Expediciones Sierra Norte: cómo surgen los Pueblos Mancomunados en Oaxaca, México

Expediciones Sierra Norte es una iniciativa de turismo comunitario que nace a partir de la organización de los Pueblos Mancomunados, conformado por 8 comunidades zapotecas de la Sierra Norte de Oaxaca, México. En esta entrevista, Angelina Martínez -Coordinadora General de Expediciones Sierra Norte- nos cuenta cómo se ha llevado a cabo el proyecto, finalista de los World Travel Market Latin America Responsible Tourism Awards 2020.

Pablo Giner: ¿Cómo surge Expediciones Sierra Norte?

Angelina Martínez: Expediciones Sierra Norte es una iniciativa de turismo comunitario, que nace a finales de 1993 a partir de la cooperación intercomunitaria de 8 poblaciones zapotecas de la Sierra Norte de Oaxaca, México, los Pueblos Mancomunados

Nuestra iniciativa tiene como fin contribuir al desarrollo de la región y promover la protección del patrimonio natural de nuestros pueblos. Esto mediante el desarrollo de un proyecto de turismo responsable en el territorio; vinculado al entorno natural, las tradiciones y costumbres de los mismos.

Pablo Giner: ¿Cuál es el tipo de organización que lleváis a cabo? ¿Qué os diferencia de otras iniciativas de comercialización de turismo comunitario?

Angelina Martínez: La característica más importante de nuestra iniciativa es nuestro modelo de organización. A diferencia de otras iniciativas de turismo -donde la actividad se centra en una sola entidad y la comercialización del destino se lleva a cabo por actores ajenos al territorio- en Pueblos Mancomunados hemos desarrollado un modelo de turismo basado en la comunidad. Este modelo garantiza que la operación, administración, comercialización y control de la actividad turística en el territorio, quede en manos de las propias comunidades.

Expediciones Sierra Norte

Pablo Giner: ¿Cómo habéis conseguido posicionar a Pueblos Mancomunados entre los diferentes emprendimientos comunitarios del Estado de Oaxaca?

Angelina Martínez: Oaxaca es uno de los estados con mayor biodiversidad del País, característica que lo convierte en el escenario ideal para el desarrollo del turismo de naturaleza y aventura. Los Pueblos Mancomunados se convirtieron en los pioneros del ecoturismo en la región. Pero en la última década, el número de emprendimientos ecoturístico ha crecido significativamente, trayendo consigo nuevos desafíos: desde una oferta estancada hasta una competencia desleal entre los sitios. En 2014, ante esta situación, Pueblos Mancomunados era considerado de los sitios más caros de la región para actividades ecoturísticas, así que trabajando de manera coordinada con los equipos locales y nuestros asesores, pensamos en lo que debíamos hacer para mantener el proyecto a flote y para que los viajeros quisieran seguir viniendo a Mancomunados.

Nuestras primeras ideas fueron implementar otras actividades, pero cuando consultamos la propuesta con un amigo muy cercano al proyecto y asesor en una etapa de su desarrollo, su respuesta fue: “Me parece que no se trata de ponerle adornos a las comunidades, sino más bien de pensar en aquello que siempre ha estado presente, y que por ser común, pasa desapercibido”.

Así fue como comenzamos a trabajar en un segundo inventario de atractivos en el territorio, del cual nació nuestro catálogo de experiencias “Inspirando nuevos caminos” pensado en experiencias de turismo rural y agroturismo, con productos como “Los 7 colores del maíz” que busca visibilizar la importancia del maíz dentro de la gastronomía y cultura zapoteca. Ahí fue cuando comprendimos que no éramos hoteleros, que lo que nosotros ofertábamos eran experiencias de viaje basadas en nuestro patrimonio biocultural.

Expediciones sierra norte
Los siete colores del maíz

Pablo Giner: En cuanto a vuestra organización interna, ¿cuál es la manera en la que os organizáis estando formados por varias comunidades diferentes?

Angelina Martínez: Al tratarse de una iniciativa comunitaria, se buscó que las poblaciones integrantes del Mancomún participaran de manera activa en todo el proyecto. Para ello se crearon oficinas y comités locales en 7 poblaciones integrantes del Mancomún y un equipo coordinador para la oficina central de Expediciones Sierra Norte en la ciudad de Oaxaca. A través de los años, nuestro proyecto ha adoptado un modelo simbiótico, mientras nuestros equipos locales en cada población (elegidos por cargos, siguiendo el sistema de usos y costumbres que rigen a nuestras comunidades) se hacen cargo de la operación de los servicios (hospedaje, alimentos, recorridos, actividades).

El equipo central de Expediciones Sierra Norte, bajo un modelo gerencial, se hace cargo de la etapa de diseño de producto, generación de alianzas y comercialización del destino.

Con el paso del tiempo también hemos ido generando alianzas con otras comunidades de la Sierra Norte de Oaxaca, que no forman parte de los Pueblos Mancomunados, pero que tienen el interés de detonar un proyecto ecoturístico en su comunidad, fortaleciendo así la oferta turística de nuestra región y contribuyendo al empoderamiento de otras comunidades.

Pablo Giner:  Dado que uno de vuestros objetivos es servir como modelo de referencia, ¿qué acciones realizáis con otros proveedores de turismo comunitario?

Angelina Martínez: El trabajo que hemos realizado a lo largo de casi tres generaciones ha inspirado a otros colectivos indígenas. Cada año ofertamos viajes para el intercambio de experiencias, brindando a otras comunidades y organizaciones la oportunidad de hacer un viaje de aprendizaje con nosotros. En él compartimos nuestro modelo de negocio, el esquema de organización, así como los retos y aprendizajes que hemos tenido a lo largo de 26 años de trabajo.

Por otro lado, también brindamos asesoría especializada a grupos que lo requieran y participamos como conferencistas en eventos especializados de turismo y algunos organizados por universidades del país.

Buscamos compartir nuestra visión de que un turismo responsable y comunitario que conviva con los ecosistemas sin vulnerarlos, es posible. Lo hemos hecho durante tres generaciones; es posible integrar a mujeres y hombres de diferentes edades y es posible que todos aprendamos de cada uno aunque no hablemos el mismo idioma. Y por eso,  hemos asumido la responsabilidad de cambiar los imaginarios brindando el ejemplo de una realidad alternativa gracias al turismo.

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Pablo Giner: ¿Qué importancia tiene en vuestro proyecto la inclusión social?

Angelina Martínez: Nuestra iniciativa está basada en los sistemas tradicionales de organización comunitaria, donde los actores locales representan la parte más importante del proyecto. Es por ello que promovemos su participación activa en todas las etapas y planes de desarrollo. Como resultado, nuestra iniciativa genera empleos directos en 3 sectores poblaciones importantes.

1) Los jóvenes: representan el sector población más susceptible de emigrar.

2) Los adultos: que a diferencia de las ciudades donde después de los 60 años es difícil encontrar empleo, el turismo les permite mantenerse activos, por poseer un amplio conocimiento del territorio y la vida comunitaria.

3) Las mujeres: con el paso del tiempo, su participación ha alcanzado todos los ámbitos del proyecto turístico. No sólo en puestos de recamaristas o cocineras, también es común verlas guiando o en puertos administrativos.

Los recursos llegan de manera extensiva a las comunidades y se distribuyen directamente a los diversos prestadores de servicios, fortaleciendo así la economía local.

Pablo Giner: ¿Cuál es el impacto generado en el empleo, tanto en la oficina central en la ciudad de Oaxaca como en las comunidades?

Angelina Martínez: Actualmente nuestro proyecto genera 126 empleos locales directos, pero al tratarse de una empresa comunitaria los beneficios trasciende a más de 400 familias. A través de la cadena de valor que se ha generado, los recursos llegan de manera extensiva a diferentes actores de la comunidad: panaderos, artesanos, transportistas, comedores familiares, misceláneas, productores, por mencionar algunos. Por otro lado, las utilidades que genera la actividad son presentadas ante las asambleas locales y es la población en su conjunto quien decide cómo se invierten.

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Pablo Giner: ¿Qué pasos tenéis pensados dar en el futuro?

Angelina Martínez: A lo largo de la vida de nuestro proyecto hemos aprendido que el turismo pensado desde el territorio y la conciencia colectiva es un medio para evitar el despojo y erradicar la pobreza; que entendemos como el resultado de la ausencia de esperanza, de derechos humanos, de capacidades, de territorio, de cultura, de autodeterminación y de participación. Hoy, creemos firmemente que el turismo puede ir todavía más allá y convertirse en una herramienta poderosa para impulsar procesos regenerativos en nuestro planeta.

Es por ello que nuestros siguientes pasos están pensados en la creación de un programa de turismo regenerativo en el territorio, a través del fortalecimiento de capacidades locales y programas amigables con la biodiversidad.

Es importante mencionar que no pretenderemos nunca que la actividad turística sustituya las actividades primarias de la comunidad y su esencia, buscamos más bien que se convierta en un completo que permita contribuir al desarrollo de las comunidades al mismo tiempo que se protege su patrimonio biocultural.The

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Empoderamiento femenino en la Mixteca Oaxaqueña: del rescate de las tradiciones al ecoturismo

En El Almacén, comunidad enclavada en las montañas de la sierra Mixteca de Oaxaca, existe un grupo de mujeres que lucha por rescatar la tradición de sus antepasados en la elaboración de pulque y cosecha de aguamiel, que se remonta a la época prehispánica. Además, esta actividad es fuente de ingresos para mejorar su precaria situación económica.

Localizado en la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán, El Almacén es un pequeño poblado con menos de 60 habitantes, en su mayoría mujeres, porque los hombres se ven obligados a emigrar a la Ciudad de México, Oaxaca y otras comunidades, con el fin de obtener trabajo y mejorar sus condiciones de vida.

La esencia de esta localidad, liderada por mujeres, es la elaboración de pulque. La producción de éste se inicia con una ceremonia y ofrenda a la madre tierra, en agradecimiento al elixir que nos comparte. Esas mujeres, quienes se comunican en mixteco, cocinan y tejen con palma, se hacen cargo de la educación de sus hijos y son sostén del hogar.

Viviana Bautista, ingeniera forestal, expone: “La organización de Mujeres Milenarias nació con las primeras ferias del pulque que se realizaron en la comunidad (12 y 13 de mayo) en 2012, cuando empezaron a participar uno o dos productores. Posteriormente, a integrarse y a reunirse. Fue en 2016 cuando se logró agrupar a ocho productores. En 2017, la organización compitió en un concurso que les permitió darse a conocer”.

Señala que a partir de ese año comenzaron a llegar visitantes a El Almacén para conocer el proceso de producción artesanal del pulque. “El proceso de crecimiento del maguey es largo, porque tarda entre 12 y 13 años en crecer y madurar. Muchas veces la gente se desespera, al no ver un ingreso rápido, y muchos tienden a emigrar a otras ciudades y comunidades a trabajar”.

La ingeniera forestal, perteneciente a la comunidad, expresa que en 2018 lo que las ayudó mucho fue obtener la categoría Slow food como el decimosegundo baluarte en México. Esta categoría se otorga a comunidades de productores de pequeña escala que preservan alimentos tradicionales, saberes antiguos y territorios.

Es así como el pulque pasa de ser exclusivamente una bebida alcohólica a una alimenticia, medicinal y salvaguarda los conocimientos, los utensilios, para transmitirlos a las generaciones siguientes.

Emiliano Iturriaga, uno de los fundadores de Rutopía, plataforma que conecta a comunidades indígenas que tienen proyectos de turismo con mercados de todo el mundo con el fin de hacer un desarrollo regenerativo en las comunidades más allá de lo sustentable, plantea que el modelo económico es invertir la cadena de valor: “Lo que está pasando actualmente en el turismo de aventura, en comunidades indígenas de México, es que hay muchos operadores externos que están llevando grupos a las comunidades y la mayor parte del ingreso se está quedando fuera de ellas”.

“Queremos invertir esa cadena fortaleciendo a las comunidades para que ellas mismas operen 100 por ciento el viaje a través de nuestra plataforma, y ahora con la de Airbnb Aventuras Solidarias cualquier viajero pueda reservar una experiencia en esas comunidades y nosotros gestionamos todo el servicio al usuario”.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por La Jornada: El Almacén: mujeres, del rescate de las tradiciones al ecoturismo.

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Piña Palmera: la accesibilidad aplicada desde el enfoque social y de derechos humanos

Piña Palmera es una asociación civil y un proyecto comunitario ubicado en Zipolite, costa de Oaxaca (México). Hace 33 años nació como una casa-hogar donde se abandonaban a personas de las comunidades rurales que tenían algún tipo de discapacidad. Con el paso del tiempo, la organización cambió la manera de trabajar, haciendo un giro del enfoque caritativo al enfoque social y de derechos humanos.

En la actualidad, Piña Palmera promueve la vida independiente de las personas con discapacidad. Para ello han creado talleres productivos, que son propuestas para generar una fuente de ingresos para las personas con diversidad funcional, pero también para sus familias. Los productos creados en estos talleres son en su mayoría vendidos en la tienda de artesanías que tienen a disposición de los visitantes de Zipolite.
No obstante, en su tienda no solo venden aquello elaborado en el recinto, sino también están a la venta artesanías que llegan de otras comunidades rurales. A través de los años, en Piña han creado un sistema para identificar cuáles son las comunidades vecinas con mayor riesgo de exclusión, y apoyan su desarrollo socio-económico a través del turismo y la comercialización colaborativa.

“En Piña Palmera trabajamos con personas con discapacidad de comunidades rurales e indígenas” explica Patricia Matías, empleada en Piña Palmera. A lo que añade, “en los talleres se utilizan elementos y recursos locales, como por ejemplo el taller de aceite de coco prensado en frío, champús y jabones de coco y canela, artesanías de madera y de palma… fueron los propios artesanos locales los que nos vinieron a capacitar”.

A raíz de los talleres productivos, durante los últimos 3 años llevan diseñando una rama paralela enfocada en el turismo a la que han llamado “talleres con conciencia”. Aquí el objetivo es la integración social del visitante con los artesanos del centro, quienes les enseñan cómo llevan a cabo su trabajo a través de un proceso de inmersión en el cual el visitante es “puesto” una discapacidad para elaborar la artesanía.
En Piña Palmera entienden el proceso de inclusión comunitaria desde una estrategia que han denominado rehabilitación pactada en la comunidad. Patricia nos explica cómo trabajando con recursos locales y con adecuaciones de otras tecnologías más avanzadas, pueden adaptar nuevas estrategias a su propia realidad y climatología.

Pero la relación de Piña con el sector turístico no termina aquí, según Patricia, “también trabajamos con hoteles, para capacitarles en todos los aspectos relacionados con la accesibilidad. Desde cosas tan básicas, pero que poco se piensan, como la elaboración de menús en braille o la atención correcta por parte de los empleados, hasta cursos y programas específicos para todos los departamentos del hotel.”

En una era donde el turismo accesible es cada vez más entendido como una necesidad y un derecho mundial, el ejemplo de Piña Palmera nos recuerda cómo el proceso puede ser simple si nos enfocamos en adecuar la cadena de valor del turismo a la realidad local. Crear redes entre las diferentes empresas que conforman la actividad turística de un destino para fomentar la conciencia social, adaptando a las necesidades y ampliando la oferta de productos locales, con una historia detrás suena algo lógico, pero desgraciadamente no tan común como nos gustaría.

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De depredadores de tortugas a héroes anónimos. El poder del turismo para promover el cambio

La comunidad de la Escobilla (Oaxaca, México) cuenta con 25 km de playa, 7 de los cuales son los preferidos para dos especies de tortugas marinas en peligro de extinción: la tortuga prieta y la laud. También es la playa más importante del mundo en la que desova casi de manera constante la tortuga golfina. Suena emocionante, ¿verdad? Pues hace no tantos años en este mismo lugar, se mataban 30 mil tortugas marinas al año con fines (en su mayoría) de subsistencia de la comunidad.
Este medio de sustento fue por mucho tiempo la razón por la cual muchas de las familias de La Escobilla eran depredadores de tortugas: las cazaban y robaban sus huevos para después venderlos. Cerca del 2002, la playa fue decretada Área Natural Protegida por el gobierno federal, promoviendo su conservación pero eliminando (y sin dar alternativa) a las formas de vida de familias enteras.
No obstante, la denominación no terminó por proteger la tortuga en su totalidad, ya que en lugar de proponer un programa de conservación, la playa era bruscamente vigilada durante las 24h del día por el gobierno federal, eliminando cualquier uso, tanto productivo como de ocio. Entonces la comunidad decidió formarse como cooperativa y crear un proyecto ecoturístico que pusiera sobre la mesa un programa de conservación coherente, con el objetivo de permitir a los depredadores reinventarse dentro de una industria lícita, dejando a sus familias un legado del que poder sentirse orgullosos.
Sóstenes Rodríguez fue uno de ellos: un depredador convertido en un héroe anónimo. “Empezamos siendo 97 miembros” explica; “ganamos un recurso de gobierno y pudimos construir cabañas, diseñar un recorrido en cayuco en la laguna que lleva a la playa y aplicar para el permiso de liberación de tortugas, que llegó apenas 3 años”. El recuerdo inunda el semblante de Sostenes, las cosas han cambiado mucho desde aquellos inicios. Prueba de ello es que a finales del 2017 tan solo 13 miembros siguen al pie del cañón.
“El primer día que llegó un cliente estábamos muertos de miedo y nadie se atrevía a darle la bienvenida.” Prosigue Sóstenes, “nos aventamos y pues así empezó la andadura. Pero nada ha sido fácil, ya que al poco de empezar, fueron llegando retos que nos echaban para atrás: el huracán Carlota en el 2012 nos devastó el 70% del proyecto; un fuego posterior se llevó la palapa del restaurante y ya recientemente, el sismo del 9 de septiembre. La gente canceló sus reservas y dejó de venir durante los tres meses siguientes. Apenas ahora empezamos a recibir visitantes.”
Actualmente en la comunidad de La Escobilla se liberan una medía de 200 crías de tortuga prácticamente todos los días del año. No obstante, este número varía dependiendo de las grandes arribadas, llegando incluso a liberar entre 600 y 800 tortugas diarias. Cuando llegan visitantes, los guías realizan un recorrido por la playa o la laguna explicando las características del animal y la importancia de su conservación para el ecosistema y la cadena alimentaria. Una vez llegado al punto de liberación en la playa, se explica cómo manejar adecuadamente las crías y el visitante comienza con la liberación. Es una experiencia indescriptible.
Lo cierto es que aún existen hueveros, incluso dentro de la propia comunidad. No obstante, anteriormente se saqueaban 800 mil tortugas al año, y ahora con los esfuerzos de la comunidad y de los patrullajes nocturnos, han conseguido que ese número se reduzca a 50 mil. “Está más duro ahora pues queda luchar contra los contrabandistas más aferrados,” admite Sostenes, “pero nuestro objetivo es que este número se reduzca a cero en un futuro cercano.”
“El ser humano tiene el poder de cambiar.” Termina Sóstenes, “Yo le hice mucho daño a la naturaleza, era un depredador: de tortugas, de cocodrilos, de iguanas… también tuve que salir de mi casa a la edad de 7 años pues la vida me convirtió en cabeza de familia y tenía que llevar dinero a casa. Pero pienso que nunca es tarde para cambiar si uno verdaderamente quiere, y devolver a la naturaleza lo que le quitamos en el pasado.”
La Escobilla verifica que el turismo es un instrumento de desarrollo socio-económico y de conservación. Pero también demuestra el reto al que se enfrentan los proyectos de turismo comunitario en el mundo: la falta de acceso al mercado meta y la consecuente desmotivación de los miembros de la comunidad. La gran mayoría no tienen una formación en turismo o comercialización, y más que capacitación necesitan acompañamiento en el proceso de aprender a poner en valor esos recursos tan cotidianos para ellos, pero tan apasionantes para el visitante.

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Conservación, diversión, educación y turismo responsable. Con Kowabunga todo es posible.

Clara

Lejos de los habituales paquetes turísticos de voluntariado con animales, Kowabunga Ecoproject ofrece una experiencia anual en Oaxaca (México), donde el viajero participa activamente en la conservación de una especie amenazada: las tortugas marinas. Clara, su fundadora, nos explica a continuación la clave del éxito de esta elaborada proposición de viaje: participación activa, educación social y ambiental y experiencias únicas que no dejarán al viajero indiferente. Sin olvidarnos del ecoturismo responsable como filosofía de empresa, el cual maximiza en el bienestar animal y genera un impulso económico en la población local.


Ángela: Cuando llevan a sus clientes a ver el desove de las tortugas ¿de qué forma garantiza el bienestar de las mismas?

Clara: Kowabunga Ecoproject trabaja con guías locales, muy conocedores del área, que desarrollan durante prácticamente todos los días del año la labor de conservación de tortugas marinas. Nosotros, el primer día de la experiencia, realizamos una reunión con los viajeros en la que explicamos las pautas de comportamiento tanto durante los recorridos como durante la estancia en la comunidad. Los patrullajes se hacen con grupos de personas reducidos, sin luz que pudiera disuadir a la tortuga de salir del mar, y manteniendo un volumen de conversación que no perturbe a los animales que podamos encontrar en el camino (no sólo se ven tortugas, también cocodrilos, distintas aves, etc.). Una vez visualizamos a la hembra de tortuga, no nos acercamos a ella hasta que haya elegido su lugar y empieza a hacer el nido. Nos preocupamos así de mantener una distancia de seguridad que no interfiera en la labor de la tortuga.

No tocamos a los animales en la medida de lo posible, y las cámaras se emplean si flash, gracias al alumbrado de una linterna especializada para luz nocturna que porta el guía. Si tenemos que ayudar a las crías a llegar al mar porque las circunstancias así lo requiriesen, enseñamos cómo hacerlo (es importante no transmitir olores a los animales, tener las manos limpias de repelentes anti mosquitos, y frotadas con arena de la playa, etc.). Así mismo se dan instrucciones sobre cómo manipular los huevos… En definitiva, se enseñan pautas de comportamiento medioambiental para que la labor de conservación sea realizada con éxito.

Ángela: ¿Qué estrategias siguen para comunicar la sostenibilidad y vuestro trabajo a favor del bienestar animal?

Clara: Según los grupos a los que nos dirijamos, la estrategia cambia. Realizamos labores de educación ambiental con niños: en España dando talleres en colegios, donde tratamos de transmitir que nuestras acciones, aunque estemos alejados del mar (en nuestro caso, que somos de Madrid) pueden tener una acción directa y contaminante de los océanos. Tratamos de contar que tenemos una pequeña responsabilidad, y que por ello debemos esforzarnos. Y en Ventanilla (la comunidad indígena zapoteca en la que trabajamos en México) realizamos talleres con los niños de la comunidad, lo que también resulta muy enriquecedor para los viajeros, que obtienen una perspectiva más global de la problemática que se da en el lugar.

El grupo de Kowabunga haciendo talleres con niños en Ventanilla

En España, además, damos conferencias en universidades, nos movemos por todos los medios de comunicación que nos brindan un espacio. El mensaje que transmitimos es sencillo: una pequeña región del planeta ha optado por la sostenibilidad ambiental como alternativa de futuro, teniendo al ecoturismo como aliado. Antes, nuestra comunidad vivía de la caza del cocodrilo y de la tortuga. Ahora viven de enseñar su patrimonio natural, es decir, promueven la conservación. Ha habido un cambio de paradigma. Si eso sucede en ese lugar, se puede extrapolar a otros minúsculos puntos del planeta, por lo que el mensaje de que el desarrollo sostenible funciona se convierte en algo real y tangible.

“Una pequeña región del planeta ha optado por la sostenibilidad ambiental como alternativa de futuro, teniendo al ecoturismo como aliado […] el mensaje de que el desarrollo sostenible funciona se convierte en algo real y tangible.”

Ángela: De todo lo que habéis conseguido hasta ahora, ¿de qué estáis más orgullos@s?

Clara: Hay muchos puntos que nos enorgullecen. Muchas barreras que hemos salvado. Sacar adelante un proyecto con un océano de por medio (la burocracia no es fácil cuando hay siete horas de diferencia, y los vuelos son siempre un problema para el bolsillo), trabajando con comunidades con una cultura y una tradición bien distinta. Ser aceptados por ellos, formar parte de un objetivo común, de una misma sociedad, es muy gratificante.

Otra cosa que nos enorgullece es poder ver en los viajeros, esas personas ajenas que han confiado en ti, en tu proyecto y en tu mensaje, la emoción y el sobrecogimiento ante tanta belleza (el paisaje es apabullante), y los nervios previos a cada patrullaje por encontrar ante sus ojos a un animal en peligro de extinción al que, al menos en ese momento no le va a pasar nada porque nuestra presencia le protege… Nervios que sentiste tú mismo el primer día que hiciste un patrullaje, y que sigues sintiendo aunque acuse el cansancio… Ese sentimiento de gratitud es inmenso, y muy hermoso.

Ángela: En tu opinión, ¿cuál crees que es la situación del turismo responsable en México?

Clara: Sin ninguna duda hay muchos indicios, y hemos podido ser testigos privilegiados de ello, de que el turismo responsable es una herramienta emergente que además es muy poderosa. Creemos que se han dado una serie de circunstancias que hacen crucial este momento en el sentido de cómo se va a usar esta herramienta. Es el momento en el que muchas comunidades y zonas tienen que elegir un camino: un turismo convencional cuyos resultados ya se conocen, o bien un turismo sostenible, con beneficios más a largo plazo, pero que indudablemente empodera a las comunidades, entre otras condiciones. Así que el ecoturismo representa un apoyo hacia grupos de gente que ha decidido tomar el camino alternativo.

México es un país megadiverso, tiene distintos ecosistemas, y muchos atractivos culturales. Es un escenario privilegiado para probar ese tipo de desarrollo, y en muchos lugares, como en Oaxaca, donde Kowabunga opera, se está dando. También ha sido un país en el que se ha probado la explotación no sostenible y se conocen sus consecuencias. Pero algunos lo han tomado como un punto de partida hacia lo diferente… y de aprendizaje.

¡Muchas gracias Clara! Recuerda que puedes seguir a Kowabunga Ecoproyect visitando su página web, siguiéndoles en Facebook & en Twitter

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