La generación que va a experimentar en sus carnes los efectos del cambio climático

El contador marca las horas que quedan para llegar a cero. Una nube de humo negro se extiende entre decenas de ciudades de Indonesia y Malasia. Las imágenes satelitales muestran los estragos de los incendios y las talas ilegales en las regiones amazónicas de Brasil y Bolivia. En Pekín, los rostros se mimetizan con las mascarillas. Angola y la República Democrática del Congo amanecen con cientos de bosques calcinados y cultivos destruidos. Gran Canaria trata de aceptar que su joya natural, el Parque Natural de Tamadaba, necesitará cientos de años para recuperar su verdor. La gota fría arrasa el Levante español y muchos piden ya que algunas regiones de Murcia y Almería sean declaradas zonas catastróficas. La estabilidad del planeta se tambalea mientras el contador, impasible, resta los segundos. ¿Qué pasará cuando se agote el tiempo?

La plataforma Save the Planet Now ha utilizado en su página web el símil de la cuenta atrás como una estrategia de marketing para llamar a la población a sumarse a la iniciativa Climate Strike Madrid. La movilización busca concienciar sobre las consecuencias de una crisis climática acelerada por el voraz sistema de producción y consumo y el uso desproporcionado de combustibles fósiles. Los incendios masivos de agosto, la inestabilidad de las temperaturas y los fenómenos meteorológicos extremos son diferentes caras de un mismo problema.

La marcha se enmarca en una serie de manifestaciones convocadas por todo el planeta bajo el nombre de Global Climate Strike, y que siguen la estela de la iniciativa Fridays for Future, encabezada por la activista sueca Greta Thunberg, de movilizarse cada viernes para exigir a los gobiernos de sus respectivos países que reconozcan la situación de emergencia climática. Se trata de concentraciones pacíficas donde los protagonistas son jóvenes estudiantes comprometidos con el futuro del planeta. Es el caso de Michel, un estudiante de ADE de 22 años, embajador de Save the Planet Now, quien se encarga de visitar diferentes universidades e informar a los alumnos sobre cuestiones medioambientales para trasladar a los más jóvenes el mensaje de que luchar por el planeta es luchar por su futuro.

Comienza una semana de movilizaciones internacionales que culminará el 27 de septiembre con la Huelga Mundial por el Clima. El lunes, Greta Thunberg, el rostro de Fridays for Future, acudirá a la Cumbre Climática de Naciones Unidas en Nueva York. Una semana más tarde, el 7 de octubre, Extinction Rebellion y 2020 Rebelión por el Clima iniciarán la Semana Internacional de la Rebelión. Los jóvenes como Michel se han organizado y sus voces empiezan a escucharse. La cuenta atrás llega a su fin. El mundo aún sigue en pie, pero el reloj nos avisa de que estamos en la última línea roja. La decisión está en nuestras manos.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Ethic: «Somos la generación que va a experimentar en sus carnes los efectos del cambio climático»”.

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Flygskam, la “vergüenza de volar” en Suecia que preocupa a la industria de la aviación

¿Viajar en avión o usar otro medio de transporte? La pregunta se está convirtiendo para muchos en un dilema ético debido al impacto de la aviación en el cambio climático.

Y ningún país ha tomado ese dilema tan en serio como Suecia, donde se ha extendido un nuevo término, “flygskam“, que significa, literalmente, “la vergüenza de volar“.

El nombre se refiere a un movimiento creciente en el país escandinavo, que urge a los pasajeros a no volar y a elegir medios alternativos de transporte para reducir su huella de carbono.

Los suecos hablan ahora de “tagskryt” u orgullo de viajar en tren. Algunos suecos que viajan en tren incluso alientan a sus compatriotas a hacer lo mismo subiendo fotos de sus travesías ferroviarias con el hashtag #tagskryt .

Al viajar en tren un pasajero emite 14 gramos de dióxido de carbono (CO2) por km, en comparación con 285 gramos emitidos si se desplaza en avión. Los cálculos, realizados por la Agencia Ambiental Europea (EEA por sus siglas en inglés), son para un tren de cerca de 150 pasajeros y un avión de 88.

Para aviones de mayor porte, la cifra puede superar 170 gramos de dióxido de carbono por km por pasajero, de acuerdo a un informe del London School of Economics.

Pero uno de los mayores problemas de la aviación es que no solo emite CO2. Cuando los aviones queman combustible también liberan vapor de agua y óxido nitroso, otros gases de invernadero.

Uno de los primeros impulsores del flygskam fue el medallista de oro olímpico y ahora comentarista Bjorn Ferry, conocido por viajar cientos de km en tren a eventos deportivos y negarse a volar debido al cambio climático.

Y la idea ganó más adeptos luego de que la madre de la activista adolescente sueca Greta Thunberg declarara públicamente su intención de no volver a volar.

La idea se hizo aún más popular cuando Greta Thunberg realizó este año una gira de dos semanas por varias ciudades europeas, siempre en tren.

El movimiento del flygskam genera preocupación en la industria de la aviación y fue uno de los temas de la cumbre de tres días de la industria que tuvo lugar el mes de junio en Seúl.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por BBC: Flygskam, la “vergüenza de volar” en Suecia que preocupa a la industria de la aviación.

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