La sequía por la que está atravesando España ha hecho emerger, y nunca mejor dicho, una nueva propuesta: el turismo de sequía. En unos embalses bajo mínimos, la falta de agua ha dejado al descubierto enclaves históricos de gran interés cultural y artístico.

Ayuntamientos y empresas del sector empiezan a vislumbrar el nuevo turismo de sequía en diversos lugares de España: el regreso de la especie humana, en tiempos de cambio climático, a los paisajes de los que fue arrancada en el esplendor de la política de pantanos.

Encontramos varios ejemplos: Portomarín (Lugo), Mansilla de la Sierra (La Rioja), Peñarrubia (Málaga) y el Real Sitio de la Isabela (Guadalajara). En este último enclave se está diseñando un producto turístico de rutas en todoterreno y visitas que incluirán una aplicación para tabletas con un recorrido gráfico por el pasado de este palaciego conjunto adornado con fuentes, que acabó sumergido a finales de los años 50 y que actualmente vuelve a estar al aire porque el embalse solo alcanza el 9% de su capacidad.

El firme de Portomarín está tan deshidratado que hay gente que hace el recorrido completo montado en el coche y una casa de turismo rural pasea a sus clientes en bugui. En lo alto de la ladera, el club náutico permanece en dique seco, los deportes acuáticos han caído en el olvido y aquí lo que la gente quiere es tomarse algo. En Sacedón, Guadalajara, se vivía mucho del turismo por los embalses, pero ahora que están bajo mínimos han tenido que reinventarse.

Con 1.300 presas, España es el quinto país del mundo (por detrás de China, Estados Unidos, Japón e India) y el primero de Europa en agua embalsada. Y entre el medio millar de localidades sumergidas existen verdaderas reliquias que ahora se dejan ver cada vez más, como los capiteles labrados de la iglesia románica de Santa Eugenia de Cenera de Zalima, que han salido a flote en el embalse palentino de Aguilar de Campoo; o el templo de Sant Romà en el embalse de Sau (Barcelona); la parroquia de Mediano, en Huesca; o San Roque de Villanueva, la llamada “catedral de los peces” en el pantano del Ebro (entre Cantabria y Burgos), que cuenta con una pasarela de madera para visitarla.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por El País: “Turismo de sequía: los pueblos ahogados resucitan”.

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