Avistamiento de fauna en su hábitat natural, ¿lo estamos haciendo bien?

Una de las estrategias turísticas que actualmente está en auge en el medio rural/natural es la observación de fauna. Este tipo de modalidad turística, busca por una parte atraer un turismo de calidad, principalmente extranjero con un alto nivel adquisitivo, y que generalmente viaja fuera de la temporada alta.  Y por otra, busca también promover diferentes destinos rurales menos conocidos con índices de ocupación relativamente bajos durante todo el año.  

En España, no solo no se están regulando este tipo de actividades, sino que tampoco se cuenta con la población local para su desarrollo. Es decir, no hay restricciones en el número de personas, ni lista de lugares donde está permitido o no ponerlo en práctica (por su cercanía o sensibilidad hacia el espacio/especie). Además, existe una brecha en el sistema que regula esta actividad ya que cualquier empresa de turismo activo, de cualquier parte del mundo, puede operar en el destino sin siquiera contar con guías locales.

Cabe resaltar que varias empresas y asociaciones han desarrollado  manuales de buenas prácticas (decálogos y otros documentos del turista responsable para el avistamiento de fauna). Sin embargo hasta la fecha no existe una normativa firme al aspecto. Esto ni va acorde con los valores del Turismo Sostenible, ni promueve la conservación de la biodiversidad, ni tan siquiera existe un diálogo con la población local en ver cómo llegar a un acuerdo para llevar a cabo este tipo de actividades. Este último caso puede llegar a suponer graves problemas, como por ejemplo el traspaso de propiedad que sufren algunos propietarios cuando empresas privadas o turistas invaden sus terreros ilegalmente en busca de las especies que han venido a ver.

Este tipo de actividades, ocasionalmente, llevan aparejadas una dudosa ética profesional y de respeto a la biodiversidad. Para facilitar la observación de la fauna se instalan cebaderos, conocidos como hides, en los que se añaden complementos alimenticios que hacen que las especies se acerquen, y así puedan los turistas fotografiar a los animales.

La naturaleza no debería ser un zoo. Los turistas en teoría llegan atraídos por visitar el hábitat de una especie en cuestión, a la que esperan y desean ver en estado de libertad, no a una mascota que es alimentada a determinadas horas del día. Esto no es ético ni responsable, ni tampoco favorece la conservación. Si mañana esa empresa desaparece, por los motivos que sean, no habrá ninguna persona que “alimente” a esas especies, tras un largo período de tiempo acostumbrándoles a nuestros aperitivos. No es entendible que una empresa de observación de fauna se le permita alimentar de manera artificial a una especie concreta para favorecer su observación, y a un ganadero, no se le permita dejan los cadáveres en el monte, cuando, de manera natural, pueden favorecer la conservación de numerosas especies de aves.

Las actividades de observación de fauna no deberían estar enfocadas a fotografiar, únicamente, una determinada especie, sino que deberían fomentar la conservación, cuidado y respeto, no solo de la biodiversidad, sino de todo el entorno. La Educación Ambiental junto con la Interpretación del Patrimonio son dos herramientas básicas y fundamentales que todas las empresas de este sector deberían conocer para concienciar a los visitantes de la importancia de mantener los espacios naturales/rurales en perfecto estado de conservación. Los productos turísticos cada vez más ofertados y promocionados en España se están desarrollando en torno a especies en peligro de extinción. La prioridad debería ser garantizar la supervivencia de la especie, y para ello el objetivo fundamental debería ser regular este tipo de actividades.

En el sector turístico siempre se habla de cifras, y el número de visitantes es uno de los datos que más importan, evidentemente, porque generalmente se traduce en beneficios. Sin embargo, cuando hablamos del avistamiento de animales, el número de visitantes debería definitivamente limitarse y controlarse.

La naturaleza no es ningún zoo, y, en contra de lo que muchos llegan a decir, en turismo no todo vale.

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