Soy plenamente consciente que el contenido de este articulo no gustará a todo el mundo, ni siquiera todo el sector turístico estará de acuerdo conmigo en muchos aspectos. Pero últimamente pienso mucho sobre cuál es el modelo de turismo que se merece mi ciudad, Girona, y hacia donde se dirige actualmente el sector de las visitas guiadas en la ciudad.

Los freetours y en general de las llamadas “economías colaborativas” son un tema polémico. Inevitablemente el tema nos conduce a pensar en la regularización de las profesiones.

En el caso que nos ocupa, actualmente en Cataluña los guías más jóvenes nos hallamos en una situación complicada. Por un lado, no somos guías oficiales. Y no lo somos no porque nos hayamos negado, o porque creamos en el sistema de evaluación basado en un solo examen que habilita para ser guía de todo un territorio (este es otro tema que también daría para mucho), sino porque no se convocan exámenes de habilitación des del 2009. Eso significa que todos los licenciados o graduados en historia, historia del arte, humanidades o turismo que han terminado la carrera con posterioridad al 2009 y quieran dedicarse a la profesión de guía cultural caen (caemos) en tierra de nadie porque no podemos ser, de ningún modo, guías oficiales. 

Sin embargo, los que nos hemos formado en patrimonio cultural, investigación y comunicación y hemos estado acumulando experiencia como guías en instituciones de prestigio como museos, galerías, instituciones culturales, etc. tendremos la oportunidad (espero más pronto que tarde) de ser reconocidos finalmente como guías oficiales por medio de un carné por puntos, que según parece, puede empezar a implementarse a partir del año que viene.

Estoy totalmente convencida que los freetours funcionan mucho y muy bien en algunas ciudades concretas. En Marrakech, por ejemplo, los guías de freetour tienen que ser, por ley, guías oficiales acreditados que ofrecen, por cierto, un muy buen servicio. En algunos casos, como en todos los sectores, hay personas que hacen bien su trabajo.

Pero lo que empezó como una estrategia informal para que los estudiantes de turismo se ganaran cuatro duros mientras estudiaban (como una especie de prácticas temporales), se transformó rápidamente en un modelo de negocio que no tiene nada de colaborativo ni de democratizador.

Igual que en el sector del transporte privado y las compañías como Uber, los pobres transportistas que se destrozan las piernas para compañías como Glovo y la especulación de los pisos turísticos a manos de grandes inmobiliarias como Airbnb, la palabra “democratización” parece el término de moda que esconde el capitalismo más violento y la precarización laboral más absoluta.

Lo primero que debemos tener en cuenta con un freetour es que la mitad de la palabra ya nos miente. De “free” no tienen nada. No conozco a nadie que haya hecho nunca un freetour y se haya marchado sin pagar. Quizás porque en el fondo todos sabemos, nos gusten más o menos los freetour, que los trabajos deben ser remunerados siempre, por una cuestión de dignidad. Por el otro lado, las plataformas donde se anuncian estos freetours cobran siempre una comisión a los guías, a veces totalmente arbitraria, por lo tanto estos de “free” nada, tampoco.

Y el tema de que el cliente ponga el precio es ya, bajo mi punto de vista, absurdo y perverso. Cuando alguien va a comprar el pan no le dice al panadero “oiga, póngame una barra de cuarto, pero hoy decido pagarle 0,40€, no 0,80€”. ¡Y algunos me dirán: ya pero los guías freetour son particulares! No son como los panaderos, profesionales. 

¿Entonces en qué quedamos? ¿Es un trabajo o no lo es? Porque por lo que sé, hay algunos guías en Girona que se lucran (y no poco) con los freetours, aun teniendo visitas de pago entre sus productos.

Si hiciéramos un calculo grosso modo, los números nos escandalizarían. Y recordemos, por supuesto, que todo ese dinero es invisible. No pasa por hacienda, no se factura, no declara impuestos, ni los mismos guías están dados de alta como autónomos.

Y como siempre, no todo es una cuestión de dinero. Más allá de lo que implican para la ciudad los grupos de más de treinta personas colapsando el casco antiguo, sé muy bien que algunos de estos guías freetour de Girona no tienen ninguna formación en historia, ni en arte, ni en turismo ni ninguna experiencia previa haciendo visitas, más que lo que han vivido o saben – o creen que saben – de la ciudad.

Con este articulo, que es el fruto de mi opinión personal más sincera no quiero condicionar a nadie que no contrate freetours, ni mucho menos. Solamente quería poner sobre la mesa este modelo de negocio que implica, para los que nos dedicamos profesionalmente a esto, una desvirtuación de nuestro trabajo.

Aun así, también estoy segura (o quiero pensar que es así) que al final, los clientes deciden y muchos de ellos saben lo que quieren. Prefieren pagar un servicio a un profesional con experiencia y formación que les de una visión completa y verídica de la ciudad, anteponiendo la cualidad al entretenimiento.

Y no, yo no llevo paraguas.

Este artículo ha sido originariamente publicado en La Mosca Tours y reproducido en Travindy con permiso de la autora, Marta Grassot CEO de La Mosca Tours: No, yo no llevo paraguas! El engaño de los freetours.

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