Turismo sostenible para combatir la gentrificación turística

La gentrificación es una realidad que viene intensificándose cada vez más en las grandes ciudades y que supone un gran problema no sólo para la población local, sino también para los turistas que masifican los destinos de manera cada vez más preocupante.

Debido a este turismo de masas y a las consecuencias que esto trae, se genera un cambio de paradigma en el entorno de la vivienda en los centros urbanos de ciudades que tienen una elevada tasa de visitas turísticas.

Gentrificación y turismo

El término de gentrificación define cuando la población que vive en una ciudad se ve obligada a abandonar la misma por la subida general de los precios que se produce (afectando en mayor medida al de la vivienda) siendo sustituida por una población con un mayor poder adquisitivo y por turistas que se alojan en viviendas destinados al uso turístico.

Normalmente, cuando una ciudad se promociona como destino turístico, se crean y ofrecen una serie de servicios para satisfacer las necesidades de los turistas. Si este crecimiento no se hace de manera sostenible, nos encontraremos con ciudades donde absolutamente todos estos servicios e instalaciones estarán únicamente preparados y enfocados al turista.

De esta manera, la ciudad irá perdiendo su propia identidad como destino, enfocándose únicamente en el “turismo líquido” o “turismo express” para aumentar el ingreso económico que se recibe de estos, de manera directa o indirecta.

Un ejemplo claro sería la ciudad de Venecia, Italia. Esta ciudad se ha convertido realmente en una ciudad escaparate, donde apenas vive gente local y se convierte en una parada más de un itinerario turístico, como si de un parque de atracciones se tratase.

Por desgracia, no solo se genera una “turismofobia” por parte de la población local, sino que también, este tipo de turismo afecta a la ciudad como tal, comprometiendo la calidad del aire, daños en sus canales, calles y un largo etcétera que hacen morir de éxito a la ciudad debido a una falta de un plan preventivo y ausencias de medidas para acabar con este modelo de negocio turístico.

Cómo mantener el equilibrio entre el turismo y la población local

Esta tendencia a hacer “dinero fácil” aprovechando y explotando al máximo las ventajas que tiene el destino para la atracción del turismo es una visión cortoplacista, ya que cuando este muera de éxito y se vea comprometido por el turismo de masas y el efecto que esto conlleva, los turistas acabarán yendo a otro destino alternativo y novedoso, donde se acabe repitiendo los mismos pasos.

Si se quiere evitar esto, hay que establecer un plan sostenible de crecimiento en las ciudades incluyendo el turismo sostenible como unos de los principales ejes para combatir este turismo de masasdescontrolado y sus consecuencias directas como la gentrificación.

Este plan para la generación de una convivencia sostenible entre el turismo y la población local abarcan tanto a agentes encargados de gestionar el sector inmobiliario y turístico como también a los residentes del destino y las características del entorno y la localidad.

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Las principales acciones asociadas al plan de turismo sostenible que habría que llevar a cabo por parte de los diferentes agentes, son las siguientes:

  • Establecer límites legales para frenar el auge de las viviendas turísticas:

Hay que evitar que la gran mayoría de las viviendas tengan un uso turístico, ya que esto hará que la oferta de los pisos de alquiler de larga duración baje, subiendo así sus precios de manera descontrolada.

  • Ayudar a habitantes que han sido desplazados por la gentrificación o que estén en situación de vulnerabilidad a través de políticas respecto a la vivienda:

Por un lado, estableciendo un porcentaje de viviendas de protección oficial de edificios de viviendas de nueva construcción, blindando así el derecho a una vivienda digna y, por otro lado, rehabilitando viviendas existentes para un uso de alquiler de larga duración para familias en situación de vulnerabilidad.

  • Cambios en el paisaje urbano y usos del espacio público enfocados no solo en el turismo si no en el uso y disfruto de la población local:

A través de la creación de infraestructuras para residentes, como, por ejemplo, bibliotecas públicas, centro de salud o asociaciones vecinales, entre otros.

Según un informe de turismo y gentrificación por Ostelea, vemos que ya hay ciudades que están implementado una serie de medidas para frenar el avance de la gentrificación como Londres o París, donde se limitan a 90 días el uso de viviendas turísticas o donde se establecen impuestos elevados a las viviendas que se destinen al uso turístico de corta estancia.

Por lo que, no solo habría que ir en la línea de estas acciones de sostenibilidad turísticas para atajar el gran problema de la gentrificación turística que se da, sobre todo, en las grandes ciudades, sino también establecer protocolos y acciones de prevención para evitar acciones derivadas de este tipo de problemáticas.

Fuentes de referencias:

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¿Es posible un Airbnb más ético? Esta nueva plataforma cree que sí

Surgidos al calor de la llamada economía colaborativa, las plataformas de alquiler de pisos turísticos permiten viajar de forma económica y cercana. Pero también es cierto que se acompañan de no pocas controversias, como la subida de los precios de alquiler, molestias a los vecinos, gentrificación o turismofobia. Pero un nuevo concepto quiere volver a los orígenes aplicando una fórmula ética, justa e inteligente.

Frente a esta situación, un grupo de activistas, programadores, investigadores y creativos de todo el mundo se unieron en Fairbnb con el fin de crear una solución viable económicamente y que pueda ser una alternativa válida a las actuales plataformas comerciales.

La iniciativa, que pretende facilitar a anfitriones y vecinos decidir colectivamente junto con los ayuntamientos sobre el modelo de alquiler de la estancia y, sobre todo, reinvertir parte de los beneficios en las comunidades en las que opera. Ya en fase de pruebas, el modelo funcionará en cinco ciudades europeas: Barcelona Ámsterdam, Bolonia, Venecia y Valencia.

En su manifiesto se comprometen a reinvertir parte de los beneficios “en proyectos sociales que luchen contra los efectos negativos del turismo” y que irán desde cooperativas alimentarias a áreas de juegos para niños, proyectos medioambientales y espacios comunitarios.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Cerodosbe: ¿Es posible un Airbnb más ético? Esta nueva plataforma cree que sí”.

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Gentrificación, la okupación cool del espacio urbano

Aunque el concepto, ‘gentrificación’, lleva más de cincuenta años en boca de expertos, arquitectos, sociólogos, activistas, ecologistas y técnicos, conviene situarnos. Imaginen un barrio humilde de cualquier capital, degradado por la violencia, la droga, la suciedad o la escasa inversión pública que se convierte, poco a poco, en una zona de moda, en un territorio cool, que despierta el interés de clases medias-altas, que deciden mudarse a ellos y, en consecuencia, se despliega el omnívoro poder económico en busca de beneficios, poblándolo con locales consagrados al «acto trivial del consumo», como diría Bauman. Ahí tienen la explicación de este incómodo y deprimente concepto: gentrificación.

Piensen en el madrileño barrio de Chueca unas cuantas décadas atrás. Era una zona obrera marcada por la droga y distinguida por la inseguridad. Hoy en día sus pisos rozan los seis mil euros por metro cuadrado.

Recuerden el barrio barcelonés de Ciutad Vella, tan bohemio, tan decadente en sus recodos, tan proletario en su economía. Ahora, la acción de plataformas de economía colaborativa como Airbnb, a través de las cuales personas de todo el mundo ofrecen alojamiento en sus hogares a cambio de módicas retribuciones económicas, han convertido el barrio en un escenario sin alma, sin vínculos, sin referencias.

«Con la gentrificación, la autenticidad de los barrios se banaliza, se convierten en zonas comerciales, en decorados caros, y los vecinos, los que llevamos toda la vida viviendo en ellos, perdemos el espacio público, perdemos los vínculos, y el paisaje urbano que ya no es el nuestro», explica Ramón Sanz, miembro de la Asociación Vecinal de Lavapiés.

Y es que el tipo de comercio indica el nivel de gentrificación existente. «En los barrios conquistados por el capitalismo desaparece el comercio de proximidad, en especial aquel dedicado a la alimentación. Hay una parte importante de vecinos que, por problemas de movilidad, se abastecen casi en exclusiva gracias a este tipo de negocios. La gentrificación acaba con ellos, porque al hacer del barrio un centro comercial, lo que abundan son locales consumistas, prescindibles, que venden palomitas con sabores, jabones de un millón de olores, ropa de precios abusivos, alcoholes importados y exclusivos… nada esencial, nada necesario», asegura Miguel Pardo, un vecino del barrio bilbaíno de San Francisco.

Como en casi todos los aspectos de la vida, la conclusión depende del ángulo desde el que miremos. «La gentrificación también trae progreso a los barrios. Renovación de fachadas, aperturas de restaurantes, y los puestos de trabajo que ello implica, calles más limpias, más seguridad… ¿Alquileres más altos? Tal vez, pero se pagan los servicios y la calidad de vida». Quien habla es Juan, vive en la casa que heredó de sus padres, en el centro de Malasaña, otra zona madrileña que también acusó la gentrificación.

La gentrificación requiere tiempo. Y el territorio concreto sobre el que actúa no es casual. «La gentrificación es uno de los principales mecanismos de gestión urbana neoliberal, que se oculta bajo conceptos tan ambiguos como regeneración, revitalización o renacimiento», apunta el sociólogo Jorque Sequera, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Ethic: “Gentrificación, la okupación ‘cool’ del espacio urbano”.

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Turistificación: la palabra de moda para demonizar al turismo

El sustantivo turistificación “alude al impacto que tiene la masificación turística en el tejido comercial y social de determinados barrios o ciudades”. En la prensa se pueden encontrar frases como “La turistificación que incide de manera depredadora en los precios de la vivienda y en la configuración comercial” o “Numerosas organizaciones y colectivos estuvieron presentes en la manifestación contra la excesiva turistificación de Barcelona”.

En cualquier caso, también podría ser válida la expresión “gentrificación turística”, o igualmente encajaría con el llamado Síndrome de Venecia. Pero lo cierto es, por encima de esa extraña palabra “gentrificación” difícil de pronunciar y de raíz anglosajona, y del otro concepto de confuso significado como “Síndrome de Venecia”, no hay duda que la palabra “turistificación” es la que ahora mismo tiene más proyección en los medios de comunicación generalistas.

Ahora bien ¿Qué estamos entendiendo exactamente? ¿Cómo reacciona el lector, oyente o televidente frente a esta palabra? El problema es que la palabra “turistificación”, cada vez más empleada en televisiones, radios, diarios, etc, sólo refleja esos impactos negativos del turismo, según reflexiona Jordi Calabuig, profesor en la Facultad de Turismo y Geografía de la Universidad Rovira i Virgili.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Hosteltur: “Turistificación: la palabra de moda para demonizar al turismo”.

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Turismofobia o la inquietud ante el sino de la economía colaborativa

Turismo urbano-cultural, congresual, de grandes eventos, en el que la turismofobia parece abrirse paso de mano, en parte, de una economía colaborativa que ha hecho incrementarse en un 16335% las plazas de alojamiento en viviendas, frente al 20% en establecimientos hoteleros.

Son fondos de inversión los que están comprando centenares de pisos para destinarlos a alojamientos. Son empresas de cruceros del todo incluido las que en tantos casos se están llevando los turistas al agua dejando en las ciudades sus basuras y apenas ingresos económicos. Son tasas turísticas indiscriminadas. Son trabas de la burocracia -mejor decir burrocracia– que en ciudades como Barcelona han impedido a lo largo de dos años la apertura de un nuevo establecimiento hotelero pese a cumplir con toda la normativa. Son causas para esa turismofobia respecto a la que los profesionales del  turismo imploran ¡ayúdennos a proteger lo que tanto nos ha costado construir!

Teniendo en cuenta las previsiones que indican que en 2050 se duplicará la población urbana en las grandes ciudades, el reto turístico no puede ser el de competir en volumen haciendo de esta una industria reprobable en lugar de deseable.

Este artículo es un resumen de la noticia original publicada por Crónica Global: “Turismofobia o la inquietud ante el sino de la economía colaborativa”.

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