“Marte en la Tierra”, el proyecto de turismo sostenible europeo situado en Río Tinto

El parque minero de Río Tinto en Huelva (España) es “Marte en la Tierra“: una experiencia de turismo científico y educativo que los escolares conocen bien. Algunos de ellos visitan esta estación de Marte por segunda vez, otros han recibido la visita de curiosos astronautas en sus aulas. 

Esta actividad forma parte del proyecto europeoValuetur, que promueve las zonas protegidas de alto valor natural, cultural e histórico en España y Portugal.

Uno de los factores que se pone de relieve es la semejanza mineralógica y paisajística con el planeta rojo; lo que lo convierte en un lugar ideal para aprender. 

Así lo afirma Marina Santamaría, profesora de este grupo de alumnos del colegio Virgen del Rosario: “Es cuando realmente ves que se produce el aprendizaje, cuando comparan una realidad con lo que trabajan en clase”.

Además del componente científico, “Marte en la Tierra”fomenta el desarrollo de la economía local asociando a los restauradores de la zona a este proyecto de turismo sostenible. En Casa Idolina ofrecen un menú marciano: carrilleras de Río Tinto, croquetas de roca marciana, vieiras marcianas y una tarta de queso y nubes verdes.

Antonio Alberto Estévez, chef y cofundador del restaurante, cuenta uno de sus postres estrella de temática marciana: “Cuando se corte saldrá como un líquido pastel que será gris, que es como el sobrante del cobre que se vuelve de ese color”.

Río Tinto

El Río Tinto recibe su nombre de su profundo y característico tinte rojizo. Este surge gracias a un proceso llamado “meteorización”, que consiste en un proceso en el que los minerales, al entrar en contacto con la biosfera, la hidrosfera o la atmósfera, se degradan o se fragmentan.

El agua del Río Tinto está repleto de minerales como hierro y cobre entre otros. Cuando las moléculas de estos minerales entran en contacto con el agua y se disuelven, generan este color tan especial. 

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Euronews: “Marte en la Tierra”, el proyecto de turismo sostenible europeo situado en Río Tinto

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Turismo científico: una oportunidad para lograr el ODS 16 vida en la tierra

Hace tiempo que vengo preguntándome cómo poder integrar verdaderamente las 17 metas de desarrollo sostenible de la ONU a la actividad turística. En especial las metas que tienen que ver con los ecosistemas y la naturaleza, para poder llevar a cabo un turismo que deja la menor huella negativa.

La meta de desarrollo sostenible que quiero abordar desde el turismo científico es la número 16: Vida en la Tierra, que no es otra cosa que mejorar las condiciones ambientales para permitir que la biodiversidad de una zona o región se favorezca. No sólo que no desaparezca, sino que aumente, se regenere, e inclusive reintroduzca especies que anteriormente habitaban un territorio, y que han sido desplazadas por diferentes factores.

¿Qué es el Turismo Científico?

El turismo científico es una tipología que propone involucrar activamente a los visitantes en actividades de ciencia ciudadana más o menos especializada. Brindando así, una experiencia inmersiva y que al mismo tiempo apoya la consecución o avance de objetivos particulares de una investigación científica, pero sin que el visitante sea un académico o investigador profesional.

Para llevar a cabo una experiencia satisfactoria y provechosa de turismo científico, debemos integrar nuevos jugadores a la cadena de valor del turismo. Por ejemplo, si estamos en un desierto donde podemos encontrar fósiles, se pueden vincular los pequeños museos locales y a los expertos que trabajan en el lugar para que nos aporten aún más valor a la experiencia. De esta forma, se facilita la oportunidad para que nuestros visitantes puedan usar las herramientas y de forma asistida, desenterrar el pasado por ellos mismos.

¿Dónde se puede llevar a cabo el Turismo Científico? 

El turismo científico no está reservado sólo para lugares remotos. Si estamos en una ciudad grande como Bogotá, que cuenta con un bosque a su margen oriental, allí podremos conocer las diferentes especies de plantas y narrar los cambios del paisaje y de transformación de la ciudad. Todo esto se puede lograr desde una perspectiva del ecoturismo tradicional, pero también se puede abordar desde la singularidad que nos ofrece el turismo científico.

Y es que en el bosque oriental de Bogotá hemos encontrado una serie de flores muy particulares y representativas de Colombia, las orquídeas, una de ellas incluso es la flor nacional. Debido a presiones por la extracción de recursos naturales décadas atrás y la introducción de plantas foráneas, su población en este bosque es reducida. Es allí donde la ciencia entra en escena para reintroducir las especies que se han identificado, y de la mano de botánicos generar una experiencia inmersiva al turista. Se abarcan actividades tan variadas como el mapeo de las zonas con GPS, o mapas en papel previamente preparados por los guías, hasta asistir en la recolección de semillas, y la siembra. De esta manera los operadores turísticos y los visitantes aportan en el mejoramiento del índice de biodiversidad de la ciudad.

En conclusión, la aplicación de una de las metas de desarrollo sostenible a través del turismo científico, permite que la empresa de turismo sea innovadora y ofrezca productos o atractivos diferenciales. Adicionalmente, ayuda a conservar de manera muy activa el entorno natural, promoviendo valores como la educación ambiental, el respeto de los visitantes a la comunidad que los recibe y la cooperación. Es allí donde el turismo se vuelve deseable porque genera beneficios no sólo a nivel económico, sino en los aspectos sociales y ecológicos de la sostenibilidad del destino.

Uriel Alejandro Moreno es Gerente General de Kybernetes Scientific Tourism, en Colombia.

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