Solidaridad y Turismo en el Lago Titicaca

La Asociación de Turismo Rural Solidario –ASTURS PERÚ-, trabaja desde hace casi diez años con la misión de apoyar el desarrollo sostenible de 13 comunidades rurales en la región de Puno. De esta forma, la gestión comunitaria ha logrado exponer la cara oculta del turismo… la más justa y responsable.

El lago navegable más alto del mundo es fuente y  testigo de una riqueza histórico-cultural incalculable, no solo para el continente americano, sino también para todo el mundo. Ocuparía demasiados párrafos si me dedicara solo a narrar los relevantes acontecimientos que han tenido lugar en las inmediaciones del Titicaca y que han marcado un antes y un después en la historia americana. El austríaco Arthur Posnansky desarrolló una teoría que concluye en esta misma región como la cuna del hombre americano, eso resume mucho.

En la actualidad, esa –nuestra- historia se ve reflejada en la riqueza cultural y la organización de las comunidades que rodean el lago. Estas dos variables, principalmente, han permitido un gran desarrollo del turismo rural comunitario. Al principio mirado de reojo y con desconfianza, pero ahora ya se consolida como una actividad económica complementaria. En gran parte, gracias a la labor de ASTURS PERÚ.

Walther Pancca –presidente-  inició el trabajo de esta red en el año 2010, con la idea de promover el turismo solidario en Puno y fortalecer a las comunidades. Hoy en día ASTURS beneficia a un total de 174 personas por medio de pequeñas asociaciones de Capachica, Amantaní, Taquile y Uros Titino.

Balbino y Francisca, Comunidad Paramis, Puno.

La Asociación funciona como un nexo coordinador, sin fines lucro, entre las comunidades y organizaciones o agencias internacionales interesadas en desarrollar proyectos de cooperación. Así, ASTURS, por un lado, brinda asistencia técnica a las comunidades en distintas áreas de turismo, a la vez que busca financiamiento para emprendimientos comunitarios. Además, desde la oficina de ASTURS se llevan a cabo capacitaciones, se coordinan excursiones, se toman reservas, se organizan eventos y se desarrollan proyectos que benefician directamente a residentes locales.

Caminatas, talleres de artesanías, kayak, pesca artesanal, cabalgatas, paseos en bote a remo, ciclismo, participación en ceremonias místicas, gastronomía andina, observación de estrellas y alojamiento en las mismas comunidades son algunos de los servicios a los que el turista puede acceder. Todo con la máxima de cuidar el medio ambiente y revalorizar la cultura tradicional. Cultura milenaria de origen Puquina, predecesora de las culturas Pukará, Tiwanaku, Aymara, Kolla e Inka.

Para Walther el turismo solidario es “preocuparse y trabajar por las personas que menos tienen y estén gustosas de emprender un turismo justo y sostenible”. Para la Real Academia Española, solidaridad es “adhesión incondicional a la causa o empresa de otros”.  Yo conocí el trabajo de ASTURS y comprobé que nada de lo anterior forma parte de aguas utópicas. Efectivamente, solidaridad y turismo pueden navegar juntos y sin hundirse. De hecho, así lo hacen a 3812 metros sobre el nivel del mar.

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