La importancia de las experiencias auténticas en el turismo: el ejemplo de Alberto y sus abejas.

Alberto
Alberto Uría

Alberto Uría es un apasionado del medio rural asturiano y de sus abejas. Tanto que además de producir una deliciosa miel, va un paso más allá para involucrar al visitante en su región a convertirse en apicultor por un día. En esta entrevista, Verónica Álvarez habla con Alberto para conocer su punto de vista sobre el turismo sostenible en Asturias y los retos a los que se enfrenta como emprendedor en el medio rural.


Verónica: ¿Cuál es el motivo que te llevó a emprender en el medio rural?
Crédito José Ramón Navarro
Visitantes disfrutando de la experiencia. Crédito José Ramón Navarro

Alberto: Por un parte, era tratar de vivir en el medio rural. Por otra, intentar volver a los orígenes para buscar, otra vez, la naturaleza de las cosas. Es algo muy básico. En mi casa toda la vida se produjo miel. Mi tío tuvo un problema de salud que le obligó a dejar las colmenas. Cuando se acabó la miel de casa que teníamos, tuve que comprar, y cómo lo que compré no me gustó, me creí capaz de hacer algo mejor de lo que se vendía. Además, las abejas siempre fueron un animal por el que sentía pasión. Era la excusa perfecta para poder volver al pueblo, convivir en sintonía con la naturaleza e intentar vivir de forma tranquila.

Verónica: ¿Cuáles son los mayores problemas a los que te has enfrentado para iniciar tu actividad y a lo largo de estos años que llevas trabajando? ¿Tienes apoyo de la administración pública?

Alberto: Hay un problema muy grave en lo relativo a cómo están planteadas las subvenciones. Normalmente las ayudas económicas están diseñadas para gente que ya tiene dinero o que está dispuesta a ofrecer avales bancarios o hipotecarse. Por lo que si no quieres (o no puedes) realizar una gran inversión inicial, y no te quieres hipotecar, no te dan ningún tipo de ayuda económica. De todas maneras, el mayor problema que yo me encontré fue el desconocimiento del consumidor, por lo menos en mi campo. La gente entiende que miel es cualquier cosa dulce y líquida, y no es así. Esto no te facilita las cosas cuando quieres apostar por trabajar de forma natural, o de forma sostenible, pensando en el bienestar del animal. Esto, más bien, te dificulta las cosas porque no eres competitivo. No te conoce nadie, estás empezando, y el problema es que en nuestra sociedad no existe la igualdad de oportunidades.

Experiencias de apicultor. Crédito José Ramón Navarro
Experiencias de apicultor. Crédito José Ramón Navarro

Ese es el mayor problema que yo me encontré: tener una apuesta decidida, arriesgada, diferente, que implicaba educar o reeducar al consumidor con falta de apoyo administrativo. La administración pública, bajo mi punto de vista, debería velar sólo por lo natural y estrictamente necesario, o sea por las cosas que realmente fueran sostenibles y rentables por sí mismas. Los organismos públicos, con los numerosos técnicos públicos que existen, debería mirar la viabilidad económica de cada proyecto o iniciativa, si lo único que se quiere medir es la viabilidad económica. Creo que deberíamos caminar hacia una sociedad en la que primarán más los valores, los ideales, la cultura tradicional, el respeto por nuestras razas autóctonas, así como nuestra forma primitiva de trabajar, que por una rentabilidad económica por sí misma.

Verónica: ¿Qué diferencia tu miel de otros proyectos similares en materia de sostenibilidad?

Alberto: No puedo decir que soy mejor que los demás, sino que prefiero contar a lo que yo me dedico. Yo lo ligo todo al territorio. Yo creo en un sistema, o en una forma de producir miel o productos derivados de la miel, totalmente natural, y ello implica cosas positivas y cosas negativas. Implica una menor producción, pero de mayor calidad. Implica un mayor arraigo cultural, porque produces siempre en el mismo valle y adquieres un conocimiento exhaustivo de la flora, y puedes garantizar una excelente calidad ambiental. Aunque la miel asturiana no tenga ningún tipo de certificación o sellos de calidad, la certificación es mi marca. Al consumidor le puede gustar más o menos mi miel. Le puede resultar muy fuerte o poco fuerte. Le puede gustar el sabor o no. Pero tengo unas máximas innegociables, que son mis líneas rojas que se centran en no alimentar a mis colmenas, bajo ningún concepto y practicar una apicultura estante para favorecer la polinización de toda la cobertura vegetal que me rodea, estresando menos al animal y garantizando su bienestar.

“Deberíamos caminar hacia una sociedad en la que primarán más los valores, los ideales, la cultura tradicional, el respeto por nuestras razas autóctonas, así como nuestra forma primitiva de trabajar, que por una rentabilidad económica por sí misma.”

Por otra parte, en los 8 años que me llevo dedicando a la apicultura nunca he vendido ni un solo gramo de miel que no saliera de uno de mis colmenares. Nunca jamás. Estos 3 principios básicos hacen que yo controle totalmente la calidad del producto final, y mi marca de calidad. Yo trabajo así y no voy a entrar a valorar cómo trabajan los demás. Yo creo que al final, ya que no tenemos una Indicación Geográfica Protegida, la IGP debe ser nuestra propia marca de calidad. Si te dedicas a comprar y revender, lo que vas a tener son calidades diferentes. Es la única forma de poder posicionarte en el mercado siendo pequeño. Yo lo hago a través de mis valores, así como con los proyectos de conservación y de recuperación de hábitats que desarrollo. El mensaje tarda en llegar a la población, pero al final llega. Es una vuelta a los productos de autor, y a que el consumidor quiera “la miel de Alberto”.

Verónica: ¿Cuál crees que es el futuro del Turismo Sostenible en el medio rural Asturiano?

Alberto: No soy un gran conocedor ni dominador del tema. Yo no soy un turista, sino que me considero un viajero pero en cuanto al futuro del turismo, no lo tengo muy claro. Hay territorios saturados, y otras zonas maravillosas en las que no hay nadie. Yo creo que si lo que estamos buscando es un turismo responsable, debemos hacer, por lo menos, un turismo ordenado. No tiene ningún sentido que tengamos el 90% del turismo concentrado en 5 zonas de Asturias, y el resto totalmente despobladas. Debemos volver a los productos de autor, y poder descubrir las historias que hay detrás de cada proyecto o territorio que visitamos.

La gente está viviendo en las ciudades y deja la llave de la casa rural con el vecino por lo que cuando llega el visitante coge la llave y todo se convierte en un ‘búscate la vida’. Nadie te enseña el lugar, nadie te enseña el entorno o el destino, nadie te enseña nada de la cultura. La gente vive del turismo y sabe que hoy estás tú y que mañana van a llegar otros. Al final no aprendes ni descubres nada. Debemos volver al origen de las casas rurales, y del turismo rural tal y cómo empezó, porque ahora está completamente pervertido.

Verónica: ¿Qué consejos le darías a una persona que quiere emprender en tu sector?
Experiencias de apicultor Crédito: José Ramón Navarro
Experiencias de apicultor Crédito: José Ramón Navarro

Alberto: El consejo que le doy a todo el mundo es el del libre pensamiento. Yo creo que lo que debe hacer cada persona es ser consecuente consigo mismo, tener una idea y defenderla. Hay que tener muy claro lo que se quiere hacer, y lo que no se está dispuesto a hacer bajo ningún concepto. Si tú decides, por ejemplo, producir mantequilla de leche de vaca de raza casina, en una zona de alta montaña, debes tener claras las líneas rojas que nunca vas a cruzar. Tratar de no comprar jamás en la vida nada que no es tuyo, y que seas honesto contigo mismo. Si realmente haces bien y con cariño las cosas, no es tan importante que te quieras dedicar a producir garbanzos o lechugas, eso es lo de menos. Yo animaría a la gente a que empiece a medir las cosas, sobre todo, en convicciones, más que en dinero. A la larga los valores y los ideales también te alimentan, y aunque ganes menos dinero, cuando estás orgulloso de cómo haces las cosas, eres feliz.

 Si te gustaría contactar con Alberto puedes hacerlo a través de su página web o en Facebook

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Abejas, miel de Outurelos, el oso pardo y el turismo sostenible

Hace poco pasé el día con Alberto Uría en el campo conociendo su trabajo y su oficio. Alberto es un jóven apicultor asturiano que cambió una cómoda vida en la ciudad, por una pequeña aldea ubicada en el concejo de Ibias. Quería volver al origen de su vida, recuperar una pequeña parte del oficio familiar, y apostar por vivir del campo y luchar por la supervivencia del medio rural. Enamorado de las abejas, y preocupado por la defensa y conservación de la naturaleza, hace 8 años que fundó la marca Miel de Outurelos. Sus 120 colmenas, localizadas por diversos puntos del Parque Natural y Reserva de la Biosfera de Fuentes de Narcea, Degaña e Ibias, conviven a diario con el Oso Pardo Cantábrico, un animal que le ocasiona más de un disgusto, pero del que aprendió a defenderse con técnicas tradicionales, y a quien defiende cómo a sí mismo. En el año 2014, gracias a un proyecto LIFE, Alberto recuperó un cortín de abejas, una construcción circular de piedra, típica del Suroccidente de Asturias, y que sirve para proteger las colmenas del ataque del oso. Este proyecto tenía como finalidad la recuperación del hábitat del Urogallo cantábrico, además de ayudar a recuperar una parte del patrimonio etnográfico de Asturias.

No es de extrañar que alguien con los principios de Alberto exija un turismo responsable para el bien del medio rural asturiano, como bien me explicó: “para mí el turismo sostenible necesita una implicación total con la población local, es decir, comer lo que ellos comen, vivir lo que ellos viven y dormir donde ellos duermen. Debe ser algo que esté hecho en un lugar donde el beneficio directo se quede en las personas que habitan en ese lugar.” En este punto ya los dos estamos envueltos en un debate acalorado sobre el estado del turismo sostenible en el Oriente de Asturias. “Lo que no puede ser,” prosigue Alberto, “es que los alojamientos rurales sólo estén abiertos 3 o 4 meses al año, y el resto del año el pueblo se queda deshabitado. Para mí un turismo sostenible debería dar sostenibilidad al lugar que tú estás pretendiendo promocionar o visitar, pero no durante unos meses sino todo el año. En mi opinión parece una trashumancia de gente, y no debería ser así.”

“Para mí el término turismo sostenible es demasiado genérico, y no creo que sea la persona más indicada para hablar de ello.” A lo que añade, “lo básico y fundamental que debe promover el turismo sostenible es implicar más al turista. Vivir la cultura y la tradición local. Debería conllevar, necesariamente, un esfuerzo en conocer la cultura de ese lugar que estás intentando fomentar, y no sólo lo que el cliente espera encontrar.” En este momento me doy cuenta de que Alberto es bastante modesto, ya que sabe muy bien de lo que habla… “Cuando viajamos a un lugar masificado, como el Oriente de Asturias,” me sigue explicando “no estamos descubriendo su cultura tradicional, tan siquiera la gastronomía asturiana que da al cliente lo que quiere. Por ejemplo el ‘cachopo’, que ni siquiera es un plato tradicional asturiano, sino una moda, o la fabada asturiana, elaborada con alubias procedentes de Chile. Lo que se está haciendo es explotar el lugar, y al explotar las cosas sin control se están agotando y se termina por adulterar el destino. Se está acabando con los orígenes y con la tradición de los territorios. Bajo mi punto de vista, la premisa del turismo sostenible debería ser la conservación de la cultura y la naturaleza del lugar, sobre todo la sostenibilidad del propio territorio. Yo no quiero un restaurante que esté abierto solo 4 meses al año. Quiero que esa persona pueda vivir de ese de ese negocio, para mí eso es algo sostenible. El Turismo Sostenible,” me dice sonriendo y mirando al horizonte, “necesita no sólo conocimientos, porque esos se pueden adquirir, pero también el cariño del que lo enseña.”

Alberto es sin duda una persona de fuertes valores y convicciones, y no vende ningún tarro de miel que no salga de sus colmenas. Outurelos produce diferentes tipos de miel, siempre con las condiciones de no alimentar a sus abejas, no utilizar ningún tipo de producto químico, y sin practicar la trashumancia, ya que su máxima preocupación es el bienestar del animal. Además durante los veranos, en la época de mayor trabajo en el campo, utiliza su poquito tiempo libre para realizar visitas guiadas. Esta actividad no le genera grandes beneficios económicos, a veces ni siquiera beneficios, pero su objetivo es reeducar a la población sobre el consumo de productos locales y sostenibles, el consumo de miel de calidad y la importancia de las abejas como garantes de la conservación de la biodiversidad.

Si te gustaría contactar con Alberto y conocer más sobre su miel, visita tu página web aquí.

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