Conocimiento, planificación y consenso, lo que necesitamos en Baleares

No sé cuántos años llevamos empezando la temporada turística, en Baleares, el 1 de mayo. Al menos, oficialmente. Pero cada verano parece que la temporada llega sin avisar y que a las administraciones, desde los ayuntamientos al Govern, les ha pillado por sorpresa. Diría que durante el invierno, los responsables de Turismo se olvidan de que el turismo existe, a no ser por su asistencia a las ferias, donde se hacen fotos y comen ensaimada.

¿Se sabía o no que esta temporada turística sería de campeonato? Sí, se sabía, porque estando como está la parte sur y oriental del Mediterráneo, si hubiesen leído un poco y hecho los deberes durante el invierno, habrían sabido lo que iba a pasar. ¿Hubieran podido articular alguna medida para evitar masificaciones y abusos y no colaborar al síndrome anti turístico? Difícilmente, porque esas medidas no pueden ser fruto de una comida de viernes. Mientras no se pongan en serio a trabajar en ello, planificando, con cifras en la mano, viendo qué están haciendo en otros destinos con problemáticas similares, buscando gente con talento y conocimientos que pueda darles la clave de las posibles soluciones, esforzándose por conseguir el consenso…, mientras no hagan todo esto y mucho más nuestros representantes políticos, en Baleares viviremos veranos como el presente, con sus pros y sus contras.

También habría que dejar fuera de la ecuación toda esa demagogia de uno y otro bando: planificar no es malo ni siempre significa empobrecerse, restar, no crecer; y por otro lado, deberíamos irnos mentalizando de que TODOS vivimos del turismo… ¿o se creen algunos funcionarios que su sueldo no sale de la actividad económica que se genera?

Esta semana el consejero de Turismo, Biel Barceló, anunciaba que El Govern balear planea reducir plazas de alojamiento turístico. Claro, como suele suceder con estos anuncios, no decía cómo piensa hacerlo. El anuncio se hace antes de tener una ligera idea de cómo hacer frente a este problema, cosa que claramente ha de hacerse. Las plazas hoteleras están limitadas desde hace mucho, el boom ha provenido de las plazas generadas por las viviendas vacacionales. ¿Cómo piensa el Govern reducir el número de plazas que se han puesto en el mercado este año? El mismo consejero nos da la respuesta: «… ha apuntado la dificultad de regular el alquiler vacacional, en especial porque «no está muy claro» cómo determinar que las plataformas en las que se promociona sean consideradas turísticas». Parece que por mucho titular que busquen, ni saben cómo hacerlo ni está claro que pueda hacerse de hoy para el verano que viene. Está empezando a ocurrir lo mismo que con la ecotasa: los titulares y el anuncio de intenciones antes de tener idea de cómo hacer lo que quieren hacer. Pero así es la política hoy en día, una declaración de intenciones permanente que raras veces se materializa, y si lo hace, el resultado final se parece poco a los primeros anuncios emitidos.

En lo que sí pienso que tiene razón Barceló es en que ir hacia un turismo sostenible requiere la implicación de todos los actores, y no puede hacerse «de un día para el otro», sobre todo si no se trabajan las vías de diálogo y consenso con los actores, precisamente. Porque el único resultado posible de intentar hacerlo a la brava o en solitario, es que cuando vuelva a cambiar el color político del Govern, esos intentos por mejorar el modelo se queden en saco roto. Y por otro lado, también tiene razón en que la temporada turística, ni esta ni ninguna, no puede ser medida por la cantidad de visitantes, sino que esa valoración debe incluir la creación de puestos de trabajo y la calidad de los mismos, entre otros factores que tienen que ver tanto con la rentabilidad social como económica.

Leía esta semana una entrevista en Sa Veu a Ivan Murray, doctor en Geografía y profesor asociado del departamento de Ciencias de la Tierra de la UIB, e investigador en sostenibilidad y territorio. Tiene razón al afirmar que lo peor que está pasando -porque la masificación ya se produjo en los 70, proporcionalmente-, es el enrarecimiento del clima social y de la opinión hacia el turismo. La sensación de invasión ha sido real este verano para muchos residentes de las Islas, y aunque no ha sido mi caso, juro que jamás había visto en Menorca un atasco de 8 kms como el que viví el miércoles entre Ferreries y Ciutadella. Lo peor que está pasando, y lo que tiene más difícil reversión, es ese sentimiento de turismofobia que la pasividad de la Administración está ayudando a fomentar con su falta de capacidad para planificar, prever y actuar. Porque todo lo demás es reversible si se toman las medidas adecuadas.

El Govern balear ha estado muy ocupado en implantar el llamado impuesto del turismo sostenible, aunque coloquialmente todo el mundo lo sigue llamando ecotasa. Bien… ¿con qué cifras reales de lo que el turismo significa en las Islas cuenta el Govern? Tenemos la cifra de pasajeros nacionales e internacionales que pasan por los aeropuertos y los puertos… pero, ¿cuánta agua consumimos en verano? ¿cuánta contaminación hemos generado? ¿cuánta basura? ¿cuánto cuesta gestionar esa basura? ¿cuál ha sido la rentabilidad social de la temporada? ¿y la empresarial? ¿cuánta inversión en infraestructura representa toda esa cantidad de gente alojada y moviéndose por las Islas? Hay un coste económico y un coste social que también debe cuantificarse… ¿lo estamos haciendo? Ivan Murray decía en la referida entrevista que habrá que establecer un número máximo de turistas… la solución es discutible ética y prácticamente, y no hace falta que plantee aquí los interrogantes que genera, por obvios. Ni el consejero Barceló tiene claro que eso deba y pueda hacerse, sino todo lo contrario. Pero también es obvio que las islas son territorios limitados en recursos de todo tipo, como recuerda Murray y tiene claro Barceló, y que no podemos estar sometidos a merced de imprevistos, modas o necesidades de destinos refugio. Prever y planificar es labor fundamental de las administraciones, pero nadie lo ha hecho en mucho tiempo: el cortoplacismo de llegar sin heridas graves a las próximas elecciones les puede.

refugees-welcome-e1461340476366

Respecto a la capacidad de carga de un destino, y de si en Mallorca cabe o no alguien más este verano, recomiendo la lectura del artículo de mi compañero Xavier Canalis: ¡No cabe nadie más! ¿Cerramos Mallorca al turismo? Entre otras cosas interesantes, explica que Biel Barceló ha asegurado que el archipiélago no está en situación de «colapso» pero ha admitido que «la temporada de verano no da para más» en las islas. Ver también Mallorca al límite: GOB reclama moratoria y decrecimiento turístico. Bien, al menos el año que viene el consejero no podrá alegar desconocimiento. Esperemos que, además, tenga clara la necesidad de pensar, buscar respuestas y hacer algo al respecto, si es posible, con menos titulares y más esfuerzos por consensuar.

Este verano da para muchas tertulias… podríamos hablar de cómo el boom no se refleja para nada en la situación laboral de muchos trabajadores del sector; incluso podríamos hablar de si boom de visitantes equivale, efectivamente, a más ingresos y mejor rentabilidad para las empresas. Basta hablar con cualquier dependiente de tiendas de zapatos, ropa, joyerías, etc., para que te diga que sí que hay mucha, muchísima gente, pero que gastan muy poco. Nunca había habido tantos vuelos a tantos mercados nuevos… pero claro, eso no quiere decir, necesariamente, que quien viaja a las Islas lo haga con la cartera llena de billetes de 200 euros. El turismo es un fenómeno muy complejo y transversal, y como ocurre en las telas de araña, cualquier pequeña vibración en un punto repercute en todo el sistema. Por eso es importante que los políticos sean alumnos aplicados y estudien, que pregunten a quienes saben, que se interesen por lo que ocurre en el mundo, en otros destinos con problemáticas similares… ellos solos no van a resolver nada, no harán nada de provecho para nadie. Que dejen de mirarse el ombligo y busquen ayuda entre quienes se la pueden dar, que abran un tiempo de reflexión y recogida de datos, que los estudien y analicen, que vean opciones, que tengan claro lo que quieren hacer y lo planifiquen sin visiones sesgadas o cortas de miras. Que cuenten de veras con la sociedad y con el sector, que es muy amplio y sabe mucho. Porque para un destino el turismo tiene sentido si aporta beneficios a todos, beneficios económicos y sociales. Si solo aporta beneficios económicos, algo importante está fallando. Y si encima ni está claro que aporte beneficios económicos a casi todos, peor aun.

¿A qué estamos esperando?

Este artículo de opinión fue publicado originalmente en Hosteltur: Conocimiento, planificación y consenso, lo que necesitamos en Baleares. Es reproducido aquí con el permiso de la autora.

Save

 168 visitas

Comentarios

Deja un comentario


* Campos obligatorios.

Newsletter

Recibe nuestro boletín con las últimas noticias en turismo y sostenibilidad.