El miedo: cómo influye en nuestra vida y en nuestra forma de hacer turismo

Muchas veces dejamos de hacer cosas que deseamos y que son realmente importantes para nosotros por temor a lo que pueda ocurrir. Retrasamos viajes que nunca llegan y, si llegan, nos aseguramos de tener todo lo más atadito posible; declinamos invitaciones que nos lleven a la aventura, a lo desconocido; aparcamos la libertad y nos vestimos de miedo.

El miedo como mecanismo de supervivencia

El miedo, como otras emociones presentes en el mundo animal, es un estado de ánimo ancestral. Pero solo en los seres humanos ha cambiado tanto durante su existencia milenaria, en comparación con el resto de miembros del reino animal, en los que se ha mantenido casi intacto. Fundamentalmente, porque estos últimos todavía actúan hoy como hace miles de años: por instinto. El hombre, en cambio, ha visto en su evolución, un instrumento de comercio.

El miedo es un estado mental que se asocia con la supervivencia de la especie. Es tan natural, como innato y saludable, ya que nos permite escapar de un peligro inminente o futuro, para salvaguardar nuestra persona y nuestra futura especie.

Entonces, ¿cuándo comienza a volverse dañino para la psique humana y, en consecuencia, también para nuestro cuerpo? Cuando ya no podemos gestionarlo. Cuando permitimos que se apodere de nuestras ideas y de nuestro razonamiento, y nos dejamos llevar fácilmente por la excesiva emocionalidad.

¿Cómo combatirlo?

Una de las manifestaciones más frecuentes del miedo se produce cuando nos encontramos cara a cara con lo ignoto, en cualquiera de sus formas: la oscuridad, la noche… Miedo al otro, al que no conocemos, al que no pertenece a nuestro mismo entorno social, a otras razas, a otras formas de conocimiento… Hay miles de formas diferentes, lo único que marca la diferencia es cómo somos capaces de manejar las preocupaciones, los estados de ansiedad, las fobias. Y si la raíz común del miedo es lo desconocido, la terapia casi obvia para combatirlo es el conocimiento.

Pero conocimiento no entendido como el saber concreto y académico de la historia del mundo, sino aquel que deriva de una experiencia real que nos permite usar nuestro pasado para construir un equipaje para enfrentar lo desconocido de una manera más segura en el futuro.

Cuando nos atrevemos a superar las barreras culturales manifestadas muchas veces en forma de racismo, por ejemplo, entendemos que el otro es simplemente como nosotros, con nuestros propios miedos, o quizás otros, y las mismas maneras, u quizás otras, de afrontarlos. Y justo en ese entender es cuando el miedo se disipa y le ganamos la batalla.

El miedo como instrumento de comercio

El uso del miedo como objeto de manipulación ha sido utilizado desde la antigüedad, cuando los sabios empleaban su conocimiento para influir en la mente de los pueblos en asuntos religiosos, políticos, económicos y sociales.

En la actualidad, nuestros temores se ven más bien alimentados por las sugerencias, recomendaciones y, en ocasiones, obligaciones que nos vienen impuestas desde el sistema: la compra obligatoria por ley de asientos anti-abandono para niños en automóviles; la publicidad veraniega palpitante sobre dispositivos antirrobo para el hogar; el florecimiento de seguros para todos los tipos y necesidades, y así, un largo etcétera de miedos impuestos que no son más que la fórmula perfecta para mercantilizar a partir de su existencia.

Pero, ¿cómo afectan nuestros miedos en nuestra manera de ejercer el turismo?

Nuestros miedos también afectan nuestras elecciones personales: desde el no querer salir de nuestra zona de confort, hasta elegir el turismo de masas, organizado y controlado de arriba abajo, como forma de viajar. Sin dejar, paradójicamente, ningún margen para el verdadero viaje.

Normalmente, el turismo de masas se fundamenta en el principio del miedo. Trata de todas las maneras posibles de proveer al turista de esa ansiada “tranquilidad” a través de las comodidades que lo mantengan tan cerca como sea posible de lo que conoce como forma de vida. Está todo tan bien preparado, que no queda nada al azar o a la aventura.

El hombre necesita certezas para sentirse seguro. No quiere sorpresas, tampoco inconvenientes. Quiere consuelo. Y en este caso el turismo de masas es ideal porque proporciona al turista todos los servicios indispensables que le aporten esa deseada certidumbre en todo momento: itinerarios, estadías, hoteles, gastronomía, ocio.

Otro aspecto que hace tan atractivo este tipo de turismo es la rebaja en los precios, la practicidad y una mayor accesibilidad a las vacaciones por parte de muchos, pero realmente estos factores son tan solo la consecuencia de una producción de y para masas.

Salir de la zona de confort

Por el contrario, el viaje que es concebido de una forma más alternativa y, en consecuencia, también más sostenible, deja estos patrones atrás. Pero, claro, salir de estos patrones es como salir de la zona de confort y requiere lidiar con un margen de inseguridad e incertidumbre importante. La espontaneidad es el factor diferencial, y las expectativas y sensaciones generadas pueden ser tan variadas como el número de viajeros que se atrevan a ir más allá.

Viajar significa, en ocasiones, tolerar medios de transporte lentos y polvorientos, llenos de olores, sabores y, tal vez, animales a cuestas. Comer en los mercados del pueblo, dormir en hoteles regentados por los lugareños, con ventiladores viejos o mosquiteras en las ventanas. Caminar, ensuciarse, descubrir, seguir sintiendo la adrenalina de lo incierto.

El verdadero viaje se hace cuando perdemos el miedo, cuando no tenemos el control de todo. Así que no tengáis miedo al mundo y aprended a enfrentar al mundo sin miedo.         

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Turismo de calidad versus turismo de masas: polémica servida

Durante una mesa redonda en el foro Summit Barcelona se generó un intenso debate cuando se intentó definir el concepto “turismo de calidad”.

Y es que según apuntó Enric Fernández, director Corporativo de Planificación Estratégica y Estudios de CaixaBank, “la respuesta dependerá del punto de vista: del turista o de la sociedad que acoge el visitante”.

En este sentido, puso un ejemplo hipotético extremo:

“Un turista puede valorar con un 9,8 una borrachera de fin de semana en un viaje de fin de semana, pero desde el punto de vista del destino puede que no sea así”

Y puestos a pedir ¿Cuál sería el turista ideal con un gasto diario de 200 euros por ejemplo? “Aquel que viniera de cerca para disminuir su huella de carbono, que no concentrase su estancia donde van todos, que tuviera potencial de repetir, y que viniera en un mes valle”.

Ahora bien, concluyó, “Masas y calidad están reñidos, porque sacrificas atractivo. El turismo masificado significa que dañas más que lo que aporta el número de turistas”.

En cambio, Ricard Santomà, Decano de la Facultad de Turismo y Dirección Hotelera de Sant Ignasi, manifestó su rechazo a emplear el concepto “turismo de calidad”, que definió como “un título trampa. Nunca me ha gustado”, indicó.

“La gente suele asociar el turismo de calidad con el turista que gasta más y para mí esto es un error”

“Un turista que gasta más no es ni mejor ni peor que otro que gasta menos”, remarcó Santomà. Por ejemplo, recordó, la preocupación por el medio ambiente es algo que no depende del poder adquisitivo del viajero.

Ricard Santomà también hizo referencia a la capacidad de carga, un concepto escurridizo cuando se habla de masificación turística. “Se suele calcular poco y mal. Podemos conocer la capacidad de carga de ciertas zonas… ¿Pero de una ciudad entera?”

Si en algo fueron coincidiendo los ponentes es que la definición de turismo de calidad dependerà de “a quién le preguntes”, según apuntó Carlos Díez de la Lastra, CEO, Les Roches Marbella.

“Probablemente, el 80% de las empresas y el sector público dirán que el turismo de calidad es el que más gasta. Pero si preguntas al ciudadano que está conviviendo con los turistas, la cosa cambia”.

“Los vecinos perciben que, por mucho dinero que dejen los turistas, a ellos no les compensa, porque estropea su calidad de vida. ¿Cómo compensas a esa población?

Otro vector a tener en cuenta para establecer cuándo nos encontramos ante el llamado “turismo de calidad” es si la actividad turística interactúa con otros sectores económicos, por ejemplo el tecnológico, científico, etc. Así lo apuntó Conrad Llorens, fundador de la firma consultora Summa.

“No se trata solo del poder adquisitivo. El turismo de calidad sería aquel que aporta valor a la ciudad de una manera global. Que no solo cree valor en el ámbito turístico, sino en la interacción con otros sectores”

¿Y qué pasa con el turismo de masas y el turismo de calidad, son compatibles? “Hoy el verdadero lujo es la exclusividad. Un poco reñidos si que están ambos conceptos, pero seguro que hay manera de vehicular ambas cosas. Si tienes cierta masificación y el turismo va a seguir creciendo… algo tienes que hacer”.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Hosteltur: Turismo de calidad versus turismo de masas: polémica servida”.

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La UIB colaborará con el Govern para fundamentar un modelo turístico sostenible

Dos proyectos de investigación analizarán los factores que provocan problemas de saturación turística y los indicadores que inciden en la sostenibilidad del modelo turístico.

El proyecto «Estudio de destinos maduros en el turismo de masas: comparación histórica y propuestas de acción», dirigido por el profesor Carles Manera, cogerá las Islas Baleares como laboratorio esencial de trabajo y tendrá en cuenta el área mediterránea como principal base, identificará y analizará aquellas regiones que hayan conocido procesos de saturación en el turismo de masas y los factores comunes de las causas de estas saturaciones demográficas, espaciales, ecológicas. El resultado consistirá en aportar las políticas turísticas que, si ha procedido, se han impulsado en estas regiones con problemas de saturación turística, y compararlas con las desplegadas en Baleares para proponer, sobre bases de rigor científico y de contraste geográfico y económico, medidas específicas a desarrollar.

El segundo proyecto, «Propuesta completa de indicadores de sostenibilidad del turismo en las Islas Baleares», dirigido por el profesor Ivan Murray, estudiará la viabilidad de la aplicación de los indicadores europeos de sosteniblidad turística al contexto de las Islas Baleares, y a partir de aquí se elaborarán los indicadores clave de los cuales haya información disponible.

Lee el artículo completo de economiademallorca.com: La UIB busca la ‘fórmula mágica’ del turismo sostenible en Baleares

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Ámsterdam en riesgo de morir de ¿éxito?

Ámsterdam, una ciudad de unos 800.000 habitantes, verá incrementados sus 17 millones de turistas anuales a 30 millones en 2025. Comparable en cierto modo a los 57.000 habitantes de Venecia, que reciben cada año a unos 22 millones de turistas (Hosteltur, septiembre 2014); o a la ciudad de Barcelona, con una población de unos 1,6 millones, que recibió en 2015 casi 9 millones de turistas (BarcelonaTurisme).

El partido socialdemócrata, en la oposición, del ayuntamiento de Ámsterdam ha llamado a reducir el turismo. Y quieren empezar controlando el alquiler privado de pisos como hoteles temporales. Actualmente los vecinos pueden alquilarlos durante 60 días al año. Los socialdemócratas piden que sean solo 30 y vigilar bien los acuerdos ilegales.

Exitosos documentales como “El síndrome de Venecia” o “Bye bye Barcelona” muestran los impactos de la presión turística sobre los destinos.

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Accede al artículo de El País: Lo que pide Ámsterdam: no nos visiten tanto por favor

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