El Evento: la diversión en un formato sostenible

La palabra evento proviene etimológicamente del latín eventus, e-venir. En este sentido, el significado de movimiento y transformación está implícito. En consecuencia, organizar eventos se convierte en crear relaciones, comunicar, relacionar cosas, ideas y personas.

En primera instancia, surge el poder del evento para crear redes y relaciones; por otro lado, sin embargo, el evento se convierte en un modo de expresión de una cultura o identidad. Cambiando de forma a lo largo del tiempo, el evento se ha convertido en un producto cultural, que debe responder a las necesidades de los consumidores contemporáneos ofreciendo estímulos originales y despertando, a través de momentos de agregación, el sentido de pertenencia a un grupo social.

El rol de los eventos 

El profesor J. R. Brent Ritchie, en 1984 acuñó la definición de un evento importante:

Un evento importante, organizado una o más veces, de duración limitada, que sirve para aumentar la conciencia, la imagen y la economía de un destino turístico a corto y / o largo plazo.

Él hablaba principalmente de eventos deportivos, como los Juegos Olímpicos. Se puede comprender que los eventos de este tipo tienen un alcance que va más allá del tema del evento en sí.

Por lo tanto, un gran evento, para definirse como tal, debe tener un valor económico, social y cultural, cuyos efectos continuen durante mucho tiempo.

Para agregar otra definición, la palabra legacy identifica los efectos que tiene un evento antes de su inicio y después de su conclusión. Este término indica la “herencia” y, de hecho, consiste en todo lo que deja un evento a nivel territorial, infraestructural y de identidad cultural.

Los beneficios de un evento

Los festivales y eventos de música en vivo, por ejemplo, generan un gran multiplicador gracias a los gastos que realizan los turistas en los lugares donde se desarrolla la actividad cultural. Los gastos en que incurren los espectadores también pueden ser significativos e incluyen el alojamiento, el consumo de comida, gastos culturales relacionados o no con el evento, compras de productos locales, etc.

Los eventos culturales y de entretenimiento estimulan la economía y generan riqueza en la zona, en la práctica, son un motor de consumo y crecimiento.

Otro concepto relacionado con eventos importantes: su alcance está tan extendido e intersectado con varios factores, que es muy difícil estudiar su extensión y efectos, ya sean positivos o negativos, en el territorio.

Un evento involucra múltiples actores diferentes. Basta pensar en la administración pública y los operadores privados. Dos mundos que trabajan con diferentes metodologías persiguiendo objetivos opuestos. El evento toma la forma de una unión de productos y servicios para ser coordinados y administrados por diferentes sujetos, que deben establecerse como un sistema. Además, el límite de tiempo no facilita las cosas porque todo debe estar bien organizado. De lo contrario, puede convertirse en una falla total.

Impactos de los eventos en el turismo:

Los beneficios vinculados a un evento importante en términos de marketing territorial son:

1) Generar ingresos

2) Incrementar la ocupación hotelera

3) Promocionar la ciudad

A todo esto también se podría agregar la promoción de eventos futuros en la misma localidad, del mismo alcance que el evento actual o en relación con un área diferente.

Sin embargo, no hay que evaluar solo el aspecto económico. Organizar eventos cada vez más grandes permite al territorio mejorar sus infraestructuras, que serán utilizadas durante todo el año más por los residentes que por los turistas. Además del aspecto material, existe el aspecto inmaterial que se refiere a la percepción que los turistas potenciales tienen del destino turístico. Muchas veces conectamos el nombre de un destino sobre todo con su evento más importante: Festival de Woodstock, La Semana Santa de Sevilla, Edinburgh Festival, Nashville, Arena de Verona, etc…

Todos estos factores determinan la imagen general del destino, que de una forma u otra llegará a los ojos del potencial turista. El resultado más inmediato es que el destino sea elegido como un lugar para pasar sus vacaciones. 

«El interés histórico en los eventos está, sin duda, impulsado por el perfil de los principales acontecimientos culturales, religiosos y deportivos que están sujetos a una mayor mercantilización y, en consecuencia, a la creciente cobertura de los medios. Los destinos, tanto los grandes como los pequeños, apoyan y mercantilizan los eventos como un elemento central en sus programas de desarrollo económico, de mejora de la comunidad y de marketing turístico… Así que los eventos están siendo cada vez más importantes en muchos países y, sin duda, requieren conceptualización, desarrollo, comercialización, puesta en funcionamiento y, por supuesto, una buena administración.» 

Baum y otros (2013) 

Cada evento puede ser ecológico, sostenible y responsable

Los eventos a menudo se caracterizan por dejar una huella ambiental significativa, pero pueden, por el contrario, convertirse en una oportunidad de responsabilidad y acción ambiental, así como áreas de comunicación y posicionamiento verde para quien los organiza.

De hecho, cada evento puede ser “verde”, ya que está diseñado y gestionado minimizando su huella ambiental, convirtiéndose así en una oportunidad para involucrar a los interesados en la atención y los compromisos socio-ambientales del propio evento.

Cada evento puede ser ecológico y sostenible si “se concibe, planifica e implementa de manera que se minimice el impacto negativo en el medio ambiente y deje una herencia positiva a la comunidad anfitriona” (definición de evento sostenible de United Nations Environment Programme – UNEP 2009).

¿Por qué crear eventos “Green” y ecológicos?

Las razones son muchas, y todas vinculadas a la puesta en valor del evento y sus mensajes también en clave sostenible. De hecho, los eventos ecológicos permiten:

  • Reducir la huella ambiental y la huella de carbono del evento, incluso hasta casi a cero.
  • Reducir los gastos gracias a un uso racional de la energía y los productos.
  • Mejorar el territorio que alberga el evento, mediante el uso de productos locales “km cero”.
  • Involucrar a los participantes y las partes interesadas en las opciones sostenibles.
  • Comunicar la responsabilidad medioambiental de los organizadores.
  • Posicionar la marca en “clave verde”, acreditándose como sujetos responsables.
  • Promover actividades verdes (como la forestación compensatoria), quizás incluso en el área local donde se lleva a cabo el evento.

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Sara Folegani
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