Día de la deuda ecológica

Earth Overshoot Day marca la fecha en que la demanda de recursos y servicios ecológicos de la humanidad en un año determinado excede lo que la Tierra puede regenerar en ese año, es decir, cuando contraemos la deuda ecológica. En 2021, ha caído en el 29 de julio.

Los modestos beneficios de la reducción del uso de recursos debido a la pandemia han sido de corta duración, lo que destaca la urgencia de impulsar una recuperación económica en la que todos podamos prosperar en armonía con los límites ecológicos de nuestro planeta.

29 Julio 2021

La fecha ya ha vuelto a sumarse a la de 2019, tras haber sido momentáneamente adelantada en 2020 por los diversos bloqueos inducidos por la pandemia de coronavirus. Los principales factores son el aumento del 6,6% en la huella debido a las emisiones de dióxido de carbono en comparación con el año pasado, así como la disminución del 0,5% en la biocapacidad forestal mundial debido en gran parte al pico de deforestación en la Amazonía – solo en Brasil, en 2020 se perdieron 1,1 millones de hectáreas y las estimaciones para 2021 indican un aumento de la deforestación de hasta un 43% en comparación con el año anterior.

Cada año, el Día de la Sobreexplotación de la Tierra marca la fecha en que la humanidad ha utilizado todos los recursos biológicos que los ecosistemas del planeta pueden regenerar en el transcurso de un año entero. Es el momento en que contraemos una deuda ecológica. Actualmente, la humanidad utiliza un 74% más de recursos de los que los ecosistemas del planeta pueden regenerar, o el equivalente a “1,7 Tierras”. Desde el Día de la Sobreexplotación de la Tierra hasta fin de año, la humanidad opera en deuda ecológica. Esta deuda es actualmente una de las más grandes desde que el mundo entró en un exceso ecológico a principios de la década de 1970, según las Cuentas Nacionales de Huella y Biocapacidad (NFA) basadas en datos de las Naciones Unidas.

En 2021, la huella debida a las emisiones de dióxido de carbono del transporte se mantiene por debajo de los niveles prepandémicos. Se prevé que las emisiones de CO2 de los viajes aéreos nacionales y el transporte por carretera se mantengan por debajo del 5% en comparación con los niveles de 2019, mientras que se espera que la aviación internacional disminuya en un 33% según la Agencia Internacional de Energía (AIE). Las emisiones globales de CO2 relacionadas con el consumo de energía, por otro lado, deberían repuntar y crecer un 4,8% en comparación con el año pasado, ya que la recuperación económica estimula la demanda de combustibles fósiles. En particular, se espera un pico en el uso global de carbón en 2021, que se estima que este año contribuirá con un 40% a la huella debido a las emisiones de dióxido de carbono.

La administración ordinaria o ““business-as-usual”” deben dejarse atrás

El año pasado, cuando la pandemia azotó el mundo, los gobiernos demostraron que podían actuar con rapidez, tanto en términos de regulación como de gasto, anteponiendo las vidas humanas a todo lo demás. La tormenta perfecta que se avecina, con la convergencia de los impactos del cambio climático y la seguridad de los recursos biológicos, requiere el mismo, si no mayor, nivel de alerta y acción rápida por parte de los jefes de estado.

A través de su infraestructura y poderes normativos, las ciudades tienen importantes oportunidades para dar forma a su consumo de recursos y, con ello, a su futuro. Dada su exposición al riesgo, alinear sus planes de desarrollo con lo que requiere la resiliencia en un mundo moldeado por el cambio climático y las limitaciones de recursos biológicos se ha convertido en la principal prioridad de las ciudades, independientemente de los acuerdos internacionales.

“Que el Día de la Sobreexplotación sea nuestro llamado a las armas”, dijo la concejala Susan Aitken, líder del Ayuntamiento de Glasgow. “En noviembre los ojos del mundo estarán puestos en Glasgow, sede de la COP26, la cumbre climática, donde se tomarán las decisiones que llevarán a nuestro planeta hacia un futuro más seguro y sostenible. Aquí en Glasgow, tenemos la oportunidad de mostrarle al mundo lo que estamos haciendo, uniéndonos como ciudad para mostrar un cambio real para responder a la emergencia climática y ecológica. Pongamos nuestro planeta primero y juntos #MoveTheDate “.


Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Earth Overshoot Day: “Il Giorno del Sovrasfruttamento della Terra ritorna al 29 luglio 

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Cuando el turismo llega a su capacidad máxima: el cierre de la isla de Holbox

Si ustedes son residentes de algún destino turístico, el que sea, seguramente la idea de cerrarlo al turismo les ha pasado por la cabeza más de una vez: ya sea después de estar una hora atrapados en el tránsito en plena temporada alta, o después de ver en las calles la cantidad de gente y la basura generada por su estancia, o el deterioro de espacios públicos y sitios de gran valor natural o cultural por falta de una buena gestión, entre otros.

Pues este pensamiento lo comparten muchos ciudadanos de sitios turísticos que están siendo víctimas de lo que Elizabeth Becker observa en su libro Overbooked, The Exploding Business of Travel and Tourism: un turismo en crecimiento y descontrolado.

La gestión del turismo en los destinos, que según las estadísticas seguirá aumentando en el mundo y en México en los siguientes años, es uno de los grandes retos que tenemos aquellos que nos dedicamos a esta actividad: ¿cómo seguir generando beneficios de esta noble actividad, sin acabarnos los recursos naturales y generando beneficios locales?

El fin de semana, habitantes de la isla de Holbox, en Quintana Roo, uno de los destinos emergentes más importantes del país, que en los últimos años se ha posicionado como un paraíso para el turismo natural y de bajo impacto decidieron, en conjunto con asociaciones empresariales y gremiales, impedir el acceso de visitantes al destino, por considerar que la Isla se encuentre en “estado de emergencia”.

Las acciones que se han realizado desde el Gobierno Federal y Estatal, como la clausura de 36 hoteles por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, o el saneamiento del sitio de transferencia y la propuesta de recolección de residuos diferenciados por parte de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente Estatal, han sido acciones importantes, pero no llegan al fondo del problema.

¿Y cuál es el fondo entonces? Primero, que seguimos repitiendo el mismo modelo de desarrollo que en otros sitios del mundo, el país y el estado, cuando muchas veces se ha hablado que el modelo está agotado y hay que diversificar; segundo, que seguimos pensando que el éxito de un destino se da por el número de visitantes y nuevas inversiones, cuando hay sitios que lo último que requieren es precisamente eso; tercero, que aunque hay legislación que cumplir, sigue sin publicarse el Programa de Manejo del Área Natural Protegida (si, Holbox se localiza en el Área de Protección de Flora y Fauna de Yum Balam) lo que de alguna forma limita la acción de la autoridad.

Y la medida del cierre es extremadamente drástica; pero imaginen ustedes que en la Isla viven 3,000 personas, y llegan a recibir hasta 7,000 turistas en un solo momento; si el lugar donde viven, donde nacieron, o al que adoptaron tuviera ya seis días sin abastecimiento de agua, con un pésimo manejo de sus aguas residuales, con colapsos por el sobreuso de electricidad, yo creo que tomarían la misma decisión de no permitir que el caos siga reinando.

¿Qué puede hacerse? ¿Cerrarlo? No, porque la medida también afecta a todos aquellos que de alguna forma viven legalmente del turismo, y cuyas familias dependen de la actividad.

Primero, se requiere una intervención urgente de autoridades federales, estatales y municipales para atender lo urgente: abasto de agua, energía y buen manejo de aguas residuales; segundo, llevar a cabo un buen estudio de Límite de Cambio Aceptable y Capacidad de Carga, instrumentos que regulan la actividad de turismo en Áreas Protegidas y, a partir de ahí, establecer estrategias de manejo.

¿Cómo cuáles? Limitar visitas, decidir qué turistas queremos que lo visiten, cobrar un impuesto especial a turistas y crear un Fideicomiso que gestione los fondos para trabajos de mantenimiento de infraestructura, posicionar Holbox como un sitio único, al que la gente tenga que reservar con anticipación para poder llegar (aquello que vale la pena debe costarnos trabajo), limitar la infraestructura hotelera y regular fuertemente otro tipo de establecimientos, crear un órgano de gestión de destino ciudadano que tome decisiones, y realizar una promoción muy especializada de la joya que es el sitio, y de la gran oportunidad, pero también compromiso, que adquiere el turista a visitarlo.

¿Cerramos entonces? Sí, pero solo con miras a realmente generar un modelo de turismo sustentable en la entidad, porque me consta, que un turismo bien gestionado, puede funcionar como una herramienta de conservación de los recursos y de mejora de la calidad de vida de las personas. Holbox se merece eso.

Este artículo ha sido publicado originalmente en Sustentur. Puedes acceder al artículo en este enlace.

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