El llamado turismo oscuro, negro o de dolor (Dark Tourism, por su origen en inglés) se trata de viajar a sitios asociados con la muerte, desastres naturales, actos de violencia, tragedia y crímenes contra la humanidad. También podría incluir viajes a puntos de interés políticos peligrosos.

Si bien los datos sobre el número de personas que se embarcan en turismo oscuro no son fácilmente accesibles, hay indicios de que esta actividad se está volviendo cada vez más popular (basta con buscar en Google y ver que existen más de 1 millón de búsquedas asociadas).

Algunos estudiosos han argumentado que el turismo oscuro es similar al voyerismo: es decir, cumplir con el deseo de lo prohibido. Otros investigadores sin embargo, han encontrado poca evidencia de que la gente está interesada en la muerte per se. No obstante, el motivo más común argumenta el deseo de aprender sobre los acontecimientos pasados, una curiosidad que impulsa un interés en tales sitios.

La cuestión que surge entonces es si es ético promover visitas a, como en el caso de la reciente apertura controlada al turismo de Corea del Norte, un régimen represivo que es repetidamente citado por violaciones de derechos humanos. Esta pregunta es pertinente a todas las localidades turísticas que tienen registros cuestionables de derechos humanos, desde China a Hungría.

¿Y qué de los lugares de sufrimiento humano de los desastres como la central nuclear de Chernobyl en Ucrania, o de los regímenes fascistas que ya no existen como los campos de matanza de Phnom Penh, Camboya? ¿Están libres de restricciones éticas?

Este texto es un resumen del artículo publicado en The Conservation. Puedes leer el artículo original en este enlaceWhy tourists go to sites associated with death and suffering. 

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