Vega Community

Una arquitecta italiana y un ingeniero hondureño son los creadores de Vega Community, un experimento para una comunidad sostenible entre la ciudad y la naturaleza en Honduras.



La idea que tenían desde que estaban viviendo en Europa era la de crear un espacio en el que se pudieran mezclar culturas y opiniones, con el fin de crear un crisol cultural orientado al crecimiento y desarrollo personal y de la sociedad. Así que en mayo de 2021, en la ciudad de San Pedro Sula crean Vega Community, un espacio de co-living y co-working para nómadas digitales y amantes de la naturaleza.

Además de este espacio donde poder alojarse, poseen una finca de cacao de más de 1.800 árboles. La intención ahora es terminar las instalaciones de fermentación y secado, donde realizarán igualmente talleres y elaboración de diferentes productos.

Desde el principio hasta el final, Vega Community respira sostenibilidad a raudales. Los alojamientos están hechos con contendores reciclados. Un proyecto brillante de arquitectura tropical bioclimática. Poseen un sistema de compostaje de todos sus residuos, tienen producción de alimentos, están desarrollando operaciones de compostaje en San Pedro Sula… En definitiva, quieren crear una comunidad consciente y atenta a la sostenibilidad, ofreciendo inmersión en la naturaleza, en espacios de co-working y co-living.

Un precioso proyecto de turismo y vida sostenible que va a cambiar los estilos de viaje tradicionales, favoreciendo el desarrollo socioeconómico local y provocando una concienciación y sensibilización al viajero que llegue a este lugar. Esparciendo de esta manera valores de sostenibilidad, como hacen las plantas con sus semillas

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El turismo comunitario, clave del empoderamiento de la mujer en el mundo maya

Los cinco países herederos de esa rica tradición, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras y México, han visto crecer en los últimos tiempos asociaciones y cooperativas cuyos objetivos son que pobladores de esas comunidades guíen a los turistas en un recorrido por su cultura viva y que los fondos obtenidos redunden en ellas.

“El papel de las mujeres en el turismo comunitario y en toda la vida es primordial, porque somos las generadoras de todo el movimiento de la organización, de las comidas y también hay mujeres guías, tenemos puestos directivos… Estamos en todas las fases”, explica a Efe Justita Ríos, representante del centro ecoturístico Top Che, situado en la Selva Lacandona, en Chiapas (México).

La Asociación de Guías de Ecoturismo Rupalaj K’istalin, de San Juan La Laguna, en Guatemala, está estrechamente vinculada al trabajo protagonizado por mujeres. Una de sus integrantes, Olga Cholotio, recuerda que en la comunidad tz’utujil, de la que ella procede, las mujeres dependían “de si el hombre trabajaba en el campo, en la oficina” y tenían que “esperar la paga”, pero que “ahora los papeles son a la inversa”.

Si esta modalidad turística ha servido a las comunidades para obtener recursos propios, para mostrar al viajero una relación respetuosa con el medioambiente y para que éste experimente una manera diferente de conocer un país, el grupo más favorecido, según se desprende de sus manifestaciones, es el de las mujeres.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por El Comercio: El turismo comunitario, clave del empoderamiento de la mujer en el mundo maya”.

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Comunidades de Amapala luchan contra los prejuicios sobre Honduras

En el Golfo de Fonseca varias asociaciones comunitarias se esfuerzan diariamente por demostrarle al mundo que existe una Honduras mucho más bella y amigable de la que se suele vender. Amapala, por su alegría y tranquilidad, es un claro ejemplo de ello.

Si hay un destino donde definitivamente es falso aquel axioma que sostiene que Honduras es un país tremendamente peligroso, es Amapala, localizada en la Isla del Tigre. Pero cómo explicárselo a la comunidad turística internacional, sin apoyo del gobierno nacional y sin demasiados recursos económicos. En esa misión trabaja día y noche toda la comunidad. Y específicamente, la Asociación Hostales Perla Mar y la Asociación de Pescadores Artesanales de la Aldea Las Pelonas.

Al notar que en algunos meses del año llegaban visitantes con la intención de pernoctar en la isla y se tenían que retirar por no encontrar lo deseado, nació la idea de algunas mujeres de ofrecer una habitación que esté en desuso dentro de sus propias casas.

En el año 2002, con el apoyo de la Asociación Visión Mundial y tras recibir varias capacitaciones, se formalizó y legalizó aquella actividad ya en marcha, conformándose así la Asociación Hostales Perla Mar. En la actualidad está compuesta por 21 socias, 18 mujeres y tres hombres, que ofrecen 1 o 2 habitaciones y servicio de alimentación dentro de sus propias casas. En algunos pocos casos ya se están construyendo habitaciones afuera de las casas, para aquellos turistas que deseen más independencia.

Puerto de Amapala

Pero la oferta turística no queda allí. La misión es compartir con el turista la convivencia diaria de la familia que lo alberga y el estilo de vida de la comunidad entera. El método es la hospitalidad sin límites. En poco tiempo uno se siente parte de la familia y por ende, de Amapala. Llevar al turista a recorrer la isla, mostrarle las mejores playas y subir el cerro Amapala (o del Tigre) es parte de su amabilidad. La asistencia a eventos y ferias comunitarias tampoco faltarán.

Otra asociación que trabaja incansablemente por sacar adelante la isla es la Asociación de Pescadores Artesanales de la Aldea Las Pelonas. Esta organización nació en el 2010 ante la preocupación por la escasez de peces, debido en gran parte al cambio climático. Casi toda la aldea se ha dedicado desde tiempos inmemorables a la pesca artesanal y en esos años su oficio estaba en crisis. Entonces algunas familias decidieron organizarse colectivamente para enfrentar la crisis y optaron por hacer arrecifes artificiales tamaño domo.

Con esto no solo aumentó considerablemente la cantidad (y mejoró la calidad) de los peces sino que también les abrió la puerta para otra actividad económica: la turística. Sin abandonar su oficio tradicional, ahora la asociación ofrece el tour de la pesca deportiva, que consta de un paseo en lancha por donde están ubicados los arrecifes artificiales para que el turista pueda experimentar la principal actividad de los pobladores. El paseo incluye todo el equipo de pesca, chaleco salvavidas, alimentos y bebidas.

La asociación actualmente está compuesta por 6 hombres y 6 mujeres y también está luchando contra el prejuicio machista de quienes no creen posible que una mujer maneje el motor de una lancha o les enseñe como pescar. En muchas ocasiones quienes acompañan y guían al turista durante el tour de pesca deportiva son dos mujeres. Además la asociación maneja una caja rural donde se realizan préstamos entre socios y proyectos de conservación ambiental, como por ejemplo la reforestación de manglares.

Playa de Amapala

Sin lugar a dudas, estos proyectos turísticos son muy importantes para las comunidades, ya que las familias han encontrado un ingreso económico que les permite sobrellevar con mayor comodidad la crisis estructural a la que son sometidos los sectores más empobrecidos del país. Son un verdadero ejemplo de lucha diaria para sacar adelante sus familias y también, en el ambiente turístico, para romper con determinados estereotipos.
“No vayas, es muy peligroso”, “No hay nada para ver”. “Solo tienes que ir a Copán y Roatán”. Frases como estas se escuchan muy seguido cuando mencionas Honduras durante tu viaje, como si este país no fuese compatible con el verbo viajar y/o disfrutar. Pero ni los malos gobiernos de turno ni aquellos prejuicios internacionales deben taparnos la riqueza cultural/natural de Honduras. Amapala, como otros tantos lugares de Honduras, es sinónimo de tranquilidad, alegría y amabilidad. Y las comunidades locales no solo trabajan arduamente para salir adelante, sino que además están esperando visitas de todo el mundo para demostrar que hay otro país muy distinto al que suelen vender los medios dominantes.

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En el Golfo de Fonseca (Honduras) la unión es la fuerza y el turismo, la esperanza.

Históricamente el sur de Honduras ha sido una región que ha tenido que enfrentar varios conflictos, tanto limítrofes (con El Salvador y Nicaragua) como internos. A pesar de todos los obstáculos que el poder político-económico ha puesto en su camino, algunas comunidades se están organizando desde hace un tiempo para mejorar su calidad de vida e incluso proteger especies marinas y manglares. Así nació la Unión Regional de Pescadores Artesanales del Golfo de Fonseca, donde apuestan al turismo como alternativa económica.

Las malas temporadas de pesca y la ausencia de asistencia social moldearon la necesidad, de algunas de las comunidades más empobrecidas del país, de organizarse para buscar alternativas económicas para su subsistencia. En el 2010 se creó la Unión Regional de Pescadores Artesanales del Golfo de Fonseca, compuesta por 12 organizaciones de base de 7 comunidades distintas pero de la misma región.

Una de ellas es la Asociación de Protección de la Tortuga Golfina, que trabaja permanentemente en conjunto con la Asociación Mar del Pacífico, ambas ubicadas en la comunidad El Venado. Para estas organizaciones, que desde los 80’ se dedican al cuidado de una de las sietes especies de tortuga marina, su apuesta al turismo nació tanto para cubrir gastos de protección como para generar empleo a las familias de la comunidad.

En El Venado se ofrece al turista la experiencia del desove, recolección de huevos y liberación de la tortuga. Esta actividad se vende desde septiembre a noviembre y no tiene mayor objetivo que proteger los huevos de los depredadores. También la misma organización ofrece desde el año 2009 alojamiento, comidas y paseos por los manglares.

Muelle de Comunidad El Venado. Crédito: Rubén Salinas

Otra Asociación  que forma parte del Corredor Turístico de la Unión es la llamada Perla del Pacífico, ubicada en la comunidad El Cedeño. Ofrece paseos en lancha, tanto a bosques de manglares como a islas cercanas, administra un estacionamiento y está construyendo un alojamiento en la playa. Está compuesta por 13 familias que se cansaron de sufrir las malas temporadas de la pesca, y si bien no han abandonado su oficio, desde el año 2015 tienen otra alternativa.

En la comunidad El Ojochal, 15 mujeres formaron en 1990 la Asociación Luz y Esperanza para sacar adelante la economía de sus familias y vivir mejor. Tienen una tienda de consumo, caja rural y una panadería. En este momento tienen proyectada la construcción de una cafetería, para que el turista antes de ir a la playa o a la liberación de tortugas (actividades más convocantes) pasen por su comunidad. También participan en la reforestación del manglar y han puesto en marcha una biblioteca popular, dejando claro su compromiso con el resto de la comunidad.

Compromiso que muy esporádicamente asume el Estado. Pero en El Venado, Ojochal y Cedeño saben muy bien que son sus propias manos las que deben proteger y liberar su futuro de aquellos depredadores foráneos. Creen en su trabajo y confían en el turismo. Saben que están lejos de las luces del país, esas que brillan en la Isla de Roatán y las Ruinas de Copán.

Pero su llama está encendida. Crece de manera autónoma y colectiva, porque como las mujeres de Ojochal aseguran, “organizadas es como se avanza”. Y mientras el sistema turístico internacional dominante niega y olvida el sur de Honduras, estas – y otras – organizaciones de base trabajan día y noche para hacerles recordar que el Golfo de Fonseca también existe y tiene mucho para iluminar.

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