Las pastoras y ganaderas de extensivo vivimos en zonas muy atractivas para el turismo rural y a menudo compartimos espacio con senderistas, gente que hace montaña, ciclistas, motoristas, gente del todoterreno, cazadores, amantes de las setas, paseantes, etc. Esta relación tiene muchos aspectos positivos pues favorece la economía local y el consumo en el bar, el alojamiento, la compra de productos locales… y da vida. Además, tiene el gran potencial de acercar el mundo urbano y el mundo rural.

Es una oportunidad para dar a conocer la ganadería extensiva, tan útil para el desbroce de los caminos y zonas de paseo, además de como abono para el campo. También nos permite mostrar las diferencias entre el modo en que viven y se crían los animales en el modelo extensivo y en el industrial, ya que muchas veces se relaciona la ganadería exclusivamente con las granjas grandes. Para nosotras es muy importante que se conozca nuestra forma de manejar el ganado, su alimentación natural y el trato que recibe, y que se puedan elegir productos muy diferentes a los que normalmente están en los supermercados. También es una oportunidad poder hablar con gente diferente que tiene vidas muy distintas a la nuestra.

Pero, a menudo, esta relación y el uso de un mismo espacio por quienes vivimos y trabajamos en él y quienes hacen turismo y actividades de ocio y deporte, pueden desembocar en situaciones conflictivas, principalmente por el desconocimiento de la vida en el mundo rural y ganadero. La velocidad de los coches; la falta de respeto hacia los animales en la carretera o en los caminos; tratar al ganado como si fuesen mascotas, acercándose para hacer fotos, tocar a los animales o darles de comer; llevar perros sueltos; dejar abiertas las cancelas de prados y caminos, a riesgo de que el ganado se escape a la carretera; tratar a los perros de trabajo como a los de ciudad; acampar o tumbarse en los campos de hierba cultivada o pisotearlos, etc. son algunos de los puntos conflictivos en la relación entre la ganadería y el turismo.

Pasamos muchas horas al día en el monte pastoreando y debemos desplazarnos para que los animales coman, beban o descansen. Además, algunas hacemos largos recorridos durante la trashumancia o en la trasterminancia. En cualquiera de los casos, ayudadas de nuestros perros, nos vemos obligadas a tomar caminos y carreteras (muchas de ellas, antiguas vías pecuarias) que utiliza la gente que recorre estos paisajes para hacer turismo o deporte. Si los coches van a gran velocidad, si no se paran a esperar a que el rebaño cruce o si hacen uso del claxon para espantarlos, se producen situaciones que pueden terminar en un grave incidente para las personas o para los animales.

Pensamos que habría que trabajar en varias líneas para poder conciliar los usos:

  • Señalizar las zonas de ganadería extensiva con algunas normas básicas y recomendaciones acerca del trato al ganado y a los perros, sobre los ruidos y las cancelas, etc. Hay ejemplos de carteles informativos en otros países como Francia o Suiza.
  • Limitar la velocidad y el uso del claxon en las zonas de paso frecuente de ganado.
  • Buscar fórmulas para evitar los riesgos y problemas entre ciclistas y ganado.
  • Informar mejor a la gente que hace turismo en zonas ganaderas a través de folletos o carteles en las zonas de hostelería, comercios, etc.
  • Informar de los montes y los pastos comunales.
  • Avisar de que no se debe entrar en casas abandonadas que puedan suponer un riesgo por su mal estado.
  • Durante la temporada de setas, la gente que va a recolectarlas y las ganaderas deben respetarse mutuamente.

Y sobre todo pensamos que debería fomentarse la educación sobre «la vida del mundo rural» en todas las escuelas. El mundo rural es productor de alimentos y de servicios ambientales, y es muy positivo que se conozca no solo a través del ocio y el turismo.

Este artículo ha sido originariamente publicado en Soberanía alimentaria y reproducido en Travindy con permiso del autor: “Turistas y ganaderas”.

 291 visitas