Vivimos tiempos difíciles para la profesión del guía. Primero, el auge de internet hace que cada vez sean más las webs y/o Blogs que nos ayudan a organizar experiencias por nuestra cuenta, mostrándonos los lugares más impresionantes con descripciones “perfectas” de los territorios. No nos preocupa ni si los relatos de los territorios o actividades que queremos descubrir son correctos o erróneos, ni si son escritos por personas locales o por turistas que han visitado una sola vez la zona. Segundo porque cuando se realiza promoción turística institucional de un destino en ferias o de manera digital, siempre dan más valor a los alojamientos, evitando promocionar actividades guiadas, que son las que aportan la calidad y el valor al destino. Y tercero, por el problema de la potencial competencia desleal de estos organismos institucionales con el propio guía, cuyos documentos sobre rutas y elementos patrimoniales terminan por desvincular a los guías de su propio territorio, apartándoles de la misma actividad turística.

Parece que nos hemos olvidado de la figura del guía, y más concretamente del guía local. Este profesional es una persona que conoce en profundidad todos los rincones de un territorio, sus monumentos, sus árboles, sus plantas, sus aves, su geología y sus montañas. Pero sobre todo, conoce a la perfección a sus habitantes. Sabe cuáles son los mejores lugares que visitar, dónde comer, en cuáles se sirven productos propios de la tierra… Los guías, además, somos los mejores embajadores de nuestro territorio. Son las personas más importantes a la hora de promocionar un destino, porque no habrá nadie que lo venda con más amor y pasión que estas personas, lo que favorece que aumente el interés de los visitantes en conocer su tierra.

Desde el punto de vista del turismo sostenible, los guías locales estamos contribuyendo a cambiar el mundo. Por un lado, favorecemos el incremento de la economía local favoreciendo que muchas personas puedan vivir de su trabajo, al mismo tiempo que difundimos las costumbres y tradiciones ancestrales. Por otro, aprendemos a conservar nuestro patrimonio natural y cultural, lo que nos ayuda a proteger y conservar el territorio en su conjunto creando una red territorial, que llena de energía y positivismo a cualquier viajero.

Cada vez más, observamos como grandes turoperadores y agencias, tanto españolas como extranjeras, traen sus propios guías. Estas empresas no favorecen el incremento de la economía local, ya que sólo contratan alojamientos en el destino. Incluso muchas veces traen sus propios vehículos, por lo que tan siquiera contratan transporte, ni servicios de restauración. Los organismos públicos deberían posicionarse duramente para evitar que esto siga sucediendo, porque un destino turístico no se compone sólo de alojamientos, hay muchos profesionales implicados en esta tarea: guías, restaurantes, sector primario, artesanos, transporte público,… y una larga lista. Estos guías que vienen con este tipo de empresas no conocen nuestro patrimonio. Y no hablamos sólo de Bienes de Interés Cultural o Catedrales. Se trata del componente humano, de nuestra tradición, de nuestra gastronomía, de nuestra naturaleza.

Los guías somos también asesores o consultores. No se nos olvide esto. Porque tenemos el conocimiento que aportan los años de experiencia de trabajo en el territorio, conociendo todos los rincones y empresas con las que los turoperadores y agencias pueden trabajar adecuadamente para cada experiencia que organicen. Se trata de un trabajo de asesoramiento exhaustivo y personalizado para actividad que se organice. Que los visitantes se vayan con el sabor de boca de querer repetir destino, e incluso un valor añadido para turoperadores y agencias de fidelizar clientes con experiencias únicas, innovadoras y auténticas. Hablamos de incluir todo lo que hace único a un destino, y que nadie mejor que un guía local para que nos muestre esa belleza, con el amor y pasión que sólo ellos y ellas saben poner.

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