En los últimos tiempos parece que hay un auge del término Ecoturismo, pero siempre asociado a Espacios Naturales Protegidos. De hecho, la propia definición de la TIES nos dice “viaje responsable a áreas naturales, preferentemente espacios naturales protegidos, para conservar el medio ambiente y mejorar el bienestar de las personas locales”. España es el país de Europa con mayor número de áreas protegidas, lo que resulta un gran atractivo para nuestros vecinos europeos.

Siempre que hablamos o pensamos en Ecoturismo, rápidamente, viene a nuestra cabeza la Red Natura 2000, Parques Nacionales o Reservas de la Biosfera, entre otros, así como la observación de flora o fauna.  Sin embargo, hay una cosa que debemos tener clara: el Ecoturismo no es sinónimo de Turismo de Naturaleza. Tanto La biodiversidad como la población local, conviven a diario con el paisanaje, que es quien construye el paisaje, y los primeros interesados en que este se conserve. Sin estas personas no habría atractivo en estos espacios. El Ecoturismo no es sólo observación de flora y fauna, sino que es una actividad que favorece el conocimiento de la cultura tradicional y el desarrollo rural, y debe buscar la fórmula de incluir a la población local en sus actividades, porque visitar a un ganadero, artesano, o productor agroalimentario también es ecoturismo.

Por otro lado, es importante destacar aquellos espacios rurales/naturales que no gozan de ningún tipo de protección pero donde también se puede desarrollar una estrategia de ecoturismo. Son territorios que gozan de una espectacular biodiversidad, geodiversidad, patrimonio cultural o legado tradicional. Sin embargo, la idea de Ecoturismo expandida por todo el territorio español sólo incluye a los espacios naturales protegidos, o la biodiversidad, dentro de la promoción y comercialización, pero se olvida completamente de la parte humana.

Imagínate que estamos en una zona rural cualquiera, y un guía nos lleva a visitar un molino hidráulico, donde antiguamente se molía el cereal autóctono que se cultivaba en el entorno. El molino está ubicado en un río de aguas cristalinas, donde hay una enorme biodiversidad, así como en los campos de cereal colindantes, con aves adaptadas a este entorno. El guía nos habla de la labor del campesino, de cómo se molía el pan, de la biodiversidad, de la vida rural y de la arquitectura tradicional. Incluso terminamos degustando pan y otros dulces elaborados con cereales cultivados en el entorno. Esto es puro Ecoturismo, pero desgraciadamente nadie promocionará esta experiencia porque no estamos en un territorio protegido. Una oportunidad perdida.

También podemos irnos al caso contrario. Actualmente hay municipios en España que, estando dentro de un Parque Nacional o una Reserva de la Biosfera y beneficiándose turísticamente de los visitantes que llegan animados para conocer estos espacios, están solicitando no pertenecer a los mismos, ya que lo ven como un freno a su desarrollo socioeconómico. Quizás esto suceda porque no hemos sabido integrar al paisanaje, quien construye, conserva y mantiene el paisaje, ni en las estrategias turísticas ni en las de conservación. Nadie les ha explicado a estas personas los beneficios de estar dentro de un Espacio Natural Protegido, ni tampoco nos hemos sentado con estos habitantes para definir ni discutir las estrategias turísticas que se desarrollan en estos territorios.

Les hemos impuesto el modelo turístico que hemos querido, sin contar con su opinión, que al fin y al cabo son las personas que viven y trabajan ahí a diario. Un modelo que se basa en que, a partir de un territorio catalogado como protegido, cuyo fin principal es la conservación de la biodiversidad, se promociona hasta su límite, superando en miles de personas la capacidad de acogida del espacio. Esto ni favorece la conservación del entorno, ni el desarrollo socioeconómico de sus habitantes, ni tampoco facilita la vida o el trabajo de las personas.

El Ecoturismo, por supuesto, incorpora los principios del Turismo Sostenible, pero este último no es ningún producto turístico como actualmente nos quieren vender los destinos y/empresas. El futuro del Ecoturismo en el medio rural debe centrarse en combinar el desarrollo de experiencias en la naturaleza con actividades que incluyan a las personas, así como la biodiversidad de la que son garantes. Las especies de flora y fauna que cuidan a diario, es decir, las actividades de agricultura y ganadería, que también forman parte de nuestra cultura, benefician el desarrollo local del territorio, y son experiencias muy valoradas por los viajeros.

Convivir durante una jornada con el paisanaje, dentro de un espacio protegido o no, es toda una aventura inolvidable para cualquier persona que visite un territorio. Por ello, no nos olvidemos de integrar a estas poblaciones en cualquier estrategia turística, para garantizar un turismo de calidad, sostenible con el medio ambiente y las personas, evitando modelos turísticos impuestos desde grandes centros de población, y teniendo en cuenta la idiosincrasia del entorno.

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