Travelers with Cause, otra forma de viajar es posible

La estudiante y emprendedora mexicana Roberta Elizondo es la fundadora de Travelers with Cause, una empresa que busca transformar la industria del turismo y que actualmente ofrece viajes que contribuyen al desarrollo sostenible en más de 30 países. Su objetivo principal es eliminar las barreras sociales y fomentar una nueva generación de viajeros conscientes y empáticos.

Los miembros de TWC organizan viajes con causa a distintas comunidades en más de 30 países, para realizar proyectos sociales sustentados en la identificación de necesidades de la mano de los locales, y lo más importante: en el conocimiento, empatía y respeto por las diferentes culturas y entornos sociales.

Apoyados en la idea de que viajar es la universidad de la vida y que esto nos ayuda a expandir nuestro panorama y contexto social, la empresa conecta a personas de todo el mundo para que participen en el desarrollo de los proyectos sociales que TWC planean con sus aliados, que son líderes locales y ONG con las que emprenden iniciativas para construir y desarrollar proyectos de equidad de género, desarrollo infantil, conservación de animales, conservación del medio ambiente, salud y construcción y vivienda.

Traveles With Cause manejan proyectos por destino a México, Centro y Sudamérica, además de África y Asia. En el caso de México, algunos de los proyectos que impulsan son: proyectos de construcción de vivienda en Sonora o Oaxaca; proyectos de desarrollo social en Chiapas y la Sierra Tarahumara, y proyectos de conservación marina en la Riviera Maya.


Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por America Retail: “Travelers with Cause, otra forma de viajar es posible”.  

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El viaje para llegar a la esencia de la vida

Estamos en una era de cambios en la que debemos aceptar y acoger el cambio como una gran oportunidad para renovarnos, reprogramar nuevas estrategias, nuevos paradigmas, nuevas creencias y al mismo tiempo volver a nosotros mismos. En las últimas décadas, la sociedad moderna nos ha envuelto en un remolino de innovaciones ultra-tecnológicas y consumistas que nos ha tragado en el ojo de una tormenta, abusando de demasiada modernidad para de-responsabilizarnos de todo: desde los roles sociales que jugamos como padres, hijos, maestros, colegas, empresarios ciudadanos, etc., hasta nuestras mismas acciones. Hemos permitido que este ciclón moderno se hiciera cargo de nuestras vidas y se fuera de las manos, como un Frankstein que se rebela contra quien lo creó, llegando a hacer más daño que beneficio. Propongo que a través del viaje, volvamos a la esencia de la vida.

Un cambio de paradigma

La nueva estructura social se cuestiona cada vez más debido a que el delicado equilibrio entre el hombre y la naturaleza se está debilitando y muchos aspectos del viejo paradigma ya no son válidos en una sociedad cada vez más enferma, destruida, cansada, infeliz y completamente desconectada de sí misma.

Además, si vemos que surgen nuevos mercados que cada vez se perfilan más con el desarrollo personal y espiritual, el coaching, el crecimiento evolutivo, las disciplinas holísticas, los retiros espirituales, la nutrición consciente y los mercados hortofrutícolas de km 0, significa que cada vez hay más demanda y necesidad de volver a la calma, a la naturaleza, a nuestra verdadera esencia, que parece haber quedado como nuestra única brújula que nos guía en un mar cada vez más exasperado y corrupto.

El viaje para el bien-estar

Junto a todas estas terapias holísticas en fuerte crecimiento y todas orientadas a volver a una calidad de vida más sencilla y a sustituir el concepto de “bien tener” por el nuevo paradigma de “bien estar”, yo asocio el viaje. El viaje es la terapia hacia el bienestar por excelencia.

En el viaje encontramos todos los desafíos e ingredientes que nos permiten estar absolutamente en contacto y en estrecha conexión con nosotros mismos y evolucionar como personas más responsables, con un despertar de conciencia más profundo e intrínseco. El viaje, en un sentido físico y al mismo tiempo en un sentido metafórico, aborda todos los ámbitos y aspectos de nuestra vida, ayudándonos a luchar contra nuestros peores demonios y a sacar la mejor versión de nosotros mismos. Cada vez que regresamos de un viaje, sacamos a la luz una parte de nosotros, escondida y misteriosa, un lugar desconocido, nunca conocido antes y despertado después de mucho tiempo. 

Piénsalo…

En el viaje, concebido como una aventura y experiencia lo más natural posible, no como unas vacaciones turísticas “todo incluido”, primero nos deshacemos de una cosa: una etiqueta, una máscara o múltiples máscaras que hemos construido en nuestra vida, en nuestro núcleo social dentro de nuestra comunidad: madre/padre, hija/hijo, hermana/hermano, empleada/o, vecina/o de casa, novia/o. Nos quitamos todo este armario de máscaras y en un grupo que no conocemos y en un área del mundo desconocida, simplemente somos nosotros mismos.

Es un gran redescubrimiento, es como si entráramos en un círculo privado de conocimiento, donde solo se encuentran virtudes ocultas. Sin saber a qué nos enfrentamos, nos movemos en dos direcciones al mismo tiempo: una nos muestra las maravillas, valores y problemas que normalmente ignoramos, y la otra, al mismo tiempo y más profundamente, nos muestra todas las partes de nosotros mismos que de otra manera podrían oxidarse y caer en el olvido. Porque al viajar a lugares auténticamente extranjeros, inevitablemente viajamos con estados de ánimo, mentalidades y pasajes internos secretos que de otra manera difícilmente tendríamos la oportunidad de visitar. Por tanto, viajamos en busca de nosotros mismos y al mismo tiempo del anonimato.

En el extranjero, estamos tremendamente desprovistos de casta, ocupación y estatus. La gente no puede darnos un nombre o una categoría. Precisamente así nos purificamos y nos liberamos de etiquetas innecesarias y tenemos la posibilidad de entrar en contacto con partes más esenciales de nosotros mismos (lo que explica por qué cuando estamos fuera de casa nos sentimos más vivos). Es en el extranjero que seguimos el impulso y nos entusiasmamos por todo, como cuando estamos enamorados. Vivimos sin pasado y sin futuro, al menos por un momento, y estamos a disposición de todos y abiertos a cualquier interpretación. Incluso podemos volvernos misteriosos para los demás y, a veces, para nosotros mismos. Nos desnudamos así de todos los prejuicios y volvemos a nuestra esencia, con sencillez. Y nos gusta. Es un “lujo” que muy pocos se toman la libertad de escoger.

En el viaje, durante esas horas eternas en un avión o en un autobús que recorre caminos largos y desenredados, nos permitimos otro lujo: el tiempo para pensar. Pensar y reelaborar todo lo que nos ha pasado en los últimos años y que inevitablemente nos ha alejado de nosotros mismos, nos ha alejado cada vez más de nuestro verdadero ser. Tenemos tiempo para pensar, para perdernos en los recuerdos y reencontrarnos.

Y el viaje se transforma en un espejo. Comer comidas típicas, hablar un idioma que no es el nuestro, conocer diferentes personas y rostros para reconocer, al final, entre esos mil rostros, los lineamientos de nuestra gente, el olor de nuestro país, los sabores de nuestra tierra, y apreciar más y con otra mirada, nuestras orígenes, nuestro pasado y nuestra historia, o simplemente nuestro hogar. Caminar por calles desconocidas e improvisar, entrar en contacto con diferentes culturas, tradiciones, bailes y danzas, cantos y coros, disfraces y máscaras que nunca imaginamos. Sorprenderse de lo que no es habitual, dejar en casa creencias y certezas para ver todo lo que creíamos saber bajo una luz diferente. Todo esto trastorna por completo lo que se daba por sentado, aprendemos cuanto provisorias y provincianas son las ideas que se consideraban universales: esto es la suprema libertad de viajar.

Incluso, podríamos decir que somos como palomas mensajeras. Detrás del simple hecho de salir de casa por un tiempo, hay algo más abstracto, un aporte que somos capaces de entender cuando nos damos cuenta cuánto podemos dar a los lugares que visitamos y cómo podemos convertirnos en una paloma mensajera que transporta conocimientos y que con humildad aprende conocimientos; en definitiva contribuimos a un intercambio entre las culturas.

Entonces reconoceremos cómo nuestra acción asume un papel fundamental. Llevando valores, creencias y noticias a las diferentes partes del mundo donde viajamos, nos convertimos en los únicos canales que pueden sacar a la gente de las fronteras selladas de su país. Importar y exportar sueños, deseos, recuerdos lejanos y cercanos de lugares encantados, de realidades mágicas que hacen sentir bien (bien-estar), ser transnacional en un sentido más alegre, capaz de adaptarse en todas partes, acostumbrado a ser extranjero en todas partes y obligado a re-crear nuestro propio concepto del hogar, reconociendo así que ningún lugar es verdaderamente nuestro hogar.

Y finalmente, se vuelve a casa diferente. No mejor, pero sí con la capacidad de encontrar en nosotros mismos una persona de espíritu joven y abierta, con una mente más libre y sin prejuicios, con la conciencia de que siempre tenemos que estar atentos, receptivos, no oscurecidos por el hábito de la realidad, siempre dispuestos a adaptarnos a cualquier situación para cambiar, para transformar, para evolucionar.

Así que, de algún modo, el viaje continúa

Porque al igual que las grandes historias de amor, el viaje nunca tiene un final definitivo. Porque si cada historia de amor puede parecer un viaje a un país extranjero, donde no hablas bien el idioma y no sabes a dónde vas, pero estas empujado cada vez más hacia una oscuridad tentadora, cada viaje a un país extranjero puede ser una historia de amor, donde te encuentras preguntándote quién eres y de quién te has enamorado.

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La era para una nueva conciencia del viaje

Ante el parón provocado por la pandemia somos muchos los que experimentamos unas ganas locas de volver a ver mundo, pero debemos aprender a viajar con propósito y conciencia. Estos últimos días se está hablando mucho del “efecto champán”, cuyos escenarios y consecuencias describimos en este artículo. Así mismo, el actual Director Ejecutivo de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Manuel Butler, señala que la recuperación será lenta pero, al mismo tiempo, puede haber un “tsunami de exceso de demanda”. Butler opina también que “se está construyendo un nuevo turismo que tendrá una transición bastante corta”. 

Los hechos

Personalmente estoy un poco preocupada por la reacción real del mundo después de esta pandemia. Tenemos estos hechos objetivos:

  • Esta pandemia nos obligó a quedarnos en casa y a pensar en nosotros mismos, nuestras vidas, nuestra felicidad y nuestro mundo y revalorizar nuestros principios básicos.
  • Tal vez el 90% de la población mundial está de acuerdo en que debemos cambiar de dirección (hacia nuestras Vidas y nuestra Tierra) y adoptar un comportamiento y una actitud más respetuosa, consiente y responsable.

Esta es finalmente una gran noticia y un gran despertar de la conciencia, pero hay que considerar también:

  • Detrás de este gran deseo de volver a la “vida normal”, sabemos que la vida que llevábamos antes era una buena “zona de confort” o, mejor dicho, era una cómoda (más fácil y bien engranada) zona, pero no una zona de verdadero y auténtico placer para nosotros mismos.
  • Hay un fuerte deseo de volver a viajar, más fuerte que antes, después de más de un año obligados a permanecer dentro de nuestras fronteras. ¿Pero viajar cómo? ¿Cómo antes? ¿Qué nos ha enseñado realmente esta pandemia? ¿Cuántos estamos realmente concienciados para cambiar a mejor, y no volver a la vida de antes?

Las previsiones

Butler cree que, tras la pandemia, habrá una recuperación en el sector turístico “más lenta de lo que nos gustaría”, pero que, de vez en cuando, experimentaremos el ‘efecto champán’, como cuando se descorcha una botella de esta bebida. Además, él afirma que el Covid-19 dejará una clara huella en el sector turístico, cuyos pilares ya se están erigiendo: el surgimiento de un nuevo turismo basado en la sostenibilidad y la responsabilidad social y ambiental.

Personalmente, creo que este “efecto champán” puede acarrear una consecuencia lógica de volver al turismo masivo: miles de personas viajando, precios bajos, baja calidad, etc; escenario que representaría un paso adelante y dos atrás para el turismo sostenible.

La mayoría de la gente piensa que este año ha cambiado sus pensamientos, su mentalidad, pero creo también que, cuando regresemos a nuestra vida de consumismo, lo “olvidaremos” todo y “preferiremos” actuar de la misma manera e instalarnos en nuestra zona de confort. 

En conclusión: la humanidad tiene ganas de cambiar su actitud y su comportamiento (más saludable y más respetuoso), pero muy pocos actuarán con esta coherencia.

Aquí y ahora: la oportunidad perfecta para jugar la carta del triunfo

En este momento entra en juego el mercado y su acción puede marcar una importante diferencia hacia el futuro, para ayudar a una nueva conciencia del viaje.

Sabemos muy bien cómo el mercado puede manipular e impulsar a las personas a comprar (e incluso a vivir). Podemos experimentar la increíble fuerza mental utilizada por los medios y los anuncios o la publicidad: los medios son capaces de impulsar al consumidor hacia un producto u otro.

En este preciso momento, creo que el mercado del turismo (que será uno de los primeros en ser asaltado por este fuerte deseo de volver a viajar) debería jugar bien sus cartas y empujar a las personas a conectarse más: no con algo nuevo, o con la idea de volver a la vida normal (que, en realidad, no nos satisfacía totalmente), si no con algo muy malo que nos pasó a todos y, a partir de ahí, con el deseo de volver a vivir; volver a nacer con una nueva conciencia para salvar nuestras vidas, nuestro planeta y el futuro de nuestros hijos.

No obstante, la mayoría de las veces nos encontramos con un conflicto de intereses: por un lado, necesitamos crear mercados, dinero, negocios, lujo, etc. y, por otro, tenemos la oportunidad de educar nuevos turistas y mejorar la forma de viajar. A veces parece una lucha contra los molinos de viento: la actitud de “ganar dinero”, la competencia, las grandes empresas de viajes, las empresas de cruceros, los gobiernos, etc.

La verdadera pregunta es: ¿cómo podemos combinar estas dos partes opuestas? ¿Dinero y negocios vs educación y nueva actitud? ¿Viajar vs hacer turismo? Y la siguiente pregunta es: ¿la gente tiene la seria intención de cambiar a algo mejor (vivir en una zona de placer) o prefiere quedarse en su aparente zona de confort? 

Podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para ofrecer, proponer e impulsar a las personas a redescubrir la felicidad en las pequeñas cosas y virtudes: la maravillosa sencillez de la naturaleza, la humildad, los sentimientos, el amor, la gratitud, ayudar a los demás, ayudar a la Madre Tierra, elegir la sostenibilidad, etc.

“Sólo” tenemos que ayudarlos a que abran los ojos de una actitud de “loca, artificial y destructiva carrera hacia fuera, hacia el consumismo” a la capacidad de mirarse más hacia adentro y dejar fluir los sentimientos, centrando la atención en el “aquí y ahora” y preguntar a los viajeros: “¿qué sientes aquí y ahora”? Este sería el mejor souvenir que los clientes se llevarían a casa y el mejor boca a boca para hacer negocios. 

En conclusión, hay que despertar la conciencia hacia nuestra mente, nuestras emociones más auténticas: esta es la base de la sostenibilidad.

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¿Y si dejamos mejores hijos para nuestro mundo?

“Viajar es fatal para los prejuicios, el fanatismo y la estrechez de miras, y mucha de nuestra gente lo necesita con urgencia por estos motivos. No se puede adquirir una visión amplia, sana y caritativa de los hombres y las cosas vegetando en un pequeño rincón de la tierra durante toda la vida”.

Mark Twain (1835 – 1910), escritor, humorista, aforístico y conferenciante estadounidense

Mark Twain creía que viajar abre a las personas a visiones del mundo que son casi imposibles de comprender sin una experiencia de primera mano. Y no fue lo único; Oscar Wilde (1854 – 1900) también lo pensaba firmemente: “Viajar mejora la mente maravillosamente y elimina todos los prejuicios”. Los científicos han intentado, a través de algunas investigaciones, demostrar que esta afirmación es cierta.

Todo el mundo siempre habla de dejar un mundo mejor para nuestros hijos, ¿qué tal si dejamos mejores hijos para nuestro mundo? Empecemos por tratar a nuestros hijos como personas.

Todo empezó con El Grand Tour

El Grand Tour era un largo viaje en Europa continental emprendido por los ricos de la aristocracia europea a partir del siglo XVII y que pretendía perfeccionar sus conocimientos. Tenía una duración indefinida y generalmente tenía como destino Italia.

El término turismo, y más en general el fenómeno de los viajes turísticos actuales como cultura de masas, se originó precisamente en el Grand Tour.
Durante este viaje, los jóvenes aprendían sobre la política, la cultura, el arte y las antigüedades de los países europeos. Pasaban su tiempo haciendo turismo, estudiando y comprando.

Todo esto sucedía en el lejano 1600. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero eso no significa que podamos tomar esa excelente idea como punto de partida y adaptarla a nuestros hijos de hoy, independientemente de la clase social a la que pertenezcamos.

Nuevas generaciones viajando con conciencia

Las experiencias de viaje significativas cambian vidas para mejor. Los viajes de voluntariado o de turismo comunitario, y especialmente entre los jóvenes, son particularmente “fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras”.

Uno de los aspectos más singulares de los viajes de voluntariado es que estas experiencias a menudo sacan a los viajeros de los caminos comunes. Si bien, generalmente hay docenas de compañías de viajes que operan en las principales ciudades, el voluntariado sumerge a los participantes en partes del mundo que los turistas a menudo pasan por alto. Los viajeros voluntarios pasan tiempo en comunidades más pequeñas y rurales, donde la vida diaria se ve muy diferente.

Y, mientras pasan tiempo escondidos en estas pequeñas comunidades mágicas, simultáneamente están expandiendo sus corazones y mentes para reconocer las diferentes formas en que viven las personas en nuestro planeta. El hecho de que podamos compartir el espacio y las experiencias con personas que llevan vidas tan diferentes a las que vivimos en casa, es un aspecto crudo y significativo de viajar fuera de los caminos comunes.

Lo mejor que les puede pasar

En los últimos años se ha producido un vertiginoso aumento de programas y propuestas de experiencias en el extranjero para jóvenes e incluso para adultos. Independientemente de los programas de intercambio escolar que brindan las escuelas o universidades, son tantas las posibilidades que podemos sugerir a nuestros hijos para que identifiquen su futuro camino con responsabilidad. Encontramos opciones que combinan lo útil (trabajo) con el placer (experiencia en el extranjero), en un inigualable crecimiento personal y profesional (y, en consecuencia, social).

Los aspectos positivos

  • Finalmente, se crece. Mandar los hijos al extranjero a trabajar significa empujarles a valerse por sí mismos, a espabilarse, a enfrentar todas las dificultades del momento. Así se hacen personas capaces, autónomas y independientes, a la vez que crece su autoestima y la confianza en sí mismos.
  • Ganan tiempo. La duración del viaje puede ser variable y se puede encajar perfectamente durante las vacaciones de verano, entre el final de la escuela y el hipotético inicio de la universidad, y/o extenderlo a 1 año de experiencia, sin perder tiempo.
  • Coste mínimo. Una temporada de trabajo en el extranjero no tiene costos muy elevados para la familia y los hijos aprenden el valor del esfuerzo y su gestión económica privada, aunque sea una experiencia de prácticas.
  • Experiencias bonitas. Los viajes de experiencias son los que siempre llevaremos en el corazón y ampliarán nuestra mentalidad hacia los viajes como recurso de aprendizaje y no como vacaciones turísticas. Durante los días libres o al final de la temporada laboral, el viaje para descubrir el territorio extranjero, junto con compañeros o colegas, se vuelve único y rico en valor, así como en emociones.
  • Ideas más claras. Al final de una experiencia como esta, los/as chicos/as tendrán las ideas más claras sobre lo que quieren hacer con sus vidas, por ejemplo, los estudios que quieran realizar. Escogerán con mayor certeza, seguridad, confianza y serenidad.

El mapa no es el territorio

No he considerado aspectos negativos porque lo peor que les puede pasar es una “dependencia” a la independencia. Creo que una vez redescubren la mejor versión de si mismos, ya no podrán prescindir de ella.

Una experiencia laboral en el extranjero obliga a una persona a revisar por completo sus valores, sus certezas, sus conocimientos, su mapa mental construido en 18 años de “zona de confort”. Además, le permite adentrarse en un territorio más amplio, ciertamente más desafiante, pero preferimos formar jóvenes capaces de trabajar, autónomos, independientes, seguros de sí mismos y de sus talentos. Queremos que se acostumbren a abrir sus mentes a infinitas posibilidades, opiniones, diferentes puntos de vista, de coetáneos o adultos, que rompan barreras de idioma, género, religión u orientación sexual, porque entienden que el verdadero valor radica en la diferencia de pensamiento.

Una experiencia en la que aprenden a evaluar los riesgos, las dificultades, a utilizar su inteligencia, tanto práctica como emocional, para afrontar los problemas que surgen en un país extranjero. Es mejor que los jóvenes aprendan rápidamente a usar su cerebro todavía fresco y listo para moldearlos hábilmente para un futuro mejor.

Realmente hay muchas experiencias laborales que se pueden hacer y hoy existen todos los medios para lograrlas. En una era tan interconectada como la nuestra, la ignorancia es ahora una elección, ya no es una excusa.


Algunas sugerencias para vivir una experiencia en el extranjero

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¿El turismo del mañana puede ser sustentable?

A la hora en la que se está planificando el futuro de la industria turística, en torno a los problemas e impactos de la crisis sanitaria del Covid-19, el turismo sostenible está en el centro del debate. Pero, ¿se puede hablar de sostenibilidad en el turismo cuando hay que repensar completamente su modelo?

La crisis sanitaria ha frenado el crecimiento exponencial de la industria turística en los últimos años, con más de 1.400 millones de llegadas internacionales en el mundo en 2019 según la OMT, para cerrar el ciclo. Un sector de todas las posibilidades, con una tendencia a la hipersegmentación para conquistar todo el mundo, hay para todos los gustos y todos los perfiles, lo que ha favorecido un desarrollo descontrolado. Así, la industria se ha desarrollado considerablemente en una lógica de oferta sujeta a una demanda cada vez mayor.

El turismo sostenible ya no es suficiente

El turismo sostenible se ha propuesto como solución a las problemáticas de la industria turística en paralelo a su fuerte crecimiento, desempeñando el papel de modelo de protección ambiental, económica y social.

Según la OMT, el turismo sostenible tiene tres aspectos principales:

  • Dar un uso óptimo a los recursos medioambientales, que son un elemento fundamental del desarrollo turístico, manteniendo los procesos ecológicos esenciales y ayudando a conservar los recursos naturales y la diversidad biológica.
  • Respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas, conservar sus activos culturales y arquitectónicos y sus valores tradicionales, y contribuir al entendimiento y la tolerancia intercultural.
  • Asegurar unas actividades económicas viables a largo plazo, que reporten a todos los agentes unos beneficios socioeconómicos bien distribuidos, entre los que se cuenten oportunidades de empleo estable y de obtención de ingresos y servicios sociales para las comunidades anfitrionas, y que contribuyan a la reducción de la pobreza.

Un turismo de triple impacto, basado en la sostenibilidad y el respeto a los recursos para preservar los ecosistemas, induciendo así la perennidad del modelo ya establecido. Pero en un momento en el que hay que repensar el turismo en su totalidad, ¿es suficiente o es sólo el principio de una reestructuración del sector?

En camino para la regeneración

El turismo regenerativo se presentaría entonces como una solución que actúa en la raíz del problema: cambiar la esencia misma de la industria, su concepción y su mentalidad. El turismo, tal y como lo hemos conocido, muestra un fuerte desequilibrio en el uso de los recursos, y el concepto de turismo sostenible induce al viajero a permanecer en la superficie de los problemas. Mientras que el turismo regenerativo invita al viajero a implicarse en lugar de andar con cautela. Como actor integrante y significativo del sector, se le invita a participar activamente en el círculo virtuoso que el turismo debe establecer para la prosperidad de su futuro.

¿Cómo funciona el turismo regenerativo?

Este concepto de regeneración en el turismo no aparece como un modelo fijo y replicable, sino como una nueva mentalidad en una perspectiva de desarrollo consciente de su actividad. Cada actor, desde el viajero hasta el profesional, pasando por la gobernanza y los lugareños, está invitado a participar activamente en el proceso, respetando la singularidad del territorio en cuestión. De este modo, se determina lo que hará mejor al destino en función de sus propias características, necesidades y problemáticas, excluyendo el producto turístico como bien de consumo e integrándolo como factor de regeneración de sus recursos.

Al igual que el concepto de Smart Destination, el turismo regenerativo toma en consideración a todos los actores del territorio bajo sus dimensiones políticas, económicas, sociales, tecnológicas, ambientales y culturales. Pero da un lugar nuevo y significativo al turista añadiendo la dimensión de la individualidad, representando todas las motivaciones, los valores y objetivos ligados a su actividad turística.

Trascender para reinventarse mejor

Uno cambia entonces de perspectiva entre: ¿cómo viajar con el menor daño posible? Y, ¿cómo viajar aportando un beneficio al destino? Las formas alternativas de turismo, como el turismo solidario, el turismo comunitario y el turismo participativo, entre otros, son caminos más que necesarios para explorar una forma de turismo regenerativo. Esto implica trascender los principios del desarrollo sostenible a través de la comprensión, la concienciación, la creación y la participación.

La vuelta a la normalidad ya no es posible para el sector debido al impacto de la crisis sanitaria, se trata de construir una nueva normalidad y reinventar la mentalidad del turismo. ¿Qué capacidad de innovación y management tiene un destino para aplicar este modelo? ¿De qué manera controlar el turismo para que beneficie al destino? ¿Dónde está el límite de una actividad económica sana en una política de desarrollo? ¿Cómo involucrar al turista de manera significativa en el proceso? Estas son algunas de las cuestiones que se plantean en el enfoque holístico y en la visión transformadora que representa el turismo regenerativo.

Al igual que Okanagan Valley en la Columbia Británica, la isla de Hawaii y varios países del continente asiático y latinoamericano, el turismo regenerativo lleva en sí las esperanzas optimistas del turismo del mañana.

¿Estás preparado para este cambio regenerativo del turismo y para viajar de forma diferente?


Este artículo se publicó originalmente en TOM.Travel y ha sido reproducido en Travindy con la traducción que nos ha facilitado la autora.

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