El Delta del Ebro: un milenario pacto de paz y armonía entre tierra y agua amenazado por el hombre

El Delta del Ebro es la región del río Ebro localizada al suroeste de la provincia de Tarragona en Cataluña, España. Está situada sobre el mar Mediterráneo, y es el punto más septentrional del golfo de Valencia. Con una superficie de 7700 hectáreas, el delta del Ebro es la zona húmeda más grande de Cataluña y una de las más importantes de Europa occidental detrás del parque regional de la Camarga en Francia y del Parque Nacional de Doñana en el sur de España.

Patrimonio de la Humanidad

Ya el solo hecho de que sea parte del Patrimonio de la Humanidad, indica la singularidad y la maravilla natural del lugar. Aquí, tierra y mar se encuentran en una intersección de aguas saladas, salobres y dulces, tierras y arenas, pantanos y estanques, lagunas e increíbles extensiones de aguas sumergidas, arrozales y estrechos pasillos para cruzar y visitar estos espacios infinitos respetando su fauna y flora. Además, hasta ahora, la actividad humana en el Delta del Ebro ha sido verdaderamente el huésped insertado con cautela y diligencia en su hábitat natural.

Afortunadamente, además del reconocimiento de la Unesco, el parque del Ebro también forma parte de figuras protegidas, como:

  • Parque Natural:  espacio natural con características biológicas o paisajísticas especiales en el que se pretende garantizar su protección.
  • Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA): una categoría de área protegida catalogada por los estados miembros de la Unión Europea como «zonas naturales de singular relevancia para la conservación de la avifauna amenazada de extinción».
  • Zonas Especiales de Conservación (ZEC): áreas de gran interés medioambiental para la conservación de la diversidad, las cuales han sido designadas por los estados miembros de la Unión Europea para integrarse dentro de la Red Natura 2000.

Reconocido, por tanto, que esta particularidad naturalista debe ser protegida y tutelada, hay un problema mayor que va más allá de los límites de la protección humana: una vez más la crisis climática está dañando gravemente todo el ecosistema del parque del Ebro.

A continuación, presentamos algunas de las consecuencias, visibles e invisibles, inmediatas y de largo plazo, que la crisis climática está ocasionando en toda la zona mediterránea.

¿Erosión natural del delta o crisis climática?

Actualmente, instalaciones de grandes presas hidroeléctricas en el cauce del río Ebro han frenado el crecimiento del Delta. La erosión marina es mayor a los sedimentos depositados por el río, contribuyendo así a la desaparición de muchos metros de tierra y favoreciendo el retroceso del Delta.

A estos problemas habría que añadir el hundimiento de la zona del delta, la intrusión salina, la introducción de especies foráneas, la problemática de nuevos trasvases, la disminución del caudal del río Ebro, los contaminantes acumulados en el pantano de Flix, la presencia en especies invasoras como el cangrejo azul, etc…

Si admitimos que la crisis climática tiene un origen antrópico, debemos aceptar que sus consecuencias también. No podemos asistir a la desaparición del Delta del Ebro atribuyéndolo a una “causa natural”, una especie de darwinismo geográfico. El sistema dinámico de la plataforma deltaica ha sido alterado por la acción del ser humano, por lo que no es de recibo atribuir su retroceso a la dinámica natural. Por ello, hay que poner en marcha un plan de acción urgente que garantice la recuperación de los aportes y frene la desaparición del Delta.

Arroz, mejillones, ostras y almejas

Recordemos que, además de su valioso patrimonio natural, el Delta acoge también una intensa actividad económica entre la que destaca la producción agrícola con más de 150.000 toneladas anuales de arroz (el arroz del Delta del Ebro es un producto DOP -Denominación de Origen Protegida – y un 65% de la superficie del Delta del Ebro se dedica al cultivo del arroz), una floreciente acuicultura de la ostra y el mejillón, y está experimentando un importante auge del turismo de naturaleza, gastronomía y ocio activo.

La subida del nivel del mar pone en una situación de vulnerabilidad al Delta del Ebro debido a la poca elevación del terreno, al hundimiento natural y a la disminución de la entrada de sedimentos. El incremento del nivel del mar induce a la inundación costera y a la salinización del suelo. El aumento de la concentración de sal del suelo afecta directamente a la producción de arroz, provocando pérdidas cada vez mayores en las cosechas.

Por otro lado, el fondo de la Bahía del Fangar está cubierto de praderías de algas que convierten este ecosistema en un lugar muy fértil y en el origen de su gran diversidad biológica. Estas aguas son ricas en nutrientes y alimentan la gran concentración de algas planctónicas, base de la cadena trófica tanto de la Bahía del Fangar como de Alfacs. Estas condiciones son inmejorables para el cultivo de los reputados mejillones, así como de las apreciadas ostras rizadas y de las almejas.

La falta de sedimentos que llegan del río frena el crecimiento del mejillón, un hecho que se agrava con una primavera de lluvias y temperaturas suaves. A esta preocupación se suman los daños que provocan en el sector los depredadores, tanto los habituales, como las doradas y los sardos, o como el cangrejo azul, que consigue cortar y atravesar las redes de protección de los viveros y comerse los mejillones y las ostras, y la muerte de las crías cuando las temperaturas se disparan en verano.

La arena y los sedimentos del río hace años que provocan tapones en la bocana de las bahías. El agua no se renueva «como toca» y el problema, a diferencia de otros países, no se soluciona. Con la bocana colapsada, la temperatura del agua aumenta más, mueren algunas crías y se genera «un efecto dominó» que acaba matándolas todas. El Delta es ya una reivindicación histórica, y Miguel Carles, presidente de la federación de productores del Delta, FEPROMODEL, insiste en la necesidad de crear elementos como son los trabucadores. «Aquí tenemos la peor gestión de un delta, comparado incluso con África», ha sentenciado.

Quiero agradecer especialmente a Mercè Mariano Geira, mi guía personal en el Delta y principal fuente de inspiración y noticias.

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Guía para la elaboración de planes locales de adaptación al cambio climático

La adaptación, el frente de respuesta complementario a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, persigue moderar los daños por efecto del cambio climático, o aprovechar sus oportunidades.

El nivel local en España tiene responsabilidades de planificación y gestión en numerosos ámbitos que son sensibles al clima y, por tanto, vulnerables al cambio climático. Por otro lado, más del 75 % de la población española vive en el medio urbano, que afronta problemas específicos y locales derivados de los impactos del cambio climático. El metabolismo urbano, entendido como los flujos de energía y los ciclos de materia que circulan y alimentan a las ciudades y territorios donde se asientan, se ve específicamente afectado por los efectos del cambio climático, que ocasionan impactos en múltiples áreas, servicios y sectores, donde la planificación y gestión por parte de las Administraciones locales pueden aportar soluciones que minimizan su vulnerabilidad.

Esta Guía para la elaboración de Planes Locales de Adaptación al Cambio Climático es una importante contribución para el progreso en: la integración de la adaptación en la planificación y gestión y el incremento de la resiliencia de los sistemas, sectores, recursos y ámbitos geográficos vulnerables al cambio climático en España.

Este artículo está extraído de la Guía para la elaboración de planes locales de adaptación al cambio climático, realizada en el marco del proyecto PLACC+BIODIVERSIDAD y publicada en el 2015. Puedes acceder de forma gratuita en este enlace.

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