Plástico: el problema de escala planetaria que no se digiere

Un amigo me contaba que hace unos años viajó a la isla de Bali (Indonesia) con el objetivo de fotografiar manta rayas. Los catálogos turísticos y guías de viaje prometían aguas cristalinas y playas exóticas donde poder nadar con estos enigmáticos animales en libertad, y pues ahí se lanzó mi amigo. No obstante, las imágenes que tomó hablan por si solas, y aunque si encontró las manta rayas y pudo fotografiarlas, el plástico pronto se convirtió en el protagonista de su portafolio.

Esta experiencia no es tan impactante cuando realizas tan solo una investigación superficial sobre este problema de escala planetaria. Existen informes que admiten que Indonesia es el segundo país que emite mayor cantidad de desechos plásticos del mundo. La capital del archipiélago, Yakarta, es hogar de 13,2 millones de personas y genera más de 35,000 m³ de basura al día, de los cuales casi el 80% es plástico. Gran parte de este desperdicio nunca llega a vertedero, sino que termina en ríos y fluye al mar.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) identifica varias causas detrás de esta catástrofe ambiental global. Entre éstas se encuentra: una infraestructura terrestre obsoleta e insuficiente para hacer frente a la gran cantidad de desechos producidos diariamente, prácticas inapropiadas de desechos de residuos del sector marítimo y una falta general de conciencia entre todos los stakeholders, incluido el propio ciudadano.

La basura marina es sin duda uno de los mayores problemas ambientales del siglo XXI, y es un problema que está empeorando. Una encuesta llevada a cabo en el Reino Unido mostraba que los desechos marinos en las costas del país aumentaron un 34% entre 2014 y 2015. Teniendo en cuenta que el Reino Unido tiene una infraestructura de gestión de residuos desarrollada y que el reciclaje está relativamente extendido esta estadística es alarmante, y preocupante.

Swimming in plastic
Nadando en océanos de plástico. Crédito: Nick Pumphrey

La Tierra no puede digerir la cantidad y la velocidad a la que se está produciendo y desechando el plástico hoy en día. Si esto sigue así, los científicos han estimado que para el 2050 habrá en los océanos más plástico que peces. Hablamos de un escenario de poco más de 30 años. El PNUMA tiene razón en identificar la falta de conciencia de todos los stakeholders, ya que la gran mayoría de la sociedad permanece felizmente inconsciente de la magnitud del impacto que su consumo y estilo de vida está generando en el ecosistema planetario.

Afortunadamente, hay organizaciones que están alzando la voz ante esta invasión plástica y tomando medidas. Por ejemplo Surfers Against Sewage, entidad creada en Cornualles (Reino Unido) en la década de los 1990, ha desarrollaron una estrategia clara para reducir los desechos marinos en un 50% para 2020 en las costas del país. En los Estados Unidos, 5Gyres está liderando el activismo de la contaminación plástica, creando campañas educativas para capacitar a las comunidades de todo el mundo y tomar medidas al respecto. Y en Australia, la organización Take 3 no deja de innovar con la comunicación implementando campañas específicas para fomentar la idea de recoger 3 residuos cada vez que se visite una playa del mundo.

Debido a la magnitud y escala del problema, es normal sentirse impotente ante este tsunami de plástico que amenaza nuestros ecosistemas y medios de vida. Sin embargo, la naturaleza y las causas del problema sugieren que existe un camino claro – y necesario – hacia la mejora. Por su efecto transversal y capacidad para generar un cambio no solo en el sector, sino también en el propio turista, la industria del turismo debería esforzarse por abordar el problema desde la base. Primero, trabajando en estrecha colaboración con organizaciones que se esfuerzan por aumentar la conciencia pública sobre los impactos de los desechos marinos. Segundo, implicando a las comunidades locales para ayudar a resolver las limitaciones a las que se enfrentan y minimizar la cantidad de desechos que llegan al mar.

¡Es hora de actuar!

Agradezco a Nick Pumphrey, fotógrafo y embajador de take 3, por darme permiso a utilizar algunas de sus fotografías que me han inspirado para escribir este artículo.  Visita su página web para conocer su trabajo.

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Ángela Rodríguez

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