El turismo y la accesibilidad

Ayer asistimos a un interesantísimo encuentro organizado por Travindy e Ideas for Change y en el que participaron como ponentes: Raquel Huete (Profesora e Investigadora de la Universidad de Alicante), Eduardo Arilla (Alcalde de Borja), Izaskun Benito (Directora de Equalitas Vitae) y Francisco Rodríguez (Consultor de Innovación en Ideas for Change).

En el marco del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, se estuvo tratando la importancia del papel del turismo en la accesibilidad. Cómo la accesibilidad constituye uno de los pilares de los destinos inteligentes, qué obstáculos se encuentran y qué retos hay por delante para que el turismo sea, de verdad, una actividad para todos y todas.

La accesibilidad, como concepto multidisciplinar, está recogida en los ODS 4, 8, 10 y 11.

La accesibilidad como pilar de los destinos turísticos inteligentes

La cantidad de personas usuarias de servicios accesibles es cada vez mayor y se ha avanzado en la sensibilización. Hay más demanda y más conciencia, pero siguen faltando los medios y la inversión.

Cada vez hay más iniciativas y cambios en los destinos. Podrían haber aparecido mucho antes, pero como reza el dicho «nunca es tarde si la dicha es buena». Los avances existen pero son lentos y se requiere pisar un poco más el acelerador.

Como bien se ha incidido en el encuentro «hay que creérselo y, sobre todo, no vender humo».

Es importante recordar que la accesibilidad no solo se refiere la movilidad física y motora, también se deben tener en cuenta las necesidades especiales visuales, auditivas o intelectuales. Tener una visión global de todas las necesidades hará que las soluciones en las que se invierta abarquen a todas las personas posibles.

Principales obstáculos en la cadena de valor en cuanto a accesibilidad

Los hándicaps que se han mencionado son los siguientes:

  • Administración y Patrimonio: Muchos edificios históricos, objeto de visitas turísticas, no pueden adaptarse correctamente a las personas con movilidad reducida. Se ha destacado la lentitud en los estudios y la concesión de permisos para rampas y adaptabilidad de los espacios.
  • Conexión entre los recursos turísticos: Hay fallos de comunicación y conexión desde que el usuario hace la reserva hasta que vuelve a su lugar de origen. Se reclama información más clara que de confianza y seguridad al visitante.
  • Algunos establecimientos aún no comprenden la ventaja competitiva que les proporciona ser más accesibles y cumplen con las mínimas exigencias, en muchas ocasiones, insuficientes.
  • Falta de concienciación sobre la amplitud de la accesibilidad: Como hemos recogido antes, muchas veces pensamos que solo existen necesidades en cuanto a movilidad física y motora, cuando también debemos tener en cuenta las sensoriales e intelectuales.
  • El transporte público sigue estando un paso por detrás en cuestión de accesibilidad: cualquier turista tiene el derecho de moverse hacia el lugar de destino, pero también dentro de ese destino, con comodidad y adaptado a sus condiciones.
  • Falta de formación en el personal: Los empleados que atienden a los turistas (recepción de un hotel, guía de un museo, etc.) no suelen tener una formación específica sobre cómo atender a personas con necesidades especiales. Desde las empresas deberían ofrecerse cursos de formación específicos en este sentido.
  • Accesibilidad web: No solo el destino y todo recurso que en él participa debe ser accesible, también lo deben ser las distintas herramientas de información y consulta. Las páginas web de reservas, las de turismo oficiales de los destinos, etc. deben ofrecer la información accesible para todos y para todas.

Retos a los que se enfrenta el destino turístico

  • Más información accesible. Está bien que se invierta en tecnología para la accesibilidad, pero casi más importante es hacer que el contenido sea accesible (QR de lectura fácil, PDF compatibles con lectores de pantalla…)
  • Los miembros que conforman la cadena de valor del turismo deben ir en consonancia. De nada sirve que las empresas promuevan iniciativas y que el poder ejecutivo no se alinee con ellas.
  • Recogiendo una frase muy ilustrativa de Raquel Huete, «un buen lugar para visitar tiene que ser un buen lugar para vivir», se remarca que un destino turístico que sea, de verdad, inteligente para el turista también lo es para las personas que viven él.
  • La transversalidad del turismo es innegable y tiene una llave importante para conseguir grandes avances en la accesibilidad universal.

Aún hay reticencias en ofrecer datos públicos sobre accesibilidad, imaginamos que por miedo a «no quedar bien». Pero, si hay destinos que disponen de recursos accesibles, ¿por qué no se publicitan más?

Dos buenos ejemplos en este sentido son Turismo de Cantabria y Turismo Castilla-La Mancha.

Más normalización, empatía y sensibilización, y sobre todo, hacer partícipes a las personas con necesidades especiales de accesibilidad en los proyectos que se vayan a hacer para ellas. ¿Qué mejor que ellos y ellas para probar si las soluciones funcionan?

En cuanto a formación se refiere, si bien aún queda por hacer en educación reglada, podéis encontrar cursos y recursos muy interesantes y específicos en la materia, en las siguientes propuestas:

Agradecemos a los organizadores y ponentes por este encuentro tan necesario y útil y os animamos a formaros e informaros sobre accesibilidad, cualquiera que sea vuestra especialidad, sector o campo.

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Repensar el turismo: Destinos accesibles, destinos que molan

El turismo debería ser, sin duda, una actividad abierta e inclusiva que integre y dé respuesta a las necesidades de todas y cada una de las personas. El concepto de turismo accesible, de hecho, contribuye a la igualdad y ayuda a evitar cualquier fórmula de discriminación.

No obstante, aunque la consigna es clara, todavía nos queda mucho por aprender en este ámbito. En la Unión Europea, tan solo un 9,2% de las instalaciones y servicios turísticos cuentan con algún grado de accesibilidad. El resto, es decir, casi un 90%, no están preparados para atender a personas con discapacidad física. Un hecho que deja atrás a muchos consumidores: según un informe publicado por la Fundación Adecco en 2018, el 56% de las personas con movilidad reducida y otras discapacidades renuncia a irse de vacaciones por falta de accesibilidad en alguno de los puntos del ciclo del viaje.

Estas cifras contrastan con lo que podría ser una potencial ventana de oportunidad y una inteligente estrategia para el sector, especialmente en el contexto actual de bajada de la demanda. Y es que en Europa, nuestro principal mercado emisor, hay 138,6 millones de personas con necesidades de accesibilidad en sus diferentes vertientes.

A esto hay que sumar el alto grado de envejecimiento de la población. En España hoy en día  el 18,8% de las personas tienen más de 65 años pero, de cara a 2066, está previsto que el número se duplique. Las personas mayores (denominadas en algunos ámbitos parte de la silver economy) tienen una renta mayor que segmentos más jóvenes de la población y plantean -unido a su derecho de viajar de manera cómoda y segura- una coyuntura atrayente para la industria turística.

Ambos colectivos, además, reducen uno de los grandes dolores de cabeza de muchos destinos, especialmente los españoles: la estacionalidad. En la Unión Europea, las personas con necesidades de accesibilidad realizaron una media de 6,7 viajes al año en 2013 y, en España, 7 viajes al año en 2015. Es decir que, en lugar de concentrar las vacaciones en meses de temporada alta, diversifican sus viajes. 

También son multiclientes, ya que el 96% de los viajeros con necesidades de accesibilidad viajan acompañados. Y gastan aproximadamente 28% más que el resto de turistas para asegurar las condiciones de accesibilidad.

Por último, suelen repetir cuando encuentran un destino accesible. Es decir, son clientes más fieles que el resto de turistas y, gracias a plataformas como Tur4all, pueden compartir sus experiencias y comentar sobre los establecimientos que visitan y su grado de accesibilidad. 

Accesibilidad en tiempos de la Covid-19

Mucho hemos hablado ya sobre la nueva etapa del turismo de distancias -o contactless- y mascarillas en la que nos adentramos, pero poco sobre el papel que tendrá la accesibilidad de los destinos en su desarrollo y adaptación a esta nueva normalidad turística. 

Para analizar dónde nos encontramos en estos momentos en cuestión de accesibilidad, desde Ideas for Change estamos organizando un nuevo webinar de #Destinosquemolan sobre la temática. Una nueva cita contaremos en la que contaremos con la participación de tres mujeres que conocen bien el sector, tanto a nivel peninsular como latinoamericano:

El evento estará moderado por Pako Rodríguez, consultor especializado en turismo en Ideas for Change, y contará también con la participación de Javi Creus, Fundador y Director de la misma organización.

El webinar será accesible gracias al apoyo de Aptent, y cuenta nuevamente con la colaboración de nuestro media partner, Travindy.
Las inscripciones pueden realizarse a través de este enlace.

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Regenerar los modelos de negocio, clave para proyectar el futuro empresarial

Pocas personas podrán decir que abandonaremos este periodo de crisis igual que lo empezamos. A lo largo de estos meses, todas y cada una de las organizaciones de nuestro entorno han visto transformada su actividad. Tal y como corrobora nuestro informe “Observatorio de Capacidades Emergentes”, en el que documentamos más de 150 ejemplos de iniciativas empresariales y ciudadanas surgidas durante las primeras cuatro semanas del estado de alarma, nos hemos visto obligados a ser creativos: aprender a hacer cosas nuevas, reinventar nuestros espacios de trabajo, organizarnos de manera autónoma.

Si todo va bien, próximamente nos tocará reactivar la actividad empresarial, y tendremos que hacerlo en un escenario distinto e inaudito. La Covid-19 ha transformado las prioridades de la sociedad y, con ello, por supuesto, la demanda. Pero también ha reformulado la oferta. Por poner un ejemplo, el coste que destinamos al alquiler de oficinas, viajes de negocios y equipamiento informático es más sustituible entre sí que nunca y lo mismo ocurre con muchos otros elementos de nuestro día a día.

En esta nueva fase, surge la oportunidad de regenerar nuestros modelos de negocio. Liberar la energía que destinábamos a acciones que han demostrado ser inútiles y obsoletas para focalizarla en aquellas prácticas surgidas de la emergencia que nos pueden ayudar a rediseñar nuestro presente y a proyectar nuestro futuro.

Es cierto que no es una tarea fácil, pero hay fórmulas que pueden ayudarnos a conseguirlo. A través de la metodología Pentagrowth para el diseño de modelos de negocios disruptivos, hemos identificado cuatro ingredientes o “Quick Wins” que las empresas podrían implementar para rediseñar su modelo de negocio con el objetivo de ganar velocidad y resiliencia en la salida de la crisis: activar lo disponible, aligerar la cadena de valor, acelerar la transformación y fortalecer la resiliencia.

1. Activar lo disponible: A la vez que hemos dejado de hacer cosas que nos proporcionan nuevo tiempo y espacio, hemos descubierto recursos que hasta ahora permanecían ocultos. Analizar el papel que estos nuevos activos pueden ocupar dentro de una organización ayudará a diseñar acciones a corto plazo. Tenemos la oportunidad de recombinar y activar de manera diferente los procesos y productos para producir más valor: desde los datos, hasta los recursos materiales, pasando por las capacidades de los colaboradores, la función específica de la empresa dentro del sistema y el conocimiento de la entidad.

2. Aligerar la cadena de valor: La productividad ha aumentado de manera notable durante el tiempo en el que la red ha pasado a ser la infraestructura básica y la movilidad ha quedado relegada a algo excepcional. Los activos infrautilizados o disponibles en abierto se han multiplicado, y también lo han hecho los roles y las capacidades que han desarrollado los ciudadanos. En el entorno empresarial, tenemos la oportunidad de revisar de manera sistemática los procesos de producción y entrega de la oferta comercial para balancear el esfuerzo propio y el externo de manera que aligeremos la cadena de valor.

3. Acelerar la transformación: Lo hemos demostrado: las esferas institucional, empresarial y ciudadana pueden colaborar en armonía y con una velocidad asombrosa a la hora de resolver misiones críticas, y tenemos que trabajar para que siga siendo así. Los retos sociales y empresariales que nos depara el nuevo escenario no son asumibles por iniciativas individuales. Deberemos ser capaces de crear ecosistemas que generen valor de manera conjunta y que creen nuevos estándares dentro de sus mercados. Para conseguirlo, tendremos que entender qué estructura de agentes existentes, nuevos agentes y start-ups tienen potencial de éxito en este nuevo entorno para poder anticipar las herramientas y funciones que serán necesarias.

4. Fortalecer la resiliencia: Más que nunca, las empresas han tomado consciencia de que dependen de las comunidades con las que comparten su futuro. Asociaciones, grupos ciudadanos y comunidades informales se habían posicionado ya como aliados clave para acelerar la transición, pero al suceder lo imprevisto han demostrado todavía más su valor para asegurar la supervivencia. No obstante, son muchas las organizaciones que tienen todavía una gran cantidad de conocimiento cerrado o inutilizado. Distinguir qué parte de éste tendría valor compartir en abierto puede contribuir a la creación de alianzas informales y, en consecuencia, a la resiliencia de la organización.

Es evidente que la supervivencia de las organizaciones depende a cortísimo plazo de su capacidad para resistir el embate de la Covid-19, pero resistir no va a ser suficiente en el nuevo entorno económico y social. Puede que no estemos preparados para acometer grandes transformaciones, pero la oportunidad para realizarlas en el futuro vendrá dada por la capacidad que demostremos para implementar “quick wins” que nos permitan proyectar un propósito más ambicioso.

Este artículo ha sido originariamente publicado en Via Empresa y reproducido en Travindy con permiso del autor: “Regenerar los modelos de negocio, clave para proyectar el futuro empresarial”.

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La transición turística en los tiempos del coronavirus

Aunque empezamos a ver luz al final del túnel, no olvidemos que desconocemos la longitud de éste y no podemos estar seguros de, si lo que vemos a lo lejos, es una luz u otra locomotora que se dirige hacia nosotros. El problema es que, hasta que no esté lo suficientemente cerca como para escuchar el sonido inconfundible del motor o distinguir su figura, no sabremos qué es realmente lo que hay: si la salida del túnel o un choque brutal si no frenamos a tiempo y damos marcha atrás al menos a la misma velocidad.

Momento actual

Algo así estamos viviendo actualmente en el sector turístico, uno de los primeros sectores en recibir en España las medidas de desescalada puestas en marcha por el gobierno. Estas medidas suponen, a día de hoy y para los establecimientos que estén en condiciones de abrir, poder hacer uso del 50% de la capacidad de bares y restaurantes que dispongan de terraza, o bien para recogida de pedidos de comida a domicilio.

En el caso de los establecimientos hoteleros, el panorama es similar, aunque se le suma la ausencia de demanda debido a las restricciones en cuanto a movilidad. Es decir, el personal vuelve tras el ERTE pero sin trabajo que realizar.

Y no hace falta irse a la patronal para encontrar voces que duden de la eficacia de estas medidas. El sindicato CCOO se ha unido a los hoteleros para pedir que se amplíen los ERTEs durante al menos seis meses de cara a evitar despidos obligatorios masivos debido a la escasez de negocio actual.

¿Por qué es importante que se gestione bien esta situación en la parte de la oferta? En primer lugar, porque de ella dependen cientos de miles de puestos de trabajo, entre ellos también el de los empresarios. En segundo, porque de ella depende en buena medida el atractivo de nuestros destinos turísticos. Se habla mucho de turismo local en la primera fase de apertura turística, pero ¿cuáles de esos establecimientos que forman parte de la oferta alojativa y gastronómica podrán aguantar esta situación que vivimos? ¿Qué atractivo tendrán esos destinos si hay oferta reducida o inexistente para dormir o comer? Está claro que tras un cierre puede haber una nueva apertura, pero ¿quién se va a arriesgar en estos momentos de incertidumbre máxima a abrir un negocio sobre otro que ha quebrado?

Por otra parte, un tema que salió en el segundo debate que mantuvimos en el webinar sobre Repensar el turismo organizado por Ideas for Change es el de la demanda. El coronavirus ha hundido la economía española a niveles históricos. Vamos a estar, o estamos ya inmersos, en una crisis global. Este hecho, como es obvio, afectará al empleo y a nuestra renta disponible para viajar.

Ya se están estudiando medidas para subvencionar directamente a los turistas, por ejemplo, con bonos vacacionales para viajar dentro del territorio que concede la ayuda.

Creo que no hace falta debatir mucho para llegar a la conclusión de que, con una oferta a la baja y una demanda muy posiblemente a la baja, el mercado turístico se verá reducido a niveles de hace 50 años. Y es cierto que el medioambiente lo agradecerá. La duda que surge es qué sectores van a absorber, en plena recesión global, esa fuerza laboral sobrante si esto llega a ocurrir.

Momento post pandemia previo vacuna

Si, finalmente, lo que vemos al final del túnel resulta ser la luz, y la desescalada nos lleva al fin de la declaración de pandemia, aún hará falta disponer de una vacuna eficaz antes de poder hablar de normalidad, ya sea de la nueva o de la anterior. Mientras, serán los diferentes países según sus datos los que decidan abrir o cerrar fronteras propias o con ajenos según las circunstancias particulares de cada territorio.

En este posible escenario de turismo post-pandemia-previo-vacuna, o sencillamente turismo de mascarillas y guantes y de contacto limitado, mucha será la inversión que tenga que realizar la oferta que haya sobrevivido para poder ofrecer un servicio con las máximas garantías sanitarias. Y mucha la responsabilidad de la demanda para viajar de manera segura, tanto para uno mismo como para todo ser con el que se entre en contacto.

En cuanto a las posibles medidas, una de las más críticas son los controles de temperatura en origen y destino. Ya se están poniendo en marcha otras como mamparas para las recepciones de establecimientos hoteleros, la eliminación del buffet libre, la conexión por móvil de todo lo que hasta ahora era manual (llave de la habitación, interruptores…), dispensación de guantes, mascarillas, envases unipersonales de hidroalcohol, geles, champús…y con ello también daremos pasos atrás en cuanto a la sostenibilidad.

A nivel demanda, una de las que más suena es el pasaporte sanitario, así como certificados de inmunidad al virus. En este sentido, si bien hasta hace muy poco había muchas dudas sobre la posible inmunidad, parece que éstas se empiezan a disipar en el mejor de los sentidos y se descarta -a fecha de hoy- la reinfección de los curados. Ésta desde luego podría ser una de las mejores noticias, ya que los inmunes certificados eliminarían para sí mismo y los demás el riesgo latente que a fecha de hoy suponemos todos y cada uno de nosotros y que obliga a reducir aforos de manera drástica.

Aún con todo esto, recordemos que la apertura del turismo supondrá un riesgo enorme a nivel global. A nivel nacional vemos cómo en Alemania han debido dar marcha atrás en su desescalada debido a repuntes en el índice de contagios (pasando de 0,7 a 1) y sus expertos predicen nuevas oleadas futuras de contagios.

Segmentando por edades, recordemos que existe un grupo de riesgo que no solo no podrá viajar de momento como lo hacía hasta ahora, sino que habrá que tener especial cuidado en los diferentes destinos para evitar contagios que vuelvan a poner a nuestros mayores en una situación extrema.

Momento post vacuna

Suponiendo que, cuando dispongamos de una vacuna, ésta será eficaz, toca plantearse si ese escenario turístico post vacuna será igual o parecido a como era el sector antes de que se declarase la pandemia.

Casi 20 años después todavía convivimos con las marcas de la era post 11-S en el sector. Si bien es cierto que los causantes de aquella tragedia ya no están entre nosotros, buena parte de las medidas de seguridad se mantienen por si vuelve a pasar de mano de otros actores. La cuestión es la misma, ¿en vista de posibles nuevos virus se mantendrán algunas de las medidas implementadas? ¿Viajaremos como si nada hubiera pasado los próximos años o mantendremos las distancias y haremos del uso de higienizantes, guantes y mascarillas como parte de nuestros viajes?

Hemos visto durante estas semanas como parte de la industria turística se ha adaptado a la ausencia de desplazamientos y ha digitalizado parte de su catálogo. Por ejemplo, experiencias online que han sustituido con mucho éxito a experiencias hasta ahora reservadas exclusivamente para los visitantes a ciertos destinos, así como visitas culturales, museos o guías turísticos controlados en remoto.

¿Este “turismo” virtual ha venido para quedarse? ¿Será complementario como una herramienta de marketing, a la que nos hemos adaptado a la fuerza, para dar a conocer ciertos destinos de manera más eficiente? ¿Será un sustituto de los viajes a larga distancia por el miedo que ha generado lo vivido? Recordemos que la seguridad es un factor esencial en el turismo. Muchos estamos de acuerdo en que las agencias de viajes y los seguros verán reforzado su papel en el sector para aportar mayor seguridad, pero de momento nadie puede garantizar nada.

Muchos de los avances hechos en estas semanas podrían impactar directamente en sectores tradicionales con alta afluencia de público, entre ellos el sector MICE (Meetings, Incentives, Conventions and Exhibitions), aunque ya hay ciudades que están centrando su estrategia en el desarrollo de este nicho, o los museos. Otras modalidades de viajes, como los cruceros, tienen frente a sí un gran reto, ya que digitalizar esa oferta resulta más complicado.

Para finalizar, aquí algunas de lo que considero claves:

  • La colaboración público-privada, público-pública y privado-privada es una de las grandes claves. También la responsabilidad personal de cada uno de nosotros, tanto en origen como en destino, tanto como ciudadanos como en nuestro rol de turistas o viajeros.
  • La comunicación a todos los niveles debe ser clara y concisa para aportar la tan necesaria seguridad.
  • Hemos de sacar partido a los aprendizajes que nos ha traído esta crisis, de cara a saber gestionarla en caso de que se vuelva a repetir algo similar.
  • Deberíamos aprovechar las capacidades adquiridas para crear un turismo de impacto positivo, o al menos un turismo en el que las externalidades positivas superen con creces a la negativas
  • Ahora más que nunca es necesaria la utilización de la tecnología a nuestro favor: ese turismo digital que estamos practicando estos días puede servir para acercar los destinos a los turistas, tanto para trasladar la propuesta de valor, como la tan necesaria sensación de seguridad.

Lo seguro que es que volveremos a viajar. La duda es cuándo y cómo.

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¿Hacia un turismo “contactless”?

“La mayor amenaza para la población británica es que un animal contagie a un granjero chino, el granjero infecte luego a su comunidad local, y el virus coja un avión al Reino Unido”.

Así se expresaba en 2018 Devi Sridhar, profesora y presidenta de la Unidad de Salud Pública Global de la Universidad de Edimburgo durante una charla.

Los países con más infectados son los países con más conexiones internacionales. Esto, claramente, supone un reto para esa nueva normalidad de la que tanto se habla. Una pandemia, al igual que el turismo, es un tema global y se ha de tratar desde la colaboración más absoluta, por el bien de todos y el del propio sector.

Parece que todos estamos de acuerdo en que volveremos a viajar. La pregunta que cada vez toma más importancia es cómo lo haremos. Y, para este necesario cambio, no hay vuelta atrás. Ya estamos viendo cómo en algunos destinos la oferta se está adaptando a esta nueva normalidad que aún no ha echado a andar: hoteles con mamparas en la recepción que disponen de guantes, mascarillas e hidroalcohol, habitaciones que se abren y se controlan con el móvil para evitar contacto innecesario, comidas en mesa (se acabó el buffet libre) o directamente servidas en la habitación de manera obligatoria.

Ahora el reto se presenta en origen, ¿cómo se va a controlar de una manera eficiente a todas y cada una de las personas que viajan? Algunos países han adoptado la política de poner en cuarentena durante dos semanas a toda persona proveniente de ciertos países que entrase por sus fronteras. Actualmente, el pasaporte español no sirve para entrar en más de 110 países. Obviamente, estas “soluciones” no son compatibles con el turismo.

Como tampoco es compatible con la situación centrarse única y exclusivamente en el control en los aeropuertos. Tan sólo en 2019 más de 12 millones de turistas llegaron a España en su propio vehículo. Contemos también los que llegan en barco (cruceros), tren o, mejor aún, los que combinan diferentes medios de transporte. Claramente el avión es el principal y más directo transporte del virus, tal y como comentaba la profesora Sridhar, pero no es el único. Sobre todo teniendo en cuenta que aún nos queda mucho por conocer sobre el Covid-19 (mutabilidad del virus, número de asintomáticos, inmunidad real tras superarlo y duración de ésta…). Recordemos que ya no se trata de evitar que el virus se traslade de China a Reino Unido, ahora estamos en un escenario de convivencia con él, al menos hasta que dispongamos de una vacuna eficaz. Ya se plantean medidas de prevención, por ejemplo en Renfe y en otros medios de transporte, donde se limitará el aforo para permitir el distanciamiento mínimo recomendado. En el sector del transporte se habla ya directamente de un cambio en la cultura de los viajes.

Tengamos en cuenta que más de 1.400 millones de personas viajaron por el mundo en 2019, según datos de la OMT. Si contamos los viajes internos, el número se triplica. Lo que hasta ahora representaba una oportunidad, ahora supone una amenaza para la salud pública. Si cualquiera de los controles en origen falla, volveremos a la situación en la que nos encontramos actualmente. Parece claro que el sector, con todas sus ramificaciones, ha de replantearse a lo largo de toda la cadena de valor y a lo ancho de todo el mundo.

En España actualmente se dan dos circunstancias que lo cambian todo:en primer lugar, y como mencionábamos anteriormente, nuestro pasaporte no sirve para viajar a la mayoría de los países y, en segundo lugar, nuestro país no está disponible para hacer turismo y así lo comunican desde países emisores tradicional como Alemania. Ya veremos cómo queda la imagen en un entorno competitivo como es el que se vislumbra cuando salgamos de ésta.

También nosotros, como turistas, hemos de replantearnos nuestra forma de viajar. Si hasta ahora esta actividad era de acercamiento y contacto, parece que en el corto y medio plazo lo será de distanciamiento mínimo y de higiene extrema.

Desde algunas administraciones se habla de 4 fases en la reactivación del sector turístico:

  • Fase 0: actual, de coma inducido – reflexión
  • Fase 1: turismo local – apertura
  • Fase 2: turismo nacional – crecimiento
  • Fase 3: turismo internacional – expansión

Cada una de estas fases debería ir precedida por un profundo análisis sobre la implicación que tiene cada uno de nuestros movimientos como viajeros y seguida de datos que confirmen las diferentes hipótesis. Todo ello de manera conjunta con los datos actualizados sobre el virus y sus implicaciones.

Si hasta ahora el sector turístico era pionero en la adopción de los avances tecnológicos, en estos momentos no puede plantearse no hacer uso de todos y cada uno de los que aporten mayor seguridad, datos y soluciones. La inteligencia artificial, el internet de las cosas, la blockchain y otras herramientas han evolucionado también con el sector, ahora deben estar a su disposición para hacerlo avanzar.

Recordemos que el turismo a nivel masa es muy sensible al factor seguridad. Ahora más que nunca la colaboración global es imprescindible y ésta ha de nutrirse de datos compartidos que respeten la privacidad y legalidad.

Para analizar estas y otras incógnitas, puedes ver de nuevo los webinars organizados por Ideas for Change en su canal YouTube y dejar tus comentarios y reflexiones al respecto.

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