Marketing emocional: del storytelling al storyexperience

Elia Guardiola animó a los hoteleros en Hotel Innovación a “contar la historia que hay detrás de su filosofía de empresa, de sus productos y servicios, porque si no emocionas no vendes. Los puntos clave para crear ese storytelling pasan por poner la historia en el centro, emocionar para motivar la conexión y cautivar para enganchar al público en la época de infoxicación en la que vivimos. A ello se añade una promesa, ya que toda marca debe prometer algo y cumplirlo para ganarse la confianza del cliente; y que sea fácil de recordar y explicar porque el usuario no quiere pensar, quiere que le den las cosas fáciles”.

Ese storytelling emocional que le permite a la empresa, según Guardiola, “cautivar y enganchar al cliente contándole su historia”, le facilita asimismo “destacar entre el resto de negocios; crear relaciones personales con clientes actuales y potenciales; y motivar a posibles clientes a saber más de tu negocio”.

La experiencia se erige así, según sus propias palabras, en “un valor diferenciador: cómo haces sentir al cliente. Un valor emocional. De hecho la obsesión de las marcas debería ser la experiencia de usuario, por encima de las ventas, porque si es óptima garantiza una venta a medio y largo plazo”.

Y es que las experiencias se han convertido en un nuevo símbolo de status, según ha reconocido Natalia Zapatero, por lo que ha aconsejado “un diseño metodológico y estratégico de experiencias para ofrecérselas al cliente en cada punto de contacto en su itinerario”. No en vano, “somos más que nunca la persona que proyectamos en redes sociales, más pendientes de demostrar en ellas ese status que de vivirlo. La vida es un teatro y cada negocio un escenario”.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Hosteltur: Marketing emocional: del storytelling al storyexperience.

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Tecnología, promoción y marketing para afrontar la saturación turística

En la mesa de la ITB sobre ‘Control inteligente de la saturación turística con tecnologías digitales’, Joan Torrella, director de Turisme de Barcelona, dijo que “el turismo no se puede gestionar sin tener en cuenta la ciudad, sino que debe incluirse dentro de la gestión urbana, no como un sistema de gestión turístico independiente. Para gestionar Barcelona como una ciudad inteligente debemos tener claro qué hacer con los datos que obtenemos de los usuarios; datos que han de ser públicos”. Y es que, según explicó, “los datos ya existen, pero hay una cuestión legal porque no tiene suficientes herramientas legales para poder manejarlos”.

El uso de esos datos, según indicó Leid Zejnilovic, profesor asistente de la Nova School of Business and Economics de la Universidad de Lisboa, “nos permite conocer los movimientos de los turistas, cómo interactúan con los locales, cuáles son sus preferencias, los lugares que más les gustan porque suele ser donde se hacen más fotos, etc.”. Pero también reconoció que hay otros aspectos que generan controversia, como “quién debe liderar la utilización de esos datos; no tenemos todos los que necesitamos y encima quieren cobrarlos. ¿Deberían ser públicos? Tampoco proporcionan información suficiente sobre los hábitos de los residentes como sí la ofrecen de los turistas”.

Para paliar estas debilidades Amsterdam está invirtiendo en inteligencia artificial enfocada, como señaló Geerte Udo, directora asociada de Estrategia de Amsterdam Marketing, a “conocer las preferencias y necesidades del usuario. Para ello estamos probando en una primera fase con los residentes y así extraemos conclusiones y aprendemos. Porque está claro que la inteligencia artificial es el futuro, pero ahora mismo nos ofrece en ocasiones resultados erróneos sobre cómo se comportan los locales; es como un niño: necesita tiempo para aprender pero todo va demasiado rápido, y es lo que estamos haciendo.

Dejando a un lado la aplicación de tecnología para solventar los problemas de saturación turística, Claudio Milano, director del Programa de Master en Destinos de Turismo Sostenible y Planificación Turística Regional de Ostelea, subrayó la paradoja existente en “la búsqueda de la autenticidad en un mundo globalizado, con el riesgo de saturación de determinados destinos”.

La solución, por tanto, debe ser “una combinación de herramientas técnicas y políticas, un conjunto de acciones no aisladas, porque está claro que no se pueden cerrar los destinos más masificados por el impacto económico que supondría”.

Por ello propuso “un cambio de paradigma en el modelo turístico contemporáneo”, que implique una transformación en:

– Promoción: “Promover atracciones turísticas en lugar de gestionar productos, además de promocionar productos más sostenibles en su triple enfoque: económico, social y medioambiental”.

– Gobernanza: “Una mejor gobernabilidad con planes estratégicos de turismo de la mano de los actores económicos y sociales implicados”.

– Marketing basado en “storytelling, de manera que se cuenten los destinos, no sólo promocionarlos”.

Sólo así, como concluyó Milano, “podremos pasar de un turismo excluyente a un turismo inclusivo. La actividad turística siempre tendrá un impacto, pero esforcémonos por maximizar los impactos positivos y minimizar los negativos contando a la ciudadanía qué es lo que estamos haciendo para ello”.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Hosteltur: Tecnología, promoción y marketing para afrontar la saturación turística”.

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Los restaurantes slow food y su potencial para el turismo sostenible

“Primero mi madre y después yo, hemos dirigido esta casa como un restaurante tradicional vasco desde 1999. Sin embargo, no fue hasta que mi madre se retiró y yo tomé las riendas del negocio, que decidí implantar el concepto de slow food como filosofía de trabajo.

Un buen día me di cuenta de que simplemente estaba en mis manos, como cocinero, crear sinergías entre el campo y la cocina: respetar al productor y a su trabajo, ofrecer menús elaborados únicamente con productos estacionales y locales a través de una cocina casera y tradicional. Así lo visualicé y así lo he conseguido. Hoy por hoy somos uno de los 3 restaurantes Slow Food de Álava.

Pero poco (o nada) ha sido sencillo. Y es que incluso al principio hasta el pueblo te menosprecia llegando incluso a decir “mira los ecologistas”, cuando dado el lugar en el que vivimos, deberían ser ellos mismos los que promuevan este tipo de iniciativas y técnicas de consumo.

No obstante, es muy reconfortante ver las sonrisas de la gente al marchar después de haber disfrutado de una comida con nosotros. Los propios clientes admiten que definitivamente se nota la calidad del producto. Y es que no es lo mismo una lechuga de Marcelino, que cualquier otra lechuga de un supermercado.

Por mi parte, lo que más satisfacción me da es el hecho de estar generando un cambio en la industria a través de nuestro apoyo a los productores locales. Somos un pequeño restaurante, pero esperamos poder servir de inspiración a otros tantos que al igual que yo quieran promover el cambio en el sector.

Al fin y al cabo, adaptar el menú a la disposición de los alimentos locales y de temporada va a proporcionar múltiples beneficios, no solo a la economía local, sino también a la calidad y a la historia detrás de cada plato.”

La historia de Juan Gil no es aislada, pero tampoco es tan común como nos gustaría. La transversalidad del turismo aterriza de lleno en la gastronomía y los productos alimentarios. Tener más en cuenta a los productores locales proporciona innumerables beneficios para la población local, luchando contra la despoblación rural, disminuyendo la huella ecológica de los productos y proporcionando experiencias gastronómicas a los clientes de las que dejan memorias duraderas.

Este artículo forma parte del Famtrip de turismo responsable al que fuimos invitados en la Llanada Alavesa por Agrotravel y la Cuadrilla de la Llanada Alavesa. Puedes conocer más sobre todas las actividades realizadas en el artículo escrito por Mi Ruta en este enlace.

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Storytelling de la Llanada Alavesa: la historia de Marcelino Santiago

Marcelino Santiago en su Eco-granja Orikitxa

“Vengo de familia de agricultores y aún trabajando en el campo toda mi vida, siempre he pensado que la agricultura ecológica era imposible. Hasta ahora.  

Junto con mi socio, comencé a construir esta granja ecológica en el 2014. Sin embargo, poco después de empezar, mi socio se fue y me quedé solo. Hay que tener en cuenta que empecé esta aventura con 60 años y perder a mi socio fue devastador; lo que en varias ocasiones me hizo plantearme la idea de dejarlo todo. Cuando te das cuenta de que las cosas no pueden ser peor, lo siguen siendo, y sin levantar cabeza, me fui encontrando con otras dificultades: un incendio que se llevó uno de mis pollineros y varias divergencias con la propia administración y las normas subsidiarias.

Lo más duro de esta andadura ha sido, sin duda, la relación con la administración. Según ellos, estoy llevando a cabo un proyecto a contracorriente y no hay ayudas posibles para permitirme avanzar. Esto te puede desanimar mucho pero te enseña que la gente a tu alrededor es más solidaria de lo que esperas, personas como Juan y Vicente han apostado por lo que hago y me han proporcionado oportunidades que nunca hubiera pensado, como a través del turismo por ejemplo.

Tres años después estoy orgulloso de tener 200 pollos en rotación y una pequeña cosecha de lechugas, cebollas, habichuelas del País Vasco y otras verduras que son cosechadas a través de técnicas tradicionales aprendidas de mis abuelos. Todo es orgánico y ecológico, pero lo mejor de todo es que he podido comprobar que la agricultura ecológica es posible, y sin duda es un sector con un futuro por delante muy interesante y prometedor.”

Gracias a Susana Conde (CEO de Agrotravel), a Vicente Briñas (técnico de turismo de la Cuadrilla de la Llanada Alavesa) y a Juan Gil Ruiz, (chef del Mesón Erausquyn), Marcelino ahora también recibe a visitantes a los que enseña su ecogranja, las técnicas tradicionales de agricultura y avicultura ecológica y hasta te deja escoger tu propia lechuga para degustar después en una comida slow food en el Mesón Erausqyn. 

La historia de Marcelino es un referente del potencial de las sinergías entre el turismo y otros sectores, como son la agricultura y la avicultura ecológica, sostenible y local. Es muy importante crear redes entre todos los agentes de cambio locales, para así normalizar el turismo sostenible; que al fin y al cabo no es más que el mismo turismo pero gestionado y realizado de una forma más ética y humana.

Este artículo forma parte del Famtrip de turismo responsable al que fuimos invitados en la Llanada Alavesa por Agrotravel y la Cuadrilla de la Llanada Alavesa. Puedes conocer más sobre todas las actividades realizadas en este enlace.

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Objetivo: cambiar percepciones preconcebidas asociadas a destinos estigmatizados

Hace ya unos meses que me encuentro en México, ese país destrozado por la imagen de inseguridad generalizada acopiada por los grupos mediáticos. No voy a intentar cambiar esta visión, todo lo que escuches sobre México en la prensa seguro que es cierto, el país está viviendo una etapa muy complicada a nivel socio político, lo cual está impactando todas las capas de una sociedad y en un sistema económico que se desquebraja ante los ojos del mundo. Esta situación tiene consecuencias irremediables en el turismo del país, que se estanca en la burbuja de las mil y un empresas externas de la bien conocida Riviera Maya.

Sin embargo México sigue siendo un país seguro para viajar mientras uno tome precauciones normales de viaje y evite determinadas áreas. El estado es un auténtico crisol de culturas formado por sus raíces pre-hispánicas, las 53 etnias indígenas que habitan a lo largo y ancho del país y la influencia que ha regido las vidas de sus ciudadanos tras la colonización. Además es un destino calificado como mega-diverso (ya que cuenta con aproximadamente el 12% de la fauna del planeta y 34 ecosistemas inalterados), ofreciendo experiencias para cualquier tipo de motivación viajera y lo que es mejor, asequibles a nuestros bolsillos europeos.

¿Por qué os cuento todo esto? Porque a pesar del rico patrimonio descrito, el turismo en México continúa estigmatizado por la imagen internacional de mariachis y cactus mientras que se concentra en los mismos núcleos caracterizados por los catálogos de viaje como ‘seguros’. Y claro, ¿para qué correr el riesgo si tienes todo lo que necesitas (menos la pura esencia del propio país) dentro de tu resort todo-incluido? Se trata de una pregunta que divaga por mi mente varias horas al día, cómo poder cambiar la percepción generalizada de que México no es un país para explorar, para viajar solo, sin un rumbo planificado y sin miedo. Mi conclusión no es muy complicada, el cambio debe venir desde la cúspide de la pirámide de la gestión de destinos, desde la comunicación.

Y aquí es donde debemos ser listos y operar bajo los principios del marketing del turismo sostenible, para llegar no sólo a los viajeros potenciales, sino también para interactuar con nuestros clientes, proveedores y otras organizaciones que trabajan para lograr nuestro mismo fin. Para esto no hay otra forma que contar historias, todas las historias que encuentres por tu camino, creando contenido que logre emocionar, que consiga que el lector viaje con la mente a descubrir esos lugares, a ser participe desde su sillón a millones km de distancia, de las legendas mayas que nos cuentan paseando por la selva o de los cuentos que nos relatan con pasión mientras nos sentimos diminutos observando la vía láctea en una noche sin luna – y sin ninguna luz artificial a la redonda.

Creo firmemente que únicamente de esta manera lograremos ampliar la imagen de México, y de otros destinos que sufren la misma problemática, como destino de sol y playa e inseguro más allá de los confines de nuestro hotel. No obstante este objetivo debe servir para crear conexiones significativas entre todos los agentes implicados en crear experiencias de viaje en el país. Debemos fomentar sinergias entre agencias locales, tour operadores y empresas de alojamiento para que sobretodo involucren al turista ya que va a ser el/ella el que cambie esta percepción de la forma más simple y asequible, de boca en boca y con sus propias historias de viaje.

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