Con cifras que superan los 1.260 millones de euros de ingresos a nivel internacional y 1.186 millones de viajeros en 2015, -según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT)-, el potencial de este sector para servir de palanca hacia la sostenibilidad es enorme. Y apostar por ello tiene muchas ventajas. Entre otras, el bajo impacto ambiental de este tipo de turismo, que gestiona de forma sostenible los recursos naturales, mantiene los procesos ecológicos esenciales y ayuda a conservar la diversidad biológica. Además, respeta la autenticidad sociocultural de las comunidades locales, conservando sus valores tradicionales y contribuyendo al entendimiento y la tolerancia intercultural, logrando así que las comunidades locales se integren en las actividades turísticas.

Asimismo, y según defiende el Instituto de Turismo Responsable (ITR),esta forma de gestión más sostenible genera empleo local, directo  e indirecto, y estimula el desarrollo de empresas turísticas -agencias de viajes, transportes, alojamiento, alimentación, recreativas, etc.-, y también de empresas dedicadas a otras actividades relacionadas de alguna manera, como ganadería, agricultura o comunicaciones, entre otras.

Otras de las ventajas del turismo sostenible es que el beneficio económico se destina a la conservación o al desarrollo local, contribuyendo así a la reducción de la pobreza, la generación de conciencia de los problemas políticos, sociales y ambientales locales, y favoreciendo el consumo responsable.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Compromiso Empresarial: “Turismo sostenible, o cómo aunar competitividad y responsabilidad”.

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