que no será así .

Hablando de sostenibilidad, las posturas más radicales dicen que sería necesario ir hacia el decrecimiento turístico en ciudades como Barcelona, que usted conoce bien ¿qué opina? ¿qué pros y contras ve?

Contras, todos. Tampoco digo crecimiento. Lo que digo es repensar y gestionar. Y si hablamos de Barcelona, no separaría la gestión del turismo de la gestión de la ciudad, que es un todo que integra movilidad, sostenibilidad, espacios, seguridad, vivienda… Todo ello afecta al turismo.

Pero también surgen otros movimientos, como la vergüenza a volar.¿Cree que estas tendencias sociales podrían llevar a un crecimiento en las llegadas de turistas por debajo de las previsiones de la OMT ?

Creo que en ese caso se produciría un cambio en el origen de las personas que visitan un lugar determinado. Si por ejemplo alguien decide no ir a París para no coger el avión, quizá viajará a los Pirineos en un coche eléctrico. Pero lo que no va a pararse es el deseo de la gente de vivir experiencias con otras personas, en la naturaleza, con otras culturas… Eso no lo podremos evitar porque es inherente en las personas. Aún así no creo que dejemos de volar en avión, creo que se desarrollarán tecnologías en la aviación que no contaminen tanto. Y en todo caso, tampoco se puede atribuir toda la contaminación del planeta al turismo. El turismo debe contribuir sin lugar a dudas a contaminar menos. Pero en la reciente Cumbre del Clima en Madrid apenas se han alcanzando acuerdos y grandes potencias ni han acudido y seguirán contaminando. Por tanto, lo que diría es menos hipocresía con todo esto.

Es decir…

Busquemos una gestión integral sostenible en un sentido amplio. Modifiquemos las medidas con las que se evalúan los impactos del turismo. Incorporemos estos tipos de temas socioeconómicos ambientales. Pero no seamos drásticos porque eso no nos llevará a buen puerto.

Ante estos nuevos retos ¿Qué objetivos prioritarios deberían perseguirse?

Más allá de la lectura de un crecimiento global, en los próximos años tomarán fuerza nuevos valores y factores a la hora de viajar. En este sentido, los destinos deben plantear escenarios distintos a los que hoy se presentan. Tendrán que adaptarse, principalmente, a la figura de un turista cada vez más exigente, más sensible y atento a los detalles relativos a su experiencia y a la utilización responsable de recursos en el marco de su viaje. En este sentido, se trata de un turista que da importancia al consumo de productos locales, consecuente con la huella ecológica que deja, y tecnológicamente preparado en todas las etapas del viaje.

Pero ese turista más respetuoso y tecnológico del que usted habla, me temo que no está suficientemente cuantificado ni estudiado a fondo…¿Sabemos realmente si existe?

Lo que sí sabemos es que se están produciendo cambios sociales que hacen que las personas evolucionen y deseen en general otro tipo de experiencias. Efectivamente faltan más estudios en profundidad de este tipo de nuevos perfiles de viajeros. Y también faltan datos de impactos que no sean solo el volumen de ingresos, el gasto medio, o el número de pernoctaciones.

¿Las empresas turísticas deben tener un papel más activo para ser más responsables con su propio destino?

Sin lugar a dudas. Creo que la responsabilidad es compartida por todos los actores que participamos en el turismo. También de los propios turistas. Pero las empresas no pueden eludir esa responsabilidad. Si se hacen las cosas bien, si se hacen mejor, se irá generando una mejor complicidad con la sociedad, una mejor comunicación. Por tanto creo que deben explicarse relatos reales, con ejemplos prácticos del territorio y con resultados tangibles.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Hosteltur: La gestión del turismo debe basarse en evidencias, no sentimientos o modas.

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